Número 13                                               Época IV                                     Febrero 2008


TEMAS A DEBATE


Para la historia de “El 68" y "Los Halcones"

El eminente Dr. Fitzjames de Canadá y algunos otros tenían confirmada su asistencia… al final desistieron de participar en el congreso: "UN PAIS QUE TRATA ASÍ" –Tlaltelolco, 2 de octubre de 1968– "A SUS ESTUDIANTES, NO MERECE TENER NI CONGRESO INTERNACIONAL NI CIENCIA DE ALTO NIVEL...”

Manuel Servín Massieu

Cuando uno se hace viejo no tiene que leer aspectos de la Historia contemporánea... los vivió y como el suscrito nació en 1930 –después de Cristo– y vienen los 40 años del infausto (para la comunidad académica mexicana) 1968, quiero presentar a su consideración en estas notas algunos recuerdos, vivencias y experiencias que me tocaron de cerca en ese año.

Quizá aporten algunos elementos para el análisis e interpretación mas profunda de la mutación que ha sufrido la sociedad mexicana en lo general, y la enseñanza superior en lo particular, desde entonces. No obstante, me gustaría que por lo pronto los jóvenes que no vivieron esos años valoren en toda su extensión la crisis social de México en ese tiempo. ¡Sorpréndanse!, he conocido personas mayores, sobre todo del interior del país, que no supieron bien a bien lo que sucedió entonces en la capital.

1) Para el Juicio de la Historia

De niño acompañaba a mi abuelo a las obras de re-construcción del viejo casco de la Hacienda de Santo Tomás, que alojaría al inminente IPN. El Ing. Wilfrido Massieu, por 10 años Director del ITI (Instituto Técnico Industrial, antecesor del POLI) supervisaba personalmente la reconversión de uno en otro; poco después llegaría a ser Director General del Instituto (1939-1941).

El hijo menor del abuelo Wilfrido (mi madre María era la hija mayor) Guillermo Massieu Helguera, a su vez, llegaría a ser el Director General del propio IPN tres décadas después, y en ese carácter le tocaría en suerte sortear las turbulencias del "movimiento estudiantil del 68". Dedicado siempre a la investigación científica –fue pionero en México de la neurobioquímica– y los problemas académicos conexos. En su momento, cuando era profesor visitante en el laboratorio oxfordiano de Hans A. Krebs, Premio Nobel, le sorprendió recibir una invitación, vía interpósita persona, de una alta autoridad educativa de México, para dirigir el Instituto Politécnico Nacional.

En este cargo nunca llegó a sentirse plenamente cómodo, quizá, digo yo, por su inexperiencia en los dobleces de la política. Años después, y en pleno 1968, a nivel familiar llegué a escucharle comentarios sobre su predicamento en la crisis de ese año terrible; por un lado, la idea de su posible renuncia al cargo, que el Presidente Díaz Ordaz, hombre inflexible, no permitiría, y por otro lado, no sentía poder contar con el espacio libre de que disponía su homólogo, el Rector de la Universidad Nacional como era el Ing. Barros Sierra. En última instancia, al Director General del IPN se le consideraba solo un empleado federal mas, de altura, si, pero sujeto a otra normatividad, alcances y limitaciones que el Rector "autónomo".

Algunos analistas de lo que hoy es la historia de ese movimiento estudiantil, han tratado con dureza la gestión del Dr. Massieu Helguera en esos años; analistas que quizá no han comprendido el predicamento señalado anteriormente, ni la salvaguarda de los valores académicos en el lPN a los que Massieu quería dar prioridad. Otro factor que contribuyó a sus predicamentos y dudas en ese año, no fue menor la protección debida a su núcleo familiar inmediato, que se vio directa y físicamente amenazado y a la que hubo de proteger trasladándola en un momento dado, al clandestinaje; pocos saben este dato.

2 ) Los Letreros

Principios de septiembre de 1968 –informe de Díaz Ordaz a la nación, el día 1°–, ¿recuerdan?, dijo el Presidente de la República pretendiendo ser conciliador "una mano está tendida..." y con sorna coreábamos académicos y estudiantes en la manifestación siguiente: "háganle la prueba de la parafina!" Para esa fecha y por alguna razón, en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN en Santo Tomás, asistía ya poca gente a las asambleas; nadie quería ya "botear" ni "volantear", ¿"fatiga de combate"?, ¿ganas de volver a clase?, qué sé yo...). El movimiento parecía languidecer y, de pronto, ¡asalto militar a CU! Ifigenia detenida con algunos líderes.

