Número 08                                               Época IV                                     Marzo 2006



El “partido político” Televisa, la videocracia y las telecomunicaciones
¿El modelo Berlusconi en México?

En el mundo contemporáneo ya no es necesario dar un golpe de Estado, ‘deshacerse’ de los disidentes o acabar con la libertad de prensa para establecer un régimen dictatorial; basta controlar el consenso, monopolizando los medios de comunicación más difundidos.
Umberto Eco
César H. Espinosa Vera*

Como en los viejos tiempos priístas de la “compra de protección” televisiva, nuevamente el PRI renueva su complicidad con las cadenas de televisión dominantes, en especial con el antañoso monopolio disfrazado que es Televisa. Para ello, simplemente se sube al carro de las exorbitantes prebendas que les ha concedido el foxismo, como la abolición del 12.5 por ciento por pago de impuestos. Así –telecracia o videocracia–, en estas elecciones habrá un ganador indiscutible fuera de las boletas electorales: el “partido político” Televisa.

Con tal orientación –aunque en estos momentos suspendida en manos del Senado– a principios del mes de diciembre tuvo lugar la aprobación en la Cámara de Diputados, por vía de “fast track”, de una modificación a las leyes de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones. Por esta vía legal se busca entregar al “mejor postor” las concesiones de radio y TV en la transición a las frecuencias digitales, para beneficio directo del duopolio de la televisión mexicana y, de paso, del capital extranjero (léase EEUU) que quiera entrometerse en las conciencias nativas.

A través de la ahora conocida como “Ley Televisa”, México se encuentra al borde de una “berlusconización” rampante, al estilo de la dictadura massmediática que rige en estos momentos a Italia. ¿Este preludio de fascistización (el huevo de la serpiente) nos haría prever, allá por 2012, un Presidente de la República con apellido Azcárraga?... Por lo pronto, con nueva ley o sin ella, en las elecciones presidenciales de julio de 2006 los únicos, verdaderos y grandes beneficiarios serán los tiburones de la TV y las grandes cadenas de radio…

El citado proyecto de ley, en palabras del senador del PAN Javier Corral Jurado, constituye un acuerdo entre Televisa y el PRI con miras a las elecciones de 2006, ya que el monopolio televisivo recibirá grandes beneficios a cambio de impulsar en sus pantallas a Roberto Madrazo. No en balde Emilio Chuayffet diseminó entre sus huestes la versión de que había que aprobar la reforma por “órdenes” del candidato presidencial priista. Incluso se empezó a mencionar al diputado Javier Orozco, un oscuro ex empleado de la televisión comercial, como el próximo presidente de la “nueva” Cofetel (Comisión Federal de Telecomunicaciones).

La iniciativa ha sido considerada más bien un plan de negocios, y no de hecho una iniciativa de ley. Mediante este plan, el antiguo monopolio Televisa –ahora duopolio con TV-Azteca– trata de impedir que los empresarios de la radiodifusión puedan quedarse con las frecuencias liberadas por el trayecto a la conversión digital (que el gobierno no entregue concesiones). Pero incluso como plan de negocios resultó deficiente por cuanto trajo consigo el rechazo de los otros grupos de interés, lo que repercutió en quebrantar la aparente unanimidad de San Lázaro.

La reforma legal, un parche a favor del monopolio

Supuestamente, la iniciativa debería fortalecer al órgano regulador, es decir, a la Cofetel, y eliminar la discrecionalidad del Poder Ejecutivo en materia del otorgamiento de las concesiones.

Pero en realidad no es así. Precisamente, la única autonomía que le sería negada a esa comisión sería la del otorgamiento y ratificación de los títulos de concesión. Tal facultad, de aprobarse la iniciativa, será atribución exclusiva de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Es decir, seguiría siendo competencia privilegiada del Poder Ejecutivo. En cambio, la Cofetel apenas tendría facultades de órgano opinador dentro del procedimiento para otorgar los títulos.

Las concesiones de radio y televisión se otorgarían por licitación. La reforma de los diputados no establece criterios para ese concurso. El único atributo que se menciona es el pago de una “contraprestación económica”. Eso significa –cash, contante y sonante–, que los beneficiarios de las nuevas concesiones serán quienes tengan más dinero para pagarlas.

