Número 14                                               Época IV                                     Agosto 2008


TEMAS A DEBATE

La actividad científica en México en 1968

J. César Domínguez G.*

Para 1968, la ciencia en nuestro país no era una de las prioridades del gobierno y, no obstante, comenzaba a dar sus primeros pasos importantes. El impulso que la actividad científica comenzaba a tener se vio interrumpido por la salvaje matanza de Tlatelolco.

Introducción

La masacre del 2 de octubre de 1968 es uno de los capítulos más lamentables en la historia de nuestro país. Esa trágica tarde en la Plaza de las Tres Culturas, el gobierno en turno mostró su incapacidad para resolver una ruptura entre el sistema y el pueblo de México, y fueron los estudiantes y académicos los que alzaron la voz para manifestar sus inconformidades; por respuesta obtuvieron la represión y, en muchos casos, la muerte.

Fueron muchos los ámbitos en los que el descontento social se hizo cada vez más crudo en aquel –cada vez más lejano, pero siempre igual de sentido– año del 68 y que tendría el absurdamente triste desenlace que ya todos conocemos. Son numerosas la publicaciones que tratan de los antecedentes políticos, económicos, sociales y culturales de la masacre de Tlatelolco.

El presente documento tiene por objeto dar cuenta del estado de la ciencia, o más propiamente dicho, de los científicos de ese año, en el entendido de que, en la mayor parte de los casos, las referencias serán de carácter general. Además, la investigación se centra sólo en algunas áreas de la ciencia como la medicina, la química, la física y las matemáticas; por supuesto, muchas de las ciencias exactas y naturales quedan fuera y ni que decir de las ciencias sociales; esas investigaciones podrán abordarse en artículos posteriores.

Medicina

Uno de los campos en donde tuvo lugar una gran actividad científica durante 1968 fue el de la medicina. El doctor Ignacio Chávez Sánchez, quien fuera rector de la Universidad dos años antes, es decir, en 1966, en esos momentos se encontraba desarrollando actividades de director honorario del Instituto Nacional de Cardiología, institución concebida y propuesta por primera vez en México por el propio doctor Chávez varios años antes.

Por otro lado, en ese mismo año, Ramón Álvarez-Buylla, un extraordinario médico español exiliado en México, presentaba tres artículos, todos en coautoría con Elena Roces, su esposa y compañera de toda la vida. El contenido de dos de ellos lo resume Pablo Rudomín, uno de sus primeros y más notables alumnos:

“En 1968 muestra que los trasplantes de glándula salival o de suprarrenal restituyen el reflejo eosinopénico producido por la insulina, reflejo que se pierde con la hipofisectomía”

Mientras tanto, otro extraordinario médico patólogo y anatomista español, Isaac Costero Tudanca, era nombrado presidente de la Academia Nacional de Medicina de México. También en aquel año, un importante farmacólogo, de nombre Rafael Méndez, era profesor de farmacología en la división de Estudios Superiores de la UNAM y publicaba dos artículos: Aportaciones recientes a la farmacología y terapéutica de las arritmias y La medicación antiarrítmica vista por el farmacólogo; por otro lado, Manuel Velasco-Suárez, un prominente neurólogo y neurocirujano, dirigía el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.

Una de las ramas de la medicina en las que hubo más cambios y aportaciones fue la de la fisiología. En el 68, y debido a que decidió dedicarse de tiempo completo a la dirección del CINVESTAV, Arturo Rosenblueth, uno de los fisiólogos más notables que ha dado nuestro país, abandona la jefatura del Departamento de Fisiología del mismo Centro.

Su lugar fue ocupado por Juan García Ramos, quien naciera en Querétaro y fuera uno de los pilares de la fisiología en nuestro país. La situación política y social del país se filtraba, también, al ámbito de la actividad científica. La crisis de autoritarismo de aquella época que tuvo su pináculo en el movimiento estudiantil afectó, entre otras instituciones, al propio CINVESTAV, que había sido fundado hacía 7 años por Rosenblueth. El Centro se encontraba en crecimiento

“...y requería responder a nuevos esquemas de administración, más ligados a una participación de la comunidad académica en la toma de decisiones. El esquema inicial que había predominado en el Centro, basado en el principio de autoridad, empezó a generar fisuras. Esto provocó que surgieran problemas entre los miembros de la planta académica y el jefe del departamento...”

Los conflictos aumentaron a tal grado que el doctor García Ramos renunció a su cargo en 1974. Por otra parte, dos meses después de los trágicos acontecimientos en la Plaza de las Tres Culturas, regresaba a México Hugo Hernando Aréchiga Urtuzuástegui, para trabajar en el Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, desarrollando un programa de estudios sobre lo que hoy conocemos coloquialmente como nuestro reloj biológico.

Otro gran fisiólogo, de nombre Joaquín Remolina López, oriundo de Toluca, se encontraba en la Universidad de Chihuahua, en donde trabajó como profesor de fisiología desde 1966 y hasta 1970. No obstante, muy probablemente Remolina López no se encontraba en México el 2 de octubre del 68, pues durante su estancia en Chihuahua acostumbraba pasar los tres últimos meses de cada año en la Facultad de Medicina de la Universidad de El Salvador.

Hasta aquí la información referente a la medicina. Toca el turno a la física, que en aquel entonces se privilegiaba con la existencia de notables científicos.

