Número 20                                         Época IV                              Marzo-abril 2011


 

TRABAJO Y GÉNERO, UNA REFLEXIÓN
SOBRE LAS INSTITUCIONES SOCIALES

Pablo Armando Solís Chávez*
* Integrante del Doctorado en Estudios Organizacionales, UAM-Iztapalapa.

Introducción

El centro de la reflexión de este trabajo gira en torno a la idea de cómo es que el género es una problemática inherente a la sociedad mexicana tan importante como lo puede ser la educación, desarrollo económico, procesos de aprendizaje o forma de organización social, subculturas urbanas etc., pero teniendo en consideración que estudiarlo como un problema permite poner especial atención a procesos de interacción social o de significación colectiva que van más allá de las diferencias biológicas que existen entre hombres y mujeres y que permiten reconocer cómo es que históricamente se han hecho distinciones entre los oficios o procesos de trabajo correspondientes a hombres y lo que corresponden a mujeres.

Distinguir en un fenómeno social tangible, como lo es el proceso laboral, cuáles son las causas de su conformación así como comprender cómo es que no sólo produce mercancías o cosas materiales, sino su estrecha relación con las nociones de género que se han construido en la sociedad en la que se realiza la actividad laboral, nos plantea una dificultad teórica y metodológica,1 debido a que no sólo se debe de considerar al trabajo como un objeto de estudio sino que nos hace mirar hacia los procesos sociales que sustentados en símbolos y significados compartidos generan y reproducen ciertos comportamientos y formas de organización en las sociedades.
Para tal efecto, se busca reconocer no sólo a la entidad que resulta ser el proceso laboral sino a la institucionalización que se tiene del trabajo y de cómo es que estas ideas institucionalizadas del trabajo en México están ligada por diferentes factores entre ellos; muchos que se refieren a la cultura, a una serie de supuestos de género que producen en las relaciones laborales conflictos y violencia de manera física y simbólica dentro del proceso del trabajo, dentro de las organizaciones y en la abstracción que hace el sujeto de su entorno y de cómo esta abstracción influye en su comportamiento y en abstracciones posteriores del mundo.

La percepción del sujeto depende del cambio de actividades, funciones y responsabilidades a que le obliga la organización, observando una identidad nueva por parte del sujeto reforzada por la percepción,2 y por otro lado una baja de la autoestima que pone al sujeto ante una situación de violencia o de abuso por parte de la organización o por parte de alguna figura dentro de las organizaciones o entre los integrantes de la misma; genera conductas de dominación que tienen que ver con la idea de que el poder dentro de las relaciones sociales le pertenece al hombre y que al ingresar al ámbito laboral las mujeres se tienen que someter o alinear a las consideraciones y formas organizativas generadas por y para los hombres.

Si observamos que la individualización de las responsabilidades y del trabajo genera ciertas situaciones de estrés, que propician el acoso y reformulación de sentido y significación referente al trabajo que hace que se trabaje de manera diferente por parte de hombre o de mujeres, sin ser esto consecuencia de las características biológicas de uno u otro, sino de los roles y papeles que tienen que reproducir dentro de las organizaciones

Para poder comprender el fenómeno social que significan las instituciones sin caer en la ingenuidad de explicarlas pretendiendo que sea la explicación la realidad de las mismas, habrá que empezar a reconocer que como construcciones humanas son susceptibles de interpretaciones; que, en realidad, el nuevo institucionalismo lo que busca no es la definición o conceptualización de las instituciones sociales sino la comprensión de fenómenos sociales que devienen en instituciones y que sirven así de referencia en el estudio de los fenómenos sociales, es decir, comprender los procesos que dan forma a la institucionalización del trabajo se vuelve una tarea más profunda y fructífera al análisis científico de las ciencias sociales que la mera descripción y universalizaciones de las reglas sociales con las que operan los individuos en una o distintas sociedades.

