Número 11                                               Época IV                                     Mayo 2007


FORO HISTÓRICO

Comunicación y represión en México
 con referencia a la huelga del STUNAM 1977

(Pasajes)
... el uso que se hizo de los medios masivos de comunicación, para instrumentar una campaña reaccionaria en contra de un movimiento constitucional de trabajadores mexicanos.
Unión de Periodistas Democráticos

César H. Espinosa V.

Los medios, modelo de dominación

Falta aún por hacer el balance crítico, cuantitativo y cualitativo, sobre el papel político que ejercieron los medios de comunicación masiva en el primer movimiento de huelga del STUNAM (junio 20-julio 9 de 1977). Hasta el momento de escribir estas notas solamente se habían publicado algunos reportes periodísticos, a los cuales nos remitimos en el caso específico de la huelga del STUNAM.

También circularon los documentos internos de balance sobre la huelga, correspondientes al propio Comité Ejecutivo y a las principales tendencias político-sindicales que actúan en dicha organización. Es importante destacar este punto porque habla, principalmente, sobre el hecho de que el sindicato continuó existiendo –logro de la huelga–, pese a la ofensiva de las autoridades y la represión del Estado.

A su vez, el presidente José López Portillo, en su primer informe de gobierno, dio el espaldarazo a la solución policíaca caracterizando a la huelga universitaria como directa y “férreamente” controlada por el Partido Comunista. Se manifestó contra las transgresiones deliberadas a la ley, sin considerar que sistemáticamente se había negado el registro legal a los sindicatos universitarios, que lo solicitaron en su oportunidad, por parte de las instancias laborales pertinentes; descontando, por demás, los repetidos atropellos a la propia Ley Orgánica de la UNAM por la camarilla del rector, como ya se ha documentado profusamente.

Ahora bien, como observan los propios documentos del sindicato, nunca un rector de la UNAM recibió tanto apoyo por parte del gobierno y de uno de los Aparatos Ideológicos del Estado más influyentes, el de los medios de comunicación masiva (MCM). Esto nos permite formular un primer planteamiento: que el sistema de los MCM constituye un poder político paralelo a los partidos y al aparato estatal, para reforzar los patrones más conservadores del sistema y desmovilizar a las masas. En México, esto es particularmente agudo cuando la fracción gobernante y los oligomonopolios proimperialistas han concertado una “alianza” para enfrentar a los sectores más avanzados de la clase obrera.

Asimismo, el conflicto del ex-rector Guillermo Soberón contra el STUNAM nos permite hacer un segundo planteamiento: la estrategia antisindical de la rectoría y su imbricación con el monopolio televisivo y el subsistema dominante de la prensa, pretende configurar en México la existencia de un presunto complejo represivo-universitario, similar al que opera en los países del capitalismo monopolista avanzado. En México, es claro que este proyecto se ajusta a las condiciones de la dependencia y dominación imperialista de suerte que no podrá ser estructurado un modelo del tipo “militar-industrial-universitario” en razón de las distorsiones productivas, económicas e ideológicas que impone el imperialismo.

Dentro del proyecto monopolista de Estado dependiente que se estructura en México, la combinación de los aparatos ideológicos estatales –Universidad y MCM– se restringe a un nivel eminentemente superestructural, de refuerzo ideológico a los controles económico-políticos del sistema. A diferencia del capitalismo monopolista avanzado, donde la ciencia y el aparato productivo se vinculan, dosifican y promueven el salto tecnológico, principalmente para fines armamentistas, aquí dicha combinación determina el fortalecimiento de un esquema de dominación donde los MCM son la punta de lanza del capital monopólico imperialista, mientras la universidad supuestamente cumple la función de proveer de “conocimiento” dúctil y dócil a los monopolios que los demanden (y lo acepten), en tanto que el aparato de Estado es el regulador “homeostático”, como juez y parte, que también demanda fuerza de trabajo especializada y controla la permanencia del sistema.

Desde su arribo a la rectoría de la UNAM, el doctor Soberón puso en marcha este esquema. A lo largo de su gestión se dedicó a hacer de la Secretaría de la rectoría el brazo ideológico de la burocracia política universitaria. Al frente de dicho instrumento se ubican los hermanos Valentín y Luis Molina Piñeiro, como encargados de “conflictos”, uno, y enlace con Televisa, el segundo; aquí también actuaron, anteriormente, la esposa del entonces subsecretario de la Presidencia, Fausto Zapata, y el después Presidente del PRI, Gustavo Carbajal. De aquí depende la oficina de Información, que “lubricó” con 14 millones de pesos la imagen periodística del rector durante el conflicto con el STUNAM.

