Número 09                                               Época IV                                     Junio 2006


REFORMA UNIVERSITARIA

La asignación de horas frente a grupo
de los profesores de carrera en el bachillerato

En la UNAM a los profesores de la ENP y el CCH se les considera -debido a una serie de prejuicios- profesores “de segunda”porque, en general, el subsistema de bachillerato es considerado de este modo. ¿No se encuentra en esto la explicación del bajo nivel académico que se le achaca al ciclo de bachillerato universitario?

Eduardo Harada O.

1. Introducción: el fantasma de la modificación del EPA

Desde hace dos años que comenzó a hablarse de una posible modificación del Estatuto del Personal Académico (EPA) de la UNAM(1) se han hecho diversos cuestionamientos acerca de los verdaderos motivos, los motivos profundos, que subyacen a dicho proyecto.

Sin duda, uno de ellos tiene que ver con la reforma del régimen de jubilaciones y pensiones no sólo en nuestro país sino en todo el mundo, debido a la llamada “inversión de la pirámide poblacional”: el número de trabajadores en activo y que contribuyen por medio de sus cuotas a los sistemas de seguridad social en un futuro cercano será menor que el número de jubilados y pensionados,(2) por lo que, según algunos, si el régimen actual no es reformado pronto finalmente se colapsará.(3)

La anterior, obviamente, no es una cuestión “académica”, sino ante todo laboral; sin embargo, debido a que, como se sabe, el EPA es el resultado de un intento de las autoridades de la UNAM en los años setenta por regir las relaciones laborales con los trabajadores académicos de manera estatutaria o interna y no por medio de un contrato colectivo de trabajo pactado con un sindicato representante de los intereses de éstos (que fue lo que finalmente se consiguió debido a la lucha sindical que llevó a cabo el STEUNAM, antecedente del STUNAM, pero de la cual resultó favorecida la AAPAUNAM),(4) en el EPA no sólo aparecen asuntos académicos.

En efecto, para aplacar la exigencia de los trabajadores académicos de tener derecho a organizarse a través de un sindicato, las autoridades universitarias pensaron en incluir en el EPA algunos beneficios laborales adicionales a los que marca la Ley Federal del Trabajo. Es por ello que en su Artículo 6 Fracción XIV se habla de que los profesores “al jubilarse” recibirán, independientemente de cualquier otra prestación, una “gratificación” especial.

Pero, aunque los cuestionamientos anteriores se encuentran plenamente justificados, creo que tienen –al igual que, en general, las “criticas” al neoliberalismo o a la globalización- el defecto de ser demasiado generales y puramente negativas, una carencia que, no sin cierta razón, normalmente se les achaca a las críticas provenientes de la “izquierda”.(5)

Por ello, en este artículo quiero concentrarme en un problema específico del EPA y también hacer algunas propuestas concretas para tratar de solucionarlo. En concreto, hablaré de la asignación de horas frente a grupo de los profesores de carrera (a quienes de manera incorrecta se les suele llamar, incluso por parte de las autoridades, de “tiempo completo”)(6) dependiendo de su categoría y nivel. Sobre todo, me concentraré en el caso de los profesores del subsistema de bachillerato de la UNAM, es decir, de la ENP y el CCH.

Este caso me parece importante porque, como he tratado de mostrar en otros lugares,(7) la legislación universitaria establece una serie de diferencias en cuanto a la carga de horas de clase que les corresponde, por un lado, a los profesores de educación media superior y, por otro lado, a los de licenciatura y posgrado: la de los profesores de bachillerato suele ser mayor, aunque los requisitos para obtener esas categorías y niveles sean exactamente los mismos para ambos tipos de profesor, e inclusive sean iguales a los que se exigen a los investigadores.

Lo que haré en este artículo será, primero, poner de manifiesto y cuestionar algunos de los supuestos, más bien, prejuicios, que existen sobre la enseñanza en el bachillerato. Segundo, trataré de mostrar que la situación vigente en la que se encuentran éstos es injusta para ellos y dañina para la universidad y sus alumnos. Tercero, haré propuestas para cambiarla por medio de modificaciones al EPA: que el número de horas que imparten frente a grupo sea el mismo que se les asigna a los profesores de licenciatura y posgrado, un mecanismo más preciso y justo para reducir la asignación de horas de clase de los profesores de carrera de la ENP y el CCH, según la categoría y la antigüedad que posean, y la creación de la figura del profesor-investigador a nivel bachillerato.

Cuarto, responderé a dos posibles objeciones (la primera acerca de los problemas presupuestales que produciría la aplicación de las modificaciones que propongo al EPA y la segunda sobre las dificultades administrativas que se podría enfrentar la asignación concreta de las horas de acuerdo con dichas modificaciones). Y, finalmente, presentaré algunas consideraciones finales acerca de quienes pueden opinar que el tipo de solución que propongo, a saber, modificaciones específicas al EPA, es contraria a los verdaderos intereses de los profesores y que finalmente favorece los deseos de las autoridades.

