Número 21                                         Época IV                       enero-marzo 2012


PUEBLA. A 50 AÑOS DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE 1961
Gloria A. Tirado Villegas
 
Tales actitudes se sumaban a las movilizaciones de la iniciativa privada y de escuelas católicas para oponerse y criticar la política del presidente Adolfo López Mateos sobre los libros de texto gratuitos. Todo fue realmente una campaña derechista que se unió a las campañas anticomunistas.

El movimiento estudiantil de 1961 fue, sin duda, un hito en la historia de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), pues contribuyó decisivamente a desplazar el pensamiento conservador que hasta entonces permeaba la enseñanza universitaria. Este movimiento se adelantó al de 1968, que como sabemos marcó la historia contemporánea del país y en el que los jóvenes irrumpen como protagonistas sociales principales, condición que años atrás habían tenido ferrocarrileros, médicos y profesores.

En Puebla, el conflicto estudiantil de 1961 por la transformación de la Universidad inició al proceso de Reforma Universitaria, un vasto y complejo movimiento de transformaciones educativas, organizativas y legales que estalla el 17 de abril de ese año y concluye en el mes de febrero de 1963, con la elección del doctor Manuel Lara y Parra como rector. La solución a este conflicto se sintetiza en la promulgación de una ley orgánica para una universidad en la que, no obstante haber obtenido la autonomía desde 1956, el rector y el Consejo de Honor respondían a decisiones del gobernador del estado. La ley orgánica de 1963 rigió a la institución hasta abril de 1991, cuando la comunidad universitaria decide que el cargo de rector y de otras autoridades sería resultado de una elección interna en la que participarían los docentes y estudiantes.

El desarrollo de la ciencia, de la investigación, requería dejar atrás viejas prácticas culturales, políticas e ideológicas que involucraban a los estudiantes, como asistir a misa casi semanariamente. La lucha entre conservadores y liberales, fúas contra carolinos, marcó de forma especial a la Universidad Autónoma de Puebla, no sólo durante esos años sino que se prolongó mayor tiempo (1972). La institución albergó a ambos grupos y su confrontación marcó una característica que traspasó muros y fronteras regionales; este movimiento fue por la universidad autónoma, la defensa del artículo 3º. Constitucional y por una Universidad laica.

Entonces era la única universidad en la ciudad y en el estado; a ella asistían jóvenes de distintos estratos sociales; de escuelas privadas y públicas; jóvenes ricos y de sectores medios y pobres, originarios de la ciudad, del interior del estado y de otras entidades. Eran pocas las escuelas públicas de enseñanza media superior: la preparatoria del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec, la vocacional del Instituto Politécnico Nacional y la preparatoria de la propia Universidad. La mayoría de escuelas preparatorias eran particulares; esta característica definió identidades: los principales líderes de los fúas (Frente Universitario Anticomunista) procedían del Colegio Benavente, del Instituto Oriente, de escuelas privadas católicas, en tanto los liberales habían de escuelas públicas o escuelas privadas no católicas, como el Instituto Normal México y el Instituto Mexicano Madero.

Las demandas de los estudiantes liberales fueron muy claras durante los meses de huelga: al Consejo de Honor y al rector Armando Guerra Fernández, la defensa de una universidad laica y la aplicación del artículo tercero constitucional. Después, solicitan la expulsión de catedráticos y alumnos que no sólo están identificados con los fúas, sino, además, eran agresores y autores intelectuales de hechos violentos. Los estudiantes conservadores van organizándose y reorganizándose para defender una universidad que es como ellos creen debe ser. A este compromiso le agregan la defensa de la patria y una lucha contra los avances del comunismo.

A los fúas se sumaron miembros de la ACJM, organización católica nacional. Estos jóvenes eran muy activos; a finales de 1960 representantes de 46 diócesis inauguraron en Cholula, Puebla, las reuniones de invierno donde reafirmaron sus conocimientos doctrinales y las consignas convenidas en las últimas asambleas diocesanas; estudiaron los problemas de la juventud masculina y escucharon a la delegación de la ACJM enviada a la IV Cuarta Asamblea Mundial de la Federación Internacional de la Juventud Católica.

