Reforma Universitaria


Encuentra dirección el proceso
de reforma en la UNAM

La academia no se encuentra desligada a lo estrictamente laboral de los académicos. Dentro de esta problemática se debe evitar que los estímulos económicos continúen sustituyendo a los aumentos salariales nominales.

Alberto Pulido A.

Nada sencillo ha sido el camino que el Consejo Universitario (CU) y su Comisión Especial para el Congreso Universitario (CECU) han sorteado para iniciar el proceso de reforma en la UNAM. En primer lugar, se enfrentaron a la desconfianza y a la falta de credibilidad que les tuvieron importantes sectores de la comunidad universitaria, los cuales habían salido muy golpeados, desgastados y desarticulados como producto de la huelga estudiantil del Consejo General de Huelga (CGH). Estaba claro: muy pocos creían que con ese ambiente de desconfianzas alguien pudiera hablar de transformación o de reforma universitaria.

Fue la CECU, órgano auxiliar del CU, elegidos la mayoría de sus miembros por voto secreto, universal y directo de los miembros de sus sectores, el que armó el rompecabezas y le dio dirección a la idea de la reforma en la UNAM. Cabe destacar que para encauzar las ideas reformistas, los representantes del sector administrativo en la CECU y demás integrantes académicos que habían participado en el Congreso del 90 jugaron un papel muy importante, el cual inclusive fue fundamental para llevar a la práctica el Diagnóstico de la UNAM, hoy conocido como Una visión sobre la UNAM. Aportaciones para el proceso de reforma, el cual hace unas semanas fue conocido por el CU.

Tal documento no es algo que la CECU haya inventado o que sea producto de la inspiración de mentes especializadas en temas reformistas; es el producto de una serie de trabajos que se iniciaron en octubre de 2002 y que pasaron por la realización de seminarios, debates, talleres de expertos, todos abiertos a la comunidad, mediante los cuales ésta se expresó libremente sobre temas fundamentales. Entre los que estaban las relaciones de la universidad con la sociedad, las funciones que viene desempeñando la UNAM en particular, hasta el cómo se encuentran desarrollando los diversos sectores de la comunidad universitaria. En otras palabras, el contenido del documento es la relatoría de lo que dijeron los que se interesaron en opinar sobre el papel que viene jugando la UNAM y hacia dónde debe ir.

En el Diagnostico se reafirman principios básicos como que la UNAM sigue siendo “el espacio educativo y cultural más importante del país” y se reconoce que esta siempre ha sido una instancia “clave para el desarrollo nacional y debe seguir siéndolo”, a tal punto que se le ha considerado “la conciencia crítica de la nación, y está entre sus tareas la de contribuir a fortalecer la identidad nacional”. Se ratifica la visión autonomista y el financiamiento al desarrollo de sus actividades sustantivas a través del financiamiento con recursos públicos.

Esos aspectos básicos le dan fortaleza a la UNAM, ya que son compromisos que de manera muy clara y abierta retoman las diversas generaciones de universitarios hoy presentes en la vida universitaria, los que se seguirán contraponiendo a ideas y conceptos de corte neoliberal que hoy viene manejando el gobierno federal. La comunidad universitaria de hoy ratifica la defensa de la universidad pública mexicana, de su gratuidad, su pluralidad y su carácter laico, producto todo ello de las experiencias históricas que ha vivido la sociedad mexicana.

Con los procesos económicos y comerciales globalizados, la educación se ha venido internacionalizando. Este fenómeno se aprecia en la “homogeneización internacional de los requisitos que establecen las instituciones universitarias para el ingreso y el egreso de los alumnos, como de los criterios de acreditación de las instituciones, los programas académicos y el profesorado”. Así, las instituciones de educación superior del mundo vienen incrementando también sus programas para llevar adelante las dobles acreditaciones “entre universidades… pertenecientes a distintos países”. Todo esto se ha dirigido a abrir el proceso de “liberalización del comercio de la educación superior, que vincula cada vez más la actividad educativa con los criterios de mercado”. Sin duda, este proceso de cambio tiene la tendencia a excluir a amplios sectores de las sociedades, de manera particular “países como el nuestro, así como de importantes áreas del conocimiento y de la cultura”.

En el Diagnóstico la comunidad universitaria opinó que a partir de la década de los 80 el estado mexicano ha privilegiado el desarrollo del mercado y la privatización de la economía por encima de su “papel rector en la promoción de la industria nacional”; esto sin duda ha afectado “las formas de gestión y financiamiento de las universidades, así como las normas de su vida académica y sus relaciones con la sociedad y con el propio Estado” Estas tendencias han afectado a las Instituciones Públicas de Educación Superior (IPES), las cuales han visto reducidas sus matrículas, de manera fundamental en licenciatura; cada vez el gobierno federal implementa más condicionamientos para cumplir con el financiamiento suficiente y oportuno de las IPES y lo hace también introduciendo “criterios cada vez más cercanos a la lógica del mercado”.