2. Algunos prejuicios sobre la docencia en la enseñanza medida superior o bachillerato

Algunos de los supuestos que se encuentran detrás de las diferencias que existen en la UNAM en cuanto a la carga de horas de clase que les corresponde, por un lado, a los profesores de educación media superior y, por otro lado, a los de licenciatura y posgrado son:

· es más fácil impartir clases en bachillerato que en licenciatura y posgrado, pues primer nivel educativo es inferior;
· para ser profesor en él se requiere de una menor preparación académica;
· la mayoría de los profesores en la educación media superior ni siquiera poseen el título de licenciatura;(8)
· como el nivel educativo de los profesores y alumnos de bachillerato es menor a los de licenciatura y posgrado, la calidad académica del primero también es inferior;
· cualquier persona con grado de maestro o doctor, aunque no tenga experiencia docente en el bachillerato, puede impartir mejor clases en este nivel que un profesor que sí tenga experiencia, pero no cuente con estudios de posgrado;
· mientras mayor sea el grado académico que un profesor posea mejor será la calidad de su enseñanza, sin importar el nivel educativo en el que imparta clases o la experiencia docente que posea;
· el único problema al que se enfrentan los profesores en la educación media superior es trasmitir o adecuar al nivel académico de sus alumnos los conocimientos que poseen gracias a contar con al menos estudios de licenciatura;
· impartir clases en este nivel puede ser una tarea mecánica consistente en repetir la misma clase a diferentes grupos y a prácticamente cientos de alumnos;
· ser profesor en el bachillerato se imita a seguir un programa de estudios oficial o exponer algún libro de texto o manual;
· el tiempo para investigar y preparar clase de los profesores de bachillerato puede ser menor que el que ocupan los profesores de licenciatura y posgrado o, inclusive, puede ser nulo;
· los profesores de la ENP y el CCH únicamente deben dedicarse exclusivamente a la docencia (por eso son “escuelas”) o, por mucho, a investigar sobre cuestiones didácticas (acerca de cómo trasmitir conocimientos), pero no de la “investigación básica”, la cual les corresponde a los profesores de licenciatura y posgrado y, ante todo, a los miembros de los institutos y centros de investigación universitarios;
· es necesario que la enseñanza que se imparte y la formación que se proporciona en la educación media superior sea uniforme, sujetas a los planes de estudios y programas oficiales de las materias y a las disposiciones de los consejos técnicos, evitando así que cada profesor imparta lo que quiera o lo que se le ocurra (cosa que sí puede suceder en licenciatura y en posgrado, pero no en la educación básica o elemental, como es el caso del bachillerato).

Desafortunadamente, estos supuestos equivocados y dañinos(9) no sólo se encuentran difundidos entre las autoridades de Rectoría (lo cual sería comprensible dado su desinterés por las cuestiones académicas) sino entre los profesores de licenciatura, posgrado y los investigadores de la UNAM, quienes dominan el Consejo Universitario y están sobrerrepresentados en él, por lo que no es probable que alguna modificación del EPA cambie esta situación.(10)

Es más, cada vez que las autoridades de Rectoría han tenido la intención de llevar a cabo una reforma en la UNAM -provocando con ello huelgas estudiantiles- se oyen voces (principalmente de investigadores) que hablan de separar de la UNAM su subsistema de bachillerato (concediéndole “autonomía”), debido a que, a causa del pase reglamentado o “automático”, ingresan a licenciatura alumnos de la ENP y el CCH con bajo nivel académico.(11)

Sin embargo, cuando se habla de esto siempre se olvida o desconoce que las condiciones en las que trabajan los profesores de la ENP o el CCH, incluso los de carrera como enseguida veremos, suelen ser menos favorables a las que enfrentan los profesores de licenciatura y posgrado, por lo que para los primeros es mucho más difícil alcanzar resultados académicos “de excelencia” entre sus alumnos.

No obstante, inclusive en las primarias públicas de nuestro país, en parte por la ya mencionada “inversión de la pirámide poblacional” (el número de niños que tienen que estudiar este nivel educativo cada vez es más reducido), pero también porque se ha cobrado conciencia de la importancia que tienen las condiciones laborales de los profesores para que éstos mejoren el nivel académico de su enseñanza, se ha reducido el número de alumnos en cada grupo y se ha buscado lograr una dedicación de tiempo completo por parte de ellos.

Ahora bien, desde hace tiempo se sabe que actualmente el principal problema de la educación en México no es tanto la primaria (como sucedía hace algunas décadas), sino la educación media: no sólo la secundaria sino también el bachillerato. Por ello, se habla mucho en la secundaria de la necesidad de revisar y modificar sus planes de estudio, por ejemplo, eliminando el exceso de materias y el gobierno federal ha aumentado significativamente el número de becas para los alumnos de este nivel educativo. Sin embargo, todavía no se toma en cuenta que si no se mejoran las condiciones laborales de los profesores cualquier iniciativa al respecto tendrá pocas probabilidades de éxito.

De todas formas, uno no puede perder la esperanza de que no sólo los gobernantes de nuestro país y las autoridades de la UNAM sino, también, los profesores e investigadores universitarios (los cuales, como ya dije, tienen en sus manos el CU) realmente quieran aumentar el nivel educativo en la educación media superior y que se den cuenta que para ello es esencial también mejorar las condiciones laborales de los profesores de este nivel educativo, o, al menos, ponerlas al parejo de las que disfrutan otros profesores de la misma UNAM.

Sería imposible en el espacio de este artículo, dedicado más bien a cuestiones de legislación universitaria y no a cuestiones pedagógicas o de filosofía de la educación, discutir en detalle cada uno de los prejuicios referidos sobre la enseñanza en el bachillerato, así que sólo ofreceré algunas breves “tesis” al respecto, dejando para otro momento la argumentación que las apoya:

