Número 13                                               Época IV                                     Febrero 2008


TEMAS A DEBATE

De terrorismos a terrorismos

Sí Poinsett se entrometía es porque la Doctrina
 de Monroe es esencialmente entorpecedora.
 John H. Smith

Precursor del sistema colonial de nuestro siglo, Joel Roberts Poinsett no fue ni podía haber sido un diplomático (…) Intervino poderosamente en los destinos de México, pero buscó excusas y las encontró.
 José Fuentes Mares

Héctor Alejandro Mora Gallardo

La situación política en el México inmediato a la posrevolución de independencia estaba conmovida por la discordia generalizada. La corriente principal era monárquica pro borbónica, pero como Fernando VII rechazó convertirse en emperador de México, el ‘Congreso’ se partió en dos mitades irreconciliables: los borbonistas, que a toda costa procuraban un monarca con sangre de esa dinastía –consideración tan ilusa como chocante–, a quienes en el infra-realismo de la parbulezca política mexicana se les unieron los ‘republicanos’, por ser anti-iturbidistas, así enfrentados a las huestes de Iturbide que incluían a los militares insurgentes.

Cuando se impone Iturbide, con sus numerosos seguidores, se dio paso a un ‘imperio de opereta’, cuyo extravío se hizo patente en buscar el boato en un país en ruinas y en bancarrota: “Para mejorar la situación económica se tomaron diversas y urgentes medidas, algunas tan oportunas como decretar promociones militares y formar la casa imperial con sus mayordomos, caballerizos, ayudantes, confesores, capellán mayor, gentileshombres y pajes, amén del personal asignado a la cámara de la emperatriz, pues eso iba a ser la señora de Iturbide. Todo mientras el erario público vacío ponía en peligro el edificio..[1]

Otro de los asuntos preponderantes tratados en el primer congreso fue el concerniente a los estatutos de la orden de Guadalupe.

Era el caso que la debilidad del ‘Imperio’ lo hacía tambalear en sus cimientos desde sus orígenes; sin recursos en el erario y con la animadversión de un grupo de poder enquistado en el Congreso... “Cualquier conspiración prospera en el descontento, y en México se habían multiplicado los cenáculos propicios mediante la instalación de numerosas logias masónicas del rito escocés, a las cuales se afiliaban entonces en España políticos de primera línea y militares de rango, y en México los jefes del antiguo ejército y los comerciantes de origen peninsular”. Así acontecía que en este rubro, como en tantos otros, por igual en España que en México, los ‘ilustrados’ hacían esfuerzos para alcanzar la ‘modernidad’, haciendo remedos del mundo hegemónico y progresista; las logias masónicas hispánicas eran una caricatura de los clubes de la Revolución francesa.

En ocho meses de ejercicio, el Congreso fue incapaz de intentar la solución a los graves problemas: dar al Imperio una Constitución, allegarse recursos lícitos, “no había dinero para pagar a los soldados ni a los empleados públicos; no había un sistema de rentas; la administración de justicia estaba abandonada, los tribunales casi disueltos, pero en cambio se ocupaban de cómo habrían de ser las honras fúnebres a los primeros insurgentes, de cómo habría de jurar el arzobispo....[2] El Congreso hacía agua, pero junto con el Congreso el Imperio se vendría abajo.

Por su parte, los norteamericanos pronto comenzaron a mover sus piezas en Iberoamérica. Mr. Joel Roberts Poinsett, en su actuación como representante de los Estados Unidos en Sudamérica, entre 1810 y 1815, había pasado de ser el ‘mejor de los chilenos’ a representante non grato, es decir, de haber sido considerado un patriota americano que lucha por la independencia de la América Hispana, a ser invitado a salir del país. Atreviéndose a poner su mano en un proyecto de Constitución política de la República de Chile, obviamente calcando la norteamericana, acción que le permitió manifestar su animadversión hacia la cultura hispanoamericana, promoviendo excluir al catolicismo romano en tal constitución como buen protestante que era.

Demasiado audaz y participativo, sus actividades en Chile le producen un rápido ascenso y descenso en la estima de los chilenos, terminando por ser para ellos ‘el azote del continente’, una vez que se detecta su juego a favor de los intereses estadounidenses, pues el propósito de crear una constitución liberal y un partido ad hoc, era enhebrar cuentas en un mismo hilo a favor de la fórmula liberal republicana que los norteamericanos promovían.