Este trabajo se sustenta en la noción del nuevo institucionalismo como el supuesto que permite el análisis organizacional, no porque este enfoque reflexivo sea más adecuado o apegado a la realidad, sino porque es un elemento de análisis que permite la consideración de una serie de factores culturales ambientales y subjetivos de los seres humanos dentro de las organizaciones y en la sociedad.

 En el contexto organizacional, las consideraciones del genero se observan como mitos de la misma sociedad en que aparecen y, por tanto, forman parte de la actividad humana al interior de las organizaciones; los mitos no son sinónimo de carencias de la organización y la falta de legitimidad de los mitos genera la implantación de nuevos mitos, tanto como la transformación de la organización.

Al observar al trabajo y descubrir en las relaciones laborales las implicaciones de género, podemos afirmar que no se refieren a una característica del mismo proceso laboral, es decir, a la connotación, las complicaciones de interacción a partir del genero, la diferencia cultural o de género observadas en las relaciones laborales; éstas no son condiciones del trabajo, no son partes inherentes del trabajo que se tengan que reproducir de manera natural, es decir, no es el trabajo el que genera las diferencias de género, sino que el género transforma la manera en que se comprende y se ejerce el trabajo y refleja la complejidad de la realidad atada a mitos e instituciones, como lo es el propio género y las diferencias entre hombres y mujeres.

Estas diferencias de género alrededor del proceso laboral cuentan con una legitimidad que permite que se reproduzcan y que los individuos se inserten en tal proceso, que sean reconocidos en la organización; legitimidad que también puede ser comprendida como una herramienta analítica que asista a la observación de los mitos que conforman el universo simbólico de acción de los sujetos.

Las instituciones

Este trabajo considera que una de las instituciones en que se basa la reflexión y la idea del proceso laboral en la actualidad es el supuesto del capitalismo, el cual ha requerido de diferentes niveles de consenso para poder establecerse y llegar al grado de adecuación que en la actualidad rige la vida de las sociedades; este capitalismo, institucionalizado en la vida social, ha generado formas de trabajo especificas y también regímenes sociales que en el capitalismo requieren de un mínimo consenso para poder existir.

Por lo que hay que tener en cuenta en todo momento el papel del Estado; las organizaciones y los actores del capitalismo orbitan alrededor del Estado, que establece la reglas de interacción y de explotación, donde es el ente que domina y que define el tipo de organización dominante (Marx, 1976), así como las políticas de interacción y va conformando el tejido simbólico en que se inserta la acción de los seres humanos y de la que se desprenden sus interpretaciones y su diario acontecer,

El sujeto, en esta perspectiva capitalista del mundo organizado, se encuentra disociado de la tierra y de los medios de producción, de las condiciones que le permiten trabajar la tierra, pero está sujeto a los mitos e instituciones que definen la manera en que interpreta al mundo y ordena con base en éstos su conocimiento del mismo mundo, y su forma de insertarse en las dinámicas de identificación y reconocimiento, a través del trabajo, del orden social. Por lo que el trabajo se convierte en el vehículo para establecer las relaciones sociales, roles y papeles que conforman su personalidad y dominan su vida,

Si tomamos al trabajo como una temática para la reflexión, podemos comenzar preguntando: ¿por qué se trabaja? y ¿qué condiciones sociales permiten la reproducción del trabajo?, dando por sentado que el trabajo es una realidad cotidiana que ha ido transformando la conformación de las sociedades, es la manera en que el sujeto se relaciona con el mundo y las formas que tiene para organizarse e insertarse en la vida cotidiana, pero sin haber una conclusión que diera completa satisfacción al investigador, a la academia o al misma sociedad.

Al voltear la mirada hacia el género como una problemática social, la gama de posibilidades de explicación de esta problemática es tan infinita como las interpretaciones que existan sobre el género, por lo que se hace indispensable si cuestionamos sobre las razones que nos hacen trabajar y las condiciones que permiten que se siga reproduciendo socialmente el trabajo, y además entender cómo en el proceso laboral el género es una problemática que permite no encontrar la manera de mejorar el trabajo en sí, sino observar tal problemática como un reflejo de la red simbólica social.



