La
"operación rescate"
El
6 de julio la rectoría anunció, por medio del abogado
general, la rescisión de los contratos de trabajo de 37 dirigentes
sindicales. Se trataba además de conocidos activistas, de los
exmiembros de los comités ejecutivos de los desaparecidos STEUNAM
y SPAUNAM.1
Para
contrarrestar la ofensiva de la rectoría, a las 17:00 horas,
del día 6 de julio, el STUNAM realizó una majestuosa manifestación.
Ésta se vio nutrida de contingentes de los diversos sectores
de la UNAM, de todas las instituciones de enseñanza superior
de la capital y algunas de provincia, de grupos y partidos políticos
de izquierda, de diversos sindicatos, colonos, etc., que reunieron casi
200 mil personas. Esa fue, sin duda alguna, la manifestación
más grande del movimiento. Para la tarde, la columna partió
de la explanada del Museo de Antropología e Historia y llegó
hasta el monumento a la Revolución. Desde el momento del arribo
de los primeros contingentes, hasta la llegada del último grupo
de manifestantes, transcurrieron una hora con 45 minutos. Luego se efectuó
un mitin. Durante éste, los oradores insistieron en que para
concluir la huelga hacía falta el diálogo con las autoridades.2
No
obstante la majestuosidad del acto político sindical, la rectoría,
aliada con el gobierno, determinó iniciar su ofensiva final en
contra del sindicato y de la huelga. En esta dirección, los diferentes
pasos, seguramente muy bien calculados, fueron en esencia los siguientes:
Primeramente,
la tarde del mismo 6 de julio, Álvaro Lechuga Wences, secretario
del interior del STUNAM, en un boletín enviado y publicado por
algunos periódicos, manifestó que los trabajadores del
STEUNAM "decidieron rescatar al sindicato; (...) nos constituiremos
en comisión negociadora para obtener además de los puntos
de rectoría, el cese a la represión y el pago de salarios
caídos, ya que las condiciones actuales imponen el levantamiento
de la huelga".3
Con
la actitud de Álvaro Lechuga, totalmente coincidente con la política
antihuelga de la patronal universitaria, quedaba muy claro que en su
desesperado afán de acabar con el movimiento y de paso dividir
al STUNAM, la rectoría había logrado cooptar a este dirigente
para que cumpliera -junto con otros trabajadores administrativos- el
triste papel de esquirol.
Alrededor
de las 20:30 horas, poco después del mitin, fueron detenidos
en diferentes partes de la ciudad por agentes vestidos de civil, los
profesores Eliezer Morales Aragón, Pablo Pascual Moncayo, Erwin
Stephan Otto Parrodi, Jorge del Valle Cervantes y Alejandro Pérez
Pascual; los tres primeros eran integrantes del Comité Ejecutivo
del STUNAM. Cer-ca de las 10 de la noche del mismo día 6, el
Dr. Rosalío Wences Reza (exrector de la Universidad de Guerrero,
y entonces secretario de Asuntos Académicos del STUNAM) también
fue detenido afuera de su domicilio.4
Después
de que la rectoría no había logrado sus objetivos ni a
través del caso "Lechuga" ni con los despidos de las
37 personas ni con las detenciones de algunos de los principales dirigentes,
sólo le quedaba jugarse la última carta, aparentemente
la más efectiva, pero también la más riesgosa ante
la posibilidad de radicalizar y extender a otros ámbitos del
país, el conflicto sindical universitario: la represión
policiaca.
Fue
en esta dirección en la que el 7 de julio, a las cinco de la
mañana, tras la señal de una luz de bengala, 12 mil elementos
de la DGPyT del D.F., comandados por Arturo Durazo Moreno, que previamente
habían rodeado la Ciudad Universitaria, cerraron su cerco y en
75 minutos desalojaron totalmente las instalaciones ocupadas desde el
día 20 de junio por los huelguistas del STUNAM.
