Temas a Debate

La democratización del mundo del trabajo
y los grandes problemas nacionales

La descorporativización y la democratización del mundo del trabajo en México pasan también, desde luego, por una transformación de los sindicatos, de las empresas y de las relaciones obrero-patronales

María Xelhuantzi López*

¿Qué son los “grandes problemas nacionales”?

Lo primero que hay que decir sobre los grandes problemas nacionales es que son aquéllos que tienen que ver con la viabilidad y con la sustentabilidad de la Nación. Nos importan a todos, nos afectan a todos. Son temas de dimensión histórica hacia el pasado, en el presente y hacia el futuro, que involucran y afectan al conjunto de la comunidad política.

No son por lo regular temas de moda, porque siempre han estado ahí, no son temas mediáticos, hoy que la política sucumbe fácilmente ante el mediatismo y el inmediatismo, porque no venden. Se les alude en todos los discursos políticos, a veces como parte de meros programas de acción o de plataformas electorales, se les convierte en slogans que a punta de ser repetidos se vuelven tan familiares y triviales que nos acostumbramos a ellos y tal vez, en el fondo, pensamos que no tienen solución.

Se les asignan calificativos de todo tipo, como por ejemplo como “la vergonzosa pobreza” o la “indignante desigualdad”. Lo cierto es que no son temas sencillos de abordar ni de desentrañar, por eso la política de mercado, de elecciones y de votos, prefiere sobrellevarlos y paliarlos antes que confrontarlos y darles soluciones de fondo, que pueden ser lentas, complejas y que conllevan un trabajo político muy fino y de más largo alcance, que no cualquiera puede y quiere asumir.

¿Cuáles son algunos de esos grandes problemas nacionales, que ponen cada vez más en entredicho la viabilidad y la sustentabilidad de la Nación mexicana? Quiero enlistar simplemente algunos de estos problemas en los que creo que no habría discrepancia, estos son: la desigualdad social producto de la concentración del ingreso y la riqueza, la pobreza no solo entre los desempleados y subempleados, sino también la pobreza de quienes trabajan, lo que inevitablemente nos remite al problema de los bajos salarios. El desempleo, desde luego, es un enorme problema nacional, al que muchos de ustedes por desgracia se enfrentarán pronto.

Otro gran problema nacional, que amenaza con volverse estructural, es el escaso o nulo crecimiento económico, el pobre desempeño de la economía nacional: también están la inequidad, los niños que trabajan, los jóvenes sin perspectivas de futuro, los ancianos sin seguridad social, y aquí me refiero a un sistema de seguridad social integral y eficiente, no a programas clientelares de corto alcance que no resuelven de fondo el problema de la seguridad social para una población que envejece rápidamente. Por último, la degradación de la política y de la convivencia política y la fragilidad de las instituciones, la injusticia, son también grandes problemas nacionales.

La lista es larga, todos la conocemos, forma parte de nuestra realidad cotidiana. En esta lista faltan otros problemas, sin duda, pero creo que nadie se atrevería a decir que alguno de los que he señalado no es un gran problema nacional, que de seguirse profundizando o simplemente sobrellevando, puede poner en riesgo la viabilidad misma del país.

No es un país viable aquél que no puede ofrecer oportunidades a sus jóvenes, empleo a sus adultos productivos, seguridad a sus ancianos, en especial a los que trabajaron toda su vida y aportaron a la riqueza del país, no es viable un país que arroja enormes contingentes de trabajadores a los Estados Unidos y que hace de sus remesas la segunda fuente más importantes de los ingresos nacionales. ¿Ustedes creen, que esto es un país viable?

A diferencia de lo que se hace en la política mediática e inmediatista, electorera, algunos politólogos elegimos otras opciones para pensar, problematizar y buscar alternativas y respuestas. Y aquí donde el mundo del trabajo nos ofrece explicaciones y opciones extraordinarias para pensar y resolver los grandes problemas nacionales.

¿Cuál es la importancia del mundo del trabajo para entender y analizar los grandes problemas nacionales?

El mundo del trabajo es un ámbito fundamental de y para las sociedades. El trabajo humano es la fuente primordial de producción de toda la riqueza social, del trabajo depende no sólo la existencia material de las personas y de las sociedades, sino también su existencia moral. El trabajo es la actividad social y humana por excelencia.

