La
resistencia sindical
En
tanto que los canales gubernamentales 11 y 13 de TV se sumaron a la
"Universidad extramuros" impartida hasta esa fecha por los
canales 2, 4, 5 y 8 de Televisa, el STUNAM recibió la solidaridad
de más de 15 organizaciones obreras, estudiantiles y comunidades
académicas, tal era el caso de la Escuela Superior de Física
y Matemáticas del IPN, el Sindicato del Metro, el SITUAM, y la
Unión Sindical de Catedráticos de la Universidad Autónoma
de Guerrero (USCUAG).
El
29 de junio, el STUNAM organizó una exitosa manifestación
en su apoyo, comparada únicamente con las marchas estudiantiles
de 1968 y las sindicales convocadas en 1975 y 1976 por la Tendencia
Democrática del SUTERM, encabezada por Rafael Galván.
Ese día la movilización partió de la glorieta del
Metro Insurgentes hasta el Hemiciclo a Juárez; en el acto se
destacó la presencia de decenas de contingentes obreros, campesinos,
estudiantiles y de colonos venidos tanto del D.F., como del interior
de la República. Durante el mitin se denunció que la huelga
había estallado por la intransigencia de las autoridades universitarias;
se dijo también que ésta no es ilegal, sino constitucional;
se pidió consignar al Dr. Soberón por "daños
a la nación", debido a que se paralizó la investigación
científica al verse afectada con el corte de la energía
eléctrica y el agua en la Ciudad Universitaria por parte de las
autoridades.1 En ese mismo
acto se leyeron dos importantes mensajes. Uno de ellos suscrito por
dos de los pocos diputados constituyentes de 1917, que para entonces
quedaban vivos: Alberto Terrones Benítez y Cándido Avilés.2
El otro de los mensajes fue la carta de renuncia del Dr. Julián
Adem, director del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM,
enviada al rector Guillermo Soberón, sin duda, una de las manifestaciones
de dignidad más significativas en la historia de la UNAM.3
Otras
acciones desarrolladas en favor de la huelga fueron las de 35 sindicatos
de 20 universidades del país a través de la FSTU, quienes
anunciaron que efectuarían un paro en apoyo al STUNAM. También
algunos planteles del IPN como la Escuela Superior de Economía
(ESE), la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
(ESIME), se sumaron al apoyo solidario. Lo mismo hizo la Escuela Nacional
de Antropología e Historia (ENAH) y la Universidad Autónoma
de Chapingo (UACH).4 En
cuanto a la ENAH, en asamblea general acordó: repudiar la política
laboral del Estado impuesta por la represión, testimonio de ello
-se indicó en un documento- son las acciones represivas contra
el STINFO-NAVIT, ANAMERE, la TD del SUTERM, etc.5
Esta última manifestó en un desplegado que la ofensiva
contra las universidades "parece ser la táctica seleccionada
para iniciar las provocaciones en gran escala, que propicien un ambiente
de represión y de agitación social (...). La huelga es
un derecho natural de los trabajadores. Y los maestros y empleados de
las Universidades lo son en plenitud. Por ello, la tendencia democrática
expresa su absoluto apoyo a la lucha del STUNAM".6
La
rectoría, agudizando la polarización
El
mismo 29 de junio, el rector Soberón señaló que
"la posición de la UNAM seguía siendo firme en cuanto
a mantener la vida académica en forma continua. Más adelante,
acotó que antes de acudir a la fuerza pública (lo cual
quiere decir que tampoco la descartaba) todavía existen muchos
medios que pueden ponerse en juego".7
Entre tanto, varios senadores y un grupo de militantes priístas,
luego de asegurar que sí procede el despido masivo en la UNAM,
propusieron la acción penal en contra de los huelguistas "porque
su pretendida acción laboral es ilícita y el Estado mexicano
ha perdido hasta la fecha 400 millones de pesos".8
En otro orden de ideas, la Secretaría de la Defensa Nacional
declaró que "el ejército entraría en acción
sólo si el presidente José López Portillo o el
titular de la misma lo pidieran".9
En
este conjunto de expresiones tendientes a acorralar a los huelguistas,
por supuesto que no podían faltar las declaraciones de dos de
los más importantes líderes obreros oficialistas: la del
viejo dirigente de las gafas oscuras, Fidel Velázquez, secretario
general de la CTM desde 1941 hasta 1997, quien aprovechó el momento