Igualmente, se afirma que la iniciativa auspicia la integración gradual de las telecomunicaciones alrededor del importante tema de la convergencia digital. Esto también es falso. El único beneficiado sería el monopolio que hoy en día posee cerca de 70% de las frecuencias televisivas, so pretexto de dicha convergencia digital.

La pregunta está en el aire: ¿Cómo podría llegarse realmente a un mayor acaparamiento del mercado de las telecomunicaciones en nuestro país? ¿Televisa, que controla más de 80% de las operaciones en su sector, podría abarcar más? En cualquier economía capitalista, el acaparamiento de 80% de un mismo sector es un acto monopólico. En Estados Unidos, por ejemplo, ninguna empresa puede acaparar más de 33% de la televisión, porque en ese caso sería considerada por los jueces como una actividad ilícita.

Sin embargo, no acaba aquí el asunto: la posición dominante de Televisa y Televisión Azteca, con 394 frecuencias concesionadas (225 la primera y 169 la segunda), podría crecer mediante otros servicios como telefonía, internet, transmisión de datos y otros. Los dos más grandes consorcios televisivos pretenden aprovechar la liberación de canales de televisión gracias a la aplicación de tecnologías digitales, sin que medie una licitación pública en la que nuevos interesados pudieran concursar. Lo cual sería un “regalo” para tales empresas, además de otorgar un poder económico decisivo y gran influencia política a Televisa y a Televisión Azteca.

Lo vital para el país es aclarar el tema de las frecuencias y la digitalización. Es un proceso que no ha sido suficientemente explicado. A Televisa le interesa que a través de sus televisoras no sólo se ofrezca televisión, sino también diversos servicios derivados de la digitalización como internet, telefonía, transmisión de datos, juegos interactivos, lo que ampliará el monopolio sobre servicios adicionales como telefonía y la red de voz y datos conocida como “triple play”.

Sin embargo, le hacía falta un marco jurídico. El “Acuerdo por el que se adopta el estándar tecnológico de televisión digital terrestre y la política para la transición a la televisión digital terrestre en México”, autorizado en 2004 por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), le era insuficiente.

La “renovada” Ley Federal de Radio y Televisión hace aparecer en su artículo 28-A el procedimiento para que los concesionarios puedan convertirse en redes públicas de telecomunicaciones para “usar, aprovechar o explotar una banda de frecuencias en el territorio nacional” y estar así en posibilidades de ofrecer los servicios de “triple play” (voz, datos e imagen).

En este escenario también están involucrados los concesionarios de sistemas de televisión restringida por cable, a quienes se les abre un amplio horizonte de negocios gracias a la convergencia tecnológica por medio de sus redes de cableado. Enfrente y con las mismas intenciones se encuentran los operadores de telefonía y de servicios de telecomunicaciones, quienes buscan a su vez obtener permiso para ofrecer servicios de video.

Las modificaciones limitarían al extremo el desarrollo de las estaciones comunitarias, beneficiarían sólo a los grandes consorcios en el proceso de digitalización de mediano plazo y dejarían fuera a los competidores de menor capacidad económica. Es decir: un parche ilegítimo y excluyente de las mayorías, una muestra de cómo se sirve al poder, de arreglos por debajo de la mesa.

Berlusconi, Italia: dictadura mediática

Umberto Eco, profesor de la Universidad de Bolonia y autoridad mundial en materia de Semiótica, ha escrito: «…en nuestro tiempo, si dictadura ha de haber, será una dictadura mediática y no política. Hace casi 50 años que se viene diciendo que en el mundo contemporáneo, salvo algunos remotos países del Tercer Mundo, para dar un golpe de Estado ha dejado de ser necesario formar los tanques, basta con ocupar las estaciones radiotelevisivas (el último en no haberse enterado es Bush, líder tercermundista que ha llegado por error a gobernar un país con un alto grado de desarrollo)».

En Italia, el Primer Ministro Silvio Berlusconi controla la mayoría de la televisión terrestre. Es dueño de tres redes privadas de televisión, y el gobierno, a través del Ministerio de Economía, es dueño de tres redes públicas de televisión.

