Número 08                                               Época IV                                     Marzo 2006


Sección Internacional

Coloquio internacional

Pensamiento y produccion del conocimiento:
urgencias y desafíos en América Latina

Los latinoamericanos, pensadores y no pensadores, obreros, artesanos, estudiantes, deben saber que América Latina no es una emanación de la tradición occidental. América Latina ha conformado un cuerpo económico-político propio, con sujetos propios y una epistemología propia. La noción de transmodernidad viene a tomar presencia.

Gerardo Carranza Rosales
Omar De la Rosa López (1)

El pensamiento nuevo en América Latina nace de una urgencia, la necesidad de construir alternativas nuevas para Latinoamérica. La conmoción estudiantil y obrera del 68 es una crisis posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuyo impacto en América Latina fue mayor al que se presentó en Europa; es en estos movimientos donde se encuentra la génesis de la “filosofía de la liberación.” Cuando se habla de la liberación, es pensar más allá de una liberación intelectual, es hablar de una liberación del mundo físico, del mundo real al que los pueblos están sometidos; es hacer libres a los sectores desprotegidos de la sobre explotación, la represión, la exclusión; es liberar a los no libres de sufrimiento real.

Esta liberación debe surgir de la experiencia que conlleve a la reconstrucción de categorías. Wang Yang Min menciona que no es posible hacer teoría sin la praxis, la teoría parte de la experiencia. Marcuse (El hombre unidimensional), Forrow (Los condenados de la Tierra), Sartre, en sus obras hacen una crítica frontal a la lectura unidimensional y arbitraria del modelo político contemporáneo. Estos autores manifiestan que las urgencias del pensamiento mundial (y América Latina debe incorporarse a estas exigencias epistémicas) es construir nuevas categorías desde el contexto propio para explicar realidades propias.

La urgencia inmediata es hacer una crítica a la totalidad categorial de la política mundial dominante. Es elaborar una crítica de todas las categorías capitalistas, de las categorías presentes y de las ausentes; una categoría nueva insertada en una cadena categorial puede redefinir toda una cadena de categorías. Levitas pospone la categoría de la exterioridad como fundamento para las relaciones entre sujetos. Todos los individuos cumplimos funciones dentro del marco de lo social, pero fuera de las relaciones funcionales el sujeto surge como ser de exigencias epistémicas y éticas, exige ser respetado por el otro. Es aquí donde la categoría de exterioridad propuesta por Levitas aplica. Esta categoría de la exterioridad no es más que explicar el mundo a través de nuestra propia subjetividad, es externar lo interno y disponernos al diálogo, al escuchar la vida del otro, al respetar la historia, la voz del otro que se presenta a la vez como externo a uno mismo.

América Latina debe advertirse como colonia y evitar seguir siéndolo. Es conveniente comenzar el trabajo des-colonizador. Esta condición de colonizado no se presenta sólo en las regiones subdesarrolladas de América, sino en los diversos países del tercer mundo carcomidos por los mecanismos del libre mercado. Esta evidente necesidad de la filosofía de la liberación se torna, entonces, ya no como una urgencia meramente latinoamericana sino global. El capitalismo sacrifica al hombre desprotegido, destruye al hombre mismo, en donde esta práctica económica-social permite la sobrevivencia del modelo neoliberal. Este capitalismo destructor impide, niega la experiencia de la filosofía libertadora.

El trabajo del intelectual en este proceso es notable. El trabajo del intelectual, como del obrero, como del revolucionario armado, son praxis de igual dignidad e importancia. Para combatir las justificaciones imperialistas de dominio es necesaria la construcción epistémica de categorías, conceptos, teorías que fundamenten el actuar de la filosofía libertadora. El concepto esencial de la política es el de poder. El poder se ha entendido en la teoría sociológica y política como el ejercicio de la dominación, pero el poder es también la posibilidad potencializada de los movimientos del sector obrero, campesino, estudiantil, marginado, excluido a formar parte de la realidad política del país.

Las instituciones que nacen para servir se han transmutado en agentes dominadores. Las instituciones son necesarias para la humanidad, pero es igual de necesario reconstruirlas para su nueva constitución como instituciones para la no corrupción. La política, en su dimensión ética, debe partir para darles a aquellos que han quedado excluidos de la realidad política del país desde hace 500 años con la llegada de la cultura y epistemología occidentales. La política de la liberación es la deconstrucción de las instituciones y construir nuevas, de ahí surgen las alternativas de un conocimiento nuevo, no convencional.

