Reforma Universitaria


LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN EL CONTEXTO
DE LA GLOBALIZACIÓN

Es urgente, en países como México, contar con una infraestructura educativa que consiga aminorar, por medio de la investigación científica y la innovación educativa, los efectos nocivos del proceso de globalización.

Edgar Adrián Mora Bautista*

La historia es aquí y ahora.
T. S. Eliot

La educación superior en México se enfrenta, al igual que en la mayoría de países de América Latina, a retos y caracterizaciones de las cuales se puede configurar un mapa de comprensión de lo que representa esta idea de educación superior dentro de un contexto nacional que se pretenda incluyente. La forma de abordar los problemas de este fenómeno educacional puede tener innumerables aristas; en este ensayo me referiré de manera analítica a las que yo considero de mayor relevancia. Relevancia calificada por la posición que la educación adquiere hoy en día. El mundo actual se encuentra inmerso en la actualidad en un proceso irreversible, dinámico y complejo, al que llamamos globalización.(1) Podemos decir que los efectos que este fenómeno tiene dentro de la realidad social son esencialmente discernibles en dos tipos que pueden resumirse en la influencia que ejerce sobre la realidad económica y la que ejerce sobre la producción del conocimiento humano.

La globalización tiene dos impactos muy visibles: el que se da en el terreno de la economía y, ligado a él, el que se da en el terreno de la ciencia, la tecnología y la cultura. A la educación, y dentro de ella a la universidad, se le ha reconocido un papel estratégico para el desarrollo del país y para lograr una inserción más favorable en la economía internacional.(2)

Esta idea de globalización, término del cual es difícil desprenderse a la hora de plantear un problema cuyas aristas van más allá de la realidad nacional interna, plantea una interacción dinámica entre los dos campos afectados mencionados líneas arriba. La globalización económica incide de manera determinante en la globalización que no es de tipo económica. La integración de países en bloques económicos que se reconocen con los mismos derechos de intercambio comercial, implican en la realidad acuerdos injustos en los que los países con índices de producción económica bajísimos (y con producción tecnológica, educativa, científica y cultural en esos mismo estándares) se encuentran en una situación desfavorable y, a la larga, causante de múltiples contradicciones.

El crecimiento de los abismos sociales será más dramático en aquellos países que no consigan establecer condiciones de vida para sus sociedades acorde con los tratados en que se han comprometido. La educación superior, en ese sentido, tiene que ser un mecanismo a través del cual estos países puedan superar los procesos escalonados a partir de los cuales comienzan a separarse en sentido inverso de las condiciones de los países mejor ubicados en el plano de generación de la riqueza. Tratemos de especificar cuáles son los aspectos más importantes dentro de ese proceso de globalización ineludible.

Se pueden señalar cuatro aspectos relevantes [dentro del proceso de globalización]: 1) los procesos de integración económica se dan en un contexto geopolítico unipolar luego del derrumbe del bloque socialista en Europa; 2) el contexto social a nivel mundial presenta profundas diferencias y desequilibrios en los niveles de desarrollo de los pueblos del norte y del sur; 3) a nivel ideológico, asistimos al resurgimiento de los nacionalismos y localismos, con devastadoras consecuencias en distintas regiones del mundo; 4) en el interior de los países se acrecientan las desigualdades sociales, económicas, educativas y culturales, dentro de procesos de marginación y exclusión de crecientes grupos sociales de los beneficios de la modernización económica.(3)

Es obvio que el aspecto que nos interesa dentro de esa descripción es el referido al cuarto numeral. Sin embargo, no debemos perder de vista que los procesos descritos en esa clasificación efectual se encuentran actuando de manera simultánea y que, en ese sentido, cada uno de éstos se vuelve factor de influencia con respecto a los otros. La llamada “modernización económica”, señalada en la cita de Mendoza Rojas, se convierte en una serie de acontecimientos que llevan en los países más empobrecidos a zanjar de manera cada vez más grave las distancias entre los grupos sociales que son excluidos o marginados de los beneficios que en otro plano son usufructuados por grupos económicamente más fuertes.

