Número 18                                         Época IV                              Junio 2010


TEMAS A DEBATE


FRIVOLIDAD SOCIAL ANTE LA VIOLENCIA DE GÉNERO

No podemos hablar de justicia, de democracia y de respeto a los derechos humanos si todos los días vemos indiferencia hacia ellos y parece ser que no pasa nada. Por eso, cuando hablamos de violencia de género es necesario reflexionar desde dónde la padecemos en lo colectivo y en lo personal…

Rocío Olvera García*

La violencia es un fenómeno que tiene magnitudes mundiales desde el punto de vista de género. Por tal razón, es preocupante cómo nos afecta en la vida cotidiana tanto a mujeres y hombres, desde las edades más tempranas, sin que muchas veces seamos conscientes de que se vive y convive cotidianamente con este fenómeno que llega a atentar contra la integridad física y psicológica de quienes lo padecen, tomando en cuenta que no debemos confundir disciplina con todos aquellos castigos físicos, emocionales y humillantes.

Antes de profundizar sobre este tema, es conveniente aclarar los términos sexo y género, para examinar una de las razones principales de la violencia de género. Así, tenemos que desde la perspectiva de género el sexo es una característica biológica (mujer, hombre) con las cuales nace una persona, en tanto el género son las categorías construidas socialmente de feminidad y masculinidad que se le van asignando a cada sexo, a partir generalmente del nacimiento y durante su desarrollo como persona. No obstante, Stoller (1968) menciona que la feminidad y la masculinidad no están determinadas por el sexo.

Para exponer las diversas formas sobre la violencia de género es preciso decir que ésta ha sido fundamentada por la supuesta superioridad de un género sobre otro, reproducida no tan sólo por los hombres sino también por mujeres a través de toda una estructura social, afectando a toda organización social que la soporta y que arremete mayoritariamente a las mujeres. La violencia de género son todas aquellas agresiones físicas y sociales que se dan por el simple hecho de ser mujer, y aunque los hombres también sufren violencia a lo largo de su vida no sufren violencia basada sólo por ser hombres (Pezzoti, 2001).

Desaparecer el mito de que el hombre como género es violento por naturaleza, es indispensable ya que llega a bloquear posibilidades para erradicar este problema, pues si bien desde la prehistoria tuvo que desarrollar habilidades para sobrevivir en ambientes naturalmente hostiles, la violencia de género es aquella provocada social y culturalmente por las relaciones de dominación y subordinación de un sexo sobre otro. Por tal razón, no hay tal violencia “natural” en el hombre como género y como ser humano; la violencia de género es sólo una construcción social que no permite el desarrollo socio afectivo pleno y sano entre ambos sexos en los ámbitos públicos y privados

Así, la violencia en el hombre desafortunadamente es una conducta aceptada socialmente, por encima de otras expresiones emotivas (llanto, fragilidad, sensibilidad, etc.) que llegan a ser catalogadas como “afeminadas” o de “maricas” en el mejor de los casos, y toda esta parte emocional y afectiva que se inhibe, refuerza todo un estereotipo de masculinidad, agresividad, racionalidad, control y objetividad que llega a demeritar parte de la manifestación de los sentimientos y emociones que son indispensables en todo ser humano para el equilibrio físico y mental.

La violencia hacia las mujeres es aquella que se empeña en perpetuar la subordinación de las mujeres ante el género masculino a través de mitos generados por muchas de las instituciones políticas y sociales (Estado, familia, escuela, iglesia, y organizaciones sociales) que se basan en creencias sexistas, que exaltan los valores masculinos, “la hombría”, “la virilidad” el poder y actitud de superioridad y dominio hacia las mujeres, devaluando todo aquello que tenga características de feminidad.

Y que se empeñan en seguir reproduciendo por todos los medios (sociales, culturales y mediáticos) los roles y estereotipos de género que limitan el desarrollo pleno de mujeres y hombres ante las actuales vicisitudes económicas, políticas y sociales que vivimos.