Las instrucciones que oficialmente se le otorgan para emprender la misión diplomática en el hemisferio austral, revelan una intención precavida por parte del Gobierno Usamericano; más allá de expresar simpatías hacia los hispanoamericanos en su lucha de independencia, se trataba de la labor de un espía: “averiguar el estado, características, riqueza, inteligencia, el número de los diversos partidos, así como el monto de la población, la organización militar y los recursos pecuniarios del país”.[3]

 Lo que vendría a ser el primer informe procurado con la abierta intención de sondear las condiciones iberoamericanas, buscándose las ventajas para un trato comercial, cosa que en Brasil y en Argentina resulta difícil, puesto que los británicos ya les habían ganado la partida en tales territorios, obligando a que el enviado plenipotenciario tuviera que partir rumbo a Chile.

Y como durante las luchas de independencia la actitud oficial de los EUA se mantiene en una estricta neutralidad, Poinsett no se ve recompensado por su labor en Chile. Pero he aquí que el 22 de diciembre de 1823, lo expresado por el presidente Monroe en la Cámara de Representantes reanimó al enviado de Carolina del Sur ahí presente, pues el aminoramiento de los temores de entrometerse con las potencias europeas en suelo americano se paliaba.

Los estadounidenses habían estudiado la situación y se sabían suficientemente poderosos como para ponerse al tú por tú con Inglaterra, Francia o Rusia, en su interés por América entera. Abriéndose con la óptica de la Doctrina Monroe nuevos parámetros de intervención en Iberoamérica, un nuevo capítulo en las relaciones de los EUA con el Subcontinente, y en especial con su vecino sureño, ante quién los intereses fronterizos estaban más que sugeridos.

Considerando el presidente Monroe que Poinsett era el hombre mejor calificado de todos para emprender la difícil labor ‘diplomática’ en búsqueda de la anexión de Texas y de ver favorecido su impulso comercial, ya había sido enviado en agosto de 1822 en una misión de tanteo, semioficial, ambigüedad que le permitía manejar su presencia ante las autoridades mexicanas acorde con la conveniencia de los intereses usamericanos; pero como se trataba de un primer acercamiento y las relaciones con un emperador no podían ser compatibles, la primera misión de Poinsett en México fue también la de un espía que vino a enterarse de la situación del país y de lo que podía esperarse del gobierno de Iturbide. Dedicándose de manera descarada a establecer relaciones con los anti-iturbidistas, aprovechándose de la división política que desde un principio afectó a México.

Si algún aspecto positivo tuvo el gobierno de Iturbide fue el de estar consciente y alerta del peligro que vendría del norte, pues el afán estadounidense por apoderarse de Tejas era evidente, y Poinsett ya había sido señalado por Luis de Onís como un agente interventor destinado a procurar los objetivos de la auténtica nación imperialista en Norteamérica. Es por ello que Iturbide ordena al Secretario de Relaciones Exteriores que se le impidiese entrar al país, pero el habilidoso charlestoniano logra desembarcar y para pronto está haciendo relaciones intrigantes con tres personajes principales en los complots contra el primer gobierno mexicano.

El inquieto de Antonio López de Santa Anna debió de sentirse deslumbrado ante tan ‘excelso republicano’, al entablar con Poinsett una “larga y misteriosa conferencia”; con la volubilidad que le caracterizó toda su vida, de seguro que esa noche se acostó siendo del bando “republicano”, seguro de que la monarquía iturbidista era un error. De cierto que en el comunicado que dirigió a Iturbide, informándole del propósito de la visita del ilustre enviado especial, “había algo importante que algún interesado consideró como una prueba que era necesario destruir, pues el original del documento que obra en el archivo de la secretaría de relaciones exteriores, está mutilado, parte con tijera y parte con los dedos”.[4]

El segundo personaje relevante con quien tiene contacto Poinsett es José Antonio Echávarri, con quién se entrevista en Jalapa, un militar de toda la confianza del Emperador que tendrá una participación preponderante en el Plan de Casa Mata, en donde los jefes del ejército trigarante traicionan a Iturbide, azuzados por los líderes de la masonería escocesa, pretextando reinstaurar al Congreso.

El ‘agente especial’ norteamericano llegaba a México en plena tormenta política, pues el Congreso, compuesto en su mayoría por incapaces y por un bando antimonárquico, apenas un mes después de su entronización ya fraguaba el primer complot para destronarlo. Poinsett debió de estar encantado de la vida de encontrar tales condiciones, por supuesto, era mera coincidencia que arribase por esos días.

Dirigidos por el ministro colombiano Miguel Santa María, los republicanos complotaron contra el régimen iturbidista. La Gran Logia de México (escocesa) se encargó de organizar el intento, incluyendo en su seno a los principales enemigos de Iturbide, ya fueran éstos lo mismo miembros del bando pro borbón que a diputados ‘republicanos’ y a quienes se les fueron incorporando algunos de los principales jefes del ejército.

