Reforma Universitaria

Deserción escolar en nivel básico:
la mirada de los que se quedan

Es cada vez más notorio en un mundo globalizado que requiere gente preparada, sociedades competitivas y Estados autónomos e independientes, que en nuestro país la escuela no está cumpliendo con sus cometidos

Arroyo Chávez Isabel Mariela
Pérez Flores Ana María
Quijada Grimaldo Raquel
Romero Galván Lilia*

Planteamiento

Ladeserción escolar es un fenómeno que se presenta en las instituciones educativas. La frecuencia con que se presenta puede variar, pero es prácticamente un hecho constante en la vida de las escuelas el que uno o más de sus alumnos no concluyan sus estudios y dejen de asistir a ellas. Esto significa en muchos casos la pérdida de la oportunidad de obtener una educación formal íntegra, o por lo menos, un aplazamiento para recibirla.

En cualquier caso, representa un atraso en la consecución de los objetivos de la educación de un país, por lo que buscar el entendimiento de las causas que provocan que un alumno interrumpa sus estudios y deserte de la escuela puede permitir la formulación de propuestas y la realización de acciones para reducir este problema a su mínima expresión, o bien evitar que se manifieste.

A través de la escuela, la sociedad encuentra un medio para reproducirse; el Estado se sirve de las instituciones educativas para ejercer acción y prestar servicio al mismo tiempo; es el camino para la integración y el ascenso social; en fin, la escuela puede y debe ofrecer a los individuos, a la sociedad y al Estado grandes servicios, necesarios para el desarrollo de cada una de estas entidades.

Sin embargo, es cada vez más notorio en un mundo globalizado que requiere gente preparada, sociedades competitivas y Estados autónomos e independientes, que en nuestro país la escuela no está cumpliendo con sus cometidos, entre otras cosas, porque con cada ciclo escolar se presentan sin falta casos de alumnos de todos los niveles educativos que antes de terminar el ciclo dejan de asistir e interrumpen sus estudios.

Delimitación

En el nivel de educación secundaria, la deserción representa la pérdida de una formación escolar completa para los adolescentes que interrumpen sus estudios porque no mantienen la continuidad de los tres ciclos escolares que constituyen este nivel educativo. Un artículo del periódico El Financiero, publicado el 10 de mayo de 2005, señala a la deserción escolar como un factor de marcada importancia que contribuye al bajo nivel de competencia en relación con otros países; y que es en secundaria donde el problema es más grave: “Datos del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE) refieren que [...] entre los jóvenes de 13 a 15 años, casi 28 de cada cien no asisten a la secundaria”.(1) Datos del INEGI muestran que en Estado de México, específicamente, serian 19 de cada 100 jóvenes de 13 a 15 años que tampoco asisten a la escuela lo que corrobora que el problema es alarmante.

En la escuela secundaria federalizada “David Alfaro Siqueiros”, turno matutino, ubicada en la colonia Santa Águeda, en San Cristóbal Ecatepec, México, la deserción constituye un problema que requiere atención especial, por lo que en este caso una investigación acerca de este fenómeno en alumnos de las generaciones 1999-2002, 2000-2003, 2001-2004, particularmente en lo concerniente a aquellas causas, motivos y circunstancias que se encuentran detrás de la deserción, puede permitir un mejor conocimiento de la situación, y por ende, el hallazgo de alternativas de solución a la misma.

El punto de partida para el análisis del fenómeno de la deserción escolar es la mirada de los alumnos que se quedan, es decir, de aquellos que continúan sus estudios y que ven partir a sus compañeros para ya no regresar a clases. Con frecuencia se oye decir o se lee en informes y reportes los puntos de vista de padres y maestros con respecto al porqué los jóvenes abandonan sus estudios; sin embargo la visión de quienes compartieron con ellos la experiencia de ir a la escuela y asistir a clases podría confirmar o refutar lo que los adultos han comentado acerca del problema.

Justificación

La deserción es causa de conflictos, y las variables que se sabe que en ella intervienen son la reprobación, el maltrato psicológico y la inadaptabilidad. La baja autoestima, desempleo, adicciones, vandalismo y vagancia, escaso nivel cultural, disminución de la población de alumnos en la comunidad escolar, por mencionar los más significativos, son problemas que tienen su origen, entre otras causas, en la deserción escolar; y que guardan también estrecha relación con el ambiente social creado por un modelo económico que favorece el enriquecimiento de unos cuantos a costa de la explotación del esfuerzo y sacrificio de muchos.