Los miembros del Comité Central dirigieron las sesiones de estudio, divididas en los temas estudiantil, campesino, obrero y empleados. Su preocupación principal era evitar la propagación del comunismo. En noviembre de 1960, México albergó la V Semana Interamericana de Acción Católica, un acto de gran envergadura que involucró a líderes católicos y jerarcas. Estaban convencidos de trabajar por el catolicismo.

El triunfo de la Revolución Cubana acentuó una preocupación de las juventudes católicas, pues la Revolución Cubana alentó nuevos anhelos, sueños, utopías; fue tal la atracción por lo ocurrido en la isla que algunos estudiantes hicieron funcionar sus radios de onda corta para mantenerse informados de la situación cubana y empezaron a leer revistas y folletería de la embajada cubana que poco a poco empezaron a circular. La lucha entre las dos tendencias se expresaba en México. Es notoria la persecución y difamación hacia quienes visitaban la isla o viajaban a ella, como también los que viajaban a Rusia o a China. La Secretaría de Gobernación sabe quiénes son invitados por el gobierno cubano a visitar la isla.

La confrontación entre liberales y fúas llegó a mayores cuando la iniciativa privada (dueños de comercios) y, sobre todo, la Iglesia arremetieron contra los estudiantes liberales (grupo que incluía a masones y metodistas) y contra el gobierno estatal. La gota que derramó el vaso fue un problema que ya se veía venir: el 17 de abril se realizó una manifestación de repudio a la invasión norteamericana a Cuba. La reunión y mitin se realizaron en el “zócalo” de la ciudad.

En su recorrido, la manifestación se detuvo frente al edificio del periódico El Sol de Puebla y cuando los jóvenes se retiraban, tanto por la 2 Sur como por la 4 Sur la policía bloqueó a una parte de los manifestantes y los atacó a macanazos. Después de este altercado aparecieron volantes sin firma con la leyenda “Cristianismo sí, Comunismo no”. Al otro día, se informa que la reyerta tuvo un saldo de 30 heridos. La frase Cristianismo sí, Comunismo no resumía la identidad de los conservadores. Por el lado de los liberales, la expresión era “Cuba sí, yanquis no”.

El movimiento estudiantil no puede comprenderse sin conocer el escenario donde se desarrolla y mucho menos sin acercarse a esa generación. Esta década de los sesenta, marcada por el crecimiento de la población juvenil y la cultura juvenil, se evidencia en la música, los atuendos y conductas y prácticas contrarias a los cánones establecidos.

Debemos considerar que este movimiento estalla un año antes de la conmemoración del primer centenario de la histórica Batalla del 5 de Mayo. Más aun cuando este movimiento rebasó los recintos universitarios (edificio Carolino y Escuela de Medicina) y casi paraliza la ciudad, a tal grado que fue necesario para el gobierno del Estado que el ejército rodeara la Universidad para evitar más enfrentamientos y ordenara disolver cualquier reunión mayor de cinco jóvenes.

Dos años antes, en 1959, el licenciado Adolfo López Mateos visitó la Universidad Autónoma de Puebla como candidato del PRI a la Presidencia de la República; las autoridades aprovechan la ocasión para plantearle varias necesidades que, de solventarse, serían esenciales para desarrollar la Universidad. Sobresalía el problema de atender la demanda estudiantil.

Las cuestiones de cupo y la petición de que se construyera la ciudad universitaria, que hicieron estudiantes de la Federación de Estudiantes Poblanos (FEP), fueron demandas sentidas puesto que mientras no se resolviera el tema de los espacios e infraestructura el panorama era poco alentador para la Universidad. Con ese propósito, se instituye la Junta Pro Creación de la Ciudad Universitaria. El candidato a la Presidencia se comprometió a atender esta demanda. El sueño de contar con una ciudad universitaria se hizo realidad en1969.   

En 1961, casi todas las escuelas universitarias funcionaban en el antiguo edificio Carolino, salvo la Escuela de Medicina, que desde 1956 ocupaba instalaciones del Hospital Civil. Por ello el epicentro es el edificio principal, conocido como el Carolino. En una ciudad donde podía presumirse se “conocían las familias”, la dimensión urbana permitía cierta vigilancia sobre los jóvenes, transgredida en muchos momentos. Los discursos institucionales (escuelas y familia) expresaban preocupación por los “rebeldes sin causa”, situación que no dejó de inquietar durante casi toda esa década.