A partir de 1973, y concretamente en 1976, se inició la articulación con el monopolio televisivo y aparecieron en los canales comerciales los programas denominados Introducción a la Universidad, comprados al extranjero y antecedente inmediato de la presunta “universidad por televisión” implantada durante la huelga. Asimismo, en coordinación con la Subsecretaria de Radiodifusión existente en el régimen pasado, se puso en marcha y se mantiene una línea de programación radiofónica en las emisoras comerciales.

Así se ha venido instrumentando el mecanismo de interrelación política y financiera que llamaríamos el Proyecto Sobornón. Como es de suponer, las partidas presupuestales y costos que se canalizan a estos tratos son considerados como “secretos de Estado”. Son tratos de “amigos” o forman parte del tiempo correspondiente al Estado en los canales electrónicos. Resulta evidente, a partir de la instrumentación antisindical de la “universidad electrónica” durante la huelga, que se trata de un arreglo político, esto es, las cátedras por televisión distan mucho de representar un proyecto académico: fueron una maniobra política en apoyo de la burocracia universitaria.

La huelga del STUNAM

Con antecedentes desde 1929, paralelamente a la Autonomía, cuando existió un sindicato de trabajadores y obreros de la UNAM, el sindicalismo universitario nace plenamente en 1972. La sindicalización de los trabajadores universitarios como proletariado no obrero corresponde al proceso de proletarización que acompaña a la expansión capitalista en México desde la década de los '40, aunque intensificado desde los '50 con la irrupción masiva de inversiones imperialistas enfocadas primordialmente a la explotación de la mano de obra local, durante los periodos de industrialización sustitutiva de importaciones.

Por su parte, además, la fuerza de trabajo en las universidades se organiza como respuesta a factores ideológicos, como el movimiento estudiantil-popular de 1968 y el ascenso de las organizaciones de masas durante la primera parte de los años setenta. En su estructuración, la formación sindical universitaria recoge las experiencias y trastornos del movimiento obrero mexicano desde la época del sindicalismo "amarillo" (Morones), el cardenisrno y el ulterior aparato "charro", pasando por el quebranto del movimiento ferrocarrilero, magisterial y de telefonistas de 1958-59.

En términos globales, también las universidades responden a la instauración de la fase monopolista-financiera en México, cuando el proyecto capitalista doméstico acrecienta su dependencia hacia las agencias financieras imperialistas y busca superar sus contradicciones intrínsecas mediante la explotación intensiva de bienes exportables, principalmente el petróleo. El despertar del sindicalismo universitario corresponde a los tiempos de las "reformas educativas", cuando se habla de superar la brecha tecnológica y la retórica oficial se "repolitiza", insertándose en el Tercer Mundo y en pos de un volátil Nuevo Orden Económico Internacional: el echeverriísmo.

Como es sabido, a principios de los setenta el sistema capitalista mundial entra manifiestamente en crisis –energética, petrolera, monetaria y fiscal– y arrastra en su estampida a los capitalismos periféricos. El "milagro mexicano" y la Pax del PRI crujen, el primero se derrumba junto con el peso y la segunda se sostiene por su inercia cincuentenaria. Aunque herida de muerte por la masacre de Tlatelolco y del 10 de junio de 1971. En este contexto, el emergente sindicalismo independiente llega a la UNAM, primero con los trabajadores administrativos y, poco después, con los académicos.

La clase en el poder contempla el surgimiento del STEUNAM con cierta aprehensión divertida, más preocupada por la crisis en ascenso –la llamada “atonía” empresarial–, pero al rector Pablo González Casanova le cuesta el puesto. En plena huelga de 1972-73, el nuevo rector, Guillermo Soberón, toma posesión de su cargo en el estacionamiento de la Facultad de Medicina y al cabo de diez días se soluciona el primer conflicto huelguístico laboral en la UNAM. Pero también en ese momento comienza a armarse la estrategia antisindical de las autoridades universitarias. No sin que antes los profesores también organizaran su frente sindical, el SPAUNAM, y alcanzarán sus primeras conquistas.

