Temas a Debate

Negri y la informatización de lo social

En ningún caso podemos advertir hoy la desaparición del Estado. Los Estados-Nación metropolitanos son hoy efectivamente más poderosos que hace veinte años atrás.

Claudia Vargas Leclérc, Luis Sarmiento Loayza

El primer paso para comprender la informatización social que se produce dentro del Imperio tiene que enfocarse hacia el cambio del paradigma productivo, pues es éste el ámbito que con mayor eficacia puede ayudarnos a captar la complejidad de la totalidad del proceso de desarrollo de la globalización actual. Pero hablar de producción implica un riesgo en el presente; el Imperio es el sistema de poder global en que la producción crecientemente se inmaterializa. Por lo tanto, toda herramienta teórica de análisis utilizada para desentrañar la economía política de las pasadas formaciones socio-económicas, hoy se ve carente de utilidad.

Como primer punto, este trabajo expone la siguiente premisa: el Imperio absorbe en sí la economía informatizada, y esto trae un cambio de paradigma productivo con respecto a la sociedad industrial que la antecede. La economía informatizada valora principalmente el tratamiento de información y los servicios, aunque esto no implica que el industrialismo o la economía primaria –agricultura y extracción de materias primas– concluya definitivamente. Por el contrario, la informatización de la economía conlleva un mayor dinamismo de las dos fases de la economía que la anteceden, y sistemáticamente desvanece la distinción entre manufacturas y servicios: “Todas las formas de producción existen dentro de las redes del mercado mundial y bajo la dominación de la producción informacional de servicios”. (1)

El proceso de informatización de la economía se da como consecuencia de una acumulación de luchas del proletariado industrial, cuyas circunstancias de concentración y masividad le otorgaban una potencia de lucha inédita en la historia, que sólo la llegada de la industria y la sociedad de clases le podía entregar; esta clase proletaria era quien incrementaba la plusvalía del capital a través del arriendo de su fuerza de trabajo. Sin embargo, tenía limitaciones específicas en cuanto a una posible autovaloración –es decir que su valorización se daba solamente frente al capital– a decir de Gramsci:

El obrero tiene en la fábrica misiones puramente ejecutivas. No sigue el proceso general del trabajo y de la producción; no es un punto que se mueva para crear una línea; es un alfiler clavado en un determinado lugar, y la línea resulta de la cadena de alfileres dispuesta para sus fines por una voluntad ajena. El obrero tiende a trasladar ese modo de ser suyo a todos los ambientes de su vida: se adapta fácilmente en todas partes a la función de ejecutor material, de “masa” guiada por una voluntad ajena a la suya; es perezoso intelectualmente, no sabe ni quiere prever más allá de lo inmediato.(2)

Es el Obrero Masa, en la conceptualización negriana. Dicha acumulación de fuerzas motivó una ruptura clave en el régimen de trabajo fordista –como sistema de trabajo inscrito en la sociedad disciplinaria, que disciplina los cuerpos en función de la productividad del capital (3) – marcada por las jornadas de mayo del 68.(4) Esta fecha tiene una profunda significación en cuanto al devenir histórico de las fuerzas productivas, el capital reacciona ferozmente ante la potencia de la clase obrera e instala procesos de flexibilidad laboral e informatización de la economía. Es necesario destacar que el paso desde el fordismo hacia el posfordismo se da por una configuración causal que va desde la reacción contra la potencia de las luchas del obrero masa, hasta la necesidad del capital de lograr mayores cantidades de extracción de plusvalía.

El cambio de paradigma productivo está básicamente caracterizado por una mayor información con que se cuenta para la producción; el fordismo contaba con una información bastante precaria acerca del comportamiento de los mercados, pero el posfordismo –fase también denominada como toyotismo– trabaja a Stock Cero, produciendo después de conocida la información de los mercados y sus ondulaciones. La siguiente expresión del Imperio de Hardt y Negri nos da una certera señal del cambio ocurrido en cuanto al paradigma productivo: “Podríamos afirmar que la acción instrumental y la acción comunicativa se han entrelazado íntimamente en el proceso industrial informacionalizado”. (5)

Pero este cambio no se afirma en el éter, se da en el mundo del trabajo, de la producción, por lo cual podemos comenzar a descifrar las nuevas claves para comprender el papel del trabajo en la globalización actual a manos del nuevo sujeto productivo.

El Trabajo como productividad del saber colectivo

Existe una diferencia importante con respecto a la disciplina impuesta en el fordismo hasta el toyotismo. La inserción de la automatización del maquinismo caló profundamente en las posibilidades reales de resistencia y autovalorización de la clase obrera frente al capital; la introducción de la maquina-herramienta en el proceso de producción no sólo tuvo transformaciones con respecto a la productividad del capital, sino que también constituyó un método muy eficiente de control. La máquina-herramienta comienza a concretar lo que Marx denominara la subsunción real del capital: el sistema de producción fabril ya no cuenta con un capataz vigilando la disciplina del trabajador en su puesto como ocurría en la subsunción formal del capital.