La vida universitaria no está desligada de los conflictos y pasiones de quienes asisten y ocupan las instalaciones; de quienes acuden a las aulas, que analizan, luchan. En este sentido, no debe soslayarse el ambiente estudiantil que durante 1960-1961 tomó una orientación cada vez más polarizada. Las viejas rencillas entre los grupos liberales y el Frente Universitario Anticomunista no habían terminado.

Tampoco era una situación excepcional. Una idea de la situación política de la universidad se tiene cuando sabemos que tan sólo entre 1947 y 1956 la universidad tuvo diez rectores, todos ellos impuestos por los gobernadores en turno. En los últimos años de la década de los cincuenta no estaban saldados los resquemores, producto de las pugnas por apoyar a uno u otro rector.

Las disputas por la dirección de la Federación Estudiantil Poblana estallan el 5 de abril. Los estudiantes liberales postulan a Enrique Cabrera; los grupos conservadores a José María Cajica, quien llega a la presidencia en medio de conflictos. La descripción de esa atmósfera política, en palabras de Alfonso Yáñez, actor estudiantil y estudioso del movimiento de 1961, alumno de la escuela de Contaduría, refiere que en esos años previos las logias masónicas trabajaban en los homenajes a Juárez y en la exaltación de Morelos. Se empezaba a discutir tímidamente lo que acontecía en la Unión Soviética y se comentaba sin mayor trascendencia el movimiento magisterial de Othón Salazar.

Por otra parte, la vanguardia de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, el Opus Dei, los Caballeros de Colón, las hijas de María, la Vela Perpetua y otras organizaciones afines al clero continuaban en su viejo empeño. El arzobispo primado de México, Miguel Darío Miranda, y el cardenal de Guadalajara, Garibi Rivera, compartían convicciones con monseñor Octaviano Márquez y Toriz, arzobispo de Puebla, y coordinaron una lucha anticomunista.

Destaca la exhortación para celebrar el Año Mariano en 1960 y la magna concentración de fieles en tierras poblanas en mayo de 1961, cuyo objetivo fue el desagravio a la Virgen María. Desde luego, los asistentes dieron su unánime apoyo a las autoridades eclesiásticas y repudiaron el comunismo. Después de la misa se repartieron volantes con leyendas que rezaban: “Cristianismo sí, Comunismo no”, “Justicia Social, Oración por la paz” y “Retorno a Cristo”.

Era obvio que la izquierda estaba en minoría; sin embargo, desarrollaba algunas iniciativas y actividades que le permitían atraer a otros jóvenes, entre ellas la Primera Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, que en Puebla era impulsada por dirigentes estudiantiles, entre ellos Zito Vera Márquez, Enrique Cabrera Barroso, Erasmo Pérez Córdoba, Héctor Guillermo Reyes León y otros, que logran publicar un cartel elaborado por José Luis Naval. Por ello, el 17 de abril se realizó una manifestación de repudio a la invasión a Cuba; la reunión y mitin fueron en el zócalo de la ciudad, provocando la reacción de los FUAS, que en su activismo repartieron diversas leyendas anticomunistas, “Cristianismo sí, comunismo no” fue la más difundida.
Como el Consejo Universitario no sesionaría sino hasta inicios del mes de mayo, el rector decidió que se cerrara el edificio Carolino. Preocupadas por lo ocurrido, las autoridades municipales se reunieron en sesión extraordinaria de cabildo el 19 de abril y acordaron tres puntos esenciales: exhortar a todos los vecinos y habitantes del municipio de Puebla a que guarden la mayor cordura en su conducta en relación con el conflicto estudiantil, debiendo ajustar sus actividades a las disposiciones de la Constitución General de la República y demás leyes en vigor.

Segundo, conminar a todas las personas físicas o morales a que no realizasen ninguna reunión pública, advirtiendo que si se realizaban mítines o manifestaciones que violen las leyes y perturben el orden social se haría directamente responsables de todas las consecuencias de esos actos a los organizadores. Y, en tercer lugar, ordenaba a todos los dueños de establecimientos que en lo sucesivo se abstuvieran de llevar a cabo cierres colectivos.

