Número 19                                         Época IV                              Octubre 2010


EL ESTADO LAICO

Somos mexicanos, somos guadalupanos,
guerra a muerte a Luzbel sin cuartel
.

Himno guadalupano

Javier Cervantes Rodríguez*

¿Dónde comienza y termina el Estado laico? Es una pregunta que no debiera ser difícil de responder. Si entendemos el laicismo como la doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y especialmente la del Estado, de toda influencia religiosa, su significado es claro. Sin embargo, las iglesias (ahora en plural) y particularmente la católica, han adoptado desde hace años un actitud militante para, en un vano intento, intentar regresar por “religión y fueros”, que fue la divisa con la que se atacó el proceso modernizador de la Nación mexicana y que conocemos como las Leyes de Reforma, que jugaron un importante papel en la consolidación de la Nación Mexicana.

En nuestro país, con la conquista, la religión católica fue prácticamente la única. Así, en 1810, Miguel Hidalgo y Costilla, en Dolores, lanza vivas a Fernando VII, a México, a la Virgen de Guadalupe y a la religión católica; Morelos, en los Sentimientos de la Nación, establece en primerísimo lugar que la religión católica será la del México independiente, y declara, además, que no será tolerada ninguna otra. En 1848, al perder México la guerra con Estados Unidos con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, se legaliza el despojo de más de dos millones de kilómetros cuadrados de su territorio, pero se establece la obligación para los gringos de respetar a la Iglesia Católica, así como sus propiedades.

La iglesia católica, acostumbrada como estaba a acaparar bienes, tanto terrenales como celestiales, buscó mantener sus privilegios. Organizó un movimiento armado llamado de los polkos (jóvenes católicos recalcitrantes, que gustaban de bailar la polka, de moda en esos años), en contra de estas Leyes, que sin duda podría ser el antecedente de la llamada la “revolución” cristera.

Ambos movimientos, sumamente violentos, buscaron mantener los privilegios de la religión católica. No debemos olvidar que la jerarquía católica y sus seguidores siempre se han opuesto al avance de la historia, para mantenerse como la religión oficial, es decir, de Estado.

El avance de las ideas liberales contiene algunos elementos que, a pesar del tiempo transcurrido, continúan vigentes; estos postulados tuvieron una influencia determinante en la construcción y defensa del Estado laico; la lectura de los enciclopedistas, la influencia de la revolución y de los liberales franceses, la necesidad de la educación libre, la masonería y el anticlericalismo complementado con el desvarío conceptual de los conservadores y la defensa del clero y las clases altas.1

Las logias masónicas y la propagación de las ideas basadas en la libertad individual plantan en el seno de la sociedad mexicana sus ideales y programas: la libertad, la independencia del Estado de cualquier iglesia y la igualdad civil de todos los ciudadanos al margen de sus creencias religiosas, son algunas de estas ideas en la lucha por el Estado laico.

En ese momento histórico resulta interesante un dato: en Europa, los masones discuten apasionada y públicamente el tema, e incluso a nombre de la libertad de conciencia se llega a plantear la desaparición del término “Gran Arquitecto Del Universo”, que se considera un resabio del pasado. Finalmente, el deísmo se impone en las logias europeas y –nos dice Monsivaís- en nuestro país no ocurre lo mismo, ya que la norma era creer en la inmortalidad del alma, el amor al prójimo y un dios personal, lo que ayudará enormemente, en la secularización de la sociedad.2

En México, para la derecha la unidad de la religión es la unidad de la nación; ambos conceptos indisolubles, que han impelido a las derechas a oponerse a cualquier avance en el terreno científico, político y cultural. Esta oposición se manifestó con las hogueras, primero, el fusilamiento y la excomunión, después, como en el caso de don Miguel Hidalgo y Costilla. Como parte de esta oposición, el papa Pío Nono, de manera más que cómoda pero iracunda, lanza una bula de excomunión que abarca a liberales, masones, comunistas y otros grupos, a todos ellos, agrega el beatifico texto, se aplicará por igual a los que hayan sido, sean o llegaren a serlo en el futuro.

El Estado laico está perfectamente definido por las luchas del pueblo mexicano, que defendió la aplicación de las Leyes de Reforma con las armas en la mano, que practicó el anticlericalismo como respuesta y no por defender “el Estado de derecho”. La tradición de separar las cosas del mundo de las cosas de la religión se debe a los esfuerzos de los masones y liberales, que se ha traducido en que se recurra con naturalidad a los matrimonios civiles prescindiendo (en muchos casos) del religioso; las inhumaciones en panteones civiles, haciendo a un lado la tierra “santa”; en el terreno cultural, la asistencia a las escuelas públicas desde la educación básica hasta la universidad; también en la música, la pintura, la escultura, es decir, las bellas artes.

Las batallas en defensa del Estado laico son, sin duda, luchas ideológicas, entre los que buscan el avance y los necios que no ven otra que el retroceso. Con las victorias culturales obtenidas por los liberales se ha buscado el conservar y respetar la separación de la iglesia y del Estado, es decir, la secularización de la sociedad.

