Número 10                                               Época IV                                     Octubre 2006


LIBROS

Hegemonía y políticas culturales en México

Cabrera López, Patricia, Una inquietud de amanecer. Literatura y política en México, 1962-1987 . Coedit. Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), Programa de Investigación Ciencias y Sociales y Literatura, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Plaza Janés, México, 2006.

  César Horacio Espinosa V.

Como establece el subtítulo del libro, la investigación abarca el periodo comprendido entre 1962 y 1987 para tratar sobre los movimientos literarios y la correspondiente política gremial en ese lapso. O sea, los momentos y peripecias acaecidos durante ese periodo entre los grupos y movimientos artístico-culturales, que han sido tan escasamente aludidos en la historiografía producida por la cultura oficial, más allá de un puñado de textos firmados por los directamente involucrados en tales movimientos.

Para su investigación, Cabrera incluye un primer capítulo donde establece las categorías y conceptualización que le permitirán hablar sobre la “ideología”, la postura ante la política, la tendencia “a la izquierda” de los autores y sus grupos o publicaciones. Así como las especificidades sobre el “campo literario” y el “habitus” de éste, en la acepción de Bourdieu, para referirse a los movimientos, sus aparatos de difusión o de hegemonía, y los personajes del ámbito literario, así como sus propensiones y sus creaciones.

Gran parte de las opiniones aquí presentadas son interpretaciones que me pertenecen y referencias a una fuente también de mi autoría. Así, como lo he señalado en otro lugar,(1) más allá del proyecto “mesiánico” puesto en marcha en la etapa posrevolucionaria , en los años 20, por José Vasconcelos –que recogió algunos de los planteamientos del ministro de educación soviético Anatoly Lunacharsky, sobre todo en lo que toca al auspicio de escuelas de artes y oficios y las misiones culturales–, en realidad los regímenes posrevolucionarios en México mantuvieron siempre vivo un talante antiintelectual y de domeñar, antes que incentivar, las manifestaciones de la cultura.

Incluso el muralismo hubo de desarrollarse a contrapelo de la política oficial y hasta exiliarse para llevar a la práctica sus propuestas. Otros realizadores culturales, como los literatos, se recluyeron en un ostracismo defensivo y de precoz cosmopolitismo, mientras en los años 30 hacían eclosión expresiones como el aztequismo y la incipiente literatura proletaria, reflejo esta última de las movilizaciones obreras y campesinas que se desencadenaron a resultas del crack capitalista del 29 y la ola de quiebras que arrasó al mundo entero. En México, parte de ese periodo coincide con la política de masas del presidente Cárdenas, con la organización corporativa obrera, campesina y militar y la labor militante de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios .

El agotamiento de la mitología y los símbolos de la Revolución Mexicana llegó a su clímax en los años 60 con el movimiento estudiantil de 1968. Estuvo antecedido, en los años 50, desde los ámbitos literarios y artísticos por hitos como el fin del ciclo de novelas de la Revolución , principalmente con Pedro Páramo , de Juan Rulfo, por un lado, y en el terreno pictórico con la rebelión ante los remanentes de la Escuela Mexicana de pintura que fue el Movimiento de la Ruptura , encaminado hacia el expresionismo abstracto y la internacionalización.

El universalismo cultural y La Onda

Así, retomando los planteamientos de Cabrera en el libro aquí reseñado, al arribar a los años 60 ese rechazo a la ideología de la Revolución tuvo como principales exponentes a los miembros de lo que se conoció como “La mafía” . Provenían sobre todo de la Revista Mexicana de Literatura y estaba encabezada por José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis, así como Juan García Ponce y Luis Guillermo Piazza, entre otros. En los primeros años de los 60 se incorporaron al suplemento La cultura en México , que dirigía Fernando Benítez, desde donde se erigieron como uno de los pilares de la política artística y cultural prácticamente hasta finales del siglo XX.

En contraposición con la “cultura oficial” de la época, el nuevo grupo postuló asumir la plataforma del universalismo cultural preconizada, entre otros, por Alfonso Reyes , en contraposición al nacionalismo posrevolucionario, así como las ideas emergentes de la anulación del sujeto como expresión de la “conciencia” que provenían del enfoque lingüístico-estructural y la renovada teorización del marxismo, sobre todo en su versión althuseriana-estructuralista. En el trasfondo de esas ideas asumieron como condición sine qua non para el reconocimiento artístico los conceptos universalistas de la calidad y el canon y el absolutismo del “valor” de la obra de arte.

