Número 8                                               Época IV                                     Marzo 2006


Los medios, actores políticos en la próxima campaña

Los medios de comunicación han pasado de ser simples enlaces, transmisores de información, a ser actores políticos, sujetos centrales de la acción pública… Los medios electrónicos juegan a ganar-ganar, sobre todo porque en ellos se invierte hasta el 75% del presupuesto del IFE para las campañas.

Dra. Guillermina Baena Paz*

En un mundo de complejidad, crisis y cambio, los medios y la campaña presidencial están imbricados de tal manera que se ha vuelto difícil entenderlos.

No más periodismo: sólo ventas

Nuevas formas y complejidades se han tejido en el panorama actual de los medios de comunicación en México y se han sucedido de una manera vertiginosa.

- Los medios más importantes en el país y para las campañas son las televisoras (por sus características y por la cobertura nacional de sus canales principales), de hecho ejercen el liderazgo mediático, las cadenas radiofónicas en segundo lugar y la prensa en tercero.

- Como parte de la aldea global no escaparon al supermercado global y han transformado la noticia en mercancía. Con tal de vender se ha reducido la política al espectáculo y ha aparecido en los programas de entretenimiento.

Y si la democracia vende, dijo Azcárraga Jean, vendamos a la democracia.

- Aunque sus formas de manejarse no han cambiado mucho, en el momento del auge de la televisión su padre, el “tigre Azcárraga”, afirmaba que su televisora hacía televisión para jodidos. Y poco después de adquirida TV Azteca, Salinas Pliego afirmó que su empresa hacía televisión para los que no piensan.

Los medios insertos en el modelo neoliberal traducen la información a mercancía. Su ADN, como dice Federico Wilkins, es raiting y ventas. Por eso se consideran con derecho a transgredir la moral y hasta la intimidad con reality shows y talk shows cada vez más agresivos contra las tradiciones, los valores y las costumbres de muchos pueblos. Y de esta manera, Wilkins dirá sobre sus programas que exaltan la miseria humana: “es el gobierno el culpable de la pobreza, yo sólo la exhibo”.

Los medios son nuevos actores políticos

Los medios de comunicación han pasado de ser simples enlaces, trasmisores de información, a ser actores políticos, sujetos centrales de la acción pública. El parteaguas es sin duda el momento en que los medios empiezan a cambiar de dueños y pasan de ser propiedad de periodistas a las manos de comerciantes y grupos políticos, que se sienten con plena autoridad para llenar los vacíos que ha dejado el poder, y aún se han abrogado espacios que les correspondían a los partidos políticos y a las organizaciones civiles; así, señalan, juzgan, manipulan emociones, se involucran con una postura o corriente política. En la presente campaña presidencial cada televisora tiene ya su o sus candidatos a los que va a apoyar.

Los medios electrónicos juegan a ganar-ganar, sobre todo porque en ellos se invierte hasta el 75% del presupuesto del IFE para las campañas. Con ese banquete cualquiera se indigesta, pero lo que sí es cierto, no se queda sin comer.

Desde que los medios han dejado de ser medios para volverse actores políticos muchos cambios se han sucedido. Hasta en la concepción del periodismo. Ahora sus dueños tienen intereses en el poder, no en el periodismo. Así, los medios se comprometen y van más allá con la capacidad enorme que tienen de manejar sus altavoces y silenciar a una opinión mayoritaria: se autonombran gestores, jueces, determinan los temas de la agenda, le dan a la información un tratamiento emotivo, dirigido no al razonamiento sino a la manipulación de las masas.

En este nuevo papel han promovido sin el menor recato y sin importar consecuencias contenidos caracterizados por la corrupción, los escándalos políticos, la filtración, la especulación y la editorialización de la información. Y el énfasis permanente en la parte enferma de la sociedad con los crímenes del narcotráfico, los suicidos, la mataviejitas, los crímenes homofóbicos, los feminicidios y entre este bombardeo, sin jerarquización, ni análisis, apenas se entrevé sólo lo espectacular de las campañas, esto es, las agresiones entre candidatos, las declaraciones desafortunadas, las posiciones desde diversos personajes e intereses para descalificar a los candidatos. En esta situación, la inmediatez sustituye a la reflexión.