Fue a consecuencia de que la gente de Iturbide descubrió el complot que aprehendieron a los cabecillas del Congreso, quedando al descubierto sus propósitos subversivos; la ley no podía amparar su proceder, se les castigó por atentar contra el monarca, no por ejercer la libertad de expresión, así que al consenso del Congreso no le quedó más remedio que aceptar la culpa.

Santa María debió ser exiliado de inmediato, pero se quedó en Veracruz aleccionando a Santa Anna, y cuando llega Mr. Poinsett es el tercer personero de la oposición con quien se entrevista en la propia Ciudad de México, cuando se suponía debería estar ya fuera del país.[5] De seguro coincidió en ese momento el republicano del Norte con el del Sur en que a toda costa debería ser finiquitada la monarquía para instaurar el auténtico régimen que le otorgaría la libertad y el progreso a las naciones iberoamericanas.

Mr. Poinsett también se entrevistó con los diputados encarcelados en Santo Domingo y considera que probablemente son culpables de haber complotado en contra del Emperador, “pero ¿qué inteligencia noble y generosa podía tolerar pacientemente ver a su país esclavizado, sin hacer un esfuerzo para liberarlo, destruyendo al tirano y usurpador?..., (bla, bla, bla)”. Y para concluir sus encuentros con los conspiradores, en la casa de Santa María se reúne con los cabecillas que no quedaron encarcelados, incluido al más conspicuo y sospechoso de ser, desde aquella primera visita, su incondicional y principal compinche: Lorenzo de Zavala, al que no menciona en sus Notas, [6] por algo habría de ser. Así fue que el agente especial en sus funciones de espía obtuvo de los principales cabecillas del complot liberal-masónico la información que requería para planificar la realización de los intereses estadounidenses en un próximo futuro.

Y para obtener una idea más completa de las condiciones en que se encontraba el flamante ‘Imperio’, Poinsett asiste a un informe en el que Iturbide describe en el Congreso la pésima situación del estado financiero que embarga a la nación, la que se resume en lo siguiente: Ingresos, 8 millones; gastos, más de 13. El avispado charlestoniano para pronto tuvo las evidencias de que el Imperio nacía quebrado, a pesar de ser el ´país más rico del mundo”, si Alexander von Humboldt tenía razón.

Acto seguido, en cumplimiento de su misión pseudo-diplomática se entrevista con el Emperador, el que por supuesto no deja de causarle buena impresión en cuanto a su personalidad se refiere, pero he aquí que el criollo mexicano le dice con toda cortesía diplomática que el admirado régimen republicano de su país no es apto para las condiciones mexicanas. Gran Verdad que debió de disgustar al estadounidense y que por sí sola avala el proceder gubernamental de Don Agustín, pues demuestra ser un gobernante consciente del asunto crucial que afectaba al país, las difíciles relaciones a efectuarse con el voraz vecino del norte.

Posteriormente el estadounidense se entrevista con Juan Francisco de Azcárate para tratar el negocio principal que le trajo a estas tierras: un nuevo acuerdo de fronteras porque las existentes no valen ni son convenientes para ambas partes, pretextando argumentos disparatados, como queriendo tomar por ingenuo al representante de Iturbide. De manera tal que Poinsett jugaba vilmente con el gobierno de México, puesto que cuando se le pidió mostrara su acreditación oficial para tratar estos temas, cínicamente adujo que tan solo era un viajero ilustrado, por lo que su presencia no tenía carácter oficial alguno.

Que si Iturbide hubiese accedido a conceder un nuevo tratado fronterizo muy otra hubiese sido la actitud del gobierno usamericano; para pronto Poinsett se hubiese convertido en un representante oficial y el Emperador hubiese sido reconocido como mandatario legítimo de México.

La inteligencia histórica mexicana puede sacar como seguro al respecto: “si lograba el cambio de límites propuesto por el gobierno angloamericano, se reconocería a Iturbide para que firmase el tratado respectivo; si no lo lograba, habría que derrocar al Emperador”.[7] Las fórmulas políticas por el momento serían lo de menos, a fin de cuentas que republicanos estaban destinados a ser los iberoamericanos por las leyes de la gravedad de la Doctrina Monroe.