El género y el trabajo como instituciones
de las formas organizacionales de la sociedad

Por lo que son trabajo y género dos instituciones sociales que nos permiten establecer una primera hipótesis de reflexión, en la que, como constructos, son más el producto de la interpretación de sus significados que el de las acciones concretas que se observan y se identifican como tales; es decir, que la naturaleza del trabajo y del genero es simbólica, pero institucionalizada de tal manera que permite observar acciones concretas y definirlas como referentes al trabajo y al género, sin que estas acciones tengan en sí una completa relación con los conceptos que las definen y permiten observarlas.

Al revisar los procesos sociales desde una perspectiva del genero, las diferencias son evidentes: el acceso de las mujeres a las fuentes de trabajo es en algunos ámbitos restringido, mientras que en otros se trata más de una actitud de segregaciones, además de que en una observación más detallada se observa que el trabajo realizado por mujeres puede ser igual que el realizado por hombres, pero es pagado de manera diferente, menor en referencia al de su contraparte masculina, no debido a la falta de capacidades o resistencia de la mujer sino debido a la idea de que el trabajo de la mujer es menor, es diferente.

Y la de que la figura masculina es aquella que debe ser proveedora del dinero y los recursos necesarios para satisfacer las necesidades del hogar; la masculinización del trabajo, la restricción de funciones del hogar para las mujeres, incluso las diferencias de identidad entre las mujeres casadas que aquellas que viven en unión libre o no tienen una pareja, son indicadores de cómo el género es un elemento de análisis de la sociedad que comprende muchos niveles y diferentes aproximaciones y que refine, por lo tanto, el modo en que los individuos, hombres y mujeres, establecen relaciones laborales, se desempeñan laboralmente y reproducen los mitos inherentes a la sociedad y al trabajo con respecto al género, a sus diferencias y a sus implicaciones.

Este ejemplo de cómo una misma problemática es utilizada para dar cuenta tanto de las condiciones en que el proceso laboral existe en nuestra sociedad como de los elementos míticos y las implicaciones de género que tienen y que se reproducen; donde el trabajo es una situación de ejercicio del poder, es una herramienta para obtener beneficio y sobrepasar los derechos de las mujeres y éstas, accediendo debido a las condiciones vigentes, a la necesidad de trabajar, a la exigencia o la estigmatización que representa denunciar, de tal forma que son estas denuncias una evidencia de cómo el trabajo no genera el abuso de poder o las diferencias de género, sino que se ve conformado debido a su naturaleza social y simbólica, donde este abuso, este cobro de favores sexuales a cambio de trabajo, es algo considerado como inherente al proceso laboral, como un filtro y una constante.

El trabajo como una institución social determina las identidades de los sujetos que se sujetan a él y que se insertan en la sociedad, pero no sólo es el trabajo el formador de esa identidad, sino una gama de actividades y eventos alrededor de la vida de los individuos; este proceso productivo genera una específica identidad socio profesional en los sujetos que en él intervienen, identidad que se manifiesta en su realidad social a través de unos rasgos culturales que se establecen a partir del desarrollo directo de la actividad (Tellez s.f.).

De acuerdo con esta tesis, podemos comprender la dimensión cultural de las diferencias de género, y cómo es que estas han delimitado las formas laborales hasta crear espacios de producción asignados a hombres o a mujeres, legítimos y reproducidos socialmente en la conformación organizativa de ésta.

Ahora bien, atendiendo a las dimensiones de interpretación del mundo, el papel que los procesos productivos desempeñan en la construcción de identificaciones colectivas y en la medida que algunas actividades adquieren un valor simbólico de representación local, el trabajo, más allá de su importancia económica pasa a constituirse en un elemento emblemático, que identifica a una sociedad con su producción (Tellez s.f.) y a los sujetos organizacionales de acuerdo a su actividad laboral; los roles de género son las bases para la producción organizacional y para la conformación de la sociedad, donde la identidad se conforma sobre otros elementos base de relaciones sociales y de identidades colectivas, tales como el género y la etnicidad, y que forman parte de su identidad social.