Así, algunas investigaciones muestran que hombres y mujeres que no son rígidos en sus estereotipos y roles de género tienen un mejor desarrollo psicosocial, mayor autoestima, mejor integración y ajuste personal (Lara Cantú citado en Bustos 1994), lo que genera una mayor flexibilización para adoptar comportamientos tanto femeninos como masculinos que no deberían ser exclusivos de las mujeres ni de los hombres, respectivamente, sino de la especie humana como una opción para elegir sin que existan actitudes despectivas y de duda con la orientación sexual para quien lo elija. Por lo que es indispensable en el imaginario colectivo y en la interiorización de todas las personas la igualdad y equidad entre mujeres y hombres para no seguir reproduciendo esta violencia que es una lacra social.

Para abordar de manera más puntual cómo se manifiesta la violencia de género en algunos ámbitos, es conveniente describir de manera general cómo se expresa este fenómeno; todo acto de maltrato físico que tenga que ver con dañar el cuerpo y la salud física, que llega a reflejarse en empujones, puñetazos, bofetadas, patadas y golpes con objetos que llegan a ser lesiones leves o severas, y que incluso llegan a ser fatales, son consideradas como violencia física.

Otra que muchas veces es difícil de identificar y que aparentemente no dañan porque no dejan huellas físicas, pero sí el daño emocional que destroza la autoestima y la estabilidad psicoafectiva, es la violencia psicológica. Ésta puede reflejarse en todas aquellas acciones en donde hay insultos, gritos, descalificaciones, humillaciones, amenazas, gestos agresivos, malos tratos, chantajes, celos, control, indiferencia, intimidaciones y manipulación.

Dentro de la violencia sexual también hay actos verbales con connotaciones sexuales que denigran y vulneran la autoestima y el desarrollo psicosexual, además del hostigamiento, el acoso, el tráfico y la explotación sexual, el incesto, el abuso y, por supuesto la violación; otra de las prácticas muy violentas pero muy sutiles es la violencia económica, la cual consiste en el control del dinero, de bienes materiales o la manipulación a través de éstos para ejercer dominio; y la violencia social es la exclusión y la desigualdad en espacios, políticos, económicos y culturales, entre otros, que reflejan la invisibilización de las mujeres.

Fundamental es tener claro que los derechos humanos son humanos y esos no los otorga el Estado, sólo los tiene que reconocer, respetar y promover para que se hagan efectivos en toda la estructura y organización social; no en el discurso sino en la vida cotidiana de cada persona, y dentro de los más generales están: el derecho a la libertad, a la salud, a la justicia, a la igualdad y no discriminación, a la educación, al trabajo y a vivir una vida sin violencia.

No podemos hablar de justicia, de democracia y de respeto a los derechos humanos si todos los días vemos indiferencia hacia ellos y parece ser que no pasa nada. Por eso, cuando hablamos de violencia de género es necesario reflexionar desde dónde la padecemos en lo colectivo y en lo personal, lo que posibilita mayormente a erradicarla desde el espacio donde nos encontremos.

Si desde el mismo sistema social y de Estado se reproducen desigualdades (étnicas, de exclusión, de discriminación y marginación) en la estructura social, entre los grupos con mayor vulnerabilidad se encuentran mayoritariamente las niñas y las mujeres, que en todos los ámbitos y etapas de la vida están expuestas a padecer violencia en sus muy diversos espacios y formas de expresión, desde las etapas más tempranas de la vida.

Violencia prenatal e infanticidio femenino

Parece increíble que la violencia hacia las mujeres pueda darse desde antes de nacer, pero es una terrible realidad que se padece en unos países más que en otros. Así, tenemos que la selección prenatal del sexo del feto en favor de bebes masculinos genera abortos selectivos según el sexo, o aquellos padres que por la desesperación de tener un hijo varón matan a las bebitas, dándose el fenómeno del infanticidio femenino; esto es una práctica principalmente de los países orientales, como India y China, aunque siempre se le ha considerado como crimen,

Apenas en 1995 el aborto por razones de sexo se prohibió en China; sin embargo, sigue siendo una práctica común ya que en este último país sólo se les permite tener un hijo y sacrifican a todos los fetos femeninos, por este marcado valor social masculino denigrando al femenino.