También el primer ministro es el dueño de Mediaset, una cadena televisiva que forma parte de Fininvest, el superholding mediático de Berlusconi, que detenta el 44% del mercado italiano. Los opositores dicen que su objetivo es, a futuro, privatizar totalmente el espacio televisivo que podría quedar repartido en dos partes: la mayor estaría controlada por Fininvest, y la más pequeña estaría relacionada con la RAI, que ahora tiene una participación del 44.9% en el mercado.

Así, el imperio informativo de Berlusconi abarca casi todo el sector de los medios televisivos, el 45% de la prensa escrita, el 48% del mercado editorial y la mayor empresa de publicidad. Otros imperios mediáticos existen en todo el mundo: Murdoch en Inglaterra, Kirch en Alemania o Vivendi en Francia, pero no por ello son dictaduras.

La “anomalía italiana” consiste en que Berlusconi une a su hegemonía mediática su poder como máximo dirigente político del país, una mayoría parlamentaria sometida a sus designios y haberse embarcado en la construcción de una ingeniería legal y constitucional a la medida de sus intereses.

El paralelismo con México se acentúa. Por ejemplo, un antiguo funcionario gubernamental y ahora investigador de los medios, José Carreño Carlón, plantea: «desde finales de los 80 a 2000 o 2002, México logró combinar el modelo de colusión de intereses con crecientes márgenes de libertad de los medios, lo cual configuró un esquema más próximo a los modelos de Fourth Estate (cuarto poder o contra poder) y watch-dog (la función de vigilancia sobre el funcionamiento de los poderes) en los términos propuestos para los medios en las democracias con mayor arraigo».

Sin embargo, clarifica que a partir de 2002 el modelo de colusión pasó a quedar supeditado al dominio del poder privado en el control de los medios, a través de un esquema que Raúl Trejo Delarbre enuncia como “subordinación al revés”, porque a diferencia del esquema iniciado desde los años 20 ahora la relación quedaría invertida: la subordinación recae en el poder público y el mundo de la política, a favor de los grandes medios controlados por el poder del capital privado promonopólico. Se trata, lisa y llanamente, de una elevación de los medios al estatus de First Estate, de primer poder (mediocracia o telecracia).

O de “Poder Cero”, como lo ha llamado Alfonso Nieto, fundador de la Facultad de Comunicación Pública de la Universidad de Navarra: «En época no lejana se calificó a la prensa de cuarto poder; actualmente el poder de comunicar es poder cero. En ocasiones, ese poder domina sobre los que dominan, decide sobre los que deciden, juzga a los que juzgan, crea modas y las destruye; de hecho, está en la raíz de los otros poderes».

En tales términos, el gobierno mexicano cedió la rectoría del modelo de colusión en favor del componente empresarial dentro del complejo político de control de los medios. Así, esta rectoría pasó del poder presidencial, que lo monopolizó en otros tiempos, al poder de quienes encabezan las dos grandes empresas de televisión y un puñado de cadenas de radio. Al subordinar el poder público y el espectro político general al poder fortalecido de los medios, se impuso un aplazamiento indefinido al curso de la transición democrática.

Panorama que ahora, mediante la llamada “Ley Televisa”, pretende llegar a un cierre de pinzas con el control de los medios digitales o el nuevo imperio de las Tecnologías de la Información (TI), que en el mundo comienzan a conocerse como “Sociedad de la Información” o la tecnoutopía de la computadora y el Internet.

Lo que está en juego: ¿la tecnoutopía de la información?

Con la irrupción de las Tecnologías de la información, que comprenden técnicas para la difusión y la informatización de datos, aparece en escena la presencia de los “nuevos medios” de comunicación. Denominada telemática (Moragas, 1985), el concepto define un único sistema que agrupa a las comunicaciones telefónicas, a las comunicaciones de masas y a las comunicaciones informáticas de forma que integra la transmisión de datos simultáneamente y el intercambio recíproco entre individuos o entre computadoras, mediante cables, enlaces o satélites. Esto promueve que la comunicación y la información se puedan acelerar y organizar de una manera rotundamente intensiva.