De esta manera es que se plantea la necesidad de contar en estos países, entre los que se encuentra México, con una infraestructura educativa que consiga aminorar, por medio de la investigación científica y la innovación educativa, los efectos nocivos del proceso de globalización.(4) Esa necesidad no es solamente un resultado lógico de conseguir mejores condiciones de vida para los habitantes de determinada sociedad nacional, sino también en la reconsideración del papel que actores políticos y de administración deben tener en tal proceso. Las áreas de investigación, docencia y diseño del currículo en la educación superior, en ese sentido, adquieren una importancia fundamental ya que ha quedado demostrado que la posibilidad de producir mercancías con base en tecnologías complejas representa la ventaja comparativa más señalada en el mercado internacional. Al respecto, menciona Roberto Rodríguez Gómez:

De ahí que la capacidad tecnológica autónoma se constituya en una variable de jerarquización —sin duda una de las principales— en el orden económico mundial. En el plano de la organización del trabajo, las repercusiones del cambio tecnológico son igualmente significativas y complejas: dado que el nivel general de capacitación de la fuerza de trabajo, así como el volumen disponible de cuadros especializados (profesionales, técnicos, operarios, gerentes, cuadros medios de gestión, etcétera) son factores decisivos para la modernización y para la competitividad, la armonización de los vínculos entre el sistema de producción y el sistema educativo es una tarea estratégica.(5)

Esa capacidad tecnológica autónoma tiene que pasar a todos los demás campos que son afectados por la globalización económica. Los países tecnológica y económicamente menos desarrollados tienen que plantear su capacidad de competencia dentro de este escenario internacional desde una lógica que se encuentra más allá de su papel tradicional como suministradores de materias primas para los grandes mercados. Estos países deben de comenzar a desarrollar su propia estructura intelectual y productiva acorde con las exigencias de la situación internacional. La diversificación de sus actividades dentro de la economía mundial les permitirá mayores posibilidades de competencia y equidad en un mundo en el que la revolución tecnológica parece ser el término correcto para designar un cambio significativo y dramático en la configuración actual del planeta.

En la actualidad [las ventajas comparativas de un país] no radican ya en la disponibilidad de recursos naturales o de fuerza de trabajo de escasa calificación, sino en la disponibilidad de otros factores: a) la capacidad para innovar y adecuar nuevos productos a las situaciones cambiantes locales e internacionales; b) el desarrollo científico y de nuevas tecnologías y c) la formación de la fuerza del trabajo. Todas las acciones encaminadas, por tanto, a mejorar estos factores sustentarán la mejora en la productividad y con ello la posibilidad de competencia en las vertientes internas y externas de la economía.(6)

Esta situación indica una urgencia de actualizar de manera dinámica y responsable la generación del conocimiento con las sucesivas y cambiantes condiciones de convivencia dentro del plano mundial. Uno de los aspectos que resulta urgente de modificar, transformar y adecuar a esta situación histórica mundial tiene que ver con el diseño de los planes de estudio dentro de las instituciones dedicadas a ofrecer una educación superior comprometida con el desarrollo del país en el que se encuentra. Es necesario que la crisis de las disciplinas académicas (desde las técnicas hasta las sociales y las humanidades) sea enfrentada como un problema ineludible. Es necesario replantearse los contenidos de generación y transmisión del conocimiento para conseguir una posición más cómoda dentro de ese ambiente de competencia. Esto es, es necesario actualizar el currículum a las condiciones internacionales de convivencia.

La crisis de las disciplinas es, quizás, uno de los aspectos de mayor profundidad que tienen lugar durante la fase de contracción.(7) Se trata de una radical reorientación de las bases, los métodos, lenguajes y organización de los conocimientos, con lo cual entran en una profunda contradicción las carreras tradicionales, las lógicas fragmentarias del quehacer científico, la repetición y la memorización como fórmulas casi únicas del proceso de enseñanza-aprendizaje, los instrumentos, las técnicas y el alcance del currículum.(8)

De tal forma, tenemos que la educación superior se encuentra inserta en un proyecto inacabado que es necesario replantear: el de convertirse en el motor por medio del cual una sociedad pueda acceder a mejores condiciones de vida para su población.(9) Es un reto gigantesco que se debe de afrontar con la sapiencia de que las condiciones de competencia con respecto a otras realidades nacionales y regionales son francamente injustas. La educación superior es traspasada debido a las múltiples fisuras que hoy se encuentran su estructura. En ese sentido, debemos de considerar también que la generación del conocimiento es una parte esencial dentro de ese proceso de globalización educativa.

