REFORMA UNIVERSITARIA


Nuevas tendencias de la educación superior en México.
El papel de la universidad pública en el siglo XXI

La defensa de la educación y de la universidad pública contra el neoliberalismo es,
en estricto sentido, la defensa de la soberanía nacional, que no sólo compete al
Estado sino principalmente al pueblo, que debe ser el principal beneficiado.
MARZ

Miguel Ángel Ramírez Zaragoza

Las fuerzas del capital constantemente mueven sus intereses hacia todos los terrenos de la vida económica, política y social con el objetivo de poner a sus servicios todos los campos y quehaceres de la actividad humana para con ello asegurar su reproducción. Las nuevas tendencias del capitalismo mundial en su etapa global intentan moldear todos los adelantos científicos y tecnológicos para su beneficio en detrimento de la condición cada vez más precaria de bienestar de la mayoría de la población; así, por ejemplo, la educación viene a ser para el capital una pieza más en el engranaje para la obtención de plusvalía, una sólida herramienta que le permitirá asegurar no sólo la obtención de fuerza de trabajo calificada y el perfeccionamiento de los medios de producción sino, sobretodo, la dominación política y la enajenación ideológica de la sociedad.

Por tal motivo las nuevas tendencias de la educación superior en México tienen que ver con los cambios que se están dando a nivel mundial y con el papel de dependencia que los países desarrollados como Estados Unidos de América quieren que siga desempeñando nuestro país. Dichas tendencias tienen que ver con por lo menos tres aspectos fundamentales, a saber: 1) La creación y reproducción de conocimientos; 2) Las nuevas carreras y la currícula y 3) El rezago educativo producto de los problemas estructurales del país.

En el primer punto lo que se pretende es que las universidades y demás centros de educación superior se dediquen únicamente a crear y formar a los académicos e investigadores suficientes, pero sólo para asegurar la transmisión y reproducción de conocimientos y no su creación. Por ello, cada vez se cierran más las puertas a los jóvenes en instituciones como la UNAM y el CONACYT en cuestiones como becas y apoyo a la investigación; es casi nula la promoción e incentivación para la formación de jóvenes investigadores, lo que puede ocasionar, entre otras cosas, el incremento de la fuga de cerebros. De la misma forma, la falta de creación de nuevas teorías y paradigmas así como el casi nulo desarrollo de tecnología aplicada a la producción puede acentuar cada vez más nuestra dependencia económica.

En el segundo punto la intención es que las universidades y otros centros de educación superior vayan dando prioridad a las nuevas carreras como las licenciaturas en biotecnología (ciencias genómicas) y las licenciaturas e ingenierías en cibernética e informática y computación aplicadas en detrimento de las licenciaturas o carreras clásicas de corte liberal y social como el derecho, la historia o la sociología. Ello asegura un mayor acercamiento de las universidades con las empresas y redefine el papel de las primeras en la sociedad como estrechos aliados del capital. De la misma forma, la curricula de las universidades dependerá en mayor medida de las necesidades de las empresas, quienes serán determinantes en la definición de los temas, teorías, autores, etc., a estudiar. Así, la nueva universidad aun medianamente masificada tenderá más a la elitización y tecnificación beneficiando a las ingenierías y ciencias duras y aplicadas por encima de las ciencias sociales y puras.

En el tercer punto, el evidente rezago educativo de nuestro país se debe principalmente a los problemas estructurales en materia económica como la falta de creación de empleos, el endeudamiento externo, el casi nulo crecimiento del PIB, una mala planeación, falta de recursos y recortes presupuestales en materia de gasto y seguridad social y las precarias condiciones de los factores de la educación. En este último punto, es de destacar los bajos salarios a profesores en todos los niveles, el mal estado y la falta de mantenimiento y creación de infraestructura adecuada. La falta de creación de nuevas universidades públicas (salvo la UACM creada por el GDF) y el cada vez más insuficiente presupuesto son claras muestras de que para los gobernantes la educación es un gasto cuando debería ser una inversión.