A su vez, Armand Mattelart, especialista en Comunicación, antiguo colaborador del gobierno de Salvador Allende y desmitificador de las industrias culturales estadunidenses, expone que en 1998, después de tres años de negociaciones en el marco de la Organización Mundial del Comercio, marcadas por el sobrepeso de los grandes países industriales, entró en vigor el acuerdo que implantaba la apertura a la competencia de los mercados nacionales de telecomunicaciones. Quedó así abierta la puerta para la formación de grandes grupos multimedia.

Las megafusiones-adquisiciones y las tomas de participación prohijaron el hermanamiento de las industrias de contenidos mediaticos con los operadores de la red. Dichas fusiones revelaron la evidencia de la aceleración de los procesos de concentración a escala planetaria en el sector, así como la creciente importancia de los operativos financieros. Varios países latinoamericanos se habían adelantado a esa negociación de la OMC, como lo hicieron precozmente Argentina, Chile, México y Venezuela.

Apunta Mattelart que en los años 2001 y 2003 participó personalmente en conferencias organizadas por la Comision iraní de la Unesco, en Teheran, sobre la sociedad de la información en los países del Asia central y occidental, así como, en 2003, en otra convocada por el Senado de la republica en la ciudad de Mexico, para tratar los “retos de la sociedad de la información”. En cada de estas sedes quedó claro que sólo ciertos sectores se movilizan para discutir dichos temas. En Iran, los sectores reformadores. En México, el Secretario de Comunicaciones hizo mutis a la invitación y tampoco mandó ningún representante. Menos aún aparecieron noticias destacadas en los grandes medios.

A pesar de esos desaires de los poderes instituidos, el enfrentamiento entre posiciones ha contribuido a socavar los discursos tecnoutópicos, ya que ha venido a recordar que la construcción de la llamada sociedad de la información se inscribe forzosamente en un campo de fuerzas políticas de las que es difícil abstraerse y que la construcción de los usos sociales de las tecnologías es igualmente un asunto de los ciudadanos, y no sólo del determinismo del mercado y de la técnica.

En los días actuales, la conectividad técnica se presenta como el pasaporte hacia la nueva sociedad. Esta ideología de la conectividad se combina con el retorno, en las esferas del poder llamado global, de las concepciones neodifusionistas –de arriba abajo– en la producción y distribución del “conocimiento” en las estrategias de construcción de los macro-usos de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación.

La retórica de la innovación digital sirve de coartada para remozar visiones neoimperiales y etnocéntricas de la restructuración del orden mundial. Lo grave es que organismos como la Unesco aceptan suscribir acuerdos oficiales con Microsoft para yugular la “fractura digital”, en circunstancias en que dicho monopolio intenta abrir juicios por todos lados a los partidarios del software libre.

Por otra parte, el movimiento social ha desafiado los límites de esta oferta de participación y, paralelamente, busca más que nunca dotarse de sus propios lugares de reflexión y formular sus propios programas de acción. Como lo prueba la apertura, en los foros sociales mundiales, de espacios de debate y de propuesta sobre las nuevas formas de hegemonía cultural. Apoyándose en la logística de las nuevas redes de la militancia y los foros sociales mundiales, continentales o nacionales, el movimiento de la altermundialización ha incorporado progresivamente la controversia relativa al rumbo tecno-informacional en el debate sobre las razones estructurales de las disparidades socioeconómicas.

La libertad del consumidor, del usuario, no es algo que caiga del cielo. Se construye a base de contrapoderes y la organización de lugares perennes desde donde se expresa este contrapeso. No se sabe qué forma tomará, pero sin duda ha llegado el momento para pensar la organización de la sociedad civil en este campo de la acción y conciencia ciudadanas.

En una entrevista, Mattelart denuncia que la “tecno-utopía” ha perdido su asidero debido al choque con diversos aspectos de la realidad. Se impone una tendencia hacia el ordenamiento de las redes mundiales desde una visión más pragmática. El sector privado transnacional, los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales están enfrentados por la definición de la sociedad de la información.