La globalización del conocimiento es un proceso que permea a las universidades y que forma parte de la naturaleza del saber. Sin embargo, existen desiguales ritmos y grados de participación de las universidades, de sectores de éstas y de campos de conocimiento específicos, en los circuitos internacionales de la producción y difusión del saber científico, tecnológico y humanístico.(10)

Esta es la situación que prevalece actualmente en el campo de la educación superior de los países menos desarrollados económicamente y que es necesario enfrentar. La globalización económica, proceso que se agudizó durante la década de los ochenta con las políticas implementadas en el Reino Unido por Margaret Tatcher y en los Estados Unidos por Ronald Reagan, va aunada a los efectos producidos por la aplicación de políticas neoliberales por los gobiernos de estos países. Políticas que con respecto a la educación no tienen gran importancia.(11) Es por eso que es necesario replantear el papel que las universidades tienen en estos países.(12) Redimensionar la capacidad de apoyo al desarrollo de estas naciones que la educación superior ofrece. Podemos concluir con Javier Mendoza Rojas que:

La transnacionalización de los procesos económicos, en consecuencia, guarda una estrecha relación con la creciente globalización del conocimiento, la educación y la cultura. Las desventajas del país en estos terrenos, frente a sus competidores altamente industrializados, refuerzan las desventajas presentes en el aparato productivo y en el desarrollo del país. La superación de los retrasos y la reorganización de las universidades frente al nuevo contexto deberán impulsarlas a tener una participación activa, propositiva y con visión al futuro, en los proyectos de integración regional, particularmente en nuestro continente (en América del Norte y en América Latina).(13)

Bibliografía

Didriksson, Axel, “La educación superior desde las perspectivas del cambio global”, Escenarios para la universidad contemporánea, México, CESU/UNAM, 1998, pp. 118—135.
Mendoza Rojas, Javier, “La universidad frente a las tendencias de la globalización”, Escenarios para la universidad contemporánea, México, CESU/UNAM, 1998, pp. 102—117.
Muñoz García, Humberto y María Herlinda Suárez Zozaya, “Los que tienen educación superior”, Escenarios para la universidad contemporánea, México, CESU/UNAM, 1998, pp. 11—32.
Rodríguez Gómez, Roberto, “Evolución reciente de la matrícula universitaria”, Escenarios para la universidad contemporánea, México, CESU/UNAM, 1998, pp. 33—54.
Rodríguez Gómez, Roberto, “Universidad y globalización. Contexto, tendencias y desafíos de la educación superior en América Latina”, Desafíos de la universidad contemporánea. Los casos de Alemania, Estados Unidos y América Latina, México, UNAM/CESU, 1996, pp. 72—94.
Shell, Kurt L., “La universidad norteamericana y el desafío del multiculturalismo”, Desafíos de la
universidad contemporánea. Los casos de Alemania, Estados Unidos y América Latina
, México,
UNAM/CESU, 1996, pp. 44—71.
Varela Petito, Gonzalo, “La política de evaluación de la educación superior”, Escenarios para la universidad contemporánea, México, CESU/UNAM, 1998, pp. 79—101.