para manifestarse en contra del sindicalismo independiente, al que acusó
de querer desestabilizar al país manipulando a movimientos como
el del STUNAM, ANAMERE, ST-INFONAVIT, etc.10
La otra declaración, relativamente similar a la anterior, fue
la del líder de la Federación de Sindicatos de Trabajadores
al Servicio del Estado (FSTSE), Carlos Rivapalacio, quien arremetió
en contra de los supuestos "grupos ultraizquierdistas encabezados
por el Partido Comunista Mexicano por su afán de crearle problemas
al gobierno del presidente José López Portillo".11
Para
esta fecha, el movimiento había tomado tanta relevancia en los
di-ferentes ámbitos de la vida pública nacional, que hasta
el propio presidente José López Portillo, en una entrevista
que tuvo con los corresponsales extranjeros, hubo de referirse a él,
al señalar que existen dos alternativas de solución del
problema laboral en la Universidad Nacional Autónoma de México:
"o el rescate de la idea de comunidad, adecuado a la universidad
de masas, fortaleciendo al poder legislativo, ejecutivo y sobre todo
el judicial dentro de la universidad (...) o que se deseche la idea
de la comunidad universitaria y se instituya el régimen laboral
en el que deberán inscribirse los trabajadores en este sistema
'sui generis' de empleo que es la Universidad". Más adelante,
señaló que la huelga en la UNAM es "la crisis del
problema universitario, por lo que resulta necesario manejar muy bien
la situación para darle una solución adecuada, ya que
no es el momento de hacer planteamientos radicales".12
Un
día después de estas declaraciones, interpretadas por
el rector Soberón "como una clara advertencia para quienes
pretenden usar las casas de estudios como arietes con fines políticos",13
el Consejo Universitario de la Universidad Autónoma de Nuevo
León (UANL), hizo un llamado a las dos partes en conflicto para
que buscaran un acercamiento. Asímismo, se propuso como mediador.14
Por otro lado, los rectores de las universidades autónomas de
Puebla, Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Sinaloa, en lo que se concibió
como un verdadero espaldarazo al movimiento huelguístico, dijeron
que la intransigencia y el autoritarismo deben ser desechados en las
relaciones entre universitarios, y que el reconocimiento de los derechos
laborales no impide el desarrollo de la vida académica.15
El
día 30 de junio, el expresidente Miguel Alemán, uno de
los principales accionistas del grupo Televisa y ampliamente conocido
por su trayectoria reaccionaria, calificó como "un delito
de lesa patria" a la huelga en la UNAM. En tanto el rector Soberón
expresó que la rectoría estaba abierta para buscar una
solución del conflicto. Aprovechó la ocasión para
insistir en su propuesta del apartado "C", luego de que dijo:
"hace falta legislar las relaciones laborales entre la Universidad
y sus trabajadores". Concluyó su declaración manifestando
que "no estaba en contra del sindicalismo independiente".16
Al parecer, estas fueron algunas de las pocas declaraciones, para no
decir que las únicas, por parte del jefe nato de la UNAM, que
no tuvieron el tono inflexible que desde antes de que estallara el movimiento
huelguístico caracterizaron a las autoridades universitarias
centrales.
Cabe
subrayar que este aparente cambio del rector no tenía nada casual,
sino que en gran medida se debió al amplio apoyo solidario que
para esas fechas había logrado el sindicato y su movimiento.
Aunque es importante destacar que lo declarado por el rector sólo
fue una falsa y efímera expectativa, ya que inmediatamente después
el Dr. Valentín Molina Piñeiro, secretario de la rectoría
y ampliamente conocido por representar la "línea dura"
en la UNAM, expresó que "la UNAM no aceptará la mediación
de nadie" (se refería a la propuesta del Consejo Universitario
de la UANL, hecha apenas un día antes). Y con relación
al corte de energía eléctrica, agua y teléfono
en la Ciudad Universitaria, indicó: "Si los integrantes
del STUNAM se encuentran allá y nosotros aquí (en el Instituto
Nacional de Nutrición) ¿quién lo pudo haber hecho?.17
Era evidente pues, que para estas fechas, la posición intransigente
de la rectoría seguía aún en pie.