En
esta medida, mejor conocida como la "Operación rescate",
además de los 12 mil elementos uniformados, también intervinieron
un número indeterminado de agentes vestidos de civil, que se
identificaron entre sí con brazaletes en el brazo izquierdo.
En la actividad policiaca se ocuparon 330 vehículos, incluyendo
tanques antimotines, autobuses foráneos y urbanos, patrullas
y ambulancias, y dos helicópteros que continuamente sobrevolaron
el campus universitario durante todo el lapso que duró ese desalojo.5
Sin
embargo, la operación ni fue pacífica ni carente de armas
por parte de la policía, como entonces se dijo. Efectivamente,
mientras que se realizaba la operación, se escucharon varias
detonaciones de arma de fuego, razón por la cual el general Enrique
Corona Morales, jefe mayor de la DGPyT, responsable de la operación,
así como el comandante de Motociclistas, Federico Balderas, respondieron:
"Lanzamos algunos cohetes y tronamos palomas para facilitar la
operación". También se supo que en esa ocasión
un grupo de reporteros de diferentes medios, fue amagado con armas de
fuego por la policía participante en el desalojo.6
Pero
si la violencia se ejercía contra periodistas y vehículos
que se encontraban en el campus universitario, (estos últimos
fueron destrozados por la propia policía y llevados con grúas
al corralón de Tránsito) ¿qué actitud se
podía esperar contra los huelguistas detenidos?. Éstos,
que oficialmente sumaban 531, pero que en realidad eran más de
1,000, fueron conducidos al Cuartel de Granaderos de Balbuena, en donde
inicialmente fueron identificados por Álvaro Lechuga Wences,
quien acompañó a la policía. Luego, los aprehendidos
fueron interrogados por 25 agentes del Ministerio Público Federal
coordinados por el director de Averiguaciones Previas de la PGR, Lic.
Rodolfo Chávez Calvillo.7
Asimismo, decenas de golpeados con contusiones y fracturas de huesos
(que mostraron los avances de la civilización policiaca) fueron
atendidos en el hospital de Balbuena.8
A las
10:30 de la mañana del mismo día de la "Operación
rescate", la policía entregó las instalaciones universitarias
al rector Soberón, quien junto a otros funcionarios universitarios
que lo acompañaron hasta CU, declaró: "Se ha llegado
a una situación que hubiéramos preferido evitar (...)
-y añadió- "quiero expresar que ante la intransigencia,
la Universidad se ha apegado estrictamente a la aplicación del
derecho. Vivimos en un régimen de derecho y la Universidad no
es ajena a la jurisdicción nacional".9
Sin
embargo, no conformes con los resultados obtenidos en la "Operación
rescate", la policía extendió su radio de acción
sobre los locales sindicales del STEUNAM y SPAUNAM ubicados en las calles
de Chilaque 9 y Nicolás San Juan 1442, respectivamente, así
como a los del Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos)
y del Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística
(CLETA).10
De
estos locales, que no eran propiedad de la UNAM, y por consiguiente
no se tipificaba absolutamente ningún delito contra los huelguistas,
los agentes se llevaron además de los utensilios de oficina (máquinas,
papelería, escritorios, mimeógrafos y copiadoras), los
archivos.11 Lo que demostraba
pues, que la escalada policiaca no sólo iba dirigida exclusivamente
sobre las personas del STUNAM, sino contra otros grupos, organizaciones,
centros y documentación. ¿Entonces, de qué otra
manera podrían entenderse las acciones represivas en contra de
las oficinas y archivos del STUNAM, CLETA y Cencos?
Aproximadamente
a las 16 horas de ese mismo día 7, y una vez que registraron
todos los locales, aulas, bibliotecas, etc., y convencerse completamente
de que los huelguistas ya no volverían, la mayoría de
los policías, agentes y granaderos participantes en la acción,
abandonaron CU. Dentro del campus universitario, sólo se quedó
una pequeña guardia, la que, sin embargo, pocos días después
fue retirada.
