Sección Internacional


LA EDUCACIÓN, VÍCTIMA DE CINCO TRAMPAS

Riccardo Petrella

Catedrático en la Université Catholique de Louvain y consejero de la Comisión Europea de Ciencia y Política Tecnológica.

La formación continua debe servir fundamentalmente para que los recursos humanos sean útiles y rentables.
El universo de la educación y de la formación (1) ha cambiado profundamente en los últimos quince años en todos los países llamados desarrollados.

Entre las principales fuentes de cambios mencionamos los avances tecnológicos en los campos de la automoción, de la información y de las comunicaciones, que han trastornado el mundo del trabajo y la manera de producir riqueza y, por lo tanto, la formación y el aprendizaje. Una orientación política se convirtió en predominante a principios del los 80, a saber, la privatización de todo lo que es público, comprendiendo el campo de la educación, la emergencia y la aceleración -a partir de los 70- de procesos de mundialización, particularmente movimientos de capital, flujos comerciales, mercados, estructuras de producción y de empresas. La explosión de un modo de vida centrado en el consumo de masas y la comercialización de toda expresión humana y social, sin dejar a un lado la educación y, en fin, la afirmación y la divulgación -a partir de los 90- de la tesis sobre el nacimiento de una nueva sociedad (la sociedad del conocimiento) considerada como el nuevo paradigma del desarrollo de sociedades y de creación de riqueza, integran el paradigma -también nuevo, data de los 60 y 70- de la sociedad de la información.

Entre todos los efectos más visibles podemos evaluar de forma rigurosa las consecuencias sociales; cinco merecen una atención particular. Se trata de trampas a las que están confrontadas no sólo el mundo educativo sino también el conjunto de actores de nuestra sociedad.

Éstas son:

· La educación por el recurso humano. Tomándola no como educación por y para el ser humano sino en términos de comercio, o cómo la educación ha sido sumisa ante la lógica de la economía capitalista de mercado.

· La educación como instrumento de supervivencia en la era de la competitividad mundial, o cómo ha sido trasformada en un lugar donde se aprende una cultura de guerra (ha triunfado por encima de las otras y en su lugar) más que una cultura de vida (para vivir junto con los otros con intereses comunes).

· La educación al servicio de la tecnología.

· Por qué la tecnocracia se está apoderando del poder de dar sentido y dirección al conocimiento y a la educación en la igualdad y la equidad.

· Cómo en la sociedad del conocimiento (que considera éste sobre todo como la fuente principal de creación de la riqueza en la actual sociedad capitalista de mercado mundial), el sistema educativo es utilizado como medio de legitimación de nuevas formas de estratificación y de división social.
Liberarse de estas trampas constituye una tarea de vital importancia, y es posible. Todo comenzó -historia de la primera trampa- no hace mucho a causa de la aceptación y generalización de la idea del recurso humano.

La educación por el recurso humano, tomando el lugar de la educación por y para la persona humana.


Bajo la influencia de los sistemas de valor definidos y promovidos por las escuelas de dirección, eje de los imperativos de la producción y de la hazaña competitiva predicados por sus comandatarios (las empresas) el trabajo humano ha sido reducido a un recurso. Presentado como un progreso (¿no nos reafirma del todo que el trabajo humano sea la principal fuente de la que dispone una empresa, un país?), esta reducción ha tenido dos efectos principales.

En primer lugar, como recurso, el trabajo humano ha dejado de ser un sujeto social. Es organizado por la empresa (la DRH, Dirección de Recursos Humanos) y por la sociedad, con el objetivo prioritario de extraer de los recursos humanos disponibles la contribución más elevada posible, al menor coste, de la productividad y de la competitividad de la empresa y del país.

