Número 12                                               Época IV                                     Septiembre 2007


FORO HISTÓRICO

La esencia de la universidad
y del sindicalismo universitario

Eliezer Morales Aragón

Existe un conjunto de ideas acerca de la naturaleza de la Universidad y sus funciones que le asignan un papel de carácter eminentemente elitista. Paradójicamente, esta idea proviene tanto de corrientes que pueden calificarse de izquierda como de otras que son de derecha. Por un lado, se habla de la universidad-detonador o la universidad-partido, tesis que concede a la educación superior un papel estratégico como conciencia crítica y conductora de las luchas sociales y eventualmente como factor que podría provocar por sí mismo cambios sociales fundamentales. Por otro lado desde la perspectiva de corrientes que se pueden tipificar como de derecha viene la concepción de la universidad "apolítica" y tecnocrática o sea que a pesar de que la universidad es un centro fundamental en la producción y preservación de los elementos culturales e ideológicos de la sociedad, ésta se nos dice debe permanecer ajena a todo ello.

Es decir, las corrientes de derecha pretenden que la universidad sea únicamente, sin omitir juicio alguno, una institución de servicio encargada de proporcionar la mano de obra altamente calificada y de crear la técnica que permitirá también la innovación tecnológica que se incorpore al proceso productivo; o sea que debe responder automáticamente a los controles de mando de las clases sociales dominantes.

Nosotros pensamos, en contraposición a lo anterior, que la universidad no es ínsula ni ghetto, aunque tampoco sea, en un sentido estricto, bastión revolucionario. Los cambios sociales los gestan las clases sociales revolucionarias del momento, en nuestro caso la clase trabajadora. Del mismo modo, la universidad apolítica no existe; más aún, toda educación, cualquiera que sea su nivel, es una educación con contenido clasista, con un fuerte sustrato ideológico. Pretender presentar la educación como un simple receptáculo del conjunto de los conocimientos y de los valores culturales, sin que dentro de ellos se encuentre insertos los juicios de valor de todo un orden que son propios de cada una de las sociedades, es definitivamente una falacia.

Por otra parte, la universidad no puede ser "robotizada", ya que con ello se le impide gran parte de su razón de ser. Una técnica que pretende ser aplicada al margen de los criterios de orden político y social más general no existe en la realidad. La universidad es sobre todo un centro creador y propagador de la ciencia y la cultura en el sentido más amplio posible. Es por definición forjadora del pensamiento y no puede abandonar en modo alguno su papel como creadora y actora de la esencia crítica de la sociedad dentro de la cual le toca existir. La educación superior y los centros que la representan se hayan pues integrados a la sociedad de la que forman parte. Aparte de la especificidad que tiene la universidad por sus funciones, no cabe establecer ningún punto de referencia en cuanto a excepcionalidad que pretenda, y menos aún lograr, sustraerla como muchos quisieran del perturbador ambiente social.

La universidad no es ni puede ser otra cosa que hija de su tiempo y del conjunto de circunstancias de orden social que la hacen posible. Participa, y no puede ni debe sustraerse a ello, del conjunto de preocupaciones y de problemas de la sociedad dentro de la que se halla integrada. No sólo eso, tiene la obligación de ser un barómetro social altamente sensible, capaz de detectar, analizar y en su caso prevenir una serie de problemas cuyo diagnóstico y manejo resultan problemáticos para otros integrantes de la estructura social. De esta manera, las corrientes del pensamiento, las clases y las organizaciones sociales y políticas se manifiestan por comisión u omisión al interior de la Universidad y presentan su imagen hacia el exterior. Luego entonces, no hay coyuntura o circunstancia social que sea "antiuniversitaria" o contraria a la universidad.

Puede haber manifestaciones que presenten de una manera más o menos fidedigna las condiciones internas o que reflejen de una manera cabal una serie de situaciones externas, pero no podrá afirmarse de una manera congruente que la universidad puede como se ha pretendido en ocasiones, sustraerse o contaminarse con esta problemática. No resulta de ningún modo casual el que al pasar los años se haya llegado a reconocer, cada vez con mayor claridad y énfasis, el importante papel histórico que jugaron las principales instituciones de enseñanza superior del país en el movimiento estudiantil y popular de 1968. Esta convulsión social, truncada brutalmente en su primera fase, pero viva aún en lo que toca a las experiencias que poco a poco han venido concretándose en realidades orgánicas cada vez más claras, marca un corte de tajo entre la sociedad mexicana anterior a esa fecha y la presente.

