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Legado Sindical No. 2                      Nueva Época                        Septiembre 2009
 
   

 


UNA MIRADA A LA UNIVERSIDAD NACIONAL
DE LOS AÑOS CUARENTA

Lic. Ma. Gpe. Josefina Rasso García.

Según el periódico sindical La Gaceta Universitaria, en su edición de enero-febrero de 1953, a principios de ese año falleció la señorita Cristina Rico, quien había laborado en la UNAM desde hacía más de cuarenta años. El anuncio apareció en una nota con dos fotografías, en donde se señaló que ('Gran consternación produjo en los círculos universitarios la muerte de la Srita. María Cristina Rico, que trabajaba en la Universidad desde 1912". Ahí se hacía mención de que su féretro había sido colocado en el Anfiteatro Bolívar, mismo que fue convertido en capilla ardiente ya donde acudieron centenares de estudiantes, profesionistas y empleados. En una de las fotografías se aprecia al Rector Luis Garrido, acompañado de otros funcionarios de la Institución. Hemos encontrado un artículo escrito por alguien que quiso hacerle un homenaje cuando ella había cumplido treinta y dos años de trabajar en la UNAM; desgraciadamente no contamos con el nombre del autor del texto. Sin embargo, por considerar que es una ventana a la época en que la Universidad Nacional se encontraba en el Centro de la Ciudad de México, lo publicamos nuevamente', a 68 años de distancia.

“Eficacia y Honradez”

Me encontraba sólo en los patios de la Universidad, una de estas noches en que comenzamos a sentir la necesidad de abrigarnos, e insensiblemente se fueron fijando mis ojos en las ventanillas del Departamento de Preparatoria. A través de los cristales empañados, que parecían encerrar con avaricia los últimos minutos de la tarde, una sucesión de recuerdos impregnados del grato sabor de los alegres momentos de la vida estudiantil fueron apareciendo en mi mente. Parecióme como si en los corredores vibraran los ruidos característicos de la población escolar de la Preparatoria, y tuve la impresión de que las risas francas y juguetonas que escuché en ese mismo sitio, en el año de mil novecientos veintinueve, volvían otra vez a lanzar al espacio el eco de ese lenguaje sin palabras que representa el murmullo producido por las mil risas, pasos y voces, que en forma ininterrumpida revoloteaban en el ambiente. Pensé hallarme nuevamente entre mis compañeros de estudios y creí que habitaba un país distinto a todos los conocidos, un país eufórico lleno de maravillas, a cuyo divino contacto habíamos vivido nuestros mejores días todos los que hicimos nuestro bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria.

Al ir apareciendo ante mis ojos esa serie de recuerdos, me vi de pronto entre los preparatorianos de aquella época, al iniciarse los cursos. Allí estábamos, formando desde hora temprana una interminable "cola" a fin de recoger las credenciales que nos permitirían entrar a clases, y escuché nuevamente la respuesta que daban a nuestras preguntas lo empleados de la Escuela o los alumnos de segundo año: "Las credenciales se recogen con la señorito Rico"

Mucho tiempo antes de conocer a nuestros profesores o a las autoridades de la Escuela -que por aquel entonces estaba dirigida por el caballeroso y culto Dr. D. Pedro de Alba, maestro a quien siempre recordamos con cariño y gratitud- conocíamos a la señorita Rico. Con ella arreglábamos todo Io relacionado con nuestras inscripciones, distribución de materias, señalamiento de los grupos en los cuales debíamos cursar las diversas asignatura  comprendidas en el plan de estudios, etc., etc.

 ¡Y cómo admiramos la habilidad de la " señorita Rico para despachar los asuntos encomendados a su Departamento! Nunca entregaba una credencial en la que no se hallaran todas las materias que los alumnos debíamos cursar. Tanto los estudiantes de segundo año como nosotros, que por primera vez nos inscribíamos en la  Preparatoria, veíamos con asombro la eficacia y esmero con que atendía a sus labores. Para quienes nos acercábamos a la más alta institución de cultura en nuestro país, sorprendidos del número de alumnos que llenaban sus aulas con los "perritos", resultaba verdaderamente asombroso el funcionamiento del Departamento de Preparatoria.