La ONU1 aborda la situación sobre el aborto selectivo y la situación de las niñas referente a la discriminación que padecen por el hecho de ser niñas. Según el informe, se ha practicado este aborto a 100 millones de mujeres en el mundo, de las cuales 80 millones corresponden a la India y China, lo que lo convierte en una versión de infanticidio femenino unido a la más injusta discriminación por causa del sexo.

Otras formas de violencia se dan en muchos otros países y México no es la excepción: se violenta a las mujeres sólo por el hecho de haber parido niñas, y se celebra como un gran evento el nacimiento de un varón, justificando la perpetuación del apellido o que un hombre tiene que ser el primogénito, entre otras razones; en cambio, el nacimiento de una niña no siempre se considera como bueno.

Violencia en la infancia y la adolescencia

En el Informe presentado por la OMS (2008)2 sobre la mutilación genital femenina los datos son alarmantes, ya que entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres sufren esta práctica en todo el mundo, principalmente países africanos, en Medio Oriente y Asía, y corren el riesgo cada año tres millones de niñas y mujeres de ser sometidas a algún tipo de mutilación genital, que es considerado el ritual de iniciación a la edad adulta que consiste en la amputación del clítoris, generando una pérdida casi total de sensibilidad, conjuntamente con el daño psicológico que esto trae.

Además de las mujeres que mueren desangradas durante este proceso o por infecciones en las semanas siguientes a la intervención. Todo esto tiene el propósito de castrar a la mujer del placer sexual. Esta práctica tiene secuelas psicológicas durante toda la vida de las mujeres que son víctimas; sin embargo, otro tipo de castración sexual hacia las mujeres es la simbólica o subjetiva, que generalmente inhabilita cualquier manifestación de placer sexual ya que es catalogada como indebida, lo que hace que se inhiba desde muy temprana edad la sexualidad como expresión humana, en tanto a los varones se les induce no sólo a expresarla si no se les congratula el manifestarla para demostrar su “hombría”.

La trata de niñas y mujeres

La trata de personas se caracteriza por el reclutamiento, control y explotación ya sea sexual, a trabajos o servicios forzados o la extracción de órganos a menores de edad.3

Y es también en estas prácticas que las mujeres y las niñas principalmente pobres son los grupos más afectados por los tratantes, pues muchas participan en un principio de manera voluntaria reclutadas con engaños y la promesa de ingresos altos con la esperanza de dejar de ser pobres y marginadas, ejerciendo la prostitución contra su voluntad. Así, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)4 reporta que esta práctica criminal deja una ganancia hasta ocho mil millones de dólares anuales y que generalmente se realiza para la explotación sexual y a este delito lo convierte en una amenaza mundial que se extiende cada vez más.

La Organización Mundial de la Salud reportó en 2002 que 150 millones de chicas tuvieron relaciones sexuales forzadas o violencia sexual, sin dejar de lado que cada vez crece el número de menores de edad, varones, ya que en ese mismo año 73 millones de chicos también padecieron esta violación.

En México, según la Secretaría de Salud5 (Ssa) ocurren alrededor de 120 mil violaciones al año, es decir, una cada cuatro minutos contra mujeres de entre 10 y 20 años y el 70% de los agresores están dentro de su contexto personal y familiar. Ocupa México, como lo señala la ONU, el sexto lugar en estos delitos, tomando en cuenta que no hay cifras exactas de estos delitos y las estadísticas son únicamente de las denunciadas.

En pueblos de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, entre otros, todavía existe la costumbre de que niñas son regaladas, vendidas o con matrimonios arreglados, según lo decidan los padres. Aunque no se justifica, es parte de la respuesta a la miseria en que viven, la ignorancia, el abuso y que, por desgracia, es parte de las costumbres de las comunidades en las que habitan, tratadas como objeto vendiéndolas en el mercado para prostituirlas.