· cada nivel educativo es condición de posibilidad para el ingreso y estudio exitoso de los sistemas niveles subsecuentes;
· por tanto, todos los niveles educativos son importantes y deben recibir recursos en forma equitativa;
· se deben ofrecer a todos los profesores condiciones para que puedan desarrollar lo mejor posible su trabajo;
· cada nivel educativo entraña dificultades particulares, no inferiores sino diferentes, respecto de otros niveles educativos;
· en consecuencia, la formación de sus profesores es y debe ser distinta, no inferior, en cada uno de ellos;
· cualquier nivel educativo (inferior o superior, antecedente o consecuente, inicial o terminal) puede y debe poseer calidad académica;
· la calidad académica de un profesor es independiente de o no está necesaria ligada a su grado de estudios, pues ella depende también de otros factores;
· impartir clases en bachillerato entraña investigar sobre cuestiones académicas sobre las cuales no siempre se enseña ni se investiga en las licenciaturas, los posgrados o los institutos y centros de investigación universitarios;
· para ser profesor no basta con “poseer conocimientos” ni tampoco ser capaz de “trasmitirlos” sino, sobre todo, motivar a los alumnos y desarrollar y formar en ellos habilidades, actitudes y valores, cosa que no cualquier profesor puede hacer, aunque posea un posgrado;
· la ENP y el CCH forman parte de la UNAM con el mismo derecho que cualquier escuela, facultad o instituto;
· de hecho, a diferencia de otras de sus dependencias, la ENP es fundadora de la Universidad;(12)
· si se quiere mejorar la calidad académica del bachillerato universitario no deben existir ni escuelas ni profesores ni mucho menos alumnos “de segunda” en ella.
· en el EPA de la UNAM esto ocurre, precisamente;
· es necesario modificar el EPA para que desaparezca esta situación discriminatoria.

3. La doble legislación para los profesores de carrera

En el Artículo 38, Capítulo V, del EPA se establece que son profesores de carrera (ordinarios, pues también los hay extraordinarios, visitantes y eméritos)(13) quienes se dedican de “medio tiempo o de tiempo completo”(14) a labores académicas. (15)

Como se sabe, en la UNAM ser profesor de carrera implica, en términos prácticos, que a pesar de que se recibe un sueldo de dedicación de tiempo completo o medio tiempo, es decir, de 48 o 24 horas a la semana, sin embargo, a diferencia de los profesores de asignatura, sólo una parte de esas horas están dedicadas a impartir clases frente a grupo y el resto de ellas están destinadas a otras labores académicas o de investigación. Además, los estímulos (PRIDE) a los que los profesores de carrera pueden aspirar son también más altos a los que reciben los profesores de asignatura (Prepasig). De tal modo que un profesor de carrera Titular C y con nivel de PRIDE C puede llegar a ganar varias veces más (casi diez veces más: aproximadamente unos 35 mil pesos mensuales libres de impuestos) que un profesor de asignatura interino con el mismo o un mayor número de horas docentes. (16)

Ahora bien, para los profesores de carrera en el EPA se establecen dos categorías: asociado y titular. Y dentro de cada una de ellas tres niveles: A, B y C, siendo la más baja Asociado A y la más alta Titular C. Además, como en el caso de los profesores de asignatura, se fijan los nombramientos de profesor interino y definitivo.

PROFESORES DE CARRERA DE TIEMPO COMPLETO
CATEGORÍAS
NIVELES
NOMBRAMIENTOS
Asociado
A
Interino
Definitivo
B
Interino
Definitivo
C
Interino
Definitivo
Titular
A
Interino
Definitivo
B
Interino
Definitivo
C
Interino
Definitivo

 

Como puede verse, existen doce posibles tipos de profesores de carrera de tiempo completo en la UNAM (e, incluso, como veremos enseguida, 24 si tomamos en cuenta la distinción entre los profesores de bachillerato y los de licenciatura y posgrado).

Sin embargo, en los hechos, la categoría de Asociado A ha desaparecido de la UNAM, pues ya no se abren concursos de oposición abiertos con ella, ya que sus requisitos son los menos exigentes (basta con poseer estudios de licenciatura y tener un año de antigüedad en labores docentes o de investigación) y lo que ahora se busca en la UNAM es que todos los profesores posean como mínimo el grado de maestría, pero también porque desde el punto de vista económico esta categoría representa pocas ventajas con relación a la de asignatura B con estímulos (la única ventaja real sería la reducción del número de horas de clase).

Los requisitos para obtener cada categoría y nivel son diversos,(17) pero lo que quiero destacar es que son los mismos para los profesores de bachillerato, licenciatura y posgrado.

Por ejemplo, en el Artículo 42 se indica que para ser investigador Titular A se deben poseer estudios de doctorado o “los conocimiento y la experiencia equivalentes”, aunque, como se sabe, un rumor que circula es que con la modificación del EPA que muy probablemente impulsarán las autoridades van a desaparecer las “equivalencias”, de tal modo que sólo podrán conseguir esta categoría y nivel quienes posean dichos estudios; esto último, obviamente, con el fin de evitar gastos de nómina.

El problema es, pensando en los profesores de la ENP o el CCH, si para impartir clases en estas escuelas los estudios de posgrado son indispensables. En efecto, ¿necesariamente una persona con estudios de maestría o doctorado será un buen profesor en la ENP y el CCH o será mejor que una que sólo posea estudios de licenciatura? ¿Los conocimientos, las habilidades y actitudes que se desarrollan en los estudios de posgrado son las que se requieren para impartir clases en la educación media superior?

Todo ello es aún más cuestionable porque apenas hace dos años se instituyeron en la propia UNAM posgrados, como las MADEMS (Maestrías en Docencia para la Educación Media Superior), específicamente dirigidos a la formación de profesores de bachillerato y todavía no existen doctorados de este tipo. (18)

Pero, sobre todo, lo que quiero destacar es que en el Artículo 61 del EPA se establece que los profesores e investigadores de carrera tienen que desempeñar tanto labores docentes como de investigación conforme a los siguientes límites: a los investigadores un máximo de 6 horas semanales frente a grupo, a los profesores titulares de licenciatura y posgrado de 12 horas y a los asociados de 18 horas (aunque la realidad es que en muchas facultades y posgrado los profesores de carrera asociados imparten clase únicamente a uno o dos grupos cada semestre, esto es, 4 hrs. a la semana como con máximo). En este caso, no se habla de un número de asignaturas.

