Foro Histórico

Papel de los trabajadores universitarios en la lucha
por la reforma democrática de la universidad

Nicolás Olivos Cuellar*

Para que la Universidad realice su función social es imprescindible el trabajo del personal académico y de investigación y del personal administrativo. Aunque la distinción entre unos y otros responde básicamente a la distinta labor que cada uno de ellos efectúa dentro de la institución en general, se pueden y deben englobar en el denominador común de trabajadores universitarios ya que todos ellos cumplen tareas sin las cuales ésta no podría incluso existir.

Los primeros son portadores y encargados de transmitir el acervo cultural acumulado en la historia de la humanidad, de capacitar al estudiante en el manejo de la tecnología necesaria para el conocimiento y profundización de las ciencias, las humanidades y las artes; de desarrollar sus aptitudes para la investigación y para el cultivo multilateral de sus capacidades creadoras, así como de modelar su conducta social. En su más alta expresión en la investigación científica, humanística y estética son los encargados de poner el conocimiento universitario a tono con la hora que viven la sociedad y el mundo.

La actividad de los segundos podría definirse, en general, como auxiliar de la docencia y de la investigación ya que constituye el recurso logístico de apoyo necesario para que aquéllas se realicen. Sin el concurso de la labor administrativa y auxiliar de administración, las actividades docentes y de investigación carecerían de una base en que apoyarse.

De esta manera, el funcionamiento, los objetivos y la función social de universidad están íntimamente vinculados al trabajo que desempeñan los profesores, investigadores y el personal administrativo. En este sentido, también un cambio en la conciencia que todos ellos tienen de su papel dentro de la Universidad puede determinar la transformación de la Institución. Es obligada la reflexión acerca de esto, ya que hoy la no existencia de una clara conciencia al respecto permite que ésta se gobierne de forma autoritaria y antidemocrática, sin que se tome en cuenta el parecer de sus sectores mayoritarios: trabajadores académicos, administrativos y estudiantes.

En el caso de la UNAM, la estructura de gobierno corresponde esencialmente con la estructura de poder que existe en la sociedad mexicana. En ella se entretejen lo administrativo, lo académico, lo político y lo ideológico para determinar la integración de una burocracia universitaria que mantiene múltiples lazos con la burocracia política estatal, y que es su portavoz en el ámbito universitario.

Son estos segmentos burocráticos los que dictan las normas de gobierno universitario, establecen las modalidades de su vida académica, administrativa y cultural y los que han hecho de la Institución una especie de virreinato, donde el rector en turno ejerce el poder de manera omnímoda.

A éstos hay que agregar que la institución se mantiene en retraso respecto a las transformaciones democráticas que acontecen en otras universidades del país, donde los trabajadores universitarios juegan un importante papel en su gobierno. En la UNAM han sentado sus reales el inmovilismo y la persistencia de estructuras de gobierno que no corresponden al desarrollo alcanzado por el país, y menos aún a las proporciones e importancia que ella ha adquirido.

Es necesario terminar con esta situación a efecto de poner a la Universidad en camino de su transformación global. La lucha por un gobierno democrático de la Institución es parte importantísima de la lucha por transformar su función social y por ponerla al servicio de las clases explotadas y oprimidas del pueblo y de los intereses patrióticos y antimperialistas de la nación mexicana.

Los trabajadores hemos de poner en juego toda nuestra fuerza y organización para alcanzarlos.

Todos los universitarios debemos tener acceso a los órganos de gobierno de la Institución. Por esto planteamos su transformación democrática. Así, estudiantes y trabajadores universitarios no continuaremos marginados de la importante tarea que tiene la Institución, ni seguiremos siendo un apéndice de sus funciones. Podremos convertirnos, entonces, en actores principales de su conducción y en el determinio de sus fines sociales, administración, programas educativos y de su proyección social y cultural. Es ésta una tarea a largo plazo, en la que es necesario desde ahora ir dando los primeros pasos, es decir, promover las reformas necesarias para que los trabajadores universitarios y los estudiantes tengan paridad en el Consejo Universitario, así como convertir a éste en el máximo órgano de gobierno de la Universidad, desapareciendo la Junta de Gobierno, organismo obsoleto e innecesario.

En un tiempo relativamente corto el sindicalismo universitario se abrió paso y se ha afirmado en las universidades del país. La necesidad de defender los derechos pisoteados de este sector de trabajadores y de hacerlo sobre bases nuevas que excluyeran los vicios más negativos del sindicalismo charrificado y que hicieran real la participación democrática de los trabajadores en la conducción de su organismo sindical, han sido los factores que han determinado su surgimiento y le han dado fuerza y presencia política.

Precisamente la presencia de un sindicalismo democrático e independiente en la vida universitaria es uno de los elementos que inciden más positivamente sobre la Institución. Es a través de él como los trabajadores pueden ejercer más plenamente su papel transformador, como pueden hacer manifiesta su presencia organizada. El sindicato es el factor que aglutina, disciplina y coordina las voluntades individuales de los trabajadores y las hace converger hacia los grandes objetivos de reivindicación de sus condiciones laborales y de transformación democrática de la Universidad, en su doble valencia de centro de trabajo y de Institución de servicio social.

