La Huelga y sus Vicisitudes
El día 20 de junio, a las 12 horas, poco tiempo después
del rompimiento de las pláticas que se habían iniciado
apenas 3 días antes entre las autoridades universitarias y el
STUNAM, estalló en todas las instalaciones pertenecientes a la
UNAM, la huelga universitaria más importante de la década
de los setenta, dada la serie de movilizaciones y declaraciones ínter
y extrauniversitarias que generó, al grado de ser la noticia
que, por cerca de 3 semanas, ocupó las primeras planas de los
principales diarios y revistas de circulación nacional.
Para
conocer algunas de las vicisitudes sobre la huelga que estalló
precisamente en las escuelas y facultades localizadas dentro de la Ciudad
Universitaria, nada mejor que la bella y elocuente crónica publicada
días más tarde por el propio sindicato, en su órgano
oficial.1
STUNAM,
imponiendo sus banderas
"Las
doce horas, las doce horas", la señal que transmite la radiodifusora
que da la hora cada minuto, se escuchó en CU a través
del equipo de sonido de 'Radio STUNAM'. Inmediatamente, se escucharon
los acordes de 'La Internacional'. En esos momentos, centenares de trabajadores
en más de 160 dependencias de la UNAM se disponían a colocar
las banderas rojinegras, símbolo de la clase obrera y emblema
de la decisión por hacer respetar los derechos laborales que
nos otorga la Constitución del país. Los sellos de huelga
fueron pegados en cada puerta, en cada acceso. En unos minutos, la huelga
era un hecho, tanto en las instalaciones ubicadas dentro de CU, como
las que se encuentran en otros sitios.
"A
las 12 en punto, Radio Universidad dejó de transmitir.
"A esa misma hora se suspendieron las actividades en todos los
planteles de la Escuela Nacional Preparatoria, del Colegio de Ciencias
y Humanidades y de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales. Las
banderas rojinegras se extendieron por las dependencias de la UNAM en
todo el país; la huelga llegó hasta el observatorio astronómico
de 'San Pedro Mártir' en Baja California, y al de Tonanzintla
en Puebla (...)
"Espontánea
fue la colaboración estudiantil en muchas escuelas y facultades.
Alrededor de 600 alumnos de Economía y Ciencias Políticas
iniciaron una marcha por el circuito escolar de CU para apoyar el estallamiento.
Mientras tanto, los trabajadores se preocuparon por el mantenimiento
de ratas y otros animales que se emplean en experimentos.
"En
el Centro de Lenguas Extranjeras, Martín Cervantes cantó
el corrido 'La huelga en el CELE' que había compuesto. Allí
mismo el director se negó a salir de las instalaciones hasta
las 3 de la tarde, cuando le dio hambre. Lo mismo pasó en la
ENEP Cuautitlán y en el Instituto de Investigaciones Estéticas.
En la Prepa 1, un grupo de porros quemó la bandera rojinegra;
pero la huelga siguió".
La
hora de las definiciones
Inmediatamente
después del fijamiento de las banderas de huelga, comenzó
de nueva cuenta la lluvia de declaraciones individuales y colectivas,
los desplegados de condena y hasta amenazas en contra del movimiento
y sus protagonistas. Nunca antes, en toda la historia de la UNAM, un
movimiento opositor a las autoridades universitarias había sido
tratado con tanta saña por éstas, como el movimiento stunamita
de 1977.
El
primero en manifestarse, para fijar la posición de la rectoría
y señalar la línea a seguir por sus aliados dentro y fuera
de la Universidad, fue el propio rector Guillermo Soberón, quien
mediante de un desplegado hecho público el mismo día 20
en algunos periódicos vespertinos y el 21 en los matutinos, dijo:
"Una vez más el sindicalismo universitario impide, con actos
de fuerza, que la UNAM cumpla con sus funciones en beneficio del país.
