Número 08                                               Época IV                                     Marzo 2006


Reminiscencias del porfiriato en el México de hoy
Entrevista con Paul Garner

En contra de las propuestas mediáticas del gobierno priísta, que buscaba revestir la figura de Porfirio Díaz con oropeles de héroe –como la telenovela “El vuelo del águila” –, en aras de justificar las acciones políticas presentes con el valor del pasado histórico.

Julio Horta

En la mirada del extranjero, del otro, la imagen que completa lo propio. Si, tal y como lo sostiene Sartre, la imagen del ser está en el otro, entonces la posibilidad de comprender la historia del ser –y el contexto social que genera esa historia– está en el encuentro: en la mirada ajena de aquel que se mantiene distante, en tanto interpreta el devenir de lo diverso.

Si la imagen del individuo está en lo ajeno, y si esta imagen implica necesariamente la comprensión de su contexto, entonces la imagen histórica de una nación también puede ser conformada por el otro. Así, desde su mirada como extranjero, el historiador inglés Paul Garner*, autor del libro Porfirio Díaz: del héroe al dictador (Edit. Planeta, 2003), delinea el desarrollo de la historia del México moderno, sintetizando la multiplicidad de procesos con una idea: el pragmatismo político mexicano.

Partiendo de esa idea, el profesor Garner construye para sí una metodología que intenta no sólo evitar la historiografía sino, además, la dispersión. Un planteamiento, una manera de entender la historia: “Yo no quise hacer una biografía clásica –comenta el profesor–, que se base en detalles (intimidades, detalles personales, y hasta sicológicos); yo lo que pretendo hacer es otra cosa, sí entro en detalles personales pero sólo cuando estos tengan relevancia.

“La intención es realizar una ‘biografía política’ –continua el doctor Garner–. Hay dos propuestas fundamentales en esta biografía política: una es estudiar a fondo la historiografía del personaje o personajes, identificando las etapas, cómo éstas se han tratado, cómo se articulan, y cómo éstas son distorsiones historiográficas en conjunto; la otra propuesta es abordar la idea de cómo manejaba el poder, la relación entre el individuo, inmerso en un sistema con una autoridad personal muy importante, y la estructura política.”

De la relación individuo/estructura, el historiador inglés construye la síntesis histórica de México: dos formas que hablan del ser político mexicano...

Lo que yo identifico en el libro son dos culturas políticas. Hago referencia a esto de la ‘cultura de la ciudadanía’ y la ‘cultura de la pirámide’, siguiendo un poco a Octavio Paz. La cultura de la pirámide se refiere a las estructuras jerárquicas del poder en referencia al caciquismo, caudillismo y ese tipo de poder personal; y la otra cultura, llamada de la ciudadanía, que es la que existe en México todavía, y que siempre ha existido, desde la época colonial, pues siempre han existido estos rasgos que son muy largos. Pero, la cultura política de la pirámide es nueva en el siglo XIX, y es, por tanto, nueva en el estado Independiente de México.

Y es en esta forma estructural histórica del Estado mexicano que el autor encuentra las razones para estudiar al México moderno a partir del Porfiriato: “Básicamente la tesis es que Porfirio Díaz puede reconciliar hasta cierto punto esas dos culturas, y en eso se debe su éxito y su logro; pero este logro no es completo ni mucho menos... no es una reconciliación completa, y sobretodo cuando se llega al final del régimen, el equilibrio, y si se puede hablar equilibrio, se va desequilibrando hacia la cultura de la pirámide”.

Desde su perspectiva, Paul Garner encuentra una contradicción en la idea del Estado moderno mexicano: “pero lo importante es hacer notar que nace México como país, con esa visión y ese proyecto de constitucionalismo, y crea un sistema político marcado por la constitución, y este proyecto de Nación es muy difícil de realizar, porque existe la cultura de la pirámide al mismo tiempo...”

Y es en la praxis política, a fin de cuentas, donde la cultura de la pirámide política se cimienta como un hecho histórico que propicia el desarrollo del Estado mexicano...

“Quien llega al gobierno ve en todo momento la posibilidad de hacer una dictadura, eso es lo que se ve en la cultura política de México. Todos tenemos que reconocer cuál es la característica de su cultura política, que es la forma más aferrada, la más cercana a la tierra, y lo que vemos diario. Por eso, el pueblo mexicano debe reconocer cuál es el rasgo que distingue su cultura política: la pretensión latente de hacer una dictadura.