Segundo efecto: desposeído de su significado como sujeto social y, por lo tanto, fuera de su contexto público, social y cultural múltiple, el trabajo humano se ha convertido en un objeto. Como cualquier otro recurso material e inmaterial, el recurso humano es una mercancía económica que debe de estar disponible libremente para todos, siendo los únicos límites a su acceso y a las formas más libres de su explotación de naturaleza financiera (costes). Tras un testimonio digno de mención, una persona escuchó en Bruselas, a finales de noviembre del 99, al responsable de una oficina de trabajo temporal responder al teléfono:" lo siento, Señora, pero hoy no dispongo de la mercancía que me pide!".

El recurso humano no tiene voz social, no tiene representación social. No hay, por otra parte, sindicatos de recursos humanos. No tiene, como tal, derechos cívicos, políticos, sociales, culturales. Es un medio en el que el valor de uso y cambio monetario están determinados por el balance de la empresa. El recurso humano está organizado, administrado, valorado, desplazado, reciclado, abandonado en función de su utilidad para la empresa.

No se tiene ningún derecho en el trabajo. Sus derechos de existencia y de mejora dependen de su resultado, de su rentabilidad. Debe demostrar que es necesario, sustituyendo el principio del derecho al trabajo por el principio del deber de demostrar su necesidad. Es lo que los nuevos progresistas llaman una política social activa de trabajo. O es principalmente con relación a esta nueva obligación de empleo que, según nuestros actuales dirigentes, la educación debe jugar su papel más importante: debe estar presente durante toda la vida (económica) de un recurso humano pues cuanto más se aceleran los cambios tecnológicos mayor es la duración de la vida del saber y se reducen las competencias adquiridas y los recursos humanos se vuelven rápidamente obsoletos, no rentables, no empleables.(2)

La formación continua debe de servir fundamentalmente para mantener útiles y rentables los recursos humanos del país.

Así, el sistema educativo ha sido reorientado y dirigido a la formación de recursos humanos al servicio del objetivo de la competencia más elevada de las empresas del país. Se habla aún de seres humanos a nivel de educación primaria y secundaria obligatoria. Cuando nos encontramos en la enseñanza profesional o la enseñanza superior y universitaria, no pensamos más que en términos de recursos.

Del no comerciante al comerciante, o cómo la educación es cada vez más sumisa a la lógica de la economía capitalista de mercado. A partir del momento en que la educación debe servir, sobre todo, para formar recursos humanos cualificados y flexibles de los que necesitan las empresas, la lógica mercantil y financiera del capital privado no ha tardado en imponerse, cada vez más directa, en la definición de la finalidad y las prioridades de la educación. El fenómeno ha tocado también los EEUU, donde si bien la privatización del sistema educativo se ha desarrollado y admitido desde hace decenios, la definición de finalidades y de prioridades de la educación ha permanecido, a pesar de todo en la cultura de clases dirigentes, hasta finales de los 70, parte integrante de la res publica, un asunto de la colectividad. Desde entonces este no es ya el caso. Con el impulso de conceptos "reaganianos" y la explosión de la informática y multimedia, la educación es en lo sucesivo un mercado, y no sólo en lo concerniente a la educación en escuelas de empresariales.(3)

En EEUU y en Canadá (excepto parte de Québec) no se habla más que de mercado de la educación, negocio de la educación, de mercado de productos y de servicios pedagógicos, de empresas educativas, de mercado de profesores y alumnos. No es por casualidad que el primer Mercado Mundial de la Educación (World Education Market) se haya celebrado del 23 al 27 de mayo de este año en América del Norte, en Vancouver, Canadá, no lejos por otra parte de Seattle.

Como es ahora el caso de la mayor parte de manifestaciones sobre la educación, este primer Mercado ha estado dominado por los multimedia. Los multimedia han invadido el mundo de la educación y el conjunto de actividades de toda la educación. Esta invasión tiene efectos mistificadores: cada vez son más numerosos los y las que creen que la educación se ha transformado fundamentalmente en un negocio multimedia. El Mercado Mundial de la Educación (4) ha hecho resurgir la existencia de un largo consenso entre todos los actores públicos y privados presentes; la mercantilización de la educación no se pone en duda. Desde entonces, la pregunta principal que se hacen es saber quién va a vender qué en el mercado mundial regido por tales reglas.