El
mismo 30 de junio la Dirección General de Policía y Tránsito
del Distrito Federal (DGPyT) aseguró que no intervendría
en el problema universitario, a menos que se lo pidiera oficialmente
el regente del DDF, profesor Carlos Hank González. En su declaración,
la corporación policiaca también desmintió el rumor
en el sentido de que se estuvieran introduciendo granaderos y policía
montada en la CU.18
A su
vez, la diputada Federal priísta, Ifigenia Martínez de
Navarrete, exdirectora de la Escuela Nacional de Economía de
la UNAM (ya para entonces Facultad), en un tono mucho más mesurado
que el usado por otros integrantes del PRI, recomendaba que el problema
no tenía por qué salir de la UNAM.19
Casi en los mismos términos al de la maestra Ifigenia se manifestaron
sus compañeros de partido, también diputados federales;
Rodolfo González Guevara y Antonio Tenorio Adame, cuando dijeron
que "el problema de la UNAM se debía a la falta de democracia
en esa institución".20
Hoy día, estos tres declarantes militan en el Partido de la Revolución
Democrática (PRD).
Por
otra parte, mientras que el STUNAM indicaba que con la unidad y la cohesión
"se lograría vencer la intransigencia de Soberón,
avalada por el gobierno",21
la Comisión Coordinadora Estudiantil del Valle de México,
que aglutinó a un significativo número de estudiantes
de facultades y escuelas del Distrito Federal, discutió la posibilidad
de demandar la renuncia del rector.22
Empero, esta posibilidad nunca llegó a cristalizarse.
El
día 1º de julio, y ante la imposibilidad de las autoridades
universitarias para dividir y acabar al movimiento por conducto de la
intensa campaña de declaraciones y amenazas, la rectoría
de la UNAM, a través de su director general de personal, el C.
P. José Romo Díaz, solicitó empleados para cubrir
los servicios administrativos.23
Esta medida, que iba acompañada de la amenaza de rescisión
de contratos a los huelguistas, constituyó uno de los actos más
indignos y vergonzantes de la administración soberonista. Una
verdadera burla no sólo a la UNAM, sino a la opinión pública,
y particularmente a los miles de desempleados que acudieron a ese llamado
con la ilusión de obtener un trabajo "de lo que fuera",
dentro de la institución.
En
otro orden de ideas, es importante señalar que mientras se montaba
todo este engañoso espectáculo con la finalidad de restarle
militantes al STUNAM, desde el día 28 de junio persistía
la amenaza de rescisión de contratos por parte de la rectoría,
si es que el 1º de julio a las 20 horas los huelguistas no regresaban
a sus labores.
Paralelamente
a esta amenaza, el sindicato siguió recibiendo múltiples
manifestaciones de apoyo. Entre éstas las de tres agrupaciones
estudiantiles y sindicales del IPN, de varias organizaciones de maestros
e investigadores universitarios, así como de grupos de intelectuales.
En todos los casos, reprobaron tanto la amenaza de rescisión
de contrato al personal sindicalizado como la intransigencia de la rectoría.
