Número 18                                         Época IV                              Junio 2010


TEMAS A DEBATE


LA VIOLENCIA DESDE EL ESTADO
REPRESIÓN Y GUERRA SUCIA EN MÉXICO 1946-1975

“La actitud de olvidar y perdonar todo, que correspondería
a los que han sufrido injusticia, ha sido adoptada por los que la practicaron”
                        Theodor W. Adorno

Javier Azamar Alive

Los autores clásicos de teoría política –desde J.J. Rousseau hasta Karl Marx- nos hablan del Estado como aquella institución nacida de la sociedad, cuya utilidad última es regir la vida política y social y de los hombres mediante leyes y códigos de conducta. Estas leyes se basan en la necesidad y el supuesto de que a cada individuo le sea suministrado el mínimo de seguridad social (educación, salud, alimentación, vivienda, protección a su propiedad personal) a través de un marco legal que garantice sus derechos y obligaciones con la sociedad a la que pertenece.

El encargado de llevar adelante esta responsabilidad para con los ciudadanos es el gobierno; es decir, el grupo de individuos a quienes se les ha confiado la responsabilidad de llevar a cabo los fines estatales, otorgándoles la autoridad necesaria para que cumplan su labor de manera satisfactoria.

 Otro aspecto importante a destacar como parte importante del estado y sus obligaciones, es la de garantizar a sus ciudadanos seguridad pública; esto mediante sus propias instituciones de coerción (policías, ejército, marina y fuerza aérea) para poder ofrecerle y garantizarle al civil una vida segura e instituciones encaminadas a la solución de conflictos que le permitan desarrollar sus tareas en un ambiente de paz.     Ahora bien: ¿qué sucede cuando el gobierno no cumple las tareas para las que fue elegido por el pueblo en su conjunto?

Si el Estado no está cumpliendo con sus obligaciones para con su sociedad, ¿es legal sustituirlo por otro más afín a sus intereses?, ¿es ético rebelarse?, ¿cuál es la reacción del gobierno cuando ve en su propia emanación, presente en la sociedad, un enemigo a vencer?

Cuando esta situación se dio en nuestro país, el Estado apuntó y dirigió sus instituciones de seguridad contra sus propios ciudadanos. El Estado mexicano, caracterizado como un gobierno despótico y dictador, no tuvo la visión –ni siquiera un verdadero acercamiento- con los ciudadanos descontentos, que lo único que pedían era ver plasmarse las promesas hechas al final de una guerra civil sangrienta que había costado casi tres millones de vidas.

Sociedad y Estado en México (1940-1970)

A principios de la década de 1940, la economía mexicana crece a un ritmo favorable gracias a que el país se convierte en el proveedor tanto de materias primas como de mano de obra barata hacia los Estados Unidos, país inmerso a partir de 1941 en la Segunda Guerra Mundial.

En el país, el Partido de la Revolución Mexicana, gobernando al país desde hacía 11 años, mantiene al país en una relativa calma. El general Lázaro Cárdenas ha terminado su sexenio de gobierno y se ha impuesto en la presidencia de la República al también general Manuel Ávila Camacho. El partido oficial agrupa en su composición a distintos sectores de la sociedad (obreros, campesinos, burócratas, militares y ciudadanos independientes) en torno a lo que se conoce como la “Familia Revolucionaria”, aquella que guiará a México hacia el desarrollo, la justicia social y la emancipación económica y política del país; aquella que, por supuesto, no permitirá que la reacción se apoderé del país.

Desde un principio, nos damos cuenta de que el sistema político mexicano, como alguna vez y muy atinadamente lo dijo Daniel Cosío Villegas, el presidente en turno toma todas las decisiones, se convierte en un “monarca sexenal”. Esto es muy importante recordarlo posteriormente en este ensayo.

Sin embargo, a pesar del importante progreso tanto industrializador como económico del país, hay sectores de la sociedad que comienzan a organizarse para pedir que esta riqueza producida llegue a los más pobres. De esta manera, comienzan a surgir las primeras agrupaciones políticas y sindicales independientes; esto es, no unidas en forma corporativa al PRI, y que buscan tanto demandas económicas como de índole política y social para los más desposeídos.

Mas el gobierno mexicano, envalentonado por los logros económicos producidos (es la época del llamado “Milagro Mexicano”) no ve con buenos ojos estos nuevos llamados de una sociedad que comenzaba a organizarse.
Así comienza la larga serie de luchas populares contestatarias al gobierno, y que en un primer momento serán encabezados por la clase obrera. Son importantes los movimientos dirigidos por telegrafistas, maestros, ferrocarrileros, electricistas, telefonistas, petroleros, mineros, médicos y tranviarios; así, el país atraviesa por una etapa en donde las clases trabajadoras toman la bandera de la insubordinación y el descontento. Mas el Estado, ajeno del todo a la problemática social, decide utilizar la represión y la intimidación ante el avance la las nuevas organizaciones.