La complejidad y los cambios constantes en la política han planteado un panorama inédito que empezó en el 2000 y, por efecto mariposa, anuncia que todo puede pasar. Los últimos tres años han sido de guerra política, de desafueros y protestas civiles, de encajonar al Estado de derecho en las arenas políticas, inmersos en un sistema político que no acaba de perfilarse, donde coexisten las viejas estructuras con las nuevas que no acaban de nacer. En la desilusión de los votantes cuando por fin se habían decidido a votar por el cambio y se dieron cuenta que su voto no sirvió más que para legitimar una democracia concertada. Se quebró la frágil credibilidad en un mandatario que no quiere enterarse del país en el que vive. Y la desilusión, despolitiza

Los medios: mecanismos de gruñidos y chillidos corrosivos

Los costos de una democracia, aún no consolidada, están dejando a los medios en una libertad inédita donde se ha deformado el sentido original del periodismo y está siendo sustituido por ruidos y gritos.

De ahí que no cause extrañeza el que los medios hayan pasado de la noticia al espectáculo y de la política como espectáculo, a la política como escándalo. Pero esta es la parte más virulenta del espectáculo, es la más corrosiva, es la que más daña a todos a quienes salpica.

La búsqueda de la información manipulada, escandalosa, amarilla y la declaracionitis, ha dejado a los medios sin sustancia de análisis o de investigación como no se había visto anteriormente. El Nicogate y el desafuero de López Obrador, los manejos no claros de Vamos México, los colchones y la compra de una residencia para la embajada de México en la OCDE; el asalto al rancho de San Cristóbal, los sueldos de los funcionarios, el Niño Verde, Bejarano, Ponce, los hijos de Martha Sahagún, el escandaloso enriquecimiento ilícito de Montiel, la impunidad criminal del 97%, todo sazonado en los intermedios por infortunadas declaraciones con carencia total de sensibilidad política y de competencia de nuestros gobernantes.

Si la sociedad y la política salen mal libradas de estas acciones también lo salen los medios de comunicación. En el caso Bejarano fueron citados a declarar 19 funcionarios y 22 medios de comunicación. La salida de Gutiérrez Vivó de Monitor y su pleito con el Grupo Radio Centro, el cierre de El Independiente por las averiguaciones en contra de Ahumada. Y en la contraparte, todos aquellos periodistas que se atrevan a estar en contra del narcotráfico o desafiarlo, acaban muertos o desaparecidos, o los atacan como al Diario El Mañana, donde también le dispararon a la libertad de expresión y al periódico le robaron su futuro.

¿Quién controla la agenda de la democracia?

¿Televisa?

Que ha demostrado ser un excelente canal de filtración de información y de videos mostrados a través de un payaso (Brozo) que se erige en portavoz de la ciudadanía. O bien colonizando el Proyecto de gobierno de los candidatos presidenciales al obligarlos a participar en los llamados Diálogos por México.

¿Carlos Slim?
Con la promoción de su acuerdo de Chapultepec tomando la bandera no solicitada de la sociedad civil y escudado en su poder económico, recibe también el apoyo y la benevolencia de los medios.

¿El gobierno?
El gobierno ha cedido mucho en sus controles, ha quitado el impuesto del 12.5%, ha oscilado entre la complacencia del digan lo que quieran, esos del círculo rojo, “se oyen ladrar a los perros”, o mejor no leer para ser feliz.

Se ha mostrado inamovible ante una aprobación fast track de la Ley de Radio y Televisión que desde 1960 no se había revisado y se venía discutiendo desde antes del gobierno salinista.