Grandes filósofos políticos como Hannah Arendt o Baruch Spinoza, por citar solo a dos, definen al trabajo como piedra angular de la condición humana. Arendt se refiere incluso a la “sociedad del trabajo”, señalando cómo la manera en como se estructuran y se organizan el trabajo en una sociedad, determina en mucho el tipo de sociedad de que se trata, su viabilidad e incluso su calidad moral. “El ser y el trascender” sociales gravitan en torno del trabajo, argumenta Spinoza.

De la filosofía política podríamos trasladarnos al ámbito de le economía, y en este sentido habría que decir que los economistas aún no encuentran otra fuente de riqueza tan importante como el trabajo humano. El trabajo humano es por excelencia generador de valor, es el principio de los procesos económicos.

En cuanto a la política, el trabajo es fuente de creación de instituciones sociales y políticas, que definen la naturaleza profunda del pacto social. Para entender esto simplemente habría que hacernos la pregunta: ¿qué esperan y qué merecen los individuos de su pertenencia a una sociedad, a una comunidad política? ¿Es el pacto social justo? ¿Ofrece garantías y seguridad a sus miembros? ¿Les retribuye la riqueza que generan, sus aportaciones al bien común?

En un lenguaje más sencillo, lo anterior equivale a preguntarse ¿los trabajadores están retribuidos con justicia, conforme a la riqueza que generan, al valor que producen, al bien común? ¿Está el trabajo suficientemente valorado en un país como México? ¿Es el trabajo uno de los ejes articuladores del pacto social? Podremos encontrar respuestas a estas interrogantes cuando entremos al análisis de las instituciones y del mundo del trabajo en México, y así comenzaremos a entender cómo problemas como la desigualdad, la injusticia, el pobre desempeño de nuestra economía, están en muy buena medida determinados por las características del mundo del trabajo en nuestro país.

En general, las instituciones que se generan en el mundo del trabajo son de carácter social y de carácter público-gubernamental. Este conjunto de instituciones y la forma en cómo estas se interrelacionan y tienen productos, son lo que define al sistema laboral. Las relaciones específicas del mundo del trabajo se denominan relaciones laborales.

Las instituciones principales del mundo del trabajo son, de una parte, las empresas, las unidades productoras de riqueza social, trátese de empresas productoras de bienes materiales o de servicios. En general, la empresa es el territorio donde confluyen el capital y el trabajo. De otra parte, están las instituciones del trabajo, de entre las que los sindicatos con las más importantes. En un tercer nivel tenemos las instituciones públicas gubernamentales. En general, estas son las tres piezas principales de todo sistema laboral.

Existen diversas opciones para el estudio de las relaciones laborales. Todas, al final de cuentas, coinciden en la importancia que éstas tienen para las sociedades, por las funciones específicas que se desarrollan en su interior, en especial las funciones de regulación. Por ejemplo, la Escuela de Warwick para el estudio de las relaciones laborales, en la que se encuentran autores como Harry Bravermann, Hyman o Schullion, sustenta que las relaciones laborales son parte sustancial de la estructura social. La Escuela de Wisconsin y autores como Dunlop, sostienen que las relaciones laborales son reguladoras de las relaciones sociales y de la propia sociedad.

En general, las diferentes escuelas, autores y enfoques que a lo largo del tiempo se han dedicado al estudio de las relaciones laborales, afirman que es en el ámbito de las relaciones laborales y en consecuencia, de los sistemas laborales, en donde se ejecutan funciones fundamentales de regulación en las sociedades. Dentro de la composición de piezas que integran al sistema laboral, los sindicatos son las instituciones que concentran una parte substancial de estas funciones regulatorias.

¿Qué es lo que regulan los sindicatos en sus interacciones con los demás componentes del sistema laboral, a través de las relaciones laborales? Fundamentalmente, los sindicatos regulan la desigualdad social, a través de la negociación y de la disputa constante por la renta, por el ingreso, por la riqueza social para ser distribuida entre los trabajadores. Tal y como Michael Crozier concluye, luego de revisar la relación existente entre la fuerza sindical y la distribución de la renta en Estados Unidos durante los años cincuenta y sesenta, a mayor fuerza de los sindicatos y desempeño de sus funciones originales, como la negociación colectiva, la representación de los trabajadores a partir del lugar de trabajo, la batalla ideológica, mayor equidad y justicia social.