Hoy cuando el tiempo inexorable ha transcurrido con su marcha, lenta a veces y en ocasiones con rapidez de vértigo, en momentos amplia y diversa como un horizonte de promesas, más deseadas cuanto más remotas, y de cuando en cuando gris y monótona, me explico con toda precisión esa admirable facilidad de la señorita Rico para el desempeño de sus labores, esa matemática exactitud con que tenía y tiene aún dispuestas las credenciales de los alumnos, las listas provisionales, los registros de clases, los informes estadísticos, la clasificación de los grupos, etc, etc,

Me la explico porque no han de necesitarse profundas meditaciones para comprender que una empleada como mella, que se encuentra prestando sus servicios en la Universidad desde el veintiséis de enero de mil novecientos once, con una dedicación ejemplar y un gran cariño, necesariamente habrá adquirido la práctica que ya en nuestros años de preparatorianos comenzamos a elogiar. Una empleada así es por sí sola motivo de satisfacción para la Universidad. Su propia dedicación ha hecho que las autoridades le otorguen, por riguroso escalafón, la Jefatura del Departamento de Preparatoria, sin atropellar el derecho de nadie, sin que sus ascensos hubieran significado la solapada complacencia de ningún superior.

Los ascensos de esta servidora de la Universidad, no han menester de reflexiones. Una situación así, como decíamos antes, se justifica por sí sola; su misma existencia es una justificación. La nobleza, la puntualidad, el esmero, la honradez y la dedicación son los factores determinantes que dieron origen a la decisión de las autoridades universitarias para encargarle la jefatura de un Departamento de la importancia del que ella maneja, a una mujer.

Cuando los estudiantes de la Preparatoria escuchábamos por primera vez el nombre de señorita Rico, casi siempre recibíamos al mismo tiempo la noticia de que era una empleada muy enérgica. En ocasiones hasta se nos llegaba a indicar que era mejor no hablar con ella. Para poder expresar la impresión que experimentábamos ante semejantes datos, básteme decir que cuanto compañero se acercaba a las ventanillas de ese Departamento, esperaba con verdadera angustia el momento en que hubiera de tratar con la señorita Rico. Y, sin embargo, al hablarla, al tratar con ella nuestros asuntos, recibíamos una impresión muy en contraste con lo que habíamos pensado en un principio. Es cierto que no hallábamos en ella una mujer que estuviera riéndose siempre. Es más, yo no recuerdo haberla visto reír nunca cuando atiende a su trabajo. Pero puedo asegurar que con frecuencia ríe por dentro. Por fuera da la impresión de ser profundamente taciturna, casi como esfinge. Tal vez esa sea la circunstancia que ha dado a que se afirme que es temible, cuando en verdad todo se reduce a su silenciosa impasibilidad. No se por qué desde los primeros días en que pude tratarla, siendo estudiante de la Preparatoria, pensé en que había entre ella y un gran novelista español una enorme semejanza, en lo que a su aspecto de rigidez humana se refiere: "Su rostro es comparable a un cristal opaco; nada se refleja en él. Ya oiga o diga las cosas que se quiera, su fisonomía permanece inalterable, los músculos no se contraen, ni acusan la más leve sensación".

Ese parecido fisonómico con Jacinto Benavente, que en un principio quise encontrarle a la señorita Rico, con el tiempo ha ido desapareciendo de mi imaginación, que es sin duda el único sitio donde ha existido, porque después he tenido  oportunidad de tratarla en algunas ocasiones; ya sea en los corredores de la universidad, en la Dirección de la escuela preparatoria o en la calle, cuando a la salida de sus labores esta esperando el camión que habrá de conducirla a su hogar, y en todas esas partes me ha saludado siempre con una sonrisa amable, tranquila, profundamente expresiva. “Un organismo sano en la subestructura indispensable para un espíritu jovial, activo, generoso, optimista; un organismo enfermizo es el fatal incubador de la tristura, la pereza, la envidia, el pesimismo" según afirma José Ingenieros, y el organismo de la señorita Rico, sano, fuerte, no podría sino ser el antecedente de una amplitud de espíritu y de buen humor que por desgracia no le está permitido manifestar en las horas de su trabajo. Y ya he dado prueba más elocuente de que también sabe reír. El parecido aquel con Jacinto Benavente que había forjado mi fantasía, no puede traspasar los muros del Departamento de Preparatoria, en el que desde hace treinta y un años viene trabajando con una asiduidad ejemplar, y con un concepto de cumplimiento del deber de que tan ayuno se encuentra hoy por hoy este país.