Antes de continuar y de revisar los elementos sociales que permiten la comprensión del fenómeno social del trabajo, consideremos que el análisis de los elementos culturales de la identidad socioprofesional desborda los marcos estrechos espaciales y temporales, que la operacionalización de un concepto como el del trabajo requiere que se incorpore a otros componentes de la identidad social y de la realidad, a fin de hacer observable la problemática, a fin de entender a través de acciones concretas la naturaleza simbólica del genero y poder observar al interior de las organizaciones cómo es que esta problemática se manifiesta, por ejemplo, en discursos y en relaciones de poder que perpetúan el modelo organizativo.

El género es un concepto que permite distinguir las diferencias entre hombre y mujer, así como a dar cuenta del proceso de significación que se tiene desde un polo con respecto al otro, es decir, que un hombre se identifica culturalmente en cuanto que se distinga en los roles y funciones de la figura de la mujer o se adecue y reafirme en su rol de hombre respecto a otros hombres dentro de su espacio social delimitado.

Sin embargo, este concepto está fundamentado en muchos factores culturales, económicos o sociales, etc., que se construyen en la vida social cotidiana, de tal manera que no hay ámbito de la vida social que quede exento de las consideraciones de género o que no pueda comprenderse desde esta perspectiva.

Así, la intención de este trabajo no es solo dar cuenta de las diferencias que se observan en la realidad respecto a los hombres y mujeres, sino reconocer cómo es que estas nociones de género son complejos constructos sociales que a medida que se complejizan las relaciones sociales se va desdibujando y adaptando la realidad social en que se inscriben.

El entender a las organizaciones es una tarea compleja que exige que se busque cierta delimitación de la observación organizacional permitiendo una gran variedad de enfoques teóricos y metodológicos que explican la realidad de las organizaciones, así como su realidad social, cuya naturaleza dicotómica permite reconocer cómo es que se van desdibujando las fronteras entre los ámbitos laborales o económicos de los hombres y las mujeres, aun cuando las diferencias persisten y las relaciones de poder benefician a los hombres, las fronteras se desvanecen y las distancias se acortan.

El hablar de género nos remite quizás a las relaciones de poder establecidas social y sexualmente y que definen la configuración de la sociedad; es decir, las relaciones de poder dentro de las estructuras sociales se ven reforzadas a partir de las diferencias sexuales y a partir de éstas se generan y se construyen dentro de las sociedades la identidad tanto masculina como femenina.

Si se puede hacer un análisis y un esfuerzo por comprender cómo es que el problema del género en la sociedad no es un problema que pueda atacarse sólo considerando su pertinencia social, o económica, ni siquiera si se tiene la intención de atenuar las diferencias entre hombres y mujeres, podemos pensar que se debetener en cuenta que las relaciones entre hombres y mujeres históricamente se han constituido a partir de una relación de poder, en la que si bien es cierto el papel del hombre como el promovedor y el realizador del trabajo físico, lo obligó a realizar los trabajos de mayor exigencia y desgaste físico.

Pero, en la actualidad, la misma concepción del trabajo ha hecho que esta idea del hombre como promovedor ya se ha transformado dejando que las mujeres realicen las tareas de promovedora del hogar y que realicen trabajos menos exigentes físicamente, pero más complejos social y simbólicamente al igual que los hombres.

Las sociedades europeas explican el cambio del paradigma a través del autoconocimiento de la mujer de sí misma, el control de su vida y libertad respecto a los hombres, y la discriminación salarial que es otro tipo de problemática referente al género, que no sólo repercute en el rendimiento laboral sino en la formación educativa que es seleccionada por las mujeres; en todo caso, el desempeño educativo y laboral representa por parte de las mujeres una mayor estabilidad en el hogar, un mayor rendimiento y productividad de la mujer dentro de las organizaciones pero con un salario menor referente a los hombres.

