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UNIVERSIDAD ¿PARA QUÉ? 1

Hugo Casanova Cardiel *

El escenario de principios del milenio ha estado caracterizado por la multiplicación de las reflexiones sobre el presente y el futuro de las instituciones sociales. El caso de la institución universitaria no ha constituido una excepción y, por el contrario, ha concentrado la atención de diversos autores. En el marco de la llamada sociedad del conocimiento, la temática del saber y de las instituciones que le dan cabida ha atraído numerosas reflexiones que ratifican la importancia de la educación superior y la singularidad de la institución universitaria en la perspectiva del porvenir.

En este texto se ofrecen algunas reflexiones introductorias acerca de dicha discusión y se presentan las principales tensiones que enfrenta la universidad en la dimensión contemporánea. El propósito es brindar elementos de análisis y discusión a un público interesado –aunque no necesariamente especializado– y en tal sentido se ha prescindido de notas al pie. Sin embargo, al final del escrito se ofrece un listado de referencias que tiene como fin orientar al lector sobre las fuentes utilizadas.

1. Cuatro reflexiones preliminares

Aunque no se pretende plantear definiciones en torno a una institución tan compleja como la universitaria, sí en cambio es necesario incluir algunas consideraciones que son fundamentales para hablar de la universidad:

• Es una institución histórica y específica. La institución universitaria tiene rasgos que la hacen diferente a cualquier otra institución social. Cuando se habla de la universidad hay que reconocer que se está haciendo referencia a una de las pocas instituciones que ha trascendido a lo largo de 9 siglos. ¿Existe un hilo conductor en la historia universitaria? Existen factores que hacen suponer que sí. En la universidad de todos los tiempos se presentan tres elementos que pueden ser caracterizados como su ethos: 1) En la institución se dan cita sujetos que se articulan voluntariamente en torno al saber; 2) En la institución se transmite (y en muchas ocasiones se crea) el saber; y 3) en la institución se certifica el saber y a quienes a él se acercan.

Es una institución contingente. Aunque hay rasgos que le dan continuidad y especificidad, la universidad está en función de su tiempo y de su espacio. Así, pensar en la universidad –igual que otras instituciones sociales– demanda conectarla con su entorno y su contexto.

Es una institución que se extiende más allá de sí misma. La universidad no termina en sí misma y tiene una gran trascendencia en el presente y hacia el futuro. Puede decirse, sin temor a la equivocación, que en la universidad se perfila a la sociedad del futuro.

Lo anterior implica una alta responsabilidad para quienes nos desenvolvemos en el ámbito universitario. La universidad a través de sus egresados y su trabajo y de sus profesores se extiende a la sociedad. Además, a través del conocimiento que ahí se genera alcanza los más alejados rincones sociales y políticos. Es pues una institución que alcanza sentido en su concreción ante la sociedad.

Como institución y proceso social es un tema crucial que demanda estudios exhaustivos y sistemáticos (desde una perspectiva social y compleja). Aunque a lo largo de su historia la universidad ha contado con la atención de destacados estudiosos, la universidad requiere de mayores y mejores estudios. Aun es posible encontrar juicios tales como “la universidad pública está a la baja en calidad”, “los profesores no se interesan”, “los alumnos no son como antes” “la educación superior privada es muy buena”, los cuales reflejan simplemente opiniones y escasamente estudios serios.

Sin embargo, afirmaciones contundentes y simplistas sobre una institución compleja como la universitaria solamente muestran desconocimiento. Como es sabido, las comunidades académicas están altamente diferenciadas y no es lo mismo una universidad que otra. Aún más, no es lo mismo una carrera que otra y, podría decirse más, una misma carrera cambia de generación en generación y un grupo varía dependiendo de la asignatura. En suma, los juicios sobre la universidad, y la educación superior en general, requieren estar fundados en el conocimiento exhaustivo y sistemático.

2. Antecedentes de la institución universitaria

Surgimiento de la universidad. Sin pretender resumir en unos cuantos párrafos la historia de la universidad, sí resulta ineludible hacer referencia a la dimensión histórica de la institución. Con antecedentes en las escuelas catedralicias, la universidad surgió en Europa hacia el siglo XI. Las más significativas instituciones fueron la Universidad de París –una comunidad de maestros– y la Universidad de Bolonia –una comunidad de estudiantes–. No deben olvidarse instituciones como la Universidad de Salamanca, en España, la cual tendría una influencia determinante en la fundación de la Real Universidad de México en el siglo XVI.

Refundación en el siglo XIX. Sin embargo, el antecedente más importante de la universidad actual es la institución del siglo XIX. En ese siglo se vive una suerte de refundación universitaria que sienta las bases de la institución contemporánea. Sin entrar en las especificidades de los modelos decimonónicos, sí conviene señalar que el surgimiento de la universidad contemporánea tiene que ver con las funciones de investigación, cultura y docencia que caracterizaron a las respectivas instituciones.