El astuto zorro charlestoniano saca en conclusión de su visita al Imperio que Iturbide, como ‘buen tirano que era’,[8] podría sostenerse en el trono mientras contara con el apoyo del ejército, pudiendo ser arrojado de él en cuanto se le retirase dicho apoyo. Ergo, la estrategia a seguir por los masones conspiradores será coptar a los jefes militares... Tal y como aconteció unos cuantos meses más tarde. Y en lo concerniente a la apropiación del Norte de México, juzga conveniente aguardar con paciencia a que los “liberales republicanos” hicieran su tarea, porque tal vez un gobierno de ese tipo accedería a venderle los codiciados territorios por unos cuantos millones de pesos, ¿pensaría el instigador que la necesidad de dinero haría factible la compraventa del norte de México?

La contraposición entre el imperialismo estadounidense y la subordinación iberoamericana comenzaba para ese entonces a manifestarse con la perfidia intervencionista que ha caracterizado al establishment estadounidense durante siglos, provocando el caos en las naciones que osan oponerse a sus intereses. El objetivo principal pasa a ser derrocar al Emperador, pues este “abrigaba la peregrina idea de que su deber era el asegurar la paz y promover el bien de su pueblo, cuando el interés del progreso consistía en que ese pueblo viviera en perpetua convulsión, sin autoridades capaces de ejercer un poder de coordinación y equilibrio y con la fuerza necesaria para obligar a todos los miembros de la sociedad a actuar del modo exigido por el bien común”.[9] En el fondo más que mirar al régimen iturbidista como anacrónico para América, lo que les resultaba inaceptable era que Iturbide encabezara un gobierno intransigente a sus intereses.

Poinsett culmina su visita partiendo por el Bajío[10] rumbo a Tampico, región en la que observa un “descontento universal por la disolución del Congreso, lo que hace temer estalle la guerra civil. Una horrorosa alternativa, pero en mi opinión sería mejor de una vez, ‘DAR LA ORDEN DE DEGÚELLO Y SAQUEO Y SOLTAR LOS PERROS DE LA GUERRA’ que someterse a la tiranía y a la opresión”.[11]

Más agudo no canta un perico. No se podía esperar menos de Mr. Poinsett, el maestro de la intriga supo sacar provecho de su breve estancia en la ciudad de México, ¡tan solo 14 días y le resolvió el problema a su país!

La trampa del liberalismo-imperialista, manejada hábilmente por los norteamericanos empezaba a funcionar, las supuestas repúblicas liberales, meros remedos de las auténticas originales norteamericana y francesa, serían incapaces de concretar los supuestos beneficios que pretendía conllevar el orden político republicano, sino que por el contrario, como la subsiguiente historia de México y de toda Iberoamérica lo comprueban, la instauración de los deficientes regímenes liberales trajo aparejado el caos y el hundirse en un mayor subdesarrollo. Porque inmersos en los parámetros del dominio del Sistema Mundo Capitalista, las potencias nor-atlánticas se disputaban Iberoamérica activando nuevos dispositivos de dominación, con los que se apuntalaba la subordinación de las naciones del Sur, así como el subdesarrollo de su economía, quedando sujetos a una nueva forma de neocolonialismo y dependientes de la industria y los capitales de las naciones anglosajonas.

¡Democracia! La estadounidense. ¡Progreso! El norteamericano. ¡Libertad y felicidad!, la de los pudientes, ricos y prósperos usamericanos. Con el capitalismo-imperialista que así va realizando sus pininos los beneficios son para Washington; a los ‘Sub’ (..., continentales y ..., desarrollados) hay que venderles las consignas del liberalismo que nunca se harán efectivas. Como bien lo hace ver Immanuel Wallerstein.

Desde ese entonces: “Hemos vivido bajo su expresión fingida (de la liberación Humana) en el sistema mundial existente, en que la ideología liberal trató de convencernos de una realidad que de hecho los liberales estaban combatiendo, la realidad del crecimiento de la igualdad y la democracia”.[12] Sojuzgados a la hegemonía del capitalismo industrial de las nuevas Metrópolis, siendo New York preferible a Londres.

Mientras en el concierto internacional las potencias europeas se anulan entre sí para evitar toda posible reconquista de las colonias hispanoamericanas por parte de la Santa Alianza o su antigua Metrópoli. Nadie debería osar intentar ocuparlas por la fuerza militar; que las potencias más desarrolladas saquen ventaja al relacionarse con estados cuya condición productivo-mercantil ya está caracterizada por la incapacidad de poder competir contra los países hegemónicos en el mercado-mundo.