La movilización de la clase media llegará con el movimiento estudiantil de 1968, movilización que nos permite observar que la inconformidad de los estudiantes no partía de cuestiones económicas como en los movimientos obreros pasados, aunque, sin duda, estuvo implícitamente presente.

El nuevo estado del mundo después de la Segunda Guerra Mundial

A pesar de las cuestiones propias del país hubo dos fuertes causas externas para provocar un endurecimiento contra las organizaciones populares: la Guerra Fría y el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959.    

Al término de la Segunda Guerra Mundial, observamos que dos naciones han –de alguna forma- ganado la guerra contra la Alemania nazi: los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Los Estados Unidos “contarán al final de la guerra con la mitad de la producción industrial y dos tercios del oro mundial, la flota más grande del mundo, la aviación más poderosa –tres mil bombarderos pesados- y la bomba atómica”. (Aróstegui, Et al. 2001: 521).

Por su parte, “la Unión Soviética ha perdido el equivalente de diez años de la producción de preguerra”, pero a cambio ha obtenido toda una zona de influencia que llegará a abarcar en su momento: Bulgaria, Rumania, Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia y la República Demócrata Alemana. (Ibid: 524).

Así, a partir de 1945 el orden mundial se vuelve bipolar, manifestándose en un desafío competitivo (militar y económico) por el control sobre sus respectivas zonas de influencia así como en la lucha ideológica mediante argumentaciones mesiánicas-salvacionistas por parte de cada una de las potencias en pugna.

El otro factor externo, el triunfo de la Revolución Cubana, fue el detonante para que la Revolución Socialista llegara a América Latina; a partir de este momento habrá guerrillas en acción en casi todos los países latinoamericanos luchando por la implantación del comunismo en sus respectivos países, muchas veces con la ayuda explícita o subterránea de los cubanos.

Contrainsurgencia mexicana. Nace la DFS

En México, justo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y en un constante cambio dentro de las relaciones internacionales, es elegido presidente de la República Miguel Alemán Valdez para cumplir con el periodo sexenal de los años 1946-1950.

En el país se respira un sentimiento histérico contra el comunismo alentado por los sectores más conservadores de la sociedad, la iglesia católica y el propio gobierno.

Aunado a esto, el hecho de que casi la totalidad de los medios de comunicación estuviesen sujetos a la censura estatal propiciaba que el activismo social fuera sumamente cuestionado y, por ende, no contaba con la simpatía de las clases populares mexicanas.

Es en medio de este ambiente “que es creada la Dirección Federal de Seguridad (DFS) con asesoría del FBI. Se trata de un servicio de inteligencia de policías y militares de élite que depende directamente del presidente, y que entresus funciones tenía la de infiltrarse y acosar a los disidentes políticos de izquierda”. (Castellanos, los subrayados son míos, 2008: 43).

Sus primeros objetivos serán los sindicatos independientes de ferrocarrileros, petroleros y mineros, así como una lucha abierta contra el casi clandestino Partido Comunista Mexicano.

Archivos oficiales de la Secretaría de Gobernación de esos primeros años –no hay que olvidar que tanto la DFS como la DGIPS (Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales) dependían directamente del presidente en turno- revelan las funciones de la llamada DGIPS:

  1. Planear, programar, organizar, dirigir, controlar y evaluar el desempeño de las funciones correspondientes a la Dirección (se refiere a la DFS).
  2. Formular los proyectos del Programa de Presupuesto de la Dirección, y promover la ampliación de los recursos que sean necesarios para un cabal desarrollo de las funciones encomendadas.
  3. Formular dictámenes, opiniones e informes solicitados por la superioridad.
  4. Realizar las investigaciones y análisis sobre problemas de índole político y social del país que encomiende el titular del ramo.
  5. Organizar la documentación que se elabore como resultado de las tareas de investigación que realice.
  6. Realizar las demás actividades que en la esfera de su competencia encomiende el titular

En general, la DFS tenía los mismos objetivos que la DGIPS, salvo tareas exclusivas como las siguientes:

  1. Proporcionar auxilio, cuando se requiera, a funcionarios extranjeros que visiten oficialmente el país.
  2. Vigilar e informar de hechos relacionados con la Seguridad de la Nación y, en su caso, hacerlos del conocimiento del Ministerio Público.
  3. Realizar todas las actividades que, en la esfera de su competencia, le confieran a la Secretaría otras disposiciones legales.

