Número 19                                         Época IV                              Octubre 2010


LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN MÉXICO,
EN EL CONTEXTO DEL NEOLIBERALISMO

La universidad pública en países como Alemania, Canadá y México se ha podido defender manteniendo los niveles de excelencia que las protege del medio hostil, pero la privatización está presente en muchos de sus servicios y actividades debido a la reducción del subsidio gubernamental y su política de racionalización del presupuesto.

Juan Sánchez

Introducción

La educación pública en México fue producto de las conquistas sociales de la Revolución Mexicana, y del proyecto de Educación Socialista que implementó el gobierno de Lázaro Cárdenas. Este modelo de educación tiene similitud con el Modelo Educativo Francés Napoleónico; nos referimos al aspecto en que el Estado es el proveedor de recursos para la educación básica, media, media superior y superior, y de ahí su carácter público y gratuito. Por lo que el gobierno determina en gran medida los objetivos y requisitos de ingreso de la educación básica.

Con respecto a la educación superior (ES), ésta tiene un carácter autónomo pero el Estado la asume como un elemento crucial en el funcionamiento de la sociedad, proveyendo a ésta de fuerza laboral técnicamente capacitada y de los cuadros profesionales que va requiriendo la sociedad, además de los beneficios globales que obtiene la sociedad; ello justifica el financiamiento gubernamental, por lo que el Estado tiene que asumir su obligación de otorgarlo a la educación superior.

Desde los años sesenta y setenta del siglo pasado, la visión gubernamental sobre la educación fue la de crear un Sistema de Educación Superior (SES) que permitiera ampliar el ingreso a la educación superior a estratos de población que anteriormente no habían tenido acceso, para lo cual el Estado asume su compromiso de financiamiento.

Esto no implica un control automático del Estado sobre las instituciones de educación superior en México, ya que el artículo 3° Constitucional, fracción VII, les otorga autonomía para autogobernarse y que fijen sus objetivos, metas y requisitos académicos.

Así mismo, la Ley Federal del Trabajo reitera la Autonomía; en su Artículo 353-J faculta a las universidades e instituciones de educación superior para que tengan el control del ingreso, promoción y permanencia del personal académico, y puedan fijar los criterios académicos que consideren pertinentes.

Constitucionalmente, se concibe a la educación como un derecho social de la población. Éste es el contexto jurídico constitucional de México, donde se considera a la educación como un derecho social.

En este contexto, Axel Didriksson reconoce tres periodos de la educación superior en México: el primero abarca de la década de los sesenta hasta 1982, el cual se conoce como el periodo de la “Expansión”; en este etapa, la educación se constituye como instrumento legitimador del Estado, propiciando el aumento sin precedentes del presupuesto hasta llegar a destinar un incremento del presupuesto del 115%, por lo que se masificó la educación superior creándose universidades en todos los estados de la república, a excepción de Baja California Sur y Quintana Roo. También se formaron las CBTA, CBTIS y las escuelas propedéuticas terminales.

El segundo período abarca desde los años de 1982 hasta 1994, cuando se redujeron drásticamente los recursos a la educación y como muestra se observa que, entre los años de 1982 a 1986, desaparecieron 200 grupos de investigadores, acelerándose la “fuga de cerebros” y se limitó la creación de nuevas instituciones de educación superior.

Para la gran mayoría de las universidades públicas del país, la década de los ochenta se caracterizó como un periodo de crisis y de una enorme dificultad para crecer; se llegó a cuestionar su efectividad y falta de vinculación con la sociedad y los sectores de la economía y la desarticulación de sus egresados con el mercado de trabajo laboral. Así, se llegó a considerar a las instituciones de educación superior como las principales responsables de los problemas de desempleo y la disminución de la matrícula.

El tercer periodo inicia de 1990 hasta 2000, en que el gobierno implementa la estrategia de ajuste económico dentro del marco del Tratado de Libre Comercio y el ingreso de México a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. En este periodo, la educación se orientó a procurar la calidad y la excelencia académicas y su adecuación al modelo de desarrollo económico; esta política educativa contrasta con la visión tradicional de que la Educación Superior forma parte de la política social del Estado.

El proceso de privatización de la educación superior y su globalización

La universidad pública en países como Alemania, Canadá y México se ha podido defender manteniendo los niveles de excelencia que las protege del medio hostil, pero la privatización está presente en muchos de sus servicios y actividades debido a la reducción del subsidio gubernamental y su política de racionalización del presupuesto.