Así, se habla de tres modelos universitarios: el germánico, relacionado con la investigación y la búsqueda de la verdad; el británico, relacionado con la educación liberal y la formación del hombre; y el francés, orientado a la educación profesional y da la formación de sujetos para la administración pública.

3. La universidad contemporánea

Hacia la universidad contemporánea. Una modalidad universitaria que lograría consolidarse y ejercer una gran influencia a lo largo y ancho del mundo es la estadounidense. Integrando elementos de los modelos germánico y británico, el modelo estadounidense hoy es seguido por la mayoría de las sistemas de educación superior. Pero, ¿cuáles son las características de la educación superior estadounidense? En términos sintéticos puede aludirse a cinco rasgos:

1) Tiene una amplia atención a la demanda y desde hace décadas es el sistema de educación superior más grande del mundo; 2) Es un sistema altamente diferenciado que da cabida a una amplia gama de instituciones, modalidades, niveles y especialidades; 3) Cuenta con una serie de mecanismos externos de supervisión y acreditación; 4) Promueve y estimula las tareas de investigación; 5) Opera bajo la lógica del mercado promoviendo mecanismos de competencia e intercambios comerciales. Sin abundar en los cuestionamientos a dicho modelo, baste señalar la dificultad para que países distintos y con rasgos específicos hoy estén subordinados a un esquema único.

Expansión y diversificación. A partir de la década de los cincuenta es posible hablar de la concreción internacional de la universidad contemporánea. Luego de la Segunda Guerra el nuevo orden económico, político y social se expresó en el paulatino cambio de la universidad en todo el mundo. Factores como la industrialización, la urbanización y la expansión de las clases medias se expresan en la modificación de los rasgos relativamente homogéneos y elitistas de la universidad del siglo XIX y dan paso a un nuevo esquema universitario que se caracterizará por dos factores: la expansión y la diversificación.

Así, sobre la expansión hay que resaltar que se inicia en los Estados Unidos, donde alcanza, desde la década de los treinta, una atención de 12% en la franja de jóvenes entre 18 y 24 años. En el resto del mundo ese proceso se iniciará hasta los sesenta y sobre todo en los setenta.

En México las cifras han crecido muy lentamente y hasta hace muy poco se ha superado el 20% de la atención a los jóvenes entre 18 y 24 años. Hay que señalar que en Estados Unidos y Canadá las cifras superan el 85%. Acerca de la diversificación, baste apuntar que la universidad experimentaría importantes transformaciones de orden cualitativo. Sobre todo a partir de la posguerra surgen nuevas instituciones, nuevas profesiones, nuevos campos del conocimiento y nuevas formas para producirlo.

Las críticas a la universidad contemporánea. Muy pronto se cuestiona a la universidad contemporánea y se abren complejas discusiones acerca de sus fines y funciones. Un acuerdo destaca: la universidad tiene dificultades para responder a los retos que le plantea la sociedad. Sin embargo, las respuestas distan de coincidir. Aunque, por supuesto, en la praxis política es imposible encontrar posiciones monolíticas, en términos de análisis es posible situar dos grandes líneas: por un lado, la que podría denominarse como funcionalista, y por otro lado la crítico-social.

a) La interpretación funcionalista. En la lógica del funcionalismo, la universidad opera como uno de los mecanismos de equilibrio del sistema social proporcionando a los individuos y a los grupos sociales las competencias necesarias para la vida productiva y para el desarrollo de la vida democrática. Sin embargo la universidad presenta límites en sus responsabilidades y se plantea su necesaria reforma.

Se discute si una sola institución puede hacer docencia, investigación y difusión de la cultura; se discuten los modos de organización interna de las instituciones y se discute la vinculación de la institución ante las demandas del ámbito productivo. En la superación de tal problemática se promueven reformas que aspiran a la armonización de los diversos actores y factores de la educación superior.

b) La interpretación crítico-social. Desde la perspectiva crítico-social, sin embargo, se cuestiona el papel histórico de la universidad y se sostiene que no ha hecho sino permitir la reproducción de las desigualdades sociales. La universidad, así,se considera como parte del engranaje de dominación. Desarrolla las habilidades que demanda el aparato productivo y simboliza las promesas de democratización y movilidad social pero no es sino la expresión del control ideológico de la sociedad.
En la atención a dicha problemática se señala la necesidad de replantear la función social de la universidad y de profundizar su articulación con las luchas sociales, pero también se llega a plantear la imposibilidad de reformar a la institución.