Por tales motivos, en México alcanzar la llamada sociedad del conocimiento será un asunto difícil. Como primer objetivo se debe luchar por la socialización de los avances tecnológicos principalmente en el área de la computación y comunicación, para que no sean privilegio de unos cuantos; se deberá crear y capacitar a una planta docente de calidad y dar los apoyos suficientes vía presupuestal. Si bien se debe buscar cierta diversificación del financiamiento de las universidades, éste no deberá generar un compromiso ni mucho menos una dependencia de los sectores, empresas o instituciones que lo otorguen. Se debe buscar un equilibrio entre el número de egresados y las posibilidades reales de empleo que los sectores público y privado puedan ofrecer para evitar que los centros de educación superior sean simples creadores de desempleados.

Como podemos ver, existe una resistencia por parte de los sectores público y privado para hacerse cargo de manera comprometida de la educación superior, a no ser que sea bajo sus pretendidas intenciones de beneficiarse de las instituciones encargadas de impartirla. La rendición de cuentas, la evaluación y la calidad y excelencia educativa deben ser factores que las universidades deben redefinir para lograr los objetivos que la sociedad actual les demanda, pero deben hacerlo tomando como base su autonomía y las necesidades reales del país y no como respuesta a las necesidades del capital.

Actualmente, el Estado controla casi el 65% de la educación superior y el resto lo controla el sector privado (empresas, iglesia, etc.); los detractores de la educación pública exigen al Estado la desregulación de la educación como los sectores privados nacionales y extranjeros exigen lo mismo con la industria eléctrica y el petróleo. Está comprobado que el mercado no resuelve los problemas de los sectores que el Estado dejó de atender por las privatizaciones llevadas a cabo en la primera y segunda etapa de las reformas estructurales impuestas por el nuevo modelo económico y político neoliberal. El intento del sector privado en México es reproducir el modelo norteamericano de educación superior, en donde las instituciones son netamente lucrativas dado los intereses que se manejan alrededor de ellas.

La idea del capitalismo académico(1) es redefinir a los estudiantes como consumidores. Por ello se quitan los subsidios a las universidades (que permitían obtener fotocopias, alimentos y libros y otros servicios a bajo costo) con el objetivo de vender los servicios y generar ganancias y regalías; asimismo, se tratan de implantar patrones de competencia estándares de calidad adecuando las estructuras a través de cambios institucionales.

Qué cambios requiere la universidad pública

Para nadie es ajeno el hecho de que la universidad pública es una de las instituciones más importantes para el desarrollo de cualquier país, de la misma forma que en las actuales sociedades donde se viven cambios vertiginosos en todos los ámbitos se hace necesaria una transformación de estos grandes centros del saber. Sin embargo, el problema estriba en el sentido de que mientras unos la quieren adecuar a las nuevas necesidades del capital, otros, por el contrario, lo hacen a favor de las necesidades (reducción de las desigualdades) de la sociedad.

La sociedad mexicana ha entrado en una crisis económica producto de la ineficiencia del “autodenominado gobierno del cambio” del presidente Fox y en una crisis política producto de la falta de legitimidad de las principales instituciones políticas como el Estado, los partidos políticos, la Cámara de Diputados, etc. En este contexto, el ataque neoconservador contra la universidad pública se recrudece de la misma manera que se hace más necesaria su defensa para que siga siendo factor de desarrollo nacional y no devenga en un simple aparato que incremente los márgenes de utilidad de las empresas trasnacionales.

El proceso privatizador de las universidades ha devenido en una política de Estado a partir de la implantación del modelo económico y político neoliberal, acompañado del proceso mundial de expansión de capital y las nuevas revoluciones tecnológicas, científicas, de la comunicación, etc., conocido comúnmente como globalización.

El problema de fondo radica en que a nivel mundial y en México en particular se pretende cambiar el sentido y los objetivos de la educación(2) adecuándolos a las nuevas necesidades del mercado y de las grandes empresas multi y transnacionales que gobiernan de facto el mundo. Es decir, lo que se pretende es que la educación en general, la educación superior en particular y la universidad en específico dejen de lado su compromiso con la sociedad y sus grandes desigualdades, así como su papel en la búsqueda de soluciones a sus problemas, para dedicarse única y exclusivamente a incrementar los niveles de eficiencia y competitividad de los mercados globales.