Las dificultades por las que atraviesan las universidades públicas son muchas: las crisis económicas, el pago de la deuda pública de sus respectivos países, cuando la mayor parte del producto interno bruto se destina en gran parte al pago de la deuda externa; la creciente transferencia de los excedentes a los países del centro y a las corporaciones multinacionales, que son en realidad las que mantienen a las universidades en ruinas.

El modelo neoliberal, lejos de detener la crisis fiscal del Estado, la acentúa cada vez más; el empobrecimiento de todas las instituciones gubernamentales es evidente, pero en especial la seguridad social y la educación.

En países como México, los gobiernos manejan un doble discurso incluso en los documentos oficiales; en 1979, en conferencia regional de las organizaciones de la UNESCO, UNICEF, PNUD, o en el evento presidido por el Banco Mundial y el ex presidente W. Clinton, en 1994 en Miami, se aprobó: “El Plan de Acceso a la Educación”, que incluía el nivel universitario; este plan fue ratificado en el país de Chile en 1998, cuando se fijó el año 2010 como horizonte, pero al mismo tiempo la OCDE estaba presionando por una política neoliberal para la educación.

Desde 1986, la Asociación Nacional e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) adoptó el proyecto neoliberal y desde entonces se acentuó la crisis y el empobrecimiento de las universidades públicas. Las nuevas élites del gobierno y empresarios continúan con su doble discurso de universidad pública, humanística y democrática.

Un ejemplo de ello es el Diagnóstico y Prospectiva de la Educación en México, publicado en 1991 por la Universidad Metropolitana y la LV Legislatura de la Cámara de Diputados; en la página 207 se sostienen dos objetivos totalmente contradictorios: el ideal de la política democrática y humanística, y la acepción realista hacia la política neoliberal dominante.

Por una parte, expresa textualmente: “del bachillerato al postgrado debe crearse una cultura universitaria alternativa donde la imaginación creativa, la actitud y el rigor de la investigación y la nacionalista vocación democrática y justicia…” Pero varias líneas más abajo sin menor empacho proponen “cobrar colegiaturas en las universidades”, y para aliviar su conciencia proponen impartir becas escolares (boucher educativo).

Se vienen dando desde la década de los 90 la tendencia y la aplicación de diversos instrumentos y mecanismos de desarrollo institucional que ejercen fuertes presiones para internacionalizarse, mediante proyectos específicos que trasciende el intercambio académico con el objetivo de integrarse con el resto de Norteamérica, mediante reuniones internacionales como las llevadas a cabo en Winsgspred, Estados Unidos, en 1992; en Vancouver, Canadá, en 1993, y la realizada en Guadalajara, Jalisco.

En ellas se busca adoptar medidas comunes para la acreditación de programas, certificaciones profesionales, y nuevas tendencias de modelos de universidades. Así como la movilidad de estudiantes, personal académico y administrativo y el papel de las fundaciones para la colaboración en América del Norte, la educación continua con las nuevas tecnologías.

En estas reuniones se han hecho propuestas que consideren las identidades nacionales y que se implementen instrumentos que al mismo tiempo incorporan fórmulas que disminuyen las asimetrías entre los sistemas educativos de los tres países, bajo esquemas de evaluación de la producción científica con calidad y excelencia; todo ello encaminado a la conformación de cuadros profesionales. Así como la vinculación entre empresas y dependencias públicas con los centros de investigación y educación superior.

El nuevo orden económico mundial se basa en una red de bloques de países integrados económicamente como la Comunidad Económica Europea (CEE), el Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos de Norte América, Canadá y México (TLCAN), la Cuenca del Pacifico entre los cuales se encuentra los Tigres Asiáticos (China, Corea, Taiwán) y el MERCOSUR.

Por otra parte, todos ellos se organizan en unidades territoriales de inversión y movilización de trabajo y capital y de relaciones geopolíticas, con un desarrollo sin precedentes de transferencia de tecnologías de información, lo que ha transformado la naturaleza del trabajo y la organización de la producción y repercusión en el ámbito económico y social, como es el aumento de la población económicamente activa en el sector terciario. Se observa que en los países dependientes económicamente, el Estado-Nación ha perdido control de su soberanía política y económica al aceptar que las corporaciones internacionales dicten e impongan las políticas económicas de cada país.

Cabe observar que se está impulsando una cultura laboral basada en los conceptos de productividad, calidad, creatividad y flexibilidad; para tal propósito, se ha planteado la necesidad de una formación de técnicos y profesionales polivalentes y multifuncionales elevando los niveles académicos de los cuadros profesionales.

Actualmente, los países de América Latina pasan por un período de transición, en el cual se destaca el proceso global de reforma del Estado y sus relaciones con la sociedad y la economía, cuya finalidad es la instauración del mercado mundial como principal mecanismo de asignación de recursos entre y dentro de las naciones.

