Número 12                                               Época IV                                     Febrero 2008


LIBROS

Memoria histórica de los movimientos
estudiantiles de la UNAM en los sesenta

Miguel Sánchez Mayén

Ha salido a la luz pública La izquierda estudiantil en la UNAM, organización, movilizaciones y liderazgos (1958-1972), sobre una temática que tiene que ver con el México de dos siglos: el XX y los inicios del siguiente; para el primero, porque los personajes y aconteceres referidos son el meollo y esencia del estudio, y para el segundo espacio temporal, pues porque esos personajes y acaeceres deambularán por los espacios que les tocaron arar de alguna manera; en otras palabras, el sujeto actuante es la clase política mexicana que se formó a lo largo de aquellos aciagos años.

 El análisis, la reflexión y recreación de los tratamientos sociales, culturales y sobre todo políticos abordados, datan de un espacio temporal, que viene desde finales de la década cincuentona, aunque con mayor rigor y profundidad en la siguiente, y con especial atención a lo vívido durante con los cruciales sucesos del histórico 68 mexicano.

 La portada muestra un diseño sugerente, rememorando las multitudes estudiantiles de esa generación denominada de protesta, o sea los “rebeldes primitivos”, como dijera el gran historiador inglés Eric Hobsbawn, aunque entre éstos se encuentren los sesentaiocheros. Con una pulcra tipografía, que invita y propicia su lectura reposada, la edición aparece signada en coedición de la UNAM y la editorial Miguel Ángel Porrúa; el autor, José René Rivas Ontiveros, pertenece a la primera donde es profesor e investigador de carrera.

 El largo ensayo está basado en la tesis que el autor presentó para obtener el grado doctoral en Ciencia Política, dirigida por el destacado investigador Sergio Zermeño, la cual aplicó en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la misma institución y que le mereció mención honorífica.

 Conformado por nueve capítulos, un apartado documental y un índice onomástico, el libro lleva a cabo un largo recorrido del proceso de politización de lo que el autor denomina el “sujeto estudiantil de izquierda” en la UNAM, a partir de 1958 hasta bien entrado 1972.

 Se analiza el primer movimiento estudiantil de masas en la UNAM, que según la investigación tuvo lugar durante la tercera semana de agosto de 1958, cuando los estudiantes universitarios se opusieron al incremento del pasaje en los camiones urbanos de la ciudad de México. Fue un movimiento que inmediatamente contaría con la solidaridad de estudiantes politécnicos, normalistas, de Chapingo y de otras instituciones educativas del interior de la República.

 Uno de los aspectos más importantes que se observaron en ese conflicto, además de la unificación estudiantil, fue el contacto que éstos establecieron con algunos sectores obreros, que en ese momento también pugnaban por la solución de sus propias demandas. En esa dirección, se realizaron acciones conjuntas de los estudiantes con maestros de educación primaria que entonces se aglutinaban en el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), con petroleros, telegrafistas y, sobre todo, los ferrocarrileros.

 Empero, ante la confluencia que se percibía en el ambiente social y político de la época, el Estado cortó las alas del incipiente movimiento estudiantil, dándole solución inmediata al no aplicar el presunto aumento al precio de los pasajes. Recordamos que apenas dos años antes se escenificó la huelga en el IPN, encabezada entre otros por Nicandro Mendoza, y que puso en jaque al gobierno ruizcortinista.

 En esta misma etapa, habría que destacar que aún no existía el sujeto estudiantil de izquierda, según lo analizado en el libro, sino que éste comenzaría ha aparecer, cada vez con mayor presencia, con banderas y un discurso que se iba definiendo más nítidamente, hasta arribar en la vorágine que meses después se desarrollarían tras el triunfo de la Revolución cubana en los albores de 1959.

 A partir de ese momento, asienta el autor, los jóvenes universitarios que estaban inmersos, o por lo menos impregnados por la ideología de la Revolución mexicana, comenzaron a ver en el proceso cubano el nuevo paradigma para México. Desde ese momento, en escuelas y facultades se hablaba ya sin miedo, ni impedimento de ninguna especie acerca de nuevos conceptos, como socialismo, comunismo, lucha de clases, materialismo histórico, materialismo dialéctico, marxismo, etcétera.

 Al mismo tiempo, comenzaron a aparecer en las aulas universitarias, grupos y grupúsculos político-estudiantiles, que se autodenominaban de izquierda, todos ellos ligados estrechamente con alguno de los partidos políticos de la “vieja” y “nueva” izquierda mexicana de la época, tales como serían los otrora Partido Comunista Mexicano, Partido Popular Socialista, Partido Obrero Campesino Mexicano, entre otros.

 Igualmente, surgieron y se expanderían los grupúsculos que impulsaban los agrupamientos partidarios denominados, según el concepto acuñado por el sociólogo norteamericano Wrigt Mills como de “nueva izquierda”, dado que tenían una posición más radical con respecto a los inmediatos anteriores. Allí se inscribirían los grupúsculos que ideológicamente enarbolaban tendencias influidas por el espartaquismo, trotkismo, castro-guevarismo, maoísmo y el foquismo, estos últimos de tendencia guerrillera. Todos coincidían en la apreciación de que la revolución socialista, para México, estaba a la vuelta de la esquina.

 Rivas Ontiveros, al desentrañar toda esta gama de grupos y grupúsculos, hace un repaso de las principales organizaciones estudiantiles existentes en la UNAM y particularmente en las escuelas en donde la izquierda tenía una importante presencia, como en Economía, Ciencias Políticas, Filosofía y Letras, Derecho y Ciencias, auxiliándose para ello de un gran acopio documental inédito.