El sistema de producción de montaje a través de un dispositivo coordinado de máquinas-herramienta es también una forma de control sobre la fuerza de trabajo, en condiciones que ésta continúa siendo la única potencia creadora de valor. “Lo que significa que el uso de las máquinas no es neutral respecto de la función social que ellas cumplen y de la posición de poder que ocupa el saber científico-técnico”.(6) la autovigilancia, este sistema de montaje instalado en el interior del cerebro del obrero, no puede más que parcelar la fuerza productiva en su interior mismo; trabajo manual e intelectual se separan, división del trabajo que acrecienta la situación de diferencia material de las clases en la sociedad industrial.

El trabajo abstracto individualiza al trabajador, lo subsume bajo el poder del capital fijo que subsume en sí la totalidad de la sociedad, la tecno-ciencia en tanto se yergue como propiedad exclusiva del capital fijo. Pero lo interesante es reflexionar en el paso hacia el toyotismo acerca de la autonomía que la fuerza de trabajo va consiguiendo frente al capital fijo, y la reapropiación que va consiguiendo de la ciencia que produce y reproduce el Imperio como creación de la colectividad de sujetos productivos.

El paso hacia el toyotismo es precisamente el camino en que el saber se autonomiza, es el camino en que el proceso productivo se va afincando crecientemente en la ciencia como producción social; la informatización de la economía es la salida del sujeto productivo de una cadena de montaje maquínico en que se controla férreamente el trabajo vivo (7), es el trabajo que se vuelve inmaterial, el término de la división del trabajo característico de la sociedad industrial y el comienzo de una nueva división del trabajo al interior de la economía informatizada.

Occidente en su carrera vertiginosa de acumulación capitalista ha realizado un trabajo sistemático que otras civilizaciones del pasado y actuales no realizaron con tanto ahínco: aplicar los nuevos conocimientos a la productividad. Un gurú de las empresas estadounidenses reconoce el nuevo papel del saber en la sociedad actual. Peter Drucker reconoce al saber como fuerza productiva en sí, para la cual el capital no es más que un límite: “Este cambio significa que ahora vemos el saber como el recurso esencial; suelo, mano de obra y capital son primordialmente importantes como limitaciones; sin ellos, ni aún el saber puede producir”. (8)

Sin embargo, en esta cita se encuentra una mezcla de cinismo y reduccionismo. Como primer elemento importante a destacar es la importancia hegemónica que sigue manteniendo el capital aun por sobre el trabajo inmaterial. Bourdieu nos lo advierte: “El capital cultural queda subordinado al capital económico, único capaz de concentrar el capital cultural y asegurarle los medios concentrados (laboratorios, etc.) que son necesarios para su pleno rendimiento”, y luego con respecto a lo que podríamos denominar como una parte del nuevo sujeto productivo: “Todos estos cuasi intelectuales constituyen una fracción dominada al interior del nuevo campo del poder... están inclinados a actitudes ambivalentes respecto a los dominantes. El dominio de los dominantes económicamente se ejerce sobre ellos, a la vez, económica y simbólicamente”. (9)

El dominio del capital en la economía informatizada aún es evidente. Por lo mismo hablamos de la subsunción real del capital; en suma, no podemos identificar a ésta, la Globalización actual, como la Sociedad Poscapitalista. Hoy la preeminencia del saber como única potencia creadora de valores y como posibilidad de autovalorización del sujeto productivo que lo detenta no puede ser leída más que como tendencia, y en ningún caso como realidad patente. En último caso, el saber al que nos referimos como posibilidad de autovalorización no es el saber atomizado, acotado, el que se domina hoy a través de procesos de individualización. Afirmamos que la productividad del saber se da solamente como producto social, como creación de una pluralidad de saberes y competencias en cooperación: “La compresión del trabajo necesario individual es la expansión del trabajo necesario colectivo que construye un individuo social...”(10)

El Imperio es precisamente un régimen global que nace siempre de relaciones específicas, y en cuyo orden las correlaciones de fuerzas hegemónicas se dan como elemento de conjunción de estas relaciones específicas. La producción se encuentra absolutamente presente en la totalidad de la sociedad, y no es la cultura quien ha descendido al nivel del mercado, sino que es el mercado quien produce y actúa desde las interrelaciones humanas, desde las relaciones de producción específicas; de ahí la importancia de las disciplinas de terreno como el Trabajo Social en cuanto a la producción y reproducción de la sociedad, de la vida en general.