Las instituciones de educación superior asumieron en aquella circunstancia el único papel histórico que les competía. Presentaron a la conciencia del país un conjunto de demandas que no eran universitarias en el sentido menguado del término, pero que indudablemente presentaban un alto contenido universitario ya que trataban de reivindicar para el conjunto de la ciudadanía del país una serie de derechos que en ese momento reclamaron fueran otorgados sin menoscabo, sin limitaciones, con autenticidad. En ningún momento de la historia de México la conciencia, la dignidad y el espíritu universitarios han estado más altos. En ningún momento de la historia del país el papel de la universidad fue más cabal. Bajo ninguna otra circunstancia la universidad ha estado tan elevada en lo que toca al cumplimiento de sus deberes fundamentales. Durante el movimiento de 1968, la universidad salió de los claustros pero entró a su verdadero cauce: el seno de la sociedad.

Por lo anterior resulta artificioso y vano tratar de desarraigar a la universidad de la sociedad. Es inútil tratarla de apartar del movimiento callejero, de los conflictos provenientes del "exterior". Las clases sociales y la lucha correspondiente, lejos de ser extraños a la participación de los universitarios. son, por el contrario, intrínsecos a su pensamiento y su acción. Aunque algunos quieren enmascarar su posición clasista refugiándose en la concepción de una universidad entendida como torre de marfil, como estanco, esto no deja de ser una falacia y en todo caso un esfuerzo vano. Congruentemente con ellos los grupos sociales que formamos las universidades buscamos al interior de ella un conjunto de identidades de diferentes niveles que permitan la manifestación ideológica, la identificación y acción políticas y en fin la objetivización del conjunto de intereses que son el sustrato de la acción cotidiana de la universidad como institución y de los universitarios como individuos o fuerzas organizadas. Hacia el exterior la universidad no es ni puede ser claustro sino ciudad abierta. No puede negarse a abrir sus puertas ni puede ser sorda a las convulsiones exteriores, no puede permanecer ajena aunque así lo quisiera. No debe permanecer ajena porque, si así lo hace, falta a una parte de sus obligaciones más elementales.

Los estudiantes de las instituciones de educación superior han jugado en el pasado un papel fundamental en la definición de la fisonomía de dichos centros de estudio. No es necesario subrayar este hecho esencial. Del mismo modo, no es posible olvidar su ubicación y papel fundamental en el momento presente y en el futuro. Olvidar o menospreciar las experiencias sobre este hecho resultaría torpe y ahistórico. Negar la capacidad política y de organización poniendo por delante circunstancias meramente coyunturales sería una torpeza de proporciones incalculables. La acción de los estudiantes y su potencialidad política y de movilización deben ser definitivas para sopesar cualquier circunstancia que tenga que ver con las universidades.

Por otro lado, el conjunto de los trabajadores universitarios han concretado en fechas recientes un conjunto de fuerzas sociales que hoy tienen una innegable presencia política en todo el país. Al identificar los intereses objetivos de los trabajadores manuales, administrativos y académicos y transformarlos en fuerzas orgánicas y políticas, este sector concreto de los universitarios se incorpora y trata ahora de coadyuvar en la tarea transformadora de las universidades. Para evaluar los logros alcanzados y proyectar el desarrollo futuro del sindicalismo universitario es imprescindible tener una concepción clara de la universidad e igualmente tener a mano una memoria política muy certera para identificar con claridad los obstáculos que deben vencerse a futuro.

Para el caso deben identificarse nítidamente las fuerzas que en el pasado se han opuesto a las organizaciones sindicales; debe recordarse siempre su oposición cerrada a las organizaciones sindicales para ejercer los derechos de organización, de contratación y de huelga. Son las mismas cuya concepción sobre la universidad es retardataria, elitista, piramidal y autoritaria. Los llamados a la responsabilidad y al espíritu universitario no son más que un nuevo intento por cerrar el paso al avance de las organizaciones sociales dentro de la universidad, con el objeto de hacer prevalecer la oligarquía burocrática por sobre la democracia académica.

En un pasado reciente se intentó convertirnos en ciudadanos de segunda al tratar de evitar que nos organizáramos y que lucháramos. Como no lograron estos objetivos, ahora intentan convertirnos en sindicatos y sindicalistas de segunda; los propósitos se orientan ahora a diluirnos en el conjunto de fuerzas indiferenciadas, organizaciones blancas o francamente patronales. Los sindicatos universitarios han definido sus propósitos incorporándose a la clase trabajadora del país y aportando para ello un concurso a la medida de sus fuerzas. Porque se conoce el significado profundo que implica esta incorporación se intenta aislarnos, se proponen circunscribir nuestras acciones al marco de la universidad y al margen de las luchas sociales.

