Número 17                                         Época IV                               Marzo 2010


EL PROCESO DE TRABAJO Y SUS IMPLICACIONES
EN LA INSTITUCIÓN PÚBLICA DE EDUCACIÓN SUPERIOR*

Adolfo de Jesús Solís Muñiz
Arcadio Zebadúa Sánchez
Karla Beatriz García Arteaga
María Eugenia Culebro Mandujano

Introducción

El proceso laboral, inmerso dentro de lo que se denomina Organización del Trabajo ha sufrido cambios y modificaciones históricas que han impactado profundamente en el tejido social.

Se considera que, a pesar de que las formas han cambiado, el control y el sometimiento del trabajador han estado presentes desde la existencia misma del trabajo subordinado, y como consecuencia de ello diversas formas de violaciones y discriminación, lo cual ha redundado en problemas de salud de los trabajadores.

La universidad es una institución de carácter social que alberga el conocimiento el cual ha sido el semillero de precursores de cambios en nuestro tiempo en cuyo interior convive el factor humano quien funge en los diferentes puestos jerárquicos realizando actividades y que en el diario vivir, se desarrolla la convivencia en el que se suscitan eventos de diversa índole que influyen en su desarrollo.

Por ello, en el presente documento se hace una descripción general de las implicaciones que tiene el proceso del trabajo en las instituciones públicas de educación superior, particularmente en el ámbito académico.

El proceso de trabajo y sus implicaciones en las Instituciones Públicas de Educación Superior

El trabajo, entendiéndose éste como la actividad netamente de la especie humana, ha sido un factor determinante para la evolución y la distinción de las diversas etapas de la evolución. “Lo que diferencia a unas épocas de otras no es lo que se hace, sino cómo se hace, con qué medios” (Marx, 1976, p. 218); de ésta manera, la forma en que se desarrolla el proceso de trabajo y las herramientas a través de las cuales se efectúan, constituyen indicadores de las relaciones sociales.

A lo largo de la historia, el proceso de trabajo ha sufrido importantes cambios y modificaciones tanto al trabajo mismo, como a los medios y condiciones ambientales bajo las cuales se ha desarrollado, modificando así también toda la estructura social en la que se desenvuelve.

De acuerdo con De la Garza (1993, p.20), la organización del trabajo “…no sólo supone la división del trabajo, sino también las formas de supervisión y control sobre el proceso, las reglas formales e informales de cómo trabajar, las jerarquías de mando, los estilos y niveles de autoridad, y problemas de poder, coerción y consenso en la organización”. Es decir, la organización laboral implica diversos elementos que deben considerarse para poder describir los fenómenos que en ella se suscitan.

Enseguida, se abordarán aspectos relacionados con los diversos modos de gestión del trabajo que han prevalecido en las diferentes épocas, pero en particular aquellos rasgos que, a pesar de los años, se mantienen vigentes en la institución pública de educación superior en México.

Desde el punto de vista marxista (1976, p. 225), “el proceso de trabajo es un proceso entre cosas que el capitalista ha comprado, entre cosas que le pertenecen. De ahí que también le pertenezca el producto de ese proceso..:”. Esta declaración resume muy clara y contundentemente lo que representa en sí un proceso laboral dentro de cualquier institución. A pesar de que en las Universidades Públicas en México no se persiguen beneficios económicos, ésta afirmación marxista no las exime.

Es decir, sí existen intereses fundados en la política y en lo social que demandan a los trabajadores (léase docentes y administrativos) una entrega absoluta del resultado de su trabajo.

A cambio de un salario, las universidades exigen a los trabajadores que todo resultado o creación derivada dentro de sus límites, otorguen a la Universidad el reconocimiento de dicho producto. Es decir, sin menoscabar la reputación y los posibles beneficios económicos en los que pueda repercutir para el trabajador, la Universidad posee los derechos sobre la obra.

Por otro lado, dentro del surgimiento del capitalismo industrial se creó la fábrica como el centro de reunión y control de los obreros. “El control sin la centralización del empleo era, si no imposible, ciertamente muy difícil, y por tanto la condición previa para la administración era la reunión de obreros bajo un mismo techo” (Braverman, 1987, p. 84) Los obreros eran reunidos en un lugar, no por atracción o aspiración económica, sino por fuerza y miedo.

En nuestros días, las universidades públicas tienen como característica general la reunión de docentes, administrativos y alumnos dentro de un mismo espacio; sin embargo, las tendencias de “modernización” de la educación han obligado a que las barreras físicas de la institución se desvanezcan, a favor de una vinculación estrecha de la universidad con el mercado laboral y con la sociedad. Es decir, a través de diversos programas institucionales (derivados de una política educativa nacional), los universitarios son obligados a desplazarse hacia otros entornos, y a confrontar el aprendizaje del aula con la realidad social.

