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Abril 2008                              Suplemento No. 28                                                p. 1/3 
 
 

 

Cábala cultural

Fernando Contreras

Pintores del Renacimiento

1. Pintor renacentista, estudió en el taller del Perugino, es autor de El sueño del caballero, Desposorios de la Virgen, entre otras:

a) Vittore Carpacio
b) Rafael Sandio
c) Paolo Uccello

2. Pintor humanista alemán, influido por Erasmo, viajero de Italia, particularmente Venecia; es autor de Adán y Eva, La adoración de la Trinidad:

a) Alberto Durero
b) El Greco
c) Marco d´Oggiono

3. Pintor y escultor y arquitecto italiano, autor de La Sagrada Familia:

a) Francesco del Corsa
b) Miguel Ángel
c) Botticelli

4. Pintor italiano, seguidor de Mantegna y Donatello, famoso por sus madonas:

a) Jacopo Bellini
b) Giovanni Bellini
c) Gentile Bellini

5. Pintor italiano de la escuela veneciana, discípulo de Tiziano, Bordone y Perdenone, es autor de Milagros de San Marcos:

a) Francesco Di Giorgio
b) Antonello de Messina
c) Jacopo Tintoretto

6. Pintor italiano, representante de la escuela florentina, influido por Filippo Lippi y Verocchio, es autor de El nacimiento de Venus:

a) Sandro Botticelli
b) Domenico Ghirlandaio
c) Giovanni da Udine

7. Pintor nacido en Creta, se inspiró en Tiziano, Tintoretto y Miguel Ángel, autor de El martirio de San Mauricio:

a) El Greco
b) Alberto Durero
c) Lucas Cranach el Viejo

8. Pintor italiano de la escuela veneciana, discípulo de Bellini y de Giorgione, autor de Amor sagrado y amor profano:

a) Rafaellino del Garbo
b) Venoso Gozzol
c) Vecellio Tiziano

9. Pintor renacentista alemán, funde las características flamencas e italianas; es autor de El martirio de San Sebastián:

a) Hans Holbein, el Joven
b) Hans Holbein, el Viejo
c) Matthias Grünewald

Solución. 1. b, 2. a, 3. b, 4. b, 5. c, 6. a, 7. a, 8. c, 9. b (INVERTIR)


Tarot cultural

Aqueo Tarquino

Generación del 98

La Generación del 98* designa a un conjunto de escritores afines que se agrupan a raíz del Tratado de París. Éste consagraba la pérdida de los últimos territorios españoles en América (Cuba y Puerto Rico) y Asia (Filipinas) y ponía de relieve la crisis social ideológica y política por la que atravesaba el país. La actitud literaria de este movimiento fue la de crítica y revisión de todos los valores en una tentativa de poner un remedio al interior de la decadencia que sufría España y de amortiguar las consecuencias psicológicas de la pérdida de su jerarquía de gran nación.

Todos los componentes de esta generación comulgan con la exaltación de Castilla como núcleo aglutinador de España a la vez de que se siente atraídos por los escritores Gonzalo de Berceo, Jorge Manrique, Miguel Cervantes y Francisco de Quevedo, admirando a Mariano José de Larra y a los ilustrados porque ya habían sufrido y analizado este problema.

Los precursores de este movimiento fueron Mariano José de Larra, Ángel Ganivet y Joaquín Costa, y los iniciadores Miguel de Unamuno, José Martínez Ruiz Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado, Ramiro de Maeztu, Valle Inclán y Benavente.

Buscan en la historia la esencia de España, los valores de la patria y la raíz de los
problemas presentes.

Se rebelan y protestan ante el atraso del país.

Exaltan los valores nacionales y patrióticos.

En pos de un afán reformador adoptan un estilo literario para exponer sus ideas.

Su característica principal es la de usar un lenguaje sencillo, apropiado con el fin de expresar de la manera más justa lo que se quiere decir, situación por la que abundan las palabras cultas, extranjeras y populares; predomina la oración simple, concisa y breve, evitando los párrafos largos y la subordinación.

Por ejemplo, en el Ideárium español de Ángel Ganivet, deja claro cuáles son las diferencias que señala en su obra, entre ideas “picudas” y “redondas”. Para él, ideas “redondas” son las que buscan la paz, el amor, aquellas que hacen que se concilien los intereses antagónicos, lo que se necesita para superar la crisis social y de postración en la cual se encuentra sumergido el país, no son los llamados a la violencia o a la lucha, esas son ideas “picudas” que no llevan a ningún lado.

Como ejemplo, se menciona el hecho de la existencia de tendencias que propugnan porque las ideas se transformen en instrumentos que inciten al combate, y que solamente de esa manera se logrará salir adelante. Mientras que, por otro lado, hay gente que está convencida de que solamente la conjunción de las ideas y de conocimientos llevará a buen puerto el futuro del país. La nación lo que necesita es gente con sentido patriótico, que no se jacte de ello, y posean centros de educación que impartan no sólo el conocimiento sino, principalmente, el amor por el saber.

Por su parte, Miguel de Unamuno, en su concepto intrahistoria, otorga un reconocimiento muy merecido a todos aquellos personajes desconocidos en lo individual, al hombre común y corriente con su vida cotidiana; el de las labores domésticas, al estudiante, al obrero, policía, etcétera, quienes con todo el cúmulo de acciones que realizan a diario y permanentemente mantienen de pie a la nación. A la vez de que esta idea tiene como finalidad llegar a lo más íntimo del país, y buscar soluciones a la crisis en que se encuentra sumergido.