Inmediatamente después los edificios y áreas circundantes de nuestra Escuela (Nacional de Ciencias Biológicas) o ENCB, se volvieron a llenar de gente –mucha desconocida– y todo recuperó su espíritu de lucha. La reanimación del movimiento en el Poli fue notable. Siempre he tenido la impresión de que la toma de CU en septiembre de 1968 más parecía una provocación planeada para reactivar "el movimiento estudiantil" y aplastarlo cuanto antes, que por otra causas. Venía la olimpíada y, contrario al tradicional manejo de ciertos problemas políticos nacionales, a este NO "se le dejaría pudrir"...

En esos días, se instalaba en mi laboratorio de "Genética Microbiana" (el primero en el país) una liofilizadora a escala piloto marca USIFROID, de lo mejor que vendía Francia. Vino a instalarla un técnico de la empresa, señor Channel. Cierto día de finales de septiembre de 1968, después de trabajar en el laboratorio todo el día instalando la liofilizadora e ir a hacer pipí, regresó Channel agitadísimo, hiperventilando y pálido: " ¡los alumnos están preparando y probando bombas molotov en el área de baños!", tomó su saco y se fue despavorido. ¡Imaginen si me agarra la policía siendo yo francés y después del mayo caliente en París...!" (también en el 1968).

Por la tarde y noche temprana, ulular de sirenas, humo, altavoces, helicópteros y uno que otro tronido: era la batalla en la zona de Santo Tomás, el 23 de septiembre de 1968, que duraría toda la noche. Supusimos que tarde o temprano entrarían militares y policías, no precisamente a echar agua bendita. Anticipábamos que lo que no se atrevieron a destruir y atropellar CU –por su proporción de egresados notables, políticos, industriales, etc. –, si lo harían en el IPN de Santo Tomás. ¡Éramos mayoritariamente pueblo considerado "naco"! ¿Qué hacer para proteger aparatos, equipo y demás? Apresuradamente nos las ingeniamos para llenar con letreros de advertencia las instalaciones y pasillos del Departamento de Microbiología –unos 200 profesores y empleados–: "Aquí se trabaja con microbios peligrosos", "Cuidado, microbios infectantes", "No entre sin equipo especial" y otros similares. Corrimos después para salir por la puerta trasera de la escuela...

Al otro día,"tomada" la ENCB como si fuera castillo enemigo y ya rodeada por decenas de tanquetas y tropa armada, al permitírsenos entrar a revisar fugas de gas, aparatos, dar de comer a animales, cerrar llaves de agua baleadas, etc., nos congratulamos por el hecho de que los letreros que habíamos puesto en lugares estratégicos un día antes, ¡habían surtido efecto! Después de entrar por asalto a nuestra escuela aquella madrugada, los destrozos en nuestra área fueron mínimos, salvándose así equipo valioso e irremplazable; curiosamente, la ventana mas baleada (100 o 200 plomazos) era la que permitía ver desde el exterior el foco intermitentemente encendido del termostato de una vieja estufa de cultivos, seguramente pensaron que eran señales cifradas.

3) Premeditación, alevosía y ventaja

Consecuencia del violento asalto a mi Alma Mater –una sola y aislada escuela del Poli, junto al Deportivo Plan Sexenal–, fue su exagerado cerco por varias decenas de tanquetas y un batallón de soldados armados hasta los dientes. Aquella mañana del 24 de septiembre de 1968 se veían los destrozos en Santo Tomás del IPN desde varias calles antes de llegar.

Profesores y alumnos observábamos tensos, con ira contenida e impotencia, desde la acera de enfrente de nuestra escuela. La "lucha" no podía haber sido más dispareja: matracitos contra bazookas. Grande sería mi sorpresa cuando hizo acto de presencia la doctrora Graciela Salicrup, queridísima amiga, notable arquitecta colaboradora de Laurette Sejourné en la restauración del “Templo de las Mariposas", en Teotihuacan, combativa académica en el 68 y destacada topóloga-matemática que, lamentablemente, fallecería años después en circunstancias trágicas.