Hoy existen más de 40 sindicatos organizados en las universidades del país, 34 de ellos integrantes del actual Sindicato Unico Nacional de Trabajadores Universitarios (SUNTU). La mayor parte tomaron corno modelo al STEUNAM, aunque algunos avanzaron rápido al integrarse en forma unitaria con trabajadores administrativos y académicos. En la UNAM, el rector Soberón se mantuvo opuesto por sistema a esta fusión, contra la cual propuso su malhadado proyecto del Apartado C al artículo 123 constitucional, demandando un status de excepción a los trabajadores universitarios y la separación del trabajo manual y académico.

La lucha contra esa intentona fue la bandera principal de la huelga del STUNAM, del sindicato único de empleados y profesores de la UNAM, con la cual inició su lucha política. La crónica de la huelga es conocida, el sindicato sobrevivió y ya ha presentado sus balances sobre el movimiento. Sólo cabría agregar la apreciación de que el sindicato de trabajadores manuales e intelectuales en una de las principales instituciones de cultura superior del país, la UNAM, representa una punta de lanza para quebrar un proyecto caro al capital monopolista: la utilización de la ciencia y del conocimiento como instrumentos de represión, reproducción del sistema y refuerzo a la explotación.

Esto estaba en juego, y contra toda amenaza a tal esquema se pusieron en ofensiva los aparatos ideológicos y represivos del Estado: medios masivos, PRI y comparsas, la policía y el propio rector de la UNAM. Dentro de ésta, la camarilla tecnocrática-neopositivista, proclive al imperialismo, se valió del prestigio de la institución, de la corrupción en la asignación de plazas magisteriales y de los instrumentos de penetración ideológica, los MCM, para su gran asalto antisindical. Hasta este momento, fracasaron.

Esquirolaje electrónico

La huelga, como es de recordar, estalló el lunes 20 de junio a las 12:00 horas. Las pláticas de avenencia, promovidas por Gobernación a última hora, fracasaron ante la exigencia de las autoridades de que el sindicato aceptara una legislación de excepción para él trato laboral, como rezaba el punto sexto del ofrecimiento de la rectoría.

Cuatro días después los periódicos anunciaban a tambor batiente el traslado de la Universidad a Televisa: el lunes 27 comenzarían a impartirse las clases desde la pantalla electrónica. Hasta el martes 28 se sumó el canal 11 al plan de esquirolaje electrónico, y el miércoles 29 el canal 13, ambos del Estado. El doctor Valentín Molina Piñeiro, secretario de la Rectoría y uno de los estrategas de la Operación Televisa, anunció: "Desde luego que las transmisiones no tendrán anuncios comerciales". Durante dos semanas se transmitió un promedio diario de 33 horas-clase a través de los diversos canales, según la programación publicada en los diarios bajo el rubro de "La Universidad Nacional Autónoma de México, en televisión", con un subtítulo que rezaba: "Empleamos este media en vista de la suspensión ilegal de actividades. Agradecemos la colaboración".

Entre las pocas declaraciones publicadas de catedráticos que no aceptaron el trueque antisindical de la Rectoría y Televisa, encontramos la de Adolfo Sánchez Vázquez, profesor de tiempo completa de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y catedrático de Marxismo: "La utilización de la televisión que se ha hecho en estos días con relación a la huelga del STUNAM, tiene todos los defectos de la clase magisterial, es decir, de la exposición oral del profesor ante sus alumnos y ninguna de sus virtudes. El papel del profesor en este caso es absoluto y unilateral y el papel posible de los alumnos completamente nulo.

"La televisión en general podría prestar un servicio permanente a la educación, cosa que es dudoso que pueda interesar de manera permanente a una empresa privada de televisión, si las exposiciones de los profesores fueron complementadas por un trabajo aparte y con una relación directa de los alumnos,

"De no ser así y por representar por otra parte a un objetivo claramente circunstancial, la utilización de la televisión en la forma en que se está haciendo, se convierte en un engaño para el teleauditorio y en una farsa por parte de los que se prestan a desempeñar el papel correspondiente en ella"

estableció Sánchez Vázquez.