El 21 de abril, el arzobispo de Puebla, Monseñor Octaviano Márquez y Toriz, fijó la postura de la Iglesia ante los acontecimientos de la ciudad y del país en una carta pastoral que decía: “El remedio a nuestros males no está en la agitación comunista, en la violencia y en el odio, sino en una labor constructiva, sincera y tesonera por un verdadero mejoramiento social. En la práctica genuina de la doctrina social católica. Que jefes y súbditos, patrones y obreros, maestros y estudiantes, cumplan sus deberes”.

La carta también hacía un llamamiento: ¡Católicos de Puebla! ¡Hombres libres! ¡Ciudadanos honrados! ¿Vamos a claudicar vergonzosamente de esas conquistas de la civilización cristiana para caer en las redes maléficas del comunismo?”, y terminaba afirmando: “No se puede ser católico y comunista al mismo tiempo”.

La carta pastoral firmada por el arzobispo de Puebla, Octaviano Márquez y Toriz, respondía a una estrategia general de la Iglesia para celebrar el 70 aniversario de la encíclica Rerum Novarum, del papa León XIII, centrada en la condena al comunismo. En ese tiempo, el Vaticano se encontraba alarmado por el régimen comunista en Cuba y el avance de las guerrillas de izquierda en el continente.

La carta constaba de 16 páginas, fue leída en todos los templos católicos de la arquidiócesis en las misas dominicales y en ellas se contextualizaba el enfrentamiento entre fúas y dirigentes de la Iglesia Católica y los estudiantes carolinos como una conjura internacional para llevar a México a un régimen comunista.

Los enfrentamientos pueden explicarse por lo que pasaba en el mundo y también por lo que sucedía adentro de la Universidad. Una corriente de profesores y estudiantes consideraba necesario impulsar el desarrollo científico y técnico de la Universidad, por lo que se requería modificar los planes y programas de estudio, ya anquilosados, como sucedía en la escuela de Físico-Matemáticas. También en la enseñanza de la Biología, de la Química y Medicina.

Esto contrastaba con una serie de prácticas culturales de universitarios tradicionales, como que en los primeros días de mes, después de finalizar los cursos, asistían a misa de gracias en la iglesia de la Compañía de Jesús, ubicada a un costado del edificio Carolino, por haber llevado a buen término los exámenes o pedir ayuda para pasarlos con 10. Estos actos eran una tradición entre los universitarios y se mantuvieron vigentes hasta 1961. Según lo señalado por los liberales, estas actividades religiosas no debían mezclarse con la educación, que debía ser laica.

El doctor Julio Glockner, uno de los personajes liberales más atacados entonces, describe perfectamente en un escrito este ambiente: “El Dr. Gonzalo Bautista, siendo rector, invitaba a dar conferencias en el aula máxima de nuestra casa de estudios al Arzobispo de Puebla, Octaviano Márquez y Toriz, el más feroz y recalcitrante reaccionario miembro del clero”.

El 27 de abril, los Fúas organizan un mitin y repudian el comunismo. En la noche del 27 de abril, el rector Armando Guerra declara que a partir de esa fecha se suspendían las clases hasta nuevo aviso. Mientras tanto, los estudiantes liberales se reunían en casas de profesores que no dudaron en apoyarlos, entre ellos la del doctor Manuel Gil Barbosa y la del doctor Julio Glockner.

Ese mismo día, alumnos del Instituto Normal del Estado y del Instituto Mexicano Madero se declararon en huelga de apoyo a los estudiantes universitarios liberales. Se manifestaron a favor de una educación laica. Además, surgió un Comité Estudiantil Poblano con alumnos de las escuelas Ricardo Flores Magón, Venustiano Carranza, Instituto Normal del Estado, Pre-Vocacional, Instituto Mexicano Madero y otros colegios. Su representante, Melitón Morales Sánchez, era estudiante de Derecho en la UAP. Pronto los liberales tuvieron la solidaridad nacional de varias organizaciones estudiantiles.