Con esta información, podemos deducir cómo funcionaba el engranaje del Estado: elementos de la DFS y la DGIPS realizaban cosechas de información a través de labores de espionaje de toda índole, información que era procesada por grupos especiales de analistas y enviada al Secretario de Gobernación, así como a sus subsecretarios; con base en esas informaciones se tomaban decisiones determinantes para la vida de miles de mexicanos y sus familias. (Munguía, 2004: 10-14).

Aparece la guerrilla

En México, “el inicio formal” de la guerrilla comienza el 23 de septiembre de 1965, cuando un pequeño grupo armado liderado por Arturo Gámiz intenta tomar el cuartel militar de Ciudad Madera, en el estado de Chihuahua. Se trata de un intento por emular lo que aconteció en Cuba y el ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Sin duda, un intento basado en la reciente experiencia cubana de la guerra de guerrillas, que logró derrotar un ejército profesional e implantar, por primera vez en América, un gobierno armado de tinte socialista.

Sin embargo, será el movimiento estudiantil de 1968 y su desafortunado final en la Plaza de las Tres Culturas la tarde del 2 de octubre, el que convencerá a cientos de jóvenes –clasemedieros en un mayor porcentaje- a integrar las primeras células de guerrilla urbana. Los jóvenes estudiantes se dan cuenta de que un diálogo con el gobierno es prácticamente imposible. De esta manera, la violencia del Estado será combatida con la violencia del pueblo. 

El nuevo paso del gobierno, en esta ya guerra de insurgencia –guerra que se extenderá durante los próximos diez años, hasta principios de los años 80- será la creación de un grupo paramilitar, con órdenes expresas del presidente Luis Echeverria de exterminar a la guerrilla; así, se funda en 1972 la Brigada Especial o Brigada Blanca, siendo su principal dirigente Miguel Nazar Haro.

En su fundación, el gobierno de Echeverría facilita todos los recursos humanos y materiales para su funcionamiento, incluido el Campo Militar Número Uno, usado como cárcel clandestina y cámara de tortura de detenidos. Una mayoría de integrantes de estos grupos recibieron entrenamiento en contrainsurgencia y tortura por parte de instructores yanquis en “Escuelas para policías y militares” de aquel país; naturalmente, éstos viajaban como turistas para evitar las sospechas de la sociedad civil, con los gastos pagados por el gobierno mexicano. (Jáquez; 2003:8-17)

Uno de los grandes objetivos de la Brigada Blanca fue siempre la desarticulación de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S, llamada así en homenaje a la fecha del cuartel militar en Ciudad Madera en 1965; inclusive su periódico clandestino tenía por título “Madera”), en especial después de la muerte del empresario Eugenio Garza Sada después de un intento de secuestro; situación que le costó al gobierno de Echeverría el rechazo del empresariado mexicano.

Para la localización de los militantes de la Liga, la Brigada hacía reparto de volantes con fotografías de los presuntos sospechosos utilizando avionetas y helicópteros por algunas colonias del DF; ofrecían recompensas en efectivo hasta por cien mil pesos.

Indudablemente, hay un sueño profundo, un diagnostico de coma por parte del Estado mexicano sobre estos temas.

Ésta es una historia muy incompleta, lo sé. Pero lo será hasta que la sociedad civil exija saber qué pasó con los miles de mexicanos que hoy día no sabemos en dónde se encuentran o qué fue lo que pasó con ellos, qué les hicieron ellos…

La exigencia de justicia debe partir del pueblo: sabemos quiénes son los culpables, sabemos sus nombres, inclusive sabemos dónde viven… mientras el poder sólo cambie de máscara pero los mismos asesinos ocupen esos espacios de poder, es imposible esperar justicia, justicia que nunca llegará desde arriba.

Bibliografía.
ARÓSTEGUI, Julio, Et al. El Mundo Contemporáneo: Historia y Problemas. Ed. Crítica, España, 2001.
CASTELLANOS, Laura. México Armado. Ed. ERA, México, 2008.
JÁQUEZ, Antonio. La Creación de la Brigada Blanca, en Semanario Proceso #1366, pp. 8-17, editado por CISA, México, 2003.
LISSARDY, Gerardo. Las Huellas Criminales de Echeverria, en Semanario Proceso #1316. Pp. 6-15, editado por CISA, México, 2002
MUNGUÍA, Jacinto. La Represión Bajo Nómina, en Semanario Proceso #1425, pp. 10-15, editado por CISA, México, 2004