Por ende, cuando hablamos de economía política no podemos hacer distinciones tajantes entre infra y superestructura. Desde este materialismo histórico ortodoxo, el análisis de la posmodernidad –y específicamente de su producción que es lo que nos interesa y convoca– nunca pasará más allá de entregar conclusiones deterministas. La posmodernidad no sería otra cosa que la filosofía del neoliberalismo y como tal perdería toda posibilidad de representar alternativas de autovalorización de los sujetos productivos. Economía y cultura van de la mano, en momentos se superponen, se entrelazan, se aúnan, se distancian, se sobredeterminan, pero no existe ya la cultura como determinación de la economía siempre en última instancia, la segunda como reflejo espectral de la primera.

Esta producción de la sociedad como Totalidad, sin embargo, no puede llevarnos a considerar la ley del valor en su forma clásica. La forma-valor está determinada históricamente y, por ende, se encuentra siempre sujeta a los cambios que van viviendo las sociedades específicas en que se encuentra presente. Pero ¿qué entendemos por valorización? Engels acude con la respuesta: “El proceso de valorización es el proceso de trabajo en cuanto proceso creador de valor, tan pronto como se prolonga más allá del punto en que suministra un simple equivalente del valor de la fuerza que se ha pagado” . (11)

Debemos suponer por tanto que valor de la fuerza de trabajo y valorización de la misma son cosas distintas, fuentes de antagonismo, en donde la determinación de la segunda está sujeta al estado de lucha de clases existente en cada sociedad específica. Pero para comprender a la sociedad como sistema de explotación por parte del poder imperial, es antes necesario darle otra vuelta al concepto de Biopoder.

Atilio Boron, sociólogo argentino, señala en su libro Imperio & Imperialismo que Hardt y Negri sobrevaloran el concepto de Biopoder trabajado por Foucault y que ellos ocupan en el libro Imperio. Para él, ya Platón habría mencionado su objeto de estudio al hablar de lo psicosocial como elemento primordial de regulación de la vida socio-política de la polis. El sociólogo argentino agudiza su crítica hacia lo que para él es una obnubilación que Foucault habría producido en los autores que pone como blanco. “...Una cosa es rebautizar a una criatura y otra bien distinta es descubrirla... Lo que con su reconocida habilidad hizo Foucault fue otorgarle uno nuevo –se refiere al nombre de Biopoder– a lo que ya todos conocían, pero de ninguna manera puede decirse que estamos en presencia de una innovación teórica fundamental”.(12)

Triple falta, pues Foucault siempre tuvo la claridad de que indagaba en las características fundamentales de un dispositivo de poder con antecedentes ancestrales, ante lo cual su posibilidad de aporte era la actualización del análisis. Debemos recordar que el pensador francés dio muerte al autor, con lo cual tenía plena conciencia de que su trabajo se apoyaba en los hombros de otros. Segundo, ¿cómo puede explicarse que la sociedad actual, con su gran volumen poblacional, con su imposibilidad de conmensurar en cuanto a la producción de valor y las dificultades que tiene el poder para mostrarse abiertamente ante lo que se ha catalogado como el peso de la opinión pública mundial, sea tanto o más controlada por este mismo poder, que la polis que inspiraba los análisis de Platón?

Tercero, y con esto se explica la pregunta anterior, es que Foucault no se está refiriendo únicamente al elemento represor que subsume el concepto de Biopoder, y nos demuestra que la Biopolítica como forma de administración de la vida, fue el segundo impulso productor del capitalismo post industrialista, es decir, una inflación de los deseos y las necesidades de los sujetos desde los discursos. “Un poder que califica, mide, aprecia y jerarquiza más que manifestarse en su brillo asesino”. (13)

El biopoder se asienta sobre la vida, no sobre la muerte, lo cual nos señala que analizar su importancia desde la dimensión puramente coercitiva se vuelve reduccionista, y nos impide comprender su cabal papel. Foucault analiza la construcción del dispositivo de sexualidad desde la genealogía burguesa, puesto que sería una estrategia de dicha clase para definitivamente posicionarse en el poder, de fortalecerse y heredar lo conseguido. “El sexo fue la sangre de la burguesía”, (14) es decir, como una afirmación de la vida de la pujante burguesía que se consolidaba hegemónica. El concepto nace antes de la revolución francesa, en un período histórico en que la muerte dejaba de acechar la vida. El poder entonces se preocupó mucho más de la vida, de expandirla y de controlarla; es “La entrada de la vida en la historia, en el campo de las técnicas políticas”.(15)

Con el biopoder se está haciendo alusión antes bien a un mecanismo de producción y control de la vida, que a su ahogo sistemático; para esto es necesario entender que reimpulsa el capitalismo post primera acumulación de capital, post ascesis. Es una inédita estrategia histórica de despliegue de un poder encargado de aumentar las fuerzas productivas siempre dentro de un marco de control y disciplina, por lo tanto identificable también como una estrategia de explotación social: “El ajuste entre la acumulación de los hombres y la del capital, la articulación entre el crecimiento de los grupos humanos y la expansión de las fuerzas productivas y la repartición diferencial de las ganancias, en parte fueron posible gracias al ejercicio del Biopoder, en sus formas y procedimientos múltiples”. (16)