En forma muy diferente a lo propuesto por la patronal universitaria,
se manifestaron porque se iniciaran las pláticas como la única
salida al conflicto.24
La
noche del 1º de julio, al vencer el plazo fijado por la rectoría
para que los trabajadores volvieran a sus labores, millares de éstos
asistieron a los piquetes de huelga, y los convirtieron en auténticas
verbenas populares con bailes, música y cena para celebrar el
fracaso soberonista. Simultáneamente, el STUNAM anunció
que la huelga proseguiría. Por su parte, la rectoría,
no conforme con su fracaso, decidió ampliar el plazo hasta el
día siguiente a las 12 horas, con el objeto de recoger las firmas
en su apoyo.25
Como
una medida complementaria a la amenaza de despido masivo de huelguistas
y posiblemente teniendo como marco referencial las sugerencias hechas
por el abogado Ignacio Burgoa, el mismo viernes primero de julio el
Lic. Diego Valadés, abogado general de la UNAM, presentó
una demanda contra el STUNAM ante la Procuraduría General de
la República (PGR). Ahora no se trataba del delito de "disolución
social" (derogado del Código Penal del D.F., en 1970), muy
usual para acabar con los movimientos sociales opositores al régimen
como fue, entre otros casos, el de la huelga ferrocarrilera de 1958-59,
sino de una nueva modalidad que dicha normatividad contiene: los delitos
de sabotaje y despojo, tipificados en los artículos 140 y 395,
respectivamente.26
Los
hechos en los que la rectoría fundaba su denuncia, misma que
representaba una amenaza abierta de represión formal y concreta
contra la huelga, el sindicato y los trabajadores, eran: "La toma
de instalaciones, la suspensión total de las actividades desde
el día 20 de junio y por causar daños que suman -según
la versión de la rectoría- 220 millones de pesos".27
Esta denuncia, aunque falsa, se sumó a la escalada represiva
tendiente a abonar más el terreno contra el movimiento, culminando
una semana después con la intervención policiaca dentro
de la Ciudad Universitaria.
La
amenaza penal del Lic. Diego Valadés se vio significativamente
fortalecida con la declaración del ingeniero Javier Jiménez
Spriú, secretario general administrativo de la UNAM, quien luego
de afirmar que el día 2 de julio a las 12 horas (fecha y hora
definitiva para volver al trabajo) habían firmado un total de
19,460 empleados, puntualizó que, "con-figurados los delitos
por los que la Universidad hizo la denuncia ante la PGR, la autoridad
continuará los procedimientos que se requieren en el caso, y
deberá llegarse el momento en que se tenga que tomar una decisión
de cómo y en qué forma se sacará a las personas
que estén posesionadas de las instalaciones universitarias".
Finalmente, el funcionario ratificó la posición de la
UNAM en el sentido de no negociar con el STUNAM los principios académicos
de la institución.28
El
STUNAM en respuesta, además de rechazar la supuesta cifra de
firmantes que presentaba la rectoría, por estar totalmente falseada,
se comunicó con el rector de la UANL para solicitarle que interviniera
como mediador en el conflicto, a fin de iniciar lo más pronto
posible las pláticas con las autoridades universitarias de la
UNAM. Simultáneamente, el sindicato siguió recibiendo
el apoyo solidario de varias organizaciones sindicales independientes
de diferentes partes del país. Asimismo, para el STUNAM fue muy
significativo el apoyo de la Asociación del Personal Académico
de Carrera (APAC), que aglutinaba a profesores e investigadores de tiempo
completo y medio tiempo de la UNAM, la que reprobó "El uso
de una política empresarial utilizada por rectoría",
como forma de solución de la huelga. En su lugar, este agrupamiento
pidió un diálogo abierto entre el STUNAM y las autoridades.29
En
tanto, la Dirección General de Información (DGI) de la
UNAM manifestó, a través de un desplegado periodístico
publicado el día 3 de julio en todos los diarios matutinos de
la capital mexicana, que "El STUNAM quiere suprimir al Consejo
Universitario y a la legislación universitaria al establecer
contractualmente los lineamientos para la admisión, promoción,
adscripción y definitividad del personal académico (...),
administrar los horarios de los profesores (...), eludir el concurso
de oposición para el personal académico (...)".30
Simultáneamente a todo esto, el rector prometía, sin señalar
día ni método, que "El conflicto en la universidad
quedará resuelto en pocos días".31
Es muy probable que para estas fechas ya se había pensado qué
método se utilizaría en contra de la huelga.
