Número 13                                               Época IV                                       Febrero 2008


TEMAS A DEBATE

El papel de la iglesia y los medios
de difusión en la conducta social en México

Se vierte un sinnúmero de declaraciones que los medios de difusión han utilizado para vender la postura de cada bando. Nos damos cuenta que la lucha es desigual, porque tiene más oportunidad de difusión, mayor peso cultural y económico, la versión de la iglesia

Elva Astudillo García
Margarita Astudillo García
Araceli Calzada Pacheco
Rigoberto Cardona Rodríguez
Shantal Tavares Osorio

A partir de la llegada de los españoles y como consecuencia del sometimiento de los pueblos indígenas, la iglesia católica ha jugado un papel predominante en la historia de la sociedad en nuestro país. Caracterizado por un matrimonio entre ella y el Estado, pretendiendo con sus enseñanzas mantener a un pueblo callado y obediente. “Lo característico del s. XVII fue la represión. Represión religiosa, represión política, es decir absolutismo” (Benítez, 2004: 16).

Con el arribo de la imprenta se inicia la publicación de textos que sirvieron para lograr una sociedad más informada. Durante la Colonia, los textos permitidos eran aquellos que no fomentaban la crítica, sino la aceptación de los cánones y dogmas de obediencia. Mismos que han permitido conservar, aun en nuestros días, la prepotencia y desprecio de algunos jerarcas religiosos hacia los derechos más elementales de los individuos y la sociedad, cómo puede ser la decisión sobre las acciones que afectan a nuestro cuerpo. Pese al monopolio que ejercía, en algunos círculos, sobre todo de intelectuales, se leían textos prohibidos que fueron germinando ideas revolucionarias: libertad, igualdad, justicia, que cristalizaron en el s. XVIII en la conformación de una nueva sociedad influida por las ideas de la Ilustración.

A través de los diferentes períodos históricos, desde la Independencia, es evidente que la iglesia católica ha estado ligada a movimientos políticos y sociales, oponiéndose a los gobiernos que no eran de su conveniencia y apoyando a quienes les redituaban en canonjías. En 1927, al cerrar las puertas de las iglesias (principalmente en Guanajuato), impidiendo el acceso al culto dentro de los templos a los creyentes, se originó una lucha armada para defender sus creencias, incitados por el clero para rebelarse en contra del gobierno que pretendía hacer valer la Constitución. Luego de tres años de lucha, el clero y el gobierno llegaron a un acuerdo, se reabrieron los templos y los cristeros quedaron excomulgados, rechazados de sus poblados y declarados delincuentes.

Existen grupos aliados a la iglesia que refuerzan sus ideales, propósitos y objetivos propios, con la finalidad de mantener el poder y dominio en las masas. Así como hay otros que quieren lo mismo sin aliarse a ésta, originando pugnas entre ellas.

Los sucesos recientes, ocurridos el pasado 18 de noviembre en la Catedral de la ciudad de México, muestran la intransigencia de los dos últimos grupos citados, donde prevalece el convencimiento a través de la palabra que para algunos es durante un sermón y para los otros a través de promesas de una calidad de vida mejor.

Ante esto, se está dejando atrás el cumplimiento de lo que se estipula en la Constitución, donde el Estado no se debe involucrar en actos religiosos y viceversa, dado que a la Iglesia no le corresponde realizar proselitismo por ninguna corriente política, siendo congruente con las enseñanzas cristianas de “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, aunque a lo largo del almanaque hace proselitismo.

Lamentablemente, esta situación ha derivado en provocaciones mutuas que polarizan a ambos grupos, siendo inicialmente de forma verbal y pasando a la agresión física. Se perjudica al pueblo cuando ambos dicen que luchan por su bienestar, mientras pasa lo contrario: sólo los utilizan para alcanzar sus objetivos particulares.

En este hecho podemos notar que los valores de respeto y tolerancia se olvidaron por que “lo que se escuchó en la plaza no fue ‘el repique ordinario de la celebración del domingo’, sino una irrupción bravucona; no fue un llamado a misa, sino una exhortación a la madriza”. (Pedro Miguel, La Jornada 20/11/07). La cual se registró en el interior de la Catedral, propiciando al cierre de la misma por decisión de la Arquidiócesis.