Notas

1. “Por globalización entenderemos las dinámicas de internacionalización y los procesos de integración en los ámbitos económicos, social, político y cultural de una sociedad”, Javier Mendoza Rojas, “La universidad frente a las tendencias de la globalización”, Escenarios para la universidad contemporánea, CESU/UNAM, 1998, p. 103.
2. Ibid.
3. Ibidem, pp. 104—105.
4. Misión francamente difícil si tomamos en cuenta las condiciones de desigualdad en lo que respecta a la educación superior, al menos en nuestra región, a saber: “Estados Unidos destina a educación un monto de recursos casi 60 veces mayor, en términos absolutos, al asignado por México. Según datos del anuario estadístico de la UNESCO de 1990, Estados Unidos destinó 6.7% del PIB; Canadá el 7.2% y México 3.4%. [Así mismo] E.U. destina el 2.6 del PIB al gasto en investigación y desarrollo; Canadá el 1.4 y México el 0.4% por ciento. En E.U., la mitad del financiamiento a la investigación y desarrollo experimental proviene de la industria; en Canadá, ella aporta el 42% y en México sólo el 7 por ciento. En E.U. el 62% del gasto es para desarrollo experimental. En México sólo el 36 por ciento. E.U. reportaba contar con 65 científicos e ingenieros en investigación y desarrollo experimental por cada 10 mil trabajadores, y México sólo 5.5. Por cada 100 habitantes E.U. tiene 5.6 estudiantes en educación superior, Canadá 5.9, y México 1.5. En México el 60% de la PEA tiene una escolaridad de 6 años, menos del 10% cuenta con una carrera profesional y uno de cada cuatro trabajadores carecen de escolaridad. En E.U. y Canadá la escolaridad promedio es de 12 años y cuenta con 36 trabajadores de cada cien con licenciatura.”, Mendoza Rojas, op. cit., pp. 109—110.
5. Roberto Rodríguez Gómez, “Universidad y globalización. Contextos, tendencias y desafíos de la educación superior en América Latina”, Desafíos de la universidad contemporánea. Los casos de Alemania, Estados Unidos y América Latina, México, CESU/UNAM, 1996, p. 74.
6. Mendoza Rojas, op. cit., p. 106.
7. El autor plantea tres estadios progresivos en la configuración de un análisis histórico de la educación superior: expansión (misma que comenzaría a finales de los años sesenta y que se caracterizaría por un crecimiento en la matrícula y una asignación de recursos públicos crecientes a las instituciones de educación superior); una fase de contracción (ubicada de los años ochenta hasta nuestros días y que hace referencia a un abandono paulatino de la educación superior como elemento fundamental para el desarrollo nacional) y una fase de innovación (perspectiva optimista para construir un sistema educativo que haga frente exitosamente a los retos presentados en la actualidad). La cita corresponde al análisis de la situación actual, es decir, el de la contracción del desarrollo de la educación superior. Cfr. Axel Didriksson, “La educación superior desde las perspectivas del cambio global”, Escenarios para la universidad contemporánea, México, CESU/UNAM, 1998, pp. 118—135.
8. Didriksson, op. cit., p. 128.
9. Esta idea “cobra significado si hay reactivación de la economía y apertura de oportunidades de empleo de altos niveles educacionales y de ingresos en el mercado laboral, de tal suerte que puedan revalorarse las credenciales escolares para que la educación tenga de nuevo fuerza como estímulo al bienestar social e individual. La necesidad de aumentar y adecuar la educación superior de la población para enfrentar las condiciones de mercado que ya comienzan a prevalecer es indiscutible, si lo que se quiere es que la competencia promueva la equidad.”, Humberto Muñoz García y María Herlinda Suárez Zozaya, “Los que tienen educación superior”, Escenarios para la universidad contemporánea, México, CESU/UNAM, 1998, p. 32.
10. Mendoza Rojas, op. cit., p. 107.
11. “En el ámbito de la enseñanza superior latinoamericana, el rasgo predominante en la coyuntura es que las restricciones de gasto social impuestas por el nuevo modelo de desarrollo [el neoliberalismo] han disminuido los subsidios a las instituciones públicas de enseñanza superior y, en consecuencia, limitado sus posibilidades de crecimiento y desarrollo.”, Rodríguez Gómez, op. cit., p. 82.
12. “Dadas las estrategias recientes de integración económica regional y los actuales imperativos de cambio tecnológico e innovación en las esferas de la producción y la gestión, parece posible que las universidades que combinan docencia e investigación —típicamente las universidades públicas— recuperen un papel estratégico en la generación de los conocimientos y los cuadros científicos requeridos para el diseño de tales innovaciones. Por supuesto, la aproximación a este esquema presupone iniciativas desde el Estado y los particulares en el sentido de respaldar financiera y políticamente a las universidades; pero además requiere de parte de los centros universitarios el logro de niveles de competencia académica adecuados. Una y otra tarea son condición de posibilidad para transitar de una situación de estancamiento y crisis a otra de crecimiento y desarrollo.”, Rodríguez Gómez, op. cit., pp. 91—92.
13. Mendoza Rojas, op. cit., p. 106.


PROPUESTA PARA LA REFORMA DEL ESTATUTO
DEL PERSONAL ACADÉMICO DE LA UNAM

Carlos Ortíz Mondragón

La siguiente propuesta tiene por objeto establecer una forma de abordar la revisión y análisis del Estatuto del Personal Académico de la UNAM, para su posible reforma sin descuidar el aspecto académico-laboral que subyace en el contenido del articulado que conforma dicha norma y que regula la materia de trabajo de los académicos desde de las formas de ingreso, permanencia y promoción de dicho sector.