La intrahistoria es la vida misma, pero la que no se aprecia a simple vista. Es la que sirve de fondo a la otra, de la que dan cuenta los diarios y revistas, porque esa pertenece a los que pasan a la posteridad y que se recargaron en los desconocidos que laboran, que estudian, los que son soldados en la guerra, en fin, los que están alejados del usufructo de la fama y las ganancias materiales.

En el presente es donde hay que escudriñar la historia, no es en otros tiempos. España se ha levantado y lo volverá a hacer con la participación de todos, los que en silencio trabajan para ello, son el conjunto de trabajadores de todo el país que no aparecerán en la historia oficial.

 En “El sepulcro de don Quijote”, Miguel de Unamuno nos habla del abandono de sí mismo y la completa pasión en sus acciones, como primer principio para iniciar el abordaje de una tarea tan compleja como la que se propuso don Quijote, un trabajo tan complicado como el desenmascarar y combatir la vulgaridad, al materialismo ramplón, dar cuenta del hipócrita, desmentir al mentiroso, desenmascarar a los falsos profetas, a los fariseos.

La lucha del bien contra el mal, pero sobre todo lo que hace un hombre que tiene fe en sus ideales, emulando a don Quijote, quien representa al espíritu, en contrapartida con los que el autor llama “Sanchos”, y que son fieles epígonos de lo material. El hombre con ilusiones es un entusiasta, un individuo que tiene fe ciega en sí mismo y en sus ideales; es él el que posee la capacidad de realizar obras extraordinarias, el que pone en práctica las ideas porque está consciente y claro de la utilidad que les debe de dar.

El mismo Unamuno, en “El sentimiento trágico de la vida”, reflexiona sobre el hecho que la extremada sensibilidad en algunos hombres puede ser interpretada como una situación de fragilidad orgánica, padecimiento que en muchas ocasiones son plasmados a través de sus actividades, como ha sucedido con determinados personajes de la historia de las ciencias y las artes, mismos que llevaron una vida atormentada o tuvieron un final dramático. Pero, en realidad, el autor deja entrever que esto sucede porque esos seres humanos poseen conciencia plena de su ser y su alrededor. El autor cree que existen países que también se encuentran enfermos y por lo tanto requieren curación.

A decir de la manera de pensar de los miembros de la Generación del 98, España se encontraba enferma y había que inyectarle vigor, pero sobre todo una dosis de fortaleza psicológica, pues su enfermedad era más psíquica que física, y por esa razón se presenta esa actitud colectiva de tragedia y pesadumbre.

En “La vida como lucha o agonía”, el mismo autor, Miguel de Unamuno diserta sobre la vida, dice que en sí es una pugna permanente, la cual se manifiesta en todos los ámbitos. Es aquella que libra el individuo a diario para cubrir sus necesidades más apremiantes: la lucha por la salud, por el vestido, los alimentos, etcétera. Esta lid se da de una manera individual y colectiva, y se desarrolla en diversas arenas. Sin embargo, la búsqueda de la verdad es una ardua tarea que se ha echado el hombre a cuestas desde el principio de los tiempos, llámesele palabra perdida, dios, el ser superior, etcétera, indagación que ha llevado a cabo de diferentes maneras. Sabe que la verdad sólo es una, la cual es intemporal, impersonal y omnímoda.

 La pericia con que se conduzca el ser humano en el transcurso del combate, es lo que le permitirá seguir viviendo o agonizar y morir. Para ello es menester trabajar colectivamente, la batalla por encontrar la verdad no la ganará nadie en lo individual; el individualismo conduce inevitablemente hacia la muerte, la verdad es signo de vida; si no se dan las controversias, mismas que sólo se presentan trabajando en sociedad, no llegarán nuevas ideas para que el hombre pueda continuar de pie en esta contienda que es la esencia de la vida.

 El ensayista José Martínez Ruiz, Azorín en “Las nubes” del libro Castilla, diserta sobre el simbolismo de las nubes como parte de la vida; deja entrever que las nubes simbolizan que nada es estático, la materia se encuentra en constante movimiento, nada permanece igual, todo sufre cambio. La vida se encuentra en su imparable marcha, independientemente de que el hombre exista. Aparentemente, se repiten los hechos, pero no, aunque veamos nubes con las mismas formas que hace días o meses, estas últimas ya se formaron con distintas moléculas de líquidos o gases que las anteriores.

 También las nubes dan la impresión de no tener fin. Parece que día con día renacen, pues siempre están, aunque no sean las mismas, porque cada una de ellas fenece; el hombre en lo individual, igualmente muere, pero la humanidad permanece, razón por lo que no se puede ver hacia el ayer, lo que interesa es vivir el presente y admirar la belleza de las nubes ahora, tal y como están, no especulando sobre otras que ya caducaron. Igualmente, en la vida cotidiana, el hombre no puede vivir de su pasado, ni planear sobre el futuro si no está claro de lo que significa el presente.

*Obras consultadas
Andueza, María. Selección de Lecturas de Ensayo Hispanoamericano del Siglo XX: México, UNAM, SUA, 2006.
----- Guía de Estudios del Ensayo Hispanoamericano del Siglo XX. México, UNAM, SUA, 2006.