Otro factor que ha incidido para la desconcentración de los universitarios ha sido derivado de los avances en las tecnologías de información y comunicación: la educación a distancia. La política pública de extensión de la matrícula en las universidades para beneficiar a la población de todo un sector geográfico, así como la no disponibilidad de recursos para la construcción de infraestructura para la creación de espacios dignos, ha generado altas expectativas en la educación virtual.

Sin embargo, a pesar de que pareciera un relajamiento de la necesidad de la alta dirección en cuanto al control de los trabajadores universitarios en pro de la “modernización” de la Universidad, paradójicamente existen también mecanismos que exigen a los trabajadores llevar evidencias, reportes sellados, fotografías y demás elementos que permitan comprobar que se ha cumplido con el horario y la actividad designada. Es decir, los elementos modernizantes de la educación han simplemente modificado los sistemas para las viejas técnicas de control y supervisión.

En este sentido, el tiempo socialmente necesario para el trabajo universitario tiende a crecer; particularmente en el ámbito académico, se requiere que el docente sea capaz de desempeñar una variedad de actividades y funciones que le convierten en un ser “más integral”. Esto es, en contraposición con la fragmentación del trabajador, se tiene ahora una clase trabajadora más integradora, “se tiende a reconocer la desaparición de la parcialización de las funciones y el establecimiento de nuevos oficios de carácter unitario, que serían calificados por la responsabilidad, capacidad de decisión, multiplicidad de preparación técnica” (Panzieri, 1978, p. 46).

Es decir, las exigencias de “calidad” académica y de gestión universitaria requieren que el docente se desvíe de sus funciones sustantivas de docencia e investigación, y que inviertan una considerable parte de su tiempo en labores de planeación y elaboración de documentación académica (tutoría, formatos, proyectos, reportes, planes, etcétera), así como a realizar diversas actividades académico-administrativas (coordinaciones, liderazgo de cuerpos y proyectos de investigación, vinculación, etcétera) y también actividades relacionadas con la gestión de la educación (proyectos de certificación y acreditación, entre otras).

De esta manera, el trabajo del docente universitario se involucra con una multiplicidad de tareas; la expansión de la diversidad y abundancia de tareas del trabajo universitario ha implicado no solamente al docente contratado mediante una plaza de tiempo completo, sino que cada vez más requiere la “cooperación” de personas que son contratadas por asignatura, con una carga de trabajo aparentemente limitada y sin mayores beneficios contractuales para el trabajador.

El individuo, dentro de la red social, se ve influenciado por el desarrollo de diversos roles en diferentes contextos en que se suscitan; esto es, en la sociedad actual se espera que el individuo cumpla ciertos cánones, los desarrolle y se adapte a los cambios que le imponga su entorno, y lo anterior siempre en función de su “versatilidad y eficiencia así como su alto grado de compromiso y funcionalidad”.

Como resultado de las altas exigencias de la organización para con sus trabajadores, se tiene una colonización del tiempo “personal” del trabajador; el tiempo libre o de esparcimiento se ha visto sustituido por tiempo dedicado al trabajo; para la planeación de actividades, la elaboración de investigaciones, la supervisión de programas, etcétera. Es decir, el ideal del tiempo de recreación para sí mismo es cada vez más esporádico y de menor calidad.

Esos elementos en si son una forma de someter tanto el aspecto físico, como el psíquico a los individuos, este fenómeno se da en todos sus roles, desde niño hasta adulto mayor, pasando por los procesos de formación en los diferentes niveles educativos, hasta ocupar un rol productor como trabajador.

La salud física y emocional

Según la Revista Latinoamericana de la Salud en el Trabajo, en su artículo de Medicina del Trabajo, Salud en el Trabajo y Salud Ocupacional, se describe que:

La salud mental es un estado de desempeño exitoso de las funciones mentales, que redunda en actividades productivas, relaciones plenas con otras personas, la capacidad para adaptarse a los cambios y de enfrentar adversidades específicas para la cultura de los individuos.

Más allá de la ausencia de enfermedades, la salud mental debe entenderse como una forma de bienestar subjetivo, cuando los individuos sienten que hacen frente a sus vidas con control completo, son capaces de enfrentar retos y asumir responsabilidades.

La salud mental, entendida de esta forma, constituye un elemento fundamental para el trabajo creativo y productivo.