Estamos decididos a sostener las tesis de la legalidad (...) no claudicaremos
sosteniendo lo que prohibe la ley (se refería a las demandas
del STUNAM) (...) Quiero dejar muy claramente establecido que en ningún
momento nos doblegará la ilegalidad (...)".2
A su
vez, el exrector de la UNAM y senador priísta por el Estado de
México, Dr. Gustavo Baz, dijo al referirse a la huelga: "se
está poniendo en peligro el futuro del país".3
Por su parte, los diputados del PRI, PAN, PPS y PARM, en la misma forma
que el expresidente Emilio Portes Gil, condenaron la huelga y expresaron
que en el fondo existía la "intención de apoderarse
de la universidad con fines de agitación totalmente ajenos a
sus objetivos y metas".4
Asimismo, las AAPAUNAM reprobaron enérgicamente el movimiento
del STUNAM.5
En
un tono muy similar a los declarantes anteriores, se manifestaron también
en sus respectivas secciones editoriales, los diversos medios periodísticos
de circulación nacional. Así, el periódico Ovaciones
expresó: "todos resultamos dañados en la UNAM",6
mientras que La Prensa "El diario que dice lo que otros callan",
dijo: "Es un atentado contra la nación, es una huelga del
todo ilegal".7 Por
su parte, Excélsior señaló: "Es un inconveniente
para la vida nacional".8
El Heraldo de México condenó "la actitud irresponsable
del sindicato".9 El
Universal indicó que "la huelga revela un innegable trasfondo
político".10
El Día estimó que "el paro es ilegal porque carece
de fundamentos económicos y socioeconómicos".11
Y por último, El Sol de México expresó su apoyo
incondicional al rector Soberón. 12
Las
manifestaciones a favor
Concomitantemente
a las actitudes de rechazo, también surgieron un conjunto de
opiniones en su favor. En esta vertiente se inscriben el pleno del Consejo
Técnico de la Facultad de Economía de la UNAM, mismo que
inmediatamente después de inicida la huelga se pronunció
en pro del movimiento.13
En el mismo tenor se manifestó la Federación de Sindicatos
de Trabajadores Universitarios (FSTU), que aglutinaba a cerca de una
treintena de sindicatos de las instituciones de educación media
y superior de todo el país.14
Por
su parte, el exlíder ferrocarrilero, en varias ocasiones preso
político y en 1976 candidato a la presidencia de la República
por el PCM, Valentín Campa Salazar, opinó que "el
rector Soberón quiere darse a conocer como autócrata,
ya que además es partidario de los sindicatos blancos. Este señor
actúa arbitraria y anticonstitucionalmente y de paso tiene el
descaro de hablar de legalidad",15
y ante algunas acusaciones en el sentido de que el PCM dirigía
la huelga y por lo tanto se estaba jugando su registro legal, el dirigente
político sindical declaró: "No nos importa que la
Comisión Federal Electoral niegue el registro, el PCM seguirá
apoyando la huelga en la UNAM".16
La
ofensiva rectorista
El
22 de junio, el Lic. Diego Valadés, abogado general de la UNAM,
a través de un escrito dirigido al presidente de la Junta Federal
de Conciliación y Arbitraje, el cual fue dado a conocer como
inserción pagada en algunos periódicos capitalinos, pidió
que se declarase inexistente a la huelga del STUNAM. Los principales
argumentos que el funcionario universitario exponía, eran los
siguientes: 17
a)
"El sindicato carece de registro legal".
b) "El escrito de emplazamiento a huelga no fue dado a conocer
en tiempo y forma a la Junta".
c) "El requisito establecido en el Art. 452, fracción III,
de la Ley Federal del Trabajo sobre el período de prehuelga no
fue observado a través de la autoridad competente".
En
síntesis, las autoridades utilizaban la vía aparentemente
legal con el objeto de acabar con el movimiento, mezclando desde ese
preciso momento a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje,
no obstante que ya en anteriores ocasiones ésta se había
declarado incompetente para conocer de cualquier asunto laboral universitario,
arguyendo precisamente el carácter autónomo de la institución;
lo mismo había sucedido cuando el STEUNAM, SPAUNAM y STUNAM habían
solicitado su registro legal como sindicatos.