La política ha sido siempre la de oponerse a nuestra organización; y si no han logrado su fin es porque la voluntad de todos los trabajadores universitarios así lo ha determinado. De la misma manera, debe evitarse que se saquen frutos de la balcanización de los trabajadores y de sus organizaciones y no debe permitirse que estos proyectos tengan éxito. Los sindicatos universitarios han existido, se han desarrollado y ya se han acostumbrado al fuego graneado proveniente del interior y del exterior de las universidades debido a la convicción acerca de la importancia de las organizaciones democráticas e independientes dentro del movimiento obrero nacional.

El sindicalismo universitario se plantea tanto el logro de conquistas materiales como el resguardo de las universidades mediante la democratización de su vida interna en los planos administrativos y académico. Al mismo tiempo, debe evidenciarse ante el país el contenido profundamente clasista de la educación y planearle las formas de superarlas. En este sentido podemos distinguir cambios pero no niveles en la lucha ya que una universidad democrática, genuinamente democrática, sólo puede entenderse en un país igualmente democrático; una educación que no concreta sólo las aspiraciones de las capas privilegiadas de la población, sólo puede existir ahí donde éstas son capaces de organizarse para luchar con mayor efectividad, ante esa tarea nuestra decisión es indeclinable.

Visto del modo anterior, el sindicalismo universitario sufre y disfruta de un conjunto de situaciones de hecho que sólo se concretan en normas jurídicas de una manera muy limitada. Sus pérdidas y sus defectos nacen tanto de las condiciones en que se han debido realizar cada uno de los combates, como de la circunstancia vigente de que sus planteamientos ideológicos y políticos resultan totalmente divergentes y por tanto inasimilables por el sindicalismo vertical y oficialista mexicano.

Uno de los efectos que ha tenido la antidemocracia sindical y el ungimiento de las conquistas políticas de la clase trabajadora de México a los intereses del Estado Mexicano en su conjunto, de cada uno de los gobiernos en particular, ha sido la atomización y la desorganización de vastos núcleos de trabajadores del país. Hasta hace poco tiempo este hecho era el comúnmente observable en las instituciones de enseñanza superior. Esta madeja de circunstancias políticas permite que en estos momentos se presente la idea de una legislación específica para las universidades que, entre otras cosas, persigue el propósito de normar las relaciones laborales dentro de las universidades y en general ubicar "en su sitio" a los sindicatos. En vista de que la realidad social se ha opuesto a los designios de quienes trataban de evitar la aparición y la proliferación de nuestras organizaciones, ahora se pretende una legislación que seguramente impediría los trabajos y la acción independiente del sindicalismo universitario.

Si la premisa anterior es válida, la legislación que se está gestando constituye una amenaza potencial para la aparición y permanencia de los sindicatos en las instituciones superiores de cultura. Sin embargo, esto no debe ser necesariamente así ya que, independientemente de la voluntad y opiniones de los que elaboran estas normas jurídicas se halla la presencia, como interlocutores válidos, del conjunto de las organizaciones que hoy entregan el sindicalismo universitario, cuya presencia y opinión resulta insoslayable y por tanto no podrá bajo ninguna circunstancia legislarse a sus espaldas.

La legislación laboral mexicana se caracteriza, entre otras cosas, por establecer departamentos o estancos que impiden la cohesión orgánica y política del conjunto de los trabajadores. Al tiempo que se establece la existencia de los Aparatos A y B para las organizaciones sindicales de empresa y del Estado respectivamente, prohíbe la organización de los empleados en el sector bancario; por último las autoridades de trabajo desconocen en la mayor parte de los casos el derecho de organización de los trabajadores de las universidades.

El criterio impuesto a partir del cual han venido actuando los trabajadores manuales, administrativos, profesores o investigadores de las universidades es el de que ahí donde existe una relación objetiva de trabajo o sea entre patrón y trabajador ahí existen, consiguientemente, todos los derechos que son inherentes a lo laboral. Es por ello que al margen de disposiciones reglamentarias que se dan fuera de las universidades se han organizado los sindicatos, se ejerce el derecho de reunión, se han realizado huelgas y constituyen por tanto fuerzas sociales y políticas actuantes dentro del país.

Una potencial legislación sobre la materia deberá necesariamente abolir los estancos que hoy dividen a los trabajadores mexicanos, legitimar en el derecho positivo a las organizaciones existentes y apresurar el paso para que grandes sectores de trabajadores puedan llegar a organizarse de conformidad con sus intereses y de acuerdo con las determinaciones que sobre el punto establece la Ley fundamental del país.