Cumpliéndose con ello los dos requerimientos necesarios para que el neocolonialismo se desenvuelva: “a) impedir que América Latina cayera de nuevo bajo un sistema colonial-proteccionista, b) beneficiarse de su dominio industrial mundial, es decir, imponer la forma ‘neocolonial’ de explotación mediante el libre comercio y los empréstitos, sin necesidad de ocupar militarmente el enorme subcontinente (Siendo esto válido para Inglaterra). Semejantes consideraciones determinaron la posición de Estados Unidos”.[13]

En tal ámbito geopolítico surge la Doctrina Monroe; de las calibraciones efectuadas por los próceres norteamericanos que consensan entre sí la estrategia independiente y excluyente de toda participación europea en América, en procura de hacer prevalecer sus propios intereses, compitiendo particularmente con Gran Bretaña. América para los (norte)americanos; situación embarazosa de la política occidental, para cuando la certidumbre de que la Santa Alianza no sería capaz de invadir hispanoamérica dado que no contaba con el apoyo de Gran Bretaña. Situación que proyectaba hacia el futuro la disputa por el dominio Atlántico en ruta a controlar el Subcontinente, competencia en la que sólo Gran Bretaña representaba un peligro para los norteamericanos, motivos por los cuales los previsores estadounidenses rechazan concertar una alianza con Gran Bretaña.

Encontramos que con posterioridad el ministro de Colombia Santa María[14] intenta establecer una ‘Confederación de naciones antes españolas’, en un acuerdo efectuado con México y signado por D. Lucas Alamán en octubre de 1823, a la sazón secretario de relaciones exteriores en el gobierno republicano y federal de Guadalupe Victoria. Ironía de la Historia, alianza que procuraba resguardarse de la ‘reconquista española’, pero para eso derrocaron a un gobierno que sabía que el verdadero peligro no procedía allende el Atlántico, sino del Norte de América.

1. José Fuentes Mares. Radiografía de una Nación. Océano. 1982 : 110.
2. Ibid. : 111 y 112.
3. Gregorio Selser. Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina. T. I. 1776-1848. CIIH-UNAM/UAM-A/U de G/UOM. 1994 : 63.
4. Alfonso Trueba. Iturbide –un destino trágico- Campeador-Jus. 1954 : 145. Siendo una referencia tomada de Ezequiel Obregón, Apuntes para la Historia del Derecho en México, IV, 164.
5. Este tipo de actitudes blandenges por parte de la administración iturbidista denota que el Emperador no era ningún tirano y que aprovechando su laxitud la oposición pudo derrocarlo fácilmente.
6. José Fuentes Mares. Poinsett –historia de una gran intriga-. Jus. 1958 : 59.
7. Trueba Op.Cit. : 149.
8. Como buen puritano, descendiente de huggonottes, y proveniente de un estado esclavista, los prejuicios de Mr. Poinsett eran más que notables, sentía un sincero desprecio hacia la cultura hispanoamericana, manifiesto en opiniones que se le escapaban, en su muy diplomático proceder; así, para Poinsett Iturbide era un personaje “extraordinariamente malo” por haber alcanzado el trono de manera abrupta.
9. Trueba : 149-150. No debe extrañar que esta reflexión se parece mucho a las realizadas por Noam Chomsky cuando nos describe cómo opera en el mundo contemporáneo el imperialismo norteamericano; por lo que podemos considerar que se trata de prácticas añejas, mañas empleadas por las aves de rapiña de Washington desde el siglo XIX.
10. De seguro en tan liberal y progresista región, hasta la fecha así caracterizada, el enviado estadounidense encontró oposición a un régimen, monárquico, católico y criollo; esta es otra vil mentira del Agente Confidencial.
11. Poinsett. Notas sobre México, en: Trueba. Op.Cit. : 150. La condición mental detentada por Poinsett resulta similar a la que ahora manifiestan los agentes imperialistas del gobierno usamericano; así como Poinsett, muy quitado de la pena se pronuncia por desatar a los ‘perros de la guerra, en nuestros años, los de la administración de Bush II han desatado los ‘perros de la guerra’ en el Medio Oriente pretextando falsedades. Excusas imperiales llevadas hasta el descaro cuando el ‘Nerón del siglo XXI’ pontifica que le ha otorgado a Irak la democracia, la libertad y la justicia (orwellianamente hablando). Denotándose en ambos casos y tiempos una actitud de supuesta superioridad, propia de la nación destinada por Dios a dominar al mundo, por lo que están dispensados de las atrocidades cometidas por los perros..., puesto que el fin (el predominio usamericano) justifica los medios (las atrocidades... ).
12. “¿El fin de cual modernidad?”, en: Después del Liberalismo. Siglo XXI : 1999 : 146.
13. Henry Steele Commager, en: Noam Chomsky habla de América Latina y México. Océano. 1998 : 168.
14. Después de los acontecimientos de 1822 que terminaron en el derrocamiento de Iturbide, Santa María toma otra actitud para con Poinsett más propia de un representante de Colombia, sí algo le habría aprendido a Simón Bolívar.....