Fortificados tras esa concepción –que no dejaba de ser saludable-, se volvieron uno de los filtros más drásticos para determinar quién publicaba, o no, en el suplemento y en la red de editoriales y aparatos artísticos donde establecieron su férula. Paralelamente a este grupo hegemónico, nos plantea la autora que surgió otro movimiento en los 60, conocido después como “literatura de la onda” , bajo el influjo internacional del hippismo, el rocanrol, el culto a los alucinógenos y la revuelta y moda juvenil-sexual (nombrada por la autora como “juvenilismo”) que se desató en esa década. Pero este grupo no logró incrustarse ni llegar a los mandos del poder artístico-cultural.

Al respecto, alude a las principales novelas de algunos de sus exponentes, como José Agustín, Gustavo Sáinz y Parménides García Saldaña, entre los más conocidos. Se refiere a la serie de libros que lanzó la editorial Diógenes a partir de 1967, que recogían las “óperas primas” de los noveles autores; igualmente, menciona la antología de ese mismo año, Narrativa joven de México , compilada por Xorge del Campo, que incluyó un prólogo de la profesora y directora de la revista universitaria Punto de Partida , Margó Glantz, quien introdujo al análisis literario el vocablo “la onda”, que luego reforzaría, en 1971, en su propia compilación denominada Narrativa joven de México. Onda y escritura.

Hasta finales de los 60, como resultado del movimiento estudiantil y su trágico sofocamiento del 2 de octubre, apareció el liderazgo del entonces ya reconocido poeta Octavio Paz. Tras su renuncia a la embajada en la India , iniciaría lo que he llamado su revista-partido de notables Plural , primero, y luego Vuelta , que serían los alfiles que operaría para implantar un enérgico dominio en el campo ideológico cultural. Sus banderas siempre fueron el liberalismo de corte primermundista , que se convirtió en abierto anticomunismo hasta el final del bloque socialista, mientras en el plano nacional mantuvo relaciones políticamente correctas con los gobiernos priístas y de excelencia con el monopolio mediático Televisa.

En 1972, u no de los primeros éxitos de la política “aperturista” de Echeverría fue la adhesión del novelista y ensayista Carlos Fuentes. Entonces se definieron completamente las opciones. Fernando Benítez, en declaraciones a Excélsior , propondría que el dilema de México era “Echeverría o el fascismo”, y unos meses más tarde Carlos Fuentes afirmaba que sería un “crimen histórico” dejar aislado a Luis Echeverría. Con ello, Benítez y Fuentes provocaron una conmoción y una polarización de las huestes intelectuales.

En esa tónica, a partir de 1972 el debate teórico-político se dividía en dos corrientes: la que se definía como “nueva izquierda”, seguidores de Revueltas y hermética a la vieja guardia comunista, por un lado, y por otro la de los intelectuales conocidos como “liberales” (por lo demás muy ajenos a las vertientes “roja” y jacobina de la Reforma y la Revolución ). Los dos bloques, existentes hasta nuestra actualidad aunque con algunas variantes y reajustes sexenales , se dividieron en corrientes y publicaciones definidas: La cultura en México, primero, y Nexos , al final de los 70, los primeros; Plural (primera época, con Octavio Paz) y Vuelta , los segundos, y su actual heredera universal: Letras Libres , de Enrique Krauze.(2)

Sin lugar a dudas, el acontecimiento que sirvió de detonador y antecedente crucial para las diferentes situaciones divergentes de los años 70 fue el movimiento estudiantil de 1968 , con sus variadas estrategias de movilización, propaganda y despliegue de creatividad, así como su trágico desenlace. Los mimeógrafos, los talleres de serigrafía y grabado, las pintas, los mítines relámpago y las monumentales marchas fueron vivencias y experiencias que se marcaron a fuego en las nuevas generaciones de artistas.

Habría que ver, en el contexto general, que el decenio de los setenta estuvo marcado por la crisis económica y política con la atonía empresarial y el derrumbe del peso en 1976. Los artistas, dentro del conjunto de las fuerzas sociales, quedaron también enclavados en un cuadro combinado de contradicciones: inicialmente superestructuralistas , dentro de las “mil flores” del echeverrismo, cuando operó un juego más abierto entre el INBA y los artistas no tradicionales; es decir, el aperturismo de Echeverría y su desbordado populismo tercermundista, atrás del cual se disfrazaba la “guerra sucia” antiguerrillera en canon con la transnacionalización económica, el incipiente disparo de la deuda externa, la primera devualución en más de 20 años y el sometimiento a los dictados de la Comisión Trilateral y el FMI.