*Foro Universitario No. 3, agosto 1976, pp. 3-6


La huelga que dio origen al STUNAM
(Cronología)

“Los trabajadores de la UNAM hemos estallado una huelga por la firma de un Contrato Colectivo de Trabajo. Hemos tenido que llegar a adoptar esa medida después de agotar otros recursos. Desde el 1 de abril presentamos a las autoridades universitarias nuestro proyecto de contrato y el emplazamiento de huelga correspondiente. Desde entonces, no recibimos más respuesta que evasivas y una clara intransigencia...”

Alberto Pulido A.

El STUNAM coloca las banderas de huelga en la UNAM.

20 de junio de 1977. Estalla la huelga del STUNAM. Se realiza un mitin en la explanada de rectoría. Se anunció que la “paralización de labores es total en todo el país”. Se presentaron pocos conflictos durante el estallamiento.

El rector Guillermo Soberón declaró: “La arbitrariedad de unos pocos cerró la UNAM; la abrirá el triunfo de la razón”.

En Puebla, los sindicatos de académicos y de administrativos de la Universidad Autónoma de Puebla realizaron un mitin solidario con el STUNAM y amenazaron con irse a la huelga solidaria.

Las autoridades inician la guerra sucia
contra el STUNAM y su huelga

21 de junio de 1977. Las autoridades utilizan el presupuesto universitario para contratar campañas en los medios de comunicación en contra de la huelga; al respecto se llegó a decir:

“Las acciones violentas que ahora realiza esta agrupación no constituyen una novedad que sorprenda a nadie; constituyen, sí, una reiteración de las amenazas y procedimientos con que han pretendido erosionar, sistemáticamente, la capacidad universitaria de generar cultura, ciencia y arte”.

El STUNAM responde a la campaña en su contra:

“Los trabajadores de la UNAM hemos estallado una huelga por la firma de un Contrato Colectivo de Trabajo. Hemos tenido que llegar a adoptar esa medida después de agotar otros recursos. Desde el 1 de abril presentamos a las autoridades universitarias nuestro proyecto de contrato y el emplazamiento de huelga correspondiente. Desde entonces, no recibimos más respuesta que evasivas y una clara intransigencia. Es esa sordera de rectoría la causa de que la huelga haya comenzado…

“Queremos que se acepte nuestro derecho a organizarnos como nos convenga, como lo hemos decidido. Queremos que nuestro sindicato tenga un instrumento jurídico que regule bilateralmente nuestras relaciones laborales…”

El académico Germán Cabrera, ligado al rector y a las AAPAUNAM, declara que el profesorado de la UNAM está en contra la huelga y denuncia la “presencia del Partido Comunista en la paralización de labores”.

El Consejo Técnico de la Facultad de Economía de la UNAM, declara su apoyo a las demandas del STUNAM y pide que se abra el diálogo a fin de resolverlas.

Los huelguistas y estudiantes solidarios de la Facultad de Derecho rechazan actos de violencia que porros ejercieron para romper la huelga en esa institución.

Se anuncia por sindicatos universitarios
un paro solidario con la huelga

22 de junio de 1977. La Federación de Sindicatos de Trabajadores Universitarios (FSTU) manifiesta que para el 29 de junio se podrían ir a la huelga 35 sindicatos universitarios en solidaridad con las demandas del STUNAM.

Las AAPAUNAM condenan la huelga del STUNAM y le informan al rector que están en disposición a continuar dando clases fuera del campus.

El Abogado General de la UNAM Diego Valadez pide a la Junta de Conciliación declare la inexistencia de la huelga y manifiesta: “Dicha huelga de hecho constituye una suspensión ilegal arbitraria e infundada de actividades en la universidad… solicito se declare la inexistencia de la llamada huelga…”

Los directores se manifiestan en contra del STUNAM

23 de junio de 1977. En un manifiesto público, el Colegio de Directores de la UNAM se manifiesta en contra de la huelga del STUNAM y sus demandas, a las cuales califica de “improcedente e infundada la petición de contratación colectiva”. Entre los firmantes se encontraban: Ricardo Guerra, Pedro Astudillo y José de la Herrán”.

El Comité de Huelga del STUNAM acuerda permitir el desarrollo de labores de investigación, mantenimiento de determinadas instalaciones universitarias y el desarrollo de un partido de futbol en el Estadio Olímpico de CU. Por cierto, al medio tiempo del encuentro deportivo, brigadas de huelguistas ingresaron a la cancha portando mantas y gritando consignas en favor de la huelga.

Aparece en los diarios el primer número de Gaceta Universitaria, en el se anunciaron los locales extra universitarios donde se seguirán impartiendo clases. Al respecto, el STUNAM protesta e insiste que el mejor camino es que las autoridades inicien pláticas conciliadoras con los huelguistas.