Quienes comienzan a destacar son editores de productos multimedia, creadores y proveedores de servicios en cadena o de la tele-enseñanza, operadores de telecomunicaciones, de empresas de informática. Fusiones, absorciones, alianzas se suceden a un ritmo frenético estos últimos años. El Olimpo de los dioses que va dominar el mercado mundial de la educación dentro de 3 a 5 años está compuesto, por el momento, de nombres conocidos y nuevos entre los que nos encontramos a Microsoft, AOL- Time Warner, MCI-World Com,Vra Com-CBS, Vivendi Universal, Bertelsman, Sun-Microsystem. Entre ellos alcanzan un millar de filiales especializadas en servicios on-line, prensa, educación, ocio, etc.

Mucho personal docente universitario y responsables de universidades se asociarán a la obra de estos dioses. Sostenidos por los poderes públicos nacionales -siempre convencidos de que su papel primordial es crear el ambiente más favorable posible a la competencia de empresas en su país- las empresas dirigirán la danza.

Ellas lo hacen ya en lo que respecta al qué; muchas de ellas tienen un catálogo de programas clave de propuestas para la formación. Las universidades virtuales se multiplican como champiñones a través de las fronteras internacionales. A iniciativa de Glenn Jones, fundador de la Universidad de la Web (o Jones University), fue creada en 1998 la Global Alliance for Transnational Education gracias a la financiación de IBM, Coca-Cola, y Sun Microsystems. Su objetivo es definir los estándares educativos internacionales. El principio de Glenn Jones es sencillo: nuestra idea, dice, consiste en crear una educación de mucha calidad sobre el lienzo, independientemente del lugar, sacar beneficio y pagar los impuestos. (5)

Según un estudio de la banca empresarial americana Meryll Lynch, el número de jóvenes que cursarán estudios superiores en el mundo se elevará a 160 millones en el año 2025. Actualmente son 84 millones, de los cuales 40 millones son supervisados por docentes "on-line", lo que es ya considerable. Podemos imaginar el mercado que podrá representar en el año 2025 la educación "on-line" en los estudios superiores. El estudio de Meryll Lynch (6) predice que en los próximos 5 años, las universidades virtuales reunirán millones de estudiantes de todas las partes del mundo accediendo a los mismos estudios, a los mismos profesores, a los mismos títulos.

Los empresarios no tardarán en interesarse por este mercado. ¿Veremos fondos de pensiones coreanos y japoneses financiar cursos virtuales de chino para todos aquellos que en el mundo quieran aprender chino? Así lo cree Datamonitor (una sociedad de estudios norteamericana): cerca de un millón de preguntas sobre un conocimiento particular serán objeto de transacción financiera en 2003 (7). El escenario que parece tener todo a favor en América del norte, incluso con los condicionantes actuales de la presidencia de EEUU (en particular de George W. Bush), es el de un sistema de educación organizado sobre las individualidad gracias a lo que será Internet en algunos años: a distancia (en casa, en la oficina, en las fábricas), versátil en el tiempo, durante toda la vida, a la carta (en cuanto a contenidos). Las prioridades que ofrece animan cada vez más a nuestros países a que se inscriban en estas posiciones: la buena educación consiste en favorecer la formación en los campos tecno-científicos y "de mando" (informática, física, biotecnología, matemáticas, negocios, finanzas, idiomas, marketing).

Más allá de la línea (la escuela virtual, las universidades virtuales de Internet) que está tomando la mercantilización del saber, la mercantilización de la enseñanza superior y universitaria sobre una base enteramente privada (alejándose, por tanto, del sector público o para-público hacia una cultura mercantil y empresarial) se ve también desarrollada considerablemente por la creación, hasta hoy, de más de 1,070 universidades empresariales en todo el mundo, de toda naturaleza y calidad. Estas universidades son frecuentadas por decenas de miles de estudiantes interesados no en obtener títulos, sino en recibir información por alguien directamente ligado a la empresa que podrá ser su empleadora.