Siguiendo
con las opiniones y declaraciones sobre el conflicto universitario,
el PST, pensando tal vez en congraciarse el apoyo oficial para obtener
su registro, dijo en un desplegado, el cual dejó mucho que desear:
"La huelga es un error político en las actuales circunstancias,
pues se eligió la forma y el momento de la lucha pensando más
en las particulares necesidades para mantener la hegemonía al
interior del sindicato, que en los intereses de los trabajadores (...)".32
El
día 4 de julio el STUNAM dio a conocer una declaración
cuya principal finalidad fue desmentir la versión de la DGI de
la UNAM, en el sentido de que dicho agrupamiento pretendía suprimir
al Consejo Universitario. En su respuesta, el sindicato precisó:
"La versión de la UNAM sobre nuestro Contrato Colectivo,
distorsiona dicho proyecto, por darlo a conocer sólo fragmentariamente,
ya que en ningún momento se pretende desaparecer al Consejo Universitario,
ni a los concursos de oposición (...)".33
En
esa misma fecha, se anunció en todos los periódicos capitalinos
que más de siete mil solicitantes de trabajo causaron serios
destrozos en el Hotel Romano a donde acudieron en tumulto, previa oferta
que la rectoría de la UNAM les había hecho. Ante estos
acontecimientos, las autoridades decidieron aplazar las contrataciones
hasta nuevo aviso. Sin embargo, dicho aplazamiento se convirtió
en indefinido, porque nunca se concretó.
Empero,
lejos de que estos hechos hubieran preocupado y avergonzado a las autoridades
universitarias, fueron aprovechados en un desmesurado afán de
atemorizar a los huelguistas, luego de que el Lic. Diego Valadés
declaró: "Esto revela en toda su magnitud el problema del
desempleo, -y añadió- el hecho será observado también
por quienes tienen un empleo y están a punto de perderlo o lo
han perdido en la Universidad, con lo cual llevan inseguridad a sus
familias".34
Mientras
tanto en la PGR, donde habían asistido a declarar los líderes
del sindicato: Evaristo Pérez Arreola, Eliezer Morales Aragón
y Álvaro Lechuga Wences, así como el Lic. Juan Manuel
Gómez Gutiérrez, asesor legal del STUNAM, manifestaron
en la diligencia que se inició a las 12:30 horas y terminó
a las 15:40 horas de ese 4 de julio: "El STUNAM colocó las
banderas rojinegras en las instalaciones universitarias apegándose
estrictamente a lo establecido en el artículo 123 de la Constitución,
inciso "A", por lo cual la base legal para la ocupación
de las instalaciones es un apego irrestricto al derecho de huelga en
virtud de que las autoridades universitarias se han negado a firmar
el contrato colectivo".35
Ahí mismo, los dirigentes demandaron que se investigue a quien
o quienes ordenaron la suspensión de los servicios del agua,
el teléfono y la energía eléctrica en las instalaciones
universitarias, ya que la falta de éstos ha provocado que aumenten
las pérdidas padecidas por la UNAM.36
Por su parte, el Lic. Gómez Gutiérrez, declaró
que no se puede acusar a los miembros del sindicato por abandono de
empleo, toda vez que éstos se encuentran en su sitio de trabajo.37
El
día 5 de julio, el conflicto se encontraba en su punto más
álgido, luego de que ambas partes se acusaron de intransigentes.
Así, por un lado, la rectoría dio a conocer dos nuevos
comunicados públicos.38
A uno lo denominó "La UNAM abierta al diálogo",
y al otro, "Condiciones de trabajo en la UNAM". El primero
de éstos iba dirigido directamente contra el STUNAM, al cual
regresó el calificativo de "intransigente", que el
agrupamiento sindical había utilizado anteriormente contra la
patronal universitaria, mientras que el segundo buscaba esconder detrás
de las conquistas de los trabajadores académicos y administrativos,
el sutil argumento de que han sido las autoridades universitarias y
no los sindicatos, las que han hecho realidad esas conquistas.
Sin
embargo, la intención de las autoridades universitarias al emitir
estos dos comunicados no era la de llegar a una solución del
conflicto por medio de la negociación, y tampoco lo afirmado
en el segundo de éstos era cierto. Al fin de cuentas, el verdadero
propósito que se escondía detrás de aquéllos,
era confundir y mediatizar a la opinión pública, con miras
a situar al STUNAM como el intransigente y con ello legitimar cualquier
tipo de medida represiva.