Por
lo demás, el STUNAM había emplazado en tiempo y forma
a la UNAM desde el 1º de abril de 1977, es decir, con 80 días
de anticipación, período suficiente para llegar a una
solución negociada, de haberse aceptado las pláticas que
el sindicato estuvo pidiendo en toda la fase prehuelguística.
Se evidenciaba pues, que la intención de la rectoría era
sacar al conflicto del campus universitario, pensando que ahí
la correlación de fuerzas le podría ser más favorable.
A la
par de esta solicitud que al poco tiempo tendría sus efectos
positivos para la rectoría, ésta siguió recibiendo
el apoyo de articulistas, personalidades políticas oficiales,
partidos políticos y organismos profesionales. Así, el
mismo 22 de junio, uno de los ideólogos más sobresalientes
del partido oficial, el Lic. Miguel Cobián Pérez, señaló
que el STUNAM tenía derecho a fusionarse, pero no a "declarar
la huelga y a pedir la contratación colectiva".18
Por otra parte, Lucio Mendieta y Núñez y Héctor
Fix Zamudio, maestro emérito, el primero, y director del Instituto
de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, el segundo, señalaron:
"es urgente legislar las relaciones laborales universitarias para
controlar los conflictos", al tiempo que se pronunciaron porque
se creara el apartado "C" en el artículo 123 constitucional.19
Mientras tanto, el rector Soberón instó a los huelguistas
a rectificar su conducta "ya que las huelgas retrasan directamente
el progreso del país".20
Por otro lado, Valentín Molina Piñeiro informó
que a partir del lunes 27 se iniciarían las clases "extramuros"
en varias escuelas privadas.21
Otro
de los declarantes contra la huelga fue Eduardo A. Elizondo, exgobernador
de Nuevo León, quien de una u otra manera fue un causante indirecto
de la masacre del 10 de junio de 1971 perpetrada en la ciudad de México
por un grupo denominado "Los Halcones", señaló:
"la que antes fue una discutida ley y causante de un movimiento,
es la mejor solución a los problemas por los que atraviesa la
UNAM, ya que permite (la ley de referencia) la participación
a todos los sectores productivos del país".22
Finalmente, Manuel González Hinojosa, entonces connotado ideólogo
del PAN, afirmó que "el PCM ensaya en la UNAM la subversión
del país".23
El
día 24 de junio siguieron apareciendo las inserciones pagadas24
en repudio a la huelga del STUNAM y en apoyo al Dr. Soberón.
La característica más común de este tipo de prácticas
durante la huelga fue la transcripción de pequeños textos
en apoyo a la rectoría y/o de rechazo al STUNAM y su movimiento,
seguido de una inmensa cantidad de firmas de académicos, estudiantes
y directivos de la UNAM. Empero, muchas de estas firmas o eran apócrifas
o sacadas mediante presión, sobre todo de profesores interinos
o a contrato por horas.25
Algunas de las organizaciones, entre muchas otras que asumieron dicha
actitud, fueron el Colegio de Licenciados en Ciencias Políticas
y Administrativas, el Centro de Investigaciones de Materiales, el Colegio
de Profesores de la ENEP Acatlán, el personal académico
del Instituto de Investigaciones Históricas, y el Instituto de
Investigaciones Estéticas. Todo parecía indicar que la
rectoría quería evidenciar ante la opinión pública
que estaba en lo cierto, que tenía toda la razón. Para
ello, la rectoría gastó millones de pesos, más,
muchas veces más que el STUNAM.
El
documento a que se refería el desplegado no sólo fue distribuido
ahí, sino en todas las escuelas, facultades e institutos de la
UNAM, y todo aquel profesor que se negó a avalarlo, simple y
sencillamente no le fue prorrogado el contrato en el siguiente semestre
o bien se le reprimió de otra forma: se le contrató con
menos horas, le programaron en horarios difíciles, etcétera.