Se añade que los problemas de salud mental tienen causas diversas, entre las que se cuentan la herencia, la susceptibilidad individual, los eventos vitales negativos, los cambios fisiológicos derivados de la edad, algunos efectos de medicamentos, las drogas, diversas enfermedades y el estrés en el trabajo.

Una encuesta internacional reveló que casi una quinta parte de los trabajadores considera que su empleo los enferma. El sondeo por Internet, realizado por la firma de reclutamiento global Kelly Services, consultó este año 2008 alrededor de 115 mil personas de 33 países de Europa, Asia y América del Norte.

En promedio, 19 por ciento de quienes respondieron a la consulta dijo que su trabajo afectaba adversamente su salud, mientras 13 por ciento señaló que su empleo era tan estresante que complicaba su sueño. “En todas las economías, las personas están destinando más tiempo al trabajo, a veces a expensas de la salud y el bienestar personal”, indicó el Kelly Global Workforce Survey.

Se menciona que en Japón, donde muchos trabajadores se suicidan debido al estrés causado por el exceso de trabajo, 60 por ciento de los consultados dijo que sufrió problemas de salud relacionados con el empleo. Canadá, uno de los países con los mejores niveles de calidad de vida, presentó el segundo mayor porcentaje de empleados que consideró afectada su salud, mientras en Nueva Zelanda, India y Australia los trabajadores se ubicaron entre los que expresaron verse menos afectados. Un tercio de los empleados dijo que había tomado tres o más días de licencia por enfermedad en el año anterior, pero 35 por ciento indicó que se sentían culpables por los días no trabajados.

Por otra parte, 15 por ciento admitió tomarse días de licencia por enfermedad cuando no estaban realmente enfermos. Mientras la mayoría de los trabajadores encuestados dijo que su salud era responsabilidad de su empleador, no todos reclamaron acceso a gimnasios, horarios flexibles de trabajo o clases de nutrición. El sondeo mostró que los empleados consideran que el estrés podría reducirse con el manejo y reconocimiento de los logros individuales.

Desde estas perspectivas mundiales, la salud en el trabajo no es excluyente a país alguno.

¿Qué es lo que sucede entonces con la salud física y psíquica del trabajador en la organización? ¿La salud individual es similar a la salud colectiva en las organizaciones?

Volviendo al mundo del trabajo, éste por su naturaleza y características, es vulnerable a los efectos desfavorables de la globalización de la economía y, en consecuencia, puede constituir una fuente potencial de deterioro de la salud mental.

Los modelos emergentes de empleo, caracterizados por la flexibilización del trabajo, pueden causar apremio de tiempo en las labores, inestabilidad (inseguridad) en el trabajo, falta de oportunidad para desarrollar una carrera y, por lo tanto, ser fuente de estrés en el trabajo y de trastornos en la salud mental.

Como en otro contexto las instituciones de educación superior no están exentas de estos fenómenos y de deterioro de la salud mental de los trabajadores.

El docente como trabajador universitario encuentra en su proceso de trabajo muchos de los factores que deterioran su salud mental. Recientemente, el uso de nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) trae consigo un cambio radical en la forma en que el docente planea, desarrolla y evalúa el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Efectivamente, las nuevas TIC son un elemento facilitador y potencializador del aprendizaje de los alumnos, además que conlleva diversos atributos como mayor cobertura y alcance a sitios remotos, donde no existen campi físicos de las instituciones; sin embargo, al flexibilizar el desarrollo de las actividades, somete al docente a desempeñar nuevos roles donde tiene que fomentar y establecer nuevos hábitos de atención al alumno; algunos ejemplos son los modelos de educación a distancia y virtual, que no siempre establecen por parte de la institución el inicio y final en cuanto al espacio de atención, el docente se ve expuesto y puede caer en roles donde las actividades no tiene inicio ni fin, convirtiéndose en un mal hábito y así el docente está expuesto a altos niveles de estrés en el trabajo y de depresión, redundando en trastornos frecuentes de la salud mental en el trabajo, los cuales son inespecíficos e incluyen manifestaciones de dolores físicos, alteraciones del sueño, cansancio, desánimo, deterioro de las relaciones interpersonales, aislamiento social y adicciones; el docente podría sufrir uno o varios de estos trastornos.

La oficina virtual que proporciona el usos de la TIC, como se comentó anteriormente, también provoca esa extensión del trabajo más allá del espacio físico y del horario básico de trabajo; el docente utiliza mayormente plataformas tecnológicas que le permiten desarrollar sus actividades académicas fuera de la institución, pero en tiempos extras que no son considerados, ni reconocidos por la autoridad competente, ya que no se lleva un control de ese trabajo extraordinario realizado, el docente ya no separa los roles de su actividad profesional de los roles que desempeña en su hogar, existe pues una contaminación del ambiente personal con el ambiente laboral.