Inmediatamente
de haber sido ejecutada la denominada "Operación rescate",
vino la discusión para determinar quiénes eran los autores
intelectuales de la misma. En esta tesitura, el general Enrique Corona
Morales indicó que la acción había sido ordenada
por el general Arturo Durazo Moreno, jefe de la policía metropolitana
durante el sexenio de José López Portillo, acatando un
mandato de la PGR. A su vez, el director de Averiguaciones Previas de
la PGR, Rodolfo Chávez Calvillo, en su empeño por encubrir
la política de la rectoría, señaló que "la
detención de universitarios y la ocupación de las instalaciones
no requería orden judicial, porque estaban en flagrante delito
de despojo".12
Por
lo demás, era totalmente falso -como se decía en la declaración-
que la multicitada "operación" fuese responsabilidad
exclusiva de la PGR, arguyendo la tipificación del delito de
despojo. Lo cierto es que en su preparación habían intervenido
tanto autoridades universitarias como gubernamentales de alto rango,
ya que en México, con una fuerte tradición presidencialista,
por no decir autoritaria, estaba claro que un acto tan delicado como
es el de allanar un recinto universitario, y particularmente el de la
máxima casa de estudios del país, para detener a profesores,
investigadores y empleados administrativos, cuyo único "delito"
era el de demandar sus derechos laborales estipulados en la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, por supuesto que no
era sólo obra del procurador general de la República,
sino del presidente y el rector Soberón, quien seguramente solicitó
el apoyo de la fuerza pública. Hay que recordar que en el mes
de agosto de 1973, siete meses después de asumir la rectoría,
el Dr. Soberón había hecho exactamente lo mismo.
Por
su parte, la PGR, que como órgano administrativo depende directamente
del presidente de la República (quien nombra y remueve discrecionalmente
a su titular), también fue responsable de la violación
a la autonomía universitaria desde el momento en que ordenó
la ocupación, luego de que el DDF tipificó el delito de
despojo, previsto en el artículo 168 del Código Penal.13
Es decir, una dependencia administrativa se convirtió en judicial
y obedeció a un escrito dirigido por el procurador general de
la República, Óscar Flores Sánchez, al regente
de la Ciudad, Carlos Hank González, quien a su vez aprobó
la acción y ordenó a la DGPyT del DDF, misma que ejecutó
materialmente toda la operación.
Estaba
claro que la parcialidad y decisión unilateral de las autoridades
gubernamentales, más que realizar una simple operación
policiaca, tendía a terminar con el derecho de huelga y de paso
dar un escarmiento al sindicalismo universitario y a las fuerzas de
izquierda.
Mientras
que la policía aparecía como la responsable inmediata
de todos los hechos ocurridos en el campus universitario, el ejército
había permanecido al margen (al menos oficialmente) de los acontecimientos.
Pero el mismo día del allanamiento al campus, el secretario de
la Defensa Nacional, general Félix Galván López,
después de salir de una reunión con el presidente de la
República en Palacio Nacional, señaló: "Las
condiciones en que vive el país son muy diferentes a las de 1968.