Por
su parte, el STUNAM, al referirse a ambos comunicados, señaló
que la "universidad sabrá sortear la crisis institucional
que le ha sido impuesta. Pero cualquier solución -añadió-,
no podrá hacerse sobre la base de conculcar los derechos sindicales
de los trabajadores".39
Respecto
al mismo tema, el Centro Patronal del D.F., manifestó: "Da
tristeza que el capricho de los grupos en pugna (rectoría y STUNAM)
tengan semiparalizada a la UNAM (...), demandamos la modificación
de las relaciones entre los trabajadores universitarios y la UNAM, y
si los propios universitarios no pueden resolver esta crisis que enfrentan,
otras entidades deberán hacerlo".40
En tanto, Ángel Olivo Solís, secretario general de la
Confederación Obrera Revolucionaria del D.F., en una declaración
aparentemente imparcial, luego de insistir en la necesidad de establecer
una negociación política entre las partes, dijo: "no
es con rescisiones de contrato, ni con represión como se encontrará
una salida". Hasta aquí el líder obrero coincidía
con la posición del STUNAM y otras organizaciones y personalidades
que lo apoyaban. Sólo faltaba su granito de arena en apoyo al
Estado y a los grupos antihuelguistas. En esta línea, el dirigente
corista acotó: "El STUNAM, está siendo arrastrado
a un enfrentamiento con el gobierno por un grupo de provocadores trotskistas".41
Por supuesto que no dio el nombre del agrupamiento y mucho menos el
de los supuestos provocadores.
Como
se ha observado, para entonces, muy lejos de haberse vislumbrado alguna
solución, el conflicto tendía a polarizarse todavía
más, al grado de que ya empezaban a presentarse algunos hechos
con los cuales era posible prever una futura agresión al movimiento
huelguístico. En efecto, desde el 4 de julio por la noche, en
un boletín de prensa firmado por Erwin Stephan Otto, secretario
de Prensa y Propaganda del STU-NAM, y por ende el vocero oficial de
éste, denunció el secuestro, con lujo de violencia, en
su propia casa, así como la posterior desaparición, hasta
ese momento, del profesor Antonio Martínez Torres, quien además
de ser maestro de Historia en el CCH Oriente, "se ha destacado
por su participación en las actividades del sindicato".42
El
vocero sindical también denunció que desde el inicio de
la huelga, en todos los actos públicos realizados fuera de las
instalaciones universitarias, la policía siempre había
estado presente.43 De igual
manera, se conoció que el mismo día 4 de julio un grupo
de granaderos, luego de arrancar las banderas de huelga colocadas en
la Preparatoria No. 8, de Mixcoac, detuvieron a los promotores de un
mitin que ahí se efectuó.44
Pero
el objetivo de estos primeros actos de agresión no eran precisamente
el de golpear selectiva o aisladamente a los huelguistas como se aparentaba
hasta entonces. Atrás se escondía y maquinaba una represión
masiva más cruda y violenta que la simple agresión verbal
que desde antes de iniciado el conflicto había aparecido como
táctica por parte de las autoridades universitarias y sus aliados
dentro y fuera de la UNAM.
Ahora
para la rectoría, aliada con grupos del interior y exterior de
la Universidad, así como con el propio gobierno, le había
llegado el momento de asestar el golpe definitivo contra el movimiento
huelguístico. Su escalada represiva se había gestado de
diversas formas: declaración de la Junta de Conciliación,
amenaza de rescisión de contratos, alianza con Televisa para
impartir las "clases" extramuros, engaño a los desocupados,
corte de los servicios del agua, energía eléctrica y teléfono
en la Ciudad Universitaria, acusación penal por los delitos de
despojo y sabotaje contra algunos dirigentes del STUNAM, negativa permanente
para iniciar pláticas con los huelguistas, etc. Éstos
y otros factores fueron los que le allanaron a la rectoría el
camino para imponer su decisión y condiciones por medio de la
fuerza.
NOTAS
1. Ibidem, La Prensa y El Universal, 30 de
junio de 1977.
2. El texto íntegro de la carta fue publicado en Proceso,
No. 35 (4 de julio de 1977, p. 13); textualmente dice lo siguiente:
"A los trabajadores de México:
En ocasión de la lucha que hoy libran los trabajadores universitarios
por el ejercicio de sus derechos constitucionales, queremos declarar
que antes de nuestra participación en el Congreso Constituyente
de 1917, estuvimos en contacto con la clase obrera y campesina de México.
De ellas aprendimos que no bastaba firmar la Carta Magna y por ello
hemos luchado y vamos a luchar por el cabal cumplimiento de todos los
derechos constitucionales.
