JB.- Y con la Confederación General de Trabajadores ¿cómo eran las relaciones del Partido?
BG.- La CGT, de veras, se me olvidaba; estaba la CGT que también estaba fuerte; pero ya casi se me han olvidado, ¡tantas cosas, tantos años, cuarenta años!

JB.- ¿Usted conoció a José C. Valadés?
BG.- No, por nombre casi no los conocíamos. Yo era la única: "Benita, Benita", pero así por nombres teníamos prohibido hablarnos por el nombre que teníamos.

BG.- Hubo el acercamiento. El Partido tuvo una debilidad en 1936 que se iba a nombrar ya secretario general de todas las organizaciones de todas las centrales. En ése, se había nombrado a Miguel Velasco para dirigente de esa organización.[10] De ahí ya todos los dirigentes del Partido Comunista, pues que sí había qué apoyar a la izquierda, o fuera al Partido Comunista, porque era muy fuerte el Partido Comunista. Pero total, hubo un momento en que Miguel Velasco flaqueó y entregó a Lombardo. De ahí la situación que tiene la C.T.M. Ahí fue donde se le dio el nombre de la C.T.M. en ese fracaso de los compañeros. Ahí fue un fracaso que tuvieron.

JB.- El pleito con Fidel Velázquez...
BG.- Ahí fue adonde Lombardo le hace entrega a Fidel Velázquez...

JB. De la Secretaría de Organización. Y Fidel Velásquez ¿qué era, qué hacía?
BG.- Bueno, pues no se qué cosa sería Fidel.

JB.- Pero ¿qué se decía de Fidel en aquella época?
BG.- Pues no. Salió como salen las gentes. Fidel era gente de Lombardo.

JB.- ¿Y usted no se acuerda de "los Cinco Lobitos?"
BG.- ¿Los cinco qué?

JB.- Los cinco lobitos, los de Lombardo, que eran: Fidel Velázquez, Fernando Amilpa, Luis Quintero, Jesús Yurén
y Sánchez Madariaga.
BG.- Sí, cómo no.

JB.- ¿Pero qué reputación tenían ellos entre la base?

BG.- Ellos eran ya dirigentes de determinadas organizaciones, esta gente. Entonces toda esa gente se va con Lombardo y ya Lombardo les empezó a dar sus lugares a cada uno y la pelea. Entra ya la cosa de la pelea por las organizaciones y a ser lo que es ahora Fidel Velázquez, que ya lleva sus 35 años.

JB.- ¿Cuántos efectivos tenía el Partido en aquella época?
BG.- ¡Uf, pos fijese!, ¿efectivos? Precisamente lo estuve leyendo ayer, pero entre tanto papel que ando moviendo para acá, pues sería mucho pensar en efectivos, no podría. Pero sí era un movimiento muy fuerte el Partido Comunista.
El Partido tenía mucha fuerza en esa época. Decían:
- ¿A qué horas toman el poder?
- ¡Pos si ya estamos!
Y oía yo:
- Que el poder, que el poder.
- ¡Pos si ya estamos, pos si ya la gente está lista para tomar el poder!
 Según nosotros los jóvenes, queríamos llegar ya al poder; estábamos todos enojados porque el poder ya lo teníamos, se puede decir. Yo no sé por qué no, por lo menos hacer el intento, así como lo hizo Castro; intentar, porque realmente tuvimos una época en donde todo México estaba con nosotros, nosotros estuvimos en condiciones de haber tomado el poder, intentarlo, vamos a suponer, intentarlo, ¿verdad? el poder, porque era un movimiento bastante grande, donde teníamos todo: gente por dondequiera, había para hacer un intento de llegar al poder.

JB.- Es decir, con Cárdenas...
BG.- No, antes; antes de Cárdenas.

JB.- Entonces durante el Maximato al principio de los años 30s, es cuando usted cree que estuvo más fuerte el Partido Comunista.
BG - Sí, entre el 28, 29, 30.

JB.-¿Cómo fue este encuentro con los "Dorados"? Es muy famoso; a finales del 35 creo ¿no?.
BG.- Ya estaba Cárdenas, ya estaba Cárdenas.

JB.- ¿Cómo fue ese encuentro?
BG.- Nicolás Rodríguez [11] era el jefe que organizó las hordas fascistas, dándoles nombre a todas. De ahí salieron "Las Camisas Doradas", las "rojas", "las cafés"; las cafés me parece que eran de San Luis Potosí; "Los Dorados" era la que manejaba Nicolás Rodríguez, ¿y cuál otra? Ya no recuerdo, pero había algunas otras más que eran organizaciones dependientes de la célula que era la que llevaba Nicolás Rodríguez; a cada una le dio su nombre para los encuentros, para pelear con distinta bandera. Entonces nos organizamos nosotros sin armas y sin nada para hacerle frente a Nicolás Rodríguez con su columna que traía; ellos salieron por San Luis Potosí... ¿Cómo se llama esta calle que está aquí, de la calle de Puebla a salir a Bucareli? Se empezaron a ver los anuncios de la columna de Nicolás Rodríguez. No recuerdo si era entre semana en donde no se podían organizar las fuerzas, pero al fin pudimos organizar fuerzas dispersas, porque no sabíamos por dónde iba a salir Nicolás, si cogía todo Bucareli, o qué calle iba a coger después. Entonces éramos poquitos aquí, poquitos allá, y otros poquitos más allá, para saber por qué calle iba a entrar, si por 5 de Mayo, por Madero, no sabíamos por dónde iba a entrar la columna de Nicolás Rodríguez. Eso lo puedo decir yo: de Bucareli vi muy grandes columnas, y ¡a correr! a ir a avisar a los otros por dónde venía, y así corríamos todos para decirles a las organizaciones por dónde iba a entrar, y no sabíamos si se iban a dispersar, si iban a entrar en columna o iban a envolvernos.

Entonces los comunistas no estábamos en un puro lugar, como ellos que venían organizados; estábamos dispersos por distintos lugares, por eso era que no nos podíamos organizar en un momento dado, porque estábamos dispersos viendo por qué calle iba a entrar, y de aquí a que corría uno y corría el otro a avisarles: "¡Van a entrar por aquí!", para hacerle frente en el Zócalo, o frente a dónde, no llevábamos una línea a decir adónde nos podíamos organizar para hacerle frente a esa columna. Como ve, estábamos desorganizados, se puede decir, prácticamente.

Cuando no se encontró ya la columna fue que corrimos al Zócalo, y en el Zócalo ya, allá venía la columna, pero me parece que entró por Madero, por Madero entró. Entonces de aquí a que corríamos de Bucareli, o de allá, o de acá, para llegar al Zócalo, para organizarnos nosotros, cansados ya, corriendo, todo el día sin comer, sin desayunar y sin nada, para hacerles frente; les hicimos frente, ahí fue a donde hicimos frente. Porque llevaban mujeres abanderadas, bien organizadas: cuchillos aquí, armas, fusiles y puñales allí, y su garrafón de pulque, ése sí, ¿verdad? Y bien armados y decididos, pues a guerrear. ¿Y quién les impedía? Creo que Cárdenas ni estaba aquí, porque Luis Rodríguez[12] salió al balcón. Entonces no sé si estaría Cárdenas aquí. Bueno, si llevarían órdenes o llevarían permiso de hacer, yo no sé. El hecho es de que había que desbaratar esa columna fascista a como diera lugar, para que el pueblo viera el peligro que era un fascismo. Y fue su derrota del fascismo, aún ya organizados, ya en México organizados, fue su derrota porque se tuvo empuje, mucha fuerza; a nosotros nos mataron como unos ocho, ocho compañeros.