Por lo tanto, en cuanto se aplique la ley y haya elementos suficientes
para apoyarla, no se producirán sucesos como los ocurridos en
aquel año". Más adelante informó que el ejército
estaba acuartelado para intervenir en caso de que hubiere alguna reacción
que afectara la paz interior del país.14
Por su parte, el presidente José López Portillo, inquirido
por los reporteros respecto a los hechos ocurridos en la CU, se limitó
a decir, horas después de la operación: "ya haremos
comentarios oportunamente".15
En efecto, días más tarde, el presidente de la República
oficializó públicamente su punto de vista sobre la intervención
policiaca en la Ciudad Universitaria, luego de manifestar que había
sido "la decisión más adecuada".16
El
mismo día 7 de julio, aún cuando dirigentes y trabajadores
de base del STUNAM permanecían presos, varios locales sindicales
ocupados y saqueados por la fuerza pública, y una persistente
amenaza de ampliar las detenciones contra más líderes
y activistas stunamitas, Evaristo Pérez Arreola, en un improvisado
mitin que se efectuó en la Universidad Autónoma Metropolitana,
unidad Xochimilco, al que concurrieron aproximadamente 2,000 personas,
entre trabajadores, maestros y estudiantes, manifestó que las
demandas que condujeron a la huelga "siguen vigentes como respuesta
a la represión ejercida esta mañana contra el sindicalismo
independiente universitario". Recordó que el rompimiento
de la huelga y la represión, sólo se realizó en
la CU y no así en las demás instalaciones de la UNAM localizadas
en el D. F., y en la zona metropolitana, donde la bandera rojinegra
continuaba. En el acto sindical, exigió la liberación
de los detenidos, al tiempo que formuló serias y enérgicas
acusaciones en contra del rector por haber pedido la entrada de la policía.
Asimismo, dio a conocer el acuerdo del Comité de Huelga, en el
sentido de expulsar de las filas del sindicato a Álvaro Lechuga
"por traidor y cómplice de la represión que tuvo
lugar el día anterior".17
Finalmente, ratificó una vez más que el STUNAM estaba
abierto a la negociación.18
En
tanto que el Comité de Huelga stunamita decidía proseguir
el movimiento, varios sindicatos universitarios, diversos partidos políticos
sin registro, organizaciones estudiantiles y varios comentaristas, hicieron
una enérgica protesta por la flagrante violación de la
autonomía universitaria y la represión policiaca. Algunas
de estas personas, escuelas y sindicatos fueron entre otras: el rector
de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), 6 secciones del SNTE,
el SITUAM, varias escuelas del IPN, la Universidad Autónoma Benito
Juárez de Oaxaca (UABJO), y el INAH.
En
el mismo tenor, en la Escuela Superior de Economía del IPN se
efectuó un acto estudiantil donde se decidió realizar
un mitin en la explanada de la Unidad Profesional de Zacatenco para
el día 8 de julio a las 16 horas en apoyo al STUNAM. Por su parte,
la FSTU ratificó su decisión de realizar el paro anunciado
desde días antes, también para el día siguiente,
en más de 20 universidades del país en apoyo de la huelga.19
Por
la noche de ese mismo día, en un informe televisivo dirigido
a la Comunidad Universitaria, el Dr. Soberón mantuvo la misma
posición de inflexibilidad que había tenido desde que
surgió el STUNAM, luego de afirmar que sólo una minoría
participó en el movimiento, encabezados por "agentes de
partidos que sólo buscaban militantes cautivos, amplio subsidio
y sede inexpugnable".20
Es muy probable que se haya referido al Partido Comunista Mexicano,
supuesto autor de los males habidos y por haber dentro del campus universitario.
En
otro orden de ideas, y mientras el sindicalismo universitario independiente
se reagrupaba, después de los últimos golpes recibidos,
algunos organismos oficiales, agrupamientos laborales pertenecientes
al Congreso del Trabajo, los cuatro partidos políticos registrados
hasta ese momento (PRI, PAN, PPS y PARM), así como las asociaciones
patronales de la iniciativa privada y la denominada "prensa nacional"
(Ovaciones, Excélsior, El Día, El Heraldo de México,
La Prensa, El Sol de México, El Universal, etc.) se congratularon,
apoyaron y aplaudieron la decisión de la rectoría y el
gobierno de romper la huelga como la forma más acertada para
la solución del conflicto. No cabe ninguna duda que en este tipo
de actos el control gubernamental sobre los diferentes medios de comunicación
masiva era absoluto.