Entender los factores involucrados en el origen de la deserción según la perspectiva de quienes siguen estudiando puede proporcionar una visión más definida acerca de qué provoca que un alumno interrumpa sus estudios escolares y se separe de la escuela, permitiendo así formular propuestas para reducir el índice de deserción, particularmente en la escuela anteriormente citada.

En dicha escuela, se encontró que el número de alumnos que desertaron a lo largo de tres generaciones, en términos generales, se ha mantenido, como lo indica el presente cuadro:

GENERACIÓN INGRESADOS EGRESADOS DESERTORES PORCENTAJE
1999-2002 
185 
150
35
18.91%
2000-2003   
195
  166  
   29    
14.87%   
2001-2004   
248
  213
    35    
14.11%   

En términos porcentuales, puede observarse que la deserción disminuye; sin embargo, en números absolutos no hay una disminución sino que el número vuelve a ser el mismo en la primera y la tercera generación. Esto puede significar que las estrategias de retención no han logrado disminuir significativamente este rezago; por esta razón resulta importante revisar el fenómeno de la deserción, ya que es necesario diseñar tácticas efectivas que logren retener la población escolar que ingresa.

Hipótesis

Existen planteamientos de diversos autores que explican la interacción de determinados factores sociales e individuales que en determinado momento pueden llevar a que a un alumno deje de asistir a la escuela. Por ejemplo, Ph. Perrenoud explica: “las conductas desviadas, reprimidas con regularidad, marginan al alumno, lo excluyen de la comunicación y del trabajo escolar, de ello se refieren pésimos resultados escolares, que a su vez provocan nuevas conductas desviadas y la deserción.”(2)

Con respecto a las relaciones entre maestros y alumnos, Inés Castro expone que “La presencia de diversos esquemas culturales dentro del ámbito escolar, dificulta la interacción dinámica de los sujetos a partir de un lenguaje simbólico compartido. Con frecuencia, los esquemas culturales presentes en las escuelas –el del maestro y el del alumno–, son incompatibles. Esto hace que la relación pedagógica se ritualice, llevándose a cabo un sinfín de actos formales carentes totalmente de significación”(3), por lo que con ello se fomenta el desinterés y la falta de motivación para asistir a la escuela.

Entonces, la sucesión de distintos eventos tales como conductas negativas en el joven, problemas económicos en la familia de un alumno, el maltrato entre compañeros, las exigencias disciplinarias de los maestros, el desinterés por aprender; pueden desencadenar, en un momento dado, el fenómeno de la deserción, por lo que la hipótesis para explicarla es la siguiente: La deserción escolar es una construcción social, originada por la intervención de factores individuales y sociales.

Objetivo general

De acuerdo con el artículo 3º constitucional, todo individuo tiene derecho a recibir educación. Y el Estado tiene el deber de organizarla en un sistema eficiente, y en el caso del nivel básico, de determinar sus planes y programas de estudio. Pero para decidir la organización y aplicación de dichos planes y programas se requiere conocer, entre otros factores, las problemáticas presentes para establecer estrategias y soluciones adecuadas. Es por ello que el principal objetivo de este estudio es analizar las causas, motivos o circunstancias por las cuales ocurre la deserción escolar en el caso de la escuela secundaria federalizada “David Alfaro Siqueiros”, turno matutino.

Objetivos particulares

· Recalcar motivos para la profesionalización de los docentes. La persona del docente y su trabajo cotidiano, no solamente presupone una serie de formulismos y programas para preparación específica para que su quehacer se desarrolle, sino que también implica un compromiso personal de superación y mejora profesional, y una conciencia clara de la influencia que tiene su trabajo en el desarrollo de los jóvenes. Reconocer con claridad cuál es el papel del docente en la deserción proporciona un fundamento para insistir en su actualización constante y el perfeccionamiento de su labor profesional.

· Reconocer y subrayar las relaciones afectivas entre maestros y alumnos. Sachs explica que “es un problema urgente [...] en nuestros días, ya que es hacer posible que cada adolescente goce de una relación de asesoramiento constante con algún adulto [...], el adolescente que busca la independencia, sin embargo, al mismo tiempo necesita depender de alguien; no elige a sus padres como consejeros. No obstante, su capacidad para efectuar elecciones y decidir es sumamente limitada, y necesita mucha ayuda desde los doce hasta los diecisiete años”.(4) El docente, como adulto, tiene la oportunidad de ofrecer a sus jóvenes alumnos un ejemplo a seguir, además de ser un potencial consejero y guía en las decisiones de un adolescente que requiere orientación que complemente o compense la recibida por sus padres.