Loa Partidos Comunista Mexicano, el Socialista Revolucionario y el Mexicano de los Trabajadores se manifestaron solidarios con la huelga universitaria y exigen solución a las demandas de los trabajadores.

Universitarios del interior se declaran solidarios con el STUNAM

24 de junio de 1977. En desplegados públicos, los sindicatos universitarios de la Autónoma Metropolitana y del Colegio de Bachilleres, así como el Consejo Universitario de la Universidad de Oaxaca, se solidarizan con las demandas del STUNAM.

Cientos de huelguistas instalan un plantón en las afueras de las instalaciones del Instituto Nacional de Nutrición, sede alterna del rector Guillermo Soberón, y exigen se abra el diálogo conciliatorio con el sindicato. Como respuesta, las autoridades manifestaron que para platicar es indispensable se levante la huelga. Más tarde, las instancias de comunicación de la rectoría informan que los canales del Estado, el 13 y 11, se han manifestado dispuestos a trasmitir clases universitarias por sus frecuencias.

El C de H del STUNAM califica a esas intenciones como medidas de esquirolaje electrónico contra la huelga y, a cambio, pide abrir dialogo y resolver cuanto antes el conflicto.

Héctor Fix Zamudio, del Instituto de Investigaciones Juridicas de la UNAM, exige se declare por las autoridades laborales la inexistencia de la huelga y que se rescindan los contratos laborales a todos los huelguistas.

Suben de tono las declaraciones contrarias a la huelga
y el STUNAM aumenta la intensidad de sus protestas

25 de junio de 1977. Por medio de manifiestos públicos se declaran contrarios al STUNAM personajes y organizaciones como: Víctor Bravo Ahuja, Napoleón Gómez Sada, del Sindicato Minero; Víctor M. Gaudiano, de la CONCANACO; Edmundo Flores, del CONACYT, y Ángel Olivo Solis, de la COR, en donde exigieron se declare ilegal la huelga y se le tipifique “como una acción de sabotaje”.

Transportes públicos y las calles de la Ciudad de México se ven invadidas de brigadas de huelguistas que volantean y botean; informan los pormenores de la lucha del STUNAM y exigen solución a sus demandas y no represión. También en varias plazas públicas los sindicalistas realizan festivales culturales para informar y recavar fondos económicos para sostener el movimiento de huelga.

El rector anuncia que en los canales de Televisa se impartirán clases por TV. Esta actitud fue calificada por los huelguistas como vil “esquirolaje electrónico” contra la huelga.

La rectoría se sigue negando a dialogar
y arrecia sus ataque al STUNAM

26 de junio de 1977. Para manifestarse en contra de la huelga de STUNAM ahora les tocó el turno a Raúl Campos Rábago, de las AAPAUNAM; a José Rivera Pérez, al senador Oscar Ornelas, del PRI; al gobernador de Veracruz, Rafael Hernández Ochoa; a Jorge Medina del PAN, el cual exigió se reviva la discusión del Apartado C de Soberón”, y a Rubén Vasconcelos, que con ironía y mala fe califica las clases por TV como “la Universidad Autónoma del Aire”.

El STUNAM continuó con sus festivales placeros y la información a la población mediante brigadas.

Las autoridades laborales declaran ilegal la huelga
“La política de rectoría será derrotada”: STUNAM

27 de junio de 1977. Con una rapidez inusitada, la Junta de Conciliación y Arbitraje declara ilegal la huelga del STUNAM. Mientras tanto, la rectoría manifiesta que serán rescindidos los contratos de trabajo a los huelguistas que no se presenten a laborar antes del viernes 1 de julio.

El STUNAM responde a la intransigencia de la rectoría:

“La huelga del STUNAM cumple una semana. Los trabajadores universitarios nos hemos visto obligados a utilizar este recurso ante la intransigencia de las actuales autoridades.

“La petición del rector para que se declare inexistente la huelga ‘revela que las autoridades buscan soluciones de fuerza’…

“La política de la Rectoría será derrotada. Nuestra huelga está en ascenso. La solidaridad se promueve por todas partes… Los estudiantes continúan incorporándose a la lucha… Cada intento represivo… acrecentará nuestra decisión de lucha e incorporará más fuerza a la acción”.

A horas tempranas se inician las llamadas “clases por televisión” de la rectoría. El STUNAM declara: “Reciben apoyo de la empresa Televisa… Con estas medidas se pretende crear una universidad paralela. Es ridículo pensar que 30 horas diarias de clases puedan sustituir a las casi 6 mil que se imparten diariamente en los locales universitarios”.

