Número 20                                         Época IV                              Marzo-abril 2011


A CUATRO AÑOS DEL GOBIERNO DE FELIPE CALDERÓN

El déficit de legitimidad con el que comenzó la
administración calderonista no ha sido subsanado… A 48
eses de iniciado, el actual gobierno exhibe ya una erosión
reocupante, un aislamiento creciente y una desarticulación
nterna inocultable.

Marcos Rodolfo Bonilla González*

*Profesor de Asignatura en la FES Aragón UNAM, en la carrera de economía. Licenciado en Antropología Social. Maestro y doctor en Urbanismo.

Introducción

A cuatro años que Felipe Calderón asumió el poder en México, el balance general de su gobierno ha sido de múltiples contradicciones, que se pueden analizar a partir de las políticas que el Estado Mexicano (política económica, política social, política de seguridad nacional, política laboral, política migratoria, política educativa, política de salud, etc.) ha desarrollado en su administración. Los resultados han sido sumamente contradictorios y no se perciben, a mediano y largo plazo, las soluciones radicales que requiere nuestro país.

“El 1 de Diciembre de 2006, Calderón, entre empellones e impugnaciones, [cubrió] el formalismo legal para convertirse en presidente constitucional, mientras afuera del recinto la cólera de un tercio del electorado era contenido por tanquetas y efectivos armados hasta los dientes. La víspera, en Los Pinos, en una ceremonia virtual y hechiza, ajena al marco legal del país, y sin más público que las cámaras del duopolio televisivo, Vicente Fox, en presencia de su sucesor, entregó la banda presidencial a un cadete.1

“Cerró, de esa manera, un gobierno de traiciones: traiciones a sus propias promesas, al mandato que recibió seis años antes, a la soberanía nacional, a la decencia republicana y a las esperanzas populares de bienestar, democracia, seguridad, equidad y legalidad. En los dos últimos años de su sexenio, y con particular énfasis a lo largo de ese 2006, Fox se erigió en uno de los principales factores de distorsión del proceso sucesorio: primero intentó heredar la silla presidencial a su cónyuge, y después, cuando los propios panistas frenaron ese desatino, usó el aparato del Estado para buscar la destrucción de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador y para fortalecer a su correligionario Felipe Calderón”.2

Pero Fox no fue el único que desvirtuó la elección de 2006. Las cúpulas empresariales, los medios electrónicos, los entornos corporativos trasnacionales y las dirigencias sindicales charras–especialmente la del sindicato de maestros–intervinieron también en las campañas, en forma indebida, para denostar al aspirante de la coalición Por el Bien de Todos y para impulsar la candidatura de Calderón.

“Por si algo hubiera hecho falta, el cómputo de los sufragios se realizó con un desaseo tal, que dio pie a sospechas generalizadas de fraude electoral y generó la exigencia opositora de un recuento de los votos, posibilidad que habría despejado las dudas y cimentado la legitimidad del presidente entrante, quien quiera que fuese. Pero el órgano jurisdiccional encargado de validar la elección, sin dejar de reconocer las irregularidades graves, dio por bueno el recuento que favorecía a Calderón y selló, de esa manera, el destino de su gobierno. El 30 de noviembre se advirtió, en este espacio, que si la presidencia foxista había terminado en una grave descomposición, “el calderonismo llega al poder también descompuesto”.3

“De entonces a la fecha, el país ha vivido una vasta simulación de gobierno que triunfa en el discurso y fracasa en los hechos. Calderón ofreció seguridad pública y combate frontal a la delincuencia, pero sus estrategias han hundido al país en una espiral de violencia criminal sin precedente; prometió generar empleos y cada mes decenas de miles de mexicanos se quedan sin trabajo; dijo que combatiría la corrupción, y en su administración han proliferado el tráfico de influencias, el amiguismo, las complicidades y la opacidad en el manejo de los recursos públicos; formuló el propósito de buscar el diálogo político, y lleva dos años encerrado en un monólogo que no sólo desconoce a los adversarios, sino que ignora la realidad misma del país; prometió defender la soberanía nacional, y ha porfiado en entregar, así sea en forma furtiva, la industria petrolera a las trasnacionales extranjeras; se comprometió a restablecer el estado de derecho, pero lo que se busca es la legalización de un estado policial en el cual se multiplican las violaciones a los derechos humanos; prometió pluralismo y tolerancia, y sin embargo el Ejecutivo federal ha persistido, ante sus opositores reales, en el golpeteo, la intriga, la cooptación subrepticia de voluntades y hasta la amenaza no demasiado velada”.4

En materia económica, el desempeño del gobierno federal se ha caracterizado por una exasperante indolencia, la cual ha colocado a los estratos más desfavorecidos de la población –los sectores mayoritarios– en la desprotección total ante la crisis mundial que se vive actualmente.