· Destacar y promover la práctica de los valores éticos. El Artículo 3º constitucional establece que la educación debe fomentar el amor a la Patria, la conciencia de solidaridad internacional, la independencia y la justicia. Estos principios se sustentan en valores como la verdad, la equidad, el orden. Cuando no se viven ni se hacen presentes en la actividad cotidiana de la escuela, se presentan problemas en las actitudes de las personas y las relaciones entre sí.

· Distinguir y resaltar el valor del trabajo colaborativo entre docentes, padres de familia, alumnos y sociedad. Un avance importante en cuanto a atender a los alumnos en riesgo de deserción, de reprobación y para la comunidad escolar en general, sería que las escuelas trabajaran en común con otras instituciones abocadas a la infancia. Esto podría ser posible si el director y los maestros, organizados colectivamente, se preocuparan por conocer otras agencias gubernamentales o no, que trabajen en su comunidad o cerca de ella, y lograran la elaboración de convenios y programas de colaboración mutua, y en fin, utilizaran todos los recursos a su alcance para hacer efectivo y exitoso el servicio educativo.(5)

DESERCIÓN ESCOLAR EN NIVEL BÁSICO: SECUNDARIA

Desertar es abandonar. Es alejarse, separarse, huir. Un alumno que deserta de la escuela entonces se aleja, se separa, huye de la misma y de sus deberes. ¿Exactamente de qué y porqué lo hace? Una encuesta aplicada a alumnos de la secundaria ya mencionada ha arrojado algunas pistas interesantes para encontrar la respuesta a tal interrogante. Sin embargo, antes de entrar en el análisis de los resultados de dicha encuesta, es preciso hacer algunas precisiones.

La deserción, de acuerdo con lo expuesto en el 2º Informe de Gobierno de la Presidencia de la República, a cargo de Vicente Fox Quesada, es el porcentaje de alumnos que abandonan el ciclo escolar o que son expulsados antes de terminar algún grado o nivel educativo. El término deserción ha sido tomado del lenguaje militar y denota el acto voluntario de abandonar un deber u obligación, y que por lo tanto, amerita un castigo.

Si se plantea la cuestión de que la deserción de un alumno es un accidente social, una casualidad que ocurre a consecuencia de la intervención de ciertos factores, tanto individuales como sociales, significa que puede prevenirse y así evitar que un alumno deje de cumplir con sus deberes de estudiante y abandone la escuela. Así pues, a través del breve estudio de los datos expuestos a continuación podrá hallarse la respuesta a la cuestión planteada.

Se aplicó un cuestionario a un total de 81 alumnos(6), de los cuales el 58.02% son mujeres y el 41.98% son hombres. La mayor parte de los alumnos son de primer grado, cuyas edades oscilan entre los 12 y 13 años, aunque también se incluyen alumnos de segundo y tercer grado en menor proporción. En términos generales, las características de la población de alumnos encuestados son las siguientes: en su mayor parte viven en casa sola propia, y llevan en promedio cinco o más años de residir en ella. Se cuenta con los servicios básicos en la comunidad donde residen, así como con los elementos mínimos para realizar sus estudios en casa.

A los encuestados se les preguntó acerca de ex compañeros que desertaron de la escuela en donde estudian. Se procuró que fueran alumnos que tuvieran una relación cercana con alguien que hubiese desertado, a fin de que pudiesen dar la información más fidedigna posible. A partir del análisis de las respuestas que se dieron a las cuestiones que se les plantearon se obtuvieron los siguientes resultados:

El 49.3% contestó que sus compañeros salieron del escuela durante el primer grado; el 27. 16%, que desertaron en tercero; y el 23.46%, que dejaron de asistir en segundo grado. Estos datos corroboran que en el primer año de secundaria ocurre más deserción, situación que es conocida en el ámbito educativo. De acuerdo a los resultados de la encuesta, el 38.27% de los alumnos que desertaron son varones, y el 29.63% mujeres. Cabe hacer la aclaración de que 26 de los encuestados (32.09%) respondió que son tanto hombres como mujeres los que desertaron, por lo que no fue posible establecer con exactitud el total de varones y de mujeres que dejaron de asistir a la escuela.

Con relación a las causas por las cuales los alumnos encuestados creen que sus compañeros ya no van al escuela, en primer lugar manifiestan que tenían problemas con los maestros (46. 91%); en segundo término, por problemas económicos (44. 44%); y en tercer lugar, porque sus padres los sacaron del escuela (24. 69%) (es probable que las dos primeras situaciones sean a su vez causa de la tercera, lo que podría corroborarse en un estudio aparte).