4. El nuevo contexto

La universidad ante el nuevo orden y ante una sociedad compleja. Las últimas dos décadas del siglo XX representaron el surgimiento de un nuevo contexto mundial con un fuerte impacto en el ámbito universitario. La magnitud de los cambios políticos, sociales y económicos –aún en marcha–, significaron para la institución universitaria el replanteamiento de muchas de sus tareas y funciones concretas. El nuevo contexto ha implicado un esquema económico y político macro que articula a todos los países en un modelo mundial.

Las sociedades entran en una fase de gran complejidad y el conocimiento se consolida como uno de sus mecanismos de racionalidad por excelencia. En ese escenario la universidad adquiere un papel de gran relevancia merced a su papel en la transmisión y la producción del conocimiento.

Nuevos saberes y formas de construirlos, nuevas instituciones. Los saberes se amplían (robótica, bioingeniería, genómica) y surgen nuevas formas para construirlos. Surgen instituciones diferentes a las universitarias que también realizan tareas de investigación, docencia y difusión de la cultura. Las nuevas instituciones se articulan prioritariamente al mundo del trabajo y de los servicios. Por otro lado, se manifiesta que el conocimiento no es monolítico (aparecen variados conocimientos) y que las instituciones a su interior en consecuencia tampoco son monolíticas (es más, están fragmentadas y desconectadas).

Nuevas tecnologías. En la construcción y transmisión del conocimiento las nuevas tecnologías son forma pero también son fondo. Si bien las nuevas tecnologías traen innegables beneficios por la prontitud y eficiencia en el intercambio de información, también llegan a generar cambios no deseados en la universidad, la cual se redefine conforme a códigos ajenos al propio conocimiento.

Internacionalización del conocimiento. La internacionalización juega un papel significativo y se van imponiendo modalidades generadas en los centros de poder político y económico. Las instituciones han de adecuarse conforme a las nuevas reglas del juego. Los organismos internacionales –económicos y políticos, pero también sociales y educativos– participan en la implantación de las reformas en las instituciones y en el convencimiento a los gobiernos nacionales. La internacionalización, aunque promueve criterios de calidad más amplios, genera fuertes distorsiones de la realidad local o institucional.

5. Los efectos en la institución universitaria

Aunque obviamente resulta muy arriesgado hacer un listado de los efectos del nuevo contexto en la universidad, tampoco es posible eludir esa tarea. Así que sin nnguna aspiración de totalidad o de jerarquización se exponen los siguientes puntos.

Desplazamiento de la universidad de la periferia al centro de lo social. La universidad de inicios del siglo XXI se coloca como un espacio de gran protagonismo y de un espacio relativo pasa a ubicarse en el centro de lo social. El desplazamiento es problemático sin embargo y se genera un amplio debate acerca de las responsabilidades y tareas de la universidad.

Desplazamiento de la idea legitimadora de la universidad como institución social hacia otra como complejo aparato industrial. De la perspectiva ideal que asignaba a la universidad la responsabilidad de llevar a cabo un amplio rango de funciones sociales y de formar en el individuo los hábitos del pensamiento y una posición crítica ante su entorno, se transita a una visión que considera a la universidad como un modelo corporativo e inserto en un mercado competitivo para producir bienes y servicios. En ese mercado, el papel de la universidad es participar en el proceso económico “entrenando” fuerza de trabajo y realizando investigación productiva.

Profundización de la atomización disciplinaria y dificultad para establecer reglas y referentes comunes. A su interior, la universidad vive la desarticulación de los diferentes campos del conocimiento; las reglas del juego son diferenciadas y los propósitos del propio conocimiento están en pugna entre sí. El conocimiento se ve desbordado por su dimensión aplicada antes que por su lógica interna.

Las comunidades académicas se ven marcadas por las fuerzas centrífugas (hacia otras comunidades disciplinarias, antes que por las fuerzas centrípetas (de la propia institución). Así, en las instituciones más complejas y desarrolladas, el compromiso de los académicos comienza a responder más a la disciplina que a la institución.

Políticas restrictivas y acordes al modelo económico hegemónico. La tendencia de las políticas es hacia restringir el financiamiento y a promover que las instituciones incrementen sus recursos por vías alternativas. Se promueve la rentabilidad social de las instituciones, pero también se estimula su rentabilidad económica a través de una multiplicidad de mecanismos.

Surgimiento de esquemas de regulación gubernamental. Aunque los señalamientos discursivos oficiales insisten en orientarse hacia la desregulación de los procesos universitarios, esto es, a la menor presencia del gobierno en las instituciones, lo cierto es que proliferan nuevos mecanismos de control “a distancia” de las universidades.

Los actores emergentes. La universidad y las definiciones sobre la universidad han dejado de ser un asunto solo de los universitarios. En la definición de la universidad se han sumado nuevos actores: políticos, empresarios, intelectuales, periodistas, grupos de poder y diversos grupos sociales.