De lo anterior es posible plantear una ordenación de cuáles son esas funciones originales que los sindicatos desempeñan en las sociedades. Aquí, de nueva cuenta, Crozier es un autor sumamente valioso. La primera función es, desde luego, la representación de los trabajadores, partiendo del lugar de trabajo, por lo cual lo que Crozier llama la representación ante el medio tecnológico sintetiza la idea de que el sindicato representa a los trabajadores en el sentido en lo laboral en su sentido más amplio, y de aquí proyecta su representación hasta lo político. De hecho, la representación laboral es la forma más auténtica de la representación política que el sindicato hace de los trabajadores.

Por lo mismo, el sindicato no puede dejar de representar a los trabajadores en lo laboral, ésta es su fuerza primaria y lo que ayuda a entender cómo, en países como el nuestro, las funciones de muchos sindicatos se han adulterado o corrompido al punto de incapacitar a la mayoría de ellos, para cumplir eficazmente la función de regulación de la desigualdad.

La negociación colectiva es, en sí misma, una segunda función esencial de los sindicatos, pero al mismo tiempo constituye el instrumento más importante para ejecutar la función de representación. La negociación colectiva es un fenómeno social, económico y político con numerosas implicaciones, resuelve conflictos a través del consenso, proporciona certidumbre, establece compromisos y es uno de los factores más valiosos del desarrollo productivo.

Es a través de la negociación colectiva que los sindicatos pueden pactar y en su caso demandar, con frecuencia mediante acciones de fuerza como las huelgas, la distribución de la riqueza generada por los trabajadores, misma que, de no existir el contrapeso de la acción colectiva de los propios trabajadores, el capital se apropiaría hasta el infinito, pues esta es su naturaleza.

La Escuela de Oxford en relaciones laborales, por ejemplo, sostiene que es sólo mediante la acción colectiva que los trabajadores pueden superar el carácter asimétrico de las relaciones individuales con el patrón, y que el carácter colectivo de la acción sindical constituye una forma indiscutible de poder social. La Escuela de Wisconsin, por su parte, subraya cómo la acción colectiva produce normas, regula los desequilibrios propios del mercado y estabiliza los conflictos de interés.

Sumado a los anteriores, mi punto de vista es que la negociación colectiva debe de ser vista como el proceso de construcción de micro pactos sociales y como mecanismo esencial que regula la desigualdad social y los desequilibrios de los mercados capitalistas.

Una tercera función del sindicato es la resistencia frente al capitalismo y la búsqueda constante de transformación social del orden injusto que éste supone. Esto convierte a los sindicatos en instituciones de protesta, de resistencia, de constante contrastación ideológica, en factores y en actores del cambio.

Hasta aquí, por lo pronto, es oportuno elaborar algunas conclusiones para ordenar nuestras reflexiones iniciales. A la luz de lo que hemos planteado, resulta bastante obvio que hay que buscar nuevas explicaciones para los problemas nacionales de desigualdad, de injusticia o de escaso desarrollo productivo y económico que caracterizan a nuestro país, y que una buena parte de esas explicaciones están precisamente en el mundo del trabajo.

Estoy segura que cuanto aquí han leído les ha sembrado la inquietud por entender mejor los mecanismos complejos de la desigualdad o de la injusticia. Algo en el capitalismo funciona mal, desde luego, pero algo en ciertos tipos de sistemas capitalistas funciona todavía peor, porque da lugar a situaciones sociales, económicas y políticas como las que existen en México.

Ninguna propuesta política que pretenda combatir la desigualdad o la injusticia puede evadir un cambio substancial en los mecanismos del mundo del trabajo. De esto hablaremos al final, pero ahora es momento de entrar a comprender mejor cómo opera el mundo del trabajo en México y por qué este puede ser considerado como uno de los más atrasados y antidemocráticos en el mundo.

Entendiendo al sistema laboral mexicano

El sistema laboral mexicano y las relaciones que en su interior se desarrollan, pueden caracterizarse como: corporativas, tutelares, oligárquicas y autoritarias.