Esta explotación que se vuelve social es precisamente lo que se comienza a identificar como crisis de la forma-valor. Esta crisis nos pone en una encrucijada crucial en el análisis de la economía política imperial, ¿es posible medir la productividad que genera el trabajo inmaterial, la producción del saber, la explotación social como Totalidad? Avanzamos hacia el análisis de una potencia que produce y reproduce la vida, que produce nuevas necesidades y deseos desde dispositivos específicos de control –que en su versión actual Foucault no llegó a comprender. (17)

“...Un mundo que ya no es dado sino que es producido, dominado, manipulado, inventariado y controlado: adquirido” (18), de una vida que desborda incansablemente los límites. Uno de los dispositivos específicos de la producción biopolítica imperial es la política monetaria, pero su poder de conmensurar el valor producido socialmente se halla absolutamente desbordado. “Justo allí donde la producción de valor desborda, huye por doquier el control del capitalista, justo en ese momento, el esquema transnacional del mando es siempre y sólo político (cursiva en el original)... La ley del valor se convierte en la forma pura y vacía del control político sobre lo social”. (19)

La ley del valor hoy no podría reducirse a una medida objetiva. Sin embargo, y a pesar de la imposibilidad de fijar una ley del valor que no tome en cuenta la totalidad de la producción social, el trabajo social, abstracto, hoy anclado hegemónicamente en la comunicación, continúa siendo la base de toda constitución de la sociedad. Indagar en las formas de producción posmoderna, no sólo material, se vuelve de primer orden, y cuando hablamos de producción en general es vano reducir el análisis a las corporaciones.

En la Subsunción Real, las ciencias humanas tienen gran importancia en la producción y reproducción de la vida, en el disciplinamiento de lo corpóreo, en la regulación de la extensión social, en el entrecruce incesante de redes de intervención social. Una de las consecuencias de la crisis de la ley de la forma-valor capitalista destacada en un trabajo de Negri y Guattari se pronuncia al respecto: “También resultan inconmensurables, por definición, el espacio para el desarrollo de las relaciones laborales, las sendas productivas existentes en la sociedad y las interacciones entre los sujetos trabajadores”(20). La producción se ha diseminado por toda la sociedad y en dicho fenómeno biopolítico las ciencias humanas tienen mucho que decir, y el Trabajo Social específicamente como profesión moderna.

En la producción social y en la prosecución de un mando eminentemente político monetarista sobre la extracción de valor de esta producción, el Estado cuenta con un papel importante. El Estado periférico del sistema capitalista ha disminuido uno de sus papeles más importantes en lo que va de su historia reciente. Efectivamente, como muchos teóricos apuntan, su componente empresarial ha menguado, al igual que su carácter de benefactor. Desde la crisis del keynesianismo el viraje se ha dado sistemáticamente hacia el monetarismo, esto es, hacia el término de su rol como administrador y orientador del capitalismo y una consiguiente adaptación del aparato burocrático hacia funciones de control del modelo y represión –directa o indirecta– de los elementos que entorpecen la dinámica del mismo.

Sin embargo, en ningún caso podemos advertir hoy la desaparición del Estado. Los Estados-Nación metropolitanos son hoy efectivamente más poderosos que hace veinte años atrás, y la globalización como hoy la conocemos ha sido construida en gran medida desde estos Estados-Nación de historia imperialista; necesario es entonces recordar la reflexión de Gramsci acerca de que el laisser faire es inevitablemente un programa político (1971:160). Pero tampoco podemos desconocer el enorme crecimiento –en correlación a una baja en el poderío económico de los Estados-Nación– que han ostentado las corporaciones trasnacionales en las últimas cuatro décadas. Estamos, por lo tanto, al parecer, en un período de transición, en donde el Estado aún juega un rol importante en cuanto a la producción y reproducción de las fuerzas de poder inmersas en el Imperio, pero en el cual también podemos apreciar señales de su decadencia.

Lo que sí está claro en el actual período es una pérdida absoluta de la autonomía de la política. Lo que se conoció como el Estado de Bienestar, y que después de la Segunda Guerra Mundial, fue apoyado teóricamente con las propuestas económicas de Keynes. Este economista señaló la importancia que tendría para la reproducción del capitalismo la negociación interclasista, concluyendo además la importancia del Estado en el mismo fin como agente dinamizador del funcionamiento de los mercados. Lo importante a destacar aquí es que el keynesianismo argumentó la inconveniencia de la acumulación excesiva del capital en las manos de la clase empresarial; la distribución de las riquezas, por tanto, pasaba a ser un factor importante en la fluidez del sistema: “Los salarios dinamizarían más la economía que cuando la riqueza permanece altamente concentrada en grupos que se benefician rentistamente con la escasez de capitales...”(21)

En manos de los empresarios quedaba, entonces, el buen desempeño de la actividad económica y la producción de riquezas; en las del Estado, en tanto, dinamizar el sistema, permitirle un funcionamiento más fluido, de la mano de una buena distribución de la riqueza. Es así que, en tanto que anterior a la crisis del keynesianismo, el Estado cuenta con una autonomía relativa bastante importante. “La burguesía, en tanto, debía soportar el enorme peso del nuevo pacto de clases”(22). Esta autonomía, desaparece definitivamente, en lo que llamamos Imperio.