El STUNAM rechaza el dictamen de la Junta de Conciliación e informa que la huelga continuará

28 de junio de 1977. El Comité de Huelga del STUNAM rechaza el dictamen de la Junta de Conciliación y manifiesta que siguen firmes sus demandas y la huelga.

Por órdenes de rectoría se cortan los suministros de luz y agua en Ciudad Universitaria. El STUNAM responde: “Con esta actitud las autoridades universitarias ocasionarán grandes pérdidas a una buen número de investigaciones y pondrán en peligro el mantenimiento de gran cantidad de animales de laboratorio, que siempre durante la huelga han sido atendidos por los trabajadores”.

Lejos de resolver con el dialogo las peticiones sindicales, los funcionarios de rectoría han amenazado con la intervención de la fuerza pública para romper el movimiento de huelga y han lanzado un llamado a todos los desempleados que deseen ocupar un puesto de los huelguista a que se apunten en unas oficinas que se habilitaran en el Salón Corintos y en el México City Center.

Imponente manifestación en solidaridad con
el STUNAM y paro de sindicatos universitarios

29 de junio de 1977. Más de 100 mil personas asisten a una gran manifestación en solidaridad con la huelga y demandas del STUNAM; el trayecto inició en el Cine Insurgentes y finalizó con un mitin en el Hemiciclo a Benito Juárez. En el evento tomaron la palabra Evaristo Pérez Arreola y Pablo Pascual Moncayo. La acción recibió importantes muestras de solidaridad de la población.

Renunció a su puesto Julián Adem, director del Centro de Ciencias de la Atmósfera, manifestándole al rector: “Repudio absolutamente el procedimiento que usted ha escogido para resolver el problema que ahora existe en nuestra universidad, el cual ha propiciado la división entre los universitarios y ha dañado seriamente, y me temo irreversiblemente, la coexistencia de una pluralidad de ideologías que por fuerza debe existir en una universidad como la nuestra”.

Dos diputados sobrevivientes del constituyente de 1917, Alberto Terrones Benítez y Cándido Avilés, manifestaron: “Ante la situación que se presenta hoy en la Universidad, sostenemos que hoy como ayer nos oponemos a cualquier medida que tienda limitar los derechos inalienables de asociación y huelga para cualquier grupo de trabajadores del país”.

Treinta y cinco sindicatos universitarios realizan un paro de tres horas en solidaridad con las demandas y la huelga del STUNAM. Anunciaron que ese solamente es el principio y que extenderán las acciones de huelga. De manera similar, la Tendencia Democrática del SUTERM, dirigida por Rafael Galván, expresó: “La huelga es un derecho natural de los trabajadores. Y los maestros y empleados de las universidades lo son en plenitud”.

Los huelguistas anuncian daños en experimentos por los cortes, falta de luz y agua; se informa que se presentan graves perjuicios en experimentos que se vienen desarrollando en Geofísica, Física, Astronomía, Geografía, Servicios de Cómputo, Biología, Materiales, Facultad de Ciencias, entre otras instituciones de la UNAM y se anuncian que esas pérdidas hasta el momento ascienden a un millón de pesos.

El STUNAM demandará a rectoría
por daños al patrimonio de la UNAM

30 de junio de 1977. El STUNAM pedirá un amparo contra el fallo de la Junta de Conciliación y rechazará la mediación en el conflicto que ha ofrecido el rector de la Universidad de Nuevo León. Asimismo demandará al rector por los daños y pérdidas que han recibo experimentos científicos por los cortes de agua y luz.

Mientras tanto las autoridades de la UNAM siguen citando a personas interesadas en ocupar puestos que dejarán vacantes huelguistas del STUNAM a los que les serán rescindidos sus contratos laborales. Estos llamados causaron grandes tumultos de los demandantes desempleados que por miles llegaron a los lugares de convocatoria; en estos asistieron brigadistas a informar la farsa de rectoría.

El Consejo Universitario de la Universidad Autónoma de Puebla demanda solución justa a las demandas del STUNAM.

Estudiantes y trabajadores del Poli
se solidarizan con el STUNAM

1 de julio de 1977. A través de un manifiesto público, maestros, trabajadores y estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, manifiestan su “apoyo irrestricto a las demandas del STUNAM”.

El STUNAM inicia el reparto de siete mil despensas entre los huelguistas, con artículos donados por sindicatos y pobladores de la Ciudad de México.

La rectoría, a través del Abogado General de la UNAM, Diego Valadés, oficialmente denuncia al STUNAM ante la Procuraduría General de la República por los delitos de sabotaje y despojo.