La pregunta hoy es: ¿qué orden queremos en las redes de redes? ¿Qué nuevo orden mundial de la información estamos dispuestos a acordar entre todos los actores globales? La respuesta no resulta nada clara. Frente al sueño de que todos vamos a poder ingresar en la era del conocimiento de todo a través de Internet hay una realidad. Hay monopolios de poder y de saber.

O desistimientos históricos, como es el caso de México, donde el declive de la política se muestra agudizado por un gobierno inepto y miope, que no ve más allá de las gafas de la inminente derrota electoral de ¿su? partido.

El SemioCapitalismo (SemioKap): ¿la distopía que viene?

En un documento de febrero de 2000 se alude a la recién perpetrada fusión entre America OnLine y TimeWarner, vista en perspectiva como un pasaje decisivo en la historia de la comunicación social y en la historia de la formación de un sistema omnicomprensivo del poder sobre la mente colectiva.

Establece que la historia del ciclo de la infoproducción en el decenio de los noventa se desarrolló al filo de la alternativa entre dos posibilidades: a) la formación de una Mente Global interconectada por cable según las líneas de poder del SemioCapitalismo (SemioKap), y/o b) la formación de una Inteligencia Colectiva dotada de autonomía y de autodeterminación y, sobre todo, capaz de hacer valer prioridades diversas a aquellas de la economía semiocapitalista.

La batalla entre tales dos perspectivas sigue abierta. La rebelión global en Seattle, por ejemplo, fue un momento importante de autonomía de la Red respecto del SemioKap. La red funcionó según un modelo de tipo rizomático, descentrado, paritario y no jerárquico respondiendo a las exigencias de autoorganización del trabajo virtual según un proceso igualitario y difusivo. Al mismo tiempo, en el bando contrario se avanzaba en los proyectos de colonización económica de la red, hecha posible por vía de la simplificación de los procedimientos de búsqueda y de conexión que la web puso en marcha.

Es decir, durante los años noventa tuvo lugar un proceso de recíproco entretejido entre la red y las centrales de dominio (semiótico, económico, imaginario). Por un lado, la acción que desempeñan los productores de software para la red tiende fatalmente a desembocar en su colonización parcial. La creación de una interfase facilitadora o el desarrollo de un motor de búsqueda representan, inevitablemente, procesos de colonización parcial, de encauzamiento del flujo comunicativo y de la búsqueda. El poder pasa a través de la facilitación de los recorridos/itinerarios.

En esa vía, el lanzamiento de Windows 95 constituyó un intento agresivo de conquistar la red por parte de la empresa Microsoft. Con la incorporación de MSN en el paquete del sistema operativo, Microsoft –que en un primer momento no supo prever el impetuoso desarrollo de Internet– buscaba acortar el camino a la red incorporándola. Tuvo un éxito parcial y conflictivo, solo en mínima parte, y desde ese momento empezaron los problemas para Microsoft.

El proceso de colonización de Internet se ha desencadenado en los últimos años de manera parcial, sin que llegue a darse la alteración decisiva de la función autoorganizativa que desarrolla la red. Un episodio tuvo lugar en otoño de 1999, cuando la red supo funcionar como instrumento de organización del pensamiento internacional contra la World Trade Organization, reuniendo, canalizando contenidos y poniendo en funcionamiento un proceso de hegemonía de la red sobre el sistema mediático global.

Dejando de lado las incursiones (invasivas, por demás) de la publicidad, el flujo de comunicación de Internet hacia fines de los años noventa era de hecho un flujo autogestionado, autoproducido, funcional a los intereses –sociales, cognoscitivos, imaginarios– de los hombres y las mujeres que la utilizan, la frecuentan y la alimentan. No obstante, al mismo tiempo se desenvuelve otro proceso que agrede la autopoiesis de la red desde un punto de vista que no es el de la creación de interfaces, sino precisamente el de la producción de contenidos desde un foco centralizado (visión panóptica u ómnibus). La televisión es así el instrumento mediante el cual el Semiocapitalismo agrede la autonomía de la red. ¿Cómo?

En la última década ha tenido curso la creación de inmensos conglomerados de la producción televisiva: CNN, Warner Bross, Time (en México el dueto Televisa-TV Azteca), han producido contenidos que van desde la información al entretenimiento. La Neotelevisión o el sistema de info-tainment- [Infotainment: neologismo formado por las palabras “information” y “entertainment”] TV toma un carácter de ariete para atacar a la red.