La construcción de conocimiento surge de la crítica aplicada a todas las categorías con que leen y explican el mundo las dinastías burguesas capitalistas. El liberalismo latinoamericano debe ser propio, debe surgir de la construcción de categorías nuevas, de categorías que pregunten y respondan a la realidad de América Latina. El importar liberalismos occidentales, eurocentristas son propuestas de soluciones estériles. El liberalismo europeo no ha funcionado en occidente, mucho menos funcionará en un contexto ajeno. La filosofía de la liberación debe nacer de conjeturas latinoamericanas que den cuenta de la realidad latinoamericana, pero sobre todo que den alternativas viables para la liberación de los pueblos subyugados por la tiranía de la política neoliberal destructora.

· Acerca de la obra de Enrique Dussel.
Nelson Maldonado.

Hay que comenzar por reconocer el discurso de aquellos pensadores que no han sido explotados y que se han resistido al olvido antes de ser conocidos. El hecho de que la generación actual se encuentra en la necesidad del diálogo y en la búsqueda de respuestas al contexto del presente. No deben existir egoísmos por parte de los intelectuales, no deben buscar un reconocimiento sino emplear esfuerzos por alcanzar la consolidación de un proyecto en común. La tarea es diversificar actividades, rescatar a los pensadores que enfrenten al positivismo y las relaciones asimétricas de poder.

Se afirma lo dicho por Enrique Dussel: la urgencia de elaborar pensamiento fuera del eurocentrismo no puede seguir esperando a ser resuelta. Es necesario elaborar un conocimiento crítico desde la periferia de las fuentes del conocimiento hegemónico. La gran contribución de Dussel al pensamiento latinoamericano es pensar el mundo desde un espacio fuera de centro occidental; es haber estudiado el pensamiento europeo fuera de dicho espacio y elaborar una critica sustancial de los procesos de construcción de conocimiento eurocentristas. Enrique Dussel pensó la historia americana desde América; construyó al análisis histórico incluyendo a los que han sido excluidos desde siempre. Enrique Dussel, dice Nelson Maldonado, se percató de los problemas de la periferia que el centro no encontró.

El relativismo en la teoría sociológica eurocentrista es arbitrario; el análisis no es profundo ni completo. Algunos pensadores como Dussel, Zemelman, etc., han logrado, sin desconocer las tradiciones intelectuales occidentales, dar cuenta de la realidad global y latinoamericana. Los pensadores europeos reflexionan sobre lo social de su espacio geo-político, y después lanzan al mundo los saberes políticos, sociológicos, filosóficos, pedagógicos, que se construyeron bajo un contexto determinado, como conocimientos que se creen abarcativos para cualquier sociedad del globo.

Los latinoamericanos, pensadores y no pensadores, obreros, artesanos, estudiantes, deben saber que América Latina no es una emanación de la tradición occidental. América Latina ha conformado un cuerpo económico-político propio, con sujetos propios y una epistemología propia. La noción de transmodernidad viene a tomar presencia; lo transmoderno es la trascendencia de lo vigente, lo contemporáneo, lo moderno; es trascender a las tradiciones de pensamiento, trascender a la lectura del mundo desde el conocimiento occidental, trascender a la lectura pobre que se tiene de América Latina y elaborar categorías innovantes que coexistan con un presente potenciado. El gran reto que presenta América Latina es hacer de ella una región descolonizada y transformadora.

· Acerca de la obra de Aníbal Quijano.
Agustín Lao Montes.

La colonialidad está abarcando las formas de razonamiento, como una visión total de la realidad. Las preguntas surgen: ¿Cómo construir un marco social para explicar la diversidad latinoamericana? ¿Cómo desmantelar la colonialidad? ¿Cómo elaborar conocimiento post-occidental para conocer la realidad de América Latina? ¿Qué se entiende por colonialidad del poder? Estas son preguntas cuyas respuestas germinan en el pensamiento de Aníbal Quijano.

La colonialidad del poder es una forma de dominación y explotación. El patrón colonial debe entenderse como un proceso de conquista global. La colonialidad del poder se puede definir analizando tres ejes importantes:

- Explotación del trabajo por el capital. Todas las formas históricas de relaciones productivas como la esclavitud, el feudalismo, etc., se articulan en vinculación con el concepto de capital global. Este proceso que ayuda a entender las relaciones económicas en el mundo y sus desigualdades de repartición de riqueza no se explica simplemente por las teorías económicas, sino también por las formas de exclusión racial habiendo marcado la división “natural” del trabajo. La desigualdad laboral y racial es vigente; las divisiones geopolíticas hacen aún más visibles dichas desigualdades. La competencia entre los estados imperiales en busca de la hegemonía política, militar, cultural, intelectual y primacía económica en este sistema mundo moderno colonial capitalista son los dramas principales de lo que se conoce como globalización.