En cuanto a las relaciones entre maestros y compañeros que desertaron, los jóvenes contestaron en primer término que los profesores tenían consentidos (33. 33%); en segundo lugar que los trataban con indiferencia (32. 10%); y en tercer lugar les decían que no eran buenos estudiantes (30. 86%).

Estos datos son congruentes con la información obtenida acerca de las causas por las que los jóvenes desertan: un trato indiferente, discriminatorio, genera problemas en las relaciones entre alumnos y profesores. Esto quiere decir que la forma en que los maestros tratan a los alumnos influye significativamente para que éstos dejen de asistir, pues se provoca desánimo e inseguridad para continuar con los estudios. Los maestros se forjan una especie de ideal sobre como deben ser los alumnos, y quienes no encajan en dicho ideal se vuelven el objeto de lo que Goffman llama estigmatización: “El término estigma será utilizado, pues, para hacer referencia a un atributo profundamente desacreditador”(7).

De acuerdo con los encuestados, a los compañeros que ya no van les daba igual ir a la escuela (37%). Sin embargo el 35. 8% contestó que les parecía divertido asistir, aunque el 23. 4% respondió que era aburrido, y otro 23. 4% más, que no aprendían. Esto parece reforzar la idea de que el trato de los maestros marca la diferencia para mantener o perder el interés por asistir a la escuela.

En lo concerniente a algunas conductas de los jóvenes que dejaron de ir a la escuela, los encuestados destacan en primer lugar que faltaban mucho a la escuela (46. 91%); sin embargo, eran sus amigos (41. 98%) y jugaban con ellos en la escuela (25. 93%). También señalan que se caracterizaban por no entrar a clases (24. 69%), y al momento de responder la encuesta sólo el 20. 99% contestó que los ex compañeros seguían siendo sus amigos.

En menor proporción, 17.28% de los alumnos afirmó que salían a jugar con los compañeros que ahora ya no van, y el mismo porcentaje indicó que los jóvenes que ya no van golpeaban a sus compañeros. Esto significa que una mala relación entre compañeros es un factor importante para analizar las causas de la conducta violenta. Un alumno que es excluido a través de un trato indiferente y discriminatorio, se rebela de varias maneras; entre ellas, la agresión y el trato violento en contra de quienes considera lo estigmatizan y lo marginan.

Acerca de las asignaturas que gustaban a los alumnos que dejaron de asistir, los encuestados señalaron en primer término Español (53. 09%), seguida de Educación Tecnológica (46. 91%), Educación Física (45. 68%) y Educación Artística (43. 21%). Estos datos podrían dar un indicador en relación con ciertos aspectos en particular: los maestros que se llevan mejor con sus alumnos al darles un trato respetuoso y considerado, y que así se ganan el mismo respeto y preferencia de los jóvenes; o bien, las asignaturas que ofrecen temas interesantes para aprender porque los propios maestros así las presentan a sus alumnos. También se puede considerar el hecho de que ciertas asignaturas, en su dinámica de trabajo, representan más una oportunidad de relajación y distracción que una carga para los estudiantes.

A partir de los datos arrojados por la encuesta, puede inferirse que existe una relación significativa en el trato que los maestros dan a sus alumnos y el interés que éstos tienen por asistir a la escuela a pesar de los problemas que pudieran tener con sus familias. Qué es lo que hace a un alumno separarse de sus compañeros y amigos, alejarse de la posibilidad de obtener una formación íntegra y abandonar un camino ya iniciado reside en la intención de huir de un trato indiferente, discriminatorio y carente de motivación que en definitiva no ayuda al joven a encontrar en la escuela motivos y apoyo para superar sus propios problemas personales.

El favoritismo, la discriminación y la indiferencia de los profesores hacia la condición humana y personal de cada alumno forman parte de una actitud de exclusión, relegando y expulsando a los no aptos para estudiar. Como lo explica Lourdes Bueno: “desde el propio sistema se crean las estrategias para la expulsión de los que considera no educables, mecanismos de exacerbación de las desigualdades que, sumados a las condiciones de pobreza, funcionan como expulsores de la población vulnerable”(8).

