Foro Histórico


¡LOS ESTUDIANTES A ORGANIZARSE EN UN SINDICATO! *

Wenceslao Roces

A mí me parece que el talón de Aquiles del actual movimiento universitario son los estudiantes; es la desorganización, la apatía de la masa estudiantil. Es muy malo, gravísimo, que en el movimiento, en la lucha, se vean unas caras y en las clases otras. Las “mayorías silenciosas” son algo monstruoso en quienes se instruyen para formar su conciencia y proyectarla sobre los otros… Intelectualidad es comunicación. El pensamiento se haya entrelazado con el lenguaje y éste con la acción. El que no actúa, el que no lucha, el que no vive, el que se encasilla, no necesita pensar ni obrar. Pero la universidad no educa cartujos, sino hombres. Y hombres de nuestro tiempo, capaces de sacudir la inercia y la apatía. Empezando por ellos mismos.

Si los estudiantes, siguiendo el ejemplo victorioso de los trabajadores administrativos y los trabajadores académicos, como trabajadores estudiantiles –pues eso son o deben ser- no se organizan, no se agrupan, privarán a nuestro movimiento de su resorte medular: la alianza profesor-estudiante. Sin la unión de los estudiantes en la lucha, los profesores no son nada o son sólo una voz clamante en el desierto, como el catedrático sin comunión con sus estudiantes, en la cátedra. Sin ellos, sin su participación activa, entusiasta, organizada, sin el ardor revolucionario juvenil, que es la sal de la vida y el acicate de los grandes movimientos –sin juventud no hay revolución, decía Lenin, ¿cómo puede haber revolución sin futuro?– nuestra acción no alcanzará sus metas. Y nos expondremos a perder lo que vamos conquistando. Sería muy triste, catastrófico, que los estudiantes, que en España, en Francia, en Italia, en los grandes movimientos universitarios de América, en los momentos estelares, han ido siempre a la cabeza, metiéndose en sus madrigueras domésticas o chambistas, se agazaparan aquí en la retaguardia, peor, aún, en la “torre de marfil” de la inacción que también existe para los estudiantes y que es mil veces más condenable en los jóvenes que en los viejos.

¿Como vamos a luchar nosotros, denodadamente, por la participación estudiantil en los planes, en las comisiones y en los organismos académicos, si los estudiantes no se organizan profesionalmente y se manifiestan, si no hacen valer, organizadamente sus derechos? ¿Cómo vamos a encontrar sus voceros y representantes, si ellos no imponen, democráticamente, su representatividad? ¿Con el dedo? ¿Siguiendo la aborrecible senda paternalista, destacando a nuestros “mejores” alumnos o a los que sean más serviles o nos caigan más simpáticos? Eso nunca. Pues eso es precisamente, entre otras cosas, una de las lacras contra las que luchamos.

Este debe ser un grito, el más apremiante de la hora: ¡Los estudiantes, a organizarse, para luchar democráticamente con plena personalidad, junto a los profesores y, sea necesario, frente a ellos! ¿Por qué no ha de haber un sindicato estudiantil, como lo hay profesoral y administrativo?...

…Los profesores sindicados y los trabajadores administrativos, marcando el camino con hechos, sabemos que el movimiento no será completo mientras no estén en él, como cuerpo organizado, los estudiantes. Invitamos a los estudiantes y los ayudaremos por todos los medios a integrarse a la organización de las fuerzas universitarias, para poder luchar con actos y no con gritos. Les invitamos a subirse, con su propia personalidad, a un tren que está ya en marcha y que llevará, sobre rieles seguros, a la Universidad del mañana, del que ellos son parte esencial. Tumultuariamente y pescando en río revuelto, queriendo meter en la Universidad causas ajenas a ellas, sólo se conseguirá frenar, debilitar, desintegrar, servir a la oligarquía…

Hay que luchar por la integración de todas las escuelas y facultades, hoy dispersas y atomizadas en torno a la pradera central en una Universidad unitaria y solidaria, en la que abogados, médicos, filósofos, físicos, se sientan todos parte de un todo único, batallones del ejército común de la cultura, universitarios integrados e integrales. ¡Un tipo nuevo de universitario, consciente de sus deberes hacia los demás! Hay que estrechar los lazos solidarios entre una y otras facultades, con intercambio de conferencias, visitas, delegaciones, enlaces orgánicos, actividades comunes, conviviendo y luchando en común, puesto que las metas, con fisonomía propia en cada sitio, son comunes a todos y reclaman una Universidad Común. La división de nuestras filas es siempre el arma y la brecha del enemigo.

* Extractos de un texto publicado en Foro Universitario número 2, julio de 1976.