Violencia en la escuela
La escuela es una de las instituciones más importantes para cualquier sistema social, ya que esta es un espacio poderoso que influye en la construcción de identidades, actitudes y comportamientos en el “deber ser” de hombres y mujeres. Este espacio socializador también sirve en general como un sistema reproductor de valoraciones, costumbres e ideologías dominantes de Estado, en lo referente a las diferencias de género.

En estos espacios escolares se ejerce la violencia simbólica,6 ese poder invisible que habitualmente se legitima y se interioriza de manera inconsciente, que tiene que ver con sumisiones de un genero hacia otro sin que se llegue a utilizar la violencia física; este poder simbólico impone una visión de organización social que favorece la reproducción social y transgeneracional de manera desigualitaria.

La problemática del sexismo muchas veces se considera como exagerada y ocurre desde los primeros años de vida; desde los primeros años escolares nos remite a un conjunto de prejuicios que aparentemente ya no existen o cada vez se presentan menos, pues para la opinión en general las niñas y los niños tienen las mismas oportunidades para estudiar.

No obstante, las formas de discriminación hacia las mujeres se vuelven cada vez más sutiles ya que ambos son educados de distinta forma por los mismos docentes. Así, desde el lenguaje los mensajes subliminales respecto a la condición femenina y masculina en las relaciones interpersonales y en las tareas diarias se van construyendo habilidades y comportamientos diferenciales, dando posibilidades desiguales negativas e injustas.

Por ejemplo, en la actualidad aun cuando la población de alumnas y alumnos es equilibrada desde los niveles básicos hasta los universitarios, en la gran mayoría de espacios educativos se disuade a las alumnas para que elijan carreras tipificadas como masculinas, y cuando lo hacen encuentran hostilidad en el ambiente escolar, laboral y familiar. Circunstancia que le obliga a demostrar resistencia y valía, lo cual tiende en ocasiones a lesionar su bienestar.

En contraste, la hostilidad que viven los chicos que optan por actividades profesionales que tradicionalmente han sido tipificadas como femeninas, proviene principalmente de la desvalorización social de su elección, del menor prestigio y remuneración laboral. Esta adaptación subjetiva a las constantes dificultades no siempre resulta satisfactoria para ambos géneros. lo que llega a repercutir en su desarrollo integral.

Desde los años 70, en las investigaciones relacionadas al tema de la discriminación sexista dentro del currículo oculto de género referente a la trasgresión de las normas dentro del aula no es mal visto si lo hacen los niños, en tanto las niñas se adaptan más evitando infringir las normas. Así, en el discurso explicito hay garantías para el acceso de mujeres y hombres; sin embargo, dentro del aspecto simbólico el sujeto en construcción en la educación sigue siendo fuertemente masculino; las diferencias en sus comportamientos muestran valoraciones disímiles para niñas y niños, y se sigue advirtiendo una sobrevaloración por parte de las profesoras y profesores hacia los estereotipos masculinos presentados por los niños, así como el protagonismo en clase manifestado generalmente por éstos (Subirats y Brullet, 1992).

El deconstruir los estereotipos de género es una de las alternativas para la erradicación de la violencia de género, ya que el informe recientemente presentado por la SEP y UNICEF7 revela que el 22% de las y los estudiantes de sexto de primaria y de secundaria señalaron que uno de los motivos para molestar a sus compañeros es que éstos no cumplan con estereotipos masculinos; otro dato preocupante es que el 90% de las y los estudiantes de educación básica ha sufrido alguna vez humillaciones o insultos, principalmente de sus propios compañeros varones y sólo 10% no reportó agresiones.

“Caminamos juntos y los niños nos jalan el pelo”, “los niños pellizcan a las niñas”, “las golpean y les hacen groserías”, son algunas de las respuestas de niñas de las escuelas de educación básica, y en el nivel de secundaria las adolescentes no se sienten respetadas y son atacadas por no cumplir el estereotipo femenino, además de sufrir tocamientos no deseados. Las agresiones que se presentan son físicas, psicológicas, verbales y emocionales, generalmente sin que haya provocación previa por parte de la víctima y en cuanto a las agresiones físicas los varones sobresalen como principales agresores.

