LIBROS


Pensamiento, cultura y literatura en América Latina

Patricia Cabrera López. Coordinadora.
México, UNAM/CIICH-Plaza y Valdés, 2004

La doctora en Literatura por la UNAM y con estudios de sociología de la literatura en la escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, de Paris, Patricia Cabrera López, investigadora y profesora de nuestra máxima casa de estudios ha presentado recientemente en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, de la UNAM. El libro colectivo Pensamiento, cultura y literatura en América Latina, editado en México, es una obra de suma importancia por su trascendencia hacia la construcción de nuevos horizontes en los posicionamientos epistemológicos ante los estudios literarios, así como por los procesos de acercamiento a la literatura hispanoamericana desde la historia y la critica literaria, para discernir su capacidad de reflexión sobre la problemática de América latina. Además su pertinencia y relevancia se manifiestan para la praxis interdisciplinaria de las ciencias sociales en las sociedades contemporáneas globalizadas.

En esta excelente obra coordinada por la Dra. Cabrera López, colaboran profesoras de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, de Santiago de Chile. UMCE así como con la participación de académicos universitarios de la UNAM, del Colegio de México, de la UAM, El Colegio de San Luís, la Universidad Veracruzana. El libro es la culminación del seminario del mismo nombre que se realizó tanto en la Facultad de Historia, Geografía y Letras de la UMCE como en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se trató, pues, de un seminario internacional, “Pensamiento, cultura y literatura en América Latina, que trabajó del 2000 al 2002, dicho seminario se inicio en la UMCE a partir de la iniciativa del pensador Hugo Zemelman. Y El problema central que se discutía era el de la capacidad de la narrativa literaria para construir realidades que, (no obstante lo contundente de su presencia, en el imaginario social y en las vivencias cotidianas expresadas en discursos no científicos) las ciencias sociales no habían sido capaces de aprehender.

Los trabajos reunidos en el libro se distribuyeron en cuatro apartados, que constituyen líneas de investigación fecundas. El primero, “Géneros literarios e identidad”, plantea problemas de gran actualidad toda vez que estamos viviendo el trasiego de cientos de intelectuales y escritores latinoamericanos de los países donde nacieron a otros, sean del mismo continente o de Europa. Esta migración, que tiene diversas causas, ha enriquecido las perspectivas de los escritores así como los universos que recrean en su literatura. Se habla desde la perspectiva, porque si ésta se entiende como el principio rector de la selección del espacio, del tiempo, de las percepciones, de lo ideológico, de lo ético y del estilo, constituyentes de la información narrativa, entonces la perspectiva es un indicador de primera importancia para configurar las identidades de quienes enuncian los textos literarios. Identidades de muchas índoles, no solamente la nacional, que los escritores escogen en función de sus propósitos principales en el momento de concebir sus obras. Salvo en los momentos de auge de los nacionalismos, entre los artistas --sean de la plástica o de la literatura o del cine y otras tecnologías-- la elección de una identidad no se reduce a proclamar explícitamente el origen o los paradigmas estéticos nacionales, sino es más sutil: se trasluce, precisamente, en el universo espacio-temporal representado, los actores o personajes, los lenguajes, las posiciones éticas o ideológicas, los estilos. De ahí que para responder a quienes se preocupan porque muchos escritores que viven fuera de Latinoamérica sigan siendo considerados de la región, sea necesario plantearse la posibilidad de identidades múltiples y preguntarnos‘¿cómo se es mexicano o chileno en la literatura?’ en lugar de ‘¿es mexicano o chileno aquel autor que no reside permanentemente en el país donde nació.

Los estudios agrupados en “Géneros literarios e identidad” proponen distintas respuestas e interpretaciones al problema de la identidad. En primer lugar porque sus dominios de estudio no son los mismos: Liliana Weinberg opta por el ensayo, mientras Carmen Balart, Irma Césped y Tomás Bernal Alanis, por novelas. Esos diferentes géneros también tienen referentes geográficos y resoluciones simbólicas diversos. Mientras que el estudio de Weinberg se ilustra con las opiniones de escritores residentes fuera de Latinoamérica, el de las profesoras chilenas abarca la novelística de su país y el de Bernal Alanis, tan sólo dos novelas del norte de México.