El C de H del STUNAM aprueba la extensión del Plan de Acción a fin de ampliar la cobertura de la huelga, en esos momentos seriamente amenazada por las autoridades de rectoría y gubernamentales. En respuesta, Valentín Molina Piñeiro, de la rectoría sostuvo: “Éste es, en detalle, el plan de acción del Consejo General de Representantes del STUNAM para subvertir el orden en las universidades del país”.

La rectoría anunció que son más de 19 mil
los huelguistas que están dispuestos a regresar a laborar

2 de julio de 1977. Mediante un comunicado de prensa, las autoridades de de la UNAM informan que son ya 19 mil 400 los trabajadores huelguistas que se han presentado a manifestar su intensión de regresar a laborar; no se dan a conocer nombres de esos “miles de arrepentidos”.

El C de H del STUNAM manifiesta estar de acuerdo para que el Rector de Nuevo León pudiera servir como mediador en el conflicto de huelga.

Carlos Sansores Pérez, presidente del PRI, se declara contrario a la huelga en la UNAM.

El rector de la UNAM espera
arrepentimiento de los huelguistas

3 de julio de 1977. Guillermo Soberón, en un comunicado dirigido a los huelguistas, les comunica: “La minoría de líderes sindicales… Han resquebrajado el concepto de comunidad… espero que recapaciten… Para los trabajadores… hemos obtenido prestaciones que los colocan… por encima de los trabajadores de otras dependencias…”

La FSTU se reúne en la Ciudad de México y “anuncia la realización de un paro nacional de 24 horas en solidaridad con las demandas del SUNAM y en contra de la cerrazón que ha mostrado la rectoría de la UNAM” para resolver el conflicto.

Comparecen ante la PGR varios líderes del STUNAM

4 de julio de 1977. Los dirigentes del STUNAM, Evaristo Pérez Arreola, Eliezer Morales Aragón y Álvaro Lechuga, comparecen a declarar a la Procuraduría General de la República por las acusaciones de sabotaje y despojo que hiciera en contra del STUNAM la rectoría de la UNAM. Fueron acompañados por cientos de trabajadores solidarios.

“En forma irresponsable y burlándose de las necesidades de la población desempleada, las autoridades universitarias abren un centro de contratación en el Hotel Romano, al cual llegaron miles de solicitantes de empleo, que en la desesperación causaron destrozos. Acto seguido a petición de las autoridades universitarias los desempleados fueron desalojados por la policía”.

La huelga no se ha debilitado: STUNAM

5 de julio de 1977. El STUNAM responde a las presiones y amenazas de las autoridades universitarias:

“Para enfrentar nuestra huelga, Rectoría ha desarrollado una costosa y ostentosa campaña publicitaria que busca descalificar nuestro movimiento por diversas vías.

Esos intentos han fracasado. A los anuncios que señalan, demagógicamente, que la huelga se ha debilitado, los trabajadores hemos respondido reforzando las guardias y aumentando el entusiasmo que hemos puesto en este movimiento.

“El Rector de la UNAM tendrá que responder ante la comunidad universitaria y el pueblo de México, de los daños que estas medidas están ocasionando al patrimonio universitario”.

El académico Germán Cabrero Pontón pide la intervención del ejército para desalojar de las instalaciones universitarias a los huelguistas.

Se anuncia la rescisión de sus contratos a 37 dirigentes del STUNAM

6 de julio de 1977. A pesar de que ya se habían entablado pláticas del CE del STUNAM con una representación de rectoría, sin llegar a ningún acuerdo, la rectoría dio a conocer un listado de 37 dirigentes del STUNAM a los cuales se les rescindirían sus contratos laborales con la UNAM.

Por la tarde, el STUNAM llevó a cabo una de las más grandes manifestaciones de que se tuvieran memoria desde las realizadas durante el movimiento estudiantil de 1968; más de 200 mil personas participaron, incluyendo contingentes importantes del IPN, Chapingo, de la UAM, siguiendo como ruta del Museo de Antropología al Monumento a la Revolución; ahí interviene como orador Eliezer Morales.

Más tarde, a las 20:30 horas, por diversos rumbos de la ciudad son detenidos seis dirigentes sindicales académicos del STUNAM: Eliezer Morales Aragón, Pablo Pascual Moncayo, Erwin Stephan Otto, Alejandro Pérez Pascual, Jorge del Valle y Rosalío Vences Reza.