Por su parte, el entonces coordinador del Centro de Estudios Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Antonio Delhumeau, expresó que el uso de la televisión en el contexto del conflicto significaba "una utilización retórica, que simula, dramatiza y teatraliza lo que podría ser el empleo de la televisión, de la radio o del cine para fines pedagógicos".

Y agregó, con respecto al valor educativo de la manipulación televisiva: "la televisión resulta ínfima o irrisoria respecto de la gama de materias que la universidad tiene como responsabilidad abordar semestre a semestre, y respecto de los asuntos sobre los que deberán ser instruidos cientos de miles de mexicanos".

El psicólogo Armando Barriguete enfocó el aspecto de la manipulación de información y política que se embosca tras la maniobra de la rectoría: "Sobre el conflicto universitario escuchamos información en un solo sentido: que en la UNAM está un movimiento criminal que lastima los cimientos propios de la nación. Como en la misma TV no existe otro tipo de información, la consecuencia es que el pueblo es sensibilizado en un solo sentido. Pocos ciudadanos tenemos la capacidad o el interés de informarnos por otra vía de lo que realmente está sucediendo.

"Es una información parcial –agregó– y el criterio que se está diseminando en el pueblo resulta mutilado. Cuando esto sucede es seguro que la decisión que nazca es parcial, porque no se cuenta con otra información. Si se da este tipo de información, un pueblo que no dispone de otra tiene más posibilidades de convencerse sobre la certidumbre de la misma. Una información deformada imposibilita a una sociedad a tomar una postura ante el conflicto".

Tras de lo cual concluye: "En este movimiento, por lo que hasta ahora escuchamos, parece que se estuviera sensibilizando a la población que se convenza y justifique la aplicación de una medida represiva".

En efecto, la ruptura policíaca de la huelga era reclamada día tras día por la jauría de Zabludovsky y por los titulares de la gran prensa. El PRI lanzaría su "Manifiesto" para justificar el golpe represivo contra un movimiento de trabajadores. En las redacciones de los diarios o de las principales revistas los reporteros eran censurados y muchos artículos quedaron en el archivo o en el cesto.

La Unión de Periodistas Democráticos emitió una declaración denunciando "el uso que se hizo de los medios masivos de comunicación, para instrumentar una campaña reaccionaria en contra de un movimiento constitucional de trabajadores mexicanos. Esta campaña, que contó con un respaldo económico considerable, ocasionó que muchos compañeros periodistas fueran motivo de censura al intentar informar objetivamente sobre el conflicto, hecho que la UPD condena, por transgredir los principios de la libertad de expresión. Igualmente señala y condena el que algunos compañeros miembros de la UPD sufrieran privación de su libertad a causa de la intervención policiaca".

¿Cuánto costó este intento de aplastar mediante los medios masivos a un movimiento huelguístico? Ya antes, frente al movimiento de la Tendencia Democrática del SUTERM, en 1976, fueron empleadas las técnicas de la publicidad oligopólica por parte de los líderes charros, a todo costo. En la UNAM, el primer intento del rector Soberón por imponer su proyecto del Apartado C al artículo 123 constitucional, en 1976, estuvo "cubierto" por una ofensiva de desplegados de prensa, a toda plana en todos los diarios durante varias semanas. Y el soborno dejó escuela.
Al respecto, el profesor Pablo Latapí dio a conocer un cuadro estadístico según el cual la rectoría publicó 788 desplegados de prensa durante 21 días, con un costo de casi 14 millones de pesos a cargo del presupuesto de la UNAM. Al margen del Consejo Universitario y de la propia comunidad universitaria, la campaña "personal" del doctor Guillermo Soberón contra el STUNAM bien amerita ser bautizada como el Proyecto Sobornón.

Por su parte, el sindicato gastó 923 mil pesos –en 20 desplegados– para contestar a la avalancha confusionista, deliberadamente mendaz, de las autoridades. Pero cien mil personas que desfilaron durante seis ocasiones, entre el 7 de junio y el 9 de julio, fueron la respuesta de masas a la deformación sistemática de los MCM, coreando estribillos como: "Qué risa, qué risa, las clases por televisa", o bien: "Cepillín a rectoría, Soberón a televisa..."