En cuanto a las reglas, no habrá que asombrarse de asistir en los próximos años a un fuerte crecimiento y aceleración de los movimientos de liberación y de descomposición de los mercados nacionales de educación. El fracaso de las negociaciones del milenio de la OMC en Seattle en diciembre de 1999 impidió, momentáneamente, que las reglas de la OMC se aplicaran también a la educación. Figuraban efectivamente en la lista de servicios previstos en el orden del día de Seattle según el acuerdo firmado en diciembre de 1994 en Marrakech (el AGCS, acuerdo general sobre el comercio de servicios, GATS en inglés) (8). No hay garantía de que cuando se retomen las negociaciones en la OMC con respecto a servicios, liberalización y reglamentación en el ámbito de la educación, no se vuelva a aquel orden del día. Las organizaciones sindicales (particularmente la internacional de educación) y las ONGs deben redoblar sus esfuerzos para impedir que esto se realice.(9)

Lo que está en juego es de envergadura, por ello cada vez son más los responsables políticos de países desarrollados que están preparados, directa o indirectamente, a aceptar que el mercado mundial decida finalidades y modalidades de organización y funcionamiento de la educación.(10)

Si la tendencia continúa, no estará lejos el día en que, en Europa también, los estamentos educativos se conviertan en empresas (algunas aún tienen características públicas o para-públicas, pero con fuerte participación de capital privado) y se comporten como cualquier otra empresa mercantil o financiera. ¿Quién sobrevivirá entonces?, como reconoce un director de escuela australiano citado en Le Monde el 26 de mayo del año 2000: "nosotros somos truchas de agua dulce enfrentados a tiburones en el marco del mercado mundial de la educación".

Estas tendencias encuentran un terreno particularmente fértil en el marco de la tercera trampa.


La educación como instrumento de supervivencia a la era de la competencia mundial, o cómo ha sido transformada en un lugar donde se aprende una cultura de guerra (a conseguir más que los demás y en su lugar) más que una cultura de vida (a vivir junto con los demás en la integridad general).

Cuanto más competitiva sea la empresa, la economía se apoyará más sobre el plan de empleo y en todo caso sus trabajadores (directivos, empleados, obreros) tendrán la oportunidad de conservar su empleo. También continuará el bienestar económico y social general. Esta tesis, gracias a los cantos de la mundialización capitalista competitiva, será parcialmente confirmada, según ellos, por las estadísticas de paro, que mostrarán que éste afecta más al recurso humano poco o nada cualificado y que la posibilidad de encontrar (o reencontrar) un trabajo remunerado será más elevado para las personas con un nivel de cualificación más alto.

La realidad ofrece también otras situaciones. Cuanto más necesidad tiene la empresa de personal cualificado para ser competitiva más es conducida a reducir la cantidad de personal no cualificado (creando a su vez un conflicto de intereses entre personal cualificado y no cualificado). Pero también de personal cualificado, entre otros por el reemplazamiento de personal mayor cualificado por jóvenes también cualificados, como fue el caso que hizo escuela en 1994 de la prejubilación de miles de ingenieros y directivos de la IBM con más de 50 años (creando así un conflicto de interés entre categorías de edades).

En otro, se irá a otros países en búsqueda de personal cualificado (pero también no cualificado) en función de su coste inferior y de legislaciones laborales nacionales más favorables para la empresa (creando un conflicto de interés entre trabajadores de países diferentes). Cuanto más se inscriben los poderes públicos en la lógica de la sumisión y el imperativo de la competitividad mayor es la libertad de elección de las empresas del modo en que ellos entienden la gestión de sus recursos humanos: donde el abandono sistemático de contratos de trabajo de larga duración (y un conjunto significativo de derechos individuales y colectivos para el trabajador) a favor de la generalización de contratos de trabajo a corto plazo, de tiempo indefinido, tiempo variable y en los que las garantías sociales son en gran medida dejadas más y más a cargo a los trabajadores mismos. Esto favorece y excita la competencia entre trabajadores por la lucha al acceso al empleo dentro de una lógica individualista.