En tanto, los miembros del FUA señalaban la intromisión de ideologías extranjeras, como las de Rusia, por lo que ellos defendían a México. La ciudad de Puebla había perdido la paz en pocos días y el cabildo de la ciudad tuvo que acordar en sesión extraordinaria exhortar a todos los vecinos y habitantes de Puebla a que guardasen la cordura y se ajustasen a las disposiciones de la Constitución y demás leyes en vigor.

El 1 de mayo estalla una huelga con la toma de instalaciones de la UAP por el grupo estudiantil “carolino”. Los estudiantes liberales consideran pertinente tomar la Universidad y el 1 de mayo ocupan el edificio Carolino, algunos aspiraban al diálogo con el rector. Ramón Beltrán Ruiz lo recuerda vívidamente porque fue él quien tocó la puerta del edificio “con el pretexto de sacar mis apuntes me dejó entrar el prefecto y ahí se metieron los demás. Después pusimos sellos con lo que se cerró la rectoría. Levantamos un acta notarial, la elaboró Raúl Pacheco Pulido (notario)”. Entonces de dan a conocer como “los Carolinos”.

El fanatismo llevaba a un enfrentamiento constante, verbal, simbólico y físico. El 27 de julio se organiza una manifestación, la primera en solidaridad con los cubanos, la efervescencia juvenil castrista y guevarista salió a la palestra. “Efectivamente, a las 18 horas de ese día se encontraba extendida frente al edificio Carolino una manta que decía “Cuba sí, yanquis no”. El periódico La Opinión, diario de la mañana, registró la presencia de 1,500 jóvenes.

Habló Enrique Cabrera y después José María Cajica, quien declaró que sus simpatías estaban con la revolución y el pueblo cubano, pero no con la dictadura del doctor Fidel Castro Ruz. Formado ya un Comité Estudiantil Poblano aclaran mediante un desplegado su posición, su ideario y por tanto definición de sus peticiones. Las demandas del movimiento de Reforma Universitaria Democrática son claras: “1). Nueva Ley Orgánica que contemple la desaparición del Consejo de honor, 2). Renovación total del Consejo Universitario, 3). Destitución de los catedráticos José Antonio Pérez Rivero, Eligio Sánchez Larios, José Antonio Arrubarena, Juan Manuel Brito Velázquez, Manuel S. Santillana, David Bravo y Cid de León, Miguel López y González Pacheco, Miguel Marín Hirschmann, Marina Sentíes y Marcelo Plata. 4). Expulsión de los alumnos Mario Bracamontes, Jesús Corro, Manuel Díaz Cid, Fernando Rodríguez Concha, Valentín Lorenzini, Manuel Díaz Sánchez, Antonio Silva Carpio, Alejandro Montiel, Carlos Iglesias, Celestino Cabo, Alejandro Pérez, Guillermo Bretón Carreón, Alejandro Hernández Armenta, Esteban Guevara y Marcial Campos Díez”.

Cerrado el edificio Carolino, hubo una sesión del Consejo Universitario a las 8 de la noche en el Hotel Colonial, donde se acordó: “1. Si el grupo que tiene ahora en su poder el edificio es minoría, se le exigirá por vía legal la entrega del edificio. 2. Si es mayoría y es el sentir de los 4,000 estudiantes que exigen la renuncia de las autoridades universitarias esta se llevará a cabo”.

Los estudiantes del FUA se reúnen y toman clases en el edificio del Conservatorio de Música del Estado, en la 5 Poniente Núm. 139, llamado con sarcasmo “Universidad portátil” por los estudiantes carolinos. A partir de ese momento varios estudiantes pasan por una indefinición, aunque ganan adeptos los carolinos; sucede lo mismo con los profesores. Cuando, el 9 de mayo, el Comité Estudiantil Poblano nombra rector de facto al doctor Julio Glockner, los liberales se adueñan de la Universidad.

Las declaraciones del arzobispo contra el comunismo, el 20 de mayo, polarizaron más el ambiente: “El comunismo amenaza los valores del alma, es una filosofía, una concepción de vida opuesta a la civilización occidental en que vivimos, que es profundamente católica”; insiste el obispo en que “los que le hacen el juego al comunismo están de hecho renegando de su fe, escupiendo su bautismo y apuñalando a la Santa Iglesia, que dicen es su madre”.