Preocupada por los sucesos de la noche anterior comunicados en todos los noticieros, Graciela se desplazó hasta Santo Tomás para indagar sobre los académicos y alumnos del IPN. ¡Cuanta solidaridad se dio en aquellos años entre el IPN y la UNAM! Después del asalto militar, al exterior de la Escuela todo era desconcierto y rostros demudados entre profesores y alumnos. Al interior, fugas de gas y agua por doquier. Jefes militares con walkies talkies. Tropa armada en todos lados. Recuerdo a un motociclista militar copiando en una libretita nombres de una lista de alumnos pegada en un tablero. Muchas personas con pelo al rape y vestidos de civil, dormidos en los prados. Alumnos escondidos en el enorme edificio saldrían al tercer día de su escondite sólo para ser detenidos. Hambre y sed. Algún alumno fue encontrado ya cadáver, vendado de pies a cabeza, y... bayoneteado. De esto no hubo nada en CU. ¿Será también clasista la represión?

Pedimos permiso para entrar y reparar. Me preocupaba la liofilizadora que costó un dineral. "Vean al Coronel Gómez Tagle que comanda la operación", se nos dijo. En efecto, este último había instalado su cuartel general en lo que todavía hoy son las oficinas centrales del Canal 11, por allí de las calles de Carpio y Plan de Ayala. En medio de mucha vigilancia personal, el Coronel dictaba órdenes. Finalmente nos recibió y autorizó para poder entrar a laboratorios y bioterios los días siguientes, mediante un salvoconducto y guardia militar a la vista. Por el citado Gómez Tagle, nos enteramos que gran parte de los militares que controlaban el triángulo Tlatelolco, Normal, Santo Tomás provenían de guarniciones de zonas militares de Tamaulipas bajo su mando. ¡Los militares del área metropolitana NO QUERÍAN PARTICIPAR en los operativos , ya que muchos tenían familiares en el IPN y la UNAM!

Inesperadamente, hacia el 31 de septiembre de 1968 se nos suspendió el salvoconducto. “Nadie podrá entrar los próximos días a la ENCB ni a otras escuelas de Santo Tomás. Habrá una manifestación de Tlaltelolco al Poli y se temen disturbios al desplazarse hasta acá". Sonaba falso, todo estaba en paz. Era evidente que preparaban algo, lo que contradice la versión oficial de que la balacera del 2 de octubre fue producto espontáneo del momento. ¿Por qué nadie habrá entrevistado al general Gomez Tagle? Él debe saber mucho sin ser de los cacas grandes; estoy seguro que aportaría información importante. ¿Dónde estará comisionado? ¿Vivirá todavía?

4) Información y graciosa huida

Pasó la "Noche de Tlaltelolco” y todo lo que sabemos con detalles terribles cada vez mas ampliados. Recuerdo que Ricardo Garibay, escribiendo en el Excelsior de Scherer, fue el ÚNICO que criticó al Gobierno diazordacista explícitamente el 3 de octubre de 1968: ¿Qué hemos hecho con nuestra juventud, se preguntaba? y yo me preguntaba, además de Oriana Falacci, herida en Tlaltelolco: ¿qué dirían otros cronistas y reporteros de la prensa internacional? ¿Cuál sería la cobertura de "los medios" en el extranjero? Recuerdo en alguno de los mítines del zócalo capitalino, a reventar de estudiantes, académicos y simpatizantes, en medio del gentío –zócalo lleno– a un par de extranjeros con un enorme conjunto de equipos de grabación.

Recuerdo uno de esos técnicos con audífonos y grandes micrófonos grabando todo lo que se decía en los discursos. En un momento dado, la gente alrededor empezó con gritos de: “¡Son de la CIA, sáquenlos!", unos, ¡No! déjenlos"! "que graben!”,otros, etc. Finalmente, nadie hizo nada y los tipos, inmutables, siguieron grabando en medio del zócalo a reventar... ¿Qué destino tendría su grabación, evidentemente profesional? ¿Información estratégica? ¿para quién? ¿o serían sencillamente TV y prensa?

El Sr. Channel –aquel que nos instaló la liofilizadora en la ENCB del IPN y que corrió de inmediato de regreso hasta París en septiembre de 1968– pocos años después nos mandaría desde allá el número correspondiente al 2 de octubre de la revista "Paris Match", que NUNCA CIRCULÓ en México a tiempo.