Con respecto al esquirolaje electrónico, aparentemente no costó nada. Al menos no mermó en nada las utilidades del monopolio televisivo. La cuenta la pagó el Estado. "La ayuda de Televisiva no afectó, se advierte, ninguno de los programas comerciales –observó la revista Proceso–... se empleó el (canal) 4, que carecía de programas matutinos, y el resto del tiempo absorbió el que se dedicaba a 'Introducción a la Universidad', de la llamada Fundación Cultural Televisa, conducida por actores y locutores". Esto nos lleva, para concluir este apunte, a la construcción del aparato de la televisión universitaria a partir de 1972, y cómo dicho proyecto desembocó en el manejo político en beneficio de la camarilla del rector, tal como se puso en juego frente a la huelga del STUNAM,

La televisión universitaria

La historia de la televisión hecha por universitarios, en la propia universidad, es decepcionante. Según nuestros informantes –que prefirieron no ser mencionados por miedo a represalias–, si bien con antecedentes meritorios, la televisión universitaria comenzó propiamente en 1972, cuando se dio la compra del canal 13 por el Estado. Entonces, bajo la rectoría del doctor Pablo González Casanova, se instaló un departamento de cine, radio y televisión en la Dirección General de Información, para poner en marcha la coproducción de programas con el Canal 13. Se llegó a hablar de que la UNAM tuviera su canal propio, el 12.

Como otros de los planes de González Casanova, éste se frustró a raíz de la ocupación del edificio de la rectoría por Falcón y Castro Bustos, por el estallido de la huelga en noviembre de 1972 y la ulterior renuncia del mismo González Casanova. Para ese entonces, principios de 1973, la dirección de Información se había subdividido y dado lugar a una nueva dependencia, Divulgación Universitaria, a instancias de Raúl Cremoux, quien fue su primer director. Pero los planes de la coproducción de programas y el proyecto del canal 12 pasaron a mejor vida.

Por lo pronto, la flamante dirección de Divulgación Universitaria concertó un convenio con el Seguro Social para presentar una programación por circuito cerrado en las clínicas de esa institución. Hacia finales de 1973 hubo un acercamiento con Televisa y se planteó la posibilidad de que la UNAM presentara un programa ambicioso en el canal 4, en tiempo "triple A", hecho por especialistas universitarios. Tampoco avanzó la idea, debido a la salida del entonces director de Divulgación, Jorge García Castil.

Vino aquí el momento clave de la articulación de Rectoría y Televisa. Con el nombramiento de Patricia Morales de Zapata, emparentado con el doctor Valentín Molina Piñeiro, se abrieron de par en par las puertas del monopolio televisivo para los objetivos políticos de la camarilla del rector. A tambor y platillo se anunció la aparición de una nueva serie, "Introducción a la Universidad", fundamentalmente comprada al exterior y con chicas de sonrisa de champú explicando lo que es la ciencia y la tecnología. Eran los tiempos de gloria de la Subsecretaría de Prensa de la Presidencia: Encuentro Mundial de la Comunicación en Acapulco, baile y codazo con McLuhan y, en toda la marquesina, la Fundación Cultural Televisa.

Intromisión extraacadémica

Dejaremos que dé su opinión la profesora Rosa Marta Fernández Vargas, jefe del departamento de Televisión Educativa de Didacta, correspondiente a las facultades de Medicina y Química de la UNAM, según una entrevista publicada por un boletín universitario:

Nosotros encontramos que, independientemente de una actitud de colaboración por parte del personal de Televisa, existe una amalgama entre Televisa y la Universidad, y esto se debe a que Televisa mantiene la autoridad para decidir finalmente la forma que se va a dar al contenido académico.

De acuerdo al análisis de la profesora Fernández Vargas, Televisa impone un tren académico a los materiales didácticos proporcionados por la universidad. "Aún dándole a Televisa el guión académico, el guión televisivo, Televisa finalmente es la que decide, qué se ilustra y qué se elimina de un guión, en esta forma nosotros hemos tenido sistemáticamente mutilación y deformación de los guiones que nosotros hemos hecho.

“Otro problema grave reside en la concepción que parece tener Televisa en cuanto a la televisión educativa. La experiencia que ellos tienen es exclusivamente de televisión comercial; es decir, la concepción que ellos tienen en televisión es de que el contenido académico debe insertarse exclusivamente en el texto, es decir, en la narración, pero no en la imagen; ellos consideran que la imagen sólo sirve como un ilustrador secundario que sólo cumple la función de mantener al espectador enfrente del aparato viendo lo que contiene el texto.