Violencia en el noviazgo

La violencia que se da durante la etapa de la adolescencia y en relaciones de noviazgo ha tomado relevancia durante la última década y las investigaciones realizadas observan que se encubre esta violencia en nombre del amor; por tal razón, para los y las jóvenes pasa desapercibida, pues tanto los medios de comunicación como la misma sociedad transmiten la aceptación de roles de género que siguen reproduciendo relaciones asimétricas. Dentro de las relaciones de pareja las actitudes violentas están dirigidas en el mayor de los casos a las mujeres, en donde la violencia es principalmente psicológica.

Así, el Instituto Mexicano de la Juventud al realizar la Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo (ENVINOV)8 muestra que el 76% de los y las jóvenes de entre 15 y 24 años con relaciones de pareja han sufrido agresiones psicológicas; el 16% han sufrido algún tipo de violencia física y, en cuanto a la violencia sexual, las mujeres “constituyen las dos terceras partes de las personas a las que han tratado de forzar o que han forzado”, así también la mayor proporción de personas que reciben violencia física son las mujeres (61.4% de las mujeres y 46% de los hombres).

Es importante señalar que la investigación hecha por el Instituto Mexicano de la Juventud refiere que las parejas que ejercen violencia, es muy probable que haya antecedentes de violencia dentro de su núcleo familiar, reproduciéndose nuevamente en las relaciones de pareja con el propósito de dominio y control sobre la otra persona.

Al principio, los jaloneos, empujones, celos, arrebatos o formas de control, pueden parecer parte del juego o “sentirse queridos por la otra persona” justificando los brotes de violencia física, psicológica o sexual, por lo que es conveniente no confundir maltrato y ofensas con amor; es común escuchar “me cela porque me quiere”, “me dice cómo vestirme y me vigila porque se preocupa por mí” o “me pegó porque yo tuve la culpa o sólo estábamos jugando” y se confunde con amor cuando en realidad se trata de manifestaciones de dominación y control;.

Así, también dentro del noviazgo se viven ciclos repetitivos de violencia que se inician con la tensión o enojo de algún miembro de la pareja, o agresión física y/o emocional sin control, y finalmente se busca la reconciliación repetitiva por todos los medios, lo que nos muestra dentro de las relaciones de noviazgo este fenómeno agravado.

Es importante reflexionar que el amor no tiene que significar sufrimiento, como no lo hacen creer las construcciones sociales dentro de frases tan populares como “el que bien te quiere te hará llorar” y de que “para amar hay que sufrir”, donde se acepta la violencia desde el noviazgo y es en este escenario donde se manifiestan roles y estereotipos de género que expresan la interiorización que se tiene en general sobre la idea del amor y el sacrificio.
Violencia en el hogar, familiar o intrafamiliar

Otro de los espacios donde se sufre un alto índice de abuso de poder y se refleja en violencia es dentro del núcleo familiar; así lo revela la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2006, en donde el 43.2% de mujeres de 15 años o más a escala nacional han sido violentadas por su pareja; dentro del grupo de mujeres divorciadas o separadas, 62 de cada 100 padecieron incidentes violentos por parte de sus esposos o compañeros, y los tipos de violencia que más padecieron fueron la emocional en un 55.4%; económica 44.5%, física 39.1% y sexual 22.8%.

Sin embargo, no podemos seguir tolerando que en general el 67% de las mujeres encuestadas han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, siendo la más frecuente la ejercida por el esposo o pareja.

También está el fenómeno del feminicidio, como lo refiere Marcela Lagarde,9 que explica el hecho de que esta violencia contra las mujeres y la impunidad social y de Estado permiten que se sigan reproduciendo tales crímenes, ya que en 10 años han sido asesinadas por diversos ejecutores entre 14 mil a 15 mil mujeres en México sin que haya justicia para esas muertes, además de una gran indiferencia social y por parte del Estado que no quiere oír, no quiere ver y no hace algo para actuar.