- Dominación etnorracial y cultural. No se puede entender la división del trabajo y la desigual repartición de la riqueza a nivel global sin estudiarlo como un proceso a largo plazo de racialización del capital humano. La creación de una clasificación racial que los modelos occidentales y neoliberales han creado, la desvalorización de la memoria y la cultura de los sujetos racializados y colonizados son pilares fundamentales del patrón colonial del poder. El sujeto dominado es el indio, el negro, el bárbaro (para el caso de algunas regiones del norte de Europa), el sujeto imperial es de raza blanca, occidental, propietario, educado, catalogándose así como raza superior.

Aníbal Quijano define el patrón de poder como una malla de relaciones de explotación, dominación y conflicto. La clasificación social corresponde al espacio geo-político, asignando roles a los individuos. Las instituciones que nacen con la gestación de la colonialidad del poder son:

- La corporación capitalista.
- El estado moderno.
- La familia burguesa.
- La universidad liberal.

El proceso colonizador tiene su organigrama bien definido. Las jerarquías globales de explotación con dimensión propia se enumeran a continuación:

- La división internacional del trabajo entre centro de poder y periferias.
- Sistema interestatal de organizaciones político-militares controladas por hombres europeos o eurodescendientes para la mejor administración de las naciones-estado.
- Jerarquía étnica y racial que privilegia a la raza imperial sobre la no imperial.
- Jerarquía global de género que privilegia a los hombres sobre las mujeres, siguiendo un modelo de sociedad patriarcal europea.
- Jerarquía sexual que privilegia a los heterosexuales sobre los homosexuales.
- Jerarquía espiritual que privilegia a los cristianos sobre los no cristianos; haciendo del cristianismo la religión dominante.
- Jerarquía epistémica que privilegia al pensamiento occidental sobre el no occidental.
- Jerarquía lingüística entre los idiomas europeos y los no europeos. Se privilegia la producción de conocimiento en lenguas europeas y se subalterniza a las demás corrientes lingüísticas.

Una exigencia histórica que se presenta paralelamente a la necesidad de descolonizar las colonias latinoamericanas es el no solamente enmarcar la cartografía de la dominación, sino también trazar el repertorio regional que ha optado por la resistencia. Aníbal Quijano deja en claro la cuestión de hacer una distinción entre colonialidad del poder y colonialismo: la primera es un patrón de dominación que es la matriz del poder en el mundo moderno; la segunda es la administración directa del aparato colonial de parte de los poderes imperiales.

La descolonización es un proceso a largo plazo; se presenta como la tendencia clave resultante del efecto de las luchas cotidianas, de las múltiples resistencias que conforman los movimientos antisistémicos. La descolonización es un proceso para desmantelar las diversas formas de explotación y dominación en la región de América Latina; la descolonización se debe construir en formas donde la opresión y la exclusión se desconozcan. La descolonización se convierte entonces en el producto de las luchas concretas de sujetos concretos afrontando la colonialidad del poder en todos los rincones de la cotidianidad. Un cambio, un movimiento revolucionario debe aportar transformaciones antisistémicas, debe originar patrones de la no-dominación. Hay que ser analíticos de la colonialidad del poder, hay que practicar la pedagogía de la liberación.

La descolonización implica un proceso de democratización necesariamente de todas las esferas de lo social. Lograr la descolonización implica actuar durante un proceso continuo, es decir, es democratizar la democracia. En la praxis de muchos movimientos de génesis popular, se encuentra la fuerza viva de la descolonización; el objetivo primario de los pensadores de la filosofía de la liberación es dar a luz una política de la esperanza.

· Acerca de la obra de Hugo Zemelman.
Juan Quintar

Hay una relación íntima entre experiencia y construcción del conocimiento. En la investigación, y sobre todo en la construcción del conocimiento, hay que recuperar al sujeto como ser pensante, como sirviente de su tiempo, construir desde la propia experiencia, pero sin negar el contexto, la historicidad del momento. Pensar en el pasado para comprender el presente y construir un futuro, es la triada para potencializar el presente y posibilitar la construcción de nuevas corrientes epistémicas. Pera todo lo anterior es necesaria la tensión intelectual.

La realidad latinoamericana presenta una desconexión acentuada entre sujeto y contexto. Se han roto los lazos intelectuales con el medio inmediato, la observación no contempla; el sujeto se ha limitado a ser un pasivo espectador de su mundo. Gran parte de esta pasividad ante el mundo es porque los mismos intelectuales han demostrado miedo de revelarse contra las ideologías importadas, un miedo que viene de la falta de creación de conocimiento nuevo; los intelectuales en la mayoría de sus trabajos han reproducido la visión occidental, no han construido alternativas nuevas que respondan a las urgencias latinoamericanas; por eso mismo los pueblos no los siguen.