Y con relación a la seriedad que guarda dentro de su oficina, hoy tenemos una explicación muy distinta a la que se nos había tratado de dar en otros tiempos. No es el mal carácter de la señorita Rico, sino la enorme responsabilidad que pesa sobre sus hombros lo que la obliga a ser adusta. ¿Quién puede sonreír siempre, con las obligaciones que ella tiene? ¿Cuáles? Las siguientes: en su oficina, cuyo funcionamiento se encuentra admirablemente dividido entre los diversos empleados que están a sus órdenes, ella tiene a su cargo las inscripciones, los exámenes en general, los cómputos de asistencias para dar derecho a los alumnos a presentar los exámenes finales, ya sea con el carácter de ordinarios o de extraordinarios, atender a los alumnos y al público, rendir todos los informes que necesitan las autoridades escolares, así como la formulación de los informes estadísticos que mensualmente debe rendir, la expedición de "pases" a las facultades universitarias, y en general la revisión de todos los asuntos encomendados al Departamento de Preparatoria.

La señorita Rico, comprendiendo admirablemente lo ventajosa que resulta una adecuada división del trabajo, ha distribuido las labores del Departamento a su cargo de la manera siguiente: la señorita Emma Lozano tiene a su cargo los exámenes extraordinarios y a título de suficiencia, citar a los jurados para los mismos, la concentración de datos de todas las libretas de los profesores de la Preparatoria en las listas kardex que hoy ascienden a más de ochocientas.

Cuántas veces hemos tenido oportunidad de visitar ese Departamento, hemos podido apreciar la eficaz colaboración que la señorita Lozano presta a la señorita Rico. Por ello, creemos de justicia hacer especial mención de esta empleada ejemplar, cuya actividad no ha decrecido con el tiempo. Realmente el ejemplo de puntualidad, dedicación, honradez y fiel cumplimiento del deber que ha sabido dar la señorita Rico, se halla reflejado en esta otra empleada que merece  la estimación y el aplauso de todos los que de algún modo estén relacionados con la Escuela Nacional Preparatoria.

Las otras empleadas, laboriosas todas y también magníficas auxiliares de la señorita Rico, son la señora Villalobos, la señorita Ajuria, la señora Trejo, la señora Sierra y la señora Olmedo, y tienen distribuidas sus labores según los bachilleratos que se cursan en la Escuela: Medicina, Derecho, Ingeniería, Arquitectura y Ciencias Químicas. Ellas tienen a su cargo la tramitación de la correspondencia, hacer las boletas de calificaciones de los alumnos, los informes de los estudiantes pensionados, las listas adicionales para los alumnos que no  presentaron sus exámenes en el día fijado para ello, las listas de calificaciones, anotar las materias revalidadas ya por el Departamento respectivo, hacer las credenciales de más de tres mil alumnos, etc., etc.

Tan solo el número de alumnos de la Escuela Nacional Preparatoria será suficiente para formarnos una idea de las dificultades que tiene que vencer la señorita Rico para conseguir que todos los asuntos que se le encomiendan estén resueltos siempre con una matemática exactitud. Por tanto, al terminar este artículo nos satisface hacer llegar hasta ella nuestras sinceras felicitaciones por la eficacia y honradez con que desempeña sus labores, y aplaudimos al mismo tiempo la ejemplar colaboración que le prestan las empleadas de su Departamento.

México, D.F., noviembre de 1941