Por su parte, en un desplegado, el STUNAM declaró: "nuestro
movimiento de huelga es plenamente legal y se apega al Apartado "A"
de la Constitución (...)". Y ante la solicitud que la rectoría
hizo a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje para que
se declarase inexistente a la huelga, éste manifestó:
"El hecho de pedir la inexistencia de la huelga es una aceptación
explícita del STUNAM, de que la Ley Federal del Trabajo es aplicable
al sindicato, lo que confirma nuestro derecho a la contratación
colectiva", y concluía: "la actitud antisindical de
las autoridades se expresa en una política tendiente a provocar
divisiones en el sindicato".26
El mismo día 23 de junio, el Colegio de Bachilleres fue paralizado
totalmente por el sindicato del plantel en apoyo de la huelga.
La
"academia" extramuros
El
24 de junio, prosiguiendo con su campaña contra la huelga, el
Dr. Soberón afirmó: "Podrán cerrar los recintos
universitarios, pero no nuestra voluntad de trabajar", al tiempo
anunció que el lunes 27 se iniciarían las clases por TV,
durante 13 horas diarias, y que "no se dialogará con los
representantes sindicales hasta que los locales de la UNAM sean devueltos".27
Esta medida fue muy bien vista por los líderes empresariales
de la Concanaco, Concamin y Canacintra, quienes además de repudiar
la huelga, porque para ellos "es un atentado a la UNAM", aplaudieron
la decisión del rector de impartir clases por TV. 28
Asimismo, Napoleón Gómez Sada, dirigente vitalicio del
Sindicato de Mineros y Metalúrgicos de la República Mexicana,
afirmó que la huelga causa un gran daño al país.29
En la misma fecha, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST),
que diez años después se convirtió en el Partido
del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) y ahora
en el Partido Cardenista (PC), aseguró que el paro fue planteado
en un momento impropio, por lo que los beneficiarios serán las
autoridades, más que los sindicalistas.30
Coincidiendo con los pesetistas, el 26 de junio el CEN del PRI declaró
que la huelga no tiene justificación legal;31
a su vez, el consorcio Televisa ofreció al rector, "sin
límites de tiempo, sus cuatro canales para transmitir clases".
El
STUNAM, por su parte, señaló que el rector Soberón
se ha aliado con los consorcios económicos más fuertes
del país, como el Grupo Monterrey, Televisa, etc., para sostener
su postura intransigente. Y con respecto a las clases por televisión
que se iniciaron el lunes 27 de junio, el agrupamiento sindical opinó
que "son una cosa risible, además de una farsa y una burla
al pueblo".32
Estaba claro, como hasta ese momento lo habían demostrado los
hechos y declaraciones de autoridades universitarias, voceros gubernamentales,
partidos políticos (oficial, y el PAN), grupos empresariales,
etc., que lejos de interesarles realmente la solución del conflicto
universitario, lo que en verdad deseaban, era que éste se politizara
a su máxima expresión. El proseguir con la sistemática
y cada día más amenazante ofensiva por parte de los adversarios
del movimiento, pero particularmente por la patronal universitaria,
era una necesidad y una táctica previamente maquinada, cuyos
objetivos parecían ser:
a)
Negarse al diálogo con el sindicato antes y después de
iniciada la huelga.
b) Llevar la huelga fuera de la UNAM, donde las fuerzas de la rectoría
eran mayores y contaba con todo el apoyo de la prensa, radio, TV, juntas
de conciliación, partidos políticos, policía, etc.
En otras palabras, en el exterior del campus, la rectoría contaba
tanto con las llamadas fuerzas vivas, como con todo el aparato gubernamental.
c) Prolongar, con su intransigencia, la huelga.
d) Aislar al movimiento, a los grupos y organizaciones de izquierda
de carácter obrero, campesino, estudiantil y popular.
e) Desatar la represión, con el fin de aniquilar física
y políticamente al sindicato y su movimiento.
El
espaldarazo oficial
A partir
del día 27 de junio, la estrategia política de la rectoría
en contra del movimiento huelguístico se vería significativamente
fortalecida por el espaldarazo oficial. Así, una serie de aspectos
de tipo político y propagandístico habrían de conjugarse
en contra del STUNAM.