En cambio, a los profesores titulares de enseñanza media superior se les asignan “entre doce y dieciocho horas por semana” y a los asociados “entre quince y veinte horas”.

 
Horas semanales frente a grupo de los profesores de licenciatura y posgrado
Horas semanales frente a grupo de los profesores de bachillerato (ENP y CCH)
Profesores Asociados Entre 9 y 18. Entre 15 y 20.
Profesores Titulares Entre 6 y 12. Entre 12 y 18.

Es decir, los límites para la impartición de horas de clase para los profesores de carrera a nivel bachillerato, tanto titulares como asociados, son completamente diferentes a los que se asignan a los de licenciatura y posgrado.

Por ejemplo, el mínimo de horas docentes para un profesor titular a nivel bachillerato es de 12 mientras que para los de licenciatura y posgrado es de 6 (la mitad) y el máximo para los primeros es de 18 mientras que para los segundos es de 12 (seis horas menos).

Incluso, un profesor Titular C en el bachillerato puede tener asignadas 18 hrs. de clase, impartir tres asignaturas diferentes, cada asignatura de dos hrs. a la semana, es decir, nueve grupos con 50 alumnos cada uno, esto es, 450 alumnos por año aproximadamente.

En conclusión, además de las anteriores distinciones sobre categorías y niveles, en el EPA se marca una segunda distinción entre, por una parte, los profesores de carrera a nivel profesional y posgrado y, por otra parte, los de bachillerato.

Un problema adicional respecto a la legislación sobre los profesores de carrera es que no se establece un mecanismo preciso e institucional para la asignación de los límites mínimos o máximos de las horas frente a grupo para cada una de las categorías y niveles.

En el Artículo 61 se dice que la distribución de tiempo para ellos la hará “el consejo técnico correspondiente”, pero lo que ocurre en los hechos, por ejemplo en la ENP, es que la asignación de horas de clase depende de la voluntad (las simpatías o antipatías) de los directores de los planteles, pues en algunos de ellos profesores Titulares A importen solamente 12 horas frente a grupo mientras que Titulares B hasta 18 horas.

Sobre todo, son aquellos que fueron funcionarios u ocuparon puestos académico-administrativos quienes al reincorporase a sus labores docentes mantienen el privilegio de impartir unas cuantas horas docentes. En concreto, algunos ex directores, además de poseer otros privilegios, sólo imparten clases a un grupo a la semana (lo cual, obviamente, si no gozan de ninguna comisión académica aprobada por el Consejo Técnico respectivo, es completamente violatorio de la legislación universitaria vigente). Es decir, a pesar de que supuestamente en la UNAM rige una “meritocracia”, lo que priva en los hechos es un sistema injusto de privilegios.(19)

Por si fuera poco, la “libertad de cátedra”, fundamento de la autonomía universitaria y garantía de su calidad académica, se ve limitada en el caso de los profesores de carrera en la enseñanza media superior, pues en el Artículo 60 se específica que éstos “ajustarán sus actividades a los planes y programas académicos de la enseñanza superior, y el consejo técnico respectivo, determinará, además de la docencia, aquéllas que considere que constituirán el mínimo a desempeñar por dicho personal, así como la disminución que dedicará a cada una de ellas”. Por ejemplo, el Consejo Técnico de la ENP ha establecido que los profesores de carrera(20) deben tomar como mínimo 40 hrs. de cursos de actualización interanuales, por lo cual todos los profesores con esta categoría, si quieren mantener o mejorar sus estímulos, se ven obligados a cursarlos aunque no les interesen o sirvan para nada.

Adicionalmente hay que agregar que las comisiones dictaminadoras para los concursos de oposición del bachillerato incluyen a profesores de licenciatura así como a investigadores, pero a nadie se le ocurriría que suceda lo inverso: que profesores de bachillerato participen en la evaluación académica de profesores de licenciatura, posgrado o investigadores. El problema con todo esto es que los profesores de licenciatura, posgrado y los investigadores frecuentemente desconocen las necesidades académicas de la ENP y el CCH, por lo que sus evaluaciones no siempre cumplen la función que les corresponde.

Todo lo anterior muestra claramente que en la UNAM a los profesores de la ENP y el CCH se les considera -debido a una serie de prejuicios- profesores “de segunda”(21) porque, en general, el subsistema de bachillerato es considerado de este modo.

Ahora bien, ¿no en todo ello se encuentra en buena medida la explicación del bajo nivel académico que se le achaca al ciclo de bachillerato universitario?

Aunque, como ya dije desde la Introducción, el hecho es que la educación media superior en este momento es el principal “cuello de botella” de la educación en México o lo que dificulta más el desarrollo de nuestro país.

4. Propuestas para la modificación del EPA

Lo que propongo ante la situación anterior es muy simple: que la asignación de horas frente a grupo para los profesores de carrera del bachillerato se sujete exactamente a los mismos criterios que sigue en el caso de los profesores de licenciatura y posgrado (es decir, propongo una “homologación”), pues ambos son profesores universitarios y han cumplido los mismos requisitos para alcanzar su categoría y nivel.

Pero en caso de que no se puedan borrar entre las autoridades y los profesores de licenciatura y posgrado, así como entre los investigadores universitarios, los prejuicios ya mencionados sobre la enseñanza en el bachillerato, propongo la siguiente modificación al EPA: a los profesores de bachillerato Asociados B les corresponderían 20 hrs.; a los Asociados C, 18; mientras que a los titulares A, 16; a los titulares B, 14 y a los titulares C, sólo 12.