Ante la situación que se presenta hoy en la Universidad, sostenemos
que hoy como ayer nos oponemos a cualquier medida que tienda a limitar
los derechos inalienables de asociación y huelga, para cualquier
núcleo de trabajadores del país.
Fraternalmente
Alberto Terrones Benítez
Cándido Avilés
Diputados al Congreso Constituyente de 1917".
3. La carta publicada en Proceso, No. 35 (4 de julio de 1977),
decía textualmente:
"Ante la imposibilidad moral de doblegar mi conciencia siguiendo
las instrucciones que usted me ordena seguir en lo concerniente a la
huelga de los trabajadores universitarios, no me queda otra alternativa
que la de presentarle mi renuncia irrevocable al cargo de director del
Centro de Ciencias de la Atmósfera.
Lastimosamente el diálogo se ha roto en nuestra casa de estudios.
Repudio absolutamente el procedimiento que usted ha escogido para resolver
el problema que ahora existe en nuestra Universidad, el cual ha propiciado
la división entre los Universitarios y dañado irreversiblemente
la coexistencia de una pluralidad de ideologías que por fuerza
debe existir en una universidad como la nuestra.
Espero que comprenda que aún existen personas que habiendo trabajado
en una institución en donde esa pluralidad era un factor determinante,
no pueden aceptar los términos que usted exige para seguir trabajando
en calidad de director de un centro de esta nueva universidad que usted
intenta crear.
Continuaré desempeñando mis labores como investigador
titular de tiempo completo de la UNAM, y como tal no firmaré
ninguno de los documentos que usted me exige firmar para continuar siéndolo.
Correré la suerte de aquellos que tienen una conciencia tranquila".
4. El Universal, 30 de junio de 1977, p. 1.
5. Excélsior, 30 de junio de 1977, p. 18
6. Ibidem, p. 21
7. El Día y El Universal, 30 de junio de 1977.
8. Ovaciones, 30 de junio de 1977, p. 3.
9. El Heraldo de México, 30 de junio de 1977, p. 5.
10 .Idem.
11. El Universal, 30 de junio de 1977, p. 14.
12. Excélsior, 30 de junio de 1977, pp. 1 y ss.
13. Ibidem, p. 12.
14. Idem.
15. Excélsior, 1º de julio de 1977, diversas páginas.
16. El Día, 1º de julio de 1977, pp. 1 y ss.
17. Ibidem, p. 2
18. Excélsior, 1o. de julio de 1977, p. 3
19. Ibidem, pp. 1 y ss.
20. Idem.
21. Idem.
22. Idem.
23. Ibidem, 2 de julio y días siguientes de 1977.
24. Ibidem, 2 de julio de 1977, p. 23
25. El Día y El Universal, 2 de julio de 1977,
pp. 2 y 1, respectivamente.
26. Véase Carrancá y Trujillo, Raúl, y Carrancá
y Rivas, Raúl; Código Penal Anotado; México,
Edit. Porrúa, 1971, pp. 361-363 y 897-901, respectivamente.
27. Excélsior, 2 de julio de 1977, pp. 1 y 10.
28. La Prensa, Excélsior y El Sol de México,
3 de julio de 1977, pp. 3, 1 y 1, respectivamente.
29. Excélsior y El Sol de México, 3 de julio
de 1977, pp. 1, 6, 37 y 12, respectivamente.
30. El Día, 4 de julio de 1977, p. 9
31. El Heraldo de México, 4 de julio de 1977, pp. 1 y
ss.
32. El Día, 4 de julio de 1977, p. 12
33. Ibidem, 5 de julio de 1977, p. 2
34. Excélsior, 5 de julio de 1977, pp. 1 y ss.
35. Idem.
36. Ibidem y El Día, 5 de julio de 1977.
37. El Día, 5 de julio de 1977, p. 2
38. Excélsior, 5 y 6 de julio de 1977
39. Excélsior, 16 de julio de 1977, p. 14
40. Ibidem, p. 16
41. El Día, 6 de julio de 1977, p. 6
42. El Sol de México y El Universal, 5 de julio
de 1977, pp. 3 y 25, respectivamente.
43. Idem.
44. "La huelga...", Op. cit., p. 32.