Enero
2007 Suplemento No.
19 p.
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Utopía Telecracia en aprietosEduardo Ibarra Aguirre R e sulta tan avasallante el poder político y financiero del duopolio televisivo, que con frecuencia se da por hecho que su eficacia mediática y mediatizadora está fuera de toda discusión. En un país de predominio de los monopolios, en contraposición con el rumbo antinacional abierto en 1982 por la tecnocracia presuntamente neoliberal, no es extraño que el poderío individual de estos gigantes con frecuencia trasnacionales, se sobreponga al de un Estado cada vez más acotado y débil para desempeñar la rectoría constitucional en los procesos económicos y en materia de telecomunicaciones. Durante el sexenio de Vicente Fox Quesada y Martha María Sahagún Jiménez , los autodenominados “Soldados del PRI” – Emilio Azcárraga Milmo dixit –, se transformaron en generales de división de la política y los negocios, la desinformación y el entretenimiento. Recibieron el decretazo del 12 de octubre de 2002 que eliminó el 12.5 por ciento de los tiempos fiscales y lo redujo al 1.5 por ciento –lo que equivalía a 13 mil millones de pesos anuales–, la ley Televisa para garantizar jurídicamente la reproducción de la hegemonía del duopolio durante tres sexenios, además de 130 permisos para que Televisa opere centros de apuestas. Recibieron todo. Y aún reciben más. Incluido el espaldarazo de Luis Téllez Kuenzler para que no se forme una tercera cadena televisora, como la que proyectan General Electric y el Grupo Saba. Pero a cambio de qué. Porque pareciera que no están resultando tan eficaces pagadores de las prebendas otorgadas por el anterior y actual grupo gobernantes a Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego , cuando el candidato presidencial con el que cerraron filas sin ningún recato ganó con muchos apuros la Presidencia de la República, de acuerdo al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, tantos que en sus primeros 20 días de gobierno el Ejército y la Armada resultaron el aliado principal. De esta manera menos diluirá el estigma de la ilegitimidad. No aprenden. Se tropiezan con la misma piedra. En esencia es la misma historia del 6 de julio de 1988, cuando Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano , con el vacío absoluto de la entonces televisión monopólica, puso en graves aprietos a Carlos Salinas de Gortari . O más recientemente, en que el desafuero de Andrés Manuel López Obrador fue tratado por las dos televisoras como si no existiera. La salida de Bernardo Gómez de la vicepresidencia ejecutiva de Televisa, el principal operador político de Azcárraga Jean , y los severos ajustes que se producirán las próximas semanas en los segmentos informativos y en programas denominados de análisis y debate políticos, es inevitable asociarlos con la pérdida de credibilidad de los principales conductores por la notable parcialidad con que se condujeron antes, durante y después de las elecciones presidenciales. Credibilidad que se ha visto reflejada en una severa pérdida de televidentes durante octubre respecto a los meses anteriores, de acuerdo al reporte comparativo mensual de IBOPE. Pérdida que necesariamente restringe la eficacia de las dos empresas que pese a tener monopolizado el mercado, o precisamente por ello, muestran serias limitaciones como instrumentos propagandísticos y publicitarios del gobierno de Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa , quien desde ya revela grandes aptitudes y, sobre todo, necesidades de superar a la autodenominada pareja presidencial en el multimillonario gasto, directo e indirecto, en los canales del duopolio. El uso y el abuso que está haciendo Calderón Hinojosa del instrumental de Televisa y de Tv Azteca al tomar posesión desde Los Pinos la medianoche del 30, al organizar un acto en familia alternativo al del Palacio Legislativo de San Lázaro, al informarnos la súper obviedad de que él es el presidente de la República y al ostentar hasta la saciedad que gobernará con y junto las fuerzas armadas, podrían servir para mantener agradables niveles de aceptación ciudadana, siempre y cuando la tenacidad mediática no mengüe, pero difícilmente para conquistar voluntades que no se originaron en las urnas. www.forumenlinea.com Despertando al monstruo, o el enemigo