Violencia laboral

La inserción de las mujeres en el mercado de laboral durante los últimos 25 años ha tenido acrecentamientos significativos, ya sea para mujeres con estudios superiores o en general. No obstante, en este otro ámbito la diferencia entre sexos se convierte también en desigualdad, ya que las tasas de desempleo son más altas para éstas; así vemos que de la Población Económicamente Activa (PEA) el 62.4% son hombres y el 37.6 son mujeres, mientras que en la población no económicamente activa los porcentajes se invierten 24.7 corresponde a los hombres y 75.3 a las mujeres.

Respecto a los salarios, éstos son menores a los de los varones, además de los porcentajes minoritarios que representan las mujeres en los cargos de dirección en casi toda la estructura social.

Los datos del INEGI (2008) muestran que en una gran cantidad de ocupaciones: supervisoras, capataces industriales, artesanas, obreras, vendedoras dependientes, profesionales, ayudantes obreras, funcionarias públicas, gerentas del sector privado, trabajadoras domésticas, maestras y oficinistas ganan entre 2.2 y 42.7% menos que los hombres, y en promedio en todas las ocupaciones las mujeres reciben un ingreso 7.9% menor que sus pares varones, mostrando los datos que a medida que el nivel de ingreso aumenta el porcentaje de mujeres es menor comparativamente con los hombres; y aunque éstos son datos de nuestro país, hay un panorama similar mundialmente.

Violencia política

Ante las diversas formas de violencia social que particularmente padecen también las mujeres, está la discriminación política; que se encarga de impedir la participación y/o representación equitativa de las mujeres en poderes públicos del Estado (legislativo, ejecutivo y Judicial), desde donde se distribuye el poder para la organización social que refleja en lo general la reproducción de una ideología patriarcal en alianza principalmente con las instituciones religiosas y de derecha; aunque también a través de otras instituciones y organizaciones sociales (partidos políticos sin distinción, sindicatos u otras), que se han obcecado por preservar esta desigualdad de género en el acceso a esos espacios de poderes económicos, políticos y sociales.

Así, vemos que mientras el Padrón electoral lo conforma el 52% de mujeres ciudadanas con credencial para votar y el 48% de hombres, sólo como ejemplo vemos que en el Poder Legislativo y dentro de la Cámara de Diputados en la LXI legislatura (2009-2012) las mujeres representan solo el 25.8% y dentro de las comisiones de esta legislatura están presididas por mujeres solo el 19.6%, situación que se repite en la Cámara del Senado: 21.9% son senadoras y solo el 14.2% de las comisiones del senado están presididas por mujeres.

Un segundo ejemplo es el Poder Judicial, donde vemos que la Suprema Corte de Justicia está integrada por nueve ministros y solo dos Ministras; y como último ejemplo está el IFE, que desde el mes de marzo de 2009 aprobó el “Programa Integral en contra de la discriminación y a favor de la Equidad Laboral y de un Cultura Democrática al interior del IFE”.

Sin embargo, es sumamente preocupante, curioso y ridículo que en su propia representación del Consejo General de 10 integrantes sólo haya una mujer, de los siete consejeros del poder legislativo de este instituto todos son varones y de la integración de los siete representantes de los partidos políticos una es mujer; vaya, como decimos, “así pasa cuando sucede”, y por desgracia sucede en casi toda la distribución social; así, cotidianamente se proclama la igualdad, y en los hechos se sigue reproduciendo más de lo mismo.
 
Entender que la violencia es resultado del desequilibrio de poder entre hombres y mujeres nos ayudaría para echar a andar tareas gigantescas de inmediato; primero: prevenir un entrampamiento hacia la guerra de sexos, que no conduciría a la solución del problema sobre la violencia de género que se vive actualmente. Se trata de solucionar el problema y atacarlo de raíz, es imprescindible se modifiquen los roles y estereotipos de género arraigados.