Como menciona Timio (1983), una de las situaciones creadas por contraste entre el sistema organizativo y la idiosincrasia personal pueden ser: estrés debido a los rápidos cambios ambientales y tecnológicos que progresan hacia la institucionalización.

Otros elementos en los que la salud de los docentes se ve deteriorada están dados por las condiciones de los espacios físico y tecnológicos para el desarrollo de las actividades de docencia, de investigación, de vinculación y extensión, que no son siempre las adecuadas, desde las habilitaciones ergonométricas del mobiliario, hasta los espacios físicos saludables, con condiciones adecuadas de luz, humedad e higiene; considerando que el académico pasa al menos ocho horas al día en esos espacios, se esperaría que se cumpliera con las condiciones mínimas de seguridad e higiene que le garantizarían su salud física y mental.

Sin embargo esto no sucede así, ya que los espacios no son siempre limpios e iluminados, ni siquiera se cuenta muchas veces con los niveles mínimos de sanidad en servicios sanitarios y en los servicios alimenticios, en éstos últimos existen deficiencias tanto en calidad nutricional como higiene de los espacios.

En contraparte, las prestaciones que podrían existir en cuanto a los servicios médicos, regularmente del sector público para las universidades públicas, conllevan un excesivo proceso burocrático que no siempre permite la atención adecuada de los problemas de salud que se presentan en los docentes, principalmente del tipo de enfermedades respiratorias a las que se expone por los constantes cambios de microclimas en los espacios de trabajo, así como la exposición a materiales de escritura y laboratorios químicos, aunado a los extremosos cambios climáticos en México, donde los edificios no están diseñados para afrontar altas o bajas temperaturas del ambiente.

Los procesos de negociación de contratos colectivos, así como el de la búsqueda de reconocimiento basado en los estándares de calidad y desempeño académico, también inducen un alto grado de tensión en la vida del docente; los constantes periodos de evaluación de su desempeño se dan hasta dos veces en el año, tanto por autoridades del interior de la institución, como por las instituciones públicas reguladoras de la educación y la investigación, y por comités de pares de la calidad educativa.

La palabra “calidad”, que conlleva la búsqueda de la excelencia, es una constante en los sectores académicos. Aunque en el pasado la excelencia indicaba una calidad intrínseca a la persona, ahora pasa a calificar una manera de hacer las cosas siempre mejor que los demás (Aubert y De Gaulejac, 1993, p. 60)

Recientemente se emitió una nueva ley para los trabajadores al servicio del Estado y algunas universidades autónomas, bajo la cual resalta las nuevas normas y condiciones para el alcance y logro de pensiones y jubilaciones. Esto trajo un gran desencuentro laboral, político y social entre la clase trabajadora, donde están incluidos los docentes universitarios.

Las condiciones de una jubilación digna en la edad madura cambiaron, se enrareció el ambiente laboral y el aspecto mental de los docentes, ya que existió demasiada información pero en forma compleja, donde las estimaciones que se proporcionaban en cada contexto posible de retiro no eran determinantes, ya que dependiendo del régimen adoptado las condiciones pueden ser variables; este tipo de elementos trae también consigo problemas que provocan angustia y estrés en el docente, apartándolo de sus principales actividades y absorbiendo gran parte de su energía.

Es decir, la salud de los trabajadores, tanto en el ámbito físico como en el psicológico, es parte de un rezago histórico en materia de seguridad y condiciones óptimas para la realización del trabajo, por lo que se considera imperativo una modificación sustancial a favor de los intereses de los trabajadores, aunque la realidad del contexto político-social pareciera indicar una situación a la inversa.

Otro aspecto que se considera fundamental es la modificación en los patrones de control ejercidos en las Instituciones Públicas de Educación Superior.

Durante el surgimiento del capitalismo industrial, el control se encontraba basado en la obediencia “bajo las relaciones especiales y nuevas del capitalismo, que presuponían un ‘libre contrato de trabajo’, tenían que extraer de sus empleados ese comportamiento diario que mejor sirviera a sus intereses, imponer su voluntad sobre sus obreros (…) sobre bases contractuales voluntarias”. (Braverman, 1987,86).

Actualmente, las formas han cambiado; los mecanismos de control Taylorista se han suplantado por nuevas formas de ejercer y mantener el control. En el siguiente apartado, se aborda el tema de cómo las instituciones de educación superior no están exentas de ejercer sobre los individuos diversas formas de violencia y presión.