 A través de la lectura de los distintos periodos contenidos en sus diversos e enriquecedores capítulos, uno se va topando con nombres de dirigentes estudiantiles de aquellos periodos, que hoy en día nos son familiares, pues muchos de ellos conforman a la actual clase política mexicana, mientras que otros, no menos importantes, forman parte substancial en los campos académicos e intelectuales del país.

 Otro de los aspectos que se abordan detalladamente en varias páginas del libro son las distintas movilizaciones inter y extra universitarias sostenidas en la década de los sesentas y que, de una u otra manera, repercutieron en el seno del movimiento estudiantil de la UNAM. Así, se habla de la huelga estudiantil del 62 en Derecho, del movimiento de los preparatorianos en 64, de la aparición del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), de las movilizaciones en apoyo de la revolución cubana y la protesta contra la guerra en Vietnam, así como por la intervención de los marines yanquis en la República Dominicana, en la primavera de 1965.

 Mención aparte es lo abordado en el capítulo dedicado al estudio de las organizaciones estudiantiles reconocidas, así como otros agrupamientos amplios, de carácter nacional, en donde participaba activamente la izquierda. En esta vertiente se pueden ir observando, a través de amplia documentación, el papel desempeñado por las distintas versiones de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), y, en plenos años 60, de la Federación Universitaria de Sociedades de Alumnos (FUSA). En ese mismo plano se encontraría la efímera pero influyente Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED), promovida centralmente por los comunistas del PCM, así como la Unión Nacional de Estudiantes Revolucionarios (UNER) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria Estudiantil (MIRE), éstas dos últimas de tendencia espartaquista-maoista, entre otras.

 El analista también desarrolla un detenido análisis de la huelga de 1966 en la UNAM, cuyo desenlace fue la caída del rector Ignacio Chávez. Conflicto que aunque aparentemente aparecía circunscrito a la Facultad de Derecho, por demandas por demás secundarias, en el fondo lo que se buscaba era la renuncia del citado rector por parte del gobierno federal. Esta efervescencia estudiantil fue aprovechada por la izquierda universitaria para enarbolar un programa de reformas que tocaban la esencia autoritaria de la máxima casa de estudios, y conquistar el famoso pase automático del bachillerato a estudios superiores, sin necesidad de hacer otro examen de admisión.

 En dicho movimiento deambulaban personajes como Germán Dehesa, quien al lado de otros encabezaba a la derecha estudiantil en Filosofía y Letras, aunque, al estallar la huelga, fue vergonzosamente destituido como presidente la Sociedad de Alumnos, puesto que a partir entonces la izquierda estudiantil tomó el control en esa facultad.

 La caída de Chávez propició el arribo a la rectoría del ingeniero Javier Barrios Sierra, celebre entre los universitarios por la dignidad y valentía que mostró durante 1968 en la defensa de la Universidad y su autonomía, que trataba de minar el autoritarismo gubernamental encabezado por el presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Tratamiento especial dedica el autor al análisis al movimiento estudiantil de 1968 en México. Entre las páginas 501 y la 625, Rivas Ontiveros presenta acuciosamente las vicisitudes y etapas en las que se desarrolló ese histórico movimiento social, que cambiaría la conciencia política y cultural en el país. Sin duda, un año axial, como lo calificó entonces el poeta Octavio Paz.

Con amplísima documentación bibliohemerográfica, enriquecida mediante entrevistas y la plasmación de sus propias vivencias como representante de la Preparatoria 3 de la UNAM ante el Consejo Nacional de Huelga (CNH), el autor va desentrañando cómo el movimiento fue ascendiendo; así, de ser un insignificante encuentro entre pandillas juveniles se convirtió en el movimiento social urbano más importante del siglo veinte. Igualmente, en está parte del libro se describe con nitidez el funcionamiento del CNH, de los comités de lucha y el papel desempeñado por las brigadas políticas estudiantiles de distinto tipo, que recorrían barrios, zonas fabriles y ejidales y otros ámbitos de la vida pública nacional.

El último capítulo está destinado al estudio de las acciones estudiantiles y gubernamentales que tuvieron lugar inmediatamente después de 1968, concluyendo con la primera huelga en la UNAM por parte del sindicalismo universitario de nuevo tipo (octubre de 1972-enero 1973), la cual dio como consecuencia la instauración de las relaciones laborales bilaterales, el derecho a la sindicalización, la contratación colectiva y la huelga; pero también trajo como consecuencia la renuncia del rector Pablo González Casanova y el arribo de Guillermo Soberón Acevedo.

Entre las páginas 627 y 749, el autor refiere la reactivación del porrismo en la UNAM, la llegada de Echeverría a la Presidencia de la República, la reactivación del movimiento estudiantil en la UNAM y el conflicto en la Universidad de Nuevo León; la masacre del 10 de junio (1971), la aparición del grupo paramilitar de Los Halcones, la toma de la rectoría de la UNAM por un grupo de provocadores encabezados por Miguel Castro Bustos y Mario Falcón. En ese contexto,, como lo hemos dicho en párrafos anteriores, la emergencia y actividad del sindicalismo universitario de nuevo tipo, que se extendería a todo el país; en donde, por cierto, cumplirían un papel destacado cuadros políticos que se habían formado durante la influencia de los diversos movimientos estudiantiles universitarios de los sesentas.

Para concluir, anotaremos que el libro, cuya extensión es de 913 páginas, se nutre de un apartado documental integrado por veinte materiales en los cuales se va rastreando el ascendente proceso de politización e ideologización del sujeto estudiantil de izquierda desde 1958 hasta 1971. Igualmente, es necesario destacar los anexos 18 y 19, que contienen los listados más completos conocidos hasta ahora de los integrantes del CNH y de la Coalición de Profesores de Enseñanza Media Superior Pro Libertades Democráticas, respectivamente.