CONCLUSIONES

Una revisión a las respuestas que dieron los encuestados sobre lo que significa para ellos la disciplina revela lo que Pierre Bourdieu da en llamar el proceso de obrerización o fabriquización(9): para los alumnos disciplina es cumplir en primer término con el reglamento, enseguida trabajar en clase y después obedecer lo que el maestro diga. Para un adolescente lleno de energía y ávido de emociones, con disposición para cuestionar a la autoridad y en búsqueda de su propio criterio, esto significa renunciar a parte de su naturaleza para integrarse y adaptarse a las exigencias de una institución que a su vez lo transforma y adapta para ser parte de una sociedad.

Los resultados arrojados entonces demuestran que la labor educativa que se realiza en la escuela ya mencionada, como ejemplo de lo que ocurre en el nivel educativo al que pertenece, y donde se aplicó la encuesta, constituye un proceso inmerso en estructuras, que a través de acciones educativas realizadas por los profesores, estructuran a los nuevos miembros de la sociedad y al mismo tiempo mantienen el statu quo con el fomento de hábitos expresados en normas, leyes, tradiciones y jerarquías. Si este proceso se repite en todas las demás instituciones que conforman el sistema educativo nacional, la exclusión de los no aptos es un fenómeno presente y constante en la educación escolar, y no un evento inesperado.

En este sentido, el trato de los maestros hacia los alumnos es parte de los hábitos estructurantes de la propia estructura sobre la que se sustenta la sociedad. La obediencia a las normas, el cumplimiento de las reglas y el reconocimiento de una autoridad que decide qué sí y qué no, constituyen condiciones que se aprovechan y manipulan la necesidad de todo ser humano de pertenecer a un grupo social. En el caso de los adolescentes de secundaria, esta necesidad se intensifica por la búsqueda de su propia identidad y su propio criterio, lo que bien puede ser utilizado en la escuela para llevar a los alumnos por un camino en específico: el del orden.

Los alumnos entonces, piensan que deben adoptar todos los valores y mandatos de los adultos (maestros y padres), y que deben pensar y actuar a razón de los mismos. Esto conlleva a que su personalidad e identidad sea aniquilada, o cuando menos, moldeada. Ante este proceso, de entre los alumnos aparecen jóvenes que repudian los mandatos, convirtiéndose en rebeldes totales, y descartan todo valor a favor de la escuela, ya que han equiparado la aceptación de la escuela con la rendición total al adulto. Y ante cualquier manifestación de rebeldía y rechazo a lo establecido, por mínima que sea, aparece la sanción por incumplimiento del deber: castigos cargados con indiferencia, con rechazo, prefiriendo a unos y excluyendo a otros.

Los alumnos desertan de la escuela, y salen irremisiblemente marcados por una experiencia traumática producto de los errores conjugados de padres y profesores, pues los padres de estos alumnos también llegan a eludir su responsabilidad diciendo que la escuela a la que el chico asistía no sirve. La tendencia, por parte de los educadores, a presionar y cargar con toda la culpa al joven al llamarlo “desertor”, lo enfrentan en realidad al estigma de rechazado, como castigo por no integrarse a lo ya establecido.

Los profesores desconocen con su trato indiferente e incluso grosero las necesidades de un joven expresadas de una manera que no se comprende o no se considera correcta(10), por lo que éste llega a tomar la decisión de abandonar la escuela como una forma de lucha en contra del sistema social.

En cambio, aquellos que son cumplidos con las reglas, obtienen méritos para alcanzar lo que se consideran logros y oportunidad de ascenso: una calificación aprobatoria, un diploma, un certificado, un expediente limpio. “La escuela, en las condiciones imperantes, opera más como reproductora de la estructura social existente que como el espacio de transformación que podría y debe ser”.(11)

El porcentaje de abandono escolar es muy alto en todos los niveles, especialmente en secundaria y nivel medio superior. Se emplean argumentos para proteger a un sistema que no crea las estrategias para el acceso y permanencia dentro de la educación institucionalizada(12). “Aspirantes rechazados, estudiantes expulsados, población eliminada del sistema de educación y la responsabilidad de maestros y trabajadores de la educación que tiene en su mano el conocimiento y en sus jornadas dos o tres trabajos para irla pasando.

Mayorías excluidas del desarrollo, de los beneficios, de las políticas económicas, que asumen sus pérdidas como dramas personales, forman parte de lo que Bourdieu llama sufrimiento social; y que Monsiváis distingue como la pertenencia a la estirpe vencida: la condición de cadáver social”(13)

Del análisis de la encuesta realizada se desprende, entonces, que la propia escuela es generadora de la deserción de sus alumnos, al conjugarse su acción con las condiciones sociales que también fomentan la exclusión, como la pobreza y la ignorancia, por citar sólo algunas. Sin embargo, es preciso hacer énfasis en lo siguiente: la dinámica social es el resultado de múltiples interacciones entre sus actores y los distintos factores que rodean y conforman sus circunstancias y situaciones. Y la dinámica escolar no está exenta de este continuo devenir(14).