Violencia y control no explícito

Las instituciones de educación, al igual que cualquier otra forma de organización de nuestros días, son cada día más complejas, esto es en gran medida debido a que las exigencias del contexto nacional obligan a recorrer el camino de la “excelencia”.

Como lo expresa Unda y Sandoval (2006) “A partir de las políticas educativas de fines de los 80s podemos asegurar que se ha venido dando lo que podemos calificar como una reconfiguración del trabajo académico”, reconfiguración que Unda y Sandoval (2006) lo denominan “Nuevas exigencias derivadas de la forma de organización del trabajo académico”. Esto implica tener dentro de las prioridades de las Universidades, los procesos de acreditación y certificación antes exclusivos para el sector productivo, quien desde hace varios años atrás se ha visto inmerso.

En el caso de la educación, esto no es un asunto ajeno a su quehacer cotidiano, son exigencias a nivel nacional a través de la Secretaria de Educación Pública. Se crean organismos evaluadores ajenos a la institución evaluada como el caso de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES), los cuales se encargan de revisar a sus pares con el fin de verificar que cumplan con las normas generales de acreditación.

Las exigencias al día de hoy son que las Universidades deben de contar con más del 85 por ciento de sus programas acreditados a nivel de licenciatura, lo que le permitiría ingresar al Consorcio de Universidades de México, donde están las “mejores universidades” del país. Pertenecer a este consorcio le permite contar con mayores recursos exclusivos para esta elite de “excelencia”.

Esta dinámica que se le impone a las universidades conlleva a grandes exigencias a todo el personal, recayendo el mayor peso en los académicos y directivos de las unidades académicas. En el caso de los directivos, se ven presionados a dar resultados, como lo establece Aubert y De Gaulejac (1993, p. 18) en “la búsqueda de la excelencia en el seno de la organización induce a un número elevado de individuos a un desafío permanente para superarse”. Bajo este nuevo lineamiento de calificación del desempeño de directivos y docentes, tienen una tarea que le ocupa todo su tiempo, aunque no es todo lo que tienen que hacer”.

Hoy en día, la vigilancia se ha convertido en auto vigilancia, ya que el docente concibe a los objetivos y programas de la organización como propios. Esta dinámica impacta en los académicos al verse inmersos en este proceso de acreditación y certificación, los cuales son presionados a dar resultados de acuerdo a cronogramas precisos y con fechas de visitas de sus pares para efectuar las verificaciones.

Aunado a lo anterior, los docentes, son los responsables de hacer cumplir las funciones y compromisos de las universidades, creándose un desequilibrio entre las labores desarrolladas, responsabilidad y remuneración. Como lo establece Altbach (2004) citado por Unda y Sandoval (2006, p.1): “Las condiciones del trabajo académico y las remuneraciones son inadecuadas y existe en las instituciones universitarias una limitación para generar carrera académica”.

La carrera académica, es conocida en algunas otras instituciones como carrera magisterial, carrera docente, estímulo al desempeño, etc. La cual es un especie de “bono de productividad” por su desempeño en los aspectos de permanencia, dedicación y calidad académica. Los docentes cada año son evaluados y calificados, con el fin de obtener un determinado puntaje y con esto obtener una cantidad adicional de dinero mensual, al ser parte de su sustento se ven presionados año tras año a no bajar su productividad, para permanecer en esos niveles, como lo expresa Unda y Sandoval (2006, p. 2).

“La carga de trabajo se ha ampliado para los docentes, donde las horas clase han perdido importancia y se han ampliado a otras actividades reconocidas dentro de los programas de estímulo que son evaluadas para conseguir una remuneración mayor”.

Con todo esto, la multiplicidad de actividades y las altas exigencias provoca un importante desgaste a nivel físico y psíquico al trabajador universitario, apareciendo el estrés, algún grado de neurosis, cansancio prematuro, etcétera.

En México se está introduciendo un nuevo modelo teórico el cual busca explicar parte de lo anterior, como lo expresa Unda y Sandoval (2006, p. 3):

El Síndrome del Trabajador Quemado (Burnout), o Síndrome de Desgaste Profesional que se propone explicar cómo es que algunas actividades profesionales de prestación de servicios, entre ellas el trabajo académico, genera sentimientos de despersonalización, baja realización personal en el trabajo y agotamiento emocional.

Para explorar un poco más el síndrome del trabajador quemado, tenemos lo que explica Sandoval (2000, p. 53) “se concibe como una forma de respuesta al estrés crónico identificado por actitudes negativas hacia las personas con las que se trabaja, hacia el propio rol profesional y la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado”. Este síndrome se encuentra normalmente en trabajadores con un nivel alto de responsabilidad, como es el caso de los académicos, enfrascados en múltiples actividades y con grandes presiones por parte de sus superiores.