El carácter corporativo del sistema laboral mexicano y de sus prácticas, se refiere básicamente a la sobreintervención y al control que el gobierno ejerce sobre los actores productivos, en especial sobre los sindicatos y sobre las propias relaciones laborales.

Esta sobreintervención tiene diversas manifestaciones, pero en especial conviene subrayar cuatro: la primera, el control del gobierno sobre la formación, el registro y la vida de los sindicatos, lo que limita las posibilidades de desarrollo de un sindicalismo autónomo, independiente y democrático; la segunda, la política histórica de contención salarial, que desde hace varias décadas se ha convertido en verdadera política de Estado y la tercera, la promoción desde el poder de modelos sindicales, entre los que sobresale el sindicalismo de protección. Finalmente, en cuarto lugar está la intervención de los partidos políticos, en particular de la figura del “partido oficial” en la vida de los sindicatos, fenómeno alentado desde el poder.

¿Por qué el sistema laboral mexicano es tutelar, en un sentido negativo? Este rasgo data de 1911, con la constitución del primer Departamento del Trabajo, que asumía el derecho de la autoridad de vigilar y conducir a las organizaciones de los trabajadores. El rasgo tutelar se consolidó en 1936, cuando la administración del Presidente Lázaro Cárdenas expidió los catorce puntos de política laboral, el gobierno se abrogó la función de “tutelar” a los trabajadores, suplantando así el papel representativo de los sindicatos.

El carácter oligárquico del sistema laboral mexicano se refiere al hecho de que las instituciones públicas del trabajo fueron desde sus orígenes y han seguido siendo diseñadas y controladas por los grupos económica y políticamente dominantes, por la oligarquía que ha fundido el poder político con el poder económico y que, más aún, ha utilizado el poder político como fuente de poder económico. Los políticos-empresarios, pues, que constituyen una categoría muy especial que ha reforzado los rasgos autoritarios del sistema laboral mexicano.

Y por último está, desde luego, el autoritarismo del sistema laboral mexicano. También aquí habría que decir muchas cosas, baste de momento señalar que el sistema laboral mexicano es uno de los más autoritarios en todo el mundo. ¿Evidencias de este autoritarismo?: la política de contención salarial, dictada desde las entidades financieras y reforzada por las autoridades laborales. La justicia laboral y el funcionamiento de las Juntas de Conciliación y Arbitraje.

Si recordamos en este momento algunos de los esquemas que describen los procesos de transición a la democracia, tendrán presente que uno de los modelos describe a la liberalización como una de las etapas previas y preparatorias del proceso de transición como tal. En el sistema político mexicano se han dado procesos de liberalización política importantes, por ejemplo en materia electoral, que han abierto oportunidades para el cambio democrático. El mundo laboral sigue siendo la gran excepción.

Aquí no sólo los grupos de la oligarquía político-económica no han tolerado, sino que han impedido y obstaculizado la liberalización política, poniendo todo tipo de trabas y restricciones al crecimiento del sindicalismo democrático en el país. ¿Cuál creen ustedes que es la razón principal de esto? La respuesta parece bastante simple. La razón es que históricamente, este sistema laboral oligárquico, corporativo, tutelar y autoritario les ha representado altas tasas de ganancia a costa de los salarios y de la precarización del trabajo en México.

El camino de la desigualdad y de la pobreza tiene aquí una de sus avenidas principales. Aquí están los factores estructurales de la concentración del ingreso y de la riqueza en México, de la pobreza estructural, esa que no se elimina con políticas clientelares ni electoreras. Aquí están también los factores estructurales del estancamiento productivo y económico del país, en la medida en que la cultura laboral, entendida como los valores y las propensiones de los actores productivos, no estimula su desarrollo ni su entendimiento.

¿Cuál puede ser el estímulo del trabajo si la remuneración es de antemano injusta e insuficiente? ¿Cuál el estímulo del capital para mejorar y competir, si sus tasas de ganancia estás aseguradas y protegidas por este sistema que inhibe la innovación y la productividad? ¿Cuáles pueden ser las motivaciones de los actores productivos para llegar a acuerdos, si ambos están de alguna u otra forma sometidos al arbitraje y la intermediación gubernamental?

Es en este momento cuando debemos de decir que la pobreza y la desigualdad en México son problemas estructurales que pueden comenzar a revertirse mediante políticas de fondo, estructurales, integrales, que pasan necesariamente por la democratización del mundo del trabajo.

