Número 09                                               Época IV                                     Junio 2006


LIBROS

Actores políticos y sindicatos en la sociedad tecnocrática

A la memoria de Georg Lukács, muerto en abril de 1971 y cuyo libro”Ontología del ser social” inspiró estas líneas.

Miguel Bautista* y Aurelio Cuevas**

Nuestra época nos ha planteado nuevas realidades del entorno social y un nuevo tipo de Estado como síntesis de fuerzas económicas y estructuras de poder que tienen que ver con una nueva dimensión internacional del mismo sistema económico. Este tiene su prototipo en los Estados Unidos, la primera economía del mundo se acostumbra decir, y lo que nombra en efecto es una especie de leviatán: suma de poderes fácticos que tienden a gobernar las sociedades, y a influir, en sus economías proponiendo al mismo tiempo un nuevo diseño del poder político: poder financiero de origen, que se las arregla para disponer en cada país de un sistema de votos bien lubricados, con el cual refrendar la legalidad gubernamental.

No se quiere decir, sin embargo, que todos los gobiernos, si siquiera los vecinos, responsan sin más a sus intereses, pero la política, como correlación de fuerzas sí se ve influida por los poderosos del imperio… en este contexto, los sindicatos tienen la función de expresar “lo social, son reductos de lo social, y de la protesta encarnando los intereses de miles de trabajadores que construyen la riqueza y que otra manera, anulando a sus organizaciones, se verían expuestos a un régimen político sin libertades y sin principios democráticos”. El sindicalismo alienta hoy las dosis de consensos basados en la solidaridad y puede anunciar los cambios sociales posibles en la época de la aparente muerte de la utopía.

Cada actor social crea su propio discurso a base de sus demandas y sus pensamientos “sociales”, y en este sentido tiene que expresar “su verdad”, La del sindicalismo se refiere al derecho de los trabajadores como fuerza social inmediata y mediata, en un mundo tecnocrático, que no habla claro con respecto a las necesidades sociales. Su fuerza le viene no sólo de sus tradiciones de lucha, sino de la emergencia de una nueva conciencia alerta al cambio ante el cual se monta en la cresta de la ola: de la política y de la economía expresando necesidades profundas de la colectividad…

Los sindicalistas de México deberían estar atentos a las contratendencias que reducen al movimiento obrero de cada país a su mínima expresión, formando al obrero en la pasividad como un ciudadano ayuno de información y conciencia: la antesala de la Tecnocracia Absoluta.

En dicho régimen, los actores políticos “en forma” tienden a sustituir a las fuerzas reales de la sociedad civil, que tradicionalmente le han expresado al poderoso sus quejas y sus demandas. En su lugar, los partidos políticos institucionales, se ven compelidos a compartir el poder conservador, innovador sólo en cuanto en las formas institucionales y los sistemas de votación regulados con periodicidad. Los partidos políticos, aquí, parecen presidirlo todo: el escenario de las actividades públicas, el discurso, las normas, de modo que si la sociedad civil apunta a hacer política desde abajo –y los sindicatos encarnan esta misión- los partidos gozan del poder omnímodo del poderoso: los sindicatos son sometidos a un reduccionismo: parecen relegados al mundo subterráneo del capital, y de “los ismos” inofensivos: la Tecnocracia Absoluta.

Por eso podemos decir que hoy se prepara en todas partes “la democracia light” que viene a ser la versión del neoliberalismo en materia política: derechos formales para la sociedad civil y sus organizaciones y derechos omnímodos y absolutos para el capital. Pero el mundo obrero, como universo del trabajo social, no puede aparecer o ser vulnerado en una sociedad democrática y libre sin riesgo de que ésta deje de serlo. El universo del trabajo está vinculado de manera ontológica al ser social del hombre, sus intereses más caros y sus proyectos de cambios hacia un mundo más vivible.