Apenas transcurrida la batalla de Seattle (de hecho, la primera insurrección mediática del nuevo siglo) el coloso de la info-tainment TimeWarner se lanzó a la conquista de Internet, usando como caballo de Troya al mayor proveedor que existía: America OnLine. AO aparece como el vencedor, como la fuerza que absorbe: AOL funciona como instrumento de infiltración del modelo televisivo en el espacio de red.

La convergencia entre proveedor de servicio de red y proveedor de contenidos de la televisión revela un proyecto de mutación del modelo comunicativo de Internet. Si este diseño se realiza –y todavía no está todo dicho– el efecto de la fusión del mayor proveedor de red con la mayor empresa de producción de info-tainment en el mundo no será, como se dice, la convergencia entre la red y la televisión. Es, más bien, la colonización de la red por parte de la TV, la invasión de la red por parte del flujo semiótico de la info-tainment homogéneamente replicada.

Según este rejuego de fintas y embestidas, la hiper-TV busca a todo tren engullir a la hipo-net. La creación de contenidos (léase programación y barras televisivas) no dependerá más de individuos y grupos que se conectan de manera voluntaria y consciente en la electrosfera. Los contenidos son la réplica del modelo televisivo: señales arrojadas a la mayoría, producidas según los gustos (espectaculares y especulares) de esta mayoría, en beneficio de una pequeñísima minoría. En esta visión (corporativa) los nuevos usuarios tenderán cada vez más a consumir Internet como se consume televisión.

Sin embargo, el escenario pesimista, la distopía, no tiene que suceder a fuerza. En cierto sentido, porque la convergencia entre dos paquidermos puede producir una parálisis. Pero, sobre todo, porque la comunidad de la red puede aprovechar esta ocasión para intensificar sus experiencias de web tv.

Se augura, entonces, que en el próximo período los problemas técnicos que existen atrás de la transmisión de imágenes en movimiento estarán en vías de resolución. Esto implica la necesidad de estar preparados para utilizar esa oportunidad tecnológica en la perspectiva de poner en funcionamiento un proceso opuesto al que tal fusión quiere llegar. Es decir, generar un proceso de proliferación de las emisoras de video conectadas en red. Por ende, la fusión entre AOL y TV viene a ser la respuesta del sistema mediático dominante a la rebelión global iniciada de noviembre del 99. Pero la batalla está apenas en sus inicios.

Los costos de la producción televisiva impidieron siempre el acceso a operadores que no dispusieran de grandes capitales para invertir y que no pudieran capturar ingentes cuotas de publicidad. Pero hoy esto cada vez más deja de ser así. Los medios de producción visual se vuelven accesibles: una telecámara digital tiene un costo fácilmente abordable por un colectivo, por un centro social, por un artista o un grupo de artistas independientes. Además la digitalización de las máquinas de producción visual hace posible una inmediata integración de la producción visual dentro de la red Internet.

Hasta ahora, el videostreaming apenas inicia sus primeros pasos. Hoy, gracias a la disponibilidad creciente de banda ancha tiende a hacerse posible circular por la red Internet grandes cantidades de videostreaming. Pueden crearse bancos de datos visuales, jukebox propiamente dichos accesibles ya sea por parte de los internautas (que son hasta el momento una minoría ínfima de la población mundial), ya sea por parte de pequeñas emisoras televisivas que podrían transmitir desde la red a la pantalla del electrodoméstico televisivo. Se delinea la posibilidad de una integración inédita entre el dispositivo de red y la recombinación de fragmentos de producción visual.

Igualmente se delinea la perspectiva de una destrucción de la televisión. Cuando las comunidades comiencen a usar la telecámara para informar, o jugar con su vida cotidiana, la televisión dejará de ser algo que se ve y comenzará a ser algo que se hace. Esta es la posibilidad implícita de la micro TV.