Para una investigación más detallada sobre el fenómeno de la deserción conviene entonces considerar la propuesta de Hugo Zemelman: la aplicación de criterios metodológicos que permitan ir más allá de los datos estadísticos para llegar a la construcción de un proyecto social que posibilite dar con una alternativa práctica para resolver la cuestión de un sistema que expulsa y excluye. En el campo de las interacciones entre variables que originan este problema conviene seguir criterios que propicien “la apertura del pensamiento a la realidad para reconocer el campo de opciones posibles, con base en una exigencia de objetividad”(15).

La investigación de un asunto como la deserción bajo un enfoque distinto al de la clásica aplicación de métodos tradicionales basados en la investigación en ciencias naturales podría traer a la luz nuevas ideas, propuestas y proyectos para resolver problemáticas tan complejas como las relaciones sociales, sin perder el equilibrio entre el compromiso de contribuir a la mejora de la sociedad y el distanciamiento necesario para estudiar la realidad de un problema.

Al analizar en una pequeña muestra de población el fenómeno de la deserción escolar, es doloroso encontrar lo que en muchos casos no se ve, o no se quiere ver: descubrir lo oculto y real, que es alterado por datos manipulados que modifican toda la percepción, agrandando la problemática social. Es más fácil para el maestro clasificar al alumno como flojo, burro, problemático, inadaptado, etc., que hacer conciencia de su cometido como profesional de la educación y reconocer su actuación dentro del sistema, y como consecuencia establecer estrategias motivantes de retención. La mirada de los que se quedan nos hace reflexionar que no todo lo que se informa al contexto social es verdadero, que no todo lo que hacemos como profesores dentro del aula es correcto.

Un buen docente tiene que ser reflexivo, paciente, profesional, y por sobre todo, tener una capacidad de relación empática con su alumno. Así que al establecer una relación en la que lo primero sea la actitud de respeto a la dignidad de cada alumno y del propio maestro, eliminando adjetivos calificativos y acciones discriminatorias, se da un primer paso hacia la liberación de la exclusión.

El trabajo que se desarrolle en esta área, debe ser en equipo, donde todos y cada uno de los actores al interior de cada institución colaboren para obtener buenos resultados. “Las escuelas definen quienes en ella trabajan, los alumnos a los que sirven, la comunidad en la que está inserta, y las interacciones entre ellos”(16). Cuando el personal labora en equipo y se apoya mutuamente, planea y evalúa en forma compartida, la calidad de sus resultados es notoriamente superior, y en consecuencia, la deserción disminuye.

Cuando un alumno deja de asistir a la escuela es porque cada uno de los miembros de la sociedad en la que se encuentra inmerso ha jugado un papel para su deserción: los profesores sobrecargados de trabajo, cosifican a los jóvenes para facilitarse su labor, y les dan su atención de acuerdo a la clasificación que les otorgan: si son “buenos alumnos” por ser obedientes, trabajadores y atentos, reciben consideración; en cambio, los que son inquietos, que cuestionan, que no cumplen con lo establecido, reciben el estigma de “malos elementos”, y se les retira la atención y respeto que merecen, aunque son los que más la necesitan.

Por su parte, los padres de familia asumen actitudes que también facilitan la deserción: unos aprueban y permiten la exclusión del alumno que ha sido desacreditado por “mal elemento”; otros asumen la culpa de tener un hijo que no encaja en el sistema escolar y le cargan el estigma de la incompetencia para el estudio, tomando como única solución el sacarlo de la escuela y enviándolo a trabajar. Otros más, asumen que la escuela en la que inscribieron a su hijo es la que no cumple con su papel y optan por retirarlo de la institución, muchas veces sin tomar una conciencia clara del verdadero origen del problema en que se encuentran.

Los mismos compañeros de escuela contribuyen a la desacreditación de un alumno, convenciéndolo de que es incapaz de integrarse al ámbito escolar a través de relaciones conflictivas, aislamiento y maltrato. Unas veces son los propios alumnos quienes comienzan a desacreditar a uno de sus compañeros, y en otras ocasiones sólo siguen las actitudes que los profesores inician.