Liberales y conservadores han recurrido a las leyes para legitimar las ideas; los primeros con el proceso legislativo que tiene como resultado las leyes de Reforma. Las derechas, por su parte, lo han intentado, y en ocasiones lo han conseguido, recordemos, por ejemplo, que en el sexenio de Carlos Salinas se reforma el artículo 130 constitucional. Esta reforma le permite a la iglesia participar en el baile junto al Estado, en la misma pista, pero no bailar entre ellos.3

Como consecuencia, se reconoce personalidad jurídica a las iglesias, se establecen relaciones diplomáticas con el llamado Estado Vaticano y se acepta a Girolamo Prigione como el nuncio o embajador del llamado Estado Vaticano. La intromisión en asuntos internos de la política mexicana en diversas cuestiones fue constante, con el consentimiento tácito, o cuando menos con una actitud omisa por parte del Estado mexicano.

Pero no sólo eso; en 1999, Felipe Calderón, entonces líder del PAN, señaló: “Confío en que los reclamos emitidos por el papa de manera pública o privada sean atendidos por el gobierno, particularmente para lograr el cese a la hostilidad en contra de los creyentes católicos de Chiapas, y también para avanzar en mayores espacios de educación religiosa, que siguen haciendo falta en México.” Al licenciado Calderón no le importó que no existieran constancias públicas de tales pronunciamientos del papa ni de la hostilidad que menciona.

En el año 2000, bien vale recordar que uno de los primeros actos del recién electo presidente Vicente Fox fue retirar un retrato de Benito Juárez de la residencia oficial de Los Pinos.

Recientemente, un senador de “izquierda”, por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y ex militante del Partido Comunista Mexicano, declaró que se debería permitir a los ministros de culto ser candidatos a ocupar puestos de elección popular, ya que sería un avance y una posición democrática, ¡que tal!, bien democrático nos resultó Pablo Gómez Álvarez.

Hace poco tiempo se debatió en la Cámara de Diputados una nueva reforma al artículo 130, no para revertir la reforma salinista sino para agregar el término Estado laico al texto constitucional. Esto produjo grandes debates; finalmente, por mayoría se aprueba la adición, con los votos en contra de los diputados de las derechas, es decir, del Partido Acción Nacional y sus aliados.

Los integrantes del STUNAM, junto a todos los ciudadanos progresistas, debemos acabar con el fanatismo que es sinónimo de ignorancia. Para ello se requiere la vigencia del Estado laico, que garantice la libertad del individuo para creer o no creer en una religión determinada, es decir, utilizar el libre albedrío que es lo que nos diferencia de los seres no racionales. Hay que obligar a la iglesia a que cese su intromisión en la vida política del país.

La vigencia del Estado laico garantiza luchar contra la hipocresía de las iglesias y los ministros de culto, que en ocasiones con bellas formas (como la Teología de la Liberación, que dicho sea de paso fue atacada desde la misma iglesia y funcionarios del Estado), pretenden influir en las decisiones de los órganos del Estado.

Con declaraciones y movilizaciones (no tan numerosas) en contra de la despenalización del aborto en D.F., para ser tratado como una cuestión social, pero sobre todo como el ejercicio de uno de los derechos más preciados: la libertad. La libertad de las mujeres para decidir sobre su cuerpo, la oposición pública a las decisiones adoptadas recientemente por la Asamblea de Legislativa del Distrito Federal, que reconocen derechos individuales negados por décadas a las minorías.

La defensa del Estado laico pasa por la defensa de los Derechos Humanos, que en apariencia mucho importan a la jerarquía de la iglesia; sin embargo, el asesinato sistemático de mujeres, como en Ciudad Juárez, de integrantes de grupos originarios, de minorías sexuales y de otros sectores marginales, solo ha merecido, en el mejor de los casos, alguna manifestación de condena por parte de ésta.

La defensa del Estado laico debe formar parte integrante del programa de lucha del movimiento sindical en general y de nuestro STUNAM, en particular, y juntos debemos poner un fuerte dique, compuesto por los sindicalistas, liberales, hombres y mujeres progresistas, para acabar con la ambición de los hombres y mujeres, que en nombre de dios, sea éste cual fuere, quisieran regresar la rueda de la historia y volver por los fueros perdidos.

No podemos olvidar que, ya hace muchos años, don Pablo Benito Juárez García señalo que: “sean malditos los que de palabra dicen defender al pueblo, pero lo traicionan con sus actos”.

La derecha ha sido derrotada en todas sus batallas culturales. Sin embargo, insisten en esta lucha contra el Estado laico y la laicidad. La defensa del Estado laico es una tarea pendiente, y con la participación del pueblo mexicano todo, las derechas estarán condenadas, como lo están, históricamente a la derrota.

*Adjunto de la Secretaría de Conflictos Administrativos.

REFERENCIAS
 Monsiváis, Carlos. “El Estado Laico y sus malquerientes”, México, UNAM, p. 59
2 Para ampliar esta información consúltese a Monsiváis, Op. Cit.
3 Ibidem, p. 186