Número 18                                         Época IV                              Junio 2010


FORO HISTÓRICO


 CENTENARIO/ Revolución

MEMORIAS DE RICARDO TREVIÑO VALUSTRI1
(Militante de la Casa del Obrero Mundial
y primer Secretario General de la CROM)

Nací en el Municipio de Apodaca, en Nuevo León, el 15 de septiembre de 1893. Mi padre se llamaba Román Treviño y mi madre Refugio Valustri de Treviño. Estudié hasta el sexto año, que era lo que en esa época del porfirismo podía hacer una gente pobre, porque todos esos estudios, hasta de la primaria, no eran gratuitos, eran ya pagados; por cierto, era una escuela de carácter religioso dirigida por sacerdotes jesuitas.

El tipo de trabajo que desempeñé en mis primeros años fue en lo que allá le llaman "cuererías"', es decir tenerías, donde curten y trabajan las pieles; trabajaba yo esos dos meses con sueldo de 25 centavos y con horario de las 6 de la mañana a las 6 de la tarde. Ese tipo de trabajo lo había impuesto mi padre, porque con lo que yo ganaba en esa temporada me compraba ropa. Mi padre era zapatero; él me hacía los zapatos. Podía yo concurrir modestamente pero bien arregladito a la escuela religiosa, que era particular; la pagaba una parienta rica de mi mamá.

Por mi propia experiencia, las condiciones de los trabajadores en aquella época pues era un trabajo bastante rudo; no era tan cansado, porque era manejar pieles, pero para niños de diez o doce años sí lo era. Los hombres tenían que manejar pieles de res, de caballo, y era no solamente pesado, sino que la vigilancia del capataz no dejaba descansar, pues tenía que pedírsele permiso hasta para ir a hacer una necesidad y le tomaban el tiempo.

Era un trabajo no solamente rudo, sino humillante; se sentía uno humillado, pues dependía de la manera como el capataz podía hacer trabajar a las gentes por su posición con los empresarios. Los propietarios tenían el concepto de que los que trabajaban eran esclavos. No lo aceptaban, pero lo hacían igual; yo me imagino que así deben haber trabajado los esclavos en el período de la esclavitud en el mundo. Ya más no se podía hacer. Había muy pocas fábricas.

Después de que salí de la escuela, trabajé unos meses en una fábrica de mosaicos; ahí era igual, el mismo procedimiento: 12 horas de trabajo, con 15 ó 20 minutos para tomar un bocado; ahí, en la cuerería donde yo trabajaba, me llevaba mi hermanita Lupe un almuerzo como a las 12 del día, un jarrito de café con leche, unas tortillas y eso. La situación era dura; un estado de esclavitud.

Mi papá era de origen campesino, siempre trabajó en la agricultura; mi mamá, ella estuvo viviendo en su niñez con familias más o menos acomodadas. Se casaron pero como mi mamá era citadina, pues se negaba a ir al rancho; fue de recién casados, estuvieron una temporada, pero no se habituaba a esa vida y al trabajo de tener que moler el nixtamal, hacer las tortillas y todo eso.

Entonces mi padre se vino a la ciudad de Monterrey. El era de oficio zapatero y se puso a trabajar en la zapatería, en su taller; había entonces la forma artesanal de la fabricación de calzado; era muy trabajador mi padre, muy inteligente. Pudo conseguir algún dinero, pudo vender una buena cosecha; fue de las primeras gentes que hicieron los híbridos en la agricultura, con la calabaza, con la sandía; hacía las cosas híbridas, sin semilla; decía: "Mira, la cosa es muy sencilla", cortaba donde estaba la guía, la hacía enraizar adelante, la cortaba del tronco, y todas las que se daban allá no tenían semilla; una cosa que él cree que descubrió, pero debe haber sido antiquísimo.

Así que él era zapatero; trabajaba ahí en Monterrey. Siempre trabajó con su taller propio; observaba aquella vieja expresión de las gentes que eran más o menos independientes: "Nunca trabajes donde te llamen con campana". La campana era en las haciendas la manera de llamar, y decía: "Nunca trabajes donde te llamen con campana". Era el espíritu de rebelión. Entonces mi papá en lugar de trabajar en un taller grande y como asalariado, puso su tallercito, y ahí trabajaba sus zapatos, haciendo remiendos, y ahí se fue la cosa.

Crecimos nosotros y nos fuimos a la escuela, porque mi mamá no aceptaba que fuéramos nosotros campesinos, sino que fuéramos a la escuela de la ciudad, y afortunadamente como ella estaba muy relacionada con gente acomodada -hasta ricos, con quienes ella vivió sin ser de aquella familia-, a mí me metieron a una escuela religiosa; tenía que ser, porque mi madrina era muy religiosa y ella tenía que proteger a un niño. La escuela religiosa, que manejaban jesuitas, se llamaba Escuela del Sagrado Corazón de Jesús, allá en Monterrey.