La misma sociedad en conjunto también propicia la salida prematura de un alumno. En la situación actual, cada vez es más frecuente escuchar comentarios relativos a que es más fácil y productivo iniciar o integrarse a un negocio que contar con estudios completos que pudieran permitir un empleo remunerado. El creciente aumento de los llamados “negocios informales”, aunado a una cultura de consumo, propicia que los jóvenes sientan la necesidad de ganar dinero lo más pronto posible. La también creciente tasa de desempleo provoca desinterés por los estudios, pues al ver que cada vez hay más egresados de escuelas de nivel medio superior y superior que no consiguen trabajo, los jóvenes adolescentes consideran que no tiene caso continuar estudios, y que lo mejor es no estudiar.

En este juego de roles, quien deja la butaca vacía, se retira llevándose consigo la carga del estigma del desertor, del que abandona y huye de sus obligaciones. Y se va, en muchos casos, hacia un futuro incierto, sin haber sido escuchado ni atendido, considerado sólo un elemento que ya no cuenta dentro de la escuela.

La deserción escolar es construcción de la sociedad. Margina al alumno en su vida productiva, condenándolo a la desintegración social, al arrastrar consigo la culpa y la marca del estigma del fracaso. Y es el propio sistema educativo el que promueve la deserción, el que expulsa, el que rechaza. El que deserta.

* Profesoras en el nivel de Educación Básica Pública. Integrantes de la Maestría en Ciencias de la Educación de la Universidad del Valle de México, San Ángel.


BIBLIOGRAFÍA

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ANEXO METODOLÓGICO

Este trabajo es producto del esfuerzo y la colaboración de un equipo de compañeras docentes de distintos niveles cuyo propósito ha sido el perfeccionamiento de su labor en la educación. Para su realización, comenzamos con la reflexión sobre algunas de las muchas problemáticas existentes en nuestros distintos centros de trabajo; y coincidimos en el caso de la deserción, al que se percibía como un evento que se presentaba siempre que se conjugaban algunos sucesos, como el maltrato psicológico, la reprobación y la inadaptabilidad en los alumnos.

Una vez acordado el tema a investigar, se decidió que el estudio se llevara a cabo en la escuela secundaria federalizada “David Alfaro Siqueiros” turno matutino, ubicada en la colonia Santa Águeda, en San Cristóbal Ecatepec, México; esto por la facilidad para obtener acceso a información gracias a que una de las compañeras trabaja como orientadora en esta institución.

Se convino en aplicar una encuesta a una muestra de la población estudiantil – 81 en total -, con preguntas relacionadas con su situación socioeconómica y con el tema de la deserción. De hecho, se buscó a alumnos que tuvieran parientes o amigos muy cercanos que hubieran dejado de estudiar recientemente la secundaria.

Para la fundamentación teórica del trabajo, se revisaron textos de las distintas materias que pudiesen tener información o sustento para el desarrollo de nuestro trabajo, particularmente de la materia de Investigación Educativa. En la preparación del cuestionario que se aplicó a los alumnos encuestados, contamos con la valiosa colaboración de un equipo de compañeras de posgrado y la asesoría del profesor coordinador del trabajo en la materia. Gracias a sus observaciones y sugerencias logramos elaborar un instrumento con el cual se obtuvo mucha información que no sólo sirvió a nuestros propósitos, sino también al de nuestras compañeras, enriqueciéndose el trabajo con los comentarios sobre los datos obtenidos.

Sin embargo, a lo largo del proceso de elaboración del trabajo nos encontramos con varios obstáculos: aunque los resultados nos hicieron observar una realidad distinta a la que percibíamos al principio sobre la deserción, el tiempo para realizar un trabajo más detallado acerca del problema fue demasiado limitado, por lo que sólo pudimos valernos de la información obtenida de un único cuestionario, que si bien fue mucha e importante, no es suficiente para alcanzar a apreciar en mayor detalle y extensión el problema de la deserción.

También nuestro trabajo se vio limitado por la falta de experiencia en la aplicación e interpretación de instrumentos como un cuestionario con preguntas de respuestas múltiples, pues no instruimos debidamente a los alumnos acerca de cómo contestar en unas u otras preguntas, pues hubo jovencitos que se confundieron y no marcaron claramente qué respuesta daban a una u otra pregunta, o bien no contestaron a todas las preguntas, por lo que su interpretación se dificultó y se limitó más de lo que hubiésemos esperado. Y al momento de la captura de datos, cometimos errores que nos hicieron recapturar nuevamente varios datos, lo que redujo nuestro tiempo.