¿La Cámara de Diputados?
La cual, sin precedentes en la historia del mundo, aprobó con celeridad la Ley de Radio y Televisión causando también de inmediato la respuesta en la protesta pública y la correspondiente sospecha de que los intereses de Televisa la movieron.

¿La ciudadanía?
La democracia debe de pasar necesariamente por los partidos políticos y desde luego por los medios; pero una participación ciudadana requiere de crear otras opciones diferentes, inclusive diferentes a las organizaciones civiles que no han respondido enteramente al compromiso con la sociedad, a las opciones políticas, a las de la iglesia y sobre todo a las opciones que parten de los grupos económicos.

El gobierno ha dejado crecer al poder paralelo de los medios que lo está rebasando. En la próxima campaña esto se va a manifestar de manera indiscutible. Mientras tanto, la sociedad desmotivada será fácil pasto de la dictadura y del abandono de todos los significados de nación. Una sociedad desilusionada es una sociedad anómica, despolitizada.

Los riesgos

- Por esta vía, la sociedad se atraganta hasta la náusea de escándalos y descalificaciones; sin tener en quién creer, puede rechazar el voto a pesar de lo costoso que sea.

- Es tal el bombardeo informativo que nos hace perder el límite que divide la realidad de la ficción. Los mensajes inciden en el imaginario social para generar imágenes patológicas, diseminar las socioparanoias, las socioneurosis, las sociopsicosis y hasta las socioesquizofrenias que se empiezan a constituir en características del periodismo del siglo XXI

- Los públicos no están ya a gusto sin la presentación de informaciones impactantes, tortuosas, fuertes, que desnuden los más negativos sentimientos y acciones de lo recóndito del ser humano, de lo contrario apagan el botón. Perversión y maldad espectaculares son los signos informativos.

- La libertad ganada puede ser sustituida por el autoritarismo y la censura oficiales.

- Los medios siguen promoviendo peligrosamente antesalas de violencias verbales y provocando violencias físicas personales (efecto imitador) y sociales (caso Tláhuac)

- En el nombre de la información sustituyen a la ética y a la responsabilidad social por las estrategias mediáticas para el consumo.

Las posibilidades

- Un periodismo serio, responsable, profesional se empieza a presentar una vez que se han calmado las tormentas del escándalo y a la luz de situaciones que pudieran ser críticas en la campaña presidencial para no meter más “ruido y confusión”.

- El periodismo del siglo XXI tiene que cambiar sus estructuras técnicas noticiosas y las lleva hacia el análisis, desenreda los hilos de los procesos sociales complejos, busca las soluciones, las propuestas. Propone las estrategias para la acción.

- Todos de algún modo somos informadores, nos sumergimos al ciberespacio con un nuevo tipo de periodismo, el ciberperiodismo en la red, que rompe los moldes tradicionales; es un periodismo integrador, multimediático, atractivo visual y auditivamente, con infinitas posibilidades hasta donde la mente nos alcance, pero sobre todo en un espacio aún libre donde somos iguales, comunicadores en situación horizontal capaces de entrar en procesos dialécticos y dialógicos con el mundo y de revertir los mensajes manipulados de los medios conocidos.

Un ejemplo lo dio el pueblo español: a través de la red y de celulares logró una movilización de once millones de habitantes y presionó parta descubrir la verdad que ocultaban los sistemas tecnológicos de control que mantenía el gobierno a raíz de los atentados terroristas a la estación de Atocha en Madrid.

En los medios está la tremenda responsabilidad de que esta campaña no siga enlodando a los candidatos, a la democracia electoral y hasta al país entero. Todavía lo peor está por suceder si los medios no acatan su responsabilidad social y en el nombre del raiting le dan juego a toda la podredumbre que aún puede surgir.

· Profesora desde 1968 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. Licenciada en Ciencias de la Información y Doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores con calidad de Investigador Nacional II.