En
esta nueva etapa de ofensiva, el primer golpe que fortaleció
significativamente a la rectoría fue la opinión que dio
el presidente de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje,
Lic. Juan Francisco Rocha Bandala, quien refiriéndose a la solicitud
hecha desde el 22 de junio por el abogado general de la UNAM, Lic. Diego
Valadés, en el sentido de que declarase inexistente la huelga
stunamita, manifestó que el movimiento de los trabajadores de
la UNAM era una "suspensión ilegal de labores, ya que no
se siguió el procedimiento de huelga previsto en la Ley Federal
del Trabajo (por consiguiente), en caso de que siga la suspensión
de labores, es la UNAM la que tendrá que decidir qué procede,
y si desea hacer desalojar la máxima casa de estudios (al tiempo
que sugería) tendrá que acudir a la Procuraduría
(...) ya que la UNAM, apegándose estrictamente al derecho, puede
despedir a su personal si éste no regresa a laborar".33
No
obstante la gran difusión, la declaración de la Junta
no fue el golpe definitivo contra el movimiento, sino el principio de
una serie de maniobras legales y extralegales que fueron instrumentándose
y ganándole terreno al STUNAM. Aunque la Junta no había
declarado inexistente la huelga, tal y como se lo había pedido
la rectoría, al calificarla como "paro ilegal", aquel
órgano administrativo gubernamental estaba dando igual o más
apoyo que el esperado por las autoridades universitarias. Inmediatamente
después de la opinión de Rocha Bandala, la patronal universitaria
le sacaría todo el jugo político posible.
En
esta vertiente, Diego Valadés lanzó su primera amenaza,
declarando que el plazo de gracia concedido a los trabajadores académicos
y administrativos para el retorno a sus labores, era el primero de julio
a las 20 horas.34 Simultáneamente,
Javier Jiménez Spriú, secretario general administrativo
de la UNAM, advirtió que los "contratos de quienes no se
presenten se considerarán automáticamente rescindidos".35
El
mismo 27 de junio, fecha en que la huelga cumplió una semana,
el STUNAM declaró que la prolongación del conflicto era
responsabilidad exclusiva de las autoridades universitarias, y que las
amenazas y el empleo de recursos publicitarios como las clases por televisión,
iniciadas también este día, no confundían a los
trabajadores ya que la solidaridad con el sindicato iba en aumento.36
Asimismo, en un desplegado publicado al día siguiente, el STUNAM
fijó su posición respecto a la declaración de Rocha
Bandala, en los siguientes términos: "La opinión
expresada por la Junta no obliga a nadie, ya que la dio como autoridad
administrativa mas no jurisdiccional. Sin embargo, esta afirmación
compromete seriamente al gobierno, pues si la Junta, presidida por un
funcionario gubernamental, no se considera competente, y no lo es, su
opinión juega un papel político y por tanto se arroga
una facultad que no le corresponde".37
Y en
cuanto a la nueva campaña antihuelguista que se inauguraba por
televisión, el sindicato dijo: "La mascarada de clases por
televisión se ha extendido ahora a las emisoras del gobierno.
La campaña en los medios de difusión contra la huelga
y a favor del rector no puede ser ajena a los organismos oficiales.