JB.- ¿Y ustedes con qué pelearon?
BG.- Pues no llevábamos nada. Yo llevaba cal y una pistola, pero esa pistola me la dio... no me recuerdo, ¿quién me la dio? Estaba yo en el Frente Único del Volante cuidando yo sola; pero no me acuerdo quién me dio la pistola "Te quedas aquí y mandas a los compañeros para allá". Porque llegó un compañero, que lo mataron por cierto, con cal, aventándola, ¿cómo se las íbamos a aventar?, yo no sé. Ya cuando había la cosa enfrente, había que echarla, iba a llegarle a los ojos, pos cómo no. Había que llevar armas con qué pelear. El Partido nunca nos da armas, jamás. Allá el que la lleve de su propio gusto, ése corre de su cuenta. Pero si nos matan, nos matan inocentemente, sin tener con qué defendernos.  Nunca da armas, "defiéndete como puedas. Y si caes, pos caes, y si no, nada" Nunca jamás nos han dado armas así, bueno, es decir, por el Partido, nunca nos dice: "lleven ustedes armas", nunca se nos armó a nosotros.

Ahí en el Zócalo fue cuando los que llevaban pistola la usaron; yo llevaba la mía, un compañero me dijo: "Bueno, y yo cargo pistola"; entonces se la di la pistola, pero yo no me acordaba que guardaba una pistola aquí, porque era tanta la angustia que se tenía por tanto muerto que iba a haber. Yo le di la pistola y no supe a quién. Allí en el Zócalo estaban los guardias; las mujeres desarmaron a algunos soldados, pero pos nos agarraron ya palanqueando; pos nos agarran, nos quitan los rifles; pero no nos meten a la cárcel, nos sueltan. Ellos no creían que las mujeres íbamos a quitarles las armas. Pero al fin pues nos quitan y vuelven con sus armas y nos dejan luchando.

Las abanderadas... yo por más que le corría, ¡chihuahua! a agarrar a las abanderadas, por atrás de los caballos, porque yo, pues tenía agilidad de brincarle al caballo, pero entraron ellos con unos caballos, y todos muy buenos caballos que llevaban. Mucha mujer abanderada, mucha mujer abanderada que iba. Pero entraron los chóferes del "Volante" como tanques. Como tanques usaron los coches, y ahí fue adonde se derrotó al fascismo.

Y no quedó ya nada. Sólo quedan los sinarquistas, y luego el PAN que todavía existe, pues socavados, sí, pero ya tendrán todavía la cosa fascista; algunos pos ya estarán cambiando, pero no cambian ellos, tienen la misma línea, ya menos, pero todavía el PAN es sinarquista, y los sinarquistas estaban muy fuertes, muy fuertes, sobre todo en Querétaro.  Ahí era la mata del sinarquismo. Entonces, el clero los ayudaba. Pero ahí fue la muerte del fascismo; pues nosotros a la pelea. Tuvieron más; a Nicolás Rodríguez, se le metió un verduguillo de un compañero.

JB.- Pero no murió ahí Nicolás Rodríguez...
BG.- No, fue lueguito. Y muriendo el jefe, pues... Eso no está bien, porque a nosotros los comunistas, agarran al jefe, y se sigue adelante, ¿quién?, como sea, pero se tiene que poner inmediatamente alguien que sustituya al dirigente. No se muere, sigue adelante. En otra organización, ésta, hiriendo a Nicolás Rodríguez, se acabó la cosa. Y de ahí se va a la frontera, y me parece que en la frontera murió Nicolás Rodríguez.[13] Sí, salió herido ahí, un compañero le metió el verduguillo, no había más para desbaratar la matanza que se avecinaba de los campesinos que estaban ya en el Zócalo, porque había campesinos en el Zócalo.

JB.- El 20 de noviembre...
BG.- El 20 de noviembre. Entonces los campesinos, sin armas y sin nada, pues éstos entraron así, y nos querían cercar, envolver; pero alguien tira un "cuete" y era la orden de entrada del Frente Único del Volante, y ¡ándale! Y ahí fue donde se perdió mucha sangre, se acabó la pelea, pero ya era nochecita.

JB.- ¿Pero que otras organizaciones aparte de los chóferes apoyaron esa lucha?
BG.- Había muchas organizaciones.

JB.- ¿Cuáles?
BG.- Aparte de los chóferes, los tranviarios, que eran muy fuertes; por ejemplo, organizaciones chicas, pos muchas organizaciones que necesitaría yo tener aquí; pero fueron poquitas, poquitas, las gentes que supieran pues, pocos los que logramos saber qué era lo que iba a suceder. ¡Que si nos hubiéramos organizado nosotros antes, tan bien como ellos, hubieran visto lo que hubiera sucedido! Pero no se organizó con tiempo el encuentro con Nicolás Rodríguez. Nomás "ahí vienen" y se amanecieron los "Volantes" y ya para las ocho de la mañana ya Nicolás estaba arriba de sus caballos. Entró despacio, como a la una o dos de la tarde entró al Zócalo. Como éstas, ahorita se acabó la pelea.

JB.- ¿Y la C.G.O.C.M. de Lombardo no participó?
BG. No recuerdo, no recuerdo si participó; no creo que Lombardo haya participado, que haya mandado gente. Fueron los puros comunistas, fueron los que hicimos frente ahí en esa lucha. Luego nos volvimos a agarrar otra vez con Los "Camisas Verdes" ahí en la Alameda, y tuvimos otro encuentro ahí, pero ahí sí nos organizamos, pues se apoderaron de la Alameda, sí, se apoderaron. Y les caímos así y a desarmarlos, pos ya ellos no estaban bien organizados, desde un punto de vista para combatir así con lógica. Ellos nomás iban a disparar y a matar.

Teníamos entonces también una organización que se llamaba "El Socorro Rojo" que se dedicaba sólo a atender a los enfermos y a la gente menesterosa; se recogía ropa, se hacían bodegas para nosotros mismos, nos daba ropa la gente. Teníamos pues ropa para ayudar a los compañeros que no tenían ropa, y algo de alimento; en fin, era una organización fuera del Partido, pero del Partido, que era la que ayudaba a los presos, para sacarlos, para mandarles alimento, atender exclusivamente la cosa menesterosa; "El Socorro Rojo", una cosa muy buena que había. Entonces en la Alameda, ahí fue donde nos cayeron "los Dorados", en San Jerónimo no recuerdo que número, nos agarraron con las puertas abiertas, se metieron y a herir con esas cosas. Pues nosotros estamos acostumbrados a pelear, entonces ellos pues con sus palos, pero pues uno sin armas, sólo con la maña, bueno pues entrábamos a la pelea. Y ahí hubo heridos, pero adentro del salón. Lo mismo en Santo Domingo: nos agarraron "Los Dorados", antes de Nicolás Rodríguez; pero hicieron unos engranes así, unas cosas que caminan, ¿cómo se llaman? con picos; en Santo Domingo, ahí se corrió mucha sangre también con esos engranes que llevaban ellos en unos palos así, con picos que daban vueltas, ¿cómo se llaman? Sí, eran engranes.

JB.- Han de ser mazas, como unas bolas que tienen picos, como una especie de púas, para pegar.
BG.- Para pegar con eso. Ahí en Santo Domingo nos cayeron ahí. Se iba a legalizar el Partido ya. ¿Sería con Cárdenas? Sí, era con Cárdenas; ya había dado Cárdenas la orden de legalizar el Partido. Ya nos organizamos todos, pero sin pensar que "Los Dorados" nos iban a caer. Y nos envolvieron y a golpear, sin poderse uno ni defender ni nada. Nomás golpe y golpe, comenzaron a golpear, pues. Pero pues sí tuvimos nosotros muchos heridos, pero también la pelea fue bonita porque muchos compañeros les quitaron a muchos dorados, les quitaron los estos palos con engranes que llevaban.[14]

JB.- En aquella época de la lucha contra "Los Dorados", ¿usted recuerda acerca de la CROM, si tuvo alguna ayuda para ustedes?

BG.- No, la CROM no. No, la CROM nunca; se salían los compañeros y venían al Partido Comunista, de la CROM; pero que la CROM enfocara filas, o así alguna defensa de la CROM, no. Nunca, tuvo eso; era gobiernista y listo. Antes no había sindicatos blancos, pero ya se perfilaban; fue cuando se fueron haciendo ya sindicatos blancos... Se les salían trabajadores porque hasta ahora lo hay, y sale uno o dos que estén en una fábrica, se salen al Partido Comunista.