Si esto fuera así, en realidad dejarían de tener sentido las diferencias entre profesores asociados y titulares y sólo habrían profesores de carrera A, B, C, D y E.

Nuevas categorías para los profesores de carrera de la UNAM
Máximo de horas semanales frente a grupo para los profesores de bachillerato
A (antes Asociado B)
20 hrs.
B (antes Asociado C)
18 hrs.
C (antes Titular A)
16 hrs.
D (antes Titular B)
14 hrs.
E (antes Titular C)
12 hrs.

La otra propuesta que ofrezco, menos radical, es que conforme aumente la antigüedad de los profesores de carrera E, en concreto cada 3 años, su número de horas de clase se reduzca 2 horas hasta llegar a un mínimo de 6, es decir, al mínimo que les corresponde a los profesores de licenciatura y posgrado (es decir, el proceso de reducción tardaría 12 años en concluir).

Máximo de horas semanales frente a grupo para los profesores de Carrera E (antes Titulares C) de bachillerato l Antigüedad en el nivel
12 hrs.
0 años
10 hrs.
3 años
8 hrs.
6 años
6 hrs.
9 años

Tomando en cuenta los requisitos para cada una de las categorías y el tiempo que se puede durar conseguirlas, lo anterior permitiría una situación más justa: quienes posean mayores estudios, mayor antigüedad y mejor currículum impartirían menos horas de clase.

Por ejemplo, un profesor que llegara a adquirir la nueva categoría de profesor de carrera A (igual que ahora, por medio de un concurso de oposición abierto) tardaría en conseguir la categoría E un mínimo en 12 años por medio de concursos de oposición cerrados.

Si se quisiera hacer aún más selectivo, con base en criterios académicos, el acceso a la categoría de profesor de carrera, se podría establecer como requisito para poder aspirar a ser profesor de carrera haber sido antes profesor de asignatura definitivo en por lo menos una materia de su área.(22)

En cuanto a los requisitos para acceder a cada una de las categorías y niveles: creo que en el caso del bachillerato deberían mantenerse las “equivalencias” mientras no existan suficientes posgrados, incluidos doctorados, dedicados específicamente a preparar a profesores en educación media superior; si los hubiese entonces sí creo que los profesores de la ENP y el CCH tendrían la obligación de cursarlos en caso de que deseen mejorar su categoría, nivel o nombramiento, en lugar de estudiar posgrados especializados en áreas de saber sobre las cuales ni en la ENP ni en el CCH se imparten asignaturas. De otra forma, candidatos sin ninguna experiencia docente a nivel bachillerato y, posiblemente, sin ninguna aptitud para ella, pero con estudios de posgrado, podrían tener ventaja en la obtención de las plazas en los concursos de oposición abiertos, lo cual iría en detrimento del nivel educativo de la institución y, en consecuencia, de los alumnos.

Por otro lado, la exigencias de publicaciones originales, formación de personal, encabezar proyectos de investigación, etc., que hoy se establecen en el EPA para la obtención de ciertas categorías y niveles, resultan fuera de lugar en la ENP y el CCH mientras no existan las oportunidades reales para llevar a cabo dichas actividades para todos los profesores de carrera.

Finalmente, propongo la creación de la figura de investigador de carrera a nivel bachillerato, que también tendría la obligación de impartir clase frente a grupo, como los otros investigadores, un máximo de 6, pero la mayor parte de sus horas las dedicaría a la investigación, pues, en contra de lo que se suele creer, para impartir clases a nivel medio superior es necesario realizar investigación, no sólo sobre cuestiones puramente didácticas o acerca de cómo impartir ciertos conocimientos que se consideran dados, sino, incluso, investigación básica en este nivel educativo. Lo anterior quizá también supondría la creación en México del primer centro o instituto de investigación en educación media superior (en las facultades e institutos de la UNAM prácticamente no se realizan estudios o investigaciones sobre cuestiones relacionadas con la enseñanza en el ciclo medio superior).

Se puede objetar que hoy en día los profesores de bachillerato tienen muchas oportunidades para realizar investigaciones con el apoyo de programas institucionales (por ejemplo, a través de la Iniciativa para Fortalecer la Carrera Académica en el Bachillerato de la UNAM (INFOCAB) o del PAPIME o PAPIIT). Sin embargo, no es difícil darse cuenta de que la mayor parte de los “productos” (ponencias, materiales didácticos, etc.) que se obtienen como resultado de esos proyectos de “investigación” lo único que hacen es aplicar conocimientos previos y que se toman como “dados” y que casi nunca van más allá de lo estipulado por los planes de estudio y programas oficiales, a pesar de todas las fallas que puedan tener éstos (es decir, en realidad, no se “investiga” nada, por lo menos si se entiende por esto buscar algo nuevo o desconocido).

Además, dichos proyectos deben corresponder a las “líneas de trabajo” que marca en el proyecto de de “desarrollo institucional” del director general en turno, el cual fue aprobado por la Junta de Gobierno y no por una instancia académica (por ejemplo, el Consejo Técnico o interno correspondiente). Por si fuera poco, no requieren de la “aprobación” de una instancia académica colegiada e interna sino sólo de los directores de los planteles, los cuales pueden usarlos (y frecuentemente los usan) con fines políticos.(23)

Un ejemplo de la investigación que se debería llevar a cabo en el bachillerato universitario es sobre el tipo de formación que deben poseer sus profesores para conseguir el perfil del egreso que se busca lograr entre los alumnos, pues este tipo de investigación sin duda debería influir en el propio perfil de ingreso de los profesores, los requisitos para su permanencia y promoción (los concursos de oposición, para las categorías, niveles y nombramientos) así como para los estímulos. Otros ejemplos de investigaciones serían acerca de posibles cambios al plan de estudios y a los programas de las materias, el perfil de egresado que requieren los estudios profesionales, la sociedad y el mundo actual, etcétera.