La Universidad Nacional Autónoma de México, como institución pública en el campo de la educación media superior y superior del país, y en cuyas funciones sustantivas de docencia, investigación, extensión y difusión de la cultura se involucran académicos de diversas formaciones profesionales con diferentes grados y nombramientos en su adscripción, tiene como tarea fundamental la de proporcionar un servicio a la sociedad, misma que es obligada y preponderantemente importante para la formación de cuadros profesionales, científicos, humanísticos, tecnológicos y artísticos, para la solución de problemas y necesidades que la sociedad mexicana tiene en este mundo cada vez más globalizado, donde imperan y dominan la tecnología y el libre mercado.

La formación profesional debe ser integral, a efecto de que el profesionista adquiera conciencia crítica y propositiva, motivo por el cual el estudiante de la UNAM debe obtener una cultura amplia que le permita ubicar el contexto político, ideológico, económico, social y cultural en el que se encuentra inmerso. Pero, además, debe adquirir una gran variedad de conocimientos especializados que le permitan introducirse con facilidad en los procesos laborales y en la solución de problemas que la comunidad presenta.

Nuestra Máxima Casa de Estudios por diversos motivos no ha realizado un Congreso que aborde en su totalidad la Reforma Universitaria, que permita establecer un modelo educativo integral y una reestructuración profunda de sus funciones, en donde se precise lo académico de lo laboral. Además de reformar su estructura y órganos de gobierno y dirección, para hacer que lo académico esté por encima de lo burocrático y autoritario, buscando con ello que los órganos colegiados no dependan de la autoridad en turno.

Consideramos que la Reforma del ESTATUTO DE PERSONAL ACADÉMICO deberá incluir los siguientes rubros:

· La permanencia de la planta docente en su totalidad.
· La definitividad como instrumento para la libertad de cátedra e investigación.
· El ingreso del personal académico exclusivamente por concurso abierto.
· Que el Estatuto del Personal Académico sea único para todas las categorías y niveles.
· El respeto irrestricto a la promoción del personal académico.
· Que se limite o restrinja la contratación discrecional por artículo 51 del EPA.
· Establecer criterios académicos para la evaluación y promoción del personal académico.
· Establecer reglas claras y universales para los nombramientos de Eméritos.
· Diseñar un Catálogo de Categorías Académicas que incluya a todas las modalidades educativas.
· Establecer instancias de evaluación y fiscalización académica.
· Composición por pares en órganos académicos.
· Que sea la Carrera Académica la vía de profesionalización de las tareas sustantivas de la UNAM.
· Incorporar los actuales Estímulos al Salario.
· Garantía de derechos plenos a los académicos cuando haya cambios a los planes y programas de estudio.
· Representación plena del personal académico en todos los órganos colegiados de la UNAM.
· Garantías que fortalezcan la planta académica a través de la formación y superación académica.
· Impulsar dentro de la reforma académica de la institución, la revisión y actualización del Estatuto General de la UNAM.

Creemos que la reforma del EPA debe ser lo más amplia, participativa e incluyente en cuanto a la participación del sector académico de la UNAM. Asimismo, que los tiempos y eventos sean diseñados en los momentos en que estén laborando y no cuando haya vacaciones o días feriados. A la vez que debiera existir un diagnóstico en forma inicial, se deben tomar en cuenta todas las propuestas que el Claustro reciba y no excluir ninguna por no afinidades políticas o ideológicas. Debemos buscar siempre el bien mayor que es la UNAM, nuestro país y, sobre todo, salvaguardar todos los derechos académico-laborales de sus docentes, investigadores, ayudantes de profesor o de investigador y técnicos académicos

Médico cirujano, Secretario de Organización Académica del STUNAM


LOS ESTUDIANTES, ENTRE LA APATÍA Y LA REFORMA DE LA UNIVERSIDAD

Bolívar Huerta*

La Universidad Nacional Autónoma de México es una gran institución educativa que durante sus 450 años de existencia se ha consolidado como la mejor, no sólo del país sino de toda América Latina, como confirman recientes estudios internacionales. Gran parte de su riqueza cuantitativa y cualitativa se debe a los cientos de miles de estudiantes que desde entonces han pasado por sus aulas.