JB.- ¿A ustedes no les dieron ninguna explicación, por ejemplo, cuando el Partido Comunista entregó sus sindicatos a la C.T.M.?
BG.-Bueno, no había explicación más que dar; como le digo, vino la desbandada cuando Cárdenas, entonces cada uno se acomodó en su lugar, y olvidó, olvidó a los sindicatos. Ya, pues teníamos que comer, ya no estábamos duro y duro con el sindicato. Entonces la CTM: "Venga pues, para acá" y pa' pronto. "Ingresen aquí, ingresen" y la gente tuvo que ingresar. Ora no puede un trabajador decir: "Pues voy a luchar". ¿Cuál es la causa por la que el trabajador no puede luchar? Muy sencillo: porque ya no encuentra trabajo en ningún otro lado; entonces está cargando al burro todavía. A los 30 años ya no le dan trabajo. Ora las famosas cosas de hacerles examen y vuelta y vuelta, y un trabajador entra a un trabajo y ya no se sale.
Pero ahí fue adonde explota la gente, las chambas y chambistas, y dos y tres chambas y cuatro chambas y fue chamba, ¿verdad?

JB.- ¿Hasta para los del Partido Comunista?
BG.- Hasta para los del Partido Comunista, sí, pues no había trabajo para los comunistas. Una gente del Partido Comunista tenía bola negra, no se le daba trabajo. Entonces estas gentes, aunque fueran comunistas tenían necesidad de tener trabajo, porque el hambre pues, en un momento dice: "Tú tienes que buscar trabajo". Entonces hubo trabajo para los comunistas.

JB.-- ¿Y usted cree que debido a eso perdió un poco de combatividad el Partido?
BG.- Así es, sí, perdió, pues se alejó de la gente. Cada quien en su trabajo, y por aquí, por allá, y perdió bastante influencia sobre la gente, ya no era la misma cosa. Cárdenas empezó a florecer y ya fue una vida mejor para la gente del Partido, para el proletariado que se moría de hambre. Hasta yo me las pasaba; todos, todos... Teníamos que ayudar nosotros al Partido Comunista para que tuviera dinero para poder hacer todas las propagandas y todos los grupos nuestros teníamos que ayudar a eso. Entonces el hambre para el Partido Comunista era tremenda. Llega Cárdenas adonde no le importó que fueran comunistas, se les daba trabajo. Y en esa época no había quien entrara a trabajar a ningún lado, ni aún en una fábrica. "Son comunistas", y como nosotros no nos callábamos, luego, luego.

Esa fue la realidad; luego vino Cárdenas. No, ya con la cosa de Cárdenas, la cosa se le da más holgura, se le da rienda suelta al proletariado, que se estaba organizando y pues ya se acaba la cosa del Partido; es decir, no desaparece, pero ya cada uno se sintió ¿no?, yo sí. Con Cárdenas, entré a trabajar, en 37. Ahí entré yo a trabajar; hasta yo me acomodé al Correo, entré a trabajar al Correo. Me siento a ver leer, sentadita todo el día, cruzada de brazos.

Yo llegué al Correo haciendo chuzas también, y vamos, y organicé; soy fundadora del Sindicato de Correos.

JB.- ¿Cómo se fundó el Sindicato de Correos?
BG.- Con puros comunistas. Sí, se fundó porque ya entraron a telégrafos, entramos muchas gentes al Correo, mucha gente al telégrafo, mucha gente para todos lados; entonces, pues los comunistas hicimos el Sindicato de los Correos. Y se perdió gente también cuando se fusionó Correos con Telégrafos; entonces los comunistas perdimos también bastante gente en esa fusión que se hizo
.
JB.- ¿Por qué?
BG.- Porque pues a unos ya los empezaron a hacer jefes; bueno ya era el momento en que se pensara en las hambres que se habían pasado en aquellos momentos. Hasta yo ya pensaba, -yo he de haber tenido mis 32 años-, ya no era cosa de... La fuerza del Partido se había dispersado por todos lados. Ya cada uno, ya no era la cosa de estar agrupados para una lucha, como era el fascismo que se veía, que aunque uno se fuera a morir o de hambre o de lo que fuera, la cosa era defender a México de que el fascismo no llegara. Para nosotros era la tarea más grande que teníamos: el fascismo sobre todo, lo demás no importaba. Que no entre el fascismo, hacer frente, tener las organizaciones decididas para hacerle frente al fascismo cuando llegara. No se si sabrán ustedes la cosa de Almazán: era un fascista. Y, ¿quién puede negar que Almazán no ganó? El fascismo ya estaba en México, era una cosa que ya por donde quiera "Heil, Hitler, Heil Hitler", eran muchas gentes, sin organización seguramente, pero en Correos a mí me saludaban "Heil, Hitler" determinadas compañeras en determinados departamentos. Cuando yo entraba a trabajar, todos, pero al mismo tiempo, me provocaban para hacer yo alguna cosa y echarme fuera del correo; parece que ya los tenían aconsejados, seguramente había un plan para sacarme a mí de Correos. Porque yo organizaba y le seguía diciendo a los compañeros que había que hacerle frente al fascismo. Entonces "Heil, Hitler, Heil Hitler" y entraba yo, y no hacía caso.

JB.- ¿Era todavía en la época de Cárdenas?
BG.- Fue ya Ávila Camacho, ¿Verdad?

JB.- Bueno, porque en la época de Cárdenas fue muy importante la lucha contra el fascismo; se habló de hacer el Frente Popular ¿se acuerda? ¿Y por qué razón no se llegó a hacer el Frente Popular finalmente?

BG.- Pues no me acuerdo por qué no se hizo el Frente Popular. Hubo el Frente Popular, pero en pequeña escala. Siempre se organizó en pequeña escala. Es decir, por ejemplo, está, vamos a ver, la Liga Anti-imperialista, que venía a redondearse con el Frente Popular, y otras organizaciones, muchas organizaciones con distintos nombres para ya organizar la cosa popular. Vienen ya otras cosas y se empiezan a desmoronar solos, y ya no se llevó a cabo nada. Lástima.

Se acerca la Segunda Guerra Mundial y entonces nos fortalecimos porque por dondequiera se luchaba hablando sobre Hitler, sobre todo eso. Entonces el pueblo de México se preparó para hacer frente a una invasión ya en México.  Porque en la Baja California ya ahí estaban los japoneses haciendo bases, porque ellos habían hecho causa común con Hitler, al principio como Estados Unidos, como todos estos; y ahí ya había bases, en esta "María Auxiliadora", también ahí estaban haciendo bases ya fascistas. Teníamos la parte de aquí en Texas, por esa parte de ahí todavía teníamos todo eso, ya casi había bases, por todos esos lados ya las bases estaban listas. Hitler no quiso; seguramente dijo: "Para irme para la América, eso ya es fácil" y hubiera sido fácil si no se va a Ukrania; ahí fue adonde a Hitler le falló, entrando a Ukrania. Entonces abandona la América y dice: "Pos ya para la América, para que voy, si yo ya tengo..." Tenía a Garrido Canabal en Tabasco; Gonzalo N. Santos en San Luis Potosí; ¿a quién otro tenía? Almazán se movía por todos lados, entregados ya al fascismo, era una cosa así. Y ¿cuál era el otro? Estaban entregando todo eso al fascismo. Ahí le falló a Hitler, si hubiera venido primero a México, México fuera fascista. Y se regresa para allá, uh, pos, pos, se atontó.

JB.- Claro que arriesgábamos una invasión norteamericana.
BG.- Porque antes todavía, la intervención americana (en la guerra), no la hubiera habido si Hitler no empieza a dominar todo: París, Francia, a bombardear y a tomar posesiones. Cuando Estados Unidos se da cuenta que él iba a ser una de las víctimas del fascismo, fue cuando se compuso. No hubiera habido invasión americana si Hitler no hubiera cometido tantos errores. Errores, quiero decir, de haber ido incendiando; si hubiera subyugado a los pueblos sin hacer asesinatos tan terribles como los que se hicieron, Estados Unidos sí se hubiera aliado con él para apegar a la América Latina y apoderarse de ella junto con Hitler.