Como lo establece Sandoval (2000) Las principales determinantes del síndrome del trabajador quemado son cuatro: el entorno social, el plano organizacional, las relaciones interpersonales y el nivel del individuo.

Los cambios en las leyes, los nuevos procedimientos y el cumplimiento de estas, etc. tienen que ver con el entorno social. En cuanto al plano organizacional, se encuentra la burocracia, el clima organizacional inadecuado, la jerarquización centralizada, ambigüedad, etc. Las relaciones interpersonales, tienen que ver con las relaciones tensas y conflictivas prolongadas. En el nivel individual, éstas son en referencia a las características de personalidad, la existencia de sentimientos de altruismo e idealismo. La mayoría de estos elementos descritos los encontramos presentes en los académicos universitarios.

Los superiores son sujetos de todas las exigencias que el sistema le imponen, los cuales descargan en los académicos la elaboración y revisión de los planes y programas, esto con exigencias de calidad y tiempo limitado para concluirlos. Para lograrlo los directivos utilizan desde promesas de mejores niveles de carrera docente (los cuales muchas veces son puras promesas incumplidas), hasta la amenaza o el maltrato. Es aquí donde surge una de las prácticas más recurrentes en la labor académica en nuestros días la cual es la violencia en el espacio laboral.

La violencia se asocia con la agresión física aunque no es su única expresión, ya que también puede ser psíquica o emocional, reflejada en ofensas y amenazas. Para la Organización Mundial de la Salud es: “cualquier acto de comisión u omisión y cualquier condición que resulte de dichos actos, que prive a los sujetos de igualdad de derechos y libertades e interfiera con su máximo desarrollo y libertad de elegir”. Por lo que podemos ver el término es de un espectro muy amplio.

En el interior de las organizaciones existen otros tipos de violencia, como es el caso del acoso laboral, el que es tratado por Peña (2008, p. 5) citando a Lydia Guevara lo define como:

El ejercicio arbitrario y desmedido del poder que ejerce una persona sobre otra, puede ser legítimo o que lo ostente por reconocimiento, ya que hay personas que tienen el poder de control de personas sin ser superiores jerárquicos, sino que son fuerzas existentes en las empresas y que con ellas hay que trabajar y luchar.

El acoso moral en las organizaciones nos expresa Muñoz (2004, p. 216) se pueden dar desde “cinco grupos de comportamiento, de los cuales se refiere a: la palabra; las relaciones sociales; el afecto, la calidad de la vida profesional y de la vida privada; así como de la salud”. Todas estas dimensiones son agredidas cuando se trata de afectar a trabajadores ya que de un modo sutil o acrecentado se ven disminuidos sus derechos. El propósito es que el trabajador se aburra y renuncie, de este modo no se tienen implicaciones laborales.

Con todo lo anteriormente expresado, se tiene que las organizaciones generan violencia de diversos tipos como los expresados y a diferentes niveles jerárquicos, aunque los más vulnerables son los académicos en el caso de las universidades.

En adición a lo anterior, y como un ingrediente más para la complejidad de la realidad organizacional, en la Universidad Pública se vive un problema determinante, el cual afecta en particular a un sector de la población universitaria: las mujeres.

En la división social del trabajo por géneros, se pueden identificar roles bien definidos para cada uno de los sexos. A la mujer se le ha atribuido la atención de su hogar, determinada a ser madre, esposa, un ser emocional, desvalida y sumisa, mientras que al hombre se le ha fincado la responsabilidad de ser el proveedor de su familia, a tener un trabajo remunerado, a ser inteligente, fuerte, exitoso y el único capaz de ocupar altos puestos en espacios laborales.

Esto nos lleva a observar que, la mujer se encontraba alejada de las decisiones de Estado y de las relaciones comerciales e industriales, mientras que el varón podía ver su realización personal incrementada en el ámbito ocupacional. Sin embargo, a través de la historia, la realidad de estos roles han evolucionado.

En diversos círculos relacionados con el ámbito empresarial y político, se observa a la mujer desempeñando puestos que van desde una secretaria de Estado, presidentas municipales, diputadas, empresarias, ejerciendo puestos ejecutivos, figurando en los deportes, etc. De acuerdo con Martínez (2004) esta creciente inserción de mujeres en cargos de poder y responsabilidad en diversas organizaciones surge como producto de la democratización de la educación, aumento en el conocimiento y uso de métodos de control de natalidad como producto de la modernización cultural.