Como la revista francesa era entonces de formato grande –como era en esa época el "Siempre" rotograbado de Pagés LIergo– nos impresionamos al ver reproducida, a portada completa y todo color, la fotografía de un destacamento de soldados mexicanos asaltando, a paso veloz, la Plaza de las Tres Culturas la tarde del hecho sangriento. La foto tenía un pie de grabado en letras grandes, que decía " Les Jeux Olympiques les plus retentissant"...

5) Del 67 0169: doctorado, guerra biológica y congreso

Siendo profesor-investigador del Departamento de Microbiología de la ENCB del IPN, me daba yo tiempo para terminar mi tesis doctoral. Eran los meses finales de 1967. Apresuré el paso y logré fuera autorizada mi disertación doctoral a principios de 1968; se respiraba en el aire inquietud en las instituciones de educación superior del mundo. La Universidad de Nanterre de Francia y el "mayo caliente" de la "rebelión estudiantil" en París, estaban en todos los titulares, mientras las tensiones académicas por la repulsa a la "Guerra de Vietnam" se hacían mas violentas también en los EUA.

Crecía la tensión entre el gobierno y los estudiantes estadounidenses. Alumnos muertos en Kent College. Denuncias de armas biotóxicas y terriblemente "sucias" bajo colaboración del US Army y derrama de millones de dólares a científicos gringos: "Proyecto 112" del Departamento de la Defensa -000-, Proyecto "MKULtra" de guerra sicológica, Proyecto "Spicerack" en la Universidad de Pennsylvania y Proyecto "Jasón", ambos relativos a armas prohibidas, Proyecto "Stormfury" de guerra climática –que afectó a México– y muchos mas...

Todo el peso de la mayor potencia tecnológica sobre el pequeño Vietnam. En el Congreso anual de la ASM –American Society for Microbiology– de 1969, en Miami, se enfrentaban los microbiólogos opositores al uso de armas biotóxicas en "Nam" (con David Baltimore y Richard Novick al frente –el primero hoy Premio Nóbel y Director del prestigiado Caltech) a los que trabajaban en proyectos para desarrollarlas financiados por el US Army /DOD –Department of Defense–; estos últimos le metieron mucho dinero al estudio del virus de la "encefalitis equina de Venezuela" (EEV) como arma microbiológica y la vacuna TC-83 correspondiente.

Este virus –endémico en Venezuela– aparecería en esos años, inexplicablemente, en México, matando miles de equinos, enfermando a 50 mil paisanos y llevándose al otro mundo a 90 niños y ancianos mexicanos. ¿A quién le importa?, como cantaba "Alaska y Dinarama". Fue un bonito caso de "bioterrorismo de Estado" que ni en México, la víctima, ha sido registrado para la historia del "bioterrorismo", hoy tan de moda.

Un grupo de microbiólogos mexicanos, entre los que recuerdo a Casas Campillo, Pérez Miravete, Bojalil y Ruiz Herrera –Premios Nacionales de Ciencia– asistimos al congreso mencionado, para cerrar los acuerdos relativos al X Congreso Internacional de Microbiología que tendría lugar en la Ciudad de México algunos meses después, en agosto de 1970.

Llegaría a ser un congreso de gran impacto en la comunidad internacional de microbiólogos. Asistieron cuatro Premios Nobel y cinco mil científicos de 60 países; aquí se gestaron las bases para lo que dos años después sería la Convención Internacional de Prohibición de Armas Biológicas. El eminente Dr. Fitzjames de Canadá y algunos otros tenían confirmada su asistencia desde tiempo atrás, pero al final desistieron de participar en el congreso: "UN PAIS QUE TRATA ASÍ" –Tlaltelolco, 2 de octubre de 1968– "A SUS ESTUDIANTES, NO MERECE TENER NI CONGRESO INTERNACIONAL NI CIENCIA DE ALTO NIVEL...” fue la esencia de su carta que dejó fríos a los organizadores. Ese juicio tan agudo del Dr. Fitzjames todavía me hace reflexionar de cuando en cuando, sobre todo después del "Gran Salto Atrás de la Ciencia en México" en los tiempos del PAN ...