La salida de la crisis política y económica para el sistema sería la pregonada –e infausta– “prosperidad petrolera” del nuevo presidente López Portillo (1976-82), en cuyo contexto tuvo lugar un giro hacia la máxima seguridad en los valores artísticos que arrancó con la pinacoteca del petrolero Hammer y el desfile del arte-divisa de los tesoros pictóricos internacionales. La nueva administración traería consigo en el campo de la política artística el diseño que hemos denominado arte deflacionario , generador de obras presuntamente desideologizadas, intercambiables y valorables en el mercado internacional, inaugurado desde la campaña presidencial de López Portillo y la exposición mexicana en España inmediata a su toma de posesión.(3)

Los grupos de los 70

En el campo de la organización independiente de los escritores, establece Patricia Cabrera, un esfuerzo importante a finales de los años 60 y durante los 70 sería la edición de las revistas Xilote , Manatí y Dosfilos , que trabajaron en escala continental mediante la constitución de un bloque de escritores latinoamericanos , además de ediciones y encuentros en México. De este fermento surgiría en los años 80 la Comisión Cultural del PSUM y la revista Zurda , que se mantuvo hasta prácticamente el año 2000.

La autora destaca la existencia, en los años 70, de la Confederación de Escritores Latinoamericanos (1974), originada a partir de grupos independientes de ideología afín, entre los que destacaban las revistas mexicanas mencionadas arriba. En su manifiesto planteaban: “No existe literatura desligada de un determinado compromiso político ya que éste se manifiesta en la obra (…) consciente o inconscientemente”. Otro movimiento de esos años, ligado a las revistas anotadas y sus afanes de promoción gremial, fue la constitución de una serie de “talleres literarios”, que tuvieron como resultado el surgimiento de la revista Tierra Adentro y de importantes encuentros nacionales.

Añadiremos, por otra parte, en el entendido de que el libro de Cabrera se refiere sobre todo a lo literario, que en el caso de los músicos se intentó coaligar a los conjuntos en la Liga de Músicos y Artistas Revolucionarios (LIMAR) , pero la nula atención de las organizaciones políticas y la todavía escasa profesionalización de los integrantes acabaron con el proyecto. No obstante, por su propia práctica el trabajo grupal significa una constante para ellos, aunque con un alto índice de mortandad de agrupaciones. Entre los teatreros se creo CLETA, existente hasta ahora como una organización agitativa política-cultural.

Así, según hemos caracterizado, la década de los setenta estuvo marcada por intentos de organización gremial y política de los artistas . Aparece el SAI –contra el “charrismo” en el gremio de los actores– y agrupaciones como CLETA o el FLEC y después LIMAR, además de proyectos oficiales como el “Fondo Nacional de las Artes”, de Echeverría, o intentos fallidos como una “Alianza Interdisciplinaria de las Artes” promovida por miembros del Salón de la Plástica Mexicana , en 1975. ( 4)

Los partidos de izquierda -PCM, PMT, PRT- apelaron a los festivales político-musicales según el modelo europeo para allegarse fondos, formar cuadros artísticos y concitar concentraciones masivas. En este aspecto, un esfuerzo importante fueron los festivales popular-culturales del periódico Oposición del PCM.

Efectuado cada año desde 1977, y nucleado en torno a un magno concierto artístico-musical , dio oportunidad a reuniones de masas –cien mil asistentes o más diarios–, así como a programar un extenso abanico de foros y ciclos de conferencias sobre temas políticos e ideológico-culturales, que eran entonces tabú y motivo de censura por las instituciones oficiales; en esos foros se daban cita expositores pertenecientes a las principales tendencias intelectuales de corte “progresista”, esto es, tendencialmente de izquierda. Sin embargo, los resultados orgánicos fueron casi mínimos.

En el campo de las artes plásticas, en 1973 surgió Arte Acá, cuyos antecedentes fueron la muestra Protesta ambiental y la ambientación de carácter “pobrista ” Conozca México. Visite Tepito . Formado por los pintores Gustavo Bernal, Daniel Manrique, F.Z. Bujaidar, Julián Casco y Francisco Marmata, para dedicarse luego a un trabajo muralístico en las fachadas de las casas del barrio de Tepito. A través de murales de estilo academista se manifestaban contra la postura ideológico-política de la Escuela Mexicana.

Hubo otros grupos como El Taco de la Perra Brava (taller de arte y comunicación), integrado inicialmente por escritores y periodistas para editar una revista literaria y articulado, en 1976, junto con el TAI ( Taller de Arte e Ideología ), al sindicato de trabajadores de la UNAM (entonces únicamente de empleados administrativos y luego también de académicos, como STUNAM), con actividades como conferencias y eventos político-culturales.