La historia de la Máxima Casa de Estudios nos muestra que en buena medida son los estudiantes quienes han hecho a la Universidad. En la época moderna, de 1910 a la fecha, tenemos ejemplos claros de esto: la Autonomía del 29, la Ley Orgánica del 45, la expansión y crecimiento de la institución en los 70, el Congreso Universitario del 91, son momentos decisivos y relevantes de la institución que han resultado de conquistas ganadas por movimientos estudiantiles que incluso trascendieron las barreras universitarias. Darío Moreno, entrañable profesor chileno de la Facultad de Ciencias, decía que “las universidades se mueven a estudiantazos” y la historia universitaria así lo demuestra. A lo largo del tiempo esta idea de responsabilidad participativa ha prevalecido en el subconsciente de todas las generaciones estudiantiles que han creído tener la fuerza para cambiar su entorno universitario y nacional. Y de alguna manera lo han hecho.

Además la vida cotidiana en la Universidad tiene su origen en quienes han asistido a las aulas universitarias. La mayoría de sus profesores, investigadores, trabajadores, autoridades, premios nacionales, premios internacionales y personalidades destacadas, que tienen la responsabilidad de hacer diariamente a la UNAM, son egresados de la misma. Por ello, también su futuro será ampliamente determinado por quienes hoy forman parte de su matrícula estudiantil.

Entonces, resulta un deber institucional y de la comunidad en general, hacer un esfuerzo por conocer las circunstancias y problemáticas por las que atraviesan sus alumnos, con el fin de establecer criterios que no sólo los vuelvan mejores estudiantes, sino que también les permitan desarrollarse humanamente. Porque es indudable que la institución, además de formar cuadros técnicos especializados en sus disciplinas se ha dedicado durante años a formar hombres integrales que se preocupan por múltiples temas más allá de los que les competen académicamente; ya sean de índole universitario, político, cultural, artístico o deportivo. Esa riqueza con la que cuenta la universidad la hace excepcional respecto de muchas otras instituciones educativas, que simplemente otorgan un título profesional.

En estos tiempos, considero que es importante poner énfasis sobre todo en la parte complementaria de la formación, porque día a día los estudiantes universitarios se han ido desinteresado en lo que respecta a un desarrollo humano más integral. Y esta aseveración parte de la premisa de que la huelga estudiantil del 1999-2000, además de descomponer el tejido universitario generó apatía e indiferencia de la comunidad estudiantil en los aspectos extra académicos; lo que se puede percibir en muchas dependencias. De continuar esta situación, a mediano y largo plazo será perniciosa para la Universidad, pues, como se ha demostrado, parte importante de su riqueza tiene que ver con la formación complementaria que reciben los alumnos fuera de las aulas.

Hace apenas cinco años que concluyó la huelga estudiantil y han sido muy pocos los esfuerzos por realizar un balance serio y responsable de tal suceso, debido en parte a la frescura del tema y a que diversos actores de tal conflicto hoy tienen reticencias para comentarlo de una manera razonada. Sin embargo, en la medida en que este periodo de la historia universitaria se estudie y analice, será viable encontrar elementos que nos muestren con mayor objetividad lo que vive la institución, sobre todo a nivel estudiantil. En adelante, planteo algunas consideraciones relativas a cómo el conflicto universitario determinó la conducta y la actitud apática de las generaciones estudiantiles que presenciaron el conflicto y las sucesivas.

Meses después de finalizada la huelga, en un debate en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, Salvador Martínez Della Rocca El Pino y Alfredo Velarde Saracho sostenían que por diversas razones el movimiento huelguístico no había resultado victorioso, o al menos su dirección política no había reconocido una victoria como tal, lo que afectaba de diversas maneras el panorama posterior. Velarde, además, caracterizó al movimiento estudiantil como un “movimiento plebeyo” consistente en una lucha de los de abajo por mantener ciertos derechos básicos. A lo que El Pino respondió, fuera de micrófono, que por supuesto un movimiento plebeyo en una Universidad donde lo que debe imperar es la inteligencia y la razón y no la condición social, tenía que resultar derrotado. La derrota o mejor llamada autoderrota de los estudiantes significó moralmente un retroceso enorme en la idea del profesor Darío Moreno anteriormente expuesta y que, en el mejor de los casos, puede tardar años en revertirse.