En función de esta dualidad de la entidad universitaria el sindicato estructura su acción estratégica y táctica.

Por cuanto la Universidad constituye nuestro centro de trabajo, los trabajadores universitarios estamos obligados a defenderla, engrandecerla y ponerla en condiciones de jugar mejor su papel. Para ello es necesario luchar decididamente contra todos aquellos que desde la Administración —funcionarios, directores, rector, etc.—, propician la corrupción entre los universitarios y el despilfarro de los recursos de la Institución; la comprometen con el régimen social vigente y la utilizan como respaldo a sus compromisos políticos con las esferas gobernantes. Los trabajadores no estamos contra las autoridades por ser autoridades. Hacerlo así, sería actuar simplistamente y en nada contribuiría a esclarecer el sentido de nuestra lucha. Por el contrario, estamos contra las autoridades que representan en la Institución los intereses ligados al sistema y al poder político del Estado. Los trabajadores consideramos que la administración debe estar a cargo de personas de reconocida capacidad académica, de probada honestidad y de manifiesta trayectoria democrática en lo ideológico y lo político. La lucha por una Universidad democrática también reclama el concurso de funcionarios democráticos.

Reconocer que en la Institución existen funcionarios que se identifican con los objetivos de reformar democráticamente a la Universidad o plantearse que en lo futuro un mayor número de éstos puedan acceder a los cargos de la Administración Universitaria, no implica ningún relajamiento de la vigilancia que los trabajadores deben ejercer permanentemente sobre el funcionamiento de la Institución, ni menoscabo alguno en la defensa irrestricta de los derechos de los trabajadores universitarios.

Por cuanto a que la Universidad es una institución de servicio tiene dentro del sistema productivo del país un lugar muy específico, No es un centro donde se genere plusvalía directamente. Pero, en tanto parte de su función social es la capacitación de los recursos humanos necesarios para el funcionamiento y desarrollo de la industria, la agricultura y los servicios, contribuye también de manera indirecta a la creación de tal plusvalía. Los trabajadores universitarios somos el vehículo de esta contribución, al generar o propiciar la transmisión de los conocimientos necesarios para la formación de la fuerza de trabajo que se capacita en las universidades.

Nuestra participación en el cumplimiento de este aspecto de las tareas universitarias es importantísima y reclama de nosotros el despliegue máximo de nuestras capacidades. Dos son los aspectos principales de esta participación: una de responsabilidad política, otra de responsabilidad social.

En primer lugar, siendo la universidad una institución de servicio con una función social específica, tenemos que pugnar porque cumpla más plenamente su cometido, por reorientar su función en consonancia con los intereses de las clases trabajadoras de dentro y fuera de la universidad, por hacerla marchar acorde con las necesidades de un México libre, independiente y emancipado socialmente. En suma, democratizarla en su función, contenido, alcances y forma de gobierno.

En segundo lugar, luchando los trabajadores por la democratización de nuestro centro de trabajo, tenemos que pugnar al mismo tiempo por elevar la calidad y eficacia de nuestra labor, por asumir plenamente la responsabilidad social que nos corresponde como trabajadores de una institución de cultura que requiere el cumplimiento consciente y disciplinado de las funciones que cada quien tiene encomendadas dentro de la misma.

La estructura actual de la institución, los males de que adolece no son en modo alguno estimulantes para el buen desempeño de las labores docentes y administrativas. Esto es totalmente cierto. Por eso el sindicalismo universitario, al reivindicar mejores condiciones laborales para los trabajadores, pugna al mismo tiempo por la transformación democrática de la institución. De la misma manera que la universidad requiere para su eficaz funcionamiento de responsabilidad y eficacia de sus trabajadores; estos requieren para el mejor desempeño de su labor, una universidad democrática.

Hoy día existen mejores posibilidades para alcanzar la meta que nos proponemos. Nuestras fuerzas son mayores y mejor organizadas, nuestros propósitos son más claros y tienen mayor eco en la opinión pública nacional. De ahora en adelante dependerá de la sagacidad con que encaucemos nuestros esfuerzos, de la serenidad y certeza con que tratemos nuestra táctica y de la decisión con que respaldemos nuestras acciones. Estamos en condiciones de integrar un amplío movimiento de reforma universitaria de alcances nacionales, que supere lo alcanzado hasta ahora.

El STEUNAM ha estado y seguirá estando dispuesto al diálogo con todas las corrientes, con todos los grupos. Independientemente de su estrategia revolucionaria, siempre en el afán de encontrar lo que nos identifica y de superar —discutiendo, analizando y cotejándolo con la práctica— lo que nos desune. Nos alienta en esta empresa el interés de unir fuerzas, de sumar aliados, de abrirle camino a la integración de un frente común de todos aquéllos que en el ámbito de la Universidad y fuera de ella combaten por la reforma democrática de la educación y por un futuro distinto para el país, libre de la explotación y de la opresión del hombre por el hombre.

· Discurso pronunciado en la inauguración de la Primera Reunión del Foro Universitario.