“La cultura de la ciudadanía y del constitucionalismo también siguen teniendo avances hacia un sistema más representativo, yo lo veo –continua tajante el doctor Garner– en el sólo hecho de que, ha tomado muchísimos años para que ahora en México se pueden contar los votos, y esto es un proceso muy importante para desarrollar nuestra cultura de constitucionalismo auténtico.”

Sin embargo, con certeza afirma una constante ya referida: “pero se ven los 70 años de liberalismo también, vamos a contar desde 1967, cuando triunfan los liberales hasta quizá en años anteriores cuando llega Fox al poder: pasan tantos años de liberalismo del PRI y no se saben contar los votos. Es decir, los procesos son difíciles en ese ‘ideal’ de crear un sistema más representativo; es la ambición de los líderes políticos de México en el siglo XIX y en el XX, pero la realidad política a futuro apunta hacia la ‘cultura la de la pirámide’... y es esta cultura la que sigue vigente... y sigue muy fuerte.”

En contra de las propuestas mediáticas del gobierno priísta, que busca revestir la figura de Porfirio Díaz con oropeles de héroe –como la telenovela “El vuelo del águila” –, en aras de justificar las acciones políticas presentes con el valor del pasado histórico, el profesor Garner encuentra ese rasgo que distingue, pues, al sistema político mexicano, y cuyo andamiaje persiste en la realidad social actual, como remembranza de una visión porfirista: “el contexto político del neoporfirismo, es el mismo poder político que el de Salinas y el de Zedillo, que buscan justificaciones teóricas para sus proyectos, después de la crisis, los cuales buscan fomentar las exportaciones a través de las inversiones del capital extranjero, que era lo que hacía, cuando era presidente, Porfirio Díaz”.

Inversión extranjera que resulta inevitable en el sistema económico mexicano, no tanto por los conflictos internos sino más bien por la realidad geopolítica: “México nace con esa amenaza, los jefes de estado siempre están conscientes de la presencia de Estados Unidos –afirma contundente Paul Garner–; y se complica aún más a finales del siglo XIX, cuando Estados Unidos comienza a ser imperio en la región. Yo le recomiendo a todos que lean los detalles de Cuba, los detalles de Panamá, para explicar esas ideas que tienen de la extensión del poder y de las diferentes estrategias comerciales que Estados Unidos tiene en el Caribe, en México, en Centro América. Esto último, sumándose con la Independencia, y la situación socio/económica del país después de la Revolución, México requiere necesariamente de capital extranjero para su proyecto de desarrollo nacional, y su proyecto de crear y desarrollar una infraestructura”.

Sin embargo, atento a los peligros que trae consigo la relación con Estados Unidos, el doctor Garner resalta de la doctrina del Porfiriato el deber ser de las Naciones Latinoamericanas: “en su doctrina, Díaz habla que la defensa de la riqueza y la defensa de la historia occidental en América tiene que ser responsabilidad colectiva y no responsabilidad de un solo país. Esto no lo sabe mucha gente, pero él busca a José Marti, el defensor de la soberanía, y eso es interesante. Sobre todo cuando tenemos una visión antiporfirista: de él es quien vende los intereses de la patria, quien vende soberanos...

Por el contrario –puntualiza el historiador–, pensemos qué es lo que pasa con el presidente de Nicaragua, al cual se le da auxilio; ese hecho trajo consigo muchos problemas entre el gobierno de Porfirio Díaz y Estados Unidos. Además, el hecho de que, por ejemplo, hace contratos para el ferrocarril a los británicos, y no a una compañía norteamericana. Esto resulta perjudicial porque Estados Unidos ve que utilizan su proyecto y, por eso mismo, no puede controlar la ruta oceánica; y en el contexto donde se empieza a construir el canal de Panamá, resulta ofensivo para los norteamericanos el que México se atreva a establecer una ruta con un británico.

En su relación con el mundo intelectual europeo, Porfirio Díaz implantó en México una forma de pensamiento, un sistema de ideas que sobrevive en la política contemporánea de México...

“Se habla en el sentido de que en el positivismo obviamente se refleja el ‘liberalismo puro’ que es metafísico, es demasiado idealista. Sin embargo, se tiene que investigar qué es lo que hace el positivismo y su método científico, y no sólo en la política, sino cómo funciona en la sociedad, y cómo se consigue el progreso material. Sólo entonces, con una base científica se puede construir una sociedad más adecuada al momento y los sistemas políticos tienen que emparejarse a la forma de ser de una sociedad, una con muchas diferencias étnicas, sociales...”