El apartado “La perspectiva geográfica” incluye estudios que también proponen enfoques diferenciados: la literatura como representación de los diferentes climas y medios geográficos (el estudio de Lenka Domic). En el estudio de Vicente Francisco Torres se destaca como evolucionó la concepción de la tierra en las novelas hispanoamericanas desde el siglo XIX hasta finales del siglo XX: la selva pasó de ser “infierno verde” a “paraíso perdido”. La primera concepción correspondía a una naturaleza que se imponía a los humanos, los devoraba; mientras la segunda expresa la denuncia de la catástrofe ecológica actual, la nostalgia por aquella naturaleza permisiva de otro tiempo, donde los hombres hallaban refugio y complicidad. En cambio en el estudio de Mayabel Ranero Castro lo destacable es la geografía política: la frontera entre México y Estados Unidos y las consecuencias sociales y humanas de tal determinación física tanto en los mexicanos que emigran como en los estadounidenses que los emplean. La geografía tiene, pues, en la narrativa, una presencia polifacética y genera distintos abordajes.

En cuanto al apartado “El diálogo con las ciencias sociales y la historia”, éste es una contribución a las discusiones académicas, que suscitan mucho interés en México, acerca de las intersecciones de la historia y la novela, concretadas en la nueva novela histórica. Por ello existen coincidencias entre los estudios de Begoña Pulido y Luzelena Gutiérrez de Velasco: ambos sustentan teóricamente el entrecruzamiento de dos discursos narrativos que tienen más puntos en común que los reconocidos tradicionalmente. El relato histórico y la ficción histórica reconstituyen sus referentes con la intención de participar en los debates sobre cómo posicionarse y juzgar el pasado, cuyas versiones también son cuestionadas, en la perspectiva de una época (finales del siglo XX) que no acepta más pasivamente una historia convencional, y opta por hurgar en las personalidades y las emociones de los héroes o los villanos nacionales para comprender mejor sus actuaciones públicas.

En un plano más abstracto los trabajos de Hugo Zemelman e Ignacio Betancourt –también insertos en “El diálogo con las ciencias sociales y la historia”-- cuestionan la separación tajante de las metodologías de las ciencias sociales y la historia, de un lado, y de la literatura y la imaginación, del otro, lo que ha llevado al empobrecimiento expresivo de las ciencias sociales. Zemelman sostiene que semejante distanciamiento fue planteado casi desde el nacimiento de la sociología, y que a través de su desarrollo varios de los pensadores más reconocidos en esta disciplina se inclinaron por cultivar reflexiones sociales de corte humanístico, no reductibles al culto de los datos y la solución de problemas inmediatos. En el mismo tenor Betancourt propone romper con las limitaciones espacio-temporales y la sujeción de los dominios de estudio de las humanidades a parámetros fijos y unívocos; e imaginar soluciones cognitivas de las cuales no se excluya la imaginación ni la creatividad.

Finalmente, el último apartado, “Novelas que iluminan la historia política”, se constituyó a partir de estudios que, sin ser ajenos a los problemas de la identidad o de la historia del siglo XX, focalizan especimenes de este género en los cuales el posicionamiento político coyuntural es determinante para la perspectiva de la narración, y sus contenidos cognitivo y ético. El estudio de Irma Césped y Carmen Balart sobre la novela chilena, así como los textos de Edith Negrín y Patricia Cabrera López, sobre la novela de la guerrilla y novelas políticas mexicanas, respectivamente, ponen énfasis en la capacidad de estas novelas para condensar sentimientos y vivencias de individuos marcados por acontecimientos de finales del siglo XX: el golpe de Estado en Chile y la crisis política posterior al movimiento estudiantil de 1968 en México. El común denominador de esas novelas, que aportan la dimensión humana de las conmociones políticas, es la reconstitución de subjetividades que se despliegan en los textos para dejar testimonio de la desazón existencial ante los cambios estratégicos de la política izquierdista o de experiencias límite como la tortura. Es insoslayable la contribución de estas novelas al conocimiento del siglo XX.

Sin lugar a dudas, esta obra es una excelente compilación de contribuciones que reflejan un trabajo académico profesional, que ha sido posible a partir de la construcción de puentes no solo entre diferentes comunidades académicas nacionales e internacionales. Sino además, a partir de reconocer la potencialidad de la literatura como constructora de pensamiento que interpreta el mundo, del dialogo entre diferentes disciplinas desde la perspectiva de la geografía como elemento espacial y simbólico de la literatura, así como el dialogo de la literatura con la historia, las ciencias sociales y novelas que iluminan la historia política, a partir de la invitación de leer en la literatura el discurso cultural de la izquierda latinoamericana de finales del siglo XX, es decir, leerla como expresión de la crisis existencial de los izquierdistas al transitar de la táctica de la lucha armada a la participación electoral, toda vez que en la literatura, la política adquiere una dimensión humano-existencial, que en las ciencias sociales queda oculta, como acertadamente nos plantea Patricia Cabrera.

José Olvera