Se vienen marcando normas de evaluación, basadas en “criterios predominantemente cuantitativos del desempeño de las instituciones… para el otorgamiento de recursos financieros”, en varios casos estos se etiquetan y regatean. La falta de financiamiento ha restringido la incorporación de nuevas plazas académicas y de investigación, a las cuales para ser creadas se les viene exigiendo muchos requisitos.

Necesidades para la academia

En Una Visión sobre la UNAM… se tocan aspectos básicos de la actual problemática académica. Varios de estos ya se vienen abordando en el Claustro Académico de Reforma del EPA. Se reconoce que hoy es urgente “impulsar las acciones que conduzcan a mejorar la trayectoria y el desempeño de sus académicos”, para lo cual “la formación, actualización y superación del personal académico debe ser una prioridad de la institución”. Para alcanzar esos objetivos se deben “coordinar e incrementar los diversos programas existentes de apoyo para la formación pedagógica, la actualización disciplinaria, la obtención de títulos y los estudios de posgrado, y el manejo de idiomas, la informática y las nuevas tecnologías”. “Debe lograrse que estos programas respondan más eficientemente a las necesidades y demandas especificas del ejercicio de la actividad docente”.

En el documento se subraya que deben ser revisados “los requisitos académicos y de temporalidad, así como los derechos del personal académico, y promover su aplicación correcta y oportuna por parte de las autoridades unipersonales y cuerpos colegiados”. Sin duda, la academia no se encuentra desligada a lo estrictamente laboral de los académicos. Dentro de esta problemática se debe evitar que los estímulos económicos continúen sustituyendo a los aumentos salariales nominales.

La planta docente debe nutrirse de jóvenes; por el otro lado, debe resolverse “el hecho de que los montos de las pensiones son insuficientes para satisfacer las necesidades de vida de los académicos que quisieran optar por la jubilación. Debe diseñarse una política institucional de retiro y jubilación, paralelamente a otra de apertura de plazas”.

En muchas ocasiones se aprecia que sectores de académicos no se sienten vinculados al quehacer universitario. Para superar esa anomalía, en el documento se propone el establecimiento de “políticas y mecanismos que fomenten el sentido de pertenencia y el compromiso institucional de los profesores, que estimulen la integración y cohesión entre ellos y promuevan el trabajo colegiado”.

En este rubro académico no podrían faltar algunas propuestas para reformar el Estatuto del Personal Académico (EPA), insistiéndose en la adecuación de los perfiles de las diversas figuras que integran al personal académico; deben ser reconocidas y valoradas las trayectorias diversas de los académicos; urge “precisar y actualizar los requisitos, funciones, derechos y obligaciones del personal académico, así como los criterios y mecanismos de evaluación y contratación de cada una de las figuras y niveles”; debe revisarse la pertinencia de establecer la figura del profesor-investigador y “revalorar y rescatar las figuras de ayudante de investigador y de profesor”.
En relación a los criterios y procedimientos de evaluación, se pide que sean revisados para lograr una real justeza en la dimensión de las “tareas relacionadas con la docencia, la extensión, la difusión de la cultura y la divulgación de la ciencia, así como la participación en órganos colegiados y las labores académico-administrativas”. Se piden también sean definidas con precisión las actividades de tutoría y asesoría docentes y que los diversos programas de estímulos sean incorporados al EPA.

Solamente hemos abordado algunos asuntos muy ligados al que hacer académico, mas es necesario que sea leída y analizada con detalle esta Visión sobre la UNAM…, ya que pone en la mesa un enfoque particular de la problemática universitaria que hoy se viene debatiendo en espacios como lo viene siendo el Claustro Académico, que reformará al EPA, y la idea muy importante que hoy se viene manejando de las intenciones de sectores importantes de la UNAM, como el Consejo Universitario, el Rector de la UNAM, el STUNAM y la CECU, para arribar a la reforma del Estatuto General de la UNAM. Proceso que implicará poner a discusión temas como las relaciones de poder y de dirección en la Máxima Casa de Estudios, aspecto que por mucho tiempo fue tema prohibido por rectorados desde Soberón Acevedo.

Como se puede apreciar, en el Diagnóstico los universitarios que participaron en los llamados que realizó la CECU dieron sus puntos de vista y propusieron salidas a la problemática que hoy vive la UNAM. Al analizarlos queda clara la existencia de inquietudes, reclamos y exigencias de que las cosas deben cambiar o actualizarse. Esta Visión sobre la UNAM… hoy debe ser tomada muy en serio, ya que refleja una problemática viva y no inventada por pocas gentes; los universitarios que se expresaron por escrito son coparticipes en la elaboración de este Diagnóstico de la UNAM.

Así pues, no es para nada disparatado afirmar que hoy sí “Encuentra dirección el proceso de reforma en la UNAM”; mismo que según la CECU debe ser abordado en niveles como el académico, el de gobierno y el de la administración. Esto es, “aplicando reformas especificas, que deben contribuir a una transformación y adecuación de la Universidad a las circunstancias del contexto nacional e internacional, y a un mayor y mejor desarrollo de sus funciones sustantivas”.