JB.- Entonces, aprovechando todo eso, el Partido Comunista se fortaleció.
BG.- Se fortaleció. Se fortalece el Partido Comunista y México era ya, un momento, estaba en un momento que se hubiera tomado el poder. Bueno, vamos a suponer: hubiera sido una utopía pensar que se iba a tomar el poder. Pero, ¡ah!, estaba también éste que murió, Ezequiel Padilla, entregado al fascismo.

JB.- ¿Y Calles?
BG. ¿Y Calles? Bueno, pues Calles en un momento era fascista él también. Calles y Estados Unidos, ustedes saben qué era un Calles en México. Entonces el fascismo era inminente que hubiera llegado a México. Pero pos le pegan allá, y una vez pegándole allá, en ese momento ya vienen las elecciones, que fueron las de Cárdenas.

Vino la cosa de Avila Camacho, pues que casi se le entregó la presidencia. Porque en esa época el partido estaba todavía muy fuerte, cuando a Avila Camacho se le entrega la presidencia. Entre Lombardo, Encina, ¿quién era otro? Nosotros teníamos candidato, era el general Mújica, que era de izquierda; y hasta se había lanzado ya la propaganda alrededor de Mújica y entramos y que se lanzaba Rojo Gómez como presidente, pero Mújica ya tenía mucha fuerza. De momento nos vamos a una asamblea y nos damos cuenta con que ya Mújica ya no iba a ser. Y otra vez que ya tampoco Rojo Gómez. Bueno, nos quedamos pensando: ¿Bueno, el Partido dice que ninguno de éstos. Bueno, vamos a esperar". Y se espera el momento decisivo cuando sale la convocatoria diciendo que Avila Camacho iba a ser el presidente.

JB.- Dicen que Avila Camacho ayudó al sinarquismo e incluso le dio una colonia en Baja California. ¿Usted se acuerda de eso?
BG.- Ahí está en el libro de Mario Gill, ahí está.
 
JB.-Ahí lo leí, pero no sé si usted se acuerde de más detalles.
 BG.- Mi marido fue a hacer un reportaje sobre, a ver cómo estaba la colonia, cómo la estaban desarrollando. Iban a colonizar a María Auxiliadora, en donde no era posible vivir porque ya estando Abascal allá, en la colonia, hubo un cambio de gobierno en donde lo dejaron solo. Ya no recibía alimentos; no recibía cosas, el agua que era lo que más les preocupaba, porque no había agua; estaba muy desierto aquello. Cuando se acabó la colonia, Abascal se regresa a vender, se regresa Abascal y muchos se quisieron quedar en la colonia, y dicen que hay gente, que hay gente, que han logrado hacer algo en esa colonia. Y a Abascal lo dejan solo. Llegó mi marido ya cuando se estaba desertando la gente. Abascal incluso todavía estaba allí apoyando a la gente, pero pos creo es lejos para ir a traer alimentos y el agua y todo eso les empezó a fallar. Después me dijo mi marido que ya había agua, que habían logrado los campesinos, bueno, que habían quedado gentes y que en una fecha, no hace muchos años me dijo que la María Auxiliar va para arriba. Así que fechas sí no le puedo dar.

JB.- Y luego, Avila Camacho entregó a Alemán, ¿no?
BG.- Sí. Ahí fue adonde empezó el Partido a fallar. Estábamos muchos descontentos, sobre todo la base, la base que qué caray, pos la base era la que luchaba más y esperando siempre del Partido. Llegado pues el momento éste en donde se le entrega a Alemán, amanece una convocatoria: ¡Apoyo a Alemán! Alemán siendo gobernador en Veracruz, había hecho muchos asesinatos, según se decía, por medio de los hombres que tenía, por ejemplo a los Armenta, en Acayucan; eran una especie de guardia blanca que tenía Alemán. Entonces ésos tenían dominados a todos los campesinos. Y ahí, los campesinos, ah, pues ya van al Partido Comunista, cuando tenía toda esa presión de los Armenta allá en Acayucan. Entonces los campesinos pues se vinieron con el Partido Comunista, donde debían de luchar, debíamos de luchar por evitar eso. Y en una manifestación que se hizo se le gritó, la base descontenta: "¡No queremos a Alemán! ¡No queremos a Alemán por esto y esto y esto!". Se le señalaban todos los asesinatos que se cometían, pues tenía quién los hiciera. Pero amanece la convocatoria, ya diciendo que era Alemán. De allí vino que el Partido perdió fuerza.[15]

JB.- ¿Cuándo entró Dionisio Encina al Partido?
BG.- ¿En qué fecha entraría Dionisio al Partido? No recuerdo, no me acuerdo de la fecha.

Los Personajes

JB.- Para continuar lo que estábamos conversando la otra vez, quisiéramos que nos hablara un poquito de José Revueltas, de cómo lo conoció...
BG.- Revueltas era un chamaco que yo lo recluté; tendría Revueltas como unos 15 años aunque ahora dicen que murió de 62 años, me parece. Yo recluté a Revueltas por ay entre los 26, 27 y 28, entre los 28, 29 y 30, por ay reclutamos a Revueltas. Se reclutó porque yo no fui una dirigente, tenía arrastre entre las masas, nunca tuve la cosa de dirigente, o de que la gente me seguía a mí, no fui personalista nunca, tuve una cosa propia mía que no me acomodé como dirigente o ser algo. Me gustaba andar entre el pueblo, pero las responsabilidades eran aparte. Entonces Revueltas era chamaco, ha de haber tenido sus trece, catorce años, por ay así. En los mitins se pegó, y ya se fue con nosotros, y supo la casa mía, y ya hicimos el grupito de chamacos.

JB.- Y de su personalidad. ¿Cuándo usted lo conoció, cómo era Revueltas? Su manera de ser...
BG.- Bueno, pues era un muchacho bastante centrado que sí quería la revolución, quería, pues todo lo que queríamos todos los revolucionarios: el poder. De cuándo lo conocí, ya le dije...

JB.- Sí, que era un niño de quince años, nos dijo, un muchachito de quince años. ¿Pero cómo era su personalidad?
BG.- En aquella época, vamos a hablar de aquella época, yo ya lo dejo a Revueltas, ya se queda con su propia vida hecha, según él.

JB.- José Revueltas fue a las Islas Marías. ¿Cuándo? ¿Por qué?
BG.- José Revueltas fue a las Islas Marías estando Mújica en el poder. Orita está mi amiga que sabe en qué fecha se fue su marido también. Yo también iba a ir a las Islas Marías en esa época...

JB.- ¿Por el 29?
BG.- En 28, sí, en 28 nos agarraron, ¿adónde nos agarraron a todos? Ibamos a las Islas Marías. Iba Gómez Lorenzo, Revueltas, de estos nomás me acuerdo. ¿Quiénes más? Un grupo de tres hermanos Ibarra. Y de mujeres que íbamos a ir era Margarita Gutiérrez, yo, una rusa y otras compañeras, ya no me acuerdo los nombres.

JB.- ¿Dónde los agarraron?
BG.- ¿Adónde nos agarraron a todos esa vez? Nos agarraron y nos mandaron a Tlaltelolco; ahí estuvimos en Tlaltelolco. Déjeme ver, voy a recordar tantito,... Pues sí, no me acuerdo, en dónde nos agarraron, tres mujeres se fueron; a mí no me llevaron porque yo estaba muy delicada... hicimos huelga de hambre, y entonces, ¿por qué fue que nos agarraron a todos? Antes de Cárdenas, sí, antes de Cárdenas, porque ya había llegado Mújica, aquí llegó Mújica que fue el que dio la orden de que salieran los presos de las Islas Marías. Ah, pues Mújica estaba de jefe allá en las Islas Marías. Era el director de las Islas Marías, y él fue el que ordenó que salieran todos los comunistas, pero no recuerdo la fecha, ni por qué, no me acuerdo. Ya el tiempo... Además, era una alegría para nosotros hacer lo que hacíamos y las fechas pues nunca interesaron. Yo fui una de las que no interesó, y a nadie, a nadie. Caíamos, y bueno ya caíamos; que ganamos, pues bueno que ganamos. Las fechas eran cosas que no nos interesaban.