La idea del capitalismo o mejor dicho de los capitalistas dueños de las grandes empresas y dirigentes –aunque de manera encubierta– de los organismos financieros internacionales (OFI) y de los organismos de cooperación y ayuda mundiales (ONU, UNESCO, etc.) es implantar todas sus ideas sobre cómo deben administrarse el mercado, el Estado y todo lo que les permita acrecentar sus márgenes de utilidad, incluyendo, por supuesto, a la educación. “La educación no está independizada del poder y, por lo tanto, encauza su tarea hacia la formación de gente adecuada a las demandas del sistema”(3).

En el mismo año en que se firma el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el Banco Mundial dicta al gobierno mexicano cinco medidas estratégicas para modernizar, según ellos, la educación superior (ES); tales recomendaciones constituyeron, automáticamente, la luz verde para las autoridades de la UNAM y de todas las universidades públicas del país para aumentar cuotas y demás servicios en detrimento principalmente de los estudiantes y sus familias.

Los puntos que propuso el BM fueron los siguientes: “1) Adoptar políticas de admisión más selectivas para las universidades públicas a través de exámenes; 2) Introducir cuotas escolares y subsidios en concordancia con el nivel de ingreso, necesidades y méritos del estudiante; 3) Finiquitar los subsidios generalizados a las instituciones de educación superior, reemplazándolas por becas que puedan ser usadas en cualquier institución calificada de educación pública; 4) Dar incentivos presupuestales a aquellas universidades que busquen fuentes alternativas de financiamiento y que, por lo tanto, incremente su autonomía presupuestal; y 5) Incrementar la colaboración con las universidades de EU y Canadá como una estrategia de bajo costo para mejorar la calidad de todos los puntos de la educación”.(4)

Si bien es cierto que “La educación superior es uno de los escenarios culturales y, tal vez, el más altamente estratégico, para enfrentar los desafíos que nos presentan la globalización y la sociedad del conocimiento”(5), cierto es también que, en la misma medida, la ES constituye para los dueños del poder y del dinero un sector estratégico para la permanencia del sistema capitalista y más específicamente para la profundización matizada de las relaciones capitalistas de explotación, dominación y enajenación.

Ante esta situación, cabría preguntarse cuáles son las intenciones del capital para con las universidades y, por lo tanto, qué tipo de universidad pretenden delinear para cumplir con sus objetivos. Es claro, en primera instancia, que la universidad como “el gran templo laico de la cultura”, como “la conciencia de la sociedad”, “la formadora de hombres universales comprometidos con la sociedad” y “la universidad como elemento concientizador y liberador” es hoy obsoleta e “incompatible con la función, tecnológica burocrática que el modelo de reproducción social le atribuye en el capitalismo avanzado”.(6)

Las universidades serían en esta lógica maquilas del conocimiento y los alumnos y profesores simples maquiladores, pues recordemos que el trabajo intelectual también genera plusvalía. La educación en la lógica neoliberal deberá dejar su carácter de derecho social para convertirse en una mercancía sujeta, por lo tanto, a las libres fuerzas de la oferta y la demanda.

El saber nunca ha estado alejado del poder, así la universidad como centro del saber ha servido históricamente para la legitimación del poder público, cada tipo de sociedad y forma de gobierno desarrolla un tipo específico de educación, o en su defecto, adecua la existente a sus intereses para poder reproducir sus valores y poderse así mantener y reproducirse. “Las fuerzas dominantes, como en toda sociedad, presionan en general por el tipo de educación que necesitan”(7); durante mucho tiempo las universidades fueron las encargadas de formar a las élites políticas, sin embargo, poco a poco han ido dejando ese papel que ahora cubren las agencias de investigación e información de los OFI y de las empresas multinacionales.

Si bien las universidades tienen que someterse a un profundo análisis para conocer las características de los cambios que deben tener para adecuarse a las circunstancias actuales, el problema radica en que existen diferentes visiones sobre cómo, cuándo, por quiénes, con qué medios y para qué de dicho cambio, posiciones que en muchos casos son diametralmente opuestas y que son, por lo tanto, el origen de muchos conflictos como el que desencadenó el movimiento estudiantil-popular de 1999 en la UNAM encabezado por el Consejo general de huelga.