La autoderrota asumida por la dirección del CGH puede tener varias explicaciones; una de ellas debe ser la de que en la medida que avanzó la huelga estudiantil del 99-2000, paradójicamente se fueron expulsando de ésta a los estudiantes que no compartían la lógica de confrontación del bloque hegemónico del CGH. No se podía esperar mucho de una huelga estudiantil que expulsaba a estudiantes. La huelga estalló para protestar por la política de exclusión que llevaba a cabo el Rector Francisco Barnés de Castro, y terminó por ser igual de excluyente.

Otra segura razón de la autoderrota tiene que ver con las formas con la que se condujo el movimiento; relacionadas con los métodos violentos utilizados para deshacerse de “los enemigos” políticos dentro y fuera del Comité de Huelga. No había lugar para el debate plural sólo para la descalificación y el escarnio del que disintiera. La imagen de los huelguistas hacia la sociedad y los estudiantes que contemplaban el conflicto quedaría determinada por la caricatura de porro revolucionario que El Mosh representaba a la perfección. El autoritarismo intrínseco que distinguió al CGH contrastó con aquellos valores de la democracia que nuestros padres expresaron y defendieron en el trágico movimiento estudiantil del 68 y que fomentaron a toda una generación: las libertades democráticas, la tolerancia y el respeto a la diferencia.

No se pueden enumerar en este espacio todas las razones de la derrota asumida por los huelguistas. Sin embargo, fue necesario plantear algunas para demostrar que la del CGH nunca se trató de una “derrota deslumbrante”, de las que mencionó Pablo Neruda cuando recibió el Premio Nobel: “Extendiendo estos deberes del poeta, en la verdad o en el error, hasta sus últimas consecuencias, decidí que mi actitud dentro de la sociedad y ante la vida debía ser también humildemente partidaria. Lo decidí viendo gloriosos fracasos, solitarias victorias, derrotas deslumbrantes”. (1)

Se trató de una miserable derrota que abatió moralmente lo que desde el movimiento estudiantil del 29 se entendía tácitamente como la clase y el poder estudiantil. Pero, además, la derrota tardó cerca de diez meses en gestarse; y eso implicó que la Universidad estuviera cerrada con el argumento ultra de que no se cumplía a cabalidad, i.e., con puntos y comas, el pliego petitorio. Entonces, los estudiantes, de por sí desesperados por no poder acudir a la Universidad, entendida como el espacio natural de desarrollo, crecimiento y formación más allá de las aulas de clases, observaron lentamente cómo el movimiento estudiantil caía en el marasmo del fracaso. ¡Tanto tiempo perdido para nada!

Ahora bien, la huelga no significó necesariamente una derrota; pero en lo hechos sus actores y protagonistas así lo asumieron. La alargada autoderrota trajo consigo un mensaje para generaciones completas de alumnos en el sentido de que poco valía arriesgar su tiempo y esfuerzo porque toda lucha resultaría en vano. Por lo tanto, los temas extra académicos, en adelante, pasarían a ser los menos importantes que atender e impulsar. Y esto lo podemos presenciar viendo la escasa participación de los alumnos en asuntos como las elecciones de consejeros universitarios o particularmente el proceso de Reforma Universitaria que se lleva a cabo en la institución.

Pero, además. la cada vez más desnutrida asistencia de jóvenes universitarios a eventos de tipo político, cultural, artístico o deportivo que se registra en la mayoría de éstos; salvo honrosas excepciones, como el concierto de Fernando Delgadillo en la Facultad de Medicina, o el acto pro Peje y la inauguración de la cátedra José Saramago en el Auditorio Alfonso Caso, o la megaofrenda organizada por la DGACU o los, esos sí memorables, partidos de los Pumas de la Universidad, que estuvieron todos abarrotados.

Aunque, a decir verdad, tal vez los asistentes a unos y otros casi éramos los mismos –salvo a los juegos de Pumas claro!-. Y, es más, la comunidad universitaria no ha logrado recuperar un espacio fundamental en la historia de la institución misma: el Auditorio Che Guevara de la Facultad de Filosofía, desde hace 5 años tomado por un puñado de estos porros revolucionarios ligados a los retazos del llamado CGH.

