Reforma Universitaria

Sindicato y universidad, un binomio necesario

Alberto Pulido A.*

La presencia del sindicalismo en la UNAM ya ha cumplido 76 años de edad. Irrumpió en el escenario político poco después de haberse aprobado la autonomía universitaria; su lucha desde 1929 se dio por pedir su reconocimiento y por la firma de un Contrato Colectivo de Trabajo.

Fue hasta 1980 cuando se plasmó en la ley su reconocimiento, no sin antes haber cursado dos huelgas, la de 1972-1973 que obtuvo la firma de un Convenio Colectivo de Trabajo para el sector administrativo; la de 1975, que conquistó un CCT académico, la lucha en contra de la propuesta del rector Guillermo Soberón, de adicionar un apartado C al Artículo 123 constitucional que en su propuesta limitaba la presencia de los sindicatos en las universidades públicas, y la histórica huelga de 1977 que dio vida al STUNAM como sindicato de institución.

Durante estos 76 años de luchas sindicales se dieron en el interior de la UNAM, así como en otros círculos políticos externos a la institución, fuertes discusiones sobre el papel positivo o negativo que jugaba o debería jugar el sindicalismo en las instituciones de educación superior, y de manera particular en la UNAM, instancia donde surgió éste.

El propósito de este artículo es recordar ideas en torno al tema; es realizar un recuento de puntos de vista de especialistas, dirigentes, autoridades y articulistas que he subrayado de lecturas y de números atrasados de Foro Universitario. Es necesario hacerlo ya que hoy en día tenemos una gran mayoría de presencia en la UNAM de nuevas generaciones de trabajadores, los cuales no siguieron esas ideas. Hoy debemos sacarlas a la luz, pues forman parte del rico patrimonio que tiene nuestra organización sindical.

El sindicato en la UNAM un paso muy estimable (Wenceslao Roces).

“…la constitución del sindicato universitario representa sin lugar a dudas un paso muy estimable y de avance en lo que respecta a la función social de la UNAM, pero me parece también que el sindicato universitario se está dejando acorralar en una órbita puramente económica, obrerista, y perdiendo de vista los problemas centrales de la universidad.

“Para mí un sindicato universitario no puede ser un sindicato obrerista corriente; ha de ser un sindicato que se preocupe por los problemas de la cultura y por la función real que la universidad desempeña en relación con esta cultura.

“Debe analizar, examinar y discutir, de una manera crítica, el rendimiento de las distintas enseñanzas en la universidad. Este es uno de los ‘peros’, de las deficiencias que yo encuentro en la trayectoria del sindicato” (Entrevista de Alfonso Simón Pellegrí. Foro Universitario, marzo de 1981).

Las universidades son nuestros centros de trabajo (STUNAM, 1981).

“Los trabajadores universitarios no podemos ser indiferentes a la situación de la educación superior. Las universidades son nuestros centros de trabajo y, en tal virtud, nos preocupa su desarrollo. Como trabajadores que deseamos estar comprometidos en la construcción de un país mejor, tenemos una gran responsabilidad en la orientación de la educación superior. Creemos que el sindicalismo universitario además de procurarnos mejores condiciones laborales, debe ser una palanca que consiga que las universidades trabajen y crezcan de acuerdo con las necesidades nacionales y no, como ocurre frecuentemente, de espaldas a los problemas de nuestro país” (Resolutivos del III Congreso General Ordinario del STUNAM, 1981).

No somos desquiciadores de la educación superior (Eliezer Morales, 1976)

“…la educación superior tiene muchos problemas pero, definitivamente, los universitarios agrupados en las organizaciones sociales de las distintas universidades de este país, rechazamos el que se nos trate de convertir en reos de esa cultura. Hay aquí, en las universidades, quienes han enajenado efectivamente la cultura nacional, hay quienes han puesto la enseñanza y la investigación en manos de intereses ajenos allende a las fronteras. Hay quienes han orientado la enseñanza dirigida a grupos minoritarios, y esos no hemos sido los universitarios progresistas, no han sido las organizaciones sindicales” (Foro Universitario, número 6 de noviembre de 1976).

En la UNAM se han superado muchos ordenamientos laborales (Alberto Trueba Urbina, 1976)

“El examen cuidadoso de los acuerdos y convenios de que se trata, celebrados entre la UNAM y su personal administrativo y académico, revela claramente el establecimiento de algunas cláusulas que superan los textos constitucionales, laborales y estatutos universitarios. Consiguientemente, no sólo en la teoría, sino en la práctica social, se contempla el nacimiento de un nuevo derecho del trabajo de carácter contractual, en nuestra Universidad, como ya se dijo: el objeto es mantener el equilibrio y la justicia social en las relaciones universitarias de naturaleza laboral. Este nuevo derecho del trabajo tiene mayor fuerza que la propia ley, porque es consecuencia directa de la lucha de clases y del derecho social que ilumina y fecunda estas relaciones, para el mejor desarrollo cultural de la UNAM y de su proyección social en la República” (Foro Universitario, número 2 de julio de 1976).

Los sindicatos no deben defender a faltistas (Gilberto Guevara Niebla, 1990)

“Se tiene, como lo ha planteado el STUNAM, la necesidad, si queremos salvar a la universidad pública, de que no se defienda a los faltistas, que se evalúe el trabajo, que haya una distribución, un reconocimiento objetivo de los méritos en el trabajo, que se gratifique y se castigue de acuerdo a la actividad en el trabajo; castigue, estoy hablando no en el sentido punitivo sino peyorativo, entonces se necesita dar ese salto que es una cosa muy difícil dada la inercia histórica que traemos, las conductas de la gente, el relajo, el cotorreo, los cuates, las comunidades de profesores, de trabajadores administrativos, en fin, es un enorme desorden no sólo de la universidad, del país” (Tomado de una entrevista aparecida en Nuevo Giro, Guadalajara, Jal., México, marzo-abril de 1990).

El surgimiento del sindicalismo universitario fue todo un hito (Jorge Basurto, 1997)

“El triunfo de esos movimientos sindicales universitarios… fue sin duda un hito en la historia, y ese es su mérito, como lo es igualmente el de los que prosiguieron la batalla hasta llegar a las elecciones de 1988, al fortalecimiento de la oposición encarnada en el Partido de la Revolución Democrática cuando el de Acción Nacional capitulaba y, finalmente, al estallido de Chiapas al comenzar 1994” (Jorge Basurto. Los movimientos sindicales en la UNAM. UNAM, 1997).

El sindicalismo universitario debe erradicar sus propios vicios (Carlos Pereyra, 1986)

“…el sindicalismo universitario surgió en un contexto nacional marcado por la falta de espacio para la acción política de la izquierda. Nació, además, en contraposición a la burocracia universitaria renuente a reconocer los derechos laborales de los trabajadores y en conflicto con núcleos cerriles del personal académico donde predominaban creencias primitivas respecto a una supuesta incompatibilidad de vida universitaria y actividad sindical. Con el paso del tiempo, y avanzado ya un buen trecho en la institucionalización del sindicalismo en las universidades, es preciso que los organismos laborales impulsen una campaña sistemática para erradicar sus propios vicios, El sindicalismo, por ejemplo, no puede operar como obstáculo al desarrollo de los centros educativos y a su buen funcionamiento” (La Jornada, 27 de junio de 1986).