Mi padre era de esa región del norte, del noreste del estado de Nuevo León, la misma región donde nací yo; se llamaba San Miguel, ahí nació. Sólo que una temporada que no tenían patrón que les diera tierras a medias a la familia, se pusieron a criar cabras; luego iban a la ciudad. Andaba él repartiendo la leche, llevando la leche a la casa donde conoció a mi mamá, y ahí se quedó.

Mi mamá era de Monterrey. Pero mi papá, siendo agricultor, después se fue a la ciudad y se volvió zapatero porque se casó con mi mamá. Mi papá vivía con la familia, su padre y un montón de hermanas rancheras. Se casaron ellos, se metieron en una carreta, se llevó mi mamá a mi abuelita y se fueron al rancho. Mi papá ya había construido el jacal, así que ella fue a trabajar de agricultora. A mi papá le dio el amo un pedazo de terreno; se puso a sembrar hortalizas y frutales, y vivían en la misma casa, pero mi mamá no aguantaba la cosa de estar ahí.

Sus cuñadas eran rancheras que se podían hincar frente al metate y romper el maíz, hacer las tortillas, pero ella no, porque era una muchacha de la ciudad que no estaba acostumbrada a eso. Entonces convenció a mi papá y se vinieron a la ciudad de Monterrey, y se puso a trabajar de zapatero; puso su tallercito.

Afortunadamente era inteligente, era bueno como zapatero, y como trabajaban en esa época, la época artesanal, las tiendas dé zapatería le encargaban: “Hágame una docena de éstos, hágame media docena de estos otros", y le llevaban material a su taller artesanal para trabajar y entregar cada semana, y recibía el dinero, y le daban crédito con materiales. Era el sistema artesanal sobreviviente, pero manejado o financiado por los que acaparaban la producción de esos artesanos para comerciarla.

Después yo salí de la escuela. Trabajamos en la fundidora de Monterrey, mi hermano también, ya cuando se vino el movimiento, en 1907, que empezaron a invadir el norte los grupos magonistas, empezó a agitarse mucho. En 1906-1907 ya había mucha inconformidad, muchas manifestaciones. Yo recuerdo que los 15 de septiembre íbamos a la plaza a oír el "grito", y ahí la muchedumbre se ponía a gritar contra el gobierno, contra la dictadura, y llegaba la caballería y los disolvía a machetazos, con lo plano del machete.

Ya había mucha intranquilidad y las casas con quienes mi papá trabajaba como zapatero mermaban mucho; en el campo no había manera de trabajar. Mi papá se negaba a seguir siendo mediero, entonces nos fuimos a Laredo. Antes hicimos una escala en Lampazos y una temporada trabajamos ahí; mi papá trabajó con su taller y yo trabajé de ebanista.

Como ya había trabajado en una fábrica de muebles en Monterrey, "La Malinche" -creo que todavía está- fui a trabajar de carpintero en un taller y mi hermano fue a trabajar con unas gentes que tenían siembras y eso. Mi hermano el menor estaba en la escuela. De ahí nos fuimos a Laredo; a donde llegamos como en 1909, porque ya ni en Lampazos se podía trabajar. Era una situación de que los ricos empezaban a agarrar su dinero y a ponerlo a salvo, y los que tenían fabriquitas ya no ocupaban a nadie porque todo el mundo sabía que venía la revolución.

Estando en Laredo, trabajaba yo en la construcción de un puente de ferrocarril, el puente internacional sobre el Río Bravo; pero después se acabó el ferrocarril, se abarrotó de refugiados Laredo y ya no había nada en qué trabajar. Nos fuimos a San Antonio, pasamos una temporada en un rancho, trabajando con unos señores (la familia Rure), que estaban haciendo un rancho ahí, en el pueblo de Hondo City, y contrataron a .mi papá para que fuera a trabajar.

Ahí me di cuenta cómo el rancho se estaba formando con reses, novillos y vacas pasadas por el río Bravo y vendidas por los propietarios o abigeos que las arriaban y se las llevaban. Nosotros trabajamos ahí desenraizando. Desenraizar es tomar un árbol, abrirlo, cortarle la raíz, cortarlo y hacer leña; ahí trabajamos una temporada y ganamos algún dinero. Pero a mi mamá no le gustaba vivir en los ranchos; ella quería siempre la ciudad. Nos fuimos a San Antonio.

Ya desde Laredo me había conectado con los grupos magonistas. Volviendo a nuestra vida en Laredo, Texas, como es costumbre entre los obreros, un sábado fui a la peluquería y mientras esperaba turno, tomé un periódico y su nombre me impresionó: Regeneración.