El 5 de febrero de 1978 varios de esos grupos se reunieron y acordaron crear el FRENTE MEXICANO DE GRUPOS TRABAJADORES DE LA CULTURA , que se pronunció por la solidaridad y la vinculación con movimientos populares y proletarios (ver Declaración anexa); participaron con mantas, carteles y pintas en marchas y colectas a favor de la ofensiva sandinista, en apoyo de la Tendencia Democrática electricista y la huelga de 1977 de los trabajadores de la UNAM , en el décimo aniversario del movimiento de 1968, en marchas del STUNAM y de los trabajadores nucleares y en festivales del periódico Oposición del Partido Comunista Mexicano. (5)

Nuevo siglo, la derecha al poder

Al aproximarse a la última década del siglo, el libro de Patricia Cabrera termina su relato en 1987, en vísperas del derrumbe del Muro de Berlín y del bloque socialista soviético. En los años 80, hace la reseña de publicaciones y grupos literario-culturales como sería El Machete , órgano “cultural” del PCM entre 1980 y 1981, cuando despareció el partido; luego El Buscón y Fin de Siglo , editada por diferentes colectivos ligados al PCM y la izquierda, y después Zurda , a raíz del terremoto de 1985, que apareció inicialmente como órgano de la “Comisión Cultural del PSUM”, pero luego se manifestaría independiente.

Otra revista fue La Guillotina , antecedida desde los 70 por La Piedra Rodante , inspirada en la cultura del rock y con algunas posturas de corte anarquista, como vocero de contestatarios y disidentes políticos o minorías culturales: punks , bandas juveniles, homosexuales o enfermos de SIDA, etc. La última década del siglo estará marcada por un decremento o “reflujo” de la literatura de sentido político izquierdista.

A finales del siglo y principios del actual, c on el triunfo del Partido Acción Nacional –conformado por fuerzas de derecha y filoclericales, herederas del partido conservador decimonónico–, se presumía que tendría lugar un fuerte cambio en las formas de hacer política y de comportamiento social; los mismos panistas, en su publicidad, hablaban de llevar a la práctica una verdadera revolución cultural . Afortunadamente no fue así, más allá de las censuras a las minifaldas y el cierre de algunas exposiciones de corte erótico en los estados gobernados por el panismo más persignado.

En cuanto a la cultura formal , el nuevo gobierno se mostró ajeno. Por una parte, la tendencia fue abandonarla a un dejar hacer y dejar pasar de corte darwiniano, donde sólo sobrevive el más apto para obtener chamba o subsidio... El nombramiento de quien sería el “zar” o “zarina” de la cultura, vgr., el titular de la presidencia del CONACULTA, recayó en una figura de bajo perfil en cuanto a currículo de actuaciones o de obras artísticas o culturales; al final del sexenio, el gran elefante blanco de la cultura sería la flamante megabiblioteca José Vasconcelos , en los viejos terrenos ferrocarrileros de Balbuena. (6)

En los 90, los artistas y los intelectuales parecían tener como misión una práctica de doble vía: por una parte, conducir el ensimismamiento con un revival artepurista como motor; por otra, ofertar una deliberada confusión antiheróica y antiépica: o sea, todo es trivializable bajo la consigna de que si no puedes vencer a la cultura chatarra, intégrate a ella. El problema es que tales vías conducen a o parten de la consolidación del neoliberalismo estatal , según conceptos de Alberto Híjar.

Estructuralmente, al final del siglo el panorama artístico y cultural en México se caracterizaba, prosigue Híjar, por la transmutación del neoliberalismo económico hacia una cultura del dejar hacer, dejar pasar , desembarazada de vanguardismos , con lo que perdía sentido la crítica y la reflexión. Se trata de decir por decir en el eterno presente del posmodernismo, que adquiere así una dimensión populista profundamente desmovilizadora (el priismo después del PRI, en tiempos de Fox), cuando nadie sabe ni quiere saber lo que sigue .(7)

Notas

1. Ver La Perra Brava. Arte , crisis y política Culturales, por César H. Espinosa y Araceli Zúñiga, editado por STUNAM y UNAM, 2002, pp. 85-86.
2. Ibidem , pp. 26-27.
3. Ibid . pp. 59.
4. Ibid. pp. 110-111.
5. Ibid. pp. 56-57.
6. Ibid. pp. 19.
7. Ibid , pp. 39-40.