Desacuerdos y movilizaciones. La universidad está siendo objeto de importantes cambios y de implantación de políticas (tanto globales como institucionales) y eso ha generado recurrentes movimientos de resistencia. Las expresiones de oposición se repiten incesantes y hoy resulta innegable la necesidad de interpretar y atender las distintas señales que se expresan sobre la universidad.

6. Las tensiones de la universidad

Tradición e innovación: lo viejo frente a lo nuevo. Una de las tensiones más referidas en los análisis sobre la universidad es justamente la que alude a las tradiciones de una institución milenaria frente a los necesarios cambios. Algunas veces se sostiene que es una institución en realidad conservadora, que sólo hace cambios después de muchas presiones. Sin embargo, quizá la pregunta pertinente es, ¿qué cambios han de hacerse sin vulnerar la esencia de la institución, del saber y de la búsqueda de la verdad?

Demandas crecientes y apoyos decrecientes. Una de las tensiones más evidentes es la que enfrenta la universidad de nuestro tiempo en términos de las altas exigencias y expectativas depositadas en ella y los decrecientes apoyos financieros que recibe. ¿Cómo lograr los recursos suficientes a la institución asegurando su autonomía y, a la vez, su máxima responsabilidad en el cumplimiento de las tareas que tiene asignadas?

Universidad para reproducir o para crear conocimiento: docencia o investigación. ¿Cuál es la prioridad de la universidad? ¿Docencia o investigación? ¿Es posible combinar ambas funciones? Es una pregunta que ya plantearon los creadores de la universidad alemana en el XIX y que ha vuelto una y otra vez con Ortega y Gassett, con Lyotard, con Touraine. ¿Estamos preparados para investigar quienes hacemos docencia en la universidad? ¿Estamos preparados para ejercer la docencia quienes investigamos? Por otro lado, ¿cuál ha de ser el papel de la universidad en la formación de la cultura?

La universidad frente al poder: saber y política. Es creciente la presencia de la política y las decisiones gubernamentales en la universidad. Las políticas oficiales se extienden en diversos temas y no solamente tienen que ver con la asignación de los presupuestos. A través de mecanismos como los planes de calidad el gobierno interviene en temas tradicionalmente en el campo de los universitarios. ¿Cuáles son los límites? ¿Cuánto puede intervenir la política en la institución? ¿Cuánto puede hacer el saber frente al poder?

La universidad frente al hacer: saber y mercado. La universidad vive una de sus principales tensiones en el papel frente al mercado, o mejor dicho, ante los mercados: el de estudiantes, el de trabajo, el de servicios. Las demandas para que la universidad “produzca” “recursos humanos” o “capital humano” (siguiendo la metáfora industrial) se encuentran en tensión frente a la alta responsabilidad universitaria en favor de la formación de sujetos sociales que han de integrarse en una sociedad de trabajo y de conocimiento cada vez más compleja.

En el ámbito de la investigación, las demandas se viven en términos de “la utilidad” del conocimiento –como si fuera posible generar conocimiento científico que no sea útil– y las tensiones se manifiestan entre el conocimiento puro y el aplicado.

La universidad funcional frente a la universidad sin condición. La universidad parece vivir una de sus más profundas tensiones entre el modelo de universidad performativa y vinculada a la razón económica y la universidad de la razón ilustrada y el saber por el otro lado. Se percibe en tal sentido, una tensión que enfrenta el sentido mismo de la universidad y que se sintetiza en la idea de una universidad funcional y pragmática frente a otra crítica o “sin condición” para usar el término de Derridá.

Esa universidad sin condición, tiene como responsabilidad y guía la búsqueda de la verdad y el derecho a decirlo todo: “nada está a resguardo de ser cuestionado” afirma dicho autor planteando un derecho de los universitarios, pero sobre todo marcando una obligación de quienes se forman en el campo del saber y en la búsqueda de la verdad sin límites –como ya afirmaban los idealistas alemanes del siglo XIX–.

Tales son, en suma, algunas de las principales tensiones de la universidad de nuestro tiempo. Como se ha señalado a lo largo del texto, la educación superior vive un intenso proceso de adaptación ante las nuevas demandas sociales y, a la vez, un complejo proceso de reconceptualización sobre sí misma. En ambos sentidos, hoy más que nunca, se requiere de la activa participación de los sujetos involucrados en el quehacer universitario. En la renovación de la universidad actual se juega la construcción del futuro de la institución universitaria y de la sociedad.

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Notas

1. En este texto los conceptos de universidad y educación superior son utilizados de manera indistinta.

* Investigador Titular del Centro de Estudios sobre la Universidad y Profesor del Posgrado en la Facultad de Filosofía y Letras. UNAM. (hugoc@servidor.unam.mx)

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