Empecé a leerlo y su lectura me apasionó; lo guardé para leerlo en mi casa. La lectura de aquel ejemplar de Regeneración, el periódico editado por los hermanos Flores Magón fue el principio de una pasión ideológica: el ideal anarquista. Escribí a las oficinas de Regeneración pidiendo una suscripción y ofreciendo mi colaboración en la lucha; me mandaron algunos folletos y un paquete de periódicos para su distribución entre quienes se interesaran en la propaganda.

Mi propósito era formar un grupo de propaganda con los adeptos y además el estudio y comentario del ideal. Desafortunadamente mis planes se frustraron en esa ocasión, porque las obras del puente se terminaron y con ellos ni ocupación. Formaba yo parte de uno de los grupos en 1909. Después ya en San Antonio me conecté con otro grupo anarquista que había ahí.

Visitaba la plaza del Zacate para disfrutar del espectáculo y divertirme con los ricos refugiados mexicanos que ocurrían ocultándose, como avergonzados, a comprar comida mexicana que llevaban a sus domicilios, pues consideraban indigno sentarse a la mesa de la pobre fonda para comerlos. En una de estas visitas, un domingo por la mañana, me acerqué por curiosidad y escuchaba la prédica de un fogoso orador; pensé que era un predicador religioso, como era frecuente en ese lugar, pero me sorprendí cuando escuché que el orador aquel hablaba del ideal anarquista. Cuando terminó la reunión me acerqué al grupo y me identifiqué. José Ángel Hernández, me dijo el que estaba hablando, y me citaron para una junta de su grupo aquella misma noche; al fin pertenecía a un grupo anarquista.2

Se llamaban grupos magonistas, pero eran grupos anarquistas. Los Flores Magón tenían esos dos aspectos, ellos eran fundamentalmente anarquistas de doctrina, no de acción, de andar poniendo bombas y esas cosas, sino ideológicos. Me identifiqué con ellos en San Antonio e ingresé a ese grupo anarquista, dirigido por los Flores Magón

El otro aspecto del magonismo, por llamarlo así, es la acción política de acuerdo con el manifiesto del Partido Liberal Mexicano, que seguramente ustedes ya conocen. Para las gentes que no lo encuentren, lo publicaron en un tomo que hizo la editorial de la Universidad o el Fondo de Cultura, Historia de la Revolución en 4 tomos;3 uno de ellos está dedicado exclusivamente a literatura, en otro, está él manifiesto del Partido Liberal Mexicano, que es el del aspecto político.

Los Flores Magón fueron los primeros aquí en México que después llamamos anarcosindicalistas; es decir, ellos querían hacer la revolución. Los llamaron filibusteros, enemigos del país, porque era natural que los llamara así el porfirismo, pero ellos formaron un grupo en los Estados Unidos, del cual yo no formé parte porque lo formaron en California y esos lugares. No era un grupo muy numeroso; primero, al frente con un grupo iba Praxedis Guerrero, se metieron en 1910 en “Las Vacas", ahí lo mataron.4

Praxedis Guerrero era un gran idealista, un gran luchador, muy valiente y también muy emotivo; es el autor de aquella frase que se hizo muy generalizada, que él proclamaba siempre: "Es preferible morir de pie, que vivir de rodillas ", y otra frase, que no sé si él la creó, pero por lo menos él la refería muy frecuentemente: "Vivir para el ideal, y no de él". Eran gentemuy emotiva.

Ese grupo se metió a Baja California y lo abatieron sobre la acusación de que eran filibusteros. Desafortunadamente para la propaganda, para la divulgación entre el grupo de magonistas venían tres o cuatro americanos, pero anarquistas; como ustedes saben, el movimiento anarquista en los Estados Unidos se inició mucho antes; especialmente con los italianos venidos de Europa y que fueron los promotores de la organización obrera, fueron los luchadores que provocaron la tragedia del 1º de mayo en Chicago.

Todos eran anarquistas, por eso cuando las autoridades les propusieron conmutar la pena de muerte si ellos rectificaban, todos prefirieron ser ahorcados. Desde entonces hubo en los Estados Unidos anarquistas, con los magonistas andaban algunos americanos; americanos porque eran de los Estados Unidos, pero muchos de ellos no lo eran por nacimiento; los Estados Unidos se formaron con una mezcla de razas. De esos elementos anarquistas se afiliaron algunos al grupo de los Flores Magón que se levantaron en armas en la Baja California.

Ricardo Treviño, Frente al ideal. Mis memorias, México, Ed. Casa del Obrero Mundial, 1974.
2 Idem.
3 Manuel González Ramírez, Manifiestos políticos (1892-1912), FCE, México, 1951. (Col. Fuentes para la historia de la Revolución Mexicana.)
4 Praxedis Guerrero murió en la batalla de Janos, Chihuahua, el 30 de diciembre de 1910.