Entonces para mí, pues, desde el momento en que él empieza a vacilar sobre su vida revolucionaria, entonces yo me alejo de Revueltas.

JB.- ¿Por qué a vacilar?
BG.- Bueno, ya no tiene él la idea revolucionaria como empezó, hasta que fue a las Islas Marías; de las Islas Marías todavía estuvo él bien dentro del Partido. Ya después él se hace un escritor y empieza, no digo a traicionar, pero ya coge él otro camino, un camino propio, suyo, de estar dentro de la cosa intelectual, escribiendo sus libros, tomando, y abandona la lucha revolucionaria. Cuando en el 68, pues sus declaraciones de él no eran bastante halagadoras para el momento. El todo decía: "Yo". No sé si ustedes han leído sobre toda su prisión: "Yo hice esto, yo estuve aquí, yo fui allá y yo", todo se lo adjudicaba él, a pesar de que pos podía en ese momento hacerle daño a todo el movimiento o a todos los presos que estaban allá adentro.

Bueno, sale ya de la prisión y vuelve otra vez a su vida que él había creado ya, una vida propia para él y ya. Se retiró del movimiento revolucionario y actuaba solamente de acuerdo con su modo de pensar y el grupo que lo rodeaba. Entonces pierde él realmente la cosa revolucionaria, como muchos tantos; pero yo no puedo decir que Revueltas traicionó al movimiento; se alejó, hizo su propia vida. El Revueltas que conocimos, cuando éramos jóvenes, que teníamos la esperanza en él de que fuera un gran hombre, un gran líder, se pierde. Empieza a tomar, empezaría a tomar él en 1939, 40, ya casi a raíz de la Segunda Guerra Mundial ya empezó él a tomar, completamente se entrega al vicio. Reacciona, vuelve a escribir y vuelve al vicio. Eso fue lo que yo pienso que lo echó a perder a Revueltas. Ora, en tiempos pasados en que él era un revolucionario, realmente fue un revolucionario José Revueltas, pero dejaría el movimiento, ya de luchar, todavía entre los 39 años; en 1939 todavía él actuaba como un revolucionario.

Viví una vida bonita. Y Revueltas la vivió también, pero ya que se hizo hombre, cogió otro camino, se desvió, más bien dicho, ya tuvo su desviación. El vino lo fastidió a él; tomaba muchísimo.

JB.- Igual que su hermano Silvestre.
BG.- Igual. Lo que no podía yo entender, porque en esa época, ¡cuidado con el vino! Una gente que tomaba... pues de ahí él salió también, ha de haber salido porque tomaba, entonces lo tuvieron que sacar, por alguna indiscreción que pudiera tener. Y el que tomaba no podía ser miembro de un Partido Comunista. No era la cosa de puritano ni nada de eso, sino tener la responsabilidad de un pueblo que se está luchando por él. Entonces en los bailes nos las poníamos, pero era un baile. Y ya de ahí, el que quería tomaba, y el que no, pos tampoco. Porque no podía:

- ¿Viste a Fulano?

- No, ése no puede ser miembro de un Partido Comunista!

Por no oír uno esas cosas, no tomaba uno. Algunos compañeros, sí, pero se tomaba y listo, no había borracheras, casi no se concebían los compañeros tomados. También había ese cuidado.

JB.- ¿Y usted conoció a Valentín Campa?
BG.- Claro.

JB.- ¿Cómo era?
BG.- Desde que yo entré al Partido, Campa ya era miembro del Partido Comunista; Laborde era el Secretario General. Entonces viene el cambio de Laborde y Campa tenía el cargo de... Subsecretario ha de haber sido, ya que estaba siempre con Laborde. Así que el tiempo que tiene todavía Campa de lucha en el Partido, ese tiempo tengo yo de conocer a Campa. Campa era un hombre bastante centrado, muy inteligente; daba los acuerdos, a conocer acuerdos. Laborde le confiaba para que estuviera en algún lugar que tenía que estar Campa; muy querido, por cierto, de todos, porque a todos nos trataba bien; nos daba una dirección, qué era lo que debíamos de hacer en los momentos críticos que se presentaran, porque pos se tenían que presentar aunque uno no los buscara o no los provocara. ¿Y qué le podría decir yo de su inteligencia? Yo quiero mucho a Campa, porque alrededor de ellos, de Campa y Laborde, ahí es donde surgí yo, con su dirección de ellos. Pueden ser mis maestros, se puede decir, porque yo atendía mucho a lo que ellos decían, a lo que ellos hablaban de todo. Entonces, hasta ahorita yo quiero mucho a Campa y él también me estima.

JB.- ¿Y de Mario Gill qué nos cuenta?
BG. Ora sí, esto sí se me olvidó por completo, lo de Mario Gill. Fue un trancazo para mí realmente. Entonces viene Mario Gill.
Yo no conocía a Mario Gill, que ahora era mi esposo. Lo habían comisionado para que entrevistara a Consuelo Uranga, a Cuca García y a mí. Pura coincidencia que yo tenía que ir al Partido y ni él me conocía a mí, ni yo a él; a través solamente de los periódicos me conocía, y de protestas que él hacía en Tampico, porque él en Tampico era donde radicaba y de aquí le mandaban las protestas para que en Tampico las llevara a cabo. Así que por eso
él me conocía, pero personalmente no me conocía Mario Gill. Entonces llegué yo al Partido y le dije:
- Compañero ¿quién está aquí en el Partido?
- Pues nada más yo -dice-. No hay nadie.
- Bueno -le digo- yo vengo a buscar a Consuelo Uranga; le dice que yo necesito verla, que Benita la vino a buscar.
Entonces él salta:
- ¿Usted es Benita Galeana?
- Sí, yo soy Benita Galeana
- Hombre, ya me evitó la cosa de irla a buscar, porque yo tengo aquí una entrevista que le voy a hacer a usted.
- No compañero. A mi ya me han retratado mucho los periódicos. No quiero ya que nadie me entreviste. Estoy haciendo un libro; estoy entretenida haciendo un libro.
- ¿Usted esta haciendo un libro?
- Sí.
Desde ese momento él se olvida de las otras entrevistas y se va conmigo a ver el original que yo había hecho. Lo leyó con mucho trabajo, pero al fin lo tradujo, con mi escritura que le faltan letras casi a todo; con “mamá”, nomás ponía "ama". Ora sí ya siquiera ya puedo un poquín, ya puedo. Pos total él sacó en limpio el libro y se dio a la tarea de publicarlo.

JB.- ¿Cuál fue ese libro?
BG.- Benita. Se publicó en 1939 o 40, me parece. Y tuvo mucho éxito. Se agotó la edición. Pero después ya no tuve ganas. Me decían:
- Vamos publicando de nuevo el libro.
- No, yo ya no, no lo publico ya; dizque se quede eso muerto; ya el que lo leyó, lo leyó.
Y él antes de morir me dijo:
- Yo quiero hacer Benita otra vez.
- No, ya no te estés molestando en hacer tantos libros. Total ni te dejan nada. Yo aquí me la paso a veces con hambre mientras tú escribes... Y otra vez Benita".