Es verdad, tanto la ENP y el CCH cuentan con “secretarías de planeación y desarrollo institucional” así como “secretarías académicas”, pero creo que nadie puede pensar seriamente en que estas instancias académico-administrativas sean suficientes para satisfacer las necesidades de investigación de dichas escuelas o pueden sustituir a la libre investigación que pueden llevar a cabo los profesores.

5. Respuesta a posibles objeciones presupuestales y administrativas

Una objeción obvia es que la asignación de horas docentes para los profesores de la ENP y el CCH que propongo provocaría un grave problema presupuestal en la UNAM pues elevaría el considerablemente el costo de la nómina: habría que contratar un mayor número de profesores de asignatura para cubrir las horas dejadas por los profesores de carrera.

Sin embargo, la realidad es que únicamente habría una redistribución más justa, pues las horas que dejarían algunos profesores de carrera serían asignadas a otros profesores también de carrera que, como ya dije antes, de forma irregular imparten menos horas de las que les corresponden.

Otra posible objeción es que lo anterior sería difícil de llevar a la práctica, pues los múltiplos de horas correspondientes a algunas asignaturas nunca coincidirán exactamente a los mínimos y máximos señalados para las categorías y niveles. Por ejemplo, en la ENP hay asignaturas que se imparten 1, 2, 3, 4 o 5 horas a la semana (lo cual, dicho sea de paso, resulta un tanto absurdo y poco justificable desde un punto de vista educativo: ¿qué beneficios puede reportar una asignatura que sólo se imparte una hora a la semana?). Por ejemplo, en la ENP algunas materias -como Álgebra o Lengua española- se imparten 5 horas a la semana por lo cual, según lo que en este momento marca el EPA, un profesor titular (independientemente de si es A, B o C) puede impartir clases de ellas a dos (10 hrs.) o a tres (15 hrs.) grupos, como ya dije, según la decisión del director de su plantel.

No obstante, con la modificación al EPA que propongo quedaría claro que un profesor Titular A tendría que impartir clases a tres grupos de esas asignaturas y uno Titular C sólo a dos (pues se trata del número de horas más cercano al mínimo establecido para cada una de esas categorías y niveles).

Otra forma de compensar la nueva asignación de carga de trabajo sería que las horas restantes podrían ser asignadas a otras labores académicas obligatorias (por ejemplo, cubrir grupos sin profesor, situación que, por diversas razones, siempre se presenta en la ENP), en lugar de ser “horas libres” como lo son actualmente(24).

En cuanto a la creación de la figura de profesor-investigador y un instituto o centro de investigación en educación media superior, obviamente, requería de más recursos que los que se podrían ahorrar con una asignación de horas diferente, pero aquí lo que habría que considerar es que en la UNAM existe una gran cantidad de institutos y centros de investigación especializados y que resulta extraño que no exista uno para atender a las necesidades de la tercera parte de la población estudiantil de la UNAM (alrededor de 100 mil alumnos), es decir, el subsistema de bachillerato.

6. Consideraciones finales sobre algunas actitudes universitarias

Sé que las propuestas anteriores (en el sentido de desaparecer la legislación especial para los profesores de carrera del ciclo de bachillerato o precisar la manera en que se les asignan las horas frente a clase)(25) sonarán ingenuas, utópicas o, peor aún, cómplices de las autoridades, pues lo que en el fondo se busca con la modificación del EPA no es mejorar las condiciones laborales de los profesores sino que trabajen más horas y por más años devengando el mismo salario, o, si se puede, recibiendo menos (es decir, que aumenten sus años de servicio antes de adquirir el derecho a obtener la jubilación y una pensión: por decirlo así, que tengan “una jubilación sin jubileo” o sin alegría).

Sé que algunos piensan que ante cualquier propuesta de las autoridades para modificar el EPA lo mejor es no ponerse a discutir “detalles”, pues esto es tanto como entrar en su juego, siendo que el problema son, precisamente, las reglas que rigen ese juego (por ejemplo, habría que comenzar rechazando por inconstitucional o, por lo menos, contrario a los derechos humanos, el hecho de que en la UNAM se establezcan diferentes salarios por la realización de las mismas actividades docentes)(26). Lo que habría que hacer frente a esas reglas sería rechazarlas por completo y sustituirlas por otras totalmente nuevas o, si esto último no es posible, luchar porque todo siga igual, pues cualquier cambio implica el riesgo de que las cosas empeoren (más vale malo conocido, que bueno por conocer).

Sé también que algunos rechazan, por principio de cuentas, todo intento de colaboración, aunque ésta sea crítica, pues aunque las autoridades simulan “consultas” a la comunidad universitaria y piden la “participación” de ésta, sin embargo, siempre cuentan en sus manos con la propuesta que finalmente será aprobada por el Consejo Universitario, la cual no considera los verdaderos intereses académicos de la institución, sus alumnos y profesores, por lo que los “colaboradores” bien intencionados terminan por convertirse en cómplices de dichas maniobras antidemocráticas y en su justificación “académica”.

Por mi parte creo que la crítica interna, es decir, aceptando los principios que marca la legislación universitaria, siempre es importante y necesaria y puede y debe ser complementada con la crítica externa (la cual puede partir de principios completamente diferentes) y, sobre todo, con la acción concreta y comprometida, individual y colectiva, por ejemplo, a través de una organización sindical.