Es decir, existen diversos proyectos de universidad y diversos sectores o fuerzas que entran en una lucha por hacer vales sus intereses y defender, e incluso, tratar de imponer sus ideas. Unos creen que la universidad debe servir a la sociedad o al pueblo y otros creen que debe servir al capital. Si bien tales ideas parten de una subjetividad y una ideología determinada tienen sustento en la realidad que la sociedad mexicana y la propia universidad viven, pues son claras expresiones de la lucha de clases.

Con todo, las universidades públicas deben conservar la autonomía que les otorga el artículo 3º constitucional sin que ello sea en detrimento del presupuesto federal, que, en todo caso, deberá ser suficiente para que las universidades cumplan adecuadamente sus funciones.

“Las universidades se reforman de tiempo en tiempo, ajustan sus estructuras y funciones a nuevas condiciones para procesar el conocimiento y en respuesta al entorno social que las rodea y que reflejan en su interior”.(8) Si bien es cierto lo anterior, también lo es el hecho de que hay posiciones encontradas y que los actuales cauces institucionales resultan obsoletos a la hora de dirimir los conflictos de su comunidad. A pesar de que los cambios necesarios deberían llevar al progreso a la universidad, también existe disenso en torno a la idea que se tiene de aquel, más aún en un país donde se recrudecen día a día las desigualdades sociales que obligan a unos a ver en la universidad un aliciente a esa situación y a otros ver en ella un instrumento para la obtención de intereses políticos y económicos.

Las políticas públicas en materia de educación seguirán, de continuar su tendencia privatizadora, siendo origen de conflictos que contemplarán la intromisión de organismos financieros externos vía los gobiernos en turno, constituyendo un difícil enemigo a vencer, pues indudablemente estarán en juego valores y principios que ha mantenido, de alguna u otra manera, la universidad como la gratuidad, su papel social y la autonomía en todas sus vertientes. Factores que, desde mi punto de vista, jamás deberá perder, pues de lo contrario perdería su esencia y cerraría, en gran medida, la posibilidad para México de un futuro mejor.

Notas

1. Ver el libro del mismo título de la Dra. Sheila Slaughter y Larry Leslie, 1997.
2. La educación vista en términos generales como una actividad humana de formación, liberación y movilidad social y elemento sine quanon e inherente para el desarrollo de cualquier país, en especial uno en perenne vías de desarrollo como el nuestro.
3. Ernesto Sábato, La Resistencia, edición de Seix Barral, México, 2002, pp.81-82.
4. Banco Mundial, Informe: “Estrategia para la educación”, p.187, 1994., http//www.worldbank.org/education/tertiary/pola.html.
5. Luis Javier Uribe, “Presentación”, en Francisco López Segrera y Alma Maldonado Maldonado (Coord.), Educación Superior Latinoamericana y Organismos Internacionales, UNESCO, Universidad de San Buenaventura Cali y Boston College, Colombia, 2002, p.3.
6. Claudio Bonvecchio, El mito de la universidad., p.18.
7. Pablo González Casanova, La universidad necesaria en el siglo XXI, Era, México, 2001, p. 25-30. “Las empresas privadas corporativas y sus asociados reclaman la preparación de trabajadores, empleados y funcionarios que participen con eficacia en su gestión, que estén educados para aumentar su productividad, que respeten los sistemas de trabajo impuestos y que internalicen el entusiasmo por la maximización de utilidades y la reinversión creciente de la compañía que es base de su mantenimiento [...] En el terreno de la educación, el neoliberalismo globalizador derivó en un proyecto general en que no sólo busca privatizar los servicios y los materiales didácticos, sino determinar cuantitativa y cualitativamente las necesidades y los objetivos del saber y el saber hacer [...] la privatización de la educación implica en las condiciones actuales de la economía mundial, una forma más de consolidar el sistema global y nacional de exclusión y marginación del empleo, de la alimentación, de la salud, de la habitación, del vestido; y que corresponde al proceso histórico del neoliberalismo y de la globalización como políticas predominantes del capitalismo tardío..”
8. Humberto Muñoz, Universidad: política y cambio institucional, CESU-UNAM, p. 8.

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