Pos no logró convencerme de que yo diera la autorización para que se publicara Benita. Después de muerto él, me recordé que él tenía mucho interés en que se publicara Benita, y fui con "Extemporáneos" y se lo llevé luego, a ver si lo publicaba, y salió un libro de eso que yo no creía que era libro, que ay se iba a hacer un libro y ya se me quedó la cosa grabada de que yo tengo que hacer esas narraciones que yo voy haciendo, pero ya no encajarían los cuentos. Aunque hay muchos cuentos, por ejemplo, no cuentos, sino cosas que yo quisiera, pero para hacer otro libro político. Entonces ya no está él, para que él me pasara eso en limpio, y le diera forma. Me está costando mucho trabajo éste, pero ya lo tengo casi. A la niña, una niña que yo estoy criando, le enseñaron máquina, y ella me está pasando en limpio nada más, sin correcciones ni nada. Además no sé yo qué se corrige ni que nada. Así con ella, pero ya siquiera se encuentran las líneas claras. Entonces, pues para hacer otra cosa política, necesitaba, por ejemplo, volver otra vez a recordar. Y cuando vienen los muchachos:
- Te acuerdas de esto?
- Ah, qué quisiera yo tener todos esos recuerdos.
Pero ellos, los viejos amigos, compañeros, me recuerdan. "¿Te acuerdas que hiciste esto?"

JB.- ¿Cómo era su vida de militante? El militaba en el Partido.
BG.- Mario Gill... pues para una esposa es difícil estar hablando sobre su marido. ¿Qué se podía decir de él?

Solamente que fue un gran comunista, un hombre que me comprendió, un hombre que me dio libertad, que nunca peleábamos; aunque yo no amaneciera en la casa, él sabía que si yo no venía a la casa era por alguna cosa importante, y si pasaban tres días y yo no regresaba a la casa, era más importante. Cuando yo regresaba a la casa, ni me preguntaba porque habíamos hecho un pacto de no preguntarnos. Sabíamos que íbamos a tal lado: "Sí, me toca ir a tal lado". De ahí yo no me podía ir a las cosas groseras estas, porque yo tenía una libertad, porque era revolucionaria y mi esposo era un hombre revolucionario, y no había por qué hacer estas cosas feas que hacen las mujeres. Entonces tuve un compañero, un gran compañero.

JB.- ¿Cuánto tiempo duraron casados?
BG.- Treinta y siete años, 37 años duré. Y para hablar de Mario Gill se necesitaba otra gente. Yo puras alabanzas puedo decir de él.

JB.- ¿Cántos libros escribió Mario Gill?
BG.- Tiene Primeros Sinarquistas, Nuestros Buenos Vecinos, así grandes; El Valle del Fuerte, ¿cuál otro? Como nueve, diez, pero en folletines. En folleto tiene Hiroshima vía Cuba; un folletito que se llama Los Escuderos; también otro que se llama Episodios Mexicanos, que está agotado; Los Ferrocarrileros o el otro, La Década Bárbara, así grandes, ah!, La Huelga de Nueva Rosita, como diez.

JB.- ¿Y él vivía principalmente de escribir?
BG.- ¡Ay, no! ¡No vive nadie! A no ser que Blanco Moheno, Márquez, estos escritores; su literatura de él era pura revolucionaria. El trabajaba artículos donde le encomendaban, un artículo ahí, otro allá, otro acá, y de planta con Marcué Pardiñas en Política, ahí trabajó; y luego artículos que alguien le encargaba; también con Cosío Villegas, ahí estuvo trabajando con él, era investigador de Villegas, el que hacía las investigaciones.

JB.- ¿En El Colegio de México?
BG.- Andaba investigando cosas de Cosío Villegas. Estuvo trabajando mucho tiempo con él. Le encomendaba alta literatura, de ese tipo escribía Cosío; entonces ahí también trabajaba. Y cuando se le acababa por comunista, tampoco trabajaba, porque era comunista, y la que trabajaba era yo, de lo que fuera, pero había que ayudar al compañero. Así que la vida de Mario Gill fue la más dura. Porque los dos nos entendíamos, los dos sabíamos que no debíamos de agarrar un trabajo indecoroso, por ningún motivo. Entonces nos entendíamos muy bien los caracteres.  El era miembro de un Partido Comunista, y yo miembro de un Partido Comunista al que debíamos respetar; hubo un respeto mutuo. Si no había trabajo, si se le agotaban los trabajos: "Te fletas, Benita, aunque sea a vender cualquier cosa". Cuando él no tenía nada de trabajo fue cuando, con las hambres que pasábamos, él se ponía a escribir. Ahí distraía su hambre, escribiendo, escribiendo sus libros. Mientras no tenía trabajo, él hacía sus libros. El tiempo decía hasta cuándo, allá de vez en cuando: "Pues que ya, ahora sí, Mario Gill, te damos trabajo para que escribas artículos". Bueno, magnífico. Pero también fue víctima de la vida burguesa. Yo no tanto.

JB.- Murió de...
BG.- Sí. Yo en la Unión Soviética anduve muy atormentada porque mi esposo ya andaba malo del cáncer, así que para mí el viaje fue muy doloroso; no lo concebía sabiendo que llegando aquí a México se me moría él; no pude gozar de ese viaje. Mi tormento no me lo podía permitir que yo viviera, conviviera el momento de un paseo que fue lo último que iba a tener de él, que ya la vida se le iba cortando a él.

Ahora, la prisión; a un trabajador lo agarran preso, lo desgracian adentro de una prisión si tiene hijos. Porque no entran a la prisión otras organizaciones más que el Partido Comunista. Otras organizaciones las dejan desfilar magníficamente, y así, al Partido Comunista no lo dejan, sencillamente no lo dejan desfilar, sabe el Partido Comunista que van a ser heridos sus miembros. ¿Qué objeto tiene que les hieran? El gobierno tiene a los halcones, exclusivamente para ir a golpear y a asesinar al que se le ponga enfrente. Yo creo que son del gobierno porque pos, ¿qué otra cosa puede ser? La CIA, pos la CIA y el gobierno saben muy bien, porque si quieren limpiar a México de la CIA, es fácil, agarrar gringos. "No me entran gringos aquí", no entran gringos aquí"; pero los tiene adentro. ¿Qué gente no puede pensar que el gobierno mismo permite semejantes cosas? Ahora la CIA, la CIA, y la CIA. Así que...

Y simplemente yo, ora que estaba Díaz Ordaz viene el 68; por el 68, yo trabajaba en el Seguro Social, y tenía una hija que se me casó, y la empujaba. Pero esta niña, aunque nos oyera a mi marido y a mí, ella no le tomaba atención a lo que nosotros platicábamos. Yo la empujé en 68: "entra a la pelea"; pos cuando me fueron a avisar en el trabajo: "Oye, tu hija..." ¡y no me puedo salir! ¿Por qué? Porque no me podía salir de mi trabajo. Y allá me eché a morir, pensando en mi hija, en que si me la habrían matado allí. Era en el Zócalo; por fin convencí a la directora ¿Y a qué iba si no había camiones? Habían paralizado todo y apagado las luces. Ni veía uno por dónde, pos me tuve que regresar a mi trabajo. Viene la cosa de Tlaltelolco, pos estoy trabajando ¿qué gente puede abandonar el trabajo? que pos eso de salirse sin permiso, tampoco. Ya lo supe yo en la noche. Y allá andaba la hija, porque se había ido pues, con los estudiantes. Como dicen: "Duele más el pellejo que la camisa", pos yo estaba angustiadísima; más cuando ella no sabía pelear, más cuando ella no sabía ni a qué iba con los estudiantes, pero bueno, no sabía ni a qué. Pos yo la empujé a que fuera. No le pasó nada; si no, yo estuviera cargando esa situación... sabiendo que la niña no sabía pelear y la empujé a que fuera con los estudiantes. Y si la hubiera yo visto decidida y que

 - Sí, mamá, yo voy para allá.
- Bueno éntrale, pero ya es tu decisión.
Pero no, empuja tú a la criatura que no sabía nada, pues, estaba criándose como una muchachita con todas sus comodidades. Pues no me podía salir del trabajo, estaba atada, sin poderme ir a ver qué pasaba a Tlaltelolco, pos no me pude mover.