Física

En el ámbito de la física, existen varios acontecimientos que merecen ser mencionados. Carlos Graef, uno de los físicos más notables que han existido en nuestro país, era director general del Centro Nuclear de México –cargo que ocupó hasta 1970– y fue en el 68 cuando esa institución contaba con instalaciones únicas en el país, pues poseía, entre otras cosas, un reactor nuclear TRIGA Mark III.

Otro gran físico, Manuel Sandoval Vallarta, era designado presidente de la XII Conferencia General del Organismo Internacional de Energía Atómica en Viena, Austria.Entre los científicos extranjeros que radicaban en México se encontraba Ruth Gall, quien en aquel año se desempeñaba como jefa del Departamento de Espacio Exterior del Instituto de Geofísica de la UNAM.

Por otra parte, Guillermo Haro Barraza, definido por Alfonso Serrano Perez-Grovas como “el hombre que lanzó ala modernidad a la astronomía mexicana”(1) ocupaba simultáneamente las direcciones del Observatorio de Tacubaya y del de Tonantzintla, Puebla; para revitalizar a este último, Haro Barraza deja, ese mismo año, la dirección del Instituto de Astronomía que, apenas un año antes, había sido reconocido como tal.

Matemáticas

En el año de la masacre, José Adem, notable matemático mexicano de origen veracruzano y nacido en 1921, presentaba su articulo Some immersions associated with bilinear maps publicado en el Boletín de la Sociedad Matemática Mexicana, lo cual iba en contra de la tendencia existente en aquel entonces de publicar los resultados importantes en el extranjero. Su contribución más notable fue en el campo de la topología algebraica, en donde desarrolló lo que hoy se conoce como relaciones de Adem.

En ese mismo año, Adem era jefe del Departamento de Matemáticas del CINVESTAV, así como asesor de la Dirección del mismo centro; también inició sus trabajos como miembro del Comité Internacional de la Escuela Latinoamericana de Matemáticas. Por otro lado, Adem se preocupó por elevar el nivele de las Matemáticas en México, tal y como lo señalan Prieto de Castro y Ramírez de Arellano:

“En 1968, ...se refirió a la enseñanza de las matemáticas desde la primaria hasta el posgrado, dando un método para estimar el número y nivel académico de los profesores que se requieren para en el sistema educativo y la estructura para formarlos.(2)

Química

Por aquel entonces, Jesús Romo Armería contaba con una gran prestigio como doctor en química, daba una conferencia plenaria en el Eight Annual Meeting and International Symposium on Phytochemistry and Plant Environment. En el trayecto hacía dicho evento y junto con otras personalidades del área, concibió la creación de lo que poco después sería la Revista Interamericana de Química, la cual se sigue editando hasta nuestros días. Además, para 1968 el doctor Jesús Romo había generado más de una centena de artículos y, prácticamente todos, se habían publicado en revistas arbitradas.

El quehacer científico después del 2 de octubre

Para 1968, la ciencia en nuestro país no era una de las prioridades del gobierno y, no obstante, comenzaba a dar sus primeros pasos importantes. El impulso que la actividad científica comenzaba a tener se vio interrumpido por la salvaje matanza de Tlatelolco, pues la gran mayoría de la comunidad científica reprobó la respuesta que el gobierno de Díaz Ordaz dio a la movilización estudiantil.

Esta honda fractura trató de subsanarse al año siguiente bajo el gobierno de Echeverría, y una de las acciones más trascendentes fue la elaboración, por parte del Instituto Nacional de la Investigación Científica (INIC), de un estudio llamado Política Nacional y Programa de Ciencia y Tecnología. El contenido de ese documento reveló la pobreza que guardaba el estado de la ciencia en nuestro país. Fue así como en 1971, y más como una estrategia política que como un proyecto para impulsar el desarrollo científico, surge el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), institución vigente hasta nuestros días.

Conclusión

Dentro de muy poco se conmemorará el aniversario número 40 de la masacre de la Plaza de las Tres Culturas. De entonces a la fecha, el estado de la ciencia en México ha tenido algunos avances importantes. Pero, a pesar de que las universidades públicas (UNAM, IPN, UAM) hacen un enorme esfuerzo por formar nuevos científicos y desarrollar la actividad científica, los recursos que el Estado proporciona a estas instituciones es cada vez más reducido.

Es claro que la situación económica y social de nuestra nación tiene, como uno de sus factores principales, el impulso que se les brinda a la ciencia y la tecnología. Si nuestro gobierno no termina por entender que la ciencia debe ser una prioridad dentro de la asignación del presupuesto federal, nuestro país difícilmente saldrá de la espiral negativa en la que actualmente se encuentra inmerso y es posible que la historia de Tlatelolco, tristemente, pueda llegar a repetirse.

Bibliografía.

Pérez Tamayo, Ruy. Historia general de la ciencia en México en el siglo XX. Fondo de Cultura Económica. México. 2005

Ciencia y tecnología en México en el siglo XX. Biografías de personajes ilustres. Volúmenes I, II, III y IV. Academia Mexicana de Ciencias. México. 2000

* J. César Domínguez G. es Matemático egresado de la UNAM y recientemente terminó el Diplomado en Divulgación de la Ciencia que imparte la DGDC de la UNAM. Actualmente, se encuentra trabajando en un proyecto de divulgación de la ciencia dirigido a los trabajadores administrativos de la UNAM.