6) Zapapicazos fantasmales y aves de rapíña

Mucho se rumoraba de la existencia de grupos paramilitares reclutados por autoridades del DDF entre los trabajadores de Limpia y Transportes, en los meses veraniegos del 1968... ¿Jefazo? El General metido a civil Alfonso Corona del Rosal. La idea de los "Halcones" –inspirados seguro en aquel viejo "comic"– se decía era para actuar como golpeadores, o provocadores, según el caso, pero nadie los había identificado a plenitud; hasta agosto de ese año se les veía como un grupo un poco fantasmal. Dichos fantasmas se materializarían en alguna de las manifestaciones que señalaremos a continuación.

Los miles de manifestante solíamos partir de Chapultepec, Escuela Nacional de Antropología, entonces ubicada en el segundo nivel del flamante Museo Nacional atrás del gigantesco Tlaloc. Los que tenían dejaban su auto estacionado en el correspondiente espacio de dicho museo. Eran decenas los conductores que llegaban, estacionaban y seguidamente se unían a la manifestación a pié rumbo al centro de la Ciudad de México.

El sentir general era de una especie de euforia pro y proto-democrática de orígenes universitarios y politécnicos y, ¿porqué no decirlo?, también "clase-mediera". No recuerdo bien si fue en la llamada "Manifestación del Silencio", o una anterior (¿agosto del 68?), pero el hecho es que al regresar al parqueadero de los autos en el Museo de Antropología, ioh!, sueños de fresca democracia quebrantados: TODOS los autos jTODOS! tenían las llantas ponchadas, como esos sueños... Los también proto-frane!eros-cuidadores de autos de aquella época, a buen recaudo entre los árboles cercanos, apuntarían después que, espiando desde razonable distancia, habían observado multitud de chavos "Iumpen" que, delirantes y con celeridad, pasaron como ráfaga entre los autos estacionados, tundiendo llantas y parabrisas. Los hasta entonces fantasmales "Halcones" a zapapicazos habían hecho notable su realidad existencia.

En otra ocasión, un par de años después, tuvimos oportunidad de ver quizá una "compañía", o más, no lo recuerdo bien –como los conscriptos en domingo por la mañana– de jóvenes Halcones o sus semejantes. Pasada la medianoche, bajaban por la calle Altavista, en San Ángel, rumbo a la avenida Revolución, giraron hacia el sur. Merodeaban CU. Desenfadados, corriendo a paso veloz bajo la llovizna, la mayoría en "playera" y zapatos tenis, empuñando sus bastones "kendo" y cantando recio al estilo militar en ritmo con su carrera, eran vistos por los pocos que desde la seguridad de un auto, callejeábamos a esa hora.

Esperábamos la luz verde junto al vehículo aquel –¡hoy ya no se les ve!– que desplazándose lentamente barría con sus cepillos giratorios la orilla de la calle. Era alguna fecha del verano de 1970, había llovido y las luces se reflejaban en el asfalto húmedo. Con miradas de soslayo e incertidumbre especulábamos detenidos en el semáforo: ¿Qué no son "Halcones"? ¿Qué hacen por acá, a esta hora? ¿Ahora que? ¡Era después del 2 de octubre del 68... y antes del 10 de junio de 1971! Evidentemente, como "Pedro por su casa", solapados por autoridades del DDF...

7) ¿Y la Base Aérea Militar en Tizayuca?

En mis mocedades fui ayudante del Laboratorio de Fisiología en la Escuela Médico Militar –1955 a 1958– cuando los profesores titulares de la materia, eminentísimos fisiólogos mexicanos llamados José Joaquín Izquierdo y Juan García Ramos, quienes no aceptaban para chalanes de "preparaciones experimentales" en su materia menos que químicos egresados de la multicitada E N C B del IPN. Contaban con el respaldo del Dr. Castellanos y el Director de la EMM, Dr. Oswaldo Arias Capetillo, para contratarnos de "Intendencia" y comisionarnos al laboratorio inicialmente con el grado de Sargento primero y luego ascendidos a Subtenientes.

Eran un buen trabajo para pasantes de licenciatura; pocas horas de la mañana, dos veces a la semana y tiempo libre para la tesis de licenciatura. Juan Manuel Gutiérrez fue el primero de los ayudantes, le siguió Amado González, luego el suscrito y tocó el turno después a Viltalba. También dos enfermeras militares sub-chalaneaban –"La Leona", sargentona en conducta y grado– y cuyo nombre no recuerdo, pero sí su hirsuta melena rojiza y la enfermera Lupita Franco Olvera, mas joven, ojos claros y eficiente.