En la Subsunción Real del capital, es la sociedad en su conjunto quien sufre la explotación del dominio de un tipo de producción y reproducción del poder; la explotación no puede sino ser medida en términos de totalidad, y el Estado se disemina a lo extenso y profundo de sistema social. “La explotación se produce políticamente como una función del poder capitalista del cual se deriva una jerarquía social, es decir, un sistema de matrices y límites adecuado a la reproducción del sistema”. (23)

De pronto, en el pensamiento de Negri, las supuestas evidencias de la desaparición del Estado-Nación, parece menos una quimera barnizada con un halo futurista que un lúcido análisis de la realidad mundial. Pero su teoría comprende algo, y este algo está de alguna manera sintetizado en una cita que realiza de Fernand Braudel en el comienzo del primer capítulo de Imperio. Ahí se lee: “El capitalismo, sólo triunfa cuando se identifica con el Estado, cuando es el Estado”.(24) Si sumamos a esto todo el período de finales de la década del 70 en que el filósofo italiano fue procesado y encarcelado por el Estado de su país por concepto de insurrección armada contra el Estado, se pueden entender los enormes deseos que posee de ver fenecido definitivamente al Estado-Nación.

El Estado, sin embargo, aún tiene vigencia, hace las veces de gendarme del Imperio, pero sus funciones no sólo son de represión sino que también de control y administración de la vida. “Las enormes guerras se libran (hoy) para mantener la vida de todos, expandirla y controlarla”.(25) Pero el Estado no está entronizado en el olimpo Imperial, por el contrario, podemos decir que bajó a la polis para vivir entre nosotros, no es sólo el gendarme represor monolítico y trascendente –que está por sobre los períodos históricos y sus antagonismos–; de lo contrario, resulta imposible entender la aplastante pax imperial, y la consiguiente desesperación de las fuerzas críticas.

“El Estado se ha convertido en algo omnipresente como jamás lo fue con anterioridad”,(26) es la imagen del estado totalitario que tras el proceso de descolonización política y recolonización privada –característica importante del paso desde el Imperialismo hacia el Imperio– logró instaurar matrices de poder desterritorializadas que le permitieron aumentar su productividad, al tiempo de sofisticar los métodos de alineación y enajenación. “El Estado y la sociedad industrial han destruido ese mundo social y político descentralizado. Sus medios de información entran en todos los hogares y sus computadoras los unen a sofisticados sistemas de administración y de control”.(27)

La economía política imperial está afirmada fuertemente en los mecanismos mediante los cuales se realiza la explotación de la sociedad como totalidad entre los cuales se encuentra el Estado, pero ¿hasta dónde desciende su poder? Las redes son hoy una importante forma utilizada para la producción y reproducción de la sociedad imperial, para el funcionamiento de la economía informatizada. El Estado se ha diseminado nuevamente, las relaciones de poder no están al margen de ningún campo de la vida social, pero es precisamente ésta la imagen del poder que hemos internalizado, la de la soberanía del Estado trascendente, omnímodo, ubicuo, pero ¿puede el poder efectivamente controlarlo todo?, es decir, ¿puede siempre reducir el despliegue de la potencia, del movimiento que es constante afirmación en sí?

Lyotard nos entrega algunos elementos para una posible respuesta; controlar la totalidad de cualquier campo de lenguaje –hoy del Imperio con su superlativo despliegue de fuerzas productivas abstractas e inmateriales– implica conocer y controlar todas las variables que están dentro de él; los sistemas tienen una evolución previsible de sus actuaciones siempre y cuando se conozcan sus variables, pero el llegar a conocer todas las variables de un sistema implicaría un gasto de energía equivalente al que consume el sistema completo.(28) La economía política imperial no puede basarse en una medida objetiva, como Marx lo hiciera al analizar la formación socio-económica de la sociedad industrial, sino sólo en la totalidad del proceso de explotación, que se da como usurpación política de un poder cada vez más parasitario y arcaico.