De tal manera que predominan las relaciones de poder atadas a la percepción de género que se tiene socialmente, donde se critica o se prejuicia el hecho de que las mujeres acceden al poder, minimizando el fenómeno o criticándolo o simplemente realzando el hecho de que las mujeres deben de comportarse como lo haría un hombre, por lo que los roles de empresarias o ejecutivasse describen como menos capaces o con limitaciones imputadas a las condiciones biológicas, aun cuando estas limitaciones nada tengan que ver con la entidad biológica de los seres humano sino más bien con la estructura histórico simbólica en la que se insertan.

Las nociones de la femineidad como de la masculinidad son conceptos que delimitan la forma en que se compartan los seres humanos en la sociedad, de tal manera que en las profesiones o los roles estos conceptos son también producto cultural que como tal se genera, se transmite y se reproduce de manera social; haciendo hincapié en esta subjetividad natural del género, se debe desprender el ejercicio de poder de las cuestiones de género, de tal manera que se comprenda la complejidad de las relaciones de poder y no etiquetar y sesgar las relaciones de género o las condiciones que se observan en las organizaciones; es decir, dentro de las organizaciones la realidad puede ser viciada por los prejuicios de género, de tal manera que las formas de detentación del poder así como las formas de ejercicio de poder se van diluyendo en las relaciones cotidianas.

Los prejuicios tienen un valor en la sociedad en la medida en que generan percepción, y como tal están expresados en las actividades diarias y en el desempeño social de los sujetos, reconociendo de tal manera cómo es que la estructura de las organizaciones está en función del tamaño y de la experiencia que posea; dentro de las organizaciones los sujetos reproducen el trabajo, lo hacen a través de la interacción, es así que se busca la vinculación entre iguales por lo que la asimilación y la repetición de los modelos exitosos es la manifestación de cómo los sujetos o las organizaciones tratan de establecer las relaciones de poder a partir de la percepción y el conocimiento propio y de la otredad.

La identidad y la cultura están relacionadas y se confrontan con la naturaleza; la cultura de manera coercitiva le impone al sujeto los valores y los códigos de interrelación, son una carga social aplicada por la sociedad al rol masculino que el imaginario colectivo le impone al sujeto mediante una serie de roles y actividades a desempeñar.

La crisis se da en la reproducción de los papeles sociales y el conflicto aparece cuando el otro sexo se define así mismo con rasgos que anteriormente eran atribuidos al sexo al que corresponde, poniéndolo en una situación de competencia continua en la que el hombre se ve cuestionado y las claridades de su papel son incertidumbres que vulneran su identidad.

El conflicto por la falta de certidumbre que da la cultura a las identidades hace comprender cómo es que el concepto de identidad ha sido superado, dejando de lado las connotaciones sociales y dejando solo al aspecto biológico como el eje de la conformación organizacional de los espacios laborales; éstos generan una revolución en las formas organizacionales y en las relaciones sociales que están sujetas al entramado cultural, generan conflictos al modificar las instituciones y adaptarlas a las circunstancias del contexto y los esquemas morales y de significación de la sociedad.

Estos conflictos a nivel subjetivo que sufre el sujeto a partir de que tiene una formación cultural y en cuanto ésta está orientada a cumplir una serie de roles y papeles, al no encontrar en su vida diaria espacios para reproducir roles anteriores, o diferentes a los modificados por la sociedad actual, se enfrenta a una incongruencia entre los conceptos y las ideas de lo que se debe hacer como hombre y lo que se puede hacer en el día a día. Esto debido al cambio estructural de la sociedad que no permite que se reproduzcan modos como el del machismo, pero que no ha hecho desaparecer tales prácticas y concepciones especialmente en el ámbito laboral.

La noción de modernidad enfrenta a los diferentes paradigmas que se tienen en la sociedad sobre las instituciones del trabajo y el género, en la que se observa cómo es que a través de los medios de comunicación, los actores sociales y las organizaciones, se atacan las repercusiones negativas que el género aporta a la construcción de identidades sociales y al papel que tienen los diferentes roles construidos como referentes al género y sostenidos históricamente en las sociedades.

continúa...