Del mismo modo, un factor importante lo ha sido la necesidad económica que impera en los hogares mexicanos en donde la necesidad de aportar ingresos a la economía familiar se ha convertido en un factor indispensable para la subsistencia de la familia, educación de los hijos, por lo que resulta imperativo el desempeño femenino en diversos ámbitos del mundo laboral.

Ahora bien, al hablar del rol de la mujer en el entorno, necesariamente se cita al hombre ya que con él se sostiene una relación indisoluble. Esto evidencia las complejas redes de poder en las cuales los varones son los que dominan sobre las mujeres, quienes se encuentran en un estado de subordinación. Desde lo simbólico, entonces, las diferencias sexuales se traducen en diferencias de poder, las cuales generalmente derivan en conflictos de diversa índole.

A continuación, se presenta una breve descripción de la situación de los géneros en cuanto a los roles que se desempeñan en las instituciones públicas de educación superior.

La competitividad, la lucha y la equidad de género

De acuerdo con Saldívar (2005, p. 53) “las relaciones entre los géneros, como toda relación humana, son con frecuencia conflictivas, aunque la expresión de la pugna difiere de acuerdo con las circunstancias específicas”.

Uno de los espacios laborales cuyo cometido es el de brindar formación profesional a los jóvenes mexicanos son las universidades. Así como en otros tipos de espacios, existe una división jerárquica tanto en la planta administrativa como docente en donde convergen tanto hombres como mujeres. La designación de puestos, el desempeño de tareas y la inserción en una Unidad Académica en particular, está en manos de los directivos de cada área, así como del manejo sindical que se suscite en cada circunstancia.

En relación al personal docente, el acceso a una oportunidad de impartir alguna cátedra sucede al participar en concursos de oposición por alguna plaza o bien al cubrir interinatos, permisos o mediante materias de nueva creación. En este último medio, está más propenso a ser seleccionado el académico que cuenta con alguna amistad o conocido dentro del sistema.

El personal docente que participa en cada una de las facultades o escuelas, que conforman el sistema universitario se encuentra integrado por personal de asignatura, medio tiempo y tiempo completo. En él participan tanto hombres y mujeres cuya formación mínima es de grado de Maestría. Por cada programa educativo, se encuentra como responsable un coordinador de carrera quien tiene relación directa con los profesores. Para el acceso a las categorías descritas, se suscitan tanto por medio de concurso de oposición de plazas de tiempo completo como por asignación directa por parte de la Rectoría.

La red de relaciones sociales que da vida a la organización converge entre el personal académico correspondiente a cada programa y su respectivo personal administrativo. En algunas facultades, se encuentran de dos a tres programas lo que permite que un número mayor de personas integren los núcleos sociales. En ellos se puede observar una actitud de competencia tanto leal como desleal, así como los casos de nepotismo, el tráfico de influencias cuya búsqueda le augure una mejor posición laboral. Los hombres son los que figuran en mayor proporción en puestos jerárquicos más altos, mientras que las mujeres a través de los más de 30 años de la institución han ido escalando mejores posiciones, sin embargo, no ha figurado en algún puesto tanto del cuerpo de gobierno como en la Rectoría.

En el interior de la institución, se ha observado la presencia del techo de cristal, término que de acuerdo con el análisis de Martínez (2004, p. 448) se considera como las “estructuras simbólicas a partir de las cuales los hombres y las propias mujeres dificultan o impiden el desempeño de las mujeres en los espacios de poder”. Se considera así ya que ha habido casos en los que al realizarse un concurso para la asignación de una plaza académica la preferencia se vuelca hacia los varones.

Por otro lado, se han suscitado casos de hostigamiento y acoso sexual; y el otorgamiento de una plaza a cambio de un acercamiento íntimo que a ese respecto Martínez (2004) menciona que en efecto la mujer llega a ser objeto de deseo del varón y este caso no es la excepción. De acuerdo a un artículo publicado en La Jornada (14/05/2007) escrito por Carolina Gómez acerca de un estudio realizado en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su segundo informe del 2007 reporta lo siguiente:

El organismo expone que ser mujer continúa siendo una de las formas "tradicionales" para discriminar en muchas naciones, tanto en países desarrollados como en proceso de serlo, y las formas en que se manifiestan estas prácticas no sólo se limitan al hostigamiento laboral o sexual y percepción de menores sueldos por trabajo y responsabilidades iguales.

