PRESENTACIÓN


Un fantasma recorre a la universidad… El fantasma de la complejidad, el caos y las tecnociencias. Esta temática, puesta en circulación recientemente por el doctor Pablo González Casanova, configura la columna vertebral de la presente edición de Foro Universitario. Y son transformaciones que afectan irreversiblemente los conceptos de trabajo y de educación superior. Al respecto, el académico Edgar Adrián Mora B. apunta que la globalización del conocimiento es un proceso que permea a las universidades y que forma parte de la naturaleza del saber.

Se trata de un cambio profundo en las maneras de entender el mundo, la ciencia y el conocimiento. Este cambio de paradigma acompaña, o provoca, el fenómeno de la nueva mundialización, periodísticamente llamada “globalización”, generada a su vez por un cambio de piel del sistema capitalista, una cuasi autorrevolución basada en un conjunto de nuevas ciencias orientadas a objetivos, que forman su primera línea de defensa y la garantía de su capacidad de autorregulación y reproducción.

Enuncia Mora Bautista que la educación superior se encuentra inserta en un proyecto inacabado que es necesario replantear, con lo cual entran en una profunda contradicción las carreras tradicionales, las lógicas fragmentarias del quehacer científico, la repetición y la memorización como fórmulas casi únicas del proceso de enseñanza-aprendizaje, los instrumentos, las técnicas y el alcance del currículum. Debemos considerar que la generación del conocimiento es hoy una parte esencial dentro del proceso de la globalización educativa.

A su vez, el integrante de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, el legislador Alfonso Rodríguez Ochoa, expresa que la humanidad se encamina hacia una sociedad global y una nueva economía global, donde los cambios constantes son esenciales para poder competir exitosamente. Esto coloca a la educación superior y el postgrado del país y a nuestro sector productivo en un escenario donde las alianzas estratégicas son de fundamental conveniencia para enfrentar las fuerzas que regulan y modelan tanto la actividad económica como las de naturaleza social, política, científica y educacional en los espacios internacionales, nacionales y regionales.

Es urgente para la nación la utilización efectiva del conocimiento generado a través de un proceso sistemático de investigación, donde los mejores talentos y recursos humanos estén al servicio de las verdaderas, reales, expectativas del país, para asumir el reto planteado por las exigencias del desarrollo científico y tecnológico

En tal escenario concerniente a la dialéctica de la globalización y la educación superior, Alejandro Espinosa Yáñez argumenta que ahora es la ciencia la que está elevada a la condición de primera fuerza productiva. Por ello, expresa que el trabajo pasa por una verdadera revolución en el sentido de que, en adelante, la actividad productiva se basa en conocimientos técnicos y científicos, en oposición al trabajo rutinario, repetitivo y descalificado que predominó en la fase del capitalismo liberal y en las primeras décadas del pasado siglo (el XX).

El maestro Alberto Híjar S. señala que la globalización hay que asumirla para estos tiempos donde el imperialismo, como tendencia del capital financiero, ha cedido el paso al Imperio como estructura mundial, como superestructura reproductiva solidaria en la fase de la robótica y la digitalización, donde poco y casi nada tiene que hacer el obrero de la correa de transmisión fordiana o el de los tiempos y movimientos del taylorismo. Cuando se dice “calidad total” ya sabemos qué se fragua, advierte.

Y cita al teórico neomarxista italiano Toni Negri, quien en un artículo que reproducimos redefine la nueva cualidad "biopolítica" del poder imperial a partir del acontecimiento que ha significado su emergencia, a saber, el paso de una organización "fordista" del trabajo a una organización "postfordista", y del modo de producción manufacturero a formas de valorización (y de explotación) más amplias: formas sociales, inmateriales; formas que invaden la vida en sus articulaciones intelectuales y afectivas, los tiempos de producción, las migraciones de los pobres a través de los continentes...