Por
esa razón, a la posición anterior, también habría
de sumarse la totalidad de los canales televisivos, incluidos los estatales
(11 y 13), la CTM, la FSTSE, la Federación de Cámaras
de Comercio de Sonora, el ex-presidente Miguel Alemán, entre
muchos otros.21 En todos
los casos, éstos coincidieron en que con la intervención
policiaca en la Ciudad Universitaria, se acabaría "la subversión
en todo el país".
Al
día siguiente del asalto a la Ciudad Universitaria, y con la
sola excepción de los profesores Eliezer Morales Aragón,
Pablo Pascual Moncayo, Erwin Stephan Otto, Rosalío Wences Reza,
José Woldenberg y Jorge del Valle Cervantes, aprehendidos desde
el miércoles 6 por la noche,22
la totalidad de los 525 trabajadores detenidos en la madrugada del 7
de julio fueron liberados, según informó la PGR.
Por
otra parte, mientras que la DGPyT señalaba que la policía
seguiría vigilando dentro de la CU hasta que el rector pidiera
su retiro, Valentín Molina Piñeiro anunció que
se levantarían actas sobre los daños y perjuicios ocasionados
por los huelguistas en la Universidad. A su vez, la Asociación
Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior
(ANUIES), por boca de su presidente, el Dr. Rafael Velasco Fernández,
estimó que "la entrada de la policía no significa
que se haya violado la autonomía".23
En tanto que el rector Soberón, refiriéndose a la incursión
policiaca en este recinto universitario, expresó en un tono menos
agresivo que antes: "No es un triunfo ni una derrota de nadie,
es simplemente un incidente de la vida universitaria".24
Refiriéndose también a los últimos acontecimientos,
el líder del Senado y connotado dirigente sindical cetemista
en el D.F., Joaquín Gamboa Pascoe, apoyó y aprobó
las medidas adoptadas por la rectoría el día anterior.25
La
tarde del 8 de julio, apoyado por más de 20 mil personas, entre
maestros, estudiantes y trabajadores, se efectuó el mitin anunciado
en la Unidad de Zacatenco del IPN. En éste, Evaristo Pérez
Arreola declaró que el sindicato no está vencido y que
seguía en pie de lucha. Paralelamente, cerca de 20 sindicatos
universitarios y algunas escuelas del Politécnico, llevaron a
cabo paros y movilizaciones solidarias con las demandas del STUNAM,
para exigir la inmediata y definitiva desocupación policiaca
de la CU, la libertad incondicional de todos los detenidos y la pronta
negociación con el sindicato. A éstos se sumaron otros
sindicatos independientes, rectores universitarios, varios núcleos
de intelectuales y otras casas de estudio, como el Colegio de México,
los que mediante declaraciones y múltiples desplegados, condenaron
enérgicamente la entrada de la policía a los recintos
universitarios.26
NOTAS
1. El Día y Excélsior, 7 de julio de 1977.
De la relación de rescindidos, 20 eran trabajadores que habían
pertenecido al STEUNAM. La lista completa era la siguiente: Evaristo
Pérez Arreola, Horacio Zacarías Andrade, Álvaro
Lechuga Wences, Nicolás Olivos Cuellar, Josefina Vázquez
Torres, Raúl Méndez Spíndola, Pedro Gante Leonides,
José Luis Gutiérrez Calzadilla, Ciro Peñaloza García,
Miguel Mendoza Padilla, María Teresa O`Connor Rocha, Antonio
Castillo Baca, Francisco Javier Elizalde S., Ángel Estrada García,
Adrián Pedrozo Castillo, Pablo Pedro Gutiérrez Bardales,
Odilón Rodríguez del Ángel, Armando Solares Bazaldúa,
Elisa Tapia Benavides y Teresa Contreras López.