El manejo económico oficial ha entregado un filón sustancial de las reservas nacionales de divisas a los intereses especuladores; las autoridades se preocupan por fortalecer a las corporaciones y se olvidan de los ciudadanos; el agro sobrevive a su propia postración y en las ciudades la miseria se mantiene estable y aún al alza. Para colmo, ante las evidencias de colapso del paradigma neoliberal, Calderón Hinojosa y sus colaboradores se mantienen aferrados a sus principales dogmas y rehúsan admitir que el libertinaje financiero y comercial es ya insostenible hasta en los países que lo impusieron al resto del mundo.El deterioro institucional ocurrido en estos dos años es alarmante y ha llevado a ahondar la distancia entre el México oficial e institucional y las realidades políticas, económicas y sociales del país.

En tales circunstancias, es claro que el déficit de legitimidad con el que comenzó la administración calderonista no ha sido subsanado, y que la búsqueda gubernamental de resultados favorecedores en las encuestas no va a resolver la fractura política de fondo que recorre a la nación. A 48 meses de iniciado, el actual gobierno exhibe ya una erosión preocupante, un aislamiento creciente y una desarticulación interna inocultable.

El desempeño del Ejecutivo federal ha dañado incluso al partido en el poder y los disensos se multiplican en el seno del grupo gobernante. Estas realidades son visibles en todo el país.Así, a cuatro años del gobierno actual los resultados han sido: Desempleo, Crisis, Mentiras, Ineficiencia, Ejecuciones, Secuestros, Corrupción, Carga Fiscal Injusta.5

Tomando en consideración que el modelo económico adoptado por los gobiernos de nuestro país, desde los años ochenta, ha sido el Neoliberalismo, el gobierno actual ha profundizado la aplicación de recomendaciones de organismos internacionales (FMI, OCDE, BM, OMC). Sin embargo, es necesario señalar que las condiciones político-económicas en México son sumamente distintas a los países en donde surgió este modelo de desarrollo.

“Las manifestaciones de la crisis se expresan en la baja de los precios del petróleo y como consecuencia en la reducción de los ingresos gubernamentales, al mismo tiempo el Banco de México ha tenido que echar mano de las reservas monetarias, poniendo a la venta millones de dólares sin que se sepa públicamente quienes son los adquirientes, y a pesar de ello, el peso en relación al dólar está en proceso devaluatorio”.6

El incremento desorbitado en los precios de la gasolina y el gas, de la energía eléctrica y de los productos de primera necesidad, está impactando fuertemente en el poder adquisitivo de los salarios, los elevados intereses por el uso de las tarjetas de crédito están provocando una nueva crisis de deudores. La situación de la industria automotriz en el país del norte afecta ya con el incremento en el precio de autopartes, disminución en las ventas de vehículos con todo lo anterior, estamos viendo el despido de miles de trabajadores.7

Sin embargo, desde el gobierno se argumenta que gracias a las llamadas reformas estructurales los mexicanos estamos mejor preparados para resistir lo que se avecina, aun cuando miles de ahorradores y sectores de la clase media, que adquirieron acciones en la bolsa de valores, han sufrido fuertes pérdidas dañando su patrimonio; más aún, los ingresos en el sector turismo han disminuido por la reducción del número visitantes, especialmente norteamericanos; igualmente, se empieza a resentir la disminución del envío de remesas de nuestros paisanos, que impactará en la capacidad de consumo de miles o quizás millones de familias mexicanas.

A pesar de todas estas manifestaciones concretas de crisis, se insiste en que no pasa nada, al mismo tiempo que se recomienda no hacer gastos superfluos y ahorrar para enfrentar en mejores condicioneslos tiempos por venir.8

continúa...