Urge la postura de pararnos con asombro de lo que pose frente a nuestros ojos, observar la realidad como celebrando la existencia. Pararnos asumiendo la ignorancia ante lo real, asumirnos como humildes frente al mundo. Si no es posible que el sujeto se ampare bajo el asombro, bajo la condición de ignorante, no puede dar una lectura crítica y profunda de la realidad, pero sobre todo, la lectura no habrá sido capaz de percibir las maravillas de lo social y del mundo mismo. A lo anterior le llama Juan Quintar la elaboración de una epistemología del buen sentido; esto es una invitación a pensar desde la desnudez, desde la intemperie.

Hay que saber leer las teorías y saberlas ubicar en un marco geo-político. Hay que construir conocimiento que corresponda a su momento, que siga la dinámica del momento, que tenga la capacidad de identificar lo potencial. Romper con la lógica de la legitimación, con la lógica del pensamiento convencional tiene un costo elevado, por lo cual es necesario enfrentarlo con valor y ética. Una de las características más vivas del siglo XX fue la limpieza étnica; la característica en el siglo XXI debe ser el inicio del proceso descolonizador, un proceso continuo a largo plazo, que requiere valentía de todos los sectores de la sociedad; un cambio que comienza desde el balance de le existencia misma.

· “Epistemología de la conciencia histórica o del presente potencial. Un modo de construir conocimiento”
Hugo Zemelman.

1. América Latina enfrenta desafíos importantes que le plantean y exigen repensar el camino a seguir, uno de ellos es el del desajuste de orden teórico y conceptual que se manifiesta a través de un desfase(2) entre estos y la realidad.

2. El ritmo de la realidad no es el ritmo de la construcción conceptual. Los conceptos se construyen a un ritmo más lento que los cambios que se dan en la realidad externa al sujeto, por eso constantemente se está generando un desajuste. Dicho así parece como un problema menor, pero, en verdad, tiene consecuencias profundas porque en la medida en que no resolvamos este problema podemos incurrir en discursos y enunciados, o manejar ideas, que pudiendo tener una significación en términos de la bibliografía, o, para decirlo de una manera mas amplia, en el marco del conocimiento acumulado, no tengan necesariamente un significado real para el momento en que construimos el conocimiento.

3. Sujeto desfasado. Al no tener conciencia que se está dando un desajuste entre la teoría y la realidad que se pretende denotar, resulta que estamos inventando realidades. Situación que podemos reconocer no solamente en el ámbito de la investigación o de la docencia, de la academia en general, sino que también en otro orden de discursos, por ejemplo, el discurso político. En ocasiones nos encontramos con que éste frecuentemente está amarrado a conceptos que no son pertinentes, que no están dando cuenta de la realidad.

4. ¿Cómo me puedo colocar yo frente a aquello que quiero conocer?

5. Distinguir entre un pensamiento teórico y un pensamiento epistémico, cuya diferencia está precisamente en el cómo se resuelve la relación del pensamiento con esa realidad que se quiere nombrar.

En el pensamiento teórico la relación que se establece con la realidad externa –con la externalidad, para decirlo en términos más correctos, a la luz de las discusiones actuales– es siempre un pensamiento que tiene contenidos; por lo tanto, el discurso de ese pensamiento es siempre un discurso predicativo, vale decir, un discurso atributivo de propiedad; ya que no es un pensamiento que puede dejar de hacer afirmaciones sobre la realidad, pues un pensamiento teórico es un pensamiento que hace afirmaciones sobre lo real.

6. El pensar epistémico consiste en el uso de instrumentos conceptuales que no tienen un contenido preciso, sino que son herramientas que permiten reconocer diversidades posibles con contenido. Esto hace parte de lo que podríamos definir como un momento pre-teórico, mismo que tiene un gran peso en las posibles teorizaciones posteriores. Decir pre-teórico, significa decir, construcción de relación con la realidad.

Notas
1. Estudiantes del Posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
2. Esta idea del desfase es clave, ya que alude a los conceptos que a veces utilizamos creyendo que tienen un significado claro, y no lo tienen. Esto plantea la necesidad de una constante resignificación que, aun siendo un trabajo complejo, es también una tarea central de las ciencias sociales, sobre todo de aquellas de sus dimensiones que tienen que ver con la construcción del conocimiento. Dicho de otra manera, es un tema central en el proceso de investigación y, por lo tanto, es un tema central de la metodología. Zemelman, Hugo, “Pensar Teórico: Pensar Epistémico” en La voluntad de conocer.