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Noviembre 2005                               Suplemento No. 12                                                 p. 1/3 
 
 

 

Otro modo de ser…

Araceli Zúñiga

Debe haber otro modo que no se llame Safo
Ni Mesalina ni María Egipcíaca
Ni Magdalena ni Clemencia Isaura
Otro modo de ser humano y libre
Otro modo de ser

Rosario Castellanos “Meditación en el umbral” (fragmento)

Con estas otras palabras nos acercamos al otro modo de ser de la Doctora en Letras Españolas por la UNAM, Clementina Díaz y de Ovando, universitaria con reconocimiento internacional que se dedicó, desde muy joven, a las labores “propias de su sexo”: escribir, leer, investigar y enseñar amorosamente.

Como nautilus, nací de la nada.
Proporción matemática ritma mis pasos,
(...)
Como el nautilus
acepto ensanchar el camino de las olas.
Me comprometo en el giro de la espiral,
tan misma, tan diferente.
Como nautilus

Olivia de la Torre
“Nautilus”
(fragmento)

La doctora Díaz y de Ovando siempre ha sido una pionera. Nació con la luna en signo femenino: el signo de la palabra. Muy pronto en su vida inició su propio camino para acceder, como sor Juana, a las fuentes del conocimiento.

Por ser hombre
Te adueñas de
La voz
Pero dime
¿por qué
debo ser
el eco?

Leticia Herrera
“Incógnita”

Profesora desde siempre, directora del Instituto de Investigaciones Estéticas, Consejera Universitaria e integrante de la Junta de Gobierno de nuestra Universidad Nacional. Fue becaria del Centro Mexicano de Escritores, y pertenece a su comité directivo.

En
El
Principio
Fue
El
Verbo
Y
Sigue
Siéndolo

Leticia Herrera
“Demagogia”

Investigadora Emérita, recibió el Premio Universidad Nacional en 1988. Su minucioso estudio sobre la Universidad Nacional, así como la CRÓNICA (con mayúsculas) de nuestro campus: “La Ciudad Universitaria de México. Reseña Histórica 1939-1955” representa la más completa historia de nuestra casa de estudios.

Miembro de la Sociedad Defensora del Tesoro Artístico de México.

Quiero la piel
La piedra
La madera
Y la arcilla
El vidrio
El papel

El algodón
La lana
Para vestir mi casa
Y el amor que da todo

Leticia Herrera
“Casa nueva”
(fragmento)

Recibió, en 1995, la distinción como “La mujer del año”. Pero las universitarias sabemos que no sólo fue La mujer del año porque es la Mujer de todos los Milenios. La de los signos de la Serpiente: los signos femeninos.

En el diálogo con la naturaleza abrimos los sentidos, jugamos con ellos, los sustituimos para darle oído al ojo, ojo al tacto, tacto al pensamiento, pensamiento a la palabra. ¿Cómo definir, en esta búsqueda del ser, una diferencia entre la mujer y el hombre? ¿Cómo se ha dado esta evolución? ¿Cómo ha transitado, en el proceso creativo, la mujer en este siglo? ¿Cómo distinguir su voz? ¿Es otro su timbre, su modulación, su temperamento?

Miriam Moscona La Fuerza Creadora, un acercamiento a la mujer en el Arte (fragmento)

Autora de El Colegio Máximo de San Pedro y San Paulo (1951), La Escuela Nacional Preparatoria. Los afanes y los días 1867-1910 (1972). Se encargó de anotar y prologar las obras completas de Juan Díaz Covarrubias (1979). Ha publicado diversos estudios sobre Vicente Riva Palacio y Juan A. Mateos.

Ya vuelvo a caminar
Conmigo misma
Y no
Detrás de mí

Leticia Herrera
“De regreso”

Uno de sus trabajos de investigación fundamentales es el relacionado con la importancia que el siglo XIX mexicano tuvo para la trama del concepto de nación, y la trascendencia que esta etapa tuvo en la consolidación de la nacionalidad mexicana. Doña Clemen –como se le conoce cariñosamente en la universidad– obtuvo en 1975 su incorporación como miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia, que años más tarde la llevaría a formar parte de la Academia Mexicana correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española.

Sólo se puede ganar la luz
Siendo dueña y señora del arcoiris,
Y eso lleva tiempo.

Olivia de la Torre “Tiempo”

Clementina Diaz y de Ovando, Doctora Honoris Causa por la UNAM, gracias por honrarnos con su presencia universal.

Las puertas del corazón

Rosario Covarrubias G.

En memoria de todas ellas (†). Contra el olvido: todas las voces.

Últimamente, cuando estás dedicada a los quehaceres de tu casa, cumpliendo la rutina de tus horas sola. Echas de menos el cafecito que tomabas con Ofelia por las mañanas, ahí, en su casa llena de flores y de recuerdos. Era el momento mejor del día joven. Ella te ofrecía la posibilidad de compartir la historia de su vida, su experiencia y la sencilla generosidad de su carácter. Alegre como siempre, te mostró que aún en estos tiempos es posible sonreír amaneciendo, hacer un alto en el vértigo de las horas para contemplar al gato que sueña entre las flores que te enseñó a cultivar, el momento en que una flor de tu jardín aparece en el florerito de plástico que tu hija menor coloca cada mañana en tu buró. Ofelia, tu amiga que vivía sola, la de la casa del fondo, la que barría el andador en punto de las seis de la mañana, y que andaba despacito por la unidad y por la vida. Entre sorbo y sorbo de café te enseñó que no es lo mismo envejecer que crecer, y que la vida se trata justamente de eso. Ella era una mujer que aprendió a vivir creciendo, tal vez más que muchos que conoces. Ahora tomas el café sola. Sabe amargo, es como si bebieras un café de lágrimas. Sentada frente a la silla en que solía sentarse en tu casa, pareciera que en cualquier momento estará ahí para tomar el café que por costumbre sigues poniendo sobre la mesa. Quieres oír su voz llena de consuelo, de palabras sabias. Que te platique cómo se las arregla para vivir con su modesta pensión de secretaria y su alegría por haber recibido la pensión del gobierno de la ciudad, alguna carta de su hijo. Por tu cumpleaños o por el suyo… Ofelia cumple hoy dos meses de haber sido asesinada, allí, en su casita llena de flores y de recuerdos. Fue un golpe devastador, su corazón bueno le ofreció un vaso de agua a quien llegó a su puerta preguntando Dios sabe qué. Tú la encontraste en su sala, entraste porque era la hora del café, llevabas las galletitas que tanto le gustaban, no tuviste que tocar el timbre, sonreíste porque se te adelantó y abrió antes. El comienzo de un infierno lo inició tu grito roto como el plato de galletas: reportar a la policía, las declaraciones, la investigación y después… nada. Nadie sabe nada, Ofelia para la opinión pública es una estadística. Para ti, una ausencia que duele, una pérdida irreparable; para tus vecinos, el miedo y la indignación. La amenaza para todos: el olvido. Quieres invitar a todos a cuidarnos mutuamente, conocernos, hablarnos, reconocernos, protegernos. Dejar atrás la indolencia, hacernos entender que todas las vidas deben importarnos, aprender a mirar más allá de nuestras casas. Vale la pena. No dejas de pensar que lo peligroso para Ofelia fue tener abiertas las puertas del corazón para un desconocido.

Pilares

Como oscuros pilares
en casa de los vientos.
No sé qué voces
buscan
sus troncos silenciosos.
Se yerguen a imposibles.
Se abrasan en la noche.
Como torres vivientes
del anhelo inmaculado.

Iliana Rodríguez