Hubo también obstáculos de parte de algunos profesores que trabajan en la escuela donde se aplicó la encuesta: se opusieron a que los alumnos contestaran el cuestionario en sus horas de clase alegando pérdida de tiempo, aún cuando la dirección de la escuela ya había autorizado que se permitiera la aplicación de la encuesta; esto demuestra tristemente la falta de conciencia para un trabajo de equipo, y de consideración a un trabajo que lo que busca es entender mejor la realidad para encontrar soluciones a problemas de la educación que requieren atención.

A pesar de todo, logramos aprender mucho con la realización de este sencillo trabajo: descubrimos que nuestra percepción de un asunto como la deserción estaba limitada y distorsionada, y que el problema va más allá de lo que ocurre en una sola escuela. Un alumno que deja de asistir a la escuela no es porque sea un mal elemento, sino porque el sistema educativo es en realidad un elemento perjudicial para el joven, al estigmatizarlo y excluirlo. Entendimos que con una conciencia más clara de la situación podemos decidir mejor qué caminos tomar para hacer nuestras aportaciones para la solución de tan difícil cuestión. Cultivamos y mejoramos nuestra capacidad para indagar, para cuestionar y para valorar los juicios y pensamientos tanto de nosotras como de nuestros compañeros, profesores y de los expertos en las ciencias; y aprendimos a aprovecharlos para mejorar nuestro propio criterio.

En las páginas siguientes se presenta la información obtenida del cuestionario que se aplicó. Cada tabla corresponde a una pregunta, y enseguida se encontrarán las gráficas que ilustran el valor que cada respuesta aporta a la pregunta correspondiente. Esperamos que sirvan al lector en la comprensión de nuestro trabajo.

Coacalco, México, julio de 2005.

NOTAS
1. SERVÍN Magaña, Rosalía, “Deserción escolar, factor esencial del bajo nivel de competencia”, El Financiero, www.sep.gob.mx/mx/wb2/sep/sep_09Fin100505
2. PERRENOUD, Ph. La construcción del éxito y del fracaso escolar. 3ª edición. Ed. Morata. P. 197
3. CASTRO, María Inés. ¿Fracaso escolar o escuela fracasada?, en El fracaso escolar, Análisis y perspectivas. Cuadernos del CESU, número 11. UNAM, México, 1988. p. 50
4. SACHS, Benjamín M. Administración y organización educacional. Un enfoque conductista. Librería el Ateneo. s/l. 1972. p. 453
5. GALEANA, Rosaura. En búsqueda de la equidad en el sistema educativo. 2º Congreso Nacional de educación. Lecturas selectas. Antología Tomo I. Ed. Fundación SNTE. México, 1997.
6. En el anexo metodológico podrán observarse las tablas y gráficas correspondientes a cada una de las preguntas planteadas en el cuestionario aplicado.
7. GOFFMAN, Erving: Estigma: La identidad deteriorada. Amorrórtu Editores. Buenos Aires, 2003, c1970. p. 13
8. BUENO, Lourdes. La exclusión de la esperanza. Un sistema educativo desertor. Universidad de Guadalajara. México, 2004. p. 295
9. BOURDIEU, Pierre. Sociología y Cultura. 1990. p 267.
10. Esta actitud podría considerarse además como el racismo de la inteligencia referido también por Bourdieu como propio de una clase dominante cuya reproducción depende de la transmisión de cierto capital cultural: El maestro rechaza a los elementos receptores poco aptos para recibir y asimilar el conocimiento y la cultura que debe transmitirles.
11. BUENO, Op cit.
12. También se ignora la realidad que rodea a la escuela: en un resumen publicado en La Jornada del 30 de noviembre del 2000, las estadísticas señalan que, de acuerdo a resultados obtenidos en la Encuesta Nacional de Juventud 2000, aplicada por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), a jóvenes de entre 12 y 29 años de edad, sobre la incredulidad de los jóvenes; éstos confían más en la iglesia (34.7%), y en la familia, (34.6%); que en el gobierno (10.8%), en los medios de comunicación (4%) y en la escuela (3%)
13. BUENO, Lourdes. Op cit. p. 257-258
14. Y es que se sabe que existe una relación directa entre el bajo rendimiento escolar, los altos índices de reprobación y el número de alumnos que dejan de asistir a la escuela o solicitar su ingreso al nivel inmediato superior.
15. ZEMELMAN Merino, Hugo. Conocimiento y sujetos sociales: contribución al estudio del presente. El Colegio de México. México, 2000, c 1987. p 65.
16. SCHMELKES, Silvia. La calidad parte del reconocimiento de que hay problemas, en Primer Curso Nacional para Directivos de Educación Secundaria. Antología. México, 2000. p. 224