Es probable que en algún periodo remoto de la institución la vida extra universitaria de los estudiantes haya sido parecida a la que vivimos hoy; pero, de acuerdo a lo que mi memoria puede recoger cuando viví mis tiempos de estudiante en el CCH Sur y la Facultad de Ciencias, la cosa era distinta. Había en todos lados eventos de teatro y danza que presenciaban unas multitudes de chavos y chavas; los conciertos masivos terminaban en paz y tenían causas importantes; había colas interminables para ver la muestra internacional de cine en el CCU; los maratones de cine del Cine Club de Ciencias eran un éxito; los eventos y mítines políticos, particularmente los del PRD y el EZLN, eran jornadas de una extraordinaria participación estudiantil. Hasta se organizaron importantes expediciones para limpiar la reserva ecológica de la Universidad. Incluso, las diferencias entre grupos estudiantiles se llegaban a superar en divertidísimas y apasionantes cascaritas de fútbol.

Pero vale la pena decir que las elecciones para consejeros universitarios estudiantiles eran procesos que despertaban el interés de una buena parte de los estudiantes. En Ciencias, los resultados eran 500 el primer lugar, contra 450 del segundo y 400 del tercero; en Veterinaria. un candidato llegó a ganar por un voto de unos mil electores en total; en Ingeniería, unos 3,000 alumnos decidían a sus consejeros. En fin, votaba alrededor de un 30% de la comunidad, pero además el ambiente generado por las campañas era memorable. Hoy, la participación estudiantil no llega ni al 10 % y en los procesos de elección sólo se ve propaganda que no dice nada y que nadie lee.

En resumen, los estudiantes tenían una chispa que hacía que tuvieran iniciativas de todo tipo y se organizaban para llevarlas a cabo, aunque no hubiera un escenario de confrontación con las autoridades. Éramos la generación multiplicada de los hijos del 68. Hoy en día la mayoría de los eventos extra académicos organizados en la Universidad no surgen por iniciativa de los estudiantes y menos son organizados por ellos. Y no se trata de decir que los tiempos pasados fueron mejores; se trata de hacer un esfuerzo por explicarse qué ha pasado con las nuevas generaciones estudiantiles tomando como referencia básica la huelga del 99-2000.

Y se trata, a partir de aquí, de elaborar planes y estrategias institucionales desde la administración centras y las mismas dependencias que tiendan a revertir esta situación, que a largo plazo puede significar un duro retroceso en la riqueza, el desarrollo y la tarea sui generis de la institución.

Es imperante hacer hincapié en lo anterior, sobre todo porque la Máxima Casa de Estudios atraviesa por un importante proceso de Reforma Universitaria, que puede traer cambios definitivos en la estructura universitaria, que por lo menos el estallido de la huelga demostró que ha sido completamente rebasada. Una Reforma Universitaria sin una participación activa de los estudiantes será una reforma incompleta.

Recuerdo una frase: “No basta con decir la verdad, sino que hay que decirla a alguien que pueda hacer algo con ella”. Tengo plena confianza de que entre los lectores de esta importante revista haya quien me tome la palabra y que pueda hacer algo al respecto. Que cuente conmigo para ello.

Considero que la actual administración central tiene la voluntad para defender el proyecto universitario por el que varias generaciones han luchado, y quizás en este punto radica el verdadero triunfo de la huelga estudiantil del 99-2000: las autoridades actuales han asumido, por el bien de la comunidad, las demandas democráticas vigentes desde hace muchos años.

También, vale la pena decir, sostengo profundas críticas hacia las autoridades, relacionadas con la incapacidad que han tenido para generalizar la actitud democrática de apertura de la Rectoría a una buena parte de las escuelas, facultades, centros e institutos; donde sigue imperando una lógica autoritaria y de confrontación por parte de los directores, que igual siguen permitiendo y apoyando la presencia de porros o la eliminación de universitarios críticos o disidentes a su ejercicio de poder. Y ya sea por desconocimiento u omisión, no se muestran intereses serios para pretender eliminar estos lastres del pasado; que todos sabemos son altamente responsables en la generación de conflictos estudiantiles.

Pero esto deberá ser motivo de otro artículo. Por supuesto es hora de sumar y no de restar; aunque siempre deben ser bienvenidas las críticas, porque, según don Javier Barros Sierra, la discrepancia es la esencia de la Universidad y tenemos que ser siempre congruentes con ello.

Notas

1. Pablo Neruda. Recepción del Premio Nobel de Literatura. Estocolmo, Suecia. 1971.

* Físico. Profesor adjunto en la Facultad de Ciencias, UNAM. Ex dirigente estudiantil del CGH
bolivarh@servidor.unam.mx