El doctor Glockner representa a las fuerzas de la masonería, el Partido Popular y el Partido Comunista. Varios profesores lo apoyaron. Se aceptó por mayoría a Julio Glockner. Vitoreado por los jóvenes y con muchas porras tomó posesión en el Paraninfo ante el presidente del Comité Estudiantil Poblano (Melitón Morales). Al finalizar el acto, Glockner anuncia que se reanudarían clases el 11 de mayo.

Los estudiantes salieron en manifestación gritando “Cachún, cachún, ra, ra. Universidad, ¡Gloria!”. Las imágenes publicadas en El Sol de Puebla son contundentes: muestran una multitud. El 9 de mayo a las 19 horas y en presencia del notario público no. 14, licenciado Miguel Ángel Tejeda, se entrega formalmente el edificio Carolino al rector interino Julio Glockner.

En ese acto, escribió Antonio Pérez y Pérez, se acordó aceptar al dctor Julio Glockner y desconocer: “Al consejo de Honor./ Al Consejo Universitario. /Al rector y demás funcionarios universitarios ligados a intereses de corporaciones religiosas./ Expulsar a los elementos del FUA, por representar la avanzada fascista dentro de la UAP y estar subvencionados por la reacción nacional y extranjera. /Derogar la Ley Orgánica de 1956./ Además hubo un pronunciamiento por una nueva ley que garantizara la enseñanza científica, la libertad de cátedra, la libre asistencia, la investigación científica y la apertura a todas las corrientes ideológicas, por muy nocivas que parecieran, y por la paridad de consejeros alumnos, maestros y empleados del Consejo Universitario”.

El proyecto de nueva ley orgánica se presentó al Congreso del Estado para su estudio y aprobación. El 25 de julio se publicó el texto de la nueva ley orgánica y ese mismo día el organismo patronal denominado Comité Coordinador de la Iniciativa Privada de Puebla declaró su profundo desacuerdo, y afirmó que era una copia de las leyes rusas.

Las tensiones se agudizaron y el 4 de junio hubo una concentración multitudinaria por parte de los fúas, a tal grado que el atrio y Catedral de Puebla, jardín y el centro de la ciudad fueron insuficientes para albergar a tanta gente. Ahí manifestaron su repudio al comunismo y el apoyo total al arzobispo Octaviano Márquez y Toriz. Se cantó el Himno Nacional y se ondearon banderitas nacionales. Un pequeño grupo de jóvenes llevaba un monigote que representaba a Fidel Castro y cargándolo se dirigió al edificio Carolino al grito de ¡Mueran los comunistas! ¡Viva Cristo Rey!

Las ordenes de aprehensión

En los siguientes días, el gobernador trataba de apaciguar ambas fuerzas e inclinándose hacia una tomó la decisión de que fueran aprehendidos los líderes estudiantiles. El 14 de junio es aprehendido Enrique Cabrera en su domicilio. Su encarcelamiento movilizó a muchos estudiantes y profesores, que presionaron para que fuera liberado cuatro días después, pero no fue así; Cabrera fue liberado un año después, el 22 de agosto de 1962, tras la lucha de los universitarios por su excarcelación.

“Cabrera, de 23 años de edad, fue detenido junto con Felipe Chamorro y Oscar Pérez, estudiantes de fisicomatemáticas e ingeniería respectivamente, quienes fueron puestos en libertad una vez que se consignó por daño en propiedad ajena y lesiones a Cabrera”. El procurador general de Justicia del estado, licenciado Francisco Castro Rayón, dijo que fue el rector Armando Guerra y el Consejo de Honor los que presentaron formal denuncia contra Enrique Cabrera por adueñarse ilícitamente del edificio de la Universidad.

En el oficio de la Policía Judicial, con el cual se entrega al detenido para su confinación en la cárcel municipal de San Juan de Dios, se asientan los delitos: daños en propiedad ajena y lesiones. La información que publicó el periódico La Opinión fue que la policía aprehendió a tiros a Cabrera: “Seis agentes de la Policía Judicial del Estado, lograron aprehender, a balazos, al joven estudiante de la UAP, Enrique Cabrera Barroso, ayer a las 12:30 horas”.