En el interior de esta reorganización geopolítica surge un nuevo modelo de producción de conocimientos. Entramos en un período de sociedad del conocimiento donde éstos constituyen el producto nacional más importante; por ello, el conocimiento adquiere un alto valor agregado comercial nunca antes visto, en que la transferencia del conocimiento y la tecnología representan una variable que impacta provocando cambios en las instituciones de educación superior. Esto ha dado lugar a un proceso en la producción de conocimientos, científicos y de tecnología y una interrelación entre la industria y la investigación científica, en las áreas de ingeniería genética, los cultivos bacteriológicos o las pruebas nucleares, la nanotecnología y microgenia, etcétera.

Tradicionalmente, las universidades públicas se han caracterizado por la producción y difusión de conocimientos científicos y humanísticos, así como la formación de profesionales vinculados al campo disciplinario y a la posibilidad de inserción al mercado laboral. En este sentido, la formación profesional no ha quedado vinculada exclusivamente a un solo sector, porque la orientación de las instituciones de educación superior ha tenido como base el espíritu de servicio.

Ante el contexto de la globalización, la formación profesional adquiere diversos matices hacia la apertura comercial y la competitividad de los mercados; la industria nacional se encuentra ante el imperativo de la modernización tecnológica de los procesos de producción. Por consecuencia, esto se ha traducido en nuevas exigencias de recursos humanos y nuevos perfiles de técnicos y profesionales.

Por otra parte, aunque las universidades son los espacios por excelencia para la investigación, siendo ésta la función prioritaria, la docencia en las escuelas y facultades cumple la función formadora de profesionales. Por lo que las tres funciones sustantivas de las universidades públicas se ven en la necesidad de incrementarlas a cuatro funciones sustantivas que serían: investigación, docencia, extensión de la cultura, así como la transferencia de conocimientos científicos y tecnologías con el sector productivo de la sociedad.

Las instituciones educativas cumplirán un nuevo papel al considerarlas como instancias privilegiadas responsables de la construcción de una nueva cultura impuesta por el nuevo orden social. Por lo tanto, se insiste mucho en los sistemas nacionales de innovación, donde se le da importancia al aprendizaje continuo y a las habilidades de indagación y solución de problemas y manejo de lenguaje lógico, así como el impacto en la concepción y práctica de la función docente y métodos en la enseñanza y aprendizaje.

Con el objetivo de formar cuadros técnicos y profesionales con excelencia, y la producción de conocimiento científico, así como la innovación tecnológica y su transferencia al sector productivo de la sociedad, en el caso de la educación superior estos tres factores implican la creación de nuevas carreras y especialidades, así como la creación de una nueva función sustantiva de las universidades: la transferencia de tecnologías.

Es necesario resaltar que el modelo neoliberal de “educación superior” y de universidad está estrechamente ligado a una política de integración del mercado, acorde al modelo de desarrollo económico, en el cual se pregona la liberación de las fuerzas de mercado y su máxima integración económica, lo que implicó reforma del Estado transformándolo en regulador y reduciendo su participación en la economía.

En el campo de la educación superior, el modelo neoliberal incorporó diversos tipos de criterios entre los cuales cabe mencionar el desplazamiento de la planeación por la evaluación, es decir, el remplazo institucional de los planes, proyectos y programas, por la evaluación y la excelencia; para ser colocados en un ámbito de mercado o competencia que introduce criterios económicos epistémicos y de criterios de valores de competencia y productividad.

En este sentido, presenciamos la creación de un nuevo sistema de acreditación de conocimientos científicos y la creación de una Comisión Nacional de Evaluación, que fije los criterios de excelencia y elaboración de programas de estudios y la elaboración de un plan rector para el desarrollo de la educación superior tecnológica, concertado con los sectores sociales de la producción.

El sector privado aparece en la política gubernamental como un elemento del sistema educativo, sobre todo en el nivel tecnológico de posgrado y la investigación, con un Programa de Enlace Académico y Empresas Incubadoras, y Sistemas Regionales de Ciencia y Tecnología. Este nuevo modelo educativo experimenta una modificación de los fines de la investigación en razón de la contribución y avance del conocimiento; así, más bien se extiende hacia objetivos prácticos y necesidades de las empresas y su vinculación con el sector productivo de la sociedad.

Las universidades están experimentando una transformación hacia un paradigma de política hacia las empresas, las cuales se perfilan como una fuente de financiamientos para las universidades; a través de contratos con las empresas y las instituciones de educación superior que involucran los objetivos de investigación y desarrollo, formación de cuadros técnicos profesionales así como servicios diversos.