No se trata de hacer una televisión más justa, una televisión más bella. La única televisión buena que se puede hacer es la que destruye a la televisión, que transforma el equipo de videocámara-transmisor en un teléfono, un video-teléfono comunitario. Si esto se vuelve una moda, un modo de ser, un comportamiento de masa, solamente los más tontos mirarán la televisión todavía, porque los otros estarán ocupados haciéndola.

Epílogo

En México, mientras tanto brillan por su ausencia iniciativas ciudadanas como los Observatorios de Medios (apoyados por organizaciones sociales, ONGs y sindicatos), y todos estamos convertidos en meros consumidores… (aunque sin capacidad adquisitiva). En tanto, el Senado de la república tienen en sus manos la papa caliente: ¿Mediocracia o democracia?

* Editor del semanario Unión y de esta revista, órganos del STUNAM. Autor de libros y ensayos sobre política cultural, comunicación, poesía experimental y arte de vanguardia.

FUENTES
§ Laura Islas Reyes, “La ley de Televisa”, ETCÉTERA, enero 2006.
§ Ricardo Rápale, “No todo es cuento”, ETCÉTERA, 5 de febrero de 2006.
§ Eduardo Martínez Cantero, “Preocupan a Canieti modificaciones ‘parciales’ a la ley de radio y tv”, LA JORNADA, Miércoles 1 de febrero de 2006.
§ Víctor Cardoso, “Marginan de la toma de decisiones a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes”, LA JORNADA, viernes 13 de enero de 2006.
§ Por Leonardo Rosas, “Controversia entre PRI, PAN y PRD por aprobación de ley de radio y tv”, LA CRISIS, 11 de enero de 2006.
§ “Reserva Senado frecuencias de radio y TV”, Infosel Financiero, 28-12-2005.
§ SENADOR JAVIER CORRAL JURADO, “Más concesiones a cambio de apoyo a Madrazo: Corral. REFORMAS A LEY DE RADIO Y TV, ACUERDO PRI-TELEVISA”, 4 de diciembre de 2005.
§ Raúl Trejo Delarbre, “En siete minutos”, ETCÉTERA, suplemento especial, diciembre 2005.
§ Gabriel Sosa Plata, “Televisa y su ley”, en la sección Finanzas de EL UNIVERSAL, el 6 de diciembre de 2005.
§ Umberto Eco, “La transparencia perdida. De la Paleotelevisión a la Neotelevisión” en La estrategia de la ilusión,1983; Madrid: Lumen, 1986.
§ Jesús González Requena, El discurso televisivo: espectáculo de la posmodernidad, Madrid: Cátedra, 1992.
§ Imbert, G., “La hipervisibilidad televisiva: Nuevos imaginarios/nuevos rituales comunicativos”. Textos de las I Jornadas sobre Televisión (diciembre, 1999). Université de Paris-Sorbonne.
§ Carmen Lloveres, “Dictadura mediática en la Italia de Berlusconi”. Agencia de Información Solidaria (AIS). España, febrero del 2004.
§ Francisco Ficarra, “El imperio mediático de Silvio Berlusconi en Italia”, revista Chasqui 89, 2004.
§ Nando Pagnoncelli, “Italia: La estrategia de comunicación política de Berlusconi”.
§ Antonio Pasquali, “Reinventando las políticas de comunicación del siglo XXI...”, Conferencia para el VI Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación - ALAIC, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, junio de 2002.
§ Adriana M. Cely Alvarez, “Elementos para caracterizar los ‘nuevos’ medios de comunicación”, Universidad del Zulia, Centro de Investigaciones de la Comunicación y la Información. Venezuela, acely@luz.ve, acely@telcel.net.ve
§ Entrevista a Armand Mattelart. “El sociólogo que desnudó al Pato Donald y el modelo estadounidense, EL PROFETA DEL APOCALIPSIS”, por Carlos Morales, suplemento Domingo, La Prensa, La Paz, Bolivia, 28 de noviembre de 2004.
§ Franco Berardi ‘Bifo’, “MEDIACTIVISMO (Activismo en los medios) Estrategias y prácticas de la comunicación independiente, Mapa internacional y manual de uso”, Matteo Pasquinelli (curador), Los libros de DeriveApprodi, 1ª edición septiembre de 2002. www.rekombinant.org