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23 de junio 2008                              Suplemento No. 29                                               p. 1/3 
 
 

 

La dramaturgia debe correr nuevos riesgos

Héctor Cortés Martínez

En los actuales momentos de “ensimismamiento, narcisismo” y la falta de identidad de las nuevas generaciones, producto de la posmodernidad, globalización de contenidos y la influencia de los medios de comunicación, algunos directores y creativos teatrales advierten la necesidad de que el teatro nacional explore nuevas formas, referentes y enfoques para contar historias comunes, pero con grandes dosis de esperanza.

 Para el director teatral Gabriel Figueroa Pacheco es estimulante montar obras de la dramaturgia germana, ya que permite observar que los alemanes corren el riesgo de implementar nuevas formas para narrar historias humanas actuales, “lo que no ocurre aquí, en México, porque somos muy temerosos, nadie quiere perder lo que tiene, ni la fórmula de lo encontrado”.

 Gabriel Figueroa, quien dirige la obra Dios es un DJ, del escritor alemán, Falk Richter, en el marco del Ciclo de Teatro Germánico Contemporáneo, organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Goethe-Institut Méxiko y las embajadas de Alemania, Suiza y Austria, dijo que en México “Se está produciendo en teatro con las fórmulas de moda, y hay quienes escriben cosas muy raras”.
 Añadió que la crisis de identidad de las actuales generaciones de jóvenes es mundial, “tenemos acceso a información y a contenidos globales, donde somos indiferentes unos con otros, existe un valemadrismo y un ensimismamiento, porque perfectamente le puedo partir la madre a otro y no pasa nada. Nada más importa lo que está de moda. El narciso que se prendaba de su reflejo en el río, regresó con mayor fuerza gracias a los medios de comunicación”.

 Puntualizó: “En este momento cualquiera puede tener sus 15 minutos de fama, basta con que cuelgue sus videos en You tube, y ni los 15 minutos le bastan, pero la indiferencia de uno por el otro la observamos con la discriminación entre grupos de jóvenes, como es la guerra de tribus urbanas, ejemplificado con el caso de los emos”.

 Además, precisó que hay un desencanto social imperante: “Antes sabías que trabajando podías hacer un ahorro, tenías para tu casa, tu coche, los gastos, pero ahora ya no. No hay esperanza. El mundo está desmadrado, es el fin de las ideologías que decían que la posmodernidad ya se acabó. Estamos en la vacuidad, el vacío que nos toca a todo el mundo, donde el problema es tener todavía esperanza”.

 Por su parte, Jorge Vargas, director de la obra La mujer de antes, de Roland Schimmelpfenning, expuso que el procedimiento de la dramaturgia que comparten tanto escritores ingleses, franceses, alemanes, suizos y austriacos, tiene que ver con los rasgos de la posmodernidad, “y en la historia, aunque se trabaja el tema de la frustración, se hace énfasis en la indagación de la verdad última de las cosas”.

 Para este director teatral, los elementos novedosos del teatro alemán son la propia arquitectura de la dramaturgia, “la yuxtaposición de diálogos, la elipsis del tiempo, donde da oportunidad al espectador de participar, y el tejido de la trama, a su vez, entrelaza la tragedia, los mitos, la irracionalidad y lo primitivo”.

 Por ello, aseguró: “No se puede imaginar que un texto inglés o germano, no tiene nada que ver con nosotros, más en un mundo actual donde las redes de comunicación son cada vez más borrosas e indiferenciadas y el hombre es lo único que queda de esencial”.

 Para Jorge Vargas, en esta obra el autor imprime de manera inteligente dispositivos dramatúrgicos muy complejos, que resultan retadores para todo creador, ya sea el director, adaptador y el mismo actor, “lo preocupante es que ante los problemas abordados, uno continuara con una mirada indiferente”.

 Y Luis Rodríguez, curador de esta muestra, opinó que los temas elegidos de este ciclo que se presentó durante mayo en diferentes teatros del Centro Cultural del Bosque, permite acercarse a la dramaturgia de jóvenes alemanes que retrata parajes desoladores, “parecieran escritores mayores y tienen entre 30 y 35 años de edad. Tocan temas a los que no podemos sustraernos, donde los personajes arrastran una existencia oscura y vacua”.

 Aseguró que uno de los beneficios de montar obras con textos germanos radica en la forma de abordar las historias, las técnicas escenográficas y de diálogos, “además de que nos acerca a Alemania, nos permite ver de forma renovada nuestros problemas sociales que, pese a la diferencia en las sociedades, son universales”.