En el actual informe nacional mexicano sobre violencia de género en la educación básica, elaborado por SEP y UNICEF y publicado también en el diario La Jornada en el mes de abril, revela que 8 de cada 10 alumnos de primaria estiman que el hombre es quien debe aportar el dinero al hogar, mientras que la mujer debe dedicarse a los hijos y el hogar, y 60.3% de los varones y 54.8% de las alumnas que cursan secundaria señalan que es la mujer a quien corresponde “cuidarse para no quedar embarazada”, lo que nos ejemplifica la reproducción de este perjuicio.

Y, segundo, es urgente dejar de ver este fenómeno con la frivolidad social por parte de hombres pero también de mujeres con la que se ve y se trata. El daño es para ambos sexos, si bien es importante contar con más leyes para combatir la violencia de género, esto no basta para poder erradicarla; se requieren programas sociales, culturales y educativos, con una perspectiva de género desde los niveles escolares básicos.

Así como, paralelamente, que se legalicen y promuevan en los medios de comunicación programas que enfaticen la importancia de la democracia desde las familias mexicanas (nucleares, monoparentales, compuestas, etc), por lo que es indispensable cambiar el pensamiento colectivo y particular desde la casa, la escuela, el trabajo y la calle con el llamado urgente hacia la sensibilización para poder concebir lo imprescindible de la igualdad social e intelectual entre mujeres y hombres. Ya que no se podrá alcanzar una verdadera democracia hasta que ambos sexos comprendan que no pueden realizarse plenamente uno sin el otro y se posibiliten los cambios que tanto necesitamos.

· Maestra en Psicología Social y académica de la DGOSE-UNAM.

NOTAS:
 1 El Instituto de Política Familiar (IPF), junto con otras 16 organizaciones de todo el mundo, presentaron un informe ante las Naciones Unidas. Informe de la 51ª Sesión de la Comisión sobre la situación de la Mujer celebrada en Nueva York, en marzo de 2007. Nota: el informe completo se puede consultar en www.ipfe.org
2 Mutilación genital femenina. Organización Mundial de la Salud. 61ª Asamblea Mundial de la Salud. 20 de marzo de 2008.
3 Resumen de la definición de trata de personas que contiene el Protocolo de Palermo (Italia), para prevenir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacional.
4 Esta información se basa en el documento titulado "Examen y evaluación de la aplicación de la Plataforma de Acción de Beijing: informe del Secretario General" de la ONU (E/CN.6/2000/PC/2).
5 La Jornada 25 de Abril de 2010. Ocurre en México una violación cada cuatro minutos, dice la Ssa. Sec. Sociedad y Justicia, p. 35.
6 Concepto acuñado por Pierre Bourdieu que explica el ejercicio del poder, explotación y dominación en diversos ámbitos sociales, principalmente en la cultura, educación y en las relaciones de género ejerciéndose en las y los individuos con una persuasión sutil y con su propia complicidad para imponer una visión legitimizada del orden social.
7Informe Nacional sobre Violencia de Género en la Educación Básica. Investigación realizada por la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) llevada a cabo en de 2007 a 2008, en 396 escuelas públicas primarias de 4to a 6to grados y los tres grados de secundaria, rurales y urbanas, recopilando información de 26,319 estudiantes de estos grados.
8La ENVINOV surge de la inquietud de tocar la violencia en el noviazgo que no se abordó de manera particular en la Encuesta Nacional de la Juventud en el 2005, en la cual junto con otras evidencias se percibía el grave problema de violencia que se estaba presentando en los y las jóvenes, por lo que el IMJ solicito al INEGI el levantamiento de esta encuesta en el último trimestre de 2007 en 18 mil hogares a nivel nacional rural/urbano, seleccionando a jóvenes de 15 a 24 años que estaban solteros y que durante el 2007 tuvieron relaciones de noviazgo (siete millones 278 mil 236 ).
9 Información obtenida de la entrevista a la Antropóloga Marcela Lagarde y de los Ríos realizada en Bilbao (mayo 2010), en su participación en el Foro de la Igualdad.

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