Las declaraciones del partido oficial atacando al STUNAM y a los universitarios,
no se produjeron sin la anuencia gubernamental. Todos estos hechos indican
que el gobierno del país no está simplemente a la expectativa
sino que avala las medidas represivas contra el Sindicato y nuestra
huelga".38
Por
su parte, al referirse al movimiento huelguístico, el escritor
y editorialista Gonzalo Martré, expresó que en el conflicto
se dan dos partes: la que plantea demandas económicas y gremiales,
y la otra, que está decidida a gastar cientos de millones de
pesos para adquirir espacio y tiempo en todos los medios de difusión,
gacetilleros y funcionarios que "declaren a mañana, tarde
y noche a su favor".39
El
día 28, como parte de la campaña de ofensiva y desgaste
seguida contra la huelga, y a sabiendas del alto costo que tendría
en animales, plantas, experimentos, cadáveres y aparatos celosamente
cuidados por el STUNAM, el gobierno federal dio su consentimiento para
que las autoridades universitarias realizaran uno de los actos más
nefastos y criminales en contra de una institución y un movimiento
social: el corte de la energía eléctrica, el agua y el
teléfono en toda la zona de la Ciudad Universitaria. Empero,
hasta esa acción fue aprovechada por las mismas autoridades universitarias
para culpar a los huelguistas y más tarde tipificar los delitos
de despojo y sabotaje.
El
mismo día 28, el rector de la UNAM exhortó a los trabajadores
a reiniciar sus actividades, a la par de señalar que el paro
del STUNAM repercutiría en contra del sindicalismo organizado;40
mientras, Jiménez Spriú dio a conocer que 1,000 trabajadores
se presentaron ya a sus trabajos; además, ofreció plenas
garantías a todos aquellos que deseen regresar a sus labores.41
NOTAS
1.
"La Huelga", suplemento de Unión, órgano
informativo del STUNAM, Nos. 4-5 (1º de agosto de 1977), p. 1 y
sigs.
2. El Universal y Excélsior, 21 de junio de 1977,
pp. 1 y 11, respectivamente.
3. Idem.
4. El Universal, 22 de junio de 1977, p. 14
5. Excélsior, 22 de junio de 1977, pp. 16 y 18.
6. Ovaciones, 21 de junio de 1977, p. 10.
7. La Prensa, 21 de junio de 1977, p. 8.
8. Excélsior, 22 de junio de 1977, p. 6.
9. Idem.
10. Ibidem., p. 5.
11. El Día, 22 de junio de 1977, p. 4.
12. El Sol de México, 23 de junio de 1977, p. 5.
13. El Universal y Excélsior, 21 de junio de 1977,
pp. 1 y 11, respectivamente.
14. Ovaciones, El Día y Excélsior, 22 de
junio de 1977.
15. Excélsior, 22 de junio de 1977, p. 1 y ss.
16. Idem, y El Heraldo de México, 23 de junio de
1977, pp. 1 y ss.
17. Ibidem, 23 de junio de 1977, pp. 1 y 23.
18. El Día, 22 de junio de 1977, p. 3.
19. El Heraldo de México y Excélsior, 24
de junio de 1977.
20. El Día, 25 de junio de 1977, p. 2.
21. Idem.
22. El Heraldo de México, 24 y 25 de junio de 1977, pp.
1 y ss.
23. Ibidem, 24 de junio de 1977, p. 4.
24. Excélsior y El Día, 24 de junio de 1977.
25. Por ejemplo, el 2 de julio de ese año apareció en
Excélsior una pequeña inserción pagada firmada
por más de 50 profesores de la Facultad de Química, quienes
después de aclarar que no eran miembros del STUNAM, denunciaron
su desacuerdo "con los procedimientos seguidos por las autoridades
universitarias, quienes presionando con la amenaza de rescisión
de contrato, han obligado al profesorado a firmar un documento que puede
ser utilizado para respaldar su posición en un conflicto que
ha tomado cauces eminentemente políticos".
26. Excélsior, 25 de junio de 1977, p. 8.
27. Idem.
28. La Prensa y El Sol de México, 25 de junio de
1977.
29. Idem.
30. El Heraldo de México, 25 de junio
de 1977, p. 3.
31. Idem.
32. Excélsior, 27 de junio de 1977, pp. 1 y ss.
33. Ibidem, y El Día, 28 de junio de 1977.
34. El Día y Excélsior, 28 de junio de 1977.
35. Idem.
36. Idem.
37. Excélsior, 29 de junio de 1977.
38. Idem.
39. Ibidem, 28 de junio de 1977, p. 6.
40. Ibidem. y El Día, 29 de junio de 1977.
41. Idem.