Número 19                                         Época IV                              Octubre 2010


EL SEXO PREHISPÁNICO

Pecar como Dios Manda
Eugenio Aguirre
Ed. Planeta Mexicana
Primera Edición Junio 2010
México, D.F., p.p. 309

Claudia González Luna

En el México prehispánico, para mayas, zapotecas, mixtecas y nahuas, el sexo era muy importante. ¡Tanto como sus dioses, se entregaban, gozaban y vivían intensamente, sin problemas de que estaba bien o mal, sólo lo hacían!

Con el paso de los años nos hemos dejado llevar por tantos tabúes, prejuicios y tanta mojigatería; si el hombre y la mujer somos seres divinos, ¿por qué el exceso de pudor, por qué tapar algo tan bello como nuestros genitales (llámese vagina para la mujer, como pene para el hombre)? Hasta decirlo por su nombre nos cuesta trabajo y, lo peor, nos da pena. Siendo éstos un templo del placer, como decían nuestras abuelas, ¡tápate tus miserias! Pensar que de la cintura para abajo era ver lo sucio, el pecado que hasta nuestros días existe.

Si ya los nahuas desde entonces utilizaban la expresión: ¡vamos a echarnos un palito! Que hoy en día es una invitación al coito. Llamaban al acto sexual tlazolli, que significa erotismo, tierra y destrucción, pero también desgastado, podrido, corrupto, desecho, basura y suciedad.

Tenían a sus dioses, como lo era la diosa de la carnalidad, fertilidad y lujuria llamada Tlazoltéotl.

Se llamaba devoradora de inmundicias,
 porque ante su rostro se decían
 las acciones de la carne.

En cara se decían, se enderezaban
todas las obras del placer,
por muy espantosas que fueran,
por muy depravadas,
nada se escondía por vergüenza.1

Los nahuas aplicaban todos sus sentidos en sus relaciones sexuales; no descuidaban órganos tales como los labios, la lengua, la voz y los dedos de las manos, que los auxiliaban para alcanzar la plenitud del orgasmo (¿qué rico, no lo creen así?).
También eran testigos de la poligamia y la potencia sexual de algunos de sus monarcas, como es el caso de Moctezuma Xocoyotzin, al que se le conocía como un semental consumado. Algunos cronistas, como Francisco Hernández, en su libro Antigüedades de la nueva España, calcularon que llegó a tener alrededor de dos mil concubinas.2

Las concubinas, que a veces eran más poderosas en el destino de los hombres y lo pueblos, y no se diga en los lechos sobre los que se pecaba con singular alegría,

Ya entonces se recurría a un “vibrador” azteca, que era conocido como la “flor adulterina” o Tetlamincaxóchitl; se le llamaba así por su forma fálica, y era utilizado por muchas mujeres que por falta de varón les producía un placer sexual fabuloso.

También, la ingestión del peyote-peyote, llamado “hongo divino”, era utilizado como narcótico, alteraba el estado de conciencia y, lo más grave, era que con cierta frecuencia en ese estado alucinante y alterado no controlaban sus impulsos y cometían adulterio y estos delitos eran castigados con pena de muerte.

La prostitución, divino pecado, las putas se concentraban alrededor de los mercados, calles aledañas, baños públicos y algunos temazcalli. Ofrecían sus servicios de una manera más o menos ordenada, aunque su presencia no era para nada apreciada, ya existían la “zonas rojas”.

Ya desde entonces había desviaciones sexuales; entre los nahuas se distinguían dos clases de homosexuales: puto que padece-pasivo o muerde almohadas y puto que lo hace a otro-activo o sopla nucas (con todo el respeto que me merecen).

Los tlaxcaltecas, en cambio eran más tolerantes que el resto de los nahuas; ellos no castigaban a los homosexuales, sólo les atribuían la calidad de tetzauhtin, como a la adúltera y al adulterino, huían de ellos.

Sabemos que también existía el lesbianismo, el vouyerismo, los nahuas observaban los cuerpos desnudos esto derivaba en frecuentes masturbaciones y se consideraba pecado contra natura,

La masturbación era muy socorrida y también era manipulado por terceras manos.