Algunos más podrían objetar que los profesores de carrera, aunque sean de bachillerato, son privilegiados respecto de los profesores de asignatura de la UNAM(27) (no hay que olvidar que la mayor parte de los profesores de la ENP y el CCH no son de carrera sino interinos de asignatura, a veces con 30 hrs. frente a grupo y 10 hrs. más de laboratorio, lo cual puede implicar 20 grupos diferentes y, aunque suene absurdo o imposible, hasta 1,000 alumnos por semestre o año), así que sería mejor dedicarse a argumentar a favor del mejoramiento de las condiciones de trabajo de éstos. Sin embargo, creo que estas dos tareas no son excluyentes sino complementarias.

La asignación de horas frente a grupo de los profesores de carrera de la UNAM es un ejemplo concreto que muestra los problemas auténticamente académicos que deberían ser tomados en cuenta en una posible modificación del EPA.

NOTAS
1. Aunque, para variar, todo el proceso de reforma en la UNAM se ha detenido debido a cuestiones extra-universitarias y extra-académicas, esto es, políticas y, en concreto, electorales.
2. Por cierto, no es lo mismo ‘estar jubilado’ que ‘estar pensionado’: se puede estar en el primer caso (ya no trabajar debido a vejez o incapacidad física) sin recibir una pensión (una cantidad periódica de dinero después de la jubilación).
3. Como se sabe, lo que se busca es acrecentar la edad para alcanzar la jubilación, aumentar los años de servicio para tener derecho a una pensión, aumentar las cuotas para dicho fin, la creación de fondos de ahorro individuales para todos los trabajadores al servicio del Estado, etc.
4. Eduardo Harada O., “Algunas notas sobre la historia del sindicalismo en la Universidad”, Magister, No. 92, Octubre de 2001, pp. 10-15.
5. En efecto, la réplica común a este tipo de críticas es que son “populistas”, es decir, no tienen como fin solucionar los problemas sino únicamente complacer al pueblo o a la mayoría, pero nunca se específica cómo pueden ser llevadas a la práctica, pues si efectivamente lo fueran, terminarían por perjudicar a quienes las apoyan por ignorancia. Por lo que, apariencias de las apariencias, en el fondo son reaccionarias.
6. De forma incorrecta pues, como veremos en la siguiente sección, puede haber profesores de carrera de medio tiempo y no sólo de “tiempo completo” además de que puede haber profesores de asignatura con 40 hrs. de trabajo en la UNAM (lo cual, en términos de la Ley Federal del Trabajo, sería una “jornada completa”).
7. Eduardo Harada O., “Adecuación del Estatuto del Personal Académico de la UNAM a las condiciones de los profesores de carrera de bachillerato”, Magister, No. 102, Enero de 2003, pp. 5-8.
8. Ejemplos de la legislación especial que existe respecto de los profesores de bachillerato se pueden mencionar los siguientes artículos del EPA.
En el Artículo 36 del EPA se aclara que el requisito de título de licenciatura para ser profesor de asignatura A se podrá dispensar en el ciclo de bachillerato “cuando no concurran aspirantes que tenga un título, y los que se presenten hayan aprobado los cursos correspondientes a una licenciatura en el área de la materia de que se trate”.
Por otro lado, en el Artículo 6 Fracción VII del EPA se fija que “en ningún caso podrá encomendarse a un profesor enseñanza por más de 30 hrs. a la semana en el nivel bachillerato o de 18 en los niveles profesional y de posgrado”.
Y en el Quinto Transitorio se dice que “la UNAM a través de sus órganos competentes, procederá a elaborar los instrumentos que adecuen los principios generales contenidos en el presente Estatuto a la situación de los profesores de enseñanza media superior”.
Obviamente, estos artículos suponen una situación educativa, propia de los años setenta, completamente diferente a la actual: en los últimos años el número de profesores de bachillerato con estudios de posgrado ha aumentado enormemente y que cada vez es más raro que ingresan nuevos profesores sin estar titulados y las solicitudes de candidatos con estudios hasta de doctorado que desean impartir clases en este ciclo también se ha acrecentado. De hecho, la competencia en los concursos de oposición abiertos en la ENP ha aumentado enormemente, pues en cualquier concurso se presentan candidatos con estudios de posgrado y en muy contadas ocasiones los candidatos externos resultan ganadores.
9. En los que, como es fácil darse cuenta, subyace una confusión entre niveles educativos, calidad académica, grados de estudios, etc.
10. Eduardo Harada O., “Representación proporcional del bachillerato en el Consejo Universitario y en el próximo Congreso”, Magister, No. 106, Mayo de 2003, pp. 5-9.
11. Eduardo Harada O., “Incorporaciones y desincorporaciones: relaciones históricas y jurídicas entre la Escuela Nacional Preparatoria y la Universidad”, Magíster, No. 79, Julio-Agosto del 2000, pp. 11-17.
12. Eduardo Harada O., “Incorporaciones y desincorporaciones: relaciones históricas y jurídicas entre la Escuela Nacional Preparatoria y la Universidad”, op. cit., pp. 11-17.
13. Artículos 29 y 34 del EPA.
14. En el artículo 353-M de la Ley Federal del Trabajo se indica que los trabajadores académicos podrían ser contratados por “jornada completa”, “media jornada” o por hora clase.
15. El primer caso, es decir, los profesores de carrera de medio tiempo cada vez es menos frecuente en la UNAM. Aunque para ellos hay algunas disposiciones especiales en el EPA, por ejemplo, en el inciso g) del Artículo 58 se establece que sólo quienes tengan dos “nombramientos” simultáneos como profesores de medio tiempo en la UNAM podrán gozar del año sabático, pues éste es un derecho exclusivo de los profesores de carrera que tienen un nombramiento de tiempo completo.
16. Véase el “Capítulo VI. Salarios y Estímulos al Personal académico” del Contrato Colectivo de Trabajo 2003-2005, en concreto la “Cláusula no. 38. Tabulador de salarios”.