En cuanto a la asignación de los grupos a la plantilla docente, se ha observado que dicha labor se realiza a ultranza según intereses de las personas en el cargo, por lo cual a algunos maestros se les asignan menor número de horas y en otros casos se les otorgan grupos a conveniencia. Por otro lado, se han reportado casos en los que se han presionado a maestros de mayor edad (debido a prejuicios mediante los cuales se les considera menos productivos, lentos, pocos adaptables y de salud frágil) ya que se les ha reconfigurado arbitrariamente sus labores habituales presionándolos para que se jubilen.

Sin embargo, es conveniente resaltar que el otro lado de la realidad social que se desenvuelve en esta institución de educación superior, está el otorgamiento de oportunidades para participar y realizar estudios de posgrado, cuyo apoyo otorgado por la institución se ha brindado tanto a hombres como a mujeres. Razón por la cual en la plantilla docente figuran profesoras con doctorado con alto desempeño en el área de la investigación quienes se encuentran insertas en su área de trabajo y participando en la búsqueda de mejores categorías.

En relación al aspecto cultural el cual se ve reflejado en ciertas prácticas, se opta por celebrar el día del maestro otorgándole a las académicas y académicos una percepción económica adicional a su salario, junto con un festejo, y en el caso del día de la madre, a las docentes se les otorga ese día como libre y en algunas facultades inclusive se les organiza alguna festividad.

Hay en la actualidad un gran interés por discutir si los modelos con los que estamos funcionando hoy en día mujeres y varones corresponden a una visión tradicional o no tradicional de comportarse y ejecutar los roles socialmente asignados (Montesinos, 2005), o si coexisten ambas posibilidades generando conflictos en el interior de las personas, pero también en su interacción con otras.

Así, el temor o la intimidación es la fuente que coloca a muchos actores en una condición de inferioridad y desventaja. De acuerdo con López (2006, p. 197) “Las mujeres se ubican en esa dimensión al aún ser consideradas objetos de uso y no sujetos con derechos”.

Las situaciones anteriormente descritas en este documento se consideran como una consecuencia de la complejidad y abrumadora cantidad de factores que se involucran con el quehacer universitario. Pareciera que con el paso del tiempo, la cantidad de fenómenos sociales que se imputan como una responsabilidad a la educación pública, contradictoriamente han debilitado su relevancia ante los ojos de la sociedad.

Al igual que en el caso de la aristocracia obrera que surgió a mediados del siglo pasado, el estatus del trabajo universitario pareciera perder gradualmente la fuerza que le caracterizaba en el pasado; “…el salario no implicaba sólo una relación monetaria, pues también iba asociado a elementos extraeconómicos (…) la capacidad de movilidad para el trabajador calificado y el respeto mutuo para el orgullo profesional” (Melgoza, 1990, p. 179).

Conclusiones

Las organizaciones han tenido una evolución muy acelerada en los últimos años, en el caso de la educación superior no se ha quedado atrás, lo que ha provocado que las exigencias del trabajo académico se vuelvan más intensas y variadas, lo que ha generado un grado de violencia. Como lo expresa Montaño (2007, p. 68) “los nuevos modelos organizacionales incorporan de manera implícita y oculta el germen de nuevas formas de violencia en el trabajo”.

Claro está que la violencia en el trabajo no es una cuestión exclusiva de los nuevos modelos organizacionales, ya que la violencia está presente en las relaciones sociales de subordinación.

Adicionalmente, los retos de la modernidad implican el reconocimiento de la pluralidad y la diversidad como un elemento central; tanto el hombre como la mujer sufren la repercusión de la evolución de las sociedades, sus necesidades y vulnerabilidad se encuentran en un proceso de búsqueda de identidad para adecuarse a las nuevas reglas del juego.

Existe la necesidad de un mayor entrenamiento, desde la infancia, para que las personas, hombres y mujeres, aprendan a negociar sus necesidades y conflictos de manera pacífica, con el menor costo posible, y evitando su escalamiento. La armonía de las relaciones humanas hará que vivamos en un mundo más justo y equitativo en donde la cooperación, la búsqueda del bienestar mutuo y la superación individual y colectiva permitirán desarrollar una vida más plena cuya prosperidad sea compartido por todos sus habitantes.

Se considera imperativo que se retomen los valores de las instituciones públicas de educación superior, a través quizá de una utópica revolución intelectual que permitiera a los actores universitarios desligar los elementos políticos y sus propios intereses en función del beneficio de la sociedad a la que sirve.

La escuela sólo forma parte de un eslabón y un mero requisito para llegar a la “tierra prometida” del espacio laboral; el cual, desde cualquier arista, no difiere en gran medida de las condiciones bajo las que se realiza el trabajo universitario descrito en este documento.

Referencias

* Los autores son docentes en la Universidad Autónoma de Chiapas.

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