 Ven a sacar mi masa, tú rey Axayacatito,
 Deja que yo te manipule…

Dale placer y levanta al gusano nuestro,
¡una vuelta y otra vuelta!3

El incesto era considerado nefando y repudiado, la pedofilia no se menciona como un pecado o crimen; es sabido que los otomíes estimulaban a sus niños para que se conocieran carnalmente lo más posible.

La desnudez, en algunos pueblos la ostentaban sin el menor tapujo, como los tarascos y los huaxtecos, pero escandalizaba a los mexicas del centro que acostumbraban a cubrir sus genitales con taparrabos; las tribus que habitaban las costas del Pacífico, andaban enteramente encuerados.

En una sociedad machista y misógina como hasta ahora, el pene era un pilar fundamental para sostener sus estructuras sociales y religiosas y proliferan los rituales fálicos.

Como nos dice Aguirre los antiguos nahuas tenían un conocimiento profundo, cabal, plural y diversificado de la sexualidad, y su universo erótico fue de una riqueza lúcida e inagotable.4

Las mujeres mayas, destacaban por su belleza y eran muy cuidadosas en su apariencia. La castidad era un valor muy apreciado, algunas mujeres tenían un sentido tan elevado de la castidad que eran capaces de defender su honra hasta la temeridad y el sacrificio.

La seducción, en alguna forma, esa hermana perversa del deseo. Los mayas, tanto varones como hembras, no pudieron escapar a su influjo; los mayas no exteriorizaban sus ternuras, sólo en la intimidad, pero una vez desatada la pasión y la lujuria recurrían a expresiones líricas para atraer la atención de su amada.

Las mujeres mayas tenían un sentido goloso de las relaciones sexuales, lo que las españolas no tenían.

Los mixtecas y zapotecas, en la alianza de estas dos culturas el matrimonio quedó instituido como un contrato entre grupos y familias; le hacían ofrendas a las deidades zapotecas, Pixee Pecale, “Dios del Amor”, y Pitao Xicala, “Deidad del Amor”. Cuando terminaba el ritual, la mujer se desnudaba y se tendía con las piernas entreabiertas sobre la estera nupcial, el hombre entonces, colocaba una pequeña porción de chocolate entre los labios de la vulva y procedía a lamerla con la lengua hasta que éste se derretía, con la finalidad de endulzar el camino del placer, la penetración era suave, tierna y sujeta a un previo aprendizaje, ¡imaginemos que gozo para cada uno, que sensación!

Pero, claro, como todo tiene un principio y un fin, llegaron los conquistadores, supuestamente para educarnos y enseñarnos las buenas costumbres, y lo primero que hicieron fue trastornar y destrozar nuestras costumbres y tradiciones de miles de años; a los indígenas los trataban como si fueran zapatos, formaban pares, lo que debe haberles resultado gravoso, sobre todo después de tantos años de disfrutar, con cierta libertad de los placeres carnales.

Lo único importante para estos conquistadores eran el oro y el sexo, pero no el sexo bonito sino a la fuerza, violando a cada mujer que se resistía; uno de sus lemas era “primero te bautizo y luego me echo encima de ti”. ¡Qué desagradable, el sólo pensarlo me da asco, escalofrío! Ya con esto podían hacer lo que les venía en gana.

Los españoles con brutalidad impusieron la moral católica, transformando así el sofisticado mundo indígena.

Pecar como Dios Manda nos invita a un viaje lleno de placer; con nuestros antepasados nos sentiremos identificados o tal vez asustados, pero a lo mejor viviremos una gran experiencia y nos hará pensar que el sexo es un don maravilloso, no lo desperdiciemos.

REFERENCIAS:

    • Las Deidades y el Sexo, p. 25
    • Sementales y Cogelones famosos, p. 73
    • Desviaciones Sexuales, p.129
    • Enfermedades Venéreas, conjuros y curaciones, p.140
    • El Arte de la Seducción y los Amores Clandestinos, p.180.