Por su parte, los 17 profesores despedidos fueron Eliezer Morales Aragón,
Jorge del Valle Cervantes, Erwin Stephan Otto, Pablo Pascual Moncayo,
Joel Ortega Juárez, Ricardo Vera Graciano, Rosalío Wences
Reza, Lucinda Nava Alegría, Rosalinda Flores Echeverría,
Salvador Chapa Galaviz, Enrique Bazua Rueda, César Chávez
Castillo, Montserrat Gispert Imaz, Manuel Martínez Peláez,
Marcela Neymet Urbina, Ismael Segura Vázquez y José Woldenberg
Karavosky.
2. Idem.
3. Idem.
4. Idem.
5. "El mecanismo externo suplió al diálogo",
en Proceso, No. 36, 11 de julio de 1977, p. 7.
6. Idem.
7. Entre algunas de las personas detenidas durante la madrugada en la
Ciudad Universitaria, se encontraban los profesores Jacobo Casillas
Mármol, César Chávez Castillo y José Woldenberg,
este último, secretario de Educación Sindical, el único
de los tres que no fue liberado de manera inmediata, como sucedió
en los otros dos casos, sino que se sumó a la lista de los prisioneros
aprehendidos desde la noche del 6 de julio.
8. Idem.
9. Últimas Noticias, Primera edición, 7 de julio
y El Día, 8 de julio de 1977.
10. Idem.
11. "El mecanismo externo..." Op. cit., p. 10
12. Ibidem, p. 7
13. Últimas Noticias, Primera edición, y El
Día, 7 y 8 de julio de 1977, respectivamente.
14. Idem.
15. Idem.
16. Excélsior, 15 de julio de 1977, p. 1 y 12
17. Además de Álvaro Lechuga Wences, también un
reducido grupo de trabajadores administrativos de algunas dependencias
universitarias, abandonaron por sÍ mismos al STUNAM. Esto es,
nunca fueron expulsados como aquél, teniendo como objetivo el
de reconstruir ("rescatar") al viejo STEUNAM que formalmente
había desaparecido desde el mes de marzo de ese mismo año,
luego de que se unificó con el SPAUNAM.
Pero independientemente del amplio apoyo político y económico
que recibiera por parte de las autoridades universitarias y gubernamentales,
este grupo, mejor conocido en el ámbito sindical universitario
como Los lechugos, nunca logró su objetivo central: ser mayoría
y disputarle la titularidad del contrato colectivo de trabajo dentro
del sector administrativo al STUNAM.
Siete años después, ya visiblemente debilitados y sin
ningún consenso entre el sector administrativo de la UNAM, durante
el primer trienio de 1984 el grupo de Los lechugos se reintegró
completamente al STUNAM. Una de sus primeras acciones fue participar
en los comicios para la elección del Comité Ejecutivo
que se efectuaron ese año, mismos que fueron ganados por el Frente
Flores Magón, encabezado por Evaristo Pérez Arreola.
18. El Día, 8 de julio de 1977, pp. 1 y ss., y Proceso,
No. 36, pp. 8-9.
19. Últimas Noticias, Segunda edición, 7 de julio;
Excélsior, pp. 1 y ss.; El Día, pp. 1, 9
y 18; El Universal, p. 13 (todos del 8 de julio de 1977), y Proceso,
No. 36, pp. 6-11.
20. Del Alizal, Laura, y Muñoz, Víctor Manuel: "Sindicalismo
en la UNAM", Op. cit.
21. Últimas Noticias, Primera edición, 7 de julio,
El Día, y todos los periódicos matutinos del día
8 de julio de 1977, tanto en su primera plana como en sus respectivas
secciones editoriales.
22. Es importante destacar que los autores intelectuales de las detenciones
se cuidaron muy bien de que sólo fueran los profesores e integrantes
del Consejo Sindical.
23. El Día, 9 de julio de 1977.
24. Idem.
25. Ibidem, Excélsior y El Heraldo de México,
9 de julio de 1977.
26. El Día y Excélsior, 9 y 10 de julio
de 1977.