Y después viene la cosa que había que hacerle valla a Díaz Ordaz un 1º de septiembre, acabando de pasar lo de Tlaltelolco, y dan un día a los trabajadores inconscientes, pos un día por otro, por el día que se les hace valla a cualquiera gente de estas, pos la gente va, por tener un día de descanso y con esta razón u otra. Entonces pos que sí, todos firmaron.
- Y fíjate, Veneno -me pusieron "La Veneno" ahí en mi trabajo- ay, Veneno, ¿tu qué vas a hacer?
- Pues no sé qué cosa voy a hacer.
- Ya te toca firmar.
- Ah, pues no creas, no pienso ni nada. No se qué cosa voy a hacer, estoy trabada.
- Pos vas a ir a firmar.

Bueno, que llego; la directora: "Va usted a firmar. Aquí no hay quién sabe qué, y todos a firmar". Le digo: "Pos lo peor del caso es que yo no voy a firmar", y eso estando ya por jubilarme. "Que yo no voy a firmar, porque no voy a firmar por el asesino de estudiantes, de trabajadores, de niños", quién sabe qué, un discursito que le hice. "Así es que no firmo. Voy a firmar mi declaración diciendo que no voy por esto y esto y esto, porque no merece este asesino que yo, Benita Galeana, vaya". Y todos: "¡Veneno, no lo hagas!" ¡Y lo hice a días de jubilarme! Claro que ya cuando llegué aquí, ¡a esperar las consecuencias! Pero les puse ejemplo que ni me cesaron y que no debía uno de hacer esas cosas, acabando de poner de luto a la ciudad. No era posible. Pues la gente va a hacer valla por el día, o porque antes se descontaba quién sabe cuánto al que no fuera a hacer valla. Después ya agarraron que un día de descanso, y eso le gusta a la gente. Un día de descanso por otro que va a hacer valla...

JB.- ¿Y al que no va, no le hacen nada?
BG.- No, ahora no les hacen nada, ya no hacen nada, nomás el día del descanso. Antes sí había eso, pero ahora ya no; el que no va, entra a su trabajo, ésa es la cosa. Yo no fui, entré a mi trabajo yo solita, pero esperando que se leyera lo que yo había mandado, y que ya llegara mi cese. Todo ese tiempo estuve esperando; ya cuando pasó un mes, me dije: "No, pos ya se olvidó. Ya no me cesaron". Y se lo dije a todos los trabajadores ahí juntos. "Esa declaración sé que me va a costar mi trabajo", pero yo solamente sabía cómo estaba por dentro. Y la jubilación esa... Ora dígame, uno que no tiene conciencia no hace nada por temor a que le quiten el trabajo. Y los tienen bien agarrados, está bien agarrada la gente ahí; el que agarra un trabajo ahorita pues no puede ser comunista, aunque tenga muchas ganas. Dos o tres muchachos ahí:
 - ¿Y cómo le haces tu Veneno?
- Pos mira, yo en las noches si puedo ir, voy y se discute tantas horas.
- ¿Y luego pa' regresarte?
- Bueno, pos yo todavía me doy mis mañas pa' regresarme.

Y así, unas dos o tres gentes salieron al Partido, del Seguro, de mi dependencia. Pero no se puede ir de aprendizaje, ésa es una; la otra, un trabajador no se puede trasladar. Tiene que traer sus treinta pesos, la mitad de su salario mínimo para trasladarse a su casa. Gastarse los treinta o los veinte pesos, y eso si no vive lejos. Ora dígame, los que viven en Iztapalapa si van a tener cien pesos para pagarle al chofer para venir a engrosar filas comunistas. No se puede. Esa es mi teoría, ahora lo estoy viendo. Toda la gente que no tiene trabajo y que no tiene nada que perder, bueno, pues engruesa, ¿a qué viene, qué esta haciendo? Si no tiene otra cosa, pues engruesarse a las filas del Partido Comunista, que es su única defensa. Eso pienso yo, pero eso es una cosa personal que ahora después he venido viendo, la situación del trabajador.
Quién sabe si les platiqué que a mi hija la agarraron presa.

JB.- No, ¿en 68?
BG.- No, no, ella era niñita, tendría nueve o diez años. Pues sí, hay que entregar a mi casa, adonde vivía yo. Ellos, su mira era saber los domicilios, los locales, porque no los sabían. Había un cuidado sobre el personal del Partido Comunista, un cuidado, que no como quiera se daban, nos dábamos los domicilios, ¿verdad? Porque no sabíamos, porque en todo hay traidores, hay entreguistas, eso no vamos a pensar en que no. Entonces éramos muy cuidadosos con los locales de los compañeros. Pero me agarran a mí y entonces había que agarrar a mi hija, y la detienen; una cosa muy chusca que le pasa a ella. Entonces la agarran, pero como ella andaba entrenada conmigo, y estaba oyendo siempre y hablamos sobre eso de las traiciones, de quién podía traicionar, quiénes eran. Había veces que estábamos sesionando y de repente caía la policía: es que había alguien que había denunciado. Entonces la agarran a ella y le dan juguetes y le compran muñecas, le dan una bolsita así con dinero, su muñeca, sus dulces:
- Ahora sí nos dices dónde.
- ¿Sí? pos yo no vendo a mi mamá…;
 Ha de haber tenido como ocho años.

  1. Ustedes están comprándome, con este dinero se compran cosas, y mi mamá no es cosa. Y esta muñeca que me regalaron -bueno, dicho por la policía que le interrogaban a mi hija- y esta muñeca es para que yo juegue, y también es para que yo entregue a mi mamá. Y los dulces no me los voy a comer, porque es para entregar a mi mamá. Nosotros vivimos en la Alameda; ahí dormimos, ahí comemos, y ahí caminamos y no tenemos casa.

De ahí no sacaron a mi hija. Pues ya fue cuando pedí yo que me la trajeran, porque me avisaron que habían detenido a mi hija. Entonces ya me la llevan y me dice:
- ¿Verdad mamá que esto no se regresa?
- Claro que no, no se regresa. ¿Quién te lo dio?
- Un Frías jefe de la Policía, me dijo.
- No, no se va a regresar.
Les dije yo que me trajeran al que le había comprado las muñecas a mi hija y el que le había dado para que me entregara. Y sí lo trajeron.
- Este señor, mamá, me dio dinero; otro me dio la muñeca y otro me trajo. Y a todos les dije yo que vivíamos en la Alameda, y como yo no te entregué, ni sé adónde vivimos, ¿verdad mamá?
- No, hija, no sabemos adónde vivimos.
- Esto se me queda a mí, porque ellos me lo ofrecieron, ellos me lo dieron. Es mío.
- Es tuyo, mi hija, tú te lo ganaste.
Han de haber sido unos veinte pesos, unos veinticinco, pero en moneda, su muñeca y sus dulces, así que ni a ella la pudieron comprar. Una niña débil que no actúa, que no sabe, que siempre estaba conmigo y siempre a los mítines, siempre pa' todos lados, la niña tenía esas ideas, de que no se debía de traicionar a una gente por ningún dinero. Luego en algunas huelgas ¿qué no le podría decir? se me han olvidado, a mí me quisieron comprar, ¡qué me compraban!, y ella oía eso, que me ofrecían dinero para que yo vendiera la huelga. Entonces la niña oía que no se debía de recibir ni un centavo a ninguno porque eran los enemigos del pueblo. Y ella pues estaba muy entrenada.
- No regreso.
- No regresas nada, hija, tú te lo ganaste a pura fuerza.
Así que me dejaron a mi hija; después ya me dijeron que la niña salía, que si yo quería, que saliera. "Claro, que ella se vaya a la Alameda, allá a su casa". Ora pa' cuidarnos, ella, al tiempo que la dan libre, van compañeros por ella, pos ya saben cómo cuidarse de que no los fueran siguiendo; ya casi conocía quiénes eran agentes, se conocían el tipo de agentes; se hacían paradas en tal lado, hasta que llegaba uno a su casa, ya despistando. Así que estas luchas para mí fueron por lo que viví una vida bonita.
 