Pasaron los años. Me recibí de QBP y empecé el doctorado en Microbiología en el IPN. Iniciaba simultáneamente mi desarrollo como investigador. Pasó el tiempo y llegaron y golpearon como tsunamis, uno después de otro, "el 68" y el "71 ", 2 de octubre y la de junio, respectivamente. Cambios en la vida académica del país, en la política, en la social, y en mi vida personal. Tocó en suerte que por esos años andaba yo suelto en la pradera y en cierto convivió me encontrara yo de nuevo a una de aquellas dos compañeras del Laboratorio de Fisiología de la Médico Militar de años atrás. Fresquecito el trauma de los muertos, desaparecidos y de la incipiente "guerra sucia".

Me aseguró la antigua amiga, que laboraba ya en algún servicio médico sito en la base aérea de Santa Lucía, rumbo a Tizayuca, Hidalgo, haber visto actas circunstanciadas relativas a cadáveres del Tlaltelolcazo, cremados en aquella lejana base aérea... He reflexionado desde entonces: toda la atención de las desapariciones en esa época se ha centrado en el "Campo Militar Nº 1", pero, ¿qué sucedió realmente en la Base Militar Aérea de Santa Lucía? ¿Nada?

8) Puntualidad que No Deja

El joven investigador "H. M.", compañero de laboratorios en la ENCB de entonces, se caracterizaba por su puntualidad. Cierto es que su jefe, el Prof. Casas Campillo, era un destacadísimo microbiólogo industrial, pionero del viejo Syntex, pionero en el mundo de las hormonas sintéticas, Premio Nacional de Ciencias, muy serio, profesional y... exigente.

Llegaba el Prof. a las 8 am, día tras día, de manera que sus colaboradores y ayudantes debían estar ya en la talacha desde antes. El laboratorio e instalaciones adyacentes de "tipo nave industrial" estaban en la parte posterior de la ENCB, ubicada entonces en enorme predio de Santo Tomás. Su acceso era por una callejuela trasera al norte, poco transitada. El joven H.M, también formal, llegaba siempre y con puntualidad una hora antes. Él también tenía su rutina: llegar, estacionar su auto a pocos pasos de las instalaciones, encender las luces del recinto, colgar su saco, ponerse la bata de trabajo, iniciar tal o cual aparato, revisar aquellos, etcétera.

Aquella mañana, desde que H.M. entró con su auto al estacionamiento, le llamó la atención ver solo unos cuantos vehículos y escaso movimiento. No obstante ese sentimiento, procedió a llevar a cabo su rutina diaria, hasta que llamaron su atención otras cosas fuera de lo usual: no había corriente eléctrica y el silencio en todos los recintos y áreas aledañas era verdaderamente sepulcral. Empuñó el auricular del teléfono para llamar a la administración central e indagar que pasaba y escuchó que alguien descolgaba del otro lado musitando algo. El joven H.M. iba pedir más aclaraciones verbales, cuando de pronto, en fracción de minutos, pálido y tembloroso hubo de colgar el auricular pues se vio rodeado por un pelotón de soldados apuntándole a corta distancia con sus armas. Entre empujones, culatazos e imprecaciones lo llevaron fuera ¿Quién chingaos es usted? ¿Qué hace aquí a esta hora? ¿Cómo se metió? iComunista! iSubversivo! iCabrón! iJálele pa'llá! etc. iH.M. no se había enterado de lo sucedido la noche anterior y llegó puntual al trabajo!

Algún compañero avisaría después a su familia, pues los últimos que vieron a H.M. desde la otra acera esa mañana, iba dentro de un transporte militar con rumbo desconocido, evidentemente detenido, haciendo señas y vociferando desde la ventanilla del transporte verde olivo, ¡por favor avisen a mi casa! De la víctima no doy su nombre completo porque, afortunadamente, su secuestro no trajo mayores consecuencias. Nadie supo el proceso a que se le sujetó después en las instalaciones de detención, ni cuántos días se le detuvo, pues no lo aclaró nunca. Nadie se lo pregunta ya, habida cuenta que, aun transcurridos muchos años, al surgir el tema y las preguntas correspondientes, teniendo que revivir el hecho emocionalmente, el compañero H.M., que sufrió el susto, se pasa tres días con diarrea...

PD. Se ignora si H.M. sigue siendo puntual.

24 de octubre de 2007

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