Una cultura de lucha como esta se manifiesta en la enseñanza secundaria para afirmarse, firmemente, a nivel universitario. Conseguir logros superiores a los de los compañeros (obtener mejores notas) estando entre los primeros, constituye una mayor garantía de supervivencia. Las empresas alardean claramente de su política de reservar para los mejores los empleos limitados que pueden ofrecer a los jóvenes diplomados.

Partiendo de una práctica de EEUU y del Reino Unido hemos cogido la costumbre de clasificar las mejores 10, 50, 100 instituciones de educación. Conocemos la clasificación -incluso internacional- de las mejores universidades, de las mejores facultades (11) de todo el mundo. Los responsables de las universidades, los profesores, los poderes públicos, los estudiantes, los padres, los sindicatos han aceptado esta cultura. La educación se presenta en lo sucesivo como el lugar donde se matricula en la lógica de la competencia para ganar.

Por lo que a algunos respecta, el sistema educativo se puede comparar a una escuela de formación de futuros gladiadores destinados a luchar para sobrevivir en la arena del mercado mundial para interés y placer de los poderosos del mundo.

A pesar de los esfuerzos de buena parte de los educadores, el sistema educativo está a su vez dirigido a favorecer la función de selección de los mejores más que la función de valorar las capacidades específicas de todos los alumnos. Los responsables de los centros reconocen la existencia y la importancia de esta trampa.

La situación es -dicen- lamentable, pero ninguno de ellos puede hacer nada en contra de la realidad, porque quieren asegurar en su centro rentas adecuadas (siendo atractivo para los alumnos que puedan pagar sumas consistentes y para los patrocinadores privados). Cada centro debe ostentar los resultados más altos y permanecer en cabeza de la clasificación.

En este contexto, quien merece ser admitido en el plan de conocimientos y de competencias, está inevitablemente determinado, en gran parte, por la innovación tecnológica (por tanto, por las empresas punteras, el capital de alta tecnología) y por el mercado (por lo tanto, por los centros líderes del sector). Los capitales circulan por el mundo en búsqueda de la mayor rentabilidad.

Esto nos lleva a la cuarta trampa

La educación al servicio de la tecnología. Por qué la tecnocracia se ha apoderado de poder dar sentido al conocimiento y a la educación.

La subordinación de la educación a la tecnología es hoy día evidente. Ello se desprende principalmente del hecho de que nuestros dirigentes (creyendo, a partir de los 70, que la tecnología es el principal generador de cambios en la sociedad) han impuesto la tesis de la primacía y de la urgencia de adaptación a las nuevas tecnologías, y sobretodo a cambios unidos a las nuevas tecnologías de la automoción, de la información y de la comunicación.

Durante los 90, el credo de la adaptación a las masas biotecnológicas se coloca en la misma perspectiva. Cualquiera que sea el ámbito de desarrollo de aplicación y de difusión de nuevas tecnologías (energía, comunicación, salud, trabajo, educación, transporte, alimentación, cultura...) nuestros dirigentes han sido literalmente poseídos y obnubilados por la tecnología. Todos los cambios económicos y sociales unidos a las nuevas tecnologías han sido considerados y defendidos como inevitables, irresistibles, pues la innovación tecnológica será, por sí y sobre todo, fuente de progreso del hombre y de la sociedad. Es así que en estos últimos meses hemos escuchado otra vez reafirmar, a propósito de las OGM y de la clonación de células embrionarias, por los dirigentes en el poder la tesis de que nadie, de ningún país, se puede resistir al progreso.(12)

Continúa

 

 
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