JB.- ¿Hubo muchas expulsiones del Partido?
BG.- ¡Cómo no! No sé si conoce, no, no ha de conocer a Salgado, Andrés Salgado.

JB.- Pues no lo recuerdo.
BG.- Ora tiene un sindicato por ahí por el Carmen; Olivo Solís, a ése me tocó expulsarlo a mí de la célula. Salió expulsado; no sé qué cargos le hice, y más bien pos ya lo traíamos de encargo, y ya él se estaba desviando, entonces había que sacar a Olivo de ahí. Salió Olivo; luego sale Salgado como en 39, Salgado sale del Partido, y también se entrega. Y claro, como digo, al calor del Partido quedó mucha gente preparada para llevar un sindicato, tener uno un sindicato. Olivo tiene uno, Ramírez tiene lo suyo, Fulano lo suyo, todos tienen; pero se formaron al calor del Partido. Ahí se educaron, ahí fue educada la gente. Entonces, si tuvieron fallas, van pa' fuera, así se le reconociera durante el tiempo que fue trabajador, pero ya con sus errores no puede estar una gente dentro del Partido Comunista, con errores.

Como verá usted, el Partido Comunista tuvo un momento muy hermoso, para que hubiera hecho una organización tan fuerte, que le hizo frente al PRM como era antes; hubiera desorganizado al PRM, pero no sé los dirigentes qué fue lo que pensaron, pues dejaron esa organización ¿cómo se llamaba esa organización?... Lo que era el PRM, ora es Partido Revolucionario Institucional. Ahora es el que nombra a sus presidentes "Ahí les mando este presidente y porque ahí va", y  a ver, ¿quién le hace frente? ¿Campa? Yo di doscientos pesos para el ánfora, y así pasan las ánforas, para recoger para su campaña. Ora Campa no iba a ser un presidente, no llegará a presidente, desde luego, no iba a llegar. Pero sí le dice a la gente: "¿Y por qué anda el candidato gastando dinero del pueblo? ¿Por qué?"

Hoy fui a comprar queso a Aurrerá, ¡Hombre! ¡El 4% en el queso y en la crema! ¡No, señor! "Llévese usted esto", le digo:"¡No!" Pues cómo, ¿el queso de lujo? El jamón, todas las carnes frías entran con el 4%. Y la campaña de este señor, ¿quién la está subvencionando? En cada entidad que va, una explotación para el pueblo, exprime al gobernador, y ¡ándale pues, vamos! y ahí va la gente. Entonces el Partido Institucional dice: "Este es tu presidente. Aquí no hay más".
 
Orita me he alejado un poquito del Partido porque ya no salgo, porque ya no veo, porque los camiones se me pasan, porque no tengo modo de trasladarme a la hora que yo quiero, que no se me haga de noche, que esta cerradita es peligrosa[16] para una niña que yo tengo en la escuela que luego a veces se vienen mariguanos a fumar aquí, a echarse cosas. Me ven a mi hija a media noche, a las ocho y pico o nueve que llega de la escuela. Dígame usted, en este lugarcito, ¿qué le puede suceder a mi criatura? Es por lo que yo no ando orita en las filas del Partido, por cuidar a mi muchachita y por esta otra cosa, de que ya cumplí mis setenta años. Entonces no tengo la misma agilidad; he perdido años, pues pierde uno mucho en estas cuatro paredes. No hay otra cosa. Ora hubiera modo de luego que llega uno, agarra su coche, su camión, bueno. Además tiene que traer uno cincuenta pesos, o lo menos treinta pesos para agarrarse al carro o algo. Y orita un trabajador no puede desprenderse de esa cantidad porque ya no lo puede hacer uno que trabaja con el salario mínimo para andar p'allá y para acá. Por ejemplo, aquí en la Universidad, que yo he andado en algunos lugares, cuando es temprano. Entonces, ahí estoy dos horas parada esperando un camión a las tres de la tarde, para llegar con tiempo a las cinco ahí a Coyoacán. Mire pues, qué trampa es para nosotros, la gente menesterosa, que no tenemos para coger y agarrar un coche.  Y que estuviera el coche, ¡vámonos! para ayudar a la campaña a Campa. Es una cosa que no puede.

Siempre que me acuerdo, viví una vida muy bonita. Tuve una vida muy hermosa porque, sobre todo cuando no se tiene qué comer, en la mañana, y el estómago ya no pide, ya se acostumbró! Y unos fríos, ni con qué taparse uno, ni abrigo ni nada. Le daban un abriguito, "mira nomás", ya llegaba con su abrigo.

Es mucho decir de que yo y yo, pero a mí nadie me señala para nada. Yo fui una comunista honesta, real, responsable ante el pueblo, porque yo fui una líder que arrastraba mucha gente; yo era líder donde se producía, por ejemplo:

- Hay que ir a hablar a tal lado.
- ¡Benita!, Benita!

Entonces yo tenía madera para conquistarme a aquella gente. Era la líder para el momento en que se me encomendaba un trabajo. Acabando con mi trabajo ya no era la líder; nunca tuve tampoco el pensar de que "yo ya soy una líder, por dondequiera me aplauden, adondequiera me llaman y me busca la gente". ¿Quién puede decir de mí nada, absolutamente nada? Yo fui honesta dentro de mi partido y lo sigo siendo, puedo seguir siendo porque tengo inyectado eso; ¡se me grabaron tanto esas luchas tan duras que teníamos!; cuando no era con uno, era con otro, y cuando no era con la policía, con los sinarquistas, con los Dorados, dondequiera las organizaciones apoyadas por el gobierno, por el clero, todos esos nos perseguían a nosotros, siguen persiguiendo al Partido. Son gentes puestas por el Gobierno para en un dado caso agarrarnos con los sinarquistas, como ahora están los Halcones, como ahora están los Boinas Rojas, como ahora están, así era. Así que nosotros los comunistas nos teníamos qué defender no tan sólo de la policía, sino de las organizaciones puestas por el gobierno; todavía las hay, no se pueden acabar.

Pues, es todo lo que sé; “ai” son cosas que llevan ustedes incompletas realmente. Pero que no quepa duda: ¡Yo fui una comunista honesta, real, responsable ante el pueblo!

[1] Humberto Musacchio, Diccionario enciclopédico de México, Andrés León editor, 1995.
[2] La Jornada, 11 de septiembre de 2004.
[3] Jorge Basurto, Vivencias femeninas de la Revolución, INHERM, Premio Salvador Azuela 1993.
[4] Jorge Basurto, Cárdenas y el poder sindical, Era, 1983.
[5] ¿fotografías?
[6] Manuel Rodríguez. (La Jornada, 11 de septiembre de 2004)
[7] Meetings. El plural "mítines" es de uso posterior.
[8] "Ustedes" porque se dirige a José Estévez, auxiliar en la entrevista, y a quien la realiza.
[9] Ferretería alemana confiscada por el gobierno durante la Segunda Guerra Mundial y devuelta a sus propietarios por Miguel Alemán mediante, según se dice, una "gratificación" de un millón de pesos.
[10] Miguel Angel Velasco había sido propuesto como candidato a la Secretaría de Organización y Propaganda de la C.T.M.; su triunfo fue cuestionado por el grupo de Fidel Velázquez quien lo ocupó con el apoyo de Lombardo.
[11] Jefe de la organización fascista Acción Revolucionaria Mexicanista, contraria al gobierno de Lázaro
 Cárdenas, contra el que pretendió levantarse en armas. El enfrentamiento al que se refiere tuvo lugar el 20 de noviembre de 1935.
[12] Secretario particular del presidente.
[13] Se refugió en Mission, Texas y murió en 1940 en El Paso.
[14] En octubre de 1940, los Dorados, casi en extinción, asaltaron las oficinas del Partido Comunista.
[15] Manuel Avila Camacho dijo después al PC:"Nos equivocamos, ¿verdad?" (Entrevista con Dionisio Encina.)
[16] Se refiere a la calle donde vive.


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