también sangra… Rosario Covarrubias Vieron extraños rondando su barrio, no pasaba nada y por eso podía pasar. Algunos se animaron a preguntar sin tener respuesta clara, pasaban los días y los hombres de negro seguían tomando fotos. En las angostas calles del pueblo comenzó a crecer el miedo. Alguien dijo que habían secuestrado a varios niños, el rumor entró como aire a las casas y a los corazones de la gente. Dice Pablo que el barrio se empezó a poner distinto, descolorido, que hasta las plantas y los árboles comenzaron a portarse como si no hubieran recibido agua en mucho tiempo. No hacer caso de él, decían otros. Está loco. Dice que él nació para ganarse la vida haciendo preguntas; que si sabes por qué el cielo es azul, que por qué las flores son de colores, que por qué todos somos distintos porque somos iguales, por qué unos dicen mentiras y otros oyen verdades y al revés, que si sabes por qué a veces Dios se toma vacaciones. Cosas de esas y otras peores. De loquito. Uno se lo quita de encima dándole algo, monedas o comida; así anda por el pueblo, no sin antes decirte que no es limosna, que pagas por lo que no sabes, y que es mejor tener todas las preguntas y no todas las respuestas que ni has buscado. Nomás porque estorban las preguntas… María se quedó pensativa mirando la banqueta… los demás se quedaron expectantes… Lo que sí -dijo al fin-, es que yo miré al cielo y una nube muy gris, como de agua mala se puso la tarde de los policías... Silencio. Todos se miraban unos a otros, diciendo con miradas sesgadas que se estaba sintiendo como si algo apretara los corazones, como si una mano enguantada hiciera presión y lo hiciera llorar lágrimas negras de sangre expuesta al aire, así, como la sangre de las reses queman de rojo el piso de las carnicerías. Algunos se juntaron esa otra tarde ahí, en la calle, como otras, pero ahora llevaban en las manos flores y veladoras, se pusieron a hacer montoncitos de ramos alrededor de las dos cruces, a encender luces que no alumbraron ni esas cruces, ni conciencias ni miedos danzando alrededor de este presente aterrado. Entonces había que hablar a sombras, como telépatas que no saben pero supieron que hace sólo unos días se les escapó el alma y dejaron de ser María, Javier, Santiago, Omar, Lupita, Ana, Luis, Belinda, Cata, Yadira, todos los nombres de toda la vida. Con el silencio de nuestras palabras muertas, como mirada cegada que volvió a ver con una luz un poco más oscura. Sé que recordaron la tarde que decía María, se les quedó metida en el alma, la tarde gris o negra de los policías. Esas cruces de arrepentimiento inútil son recuerdo de la ausencia de olvido. Era una tarde joven, las estrellas comenzaron su ronda para sentarse en la noche, se iban acomodando para despedir al sol con sus voces blancas. Pero en la calle despertaron temprano las sombras que se escaparon de los muros, se salieron de las casas, otras salieron de las bocas siempre cerradas, las palabras muertas brincaron sobre piedras y banquetas, un grito serpenteó por el barrio como un espectro veloz, enroscándose en todo y en todos: cercando la tarde y las razones, acorralando los nombres y las vidas. Lluvia de oscuridad cernida sobre las criaturas que recordaron sin encontrar algo más grande que su miedo y su indefensión se juntó como se junta el fuego para devorar todo a su paso. Una voz de bronce llamó un ejército de palabras muertas hechas alarido, primero pocos cercando a los extraños, luego más, llegaron gritando, el bronce llamó a más hasta que alguien agotó sus amenazas y lanzó el primer golpe, no tuvo respuesta, otro golpe, igual, alguien más se animó y pegó, y luego otro y otro y otro, golpeando a gritos, se pusieron golpear con su silencio, cuerpos sin alma, armados de palos, de uñas y puños, pateando las encarnaciones de sus males, sus carencias y venganzas. Redimiendo la pobreza, muerte social con la otra muerte. DesiderataIliana Rodríguez Para las luces negras de tu sol herido y mi quebranto con indemnes lunas; para las sombras escultoras y los polvos plañideros de estas calles; para el perro ubicuo y las moscas adversarias; en fin, para la rosa -obligatoria en el jardín del mundo- y aun para el espejo de los ciegos voluntarios, pido un verso que los nombre, que los cure y que nos salve.
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