Número 09                                               Época IV                                     Junio 2006


SECCIÓN INTERNACIONAL

Mercados del espíritu (las videotiendas)

La pobreza –este gran simplificador– de temas y contenidos en el material exhibido al público es simplemente la más severa encarnación de la estrategia nacional e internacional de Blockbuster. Un buen ejemplo de la globalización de la cultura.

Franco Moretti

I

Hace algún tiempo en un Seminario de postgrado sobre mercados culturales en la Universidad de Columbia, un grupo de estudiantes decidió realizar una rápida investigación sobre las videotiendas de Nueva York. Seleccionamos cinco áreas diferentes –la parte Occidental Superior (pequeña burguesía intelectual), la parte Oriental Superior (el Manhattan acaudalado), La Zona Este (bohemia), el Bronx (enfocando en un área Puertorriqueña), y el Harlem (africanoamericanos)- y para cada una de ellas analizamos la composición: una media docena de videotiendas que parecieron razonablemente representativas. Ese no es el camino para hacer investigación estadística, me dijo un amigo sociólogo, que sin duda está en lo correcto. Pero, a pesar de todo, espero que nuestros hallazgos sean de cierto interés.

II

Los propietarios de videotiendas tienen una firme creencia en la realidad de los géneros literarios, en contraposición a lo dicho por Benedetto Croce. Eso se capta tan pronto como entras, ya que cada una de las cintas esta “marcada” en una u otra forma. “La gente usualmente no quiere una película por X o Y”, había escuchado; “más bien una comedia, o musical: ven hacía este o aquel género”. “La veracidad era a oídas”, ya que estos géneros difícilmente forman un conjunto intachable; aunque algunas son definiciones genuinas de género = (“Terror”, “Comedia”, “Sci.Fi”), otras no apuntan al filme sino a la audición (“Niños”), al lugar de producción (“Filmes Extranjeros”), o a alguna vaga decisión del espíritu (“Clásicos”). Pero, al igual que con la novela, este revoltijo no detiene una crítica literaria, y cuando menos todas las videotiendas usan los mismos términos, lo cual hace posible un análisis comparativo.

Así, contamos cómo muchas comedias, filmes extranjeros, etc., estuvieron presentes en las diversas tiendas, y figuraron sin considerar su peso relativo. Buscamos mirar a los récords de préstamo, pero las normas de privacidad lo impidieron, y entonces tuvimos que voltear de las elecciones actuales a unas potenciales –lo que las videotiendas tienen que ofrecer. Y esto es lo que hallamos.

III

Primero que nada, hay una brecha entre las videotiendas de Harlem y el Bronx, y las tres restantes. Ello pudo ser sumado de este modo: en el Bronx y en Harlem, la presencia de los géneros “Acción/Aventura” y (en un éxtasis menor) “Horror / Sci-Fi” es generalmente tres veces más elevada que cualquiera de los demás, ya que asciende a 50% del total.

Como la sección “Acción/Aventura” incluye (en sus mejores títulos) Rambo, Rocky, Batman, Indiana Jones, Top Sun, Terminator, Jurassic Park, Natural Born Killers y así por el estilo, nos encontramos entre nosotros discutiendo el flujo de violencia en estos filmes – lo cual es el tipo de cosa que se ve perfectamente obvia, hasta que finalmente te asustas pensando en ello.

Porque, después de todo, cuál es el supuesto para identificar la violencia en una película -¿los litros de sangre? (pero si aquello no es sangre, es salsa de tomate) ¿la longitud de los dientes del tiburón? (pero si el guante blanco de Mackie Messer es peor que cualquier tiburón).

Finalmente, una estudiante, Noemí Víctor –alabada sea la inteligencia-, halló una solución muy elegante, lo cual trastocó los términos del problema. Informándose acerca de los filmes de acción que fueron en particular exitosos en áreas de reciente inmigración, donde es previsible que el inglés se hable menos que cualquier otro idioma, ella destacó que, en estos filmes, el lenguaje es casi inexistente: hay poco del mismo, pero no es importante, ya que uno malgasta tiempo para explicar por qué la matanza y la cacería, porque todo se da por supuesto (así, cuando el terrorista de Air France One dice muy ásperas y plausibles cosas de la Guerra del Golfo, no hay que molestarse para replicar: las disputas ideológicas, no son parte del género).

En fin, Noemí concluyó: lo que hace un filme de acción violento no es la violencia “física”, sino precisamente esta apabullante destitución del lenguaje. El huevo de Colón. Porque los seres humanos con menos lenguaje se convierten en animales: ya no están definidos por intereses o valores, sus conflictos se convierten en mera colisión física. Por consiguiente, los litros de sangre. Éstos, como sea, son simplemente la consecuencia de algo mucho más profundo. Lo que es realmente violento son los gruñidos por los cuales el lenguaje es reducido en el momento que dos pueblos se baten uno al otro, o se dispara una bazzooka.

IV

Junto con la pérdida lingüística, las películas de acción tuvieron otra enorme consecuencia, lo que saltó a la vista que seguimos sobre el modo en que el mercado cambió en los diversos puntos de Manhattan. En las videotiendas del lado Este Superior y la parte habitacional, donde los filmes de acción no estuvieron presentes en números masivos, el rango de elecciones de género no fue comprimido, y uno encuentra un poco de todo: siete, ocho, diez formas diferentes, todas bien representadas.

Aquí, un lote de películas para niños; a dos pasillos de distancia, clásicos de los 1950; o películas extranjeras o películas porno. Hay variedad. Las mismas no envían un particular u opresivo mensaje; uno puede decidir en más de una forma; y puesto que cada género es en realidad una forma simbólica específica, una perspectiva distinta sobre la realidad, el paso de una a la otra hace que veas al mundo en más de un modo. Entonces, de hecho, puedes bien detenerte en una forma simbólica que es peor que la más mala película de acción (como muchos pornofilmes); pero el hecho fundamental es que tienes opción. Y la próxima vez, puedes elegir de otra manera.

V

Un punto similar es posible que pueda adoptarse para la holgura temporal de lo exhibido en las videotiendas. En las ubicadas en Harlem y el Bronx, los videos de los 1990 están en un promedio de 65% sobre el total, con máximos de 93%; en otras partes, el promedio es 40 y en ocasiones baja a 30%.

Es la planeada obsolescencia de la cultura; lo que no concierne al hoy está fuera. Es verdad que el “hoy” es tan indefinido como un lapso de seis o siete meses (ese es el tiempo que toma a una película presentarse en vídeo). Pero este muy pequeño horizonte de tiempo presente es simplemente la repetición de un mismo estado de cosas: su inmediata consecuencia es que el lugar para el verdadero “pasado” se acorta aún más (y desaparece la memoria de un tipo diferente de filmes realizados).

Y también, aun si las videotiendas son, en principio, un antimercado en extremo efectivo frente a los cines (un lugar para conseguir precisamente lo que los cines no están exhibiendo), estos establecimientos de Harlem y el Bronx celebran en cambio un verdadero triunfo de mercado.

VI

Desde Harlem a la Zona Este, hay quince minutos en Metro; desde Harlem a la parte Este Superior, hay unos quince minutos a pie. Y, a pesar de todo, entre las videotiendas de estos tres lugares, hay un profundo abismo. ¿Pero por qué? ¿Por qué hay menos variedad formal y temática en Harlem y el Bronx? ¿Por qué hay mucho menos libertad de elección?

Habiendo trabajado en “Librerías circulantes” del siglo XIX y gabinetes de lectura –establecimientos comerciales donde los lectores podrían llevar en préstamo una novela por una o dos semanas, o sea las videotiendas de nuestros abuelos-, podría decir: porque es un mercado más pequeño. Menos dinero y muy pocos clientes es igual a más videotiendas pequeñas y más escasos títulos.

Porque un mercado pequeño no es la réplica en el grado inferior de uno extenso, con todas las cosas presentes en iguales (si bien reducidas) proporciones: es un sistema diferente, donde las proporciones están alteradas porque los mercados pequeños tienden a enfocarse sobre formas “fuertes” dejando “sueltas” en la superficie algunas pizcas de otras. Pero así, de hecho, reducen el número de elecciones, y por ende la libertad de elección. Toman la desigualdad del mercado y la convierten en un monopolio virtual (en Harlem y el Bronx sólo encontramos películas norteamericanas).

VII

Un detalle final. Aparte de las cinco áreas ya mencionadas, también miramos a cinco tiendas de la mega-cadena Blockbuster, apropiadamente modeladas, en una red espacial de Mc Donald´s (“cada centro urbano importante tiene un Blockbuster cercano a unos diez minutos viajando en coche”). Estábamos expectantes con respecto al enlace entre el gigante y las otras videotiendas. ¿Expresaría el Blockbuster al mercado acaudalado o más bien uno pobre?

La mayoría de los participantes en el seminario suponía al Blockbuster semejante a la parte Este Superior (“La cultura dominante es la cultura de la clase dominante”). Otros, yo incluso, teníamos en mente una suerte de promedio (“la cultura dominante es un compromiso de formación“). Pero todos estábamos equivocados, porque también Blockbuster volvió a ser exactamente como las videotiendas de Harlem y el Bronx: igual y opresivo número de “Nuevas Producciones”; igual bombardeo de películas de acción; relativamente pocos géneros; y muy pocas películas extranjeras (ninguna de ellas en la tienda de la calle 125, la cual marca la Frontera entre Harlem y el resto de Manhattan).

Pues bien, todo esto es curioso. Es posible que el mercado de un ghetto urbano ofrezca pocas elecciones, en el sentido menos deseable; este es, sin lugar a dudas, el patrón genérico de la injusticia social. Pero, cuando semejante cosa ocurre con el sector de más grande concentración de capital... esto, a primera vista, es sorprendente. Entonces, uno reflexiona que la conquista del mercado mundial requiere el más bajo común denominador, y todo adquiere sentido nuevamente. La pobreza –este gran simplificador– de temas y contenidos en el material exhibido al público es simplemente la más severa encarnación de la estrategia nacional e internacional de Blockbuster. Un buen ejemplo de la globalización de la cultura.