17. De Asociado A a Titular C se exige más antigüedad en labores docentes (de un año hasta seis); mayor nivel de estudios (de licenciatura a doctorado); desde aptitud, dedicación y calidad en el trabajo hasta calidad en él, publicaciones originales, formación de personal y dirección de grupos de trabajo.
18. Lo que sucede, por lo menos en la ENP, es que los profesores llegan a la conclusión que la única manera de mejorar su situación académica y, por tanto, laboral y salarial, es realizar estudios de posgrado, por varios años, fuera de su lugar de trabajo, y no por medio del trabajo que realizan cotidianamente en su institución.
19. Eduardo Harada O., El proceso de designación de los directores. Razones para su reforma (el caso de la ENP), Universidad a debate 7, Ediciones del STUNAM, México, 2003, 35 pp.
20. La terminología que se emplea en el EPA no siempre es consiste: a veces el término ‘nombramiento’ es usado para referirse específicamente al carácter interino o definitivo de todos los profesores (el tipo de contratación que se les ha dado) y en otros se refiere exclusivamente a su categoría y nivel.
21. No sólo los profesores de carrera en la enseñanza media superior tienen que impartir más horas frente a grupo, sino que, por ello, dedican menos tiempo a otras labores académicas y de investigación, ven limitada su libertad de cátedra, son evaluados por profesores e investigadores de otros niveles educativos, etc.
22. Otra cuestión absurda respecto a las categorías y niveles es que, en general, los profesores de carrera pueden ser ‘interinos’ (de “tiempo determinado”, en términos del Artículo 353-L de la Ley Federal del Trabajo) y ‘definitivos’ (de “tiempo indeterminado”). En efecto, en el artículo 5 del EPA se dice que el personal académico podrá laborar mediante nombramiento interino o definitivo o por contrato de prestación de servicios.
En efecto, un profesor de carrera sólo puede obtener la definitividad en una categoría y un nivel más altos (por ejemplo, Titular C) en la que se encuentra después de tres años y gracias a un concurso de oposición cerrado, pero si participa en un concurso de oposición abierto pierde automáticamente la definitividad que tenía en la categoría o el nivel anterior y se convierte en interino, igual que lo puede ser un profesor de carrera con una categoría menor o incluso como un profesor de asignatura.
Obviamente, de este modo se busca inhibir la búsqueda del mejoramiento de la categoría o el nivel por medio de un Concurso de Oposición Abierto, pues el recurso a dicho procedimiento provoca que el profesor caiga en una inestabilidad laboral o se ponga en riesgo su permanencia: puede ser que ya no sea contratado o pierda su plaza frente a un profesor de carrera definitivo.
Sin embargo, en el Artículo No. 13 Fracción IX del Contrato Colectivo de Trabajo 2003-2005 se aclara que, “los profesores de asignatura o técnicos académicos definitivos, que ingresen como profesores o investigadores de carrera mediante Concurso de Oposición Abierto, conservarán su definitividad como profesor de asignatura o técnicos académicos”.
Por ello, otra propuesta que hago (en concordancia con lo que la existe en materia laboral y en la legislación universitaria) es que quien consiga una promoción por medio de un concurso de oposición abierta no pierda su definitividad en la categoría o nivel anteriores.
23. Aún más, en la mayor parte de los planteles de la ENP no existen espacios en los cuales los profesores se puedan dedicar a atender a los alumnos (actualmente se ha instaurado un sistemas de tutorías para los grupos y los alumnos en particular), preparar clases o investigar sino que únicamente existen salas de maestros, de cómputo o bibliotecas que no son adecuadas para dichas tareas académicas.
24. En este último caso, por ser una labor obligatoria, no tendría el mismo valor para los estímulos.
25. En ocasiones anteriores, cuando he expuesto estas mismas consideraciones, algunos profesores de licenciatura, sobre todo, de las escuelas y facultades de estudios profesionales, me han dicho que se encuentran en la misma situación que la de los profesores de bachillerato. Pero, según creo, esto en lugar de ir en contra de lo que propongo, lo justifica todavía más.
Obviamente, no estoy sugiriendo que se les aumenten las horas a otros profesores, para que todos “estén parejos hacia abajo”, sino, al contrario, que haya un efectivo mejoramiento para todos.
26. En el artículo 353-N de dicha Ley se determina que “no es violatorio del principio de igualdad de salarios la fijación de salarios distintos para trabajo igual si éste corresponde a diferentes categorías académicas”.
Recordemos que la Fracción VII del Artículo 3 constitucional se establece que “las relaciones laborales, tanto del personal académico como del administrativo se normarán por el apartado A del artículo 123 de esta Constitución, en los términos y con las modalidades que establezcan la Ley Federal del Trabajo conforme a las características de un trabajo especial, de manera que concuerden con la autonomía, la libertad de cátedra e investigación y los fines de las instituciones a que esta fracción se refiere”.
En el artículo 1 de la Ley Orgánica de la UNAM se considera a ésta una “corporación pública”, pero como enseguida se le caracteriza como un “organismo descentralizada del estado”, se considera que las relaciones laborales en su interior caen bajo el apartado A, destinado a los trabajadores de empresas privadas y no bajo el apartado B, reservado a los trabajadores al servicio del estado.
27. Eduardo Harada O., “El Estatuto del Personal Académico de la UNAM y los ‘criterios de interpretación’ del Abogado General”, Foro Universitario, No. 3, Época IV, Diciembre de 2004, pp. 21-29.