El nuevo modelo de universidad y educación superior establece una relación trilateral entre gobierno, el sector privado y las instituciones de educación superior, con el objetivo de lograr un desarrollo económico y social basado en el conocimiento científico y tecnológico; esta relación estaría basada en la búsqueda de financiamiento adicional al presupuesto con que cuenta en la actualidad la educación superior para su operatividad.

El modelo de universidad neoliberal

También conocido como “Universidad Corporativa”, éste es un modelo de educación privada o de negocio de particulares, para el que el Estado tendría un papel meramente de supervisión: este modelo educativo tiene su origen en los sistemas británico y estadounidense, donde el Estado juega un papel secundario y cada institución se autofinancia mediante la vía del mercado, es decir, mediante el pago que realizan los estudiantes por los servicios educativos y las colegiaturas que aportan por su educación. Este modelo de educación resulta ser un negocio de particulares (se concibe a la educación como una mercancía, con la cual se puede hacer un negocio rentable).

Slaugher y Leslie, investigadores de la Universidad de Arizona, le llaman el “capitalismo académico”, entendiéndose éste como el conjunto de actividades que tienden a la capitalización del conocimiento, la investigación y la docencia. Los esfuerzos institucionales por obtener fondos externos o generar recursos extraordinarios para poder cumplir con sus funciones sustantivas, tienden a obtener esos recursos a la manera del mercado, como si fueran empresas lucrativas o parecidas a ellas.

El concepto de capitalismo académico enfoca las actividades universitarias en las aéreas de matemáticas, física, química, biología y la investigación en áreas básicas de las ciencias naturales. La matrícula se programa en función del mercado y en los planes y programas de estudio y de investigación se le destinan estímulos económicos al personal académico.

En Canadá, Estados Unidos y Gran Bretaña, la lucha entre universidad pública y privada es una clásica disputa entre esos dos modelos de universidad. En el caso específico de Inglaterra y los Estados Unidos ganó el modelo privado. En los siglos XVII, XVIII y XIX se impulsó el modelo de universidad privada, pero en la época de Keynes y Roosevelt se impulsó el modelo de universidad pública estatal. Sin embargo, nuevamente en la época de Thatcher y Reagan se desarrolló una vez más la universidad privada.
La lucha por el mercado en las universidades, en la enseñanza, se da en las escuelas privadas de comercio y administración que preparan gerentes y empleados, como la General Motors (GM) que desde 1950 fundó una universidad para formar a su personal. En la actualidad, la GM tiene 53 acres cuadrados en las afueras, de Nueva York y afirman ser la escuela corporativa más grande del mundo.

La mayoría de las universidades corporativas no son más que universidades de institución y no de enseñanza, adiestramiento y diseminación: las propias empresas están creando sus universidades, debido a la competencia comercial.

En la década de los 90, en los Estados Unidos cerraron más de cien colegios universitarios y se cuadruplicaron los colegios y universidades corporativas de 400 a 1,600. Algunas de estas universidades han adquirido un prestigio que las coloca por encima de otras universidades; la Carnegie Mellon es un ejemplo de universidad de excelencia, su maestría en ciencias electrónicas para el mercado es considerada inmejorable. Otro ejemplo es la compañía llamada “Data Corporatión”; informa que 710 mil estudiantes se matricularon en los cursos a distancia en 1998.

Las universidades corporativas superan en número a las universidades de Cambridge y Columba; existe un proyecto conjunto entre el Museo de Historia Natural y la Biblioteca Pública de Nueva York, y se está creando la Biblioteca Global en Internet; la dirección electrónica es: falthom.com; en internet ya se pueden encontrar más de cien mil cursos.

La Biblioteca Universal Web va ser la mejor en materia de biblioteca de universidades en redes. Algunos servicios se vuelven gratuitos en medio de la mercantilización universal, pero también la computación es un medio de difusión de la cultura y se extiende cada vez más; la sobreproducción de información en internet provoca el abaratamiento de muchos de los servicios que no se pueden cobrar por no ser rentables o por un proceso de expropiación multitudinario de los usuarios de internet que podría calificarse de piratería.

Secretaría de Trabajo y Conflictos Académicos

BIBLIOGRAFIA
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David René Ferry G, “La competencia Laboral para la Enseñanza en Programas de Formación Desarrollo”.
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Leonel Corona Treviño, “Universidad e Innovación, Una Vinculación Necesidad”
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Pablo González Casanova, “La Nueva Universidad”, artículo de la revista La Universidad a debate, 20021.