Por la tarde, circuló un boletín de prensa en donde se informa que el dirigente del STUNAM, Álvaro Lechuga, llamó a levantar la huelga y reconstituir al STEUNAM, convocando a “desprenderse de las influencias extrañas al movimiento sindical… Habremos de restablecer la vida sindical, democrática y revolucionaria de nuestro sindicato…”

El Partido Comunista Mexicano manifestó que con la huelga en la UNAM: “Dos concepciones de la Universidad entraron en conflicto: la que durante largos años han sostenido las fuerzas democráticas nacionales y las que se empeñan en imponer a la educación superior los grupos de derecha, la oligarquía asociada al capital extranjero”

La policía capitalina revienta la huelga del STUNAM

7 de julio de 1977. “A las cinco de la madrugada, 12 mil policías (los grupos policíacos iban comandados de manera directa por Arturo Durazo Moreno) de diversas corporaciones rompen la huelga del STUNAM en Ciudad Universitaria. Son detenidos 531 trabajadores y destruidas sus pertenencias, incluidas varias decenas de automóviles. Resultan cuantiosos los destrozos que la policía realizó en las instalaciones universitarias”.

El STUNAM responde:

“La ocupación policíaca de las instalaciones universitarias, fue la culminación, de todo un plan, que se inició con la posición intransigente del Rector que se negó a negociar las demandas del sindicato, continuó con las presiones para que los miembros del STUNAM defeccionaran; tomó después un dispositivo para romper la huelga. Como parte de ese plan se realizó una costosa campaña, sangrando el presupuesto universitario para calumniar al movimiento de los trabajadores. Éstas ha sido las armas del Rector y de las fuerzas reaccionarias que lo apoyan.

“El STUNAM exige la libertad inmediata de todos los detenidos y la desocupación policíaca de las instalaciones universitarias y de nuestras oficinas sindicales.”

El CGR del STUNAM anunció que seguirá la lucha e informó que expulsó de sus filas a los dirigentes traidores, encabezados por Álvaro Lechuga, y enfatiza que el sindicato se mantiene unido y en pié de lucha.

Varias organizaciones sociales se solidarizan con el STUNAM, entre éstas los profesores, estudiantiles y de trabajadores del IPN que manifestaron su intención de sumarse al paro nacional convocado por la FSTU.

Paro nacional en las universidades
públicas en apoyo al STUNAM

8 de julio de 1977. Se realiza un paro en 12 universidades públicas y mítines masivos en el IPN, Chapingo y Antropología en solidaridad con el STUNAM.

Por la tarde, se realiza un imponente mitin en Zacatenco, del IPN, con la asistencia de más de 20 mil personas; ahí varios dirigentes del IPN anunciaron el cierre de las instalaciones del Instituto en solidaridad con las demandas del STUNAM. Ahí, Evaristo Pérez Arreola manifestó: “nos hemos replegado pero triunfaremos en un corto plazo”.

Por la noche, son liberados 525 trabajadores detenidos durante el desalojo de CU; los dirigentes magisteriales del STUNAM continuaron detenidos.

El STUNAM decide levantar la huelga

9 de julio de 1977. “A la media noche, el Comité Ejecutivo del STUNAM decide levantar el movimiento de huelga e informa que ha llegado a los siguientes acuerdos con las autoridades universitarias: reconocimiento del STUNAM, subrogación del Convenio Colectivo Administrativo al nuevo sindicato, reinstalación de los 37 despedidos, procedimientos para la reinstalación de los cesados antes de la huelga y pago de salarios caídos en un 26 por ciento”.

10 de julio de 1977. El STUNAM, al dar a conocer el fin de la huelga, insiste en: “Hemos conseguido el reconocimiento del STUNAM, hemos planteado en definitiva el sindicalismo universitario, formamos parte de la insurgencia de los trabajadores que producirá cambios fundamentales en el sistema social y económico del país. A pesar de las amenazas, el temor, la corrupción, la traición y finalmente la represión directa, hemos dado pasos firmes en la dirección que apunta nuestro proyecto de contrato colectivo. Debemos recoger las experiencias y abrir el nuevo capítulo de un combate que no tiene más termino que la victoria de los trabajadores sobre sus enemigos de clase…”.

Nota: Hoy se sabe, que el reconocimiento del STUNAM se logró gracias al temor que mostró el gobierno federal a que el movimiento escalara tiempos y se repitiera una experiencia similar a la vivida en el movimiento estudiantil del 68, por la unidad y la amenaza se sumarse del IPN y de otras instituciones a una huelga nacional que hubiera tenido consecuencias de enfrentamiento muy severo.

(Datos tomados del libro El Sindicalismo Mexicano de Vanguardia. La Crónica de 50 Años del Sindicalismo Universitario (1929-1979) de Alberto Pulido A. Consultarlo en www.stunam.org. Los párrafos entrecomillados son textuales, tomados del libro o de documentos de la época).