Pero, es este un “ideal” que se corrompe en la práctica social: “pues es muy difícil crear una democracia pura y liberal en esas circunstancias, las circunstancias de México en los albores del siglo XX, y, finalmente, esa democracia pura y liberal llega a ser justificación de un sistema más autoritario, pero siempre en sentido más pragmático”. Ideal del Porfiriato que sobrevive, aun en las justificaciones discursivas, en el ámbito político mexicano: “Pues sí existe –afirma Garner–, se puede hablar del proyecto de los años 80 dentro del mismo partido del gobierno, del PRI, donde vemos rasgos positivistas”.

Un sentido pragmático que propició, en el desarrollo histórico de México en la Modernidad, la dispersión política: “pero todo esto es un producto básicamente del proceso de cambio material bastante significativo y a raíz de estos cambios socioeconómicos se crean los problemas nuevos: esos cambios económicos generan problemas socioeconómicos; por un lado es un problema político de asociación, además de la necesidad de una participación mayor de una sociedad que está cambiando”.

Cambios que, en palabras de Paul Garner inician con “el sistema personal de Díaz, que ya no es el sistema adecuado para un país en vías de desarrollo, pues la manera en que Él manipula el sistema ya no va a funcionar. El problema principal es la asociación, muchas veces cuando Él dice que va a dejar el poder, todos empiezan a partir hacia el maderismo, el realismo o el cientificismo, todos quieren apurarse, entonces llegar a ser; se desata, entonces, lo que había sido una ficción de unidad dentro de la política, porque siempre se dio una lucha reunida entre los que están dentro de la interpolítica, y entre ellos los nuevos aspirantes al poder”. Una práctica de “asociación que configura el escenario donde actúa el sistema electoral de México”.

Y es este un escenario político, donde todos luchan por la Silla Presidencial, que ya había previsto Porfirio Díaz: “se escuchó alguna vez que Díaz decía que ‘en Estados Unidos su democracia es diferente, pues, cuando se elige a un Presidente, todos se juntan y lo apoyan. En cambio, en México, cuando se elige a un Presidente todos se juntan y se suman para derrocarlo’; eso es muy interesante... no sólo demuestra su inteligencia, pues si lo dijo es muy sabio decir esto, sino que eso explica porqué es tan difícil gobernar a México. Y yo creo que estaría muy de acuerdo con esto Vicente Fox, estoy convencido de ello”.

Finalmente, el doctor Paul Garner, desde su perspectiva extranjera, con el conocimiento de la historia en pecho, lanza una mirada al pasado siempre presente del otro, y entonces dicta sentencia:

“La Nación se crea con conciencia, y eso es lo que se debe incorporar a todos los mexicanos: hacerlos mexicanos y convertir a todos los campesinos en ciudadanos. Convertirlos en verdaderos mexicanos es un proyecto que es muy difícil de conseguir, pero está dentro del mismo proceso cultural, tal y como se forman los mexicanos con gente que no tiene ese concepto de lo que significa ser mexicano.”

“Yo creo que desde la época de Porfirio Díaz se empieza a dar esto: se construyen monumentos; se escribe y construye la historia patria, como lo hace Justo Sierra en su México como país mestizo, que es cuando México encuentra su identidad... Este proceso se va dando durante el Porfiriato, y es muy importante y difícil crearse, pero se va creando.

“El punto era que en la guerra contra Estados Unidos se debe dar la conciencia nacional, pero se debe empezar con el territorio, pues hay contra qué y por qué luchar, se debe de ver por qué se lucha y cuál es el proyecto, hay muchas cuestiones en las que se van creando las bases de una nación. Esto es un proceso largo y difícil, que no se ha conseguido a raíz de la Revolución, pero se ve desde el proceso anterior: el mito a través de la Revolución dice que el nacionalismo nace con el Estado, y el verdadero nacionalista se ve en la revolución... bueno tal vez sí se ve, pero las raíces están desde el Porfiriato.”

* Paul Garner es profesor de estudios hispánicos y latinoamericanos en la Universidad de Londres. Realizó estudios doctorales en la Universidad de Liverpool, y ha publicado diversos artículos sobre la historia política de México de finales del siglo XIX y principios del XX. Entre 1995 y 2002 fue el editor del Bulletin of Latin American Research, del Reino Unido.