Producción de subjetividad: el trabajo social como parte del control sistémico

Hablar de control sistémico implica relevar en primera instancia dos hechos. Primero, que no existe poder que pueda controlar en forma total un sistema complejo con su multiplicidad de variables, y esto nos lo pueden aclarar la mecánica cuántica y la física atómica. (29) De esto podemos inferir un primer asomo de respuesta a la cuestión de por qué tanta homogeneidad y pasividad en una sociedad supuestamente híbrida y diversa; el control y la administración de la vida por parte del comando imperial se afinca entre nosotros, reduce nuestras rebeldías cotidianas a simples quiebres en los juegos de lenguaje (Wittgenstein)(30), que en último caso mejoran la performatividad del sistema. (31) En otras palabras, la disciplina es puesta sobre nuestros hombros, y somos los responsables de llevarla a cabo.

Segundo, que lo social es una continuidad en donde cualquier dimensión que la constituye afecta, en el caso de variar, el comportamiento de las demás en forma determinante. Tratar los aspectos económicos como pertenecientes a una esfera al margen de lo cultural, por ejemplo, es un craso error a la hora de comprender la dinámica social del Imperio; hoy podemos hablar de una producción de la vida, de las subjetividades, que no se produce necesariamente en forma mecanicista desde centros de poder hacia el resto de la población subyugada; por el contrario, necesitamos comprender la relación de mutua superposición que se da entre la infraestructura y la superestructura, avanzar desde una visión mecanicista de la sociedad hacia la lectura de segundas y terceras naturalezas, siempre afincadas en las expansiones de la potencia productiva, que necesariamente transforman las formas de vida, y las formas de comprensión de lo social.

Una economía que siempre en última instancia determina la superestructura es una visión metodológica que hoy está directamente orientada hacia el fracaso, ¿cómo definimos en el Imperio qué es la economía?, ¿cómo definimos hoy la actividad productora de valor?, en tiempos de informatización de lo social, de cooperación productiva, automatización industrial y de valoración directa del trabajo tecno-científico resulta realmente complicado, no complejo.

Quisiéramos, entonces, acercarnos a una importante consideración metodológica; hoy la circulación subsume dentro de sí la producción, hoy economía y cultura más que nunca pierden su autonomía. “Los huelguistas de los servicios públicos han mostrado cómo, tocando el eslabón de la circulación, se tocaba la totalidad de la cadena productiva; cómo actuando sobre el continente debía reaccionar todo el contenido”. (32)Y decimos con esto que la producción de subjetividad es de suma importancia para la consecución de los fines del capitalismo actual, porque el poder que construimos en nuestra cotidianeidad, en el lazo social, base históricamente cercana al trabajo social, es el que ayuda a la reproducción del orden de cosas; nuestra subjetividad es moldeada en términos del mantenimiento del sistema completo, como señala Foucault: “El discurso transporta y produce poder.”(33)

Estamos hablando, eso sí, de la producción de subjetividad de la sociedad informatizada, de la sociedad del saber, realidad que determina una sociedad completamente distinta, en donde la producción hegemónica se vuelve eminentemente discursiva, y en donde la explotación se realiza sobre la totalidad del proceso comunicativo social. Esto, en términos generales, es muy resistido hoy por gran parte de las fuerzas críticas; sin embargo, si consideramos la importancia que tienen las ciencias y las técnicas en la actualidad para la productividad del capital, se nos hace mucho más fácil su comprensión. “El saber científico es una clase de discurso. Pues se puede decir que desde hace cuarenta años las ciencias y las técnicas se apoyan en el lenguaje.” (34)

Los sujetos productivos, por tanto, no sólo se circunscriben al dominio específico de una fábrica, o a una corporación de tipo posmoderna determinada, aunque tomemos la salvedad de que cada institución cuenta con un juego de lenguaje específico(35); los sujetos se encuentran atravesados por la totalidad de lenguajes que construyen el lazo social, y la explotación del capital se realiza sobre esta totalidad, esto es lo que analiza Foucault al hablar de sociedad de control, como una sociedad en donde la producción desde las relaciones específicas entre sujetos produce las grandes configuraciones de poder, y en donde éstos se ven afectados por los discursos de estas últimas, “Lo local determina lo global y viceversa”.(36)

Cuando consideramos la producción y reproducción de la vida como objetivo al que apuntan todos los dispositivos de control del Imperio y situamos a la comunicación como elemento sintetizador clave de la explotación del capital en la economía informatizada, nos vemos obligados a reconocer la incidencia que tienen la cultura, las formas de vida posmodernas, en el sistema total; y, lo más importante, nos vemos imposibilitados de hacer vivisecciones anacrónicas. “Joven o viejo, hombre o mujer, rico o pobre, siempre está situado sobre nudos de circuitos de comunicación, por ínfimos que estos sean.”(37)

El poder hoy no puede controlar la creciente explosión de las fuerzas productivas y de la autonomía de las subjetividades sino a través del biopoder, sino a través de un desplazamiento del poder hasta la intimidad del lazo social; sino produce la subjetividad a lo extenso e intenso de lo social, es el Estado el que pierde sus ribetes de institución territorial para desplazarse por un espacio y un tiempo devorados, o, lo que es lo mismo, detenidos.