La democratización del mundo del trabajo

La democratización del mundo del trabajo en México supone, ante que todo, desmantelar los controles y la sobreintervención gubernamental en la vida laboral para permitir el desarrollo positivo de los actores productivos, en especial del sindicalismo y de la negociación colectiva.

Es, en este sentido, que la descorporativización del sistema laboral es un imperativo para dicha democratización. Me parece que con base en lo que hasta ahora hemos revisado, queda claro que esta descorporativización del sistema laboral mexicano tiene diversos componentes; no sólo se trata, por ejemplo, de eliminar la afiliación colectiva de los sindicatos a un partido político. Si bien esto último es sin duda importante, de poco sirve si en sustitución de dicha afiliación colectiva se generan nuevas formas de intromisión o de control de los partidos políticos sobre la vida de los sindicatos.

El tema de cuáles y cómo deben de ser las relaciones de los sindicatos con los partidos políticos es uno de varios implicados en la descorporativización del mundo laboral mexicano. De acuerdo con los niveles de análisis que hemos revisado hasta ahora, existe sin embargo un tema todavía más importante, que es, como señalé hace un momento, el desmantelamiento del control y de la sobreintervención del gobierno sobre la vida laboral y en particular sobre los sindicatos.

Este desmantelamiento parte de evolucionar la política de control salarial, liberalizándola y dejándola en el ámbito de la negociación colectiva, que es a donde corresponde. También está eliminar las facultades gubernamentales en cuanto al registro y reconocimiento de sindicatos y en todo el campo de la conciliación y el arbitraje. De hecho, lo que la democratización del mundo del trabajo en México exige es todo un proceso de reinstitucionalización y de reinstitucionalidad, esto es, evolucionar y eliminar las viejas instituciones autoritarias y corporativas y crear las condiciones para fundar nuevas instituciones y nuevas reglas del juego en el mundo del trabajo.

Estas nuevas instituciones serán democráticas solo en la medida en que se sustenten no sólo en principios democráticos, sino en una funcionalidad democrática que permita erigir las piedras angulares para el funcionamiento de la democracia, esas que ustedes conocen bien pues están en el corazón de la historia política y de la filosofía política clásica y neoclásica que: son la igualdad, la libertad y la fraternidad de los revolucionarios franceses, es el contrato social rousseauniano, es el poder equilibrado y compartido de la revolución americana, son los controles y contrapesos al poder absoluto y despótico de la revolución inglesa, son las instituciones justas de clásicos contemporáneos como Otfried Höffe.

La descorporativización y la democratización del mundo del trabajo en México pasan también, desde luego, por una transformación de los sindicatos, de las empresas y de las relaciones obrero-patronales. De hecho, es en el ámbito sindical en donde, a pesar de todo, nuestro país ha tenido los esfuerzos más importantes de democratización y de cambio que se hayan dado en el mundo laboral.

Existen en México, a no dudarlo, sindicatos de primer mundo, que no sólo se han mantenido deliberadamente al margen de las presiones partidistas y gubernamentales propias del corporativismo, sino que han evolucionado sus prácticas internas, obrero-patronales y contractuales hasta niveles muy avanzados, desde por ejemplo el voto universal, directo y secreto para la elección de sus dirigentes, hasta convenios de productividad que podrían ser la base de nuevos esquemas salariales en México.

Pero lo cierto es también que estos sindicatos no constituyen aún la hegemonía dentro del movimiento sindical mexicano, son todavía experiencias más bien escasas, en algunos aspectos aisladas, que deben de luchar a contracorriente en un ambiente político que les es desfavorable y en el que, desde el poder, difícilmente han encontrado aliados que estén dispuestos a asumir los retos de la democratización del mundo del trabajo, con todas las complicaciones pero también con todas las oportunidades que esto representa para consolidar un cambio democrático profundo y duradero, que resuelva de manera estructural y no sólo coyuntural o electorera los temas de desigualdad, de pobreza, de inequidad, de escaso desempeño económico a los que hemos clasificado como “grandes problemas nacionales”.

* Doctora en Ciencia Política. Profesora Titular en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Texto basado en la Conferencia Magistral dictada el 30 de mayo de 2005 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.