 En el marco del Ciclo de Teatro Germánico Contemporáneo, además de éstas dos puestas en escena se presentaron seis lecturas dramatizadas a cargo de directores mexicanos (Salvajes, de Hândl Kalus; Negro animal tristeza, de Anja Hilling; Año nuevo, vida nueva, de Sybille Berg; Cabeza muerta, de Gerhild Steinbuch; Inocencia, de Dea Oler; y El autobús, de Lukas Bârfuss, en el teatro El Granero, y tres talleres donde participaron actores, directores y escritores de México, Alemania, Austria y Suiza.

hecomartin@yahoo.com.mx
Forum 177. Mayo de 2008.
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Por el perfume

Perdona la inclemencia,
la impiedad en todos soles.
Ante este muro antiguo,
la reyerta, el arrebato.
El escrutinio que disloca
y la mueca que remeda
la carcajada de los monos.

En la pantalla del deseo
aquel jardín inmóvil.
La perfecta comunión por ese fruto.

Que se alcen los cipreses,
el perfume entre las sombras.

Iliana Rodríguez


TEXTOS

Daniela Camacho

I
Juntos mordíamos la carne de las uvas. La canicular mañana nos mostraba los espejos y el dolor multiplicaba los escombros. Debajo del amurallado corazón crecían larvas y palomas. Con el cuerpo lívido de tanto opio atravesábamos la puerta del amor y poco a poco nuestras manos se incendiaban como hulla. Nadie nunca supo descifrar la líquida caligrafía de nuestras sienes. Solos y desnudos abrazábamos la muerte. Yo, bañada por el fuego de tus aguas, con la carne amoratada y fresca, asistía al nacimiento de pequeñas flores en mi boca, flores que serían escama, cicatriz, libélula. Tú, herido por el láudano y la sal, hablabas de cruzar el puente, de sanar al fin todas sus grietas.

II
Ya empieza a insomnecer y aquí no hay luna ni sol ni estrellas. No se escuchan las plegarias de la vieja rezandera ni hay jaurías mendigan­do las migajas del ayer. ¿Qué hora es ésta en que la piel se pudre y en el cementerio yacen tantos niños? ¿Qué palabras se pronuncian cuando de una boca virgen brotan los gemi­dos primigenios del dolor? ¿Qué lugar es éste donde el hambre y la apatía nos sofocan lenta­mente? No lo sé. En los párpados oscuros del silencio ya ha empezado a insomnecer, tal vez contemplemos el tristísimo y fingido orgasmo de la muerte.

III
Hermosísima tristeza la del astro. El sin cuerpo, el sin fe. No conoce el tacto ni la es­pera, pues nació de luminosa soledad. Con el sexo adormecido, va preñando la locura de noctámbulas mujeres, les desgaja los silencios y la herrumbre, humedece sus pezones con las alas de la lengua, les fractura los insomnios y la pelvis, las destiñe, las araña. Ellas beben agua­noche con las uñas, lamen luces con los dedos, se desangran, se deslavan… y amanece.

[Mujer ebria de luz]

Cuando digo «nací herida de muerte y fui obligada a vivir» no hablo de los muros construidos en mi cuerpo ni de las hermosas cicatrices que ornamentan la tristeza. Hablo del silencio, de mi sexo niño violentado por el fuego, del ardor en las cenizas de este vientre desollado. Y si digo que en la boca llevo el resabio de la sangre y la caléndula, que mis huesos tiemblan de dolor y no de frío, que las letras de mi nombre están vacías… Si digo que de noche, enceguecida por la luz del mundo, repto en la viscosa lengua de la soledad más mía, respirando el polvo de unas manos muertas y olvidadas, si lo digo… Si dijera que mis pechos lactan una miel amarga y amarilla, que en los ojos ya no tengo lágrimas ni sueños y que dios se fue quedando sordo… Si mi boca se atreviera a pronunciar estas palabras, si la turba de fantasmas en mi lecho se extinguiera, sólo así, mujer ebria de luz y de saliva, desataría los pájaros noctámbulos que anidan y se anudan en mi cuerpo, para escuchar el dulce sistolar y diastolar de mi destino.

Daniela Camacho (Culiacán, Sinaloa, 1980). Es poeta, ensayista y editora. Se graduó de ingeniería industrial y de sistemas por el itesm y en la actualidad estudia lengua y literaturas hispánicas en la unam. Publicó el poemario En la punta de la lengua (Tintanueva ediciones, 2007) y el libro de palíndromos Aire sería (Editorial Praxis, 2008). Es fundadora y miembro del consejo editorial y de redacción de la revista El Puro Cuento. En las próximas semanas se pondrá en circulación su más reciente poemario, Plegarias para insomnes.