Entonces se vuelve necesaria la pregunta por el quehacer profesional, por las competencias que nos exige este poder imperial, esta necesidad de control sistémico, esta incomodidad que se encuentra en el seno de las instituciones que trabajan con la oculta cara descuidada de la modernización, por impedir el desborde de la vida, de las subjetividades “anormales”. “En los ‘intersticios’ del sistema de regulación se encuentran diferentes fuerzas. La ilegalidad es siempre un signo de exclusión, a veces de subversión.”(38) ¿Cuál es la labor que tiene el Trabajo Social en la era de la sociedad informatizada?, ¿quedan aún márgenes para escapar de la serialidad a la que el poder imperial reduce la subjetividad?, ¿cuál es el alcance de la insistente producción de redes que se introducen en los hogares de los ciudadanos del Imperio? Preguntas que a los trabajadores sociales les resulta indispensable hacerse a modo de repensar su futuro y la intencionalidad de su praxis.

El estructuralismo en sus formas extremistas efectivamente le quitó toda gravitación al sujeto como productor de historia, el posestructuralismo pone mucha mayor atención a los intersticios, a las fugas, pone énfasis en el desborde de la vida, en la discontinuidad del mundo de los objetos: “El objeto es discontinuo de antemano, y es fácil discontinuarlo con el pensamiento.”(39) Tenemos entonces que la visión de un control sistémico, de una estructura que administra la vida desde su base, es funcional a nuestros fines de dar con el papel que le puede caber al Trabajo Social en la informatización de lo social, pero como señala Negri: “El estructuralismo fue (puede ser) aceptado como terreno constituido por la capacidad de desestructurar.”(40) De aquí en adelante, por tanto, resulta relevante especificar los dispositivos de control de subjetividad.

El orden actual de cosas, reconocido como una estructura, puede resultar frío; el trabajo afectivo es, en tanto, el encargado de revestir de calidez esta dura y gélida estructura. La sociedad ha cambiado desde el industrialismo hacia una lógica de interconectividad nodal, la sociedad comienza a emular el funcionamiento de un ordenador. En este orden de cosas, el control también se deja en manos de las ciencias sociales, que actúan como elementos de contención, encargadas de mantener la estructura y cubrir los puntos de fuga, encargados de mantener la performatividad del sistema. En este contexto el concepto de redes cobra una primordial ubicación.

El control de la vida, del bios social, el biopoder, hoy es impensable sin la construcción y sistemática activación-reactivación de redes. Así, la disciplina se transporta y reproduce, y el Imperio nos parece ubicuo. En términos concretos, son estas las fórmulas que están tomando los proyectos de superación de la pobreza, como lo es el Proyecto Puente del Programa Chile Solidario, o el Programa Servicio País, que se encargan de desplazar hacia las zonas geográficas flacas en cuanto a control y administración por parte del poder, la lógica de performatividad sistémica. La cooperación social no es perniciosa en sí, pero en la actualidad global y local es una herramienta utilizada por el capital que actúa como límite de la misma, y que realiza la exacción de la sociedad global como totalidad.

Sin embargo, la cooperación social que conlleva implícita la forma de producción en red (forma de producción hoy primordial y en donde el trabajo afectivo corporal le da real gravitación a las profesiones de contacto directo con las comunidades, como el Trabajo Social) tiene un destino incierto, pues aunque hoy atrapada en la lógica productivista que le impone el mercantilismo capitalista, porta un germen de ruptura, de autovalorización; el Trabajo Social intenta aportar a este proceso de autovalorización desde el paradigma histórico-crítico formulado dentro de la disciplina por autores como José Paulo Netto, y su discípulo Carlos Montaño, entre otros aportes.

El obrero masa en la conceptualización negriana es pobre, actúa siempre en contraparte al capital, sin el cual no puede existir; depende de un montaje científico maquínico que no comprende, perdido en un mundo de objetos que le aparecen configurando una realidad dada de antemano, naturalizada, en cuyo contexto no puede más que apelar a su característica de masividad para reaccionar ante el capital que lo oprime. El obrero social, el trabajador del saber, contiene en sí un saber que en su cooperación esencial se convierte en primera fuerza productiva, relacionándose con el capital solamente en una lógica extorsionadora.