Desde ese momento se vierte un sinnúmero de declaraciones que los medios de difusión han utilizado para vender la postura de cada bando. Nos damos cuenta que la lucha es desigual, porque tiene más oportunidad de difusión, mayor peso cultural y económico, la versión de la iglesia; a la que se le brindan más espacios en los medios informativos como la televisión, la que tiene una gran penetración en el auditorio, formando en ellos una visión que influye en la postura que tomen acerca de la responsabilidad de los participantes en este incidente.

En los medios impresos, como La Jornada, se justifican las acciones emprendidas por los “lopezobradoristas” aludiendo a que fueron provocados, olvidándose de los derechos de los feligreses…

Por otra parte, en las salas de cine se exhibe en estos días una producción documental que pretende dar fe de los sucesos que se dieron antes durante y después de la elección presidencial del 2006. En ella se muestra a un líder político (López Obrador) que está convencido de que hubo una campaña de desprestigio en su contra, en la que se coludieron el gobierno foxista, los medios masivos de comunicación, la cúpula empresarial y personajes como Carlos Salinas, quienes aprovechando su poderío económico buscando por todos los medios sacarlo de la contienda electoral. Al no lograrlo, se decidieron por organizar un fraude electoral similar, según sus palabras, al de 1988.

Se muestra una serie de anuncios publicitarios que corroboran la campaña difamatoria y se alude a los artículos del COFIPE que se violaron. Habría que verse qué legislación se violó por ambos bandos. En una escena, el personaje central puntualiza: “en el país de la impunidad, me querían desaforar”, y luego presentan el recuento de ese pasaje en la contienda preelectoral. No negamos que era un adversario fuerte para derrotar al actual régimen, sólo cuestionamos, de acuerdo a lo citado, sí él enarbola la legalidad ¿no tiene que responder de sus actos cuando no respeta una orden judicial? (amparo para no trazar una avenida en un terreno), aún cuando su intención era beneficiar la comunicación con un hospital (privado por cierto).

Se presentan ciertos videos que muestran apoyo masivo a su persona (no a la plataforma política), y demuestran el fraude electoral, además de la reacción del pueblo, de la gente común y la consigna que surgió de la “voz popular: ¡voto por voto, casilla por casilla!”. Si consideramos que estaba descansando durante la noche, luego de la jornada electoral, es difícil creer lo anterior, sería más honesto de su parte decir que era la estrategia trazada en caso de no ser electo presidente por los motivos que fueran.

Hace varios comentarios de “me dijeron”, “me informaron” sobre sucesos que iban encaminados a perjudicarlo. No ponemos en juicio la veracidad, nos hubiera gustado que diera nombres como lo hizo para hablar de quienes se aliaron contra él. El pueblo (sólo se muestra el Zócalo capitalino) asiste en miles a sus llamados y traza las acciones a seguir en su “resistencia pacífica”.

Se habla de ciertas casillas y distritos electorales que no pasan de 10 y se muestran videos caseros para probar los hechos. El país tiene 32 entidades, 300 distritos electorales y se instalan más de 100 mil casillas. Muchos de los carteles que se enfocan son tomados por niños y ancianos que en nuestra experiencia y apoyados en los estudios que se hacen a ese efecto, no saben leer ni escribir, no tienen esa caligrafía ni ortografía, es evidente que otros los hicieron y se los dieron para la foto.

Por último notamos que en las salas se encontraba un público de edad joven en su mayoría que expresaba su entusiasmo por esa cinta y gritaba con encono al ver a ciertos personajes, en tanto aplaudía y coreaba en el caso contrario, claro ejemplo de la reacción que se puede lograr con el empleo de los medios de comunicación.

Concluimos, por tanto, que los medios de comunicación pueden ser empleados para formar o destruir imágenes públicas, para orientar o desorientar el pensamiento, el gusto y la opinión de la sociedad.

Fuentes consultadas:

Benítez, Fernando, Demonios en el convento. Sexo y religión en la Nueva España, Era, México, 2004.
Mandoki, Luis, Fraude. Elecciones 2006.