Así, lo que llama “El Imperio” construye un orden biopolítico porque la producción se ha hecho igualmente biopolítica. En otras palabras, mientras que el Estado-nación se sirve de dispositivos disciplinarios para organizar el ejercicio del poder y las dinámicas del consenso, construyendo así, a la vez, cierta integración social productiva y modelos de ciudadanía adecuados, el Imperio desarrolla dispositivos de control que invaden todos los aspectos de la vida y los recomponen a través de esquemas de producción y de ciudadanía que corresponden a la manipulación totalitaria de las actividades, del medio ambiente, de las relaciones sociales y culturales, etcétera.

Al respecto, previene César H. Espinosa sobre el nuevo evangelio del Pensamiento Único, que también viene extendiendo peligrosamente sus recetas. En este caldero, anota, se elabora y propaga una suerte de desarrollismo tecnológico universal cuyo cumplimiento ritual se presume que trae aparejados, inexorablemente, riqueza, empleo y prosperidad sin más (y si no hoy, con seguridad mañana, si proseguimos sin dudar por ese camino único).

Plantea cómo las tecnociencias de la información y la comunicación transformaron los colectivos, los entornos, las interacciones y las dinámicas sociales, económicas y políticas, para dar paso a la ahora creciente sociedad de la información digital. En esta visión, el alcance de los impactos y la velocidad de los cambios operados por las tecnociencias informatizadas supera ya el umbral crítico de las transformaciones revolucionarias en todos los ámbitos.

Es decir, como se ha venido repitiendo en varias de las colaboraciones publicadas, la anterior sociedad industrial -el "fordismo"- se basaba en organizaciones optimizadas, con procedimientos y rutinas estandarizados. La actual producción tecnocientífica se orienta a una demanda básicamente inestable, que exige la segmentación y acortamiento de los procesos productivos para atender a esa demanda fragmentada y, al mismo tiempo, abaratar los productos.

Dejando a un lado las disquisiciones sobre la globalización, las tecnociencias y el “pensamiento único”, María Esther Ibarra pone los pies en la tierra de la coyuntura politica doméstica para presentar un panorama inquietante sobre cómo en el desglose de las ampliaciones y reasignaciones contenidas en el documento denominado Analítico de Partidas del Presupuesto de Egresos de la Federación 2005, publicado el 1 de enero por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el Ejecutivo no respetó el monto etiquetado de las ampliaciones y reasignaciones que hizo la Cámara de Diputados a cada unas de las diferentes instituciones y entidades de los sectores mencionados.

Señala que el mayor recorte es a las Entidades Apoyadas, donde están concentradas instituciones de educación superior y cultura y deporte. Les reduce 3 mil 039.1 millones de pesos, lo que nulifica la ampliación de 2 mil 269.9 millones de pesos aprobada. Además, ese subsector tendrá un presupuesto menor al inicialmente proyectado. De 49 mil 654.2 millones pasa a 48 mil 885 millones, es decir, tendrá 769.1 millones menos.

A su vez, el maestro Hugo Abortes se refiere al examen obligatorio y al CENEVAL para hacer notar que es una triste ironía el que muchas familias pagan porque sus hijos sean excluidos de la educación pública o enviados a escuelas en las que no desean cursar sus estudios. El año pasado (2004) -como ocurre cada año- a varios miles de aspirantes les fue negada la posibilidad de inscribirse en una escuela pública de nivel medio superior, a pesar de que la gran mayoría de ellos ya incluso contaban con el Certificado de Secundaria en regla.

En otra perspectiva, el ex líder estudiantil del CGH, Bolívar Huerta, hace notar cómo día a día los estudiantes universitarios se han desinteresado en lo que respecta a un desarrollo humano más integral. Y esta aseveración parte de la premisa de que la huelga estudiantil del 1999-2000, además de descomponer el tejido universitario, generó apatía e indiferencia de la comunidad estudiantil en los aspectos extra académicos; lo que se puede percibir en muchas dependencias.

De continuar esta situación, plantea, a mediano y largo plazo será perniciosa para la Universidad, pues, como se ha demostrado, parte importante de su riqueza tiene que ver con la formación complementaria que reciben los alumnos fuera de las aulas.