Para nosotros esto es una aberración total; para nosotros la información debe ir insertada tanto en la imagen como en el texto y es en base a la yuxtaposición de estos dos medios de comunicación, el visual y el auditivo, que se tienen que ir contraponiendo, apoyándose, dependiendo del tipo preciso de contenido para poder lograr un resultado efectivo en términos de televisión educativa.

Sin mayor duda, los juicios de la profesora Fernández Vargas muestran cuáles fueron las condiciones mutilantes en que se ha desenvuelto la imbrícación entre el aparato universitario y Televisa, Las experiencias anteriores de ese ayuntamiento ya permitían evaluar el verdadero significado de todo proyecto realmente educativo a través del monopolio de la televisión, precisamente en los términos de lo que Soberón achacaba al STUNAM: una intromisión, eminentemente extrauniversitaria, en el contenido de la enseñanza.

Netamente, por demás, se observa que el sector dominante ha restringido y nulificado toda verdadera participación de la comunidad universitaria en la televisión masiva. La presencia de la UNAM en la pantalla electrónica ha constituido una coartada publicitaria para la burocracia política que controla a la universidad, y, más aún, estructuralmente, para reforzar con el prestigio de la institución a los intereses de la oligarquía que controla a la televisión privada. El valor educativo de las transmisiones, como hemos visto, resulta mutilado y sometido al criterio mercantilista de los operarios del monopolio.

No entramos ahora a ponderar las condiciones estrictas sobre la determinación del auditorio, de los contenidos y de la situación de recepción que son definitivas para que se realice el proceso de enseñanza y aprendizaje a través de los medios masivos. Sin esas condiciones, el mensaje que se emite hacia el receptor masificado únicamente constituye un "masajeo" de los sentidos, en términos macluhianos. O bien, crucialmente, un bombardeo ideológico reaccionario, como señala la profesora Fernández Vargas en otra parte de su entrevista:

... el material que utiliza Televisa para ilustrar los programas, está sacado de su archivo particular, de manera que desde nuestro punto de vista, la mayoría de la imágenes que saca Televisa en los programas son imágenes de situaciones o de personas que reflejan la cultura de países industrializados, la forma de vida diferente y muy peculiar, de países desarrollados.

Esto lo encontramos grave, porque conlleva a avalar, reforzar el colonialismo cultural, que se basa en buena medida en un desconocimiento, en una desvalorización de la realidad nacional, y por otra parte, en que todo lo bueno, incluyendo el conocimiento, pareciera que viniese de afuera, concluye.

En suma, es de creer que el caso de las bodas de rectoría y Televisa para romper la huelga laboral universitaria debe ser motivo de reflexión, de estudio y planteamiento de estrategias de respuesta clasista, superando el feliz optimismo, muy rousseauniano, sobre el potencial educativo de los medios masivos, así como también las simples lamentaciones en torno a su perversidad deformadora y reaccionaria. En caso contrario, habremos de lamentar las palabras premonitorias de Fidel Castro con respecto a la Unidad Popular en Chile, en 1971, cuando afirmó que según ese ejemplo "la burguesía aprendió más rápido".

Concluiremos planteando que toda proposición crítica y revolucionaria requeriría entroncar el conocimiento teórico y práctico de la tecnología informativa-productiva con la organización y la lucha política; es decir, esa tecnología no será contrarrestada simplemente con negarla o acudiendo a las vulgarizaciones dosificadas por sus propios medios de comunicación, sino al apropiarse de ella y desmontarla dentro de una práctica política de clase. Sólo así será viable proponer alternativas, estrategias y programas de contrainformación y respuesta ideológica, capaces de oponerse a la información y la cultura –de consumo y manipulación– que nos impone el modo de comunicación dominante.

REFERENCIAS:
Revista Proceso, No. 35, 4 de junio de 1977, pp. 9-10.
Galera, boletín de la Unión de Periodistas Democráticos, México, julio de 1977
Proceso, No. 44, 5 de septiembre de 1977, pp. 10-1 3.
“La TV educativa en la UNAM... ¿para qué?”, en Cuadernos del Centro de Didacta, UNAM, No. 5, mayo-junio de 1976.
*El presente artículo, íntegro, apareció publicado en la revista Socialismo.