Tesistas, Escuela Trabajo Social, Universidad Tecnológica Metropolitana
claudiavargasleclerc@hotmail.com, sarmientoloayza@hotmail.com

Notas:
1. Hardt, M; Negri, A. 2000, p. 251
2. Gramsci, Antonio. Antología: El partido comunista. Traducción de Manuel Sacristán, México, D.F., Siglo XXI, 1999, p. 109
3. Ver Concepto de Trabajo Inmaterial, pp. 22-27
4. Ver Guattari, Félix; Negri, Antonio. Las verdades nómades: la revolución ha comenzado el 68. Madrid, Editorial Akal, 1999, pp. 25-36
5. Hardt, M; Negri, A. 2000, p. 252
6. Casanova, Carlos. "Posibilidad Disutópica de La Posibilidad: El Pensamiento Sobre la Sociedad de Control Capitalista", en Karl Marx y la Crítica Política de Toni Negri. Revista Chilena de Temas Sociológicos, (8), p. 62, 2002.
7. Usamos el concepto Trabajo Vivo para caracterizar la potencia productiva que se enfrenta al Capital Fijo como Trabajo Muerto que actúa como límite del primero.
8. Drucker, Peter. La Sociedad Poscapitalista, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1999, p. 61
9. Bourdieu, Pierre. Por la Invención de una Nueva Política en Occidente. Revista Chilena de Temas Sociológicos (8). 2002, p. 24
10. Negri, A., en Casanova, C. Revista Chilena de Temas Sociológicos (8), 2002, p. 66
11. Engels, F.; Para leer el Capital, Editorial Grijalbo, México, D.F., 1969, P. 33
12. Boron, A. 2002, p. 25
13 Foucault, Michel. Historia de la Sexualidad: La Voluntad de Saber. Vol. I, Ed. Siglo XXI, México DF, 1998, p. 175
14. Ibid., p. 151
15. Ibid., p. 171
16. Ibid., p. 171
17. En Imperio Hardt y Negri sostienen que Foucault “no logra aprehender, en suma, las dinámicas reales de la producción en la sociedad biopolítica” (2000: 28), análisis en el cual sí habrían tenido éxito Deleuze y Guattari, desde una perspectiva posestructuralista.
18. Baudrillard, Jean. El Sistema de los Objetos. Ed. Siglo XXI, México DF, 1999, p. 29
19. Casanova, Carlos. Posibilidad Disutópica de La Posibilidad: El Pensamiento Sobre la Sociedad de Control Capitalista; en Karl Marx y la Crítica Política de Toni Negri. Revista Chilena de Temas Sociológicos, (8), p. 69, 2002.
20. Guattari, Félix; Negri, Antonio. Las verdades nómades. Madrid, Editorial Akal, 1999, p. 86
21. Urrutia Fernández, Miguel. "Por una Heterotípica Izquierda Revolucionaria: La Crítica al Neoliberalismo como Interioridad Keynesiana". Revista Chilena de Temas Sociológicos, (8), p. 144, 2002.
22. Ibid., p. 145.
23. Guattari, F.; Negri, A. 1999, p. 88.
24. Hardt, M.; Negri, A. 2000, p. 10 Negri se pone al margen de dos concepciones extremas del orden mundial presente en la actual globalización. El primero se refiere a las corrientes realistas que ven en el orden actual una expresión a gran escala de la realización de las pasiones humanas en el mercado, es decir, en donde la subjetividad se produce y reproduce espontáneamente. El segundo estaría de una u otra forma en el trabajo que en esta tesis se ha estado comentando del sociólogo argentino Atilio Boron, que concibe el poder desde donde se da un orden al sistema como monolítico y centralizado, nuestras vidas estarían controladas irresolutamente desde los centros de la administración imperial, FMI, BM, OTAN, etc.
25. Foucault, M. 1998, p. 165
26. Bookchin, Murray. El Anarquismo ante los Nuevos Tiempos. En ¿Qué es el Anarquismo? Ernesto Carmona editor, Santiago, 2000, p. 64
27. Ibíd.., p. 65
28. Ver Lyotard, Jean F. La Condición posmoderna. Ed. Cátedra, Madrid, 2000, p. 100
29. Ibid., ps. 100-110
30. Ibid., p. 27
31. Ibíd., p. 37-38
32. Negri, A. Reapropiaciones del espacio público. En: Verdades Nómadas. 1999, p. 196
33. Foucault, M. 1998, p. 123
34. Lyotard, J.F. 2000, p. 14.
35. Las instituciones cuentan con juegos de lenguaje específicos de límites variables, en su reconfiguración los sujetos tienen una incidencia directa introduciendo cambios en las reglas del propio juego de lenguaje (Lyotard; 2000, 40). Para Tomás Moulián, por ejemplo, los hombres construyen la historia actuando sobre las instituciones. (Moulián; 1998 conseguirnos el año exacto de Chile Actual).
36. Foucault, M. 1998, p. 121.
37. Lyotard, J.F. 2000, p. 36.
38. Negri, A. ¿Para qué sirve hoy el Estado?. En: Verdades Nómadas. 1999, p. 184.
39. Baudrillard, Jean. 1999, p. 117
40 Negri, A. "Meditando sobre la Guerra: autorreflexión entre dos guerras”, En: Anthropos, Nº 144, p. 19.