La noticia de la aprehensión de Cabrera prendió otra chispa más en el movimiento estudiantil. El Consejo Estudiantil Poblano, que había permanecido inactivo unos días, volvió a las calles con Radio Universidad (el altoparlante) a denunciar esta arbitraria aprehensión. Las escuelas normales anunciaron una huelga nacional en caso de que continuara preso Cabrera. Además, hubo gran movilización en todo el país; la Juventud Revolucionaria del PRI, cuyo presidente era Tulio Hernández, llamó a ésta.
Siete días después hubo persecución y detención de algunos universitarios más. En los días del 23 al 25 de junio hubo reunión de líderes de las juventudes revolucionarias en San Luis Potosí, y decidieron solicitar la libertad de Cabrera.

Eran varias las acusaciones contra Cabrera: daño en propiedad ajena, incendio, lesiones, apología o exaltación del delito, despojo de la UAP a las autoridades legítimamente constituidas. Cabrera fue llevado preso a la cárcel de San Juan de Dios. Aunque en las noticias dijeron que se habían desvanecido las acusaciones según las diligencias practicadas, el director del Colegio Benavente, profesor Rafael Martínez, insistió en señalar como responsables del delito de daño en propiedad ajena a Enrique Cabrera, Rosendo Vargas, Zito Vera, Antonio Rodríguez Díaz, Raúl Carral, Melitón Morales y a otros más.

El día 14 de junio se realiza una manifestación pacífica para protestar por la detención de Cabrera con padres de familia, estudiantes del Politécnico, de la UNAM y estudiantes glockneristas. El 18 de junio, los carolinos deciden regresar el edificio al rector Armando Guerra. Por su parte Antonio Pérez y Pérez, secretario del Comité Estudiantil Poblano, declaró se preparaban para la defensa de los presos políticos y que tendría también a su cargo la interposición de recursos legales para evitar las posibles aprehensiones de Erasmo Pérez Córdova, Zito Vera Márquez y otros más.

Mientras “la Universidad de Guerra”, informan las noticias, se cambia de la 5 Poniente a la 3 Poniente 725 debido a que aumentó el número de alumnos. El día 6 de julio se animan a reunirse en la Arena Puebla, ahí cantaron el Himno Nacional.

Al mismo tiempo, el grupo de Glockner realizó una manifestación. Los maestros del SNTE acordaron dar su apoyo al doctor Glockner y a los universitarios; pedirían apoyo a todas las secciones de la República y se entrevistarían con Jaime Torres Bodet, Secretario de Educación Pública, para informarle sus acuerdos.

Pero los fúas, el Opus Dei y las fuerzas conservadoras que se concentraron el 26 de julio en el zócalo de la ciudad siguieron actuando, cada vez con mayor coraje, contra los carolinos, a quienes acusaban de comunistas, de ofender a la Virgen de Guadalupe. Los miembros de la derecha, reunidos por el arzobispo de Puebla Octaviano Márquez y Toriz, llegaron al extremo de amenazar con incendiar el edificio Carolino.

No era la reunión más reciente. Cien mil personas se reunieron el domingo 4 de junio para orar por la paz y la justicia social en un programa reducido a algunas oraciones, cánticos religiosos y prédicas de algunos sacerdotes. La concentración fue uno de los mayores actos de intimidación hacia el gobierno, a la sociedad progresista y una demostración pública de poder. La oración colectiva llevada a cabo ese día fue una respuesta a los comunistas, a quienes consideraban falsos y perversos.

En julio de 1961 las tropas patrullaban las calles poblanas. Toda esta ofensiva contra la UAP reforzó el fanatismo religioso y anticomunista. A escala nacional se inició la campaña “Cristianismo sí, Comunismo no”. Como parte de esta estrategia, anota José Agustín, la iniciativa privada decidió continuar restringiendo sus inversiones y llevando sus capitales a Estados Unidos y a otros países. El 23 de julio, el gobierno da un ultimátum para resolver el conflicto estudiantil y nombra una comisión para que en tres días lo logre. Pero los carolinos resuelven entregar las instalaciones el día 22; el edificio Carolino queda en custodia de la policía municipal y del Ejército. Los tres poderes decidirían a quién le correspondería legalmente el edificio.

Ante el temor de que el edificio fuera entregado a las fuerzas glockneristas, Armando Guerra llama a una manifestación popular y se realizan mítines en distintos barrios de la ciudad. La prensa estima que hubo más de ocho mil personas en esos mítines. Los manifestantes marchaban por el centro de la ciudad gritando “Cristianismo sí, Comunismo no”. Se nombra como rector al licenciado Arturo Fernández Aguirre, presidente del consejo de gobierno de la UAP, quien renuncia hasta el 18 de marzo de 1962.

La ley orgánica del 24 de julio de 1961 incorpora los requisitos de quienes deseen ser consejeros alumnos. La reforma a la ley orgánica no fue aceptada por los estudiantes que apoyaban al rector Armando Guerra. Con una manifestación en protesta se dirigen a la casa del gobernador, pero calles antes de llegar a ella la policía y el Ejército impidieron su llegada. Hicieron un mitin protestando por la actitud represiva del gobernador. El gobernador confiaba en que la expedición de la nueva ley orgánica daría fin al conflicto. Para entonces, las relaciones del gobernador con Adolfo López Mateos, presidente de la República, presentaban una tensión extrema.

De hecho, a causa del conflicto estudiantil continuaba dividida no sólo la Universidad sino casi todo el estado. El Consejo Coordinador Empresarial proseguía en su lógica de demostrar que la Universidad había caído en manos de los comunistas. En su estrategia, criticaba los artículos 70 y 71 de la nueva ley orgánica, donde se establecía que las autoridades universitarias y los alumnos no debían pertenecer a órdenes u organizaciones religiosas. Manipulaba la información y decía que entonces sólo los ateos podían estudiar.

Tales actitudes se sumaban a las movilizaciones de la iniciativa privada y de escuelas católicas para oponerse y criticar la política del presidente Adolfo López Mateos sobre los libros de texto gratuitos. Todo fue realmente una campaña derechista que se unió a las campañas anticomunistas. En ese ambiente polarizado, la nueva ley orgánica fue derogada con excepción de algunos artículos. La votación en el Congreso fue de nueve votos a favor y dos en contra. Pese a este avance, los fúas, los estudiantes y organizaciones políticas de la derecha pidieron al Presidente de la República que cortara de fondo la conjura comunista.

Para paliar la presión fue aprehendido el estudiante de ingeniería Arturo Guzmán Vázquez, de 23 años de edad, quien fue declarado formalmente preso como responsable del asalto a El Sol de Puebla, por daño en propiedad ajena por incendio. Los otros tres detenidos fueron puestos en libertad; se les acusó de robo calificado aunque no hubo pruebas contra ellos. La aprehensión de Zito Vera la hicieron agentes secretos de la Jefatura de Policía del DF, quienes lo detienen en un teatro de la ciudad de México. Lo trasladan a Puebla a la cárcel de San Juan de Dios, donde pasaría alrededor de un año preso.

Tres días después le fue decretado auto de formal prisión. Con la aprehensión de Zito Vera el ambiente se tensó más. Parecía favorecer a los conservadores. Lógicamente, el movimiento cobraba nuevos bríos. La defensa de los presos políticos sería la bandera extendida. En la Universidad, el presidente del Consejo de Gobierno nombró a la comisión asesora encargada de elaborar el proyecto de una nueva ley orgánica y se pensó que el proyecto estaría listo para enero de 1962.

Con la aprehensión de los líderes se pensó reanudar clases el 12 de septiembre El diario La Opinión informó que a las 7 horas del 11 de septiembre se habían reanudado las clases en la UAP, y tanto en el edificio Carolino como en el Hospital General del Estado y en la Facultad de Medicina reinó absoluta tranquilidad. Como era de esperarse, se registraron algunas fricciones entre estudiantes de los dos grupos, aunque la asistencia era casi del cien por ciento de los alumnos que regularmente concurren a clases. De cualquier forma, el ejército continuó rodeando al edificio.

Para evitar que continuasen los problemas internos, la UAP abriría el próximo año bajo nuevos lineamientos, ya que para el día 30 de enero de 1962 debería estar terminada y aprobada la nueva ley orgánica de la máxima casa de estudios. Aunque la ley fue aprobada hasta 1963, y el 15 de abril el doctor Manuel Lara y Parra fue designado rector por el Consejo Universitario.