Los sindicatos son en este contexto como otros autores sociales de la sociedad civil, los encargados de estrechar la vigilancia de que la sociedad de hoy tenga espacios de libertad sindical, del pensamiento, de la autonomía sindical, de todo el campo de libertades que la constitución de una sociedad democrática reclama. Y si los problemas del trabajo y de la producción –mundo abierto y no reducido al espacio de las fábricas, talleres y demás lugares de trabajo- se trata de ocultarlos y escamotearle su planteamiento en los medios, aparecen siempre al final del camino de una sociedad democrática, como esencia de la dinámica de los seres humanos en sociedad.

Pues si la esencia de la democracia es la existencia de un campo fluido de derechos y espacios sociales, para los ciudadanos y grupos sociales que encarnen la diversidad social y cultural, y la riqueza humana, en ese espacio los sindicatos están llamados siempre a jugar un papel importante: correas de transmisión de demandas sociales, espacios del juego e interacción social con el fin de ampliar y hacerlo efectivo: una democracia desde las bases.

Si el mundo del trabajo es consustancial a los seres humanos, sólo puede aparecer distorsionado y oculto en una sociedad compleja o anclada en vicios seculares de las Leyes Laborales. Este es el caso de México, con una alta apatía y corrupción en algunos medios laborales, e institucionales, relacionados con la actividad jurídica. Este tema siempre saca ámpulas a los encargados de hacer cumplir las leyes: oculta una red de corrupción muy grande, y se suma a la falta de cultura política de muchos sindicatos que funcionan como máscaras de un poder venal y subrepticio.

Lo anterior significa que hay que averiguar qué se pretende manejar como válido ante los sindicatos, tanto los que ejercen los derechos de la organización con lealtad (caso del STUNAM, sin ir más lejos) como de todas las fachadas del sindicalismo charro. Se trata de un reduccionismo: los sindicatos blancos, los sindicatos como elementos decorativos de la ambición patronal, y empresarial, en un juego de poderes sucios entre la patronal y algunas instancias de poder…

Pero debemos ver más arriba: buscan su destrucción para favorecer el proyecto de una tecnocracia absoluta: descargar en los hombros de la clase trabajadora el plan de la élite económica: exaltar la demagogia económica de la sociedad individualista, compuesta por “consumidores”, solo entes, átomos de la comunidad del capitalismo avanzado, en la época del ideal individualista del trabajador, quedando a merced de la empresa y los poderosos… pero…

Debemos estar alertas a la “democracia light” que se prepara. Hoy mismo vemos a los partidos políticos ignorar a los sindicatos, a las organizaciones de la sociedad civil y a las minorías, no gratos al proyecto de dicha “democracia light”. Se trata de imitar las nuevas categorías de la política contemporánea en los países capitalistas, llevando como modelo a la sociedad estadounidense. En la sociedad norteamericana, por una ley de la sociología moderna, sólo se ve y se nombra lo que pasa en los medios, lo que se publicita y de lo cual se tiene imagen. Tal la Ley de la sociedad mediática.

Lo anterior no es una imagen universal de la política práctica pero a eso tienden las tendencias de la Tecnocracia Absoluta, que está en marcha: el Absoluto de una democracia mecánica y formal, constituida de todos los atributos de un régimen formal, que oculta y cambia la esencia de los actores sociales: sus características ciudadanas, de campesino, trabajador, empleado, joven estudiante, niños, profesionistas, para ver en ellos los votos de ciudadanos abstractos. En estas condiciones que describimos rápidamente, se tiene el “recetario” de la mecánica de la Tecnocracia Absoluta: Una máquina de refrendo del poder de los poderosos a través del voto y la acción de partidos políticos, convertidos en factotum de la actividad política: prohibido DESBORDARLOS Y SOBREPASARLOS, a través de acciones que lleguen a reflejar la movilidad de lo social. Lo económico y lo cultural de una comunidad de seres vivos, y conscientes.

Todo este entramado político va acompañado del surgimiento de políticos “light”, que piensan en la carrera política asociada a los negocios, los contratos, y las canonjías: la derrama de la producción capitalista hacia los sótanos de la carrera política corrupta, actores saltibabquis y títeres de la riqueza y la economía del capitalismo más “avanzado”, y se tendrá el retrato de la acción política en muchos de los países debajo de la línea del río bravo, frontera con Estados Unidos…

En estas condiciones “se entiende” cómo el sistema político confeccionado con intereses tan especiosos y retardatarios en lo social, y la sensibilidad hacia la población trabajadora, se entiende que se gobierne para unos cuantos, y el sistema tienda a ignorar a los sindicatos como fuerzas reales del poder de la sociedad..

Urge en este contexto que los políticos mexicanos de alto nivel lleguen a la decisión de establecer alianzas o pactos con los trabajadores del país. Ésta sería no sólo una fórmula de acción política sino un verdadero acuerdo nacional para el impulso de una transformación de las bases económicas y sociales de la nación mexicana, de su planta productiva alimentando un plan de trabajo, producción y cambio.

Al actuar de este modo se irían generando las condiciones de una mística de trabajo, movilidad social y progreso.

La anterior exigencia para superar rezagos sociales ya como un plan viable para los trabajadores mexicanos, cuyos líderes y sindicatos deberían afinar sus organizaciones, y capacidad de movilización, en beneficio de tal Nuevo Pacto Social.

A mayor abundamiento, en esta serie de acontecimientos acerca del papel de los sindicatos en lo que aquí llamamos “la democracia light”, hay que subrayarlo: pretenden los tecnócratas reducir su papel a nada, hacerlos cosa del pasado de un capitalismo hoy global, que se vio, en otros tiempos, obligado a tomarlos en serio, en el panorama de una confrontación social que se jugaba el destino de miles de trabajadores, cuya presencia en el mundo social era específica y determinante; por ejemplo, la era de las grandes centrales obreras, de las confederaciones de trabajadores (en México, en Francia e Italia) que figuraron como poder alterno al de los gobiernos capitalistas, que prefirieron, en su caso, aliarse a ellos. El peso específico de la clase obrera hoy no es el mismo, cuentan a su favor los elementos de una sociedad más abierta, para hacerse escuchar y determinar los destinos de sus agremiados, en frentes que tienen que luchar forzosamente por la libertad sindical.

Sindicalismo quiere decir hoy en día no sólo defensa de los intereses de los agremiados sino impulso a los espacios sociales construidos por los propios sindicalistas en diferentes áreas de la actividad humana, concreción de metas inmediatas a favor de la calidad de vida de los trabajadores y no en última instancia defensa ardiente de la democracia.

Post-Data.- Se podría pensar en una sociedad mexicana evolucionada donde, alcanzando la superación de los pobres y ciertos niveles bienestar para la mayoría, a base de un incremento vario y diverso de la planta productiva, y existiendo fuertes instituciones políticas encargadas de administrar la riqueza social, fueran acaso innecesarios los organismos sindicales. Error; en esa sociedad próspera sería igualmente importante la función de los sindicatos como vigilantes de que los espacios sociales fueran continuadores de una política social eficaz y garante de la calidad de vida.

Y es que los sindicatos son esenciales a la igualdad social y a las oportunidades en una sociedad de contratistas tan rudos y violentos en lo social como es México. Quiere decirse que además deberán vigilar el ensanchamiento de los aspectos sociales, las áreas de actividad que cubren el ocio, el deporte y la salud, de sus agremiados y de otros trabajadores en activo o jubilados.

En fin, la hipótesis de la existencia de una sociedad próspera que contuviera en sí misma sus puertas abiertas al bienestar no elimina los sindicatos, antes bien los confirma en sus funciones, a saber: de correas de transmisión de las demandas sociales y garantes de la acción democrática de los actores sociales, e instituciones avocadas, por ley o por costumbre, a normar la calidad de vida de los mexicanos.

Hoy no queremos utopías, queremos una sociedad de agentes sociales y políticos